Trump extiende la alfombra roja a los pies de Putin: ¿en qué situación deja esto a Ucrania?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matthew Sussex, Associate Professor (Adj), Griffith Asia Institute; and Fellow, Strategic and Defence Studies Centre, Australian National University

La extraña cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska debería convencer a todos, salvo a los más crédulos, de que la Casa Blanca está más interesada en mantener relaciones amistosas con el dictador ruso que en lograr una paz duradera en Ucrania.

Los dos líderes, que concluyeron la reunión antes de lo previsto, se prodigaron elogios mutuos en una rueda de prensa en la que no hubo preguntas de los medios de comunicación.

Es inquietante que Trump siga tan poco preocupado por conceder victorias simbólicas a Putin y tan poco dispuesto a ejercer una presión real sobre el líder ruso.

“Victorias” simbólicas para Putin

El lugar elegido era revelador. Rusia lleva mucho tiempo quejándose de que Alaska, que vendió a Estados Unidos en la década de 1860, sigue siendo legítimamente su territorio. Antes de la reunión, los portavoces del Kremlin hicieron hincapié en que el equipo de Putin había tomado un “vuelo nacional” a Anchorage, recordando las vallas publicitarias que se colocaron en Rusia en 2022 proclamando “¡Alaska es nuestra!”. Su mensaje se reforzó con una metedura de pata de Trump previa a la reunión, cuando dijo que “volvería a Estados Unidos” si no le gustaba lo que oía.

Cuando aterrizó el avión de Putin, el personal militar estadounidense se arrodilló para colocar una alfombra roja por la que caminó el presidente ruso, tratándole como un líder respetado en lugar de como un criminal de guerra acusado. A continuación, Putin fue invitado a acompañar a Trump en su limusina.

Más allá de la imagen sobre la alfombra roja, Trump concedió a Putin otras victorias que muestran al mundo que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se han normalizado.

Para empezar, una cumbre suele ofrecerse como un favor, una muestra de un deseo sincero de mejorar las relaciones. Al invitarlo a Alaska, Trump le dio a Putin un escenario para reunirse con el presidente estadounidense en pie de igualdad.

No hubo críticas a los atroces abusos contra los derechos humanos cometidos por Rusia, a sus intentos cada vez más violentos de fragmentar la alianza transatlántica. Muy al contario, Trump volvió a presentar a Putin y a sí mismo como víctimas. Se quejó de que ambos se habían visto obligados a “aguantar el engaño de ‘Rusia, Rusia, Rusia’”, según el cual Moscú habría interferido en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016.

Finalmente, el presidente estadounidense volvió a poner la responsabilidad de aceptar las condiciones rusas para poner fin a la guerra en Ucrania en manos del Gobierno ucraniano y de Europa, asegurando que “en última instancia, depende de ellos”.

Putin consiguió exactamente lo que esperaba, enmarcando cualquier solución al conflicto en torno a las “causas profundas”. Es decir, del encuentro entre Putin y Trump se deduce que la culpa es de la OTAN.

Para colmo, las perspectivas de sanciones estadounidenses se diluyeron, y Trump volvió a su estribillo habitual de necesitar “dos semanas” para volver a pensar en ellas. Finalmente, tras haberse embolsado una bonanza tanto simbólica como diplomática, Putin se saltó rápidamente el almuerzo y voló a casa, presumiblemente acompañado también por el adorno de águila americana calva que Trump le había regalado.

¿Qué significa esto de cara al futuro?

Tras la posterior llamada de Trump a los líderes europeos para informarles sobre la cumbre, comenzaron a filtrarse detalles sobre una propuesta de paz.

Según se informa, Putin está dispuesto a fijar las líneas del frente tal y como están en las regiones de Jersón y Zaporizhia, en Ucrania, siempre que Kiev acepte ceder todo Lugansk y Donetsk, incluidos los territorios que Rusia no controla actualmente. No habría un alto el fuego inmediato (que es lo que prefieren Europa y Ucrania), sino un avance hacia una paz permanente, lo que se ajusta a los intereses del Kremlin.

No nos equivoquemos: se trata de una trampa apenas disimulada. No es más que un intento de Putin y Trump de lanzar un hueso a Ucrania y Europa, para luego culparles de rezagados y belicistas cuando se opongan.

Por un lado, Ucrania sigue controlando una parte considerable de Donetsk. Renunciar a Donetsk y Lugansk no solo supondría ceder a Moscú las reservas de carbón y minerales, sino también abandonar posiciones defensivas vitales que las fuerzas rusas llevan años sin poder romper. También situaría a Rusia en una posición favorable para lanzar posibles incursiones futuras, abriendo el camino hacia Dnipro, al oeste, y Járkov, al norte.

El aparente respaldo de Trump a las demandas de Rusia de que Ucrania ceda territorio a cambio de la paz –que los miembros europeos de la OTAN rechazan– significa que Putin está logrando fracturar aún más la alianza transatlántica.

Tampoco se ha mencionado quién garantizaría la paz, ni cómo se puede asegurar a Ucrania que Putin no aprovechará el respiro para rearmarse e intentarlo de nuevo.

Dado que el Kremlin se ha opuesto a la adhesión de Ucrania a la OTAN, ¿aceptaría realmente que las fuerzas europeas garantizaran la nueva línea de control? ¿O las estadounidenses? ¿Se permitiría a Ucrania rearmarse y en qué medida?

Incluso en el caso de que Estados Unidos adoptara una postura más firme en una futura era post-Trump, Putin habría conseguido una apropiación de territorio imposible de revertir. Esto, a su vez, refuerza el mensaje de que la conquista “sale rentable”.

Un detalle aparentemente más positivo para Ucrania es el indicio de que Estados Unidos está dispuesto a ofrecerle una garantía de seguridad “no OTAN”. Pero esto también debe considerarse con cautela. La Administración Trump ya ha expresado públicamente su ambivalencia sobre los compromisos de Estados Unidos de defender a Europa a través del artículo 5 de la OTAN, lo que ha puesto en duda su credibilidad como aliado. ¿Lucharía realmente Estados Unidos por Ucrania si se produjera una futura invasión rusa?

Hay que reconocer que los líderes europeos han respondido con firmeza a las negociaciones de Trump con Putin. Han acogido con satisfacción el intento de resolver el conflicto, pero han comunicado al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky que seguirán apoyándolo si el acuerdo es inaceptable. Zelensky, que se reunirá con Trump en Washington el lunes, ya ha rechazado la idea de ceder la región de Donbás (Donetsk y Lugansk) a Rusia.

Europa tendrá que afrontar que no solo debe involucrarse más, sino que también le corresponde ejercer un liderazgo sostenido en cuestiones de seguridad, en lugar de limitarse a reaccionar ante las repetidas crisis.

Las motivaciones más profundas de Trump

En última instancia, la cumbre de Alaska demuestra que la paz en Ucrania es solo una parte del panorama general de la Administración Trump, que se ha propuesto lograr unas relaciones más cordiales con Moscú, si no una alineación total con ella.

En ese sentido, a Trump le importa poco cómo se logre la paz en Ucrania o cuánto tiempo dure. Lo importante es que se le reconozca el mérito, si no el Premio Nobel de la Paz que tanto ansía.

Y aunque la visión de Trump de separar a Rusia de China es una fantasía, no deja de ser una fantasía que ha decidido alimentar. Eso, a su vez, obliga a los socios europeos de Estados Unidos a responder en consecuencia.

Por otro lado, ya hay muchas pruebas de que, tras haber fracasado en la guerra comercial con China, la Administración Trump ha decidido ahora cebarse con los aliados de Estados Unidos. Lo vemos en su obsesión por los aranceles, en su deseo de castigar a la India y Japón, y en el deterioro del poder blando de Estados Unidos.

The Conversation

Matthew Sussex ha recibido financiación del Consejo Australiano de Investigación, el Consejo Atlántico, la Fundación Fulbright, la Fundación Carnegie, el Instituto Lowy y diversos departamentos y organismos gubernamentales australianos.

ref. Trump extiende la alfombra roja a los pies de Putin: ¿en qué situación deja esto a Ucrania? – https://theconversation.com/trump-extiende-la-alfombra-roja-a-los-pies-de-putin-en-que-situacion-deja-esto-a-ucrania-263345

¿Es cierto que ya no se baila en los conciertos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Pérez-Ordóñez, Profesora e investigadora, Universidad de Málaga

Concierto de Role Model en el Apolo Club de Barcelona, en diciembre de 2024. Christian Bertrand/Shutterstock

Verano, vacaciones, fiestas y ferias, conciertos, festivales…

A pesar de los esfuerzos que se están realizando por romper la estacionalidad, julio y agosto siguen siendo los meses musicales por excelencia no solo en España sino en toda Europa. Basta con mirar las agendas de eventos de cualquier ciudad del Viejo Continente para comprobarlo.

En la actualidad, la música en directo vive un momento de gran éxito en todo el mundo. Así lo demuestran los datos de facturación por venta de entradas, con casi 35 000 millones de dólares recaudados en 2024 o los más de 70 millones de espectadores que asistieron a algún espectáculo de música en vivo.

En España, el Anuario de la Música en vivo 2025 publicado por la Asociación de Promotores Musicales arroja la misma tendencia: en 2024 se recaudaron más de 725 millones de euros solo en entradas y hubo más de 32 millones de espectadores, entre conciertos y festivales. A ello, hay que sumar el impacto económico generado, que en España se sitúa en casi 4 200 millones de euros.

Además de las múltiples giras de artistas nacionales e internacionales, España es el primer destino de turismo musical del mundo y destaca por el número de festivales de música que se celebran. En 2024 hubo más de 900 repartidos por todo el territorio nacional; Arenal Sound (300 000 asistentes), Primavera Sound (268 000) y Viñarock (240 000) fueron los eventos más multitudinarios. Junto a ellos, las giras de Bruce Springsteen (como artista internacional) y Melendi (nacional) congregaron al mayor número de espectadores, con más de 275 000 y casi 501 200 respectivamente.

Con estas cifras se puede afirmar que España es un país de música en directo, con legiones de fans que llenan recintos para disfrutar de sus artistas favoritos, coreando todos los temas y bailando sus canciones más conocidas. O ¿tal vez no?

Bailar o grabar

Al entrar en un recinto de música en vivo llama poderosamente la atención que, en muchos casos, ya no se baila. Las manos y cabezas danzantes, los saltos y movimientos que ocupaban el horizonte han sido sustituidos por una masa de teléfonos móviles que graban todo lo que sucede en el escenario o se hacen selfies disfrutando de la experiencia.

Atrás han quedado los conciertos de los que necesitábamos varios días para recuperarnos después de una noche de brincos. Ahora lo que tenemos son unas bonitas imágenes que subimos rápidamente a las redes sociales con las que mostrar al resto del mundo digital que hemos estado en ese concierto o en ese festival al que tanta gente hubiera querido asistir. Así lo demuestran las millones de fotografías que han llenado TikTok o Instagram de la reciente –y esperada– gira de Oasis por el Reino Unido.

Un cambio en el consumo

Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación? ¿Por qué preferimos hacer fotos y colgarlas en redes en lugar de bailar y cantar? ¿Qué nos aporta?

Todo indica que no hay solo una causa, sino múltiples factores que han incidido en nuestra forma de consumir música en directo y en las gratificaciones que obtenemos de esos consumos culturales.

En primer lugar, la industria del directo se ha institucionalizado a nivel comercial, es decir, sus agentes se han profesionalizado, empleando sofisticadas estrategias de marketing para atraer al máximo número de consumidores.

De esta forma, las empresas del espectáculo han evolucionado hasta un modelo similar al de un festival de consumo cultural de distintas propuestas empresariales, no todas ellas pertenecientes a la industria musical.

Para ello, además de ofrecer entretenimiento en cada rincón del recinto, se han servido de estrategias de marketing basadas en la distribución de imágenes glamurosas de lo que estaba pasando dentro y fuera de los escenarios. Han construido narrativas audiovisuales a través de las cuales se relacionan los agentes implicados en hacer posibles este tipo de espectáculos y en las que también participan los asistentes. De esta forma, los fans son ahora parte de esa narración, especialmente de los festivales cuyas promotoras han extendido este modelo al resto de eventos musicales.
Sirva de ejemplo el festival Mad Cool de Madrid, celebrado el pasado mes de julio. Además de los vídeos y fotografías difundidos por la organización, se sumaron los contenidos de las marcas patrocinadoras, de los grupos y artistas, de los medios de comunicación, de los numerosos influencers que acudieron invitados por las marcas y los de los propios asistentes –empleando etiquetas como #madcool o #madcoolfestival–. Entre todos ellos encontramos experiencias que van desde los stands de los patrocinadores a los espacios de descanso, pasando por los posados en los luminosos o la archiconocida noria.

Ver y ser visto

A ello, hay que sumar el consumo extensivo de las redes sociales. En los últimos informes se destaca el aumento de las horas que pasamos consumiendo contenidos audiovisuales a través de redes como Instagram o TikTok, convirtiéndose en las pantallas a través de las que vivimos.

Esa influencia ha llegado a condicionar la forma en la que se producen los espectáculos en directo, que continúan con la denominada estética TikTok. Es decir, la puesta en escena de muchos conciertos está pensada para adaptarse a las pantallas de los móviles, pasando de ser espacios de consumo musical a recintos de generación de contenidos.

Uno de los ejemplos más relevantes de los últimos años fue la gira Motomami de Rosalía, que empleó la misma escenografía que se había usado en el concierto de lanzamiento del álbum retransmitido a través de TikTok. Junto a ella, Charli XCX, Lady Gaga o The 1975, entre otros, también han optado por este tipo de montajes que busca ofrecer el marco adecuado para la generación de contenido relacionado.

Nuevos espacios de entretenimiento

A estas tendencias se añade la transformación de los espacios y recintos musicales que se han llenado de experiencias –además de la musical–. Son espacios de ocio, de estatus social, de dejarse ver y, especialmente, de mostrarse a través de la instantaneidad de las stories de Instagram.

Dos chicas con vestidos ligeros y coronas de flores.
Las fans se visten de acuerdo a una de las ‘eras’ de la carrera musical de Taylor Swift en un concierto de su gira en Australia.
Graham Drew Photography/Shutterstock

Exponer la experiencia de asistir a un concierto o un festival tiene hoy en día más valor social que real, desde vestirse siguiendo un estudiado dress code (como hacían los espectadores de la gira de Taylor Swift adecuando su ropa a cada una de sus “eras”) y acceder al recinto hasta, por fin, llegar a la localidad. Dejar constancia de con quién acudimos, qué nos vamos encontrando, qué regalos se dan o qué se puede comer forma parte hoy de esa experiencia de consumo musical en vivo, dejando el mero disfrute de la escucha en un segundo plano.

Y es que, en estos tiempos, tiene más valor social ser la primera en dar evidencia de que se está en un concierto que el mero hecho de estar allí… bailando. Por eso muchas nos quedamos quietas para grabar bien y compartir unos bonitos vídeos.

The Conversation

Cristina Pérez-Ordóñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es cierto que ya no se baila en los conciertos? – https://theconversation.com/es-cierto-que-ya-no-se-baila-en-los-conciertos-258730

¿Quiénes son los capibaras, esos curiosos roedores que se han ganado el corazón de los internautas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Christiane Denys, Professeure Emerite du Museum, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)

¿Es el capibara solo un conejillo de Indias grande, dócil y cariñoso? Desde 2020, en las redes sociales se está produciendo una auténtica capibaramanía. Algunos de estos animales incluso viven como mascotas en apartamentos o jardines ya sea en China, Canadá o Rusia.

Además, desde 2021, los habitantes de la ciudad residencial de Nordelta, en Argentina, han visto sus céspedes y piscinas invadidas por una gran cantidad de capibaras. Las causas de esta invasión, al igual que el reciente entusiasmo por este roedor, se desconocen, pero algunos lo atribuyen al hecho de que ese barrio se construyó en una zona que antiguamente era su hábitat natural.

En general, se sabe bastante poco sobre este roedor desde el punto de vista científico. ¿A quién se refería Linneo cuando en 1766, al descubrirlo, lo llamó “cerdo acuático”? ¿Dónde vive en estado salvaje? ¿Cómo vive? ¿Está amenazado por los cambios globales que se están produciendo?

La familia de los capibaras

El capibara pertenece al género Hydrochoerus, que actualmente comprende dos especies: el capibara grande (o Hydrochoerus hydrochaeris), que es el más popular, y el capibara de Panamá (o Hydrochoerus isthmius), que es más pequeño, pero aún poco conocido.

Mara patagónica en un zoológico de Argentina.
Snowmanradio/Wikipedia, CC BY

El género Hydrochoerus pertenece a un suborden de roedores muy antiguos que solo viven en Sudamérica. Dentro de este género, el capibara es un miembro de la familia Caviidae, que también incluye a los conejillos de Indias y las liebres de la pampa (las maras).

Esta familia se diversificó hace unos 18 a 14 millones de años en América del Sur y actualmente cuenta con 20 especies, lo que la convierte en una de las más diversas de este territorio.

Kerodon rupestris fotografiado en Brasil.
Carlos Reis/Flickr, CC BY-NC-ND

Una filogenia molecular sitúa al capibara (Hydrochoerus) como grupo hermano de los Kerodon (cobaya de las rocas), mientras que el conejillo de Indias (género Cavia) es un primo más lejano.

El capibara grande se encuentra en estado salvaje desde el este de los Andes y Colombia hasta Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay. El capibara de Panamá, por su parte, vive al este de Panamá, al oeste de Colombia y al noroeste de Venezuela.

Antepasados de hasta 300 kg

El capibara grande es el que se encuentra con más frecuencia en los parques zoológicos y el que más llama la atención del público en la actualidad. De todos los roedores, es actualmente el más grande en tamaño (de 1 m a 1,3 m) y peso (entre 35 kg y 65 kg) en estado salvaje (hasta 100 kg en cautividad). Pero comparado con sus antepasados es un peso pluma.

De hecho, se estima que sus ancestros fósiles eran capibaras gigantes. Llamados Phugatherium y Protohydrochoerus, vivieron hace entre 4 y 2,5 millones de años en Argentina y Bolivia. Estos podían medir hasta dos metros de largo y pesar entre 200 y 300 kg, es decir, el tamaño de un tapir, según algunos científicos, una estimación que otros reducen a unos 110 kg.

En comparación con el conejillo de Indias, el capibara se distingue por su imponente tamaño, su cola pequeña, un pelaje largo pero áspero de color marrón dorado uniforme, la presencia de una pequeña membrana entre los tres dedos de las patas, que le sirven de aletas para nadar, y, por último, por su mandíbula, con dientes largos y muy altos (sin raíces visibles, se dice que son hipodontos) con numerosas crestas oblicuas y un tercer molar muy grande.

Por último, el hocico es alto y truncado en la parte delantera, las orejas son pequeñas y redondas y los ojos, muy altos y situados hacia atrás en la cabeza.

Anatomía de la mandíbula del capibara.
Fotógrafo: Phil Myers / Copyright: Museo de Zoología, Universidad de Michigan-Ann Arbor, EE.UU.

Al igual que el conejo, ingiere sus propias heces

A diferencia del conejillo de Indias salvaje, que habita las praderas secas y las zonas boscosas de los Andes, el capibara prefiere vivir a orillas del agua en las zonas tropicales y subtropicales de menor altitud. Frecuenta las zonas boscosas y las praderas húmedas de los Llanos de Venezuela o del Pantanal brasileño. Es un roedor acuático y vegetariano al que le gustan las hierbas, las semillas y las plantas acuáticas.

Al igual que el conejo, el capibara ingiere parte de sus excrementos para completar su digestión.
CC BY

Su modo de digestión es similar al de los rumiantes. Tiene una digestión cecal y practica la caecotrofia (es decir, la ingestión de sus excrementos para una mejor asimilación de las fibras, como en los conejos).

En estado salvaje, viven en grupos de 2 a 30 individuos dirigidos por un macho dominante que se encarga de la reproducción con las hembras y defiende el territorio donde el grupo encuentra sus recursos alimenticios.

El tamaño del territorio depende de la calidad de los recursos alimenticios y puede variar entre 10 y 200 hectáreas, con una densidad de población que alcanza hasta 15 individuos por hectárea.

Las hembras pueden reproducirse dos veces al año. Sus camadas suelen tener entre tres y cinco crías, que nacen tras cuatro o cinco meses de gestación. El crecimiento es rápido y las crías alcanzan la madurez sexual entre los 14 y los 18 meses, con un peso de alrededor de 35 kg.

En grupo, emiten fuertes vocalizaciones cuando se acerca un depredador (jaguar, puma, chacal o anaconda). El grupo se refugia entonces en el agua, donde los individuos son buenos nadadores y buceadores.

Un hábitat natural amenazado

Estos roedores pueden ser diurnos o nocturnos, dependiendo de la presión cinegética o de la estación. Aunque la especie vive en muchas áreas protegidas, hoy en día se caza por su carne y su piel. Sin embargo, en la actualidad existen numerosas granjas que reducen la presión sobre las poblaciones silvestres.

Las poblaciones silvestres de capibaras no parecen estar disminuyendo y la especie no se considera en peligro de extinción. No obstante, parece que la fuerte disminución de las lluvias observada en su hábitat desde 2020 ha tenido un impacto.

De hecho, la aparición de incendios forestales cada vez más frecuentes y extensos –debido a la tala de bosques en la estación seca, en particular para aumentar la superficie de pastos disponibles para el ganado– provoca en el Pantanal brasileño una mortalidad animal importante.

En Los Llanos venezolanos, la deforestación también continúa, no solo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, sino también debido a la explotación de maderas preciosas y al desarrollo de la industria petrolera. Al mismo tiempo, la construcción de presas hidroeléctricas está secando algunas zonas. Todo esto contribuye a reducir el hábitat natural del gran capibara.

La convivencia y la domesticación

Más allá de estas grandes zonas forestales, en Argentina, estos roedores son cada vez más visibles en las afueras de Buenos Aires. Se han construido viviendas a lo largo del río donde vivían, y la urbanización de sus territorios les impide alimentarse normalmente. En ausencia de depredadores, alimentados por algunos habitantes que, al encontrarlos simpáticos, les dejan entrar en sus jardines y piscinas, estos animales se multiplican fácilmente.

La mayoría de los residentes consideran que el capibara es tranquilo y poco agresivo, salvo los machos, que son muy ruidosos y luchan por el dominio de la manada. Los capibaras tienen cada vez menos miedo de acercarse a los humanos, lo que explica por qué se ven cada vez más y por qué aumenta el número de accidentes.

En todo el mundo, cada vez más personas llegan incluso a adoptarlos, considerándolos animales domésticos dóciles. Se recomienda elegir solo hembras y es mejor disponer de una gran masa de agua cerca de la vivienda.

En internet, los vídeos publicados por sus propietarios muestran capibaras solitarios bañándose en bañeras de apartamentos o paseando solos con correa, lo que, en mi opinión, se asemeja al maltrato. Los territorios naturales de los capibaras son grandes, sus necesidades de agua son importantes y viven en manadas en la naturaleza.

En la naturaleza, el capibara necesita un territorio amplio para su equilibrio.

Aprovechemos el entusiasmo que despierta este roedor de vida sorprendente para actuar a nivel internacional contra la degradación de los humedales más grandes del planeta. Hoy en día, estos ecosistemas están amenazados por el cambio climático y el aumento desenfrenado de las actividades humanas, que degradan el medio ambiente de forma duradera e irreversible. Una mala noticia para el capibara y para muchas otras especies.

The Conversation

Christiane Denys no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Quiénes son los capibaras, esos curiosos roedores que se han ganado el corazón de los internautas? – https://theconversation.com/quienes-son-los-capibaras-esos-curiosos-roedores-que-se-han-ganado-el-corazon-de-los-internautas-262834

Cuatro maneras de experimentar con la inteligencia artificial en el aula universitaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Catedrática en Educación en el Dpto. Educación y Psicología Social, Universidad Pablo de Olavide

EF Stock/Shutterstock

Cada día los estudiantes llegan al aula con resúmenes hechos por ChatGPT o ideas esbozadas por algún asistente virtual. Ante esta realidad, surge una pregunta incómoda: ¿qué sentido tiene que nos reunamos en el aula? El aula tradicional pierde sentido como lugar donde se repite lo que ya puede generar una máquina en segundos.

El desafío, entonces, es dejar de preguntarnos “qué voy a enseñar hoy” para pasar a plantearnos “qué vamos a construir juntos”. ¿Cómo lograrlo? Aquí van cuatro formas concretas de transformar el aula en un laboratorio donde se construye conocimiento.

El consultorio de hipótesis

Imaginemos que antes de clase pedimos a los estudiantes que usen inteligencia artificial (IA) para generar una tesis sobre el tema del día. La tarea no es simplemente aceptarla como válida, sino desafiarla.

El reto dialógico comienza en el aula. El tiempo de clase se dedica a que el alumnado comparta lo que la IA entrega y a evaluar sus interacciones con estas herramientas. Los estudiantes discuten sus resultados y evalúan juntos: ¿realmente fue útil esta tecnología? ¿Qué preguntas funcionaron mejor? ¿Cómo nos ayudó a corregir errores y a avanzar nuevas preguntas?

El docente invita al grupo a encontrar los puntos débiles del argumento, los contrargumentos más fuertes, las posibles falacias lógicas o los vacíos de información. Por ejemplo, si la IA generó una tesis que afirma: “El uso de la realidad virtual acelera la curva de aprendizaje de los estudiantes en un 30 % en todas las disciplinas”, la tarea del alumnado es cuestionar esa afirmación. ¿Qué evidencia se presenta para ese 30 %? ¿Aplica por igual a todas las asignaturas? ¿Y en todas las edades?




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El trabajo en el aula se convierte en un diálogo sobre el sentido y los sesgos, usando una respuesta automática para ir más allá, poniéndola en cuestión y explorando fuentes alternativas.

Las sesiones se dividen en bloques de 20-30 minutos: primero comparten lo que trajeron de casa, luego en el aula comienza el desafío de trabajo en grupo, después critican y reconstruyen, y finalmente sintetizan aprendizajes.

El taller de falacias

El docente lanza una provocación sobre un tema polémico. Por ejemplo: “¿Debería legalizarse el cánnabis recreativo?”. Pide al alumnado que use IA para generar argumentos a favor y en contra. Pero aquí viene lo interesante: el trabajo en clase es analizar la lógica de esos argumentos y detectar errores lógicos.

Los estudiantes aprenden a detectar falacias ad hominem, apelaciones indebidas o falsas causalidades. Contrastan la voz artificial con su propio juicio crítico, construyen argumentos más éticos y sólidos basados en evidencia científica.

El aula deja de ser un espacio para recibir respuestas a interrogantes que el estudiante no se ha hecho, y pasa a ser un entorno para poner a prueba y formular las preguntas adecuadas.




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La clase se convierte en un laboratorio retórico donde se entrena la lógica, la ética argumentativa y la capacidad no solo para analizar la forma en que se construyen los argumentos, sino también para desmontar persuasiones artificiales y discernir entre un argumento bien construido y una simple persuasión.

Veamos el caso de una clase de Derecho Digital. El docente plantea a la IA la pregunta: “¿Debería permitirse el uso de reconocimiento facial en espacios públicos para prevenir delitos?”. La IA responde a favor (“aumenta la seguridad y disuade el crimen”) y en contra (“invade la privacidad y fomenta la vigilancia masiva”).

El docente divide al clase en grupos pequeños: mientras que la mitad analiza los argumentos a favor y razona si la IA incurre en una generalización apresurada (asumiendo que más vigilancia siempre equivale a más seguridad), la otra mitad analiza si el argumento en contra comete una falsa dicotomía planteando que la única opción es la vigilancia total.

Posteriormente, reconstruyen de manera colaborativa ambos discursos, matizando los argumentos con conceptos teóricos clave como la necesidad de una regulación clara, la transparencia y la implementación de auditorías ciudadanas. De esta forma, el aula se convierte en un espacio para enriquecer el pensamiento crítico, usando la IA como un simple punto de partida.

La sala de simulación

La IA permite crear escenarios complejos en tiempo real, convirtiendo la clase en un espacio de experimentación colectiva.

Supongamos que el docente propone un caso de estudio real: una crisis económica, un dilema bioético, un conflicto político. En grupos pequeños, el alumnado interactúa con la IA para simular respuestas o desarrollar soluciones alternativas. Mientras tanto, el docente guía el diálogo con preguntas que profundizan en la complejidad de la escena: ¿cómo influye la cultura? ¿Qué riesgos éticos se están ignorando? ¿Qué dice la inteligencia artificial que no dice el contexto real?

Por ejemplo, en una clase de marketing, un grupo simula con IA el lanzamiento de un producto en un mercado emergente. ¿Qué pasa si el precio es bajo? ¿Y si hay competencia local? El reto es que el alumnado descubra que la IA ignora factores culturales cruciales, como los hábitos de compra, la composición del tejido empresarial o el significado cultural de determinados colores.

Físicamente, se elimina la disposición tradicional de filas mirando al frente y se reorganiza el aula en círculos pequeños de 4-6 personas. Idealmente, cada grupo comparte una pantalla para mostrar sus interacciones con la IA.

El laboratorio de creatividad

La IA es excelente generando ideas iniciales, pero el valor surge cuando esas ideas se depuran y evalúan colectivamente. En este escenario, pedimos a los estudiantes que obtengan varias propuestas creativas de la IA (por ejemplo, para una campaña de salud pública). En clase, deben presentar la mejor opción y justificar su elección.

Luego viene el reto: deben defender una idea que no eligieron, obligándolos a cambiar de perspectiva y abandonar su zona de confort. Este ejercicio refuerza habilidades que ninguna IA puede automatizar: empatía argumentativa, juicio colectivo y pensamiento lateral.

Por ejemplo, para una campaña sobre ahorro de agua, la IA genera cinco propuestas. Un estudiante elige la más creativa, pero luego debe defender la más práctica. El docente dirige la conversación, ofreciendo argumentos sobre la originalidad, la viabilidad o el impacto de cada propuesta.

Un aula que recupera su valor

En todos estos formatos, el trabajo con IA comienza antes de llegar al aula pero continúa en la clase, reservando ahora el tiempo para lo que tiene más valor: dialogar, defender ideas, cuestionar, crear juntos. El aula se convierte en un lugar donde los estudiantes no van a “saber”, sino a “aprender a querer saber”.

Así, el aula no solo sobrevive a la inteligencia artificial, sino que recupera su valor como espacio social de inteligencia colectiva. Un lugar donde se cruzan saberes, se disputan ideas y se entrenan capacidades profundamente humanas.

Esta revolución tecnológica nos recuerda algo fundamental: el conocimiento no se recibe, se construye. Y no se construye en soledad.

The Conversation

Rosa M. Rodríguez-Izquierdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuatro maneras de experimentar con la inteligencia artificial en el aula universitaria – https://theconversation.com/cuatro-maneras-de-experimentar-con-la-inteligencia-artificial-en-el-aula-universitaria-262810

Podríamos predecir cómo envejeceremos a través de un análisis de sangre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Damián González Beltrán, Doctorando FPI-UAM, Universidad Autónoma de Madrid

El envejecimiento empieza a escribirse desde el nacimiento. Se espera que, para el 2050, más de 2 100 millones de personas en el mundo tengan 60 o más años. Por eso, Naciones Unidas ha declarado la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030).

Pero ¿qué significa envejecer de forma saludable? No se trata solo de llegar a una edad, sino de mantener el cuerpo y la mente en buen estado para disfrutar de una mejor calidad de vida. Se trata de sumar vida a los años y no años a la vida. Y para lograrlo, necesitamos cuidarnos desde jóvenes y vivir en entornos que nos ayuden a tener hábitos saludables.

Envejecer no es una mala idea si es con salud

Mucha gente tiene miedo a envejecer. Pero si se piensa en envejecer con una buena calidad de vida, la idea no resulta tan mala. Es como cuidar un coche: si usamos buen combustible, el motor dura más tiempo. En nuestro caso, ese “combustible” son los llamados aminoácidos plasmáticos. Especialmente los de cadena ramificada en su estructura molecular: leucina, isoleucina y valina.

Se denominan ramificados porque la cadena lateral está formada por un carbono que se une a más de un átomo de carbono. Esta característica los diferencia de otros aminoácidos, ya que no tienen cadenas laterales lineales. Además, su importancia radica en que son esenciales, es decir, el cuerpo no puede sintetizarlos por sí mismo y debe obtenerlos a partir de la dieta, estando implicados en la síntesis de proteínas musculares.




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Distintos estudios han analizado cómo ciertos compuestos cambian en nuestro cuerpo a medida que envejecemos. Por ejemplo, se ha observado que algunos aminoácidos como la tirosina aumentan con la edad, mientras que otros como el triptófano, la leucina o la isoleucina disminuyen, lo que podría interpretarse como una señal del proceso de envejecimiento.

Un estudio con casi 900 personas mayores en España

Un reciente trabajo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) analizó los niveles de nueve aminoácidos en sangre y su asociación con un envejecimiento saludable en 859 personas mayores de 65 años. Ninguna investigación previa había evaluado antes esta relación. Para ello, se tuvieron en cuenta características sociodemográficas, socioeconómicas y de estilo de vida durante 5 años, como la calidad de la dieta, la duración óptima del sueño, el consumo de tabaco, el índice de masa corporal y la actividad física.

Para evaluar el envejecimiento saludable, se aplicó una definición basada en tres dominios:

  1. Retraso en la aparición de enfermedades crónicas.

  2. Funcionamiento físico óptimo.

  3. Preservación de la función cognitiva.

Los resultados fueron determinantes: niveles bajos de ciertos aminoácidos –alanina, isoleucina, leucina y valina– se asociaron con un envejecimiento más saludable. Además, en relación con la dieta, concentraciones bajas de otros aminoácidos como la glutamina, histidina y fenilalanina se asociaron también con un envejecimiento saludable en aquellos con una dieta de alta calidad.

Sin embargo, las personas que llevaban una dieta de mala calidad tuvieron concentraciones plasmáticas más altas de glicina e histidina. Esto
sugiere que, la calidad de la dieta podría moderar la relación entre los niveles de aminoácidos plasmáticos y la forma de envejecer.




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De los aminoácidos a la práctica clínica

Lo revolucionario de estos hallazgos es que podrían ayudar a predecir cómo será nuestro envejecimiento en el futuro a través de un análisis de sangre que mida ciertos aminoácidos. Sería como una herramienta personalizada para la prevención de enfermedades y la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, presenta grandes inconvenientes: tanto el coste de estas pruebas como la tecnología avanzada para medir miles de aminoácidos no facilitan su uso en la práctica clínica.

Aunque aún queda mucho por investigar, los resultados son prometedores. Mientras los avances científicos consiguen sortear los desafíos económicos para implementar este avance para la medicina lo importante, por ahora, es hacer todo lo posible por cuidar nuestra salud.

No hay que olvidar que la clave para seguir cumpliendo años y gozar de una buena calidad de vida consiste en comer saludable, hacer ejercicio físico, dormir suficiente y evitar fumar. Pequeñas decisiones de hoy que pueden determinar nuestro bienestar de mañana.

The Conversation

Damián González Beltrán es socio de la Sociedad Española de Epidemiología

Esther Lopez-Garcia es miembro de la Sociedad Española de Epidemiología.

Francisco Félix Caballero Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Podríamos predecir cómo envejeceremos a través de un análisis de sangre – https://theconversation.com/podriamos-predecir-como-envejeceremos-a-traves-de-un-analisis-de-sangre-261921

Ciencia traslacional: cómo llevar soluciones médicas reales a donde más se necesitan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

Atención a una paciente de dengue en un hospital de Río de Janeiro (Brasil). Focus Pix/Shutterstock

En muchas partes del mundo, la distancia entre el descubrimiento científico y su aplicación en los pacientes sigue siendo abismal. Mientras los laboratorios producen avances en biología molecular, inteligencia artificial o terapias génicas, millones de personas en países de ingresos bajos y medios se enfrentan a enfermedades comunes sin acceso a diagnósticos precisos, tratamientos adecuados o medidas de prevención efectivas. ¿Cómo cerrar esa brecha? La respuesta está en la llamada ciencia traslacional.

Este campo, que ha ganado impulso en las últimas dos décadas, busca precisamente eso: transformar los hallazgos de la investigación básica en soluciones médicas concretas, ya sean farmacológicas, biológicas, tecnológicas o quirúrgicas, que mejoren la vida de los pacientes. No se trata solo de generar conocimiento, sino de moverlo, probarlo, adaptarlo y aplicarlo rápidamente en la práctica clínica.

Pero ¿qué significa esto en la realidad de un hospital público en Colombia, una clínica rural en Nigeria o un centro de salud en zonas pobres de Brasil? Aquí es donde la ciencia traslacional tiene el potencial de marcar una diferencia radical, pero también debe hacer frente a desafíos únicos.

Innovar en contextos de escasos recursos

En los países en vías de desarrollo, el reto no es solo inventar nuevas herramientas, sino adaptarlas al contexto local. Las soluciones deben ser simples, accesibles, sostenibles y, sobre todo, pertinentes.

Por ejemplo, un dispositivo de diagnóstico rápido basado en microfluidos (tecnología automática e integrada para identificar la causa de diferentes enfermedades infecciosas) y diseñado en una universidad estadounidense, puede ser modificado por un equipo local para funcionar sin electricidad constante y con insumos disponibles localmente. Es decir, un tratamiento de alto costo puede inspirar una alternativa biotecnológica regional, igual de efectiva pero fabricada con tecnología asequible.

Este proceso de “tropicalización” de la innovación médica es una parte esencial de la ciencia traslacional en contextos de bajos recursos. No obstante, para que esto funcione, se necesitan centros de investigación locales sólidos, conectados tanto con la comunidad científica global como con los sistemas de salud locales.

Centros traslacionales: puentes entre ciencia y salud pública

En países como Colombia, India o Sudáfrica han empezado a surgir centros de ciencia traslacional que reúnen a médicos, biólogos, ingenieros, epidemiólogos y expertos en salud pública para trabajar juntos en resolver problemas concretos. Su enfoque no es solo académico: resulta profundamente pragmático.

Un ejemplo claro es el desarrollo de ventiladores mecánicos de bajo costo durante la pandemia de covid-19, impulsado por equipos multidisciplinarios en universidades latinoamericanas. Otro es el diseño de pruebas moleculares rápidas para tuberculosis o dengue, validadas y producidas localmente.




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Sin embargo, estos avances suelen depender de financiamiento puntual o donaciones externas, y muchas veces no se integran de forma sostenible al sistema de salud. La razón de fondo es estructural: la falta de una estrategia nacional sólida para la ciencia traslacional y, sobre todo, la escasez de expertos formados en este campo.

El cuello de botella: formación en ciencia traslacional

La ciencia traslacional requiere perfiles híbridos: personas que entiendan la biología molecular, pero también los flujos del sistema de salud; investigadores capaces de liderar ensayos clínicos, navegar regulaciones sanitarias y, al mismo tiempo, mantener el rigor científico. En muchos países en desarrollo, formar este tipo de talento es el principal cuello de botella.

La mayoría de los programas académicos siguen formando investigadores de laboratorio o médicos clínicos, pero no integran ambos mundos. Esto dificulta la sostenibilidad de los centros traslacionales y limita su impacto a corto plazo. Por eso, invertir en educación y formación traslacional es una necesidad urgente. No solo en posgrados, sino también en programas de capacitación técnica, alianzas universidad-hospital y redes regionales de colaboración científica.

Una inversión que sale a cuenta

Muchos gobiernos y agencias de cooperación internacional aún dudan en priorizar esta área. Pero los datos muestran que la ciencia traslacional puede ser altamente rentable. Al reducir el tiempo entre el descubrimiento y la aplicación clínica, se mejora la eficiencia del sistema de salud, se evitan tratamientos ineficaces y se acelera la respuesta frente a epidemias.

Además, al impulsar soluciones diseñadas localmente, se reduce la dependencia de tecnologías importadas y se genera capacidad instalada. En otras palabras, la ciencia traslacional es también una estrategia de soberanía en salud.

El futuro: colaboración y compromiso

Para que esto sea una realidad, es necesario un compromiso sostenido de múltiples actores: gobiernos, universidades, hospitales, el sector privado y la comunidad internacional. La creación de redes de ciencia traslacional en América Latina, África y Asia puede ayudar a compartir experiencias, estándares y recursos.

Desde ya, algunos organismos multilaterales han empezado a promover enfoques colaborativos en esta línea. Pero sin centros locales fuertes, sin talento humano preparado y sin voluntad política, la brecha seguirá existiendo.

La ciencia traslacional no es un lujo para países ricos. Es, al contrario, una herramienta esencial para resolver los problemas más urgentes de salud en el mundo real. Y su mayor impacto puede darse precisamente donde más se necesita: en los barrios, hospitales y comunidades que hoy afrontan sus desafíos con más ingenio que recursos.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ciencia traslacional: cómo llevar soluciones médicas reales a donde más se necesitan – https://theconversation.com/ciencia-traslacional-como-llevar-soluciones-medicas-reales-a-donde-mas-se-necesitan-261323

Mañana de subjuntivo, tarde de ‘pintxos’: ¿qué es el turismo lingüístico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz López Medina, Profesora de Formación para el Bilingüismo y Didáctica de Lenguas Extranjeras. Técnico de Calidad en Educación Superior., Universidad Complutense de Madrid

Alida_Garcia/Shutterstock

Tourists go home. Este mensaje abiertamente hostil forma hoy parte del entorno en poblaciones que años atrás veían en sus visitantes creadores de empleo y activos indispensables para el desarrollo de su zona. Recientemente, en cambio, se hacen eco de campañas contra la gallina de los huevos de oro para la economía de no pocos países. ¿Qué ha cambiado?

El modelo turístico actual ha desembocado en un turismo masivo con consecuencias adversas para los residentes y la calidad ambiental. Se habla de “turistificación” y “gentrificación”, de pérdida de calidad de vida para los residentes, de excesivo consumo de agua y energía o de la homogeneización de un comercio cada vez más orientado al turista; estos son algunos de los males asociados a una actividad con siglos de existencia cuya democratización y masificación nos hace hoy ver el lado malo.




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A pesar de esta percepción tan negativa que, por otra parte, no es nueva, también podemos reconocer que una gran parte de los turistas respetan el entorno y se interesan por las costumbres locales mientras disfrutan del clima y de la gastronomía del lugar elegido para pasar unos días. Algunos de ellos, además, vienen con otros objetivos asociados a distintos tipos de turismo: de aventura, de negocios, ecoturismo, etc. Entre todos ellos, hay uno que posiblemente no haya escuchado nunca: el turismo lingüístico.

Subconjunto de turismo cultural

A pesar de las cifras positivas que lo avalan, el turismo lingüístico es un gran desconocido: una búsqueda simple sobre tipos de turismo (hagan, si quieren, la prueba) arrojará escasos resultados, y la modalidad lingüística simplemente no aparecerá.

Por sus características podría considerarse un subconjunto del turismo cultural, o también podríamos incluirlo en la interacción entre el cultural, el académico y el educativo. Quizá esté llegando la hora de que tenga entidad propia.

¿Qué es el turismo lingüístico?

El turismo lingüístico o turismo idiomático consiste realizar un viaje con el objetivo de aprender (o perfeccionar) una lengua, combinando esta experiencia con una inmersión cultural en destino.

Es una actividad que atrae a perfiles que no solo viajan por un interés personal por la lengua y la cultura, sino también por motivos profesionales o académicos. Además, en los últimos años hay quien se deja llevar por tendencias que llegan desde redes sociales como TikTok o Instagram, mediante prescriptores que recomiendan un destino concreto para dar un paso más en la lengua que estemos aprendiendo.




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Las posibilidades del turismo lingüístico son innumerables: una estancia de unas semanas en Salamanca recibiendo clases de español en una academia, preparar una certificación lingüística y realizar a la vez un curso de posgrado en Lisboa, una semana aprendiendo francés en Burdeos mientras recorremos los viñedos de la zona … La experiencia lingüística se entrelaza con la cultural en un contexto de inmersión, resultando en un proceso de transformación profundo en numerosos aspectos.

Lenguas preferidas

Respecto a las lenguas que resultan más atractivas, en esto no hay sorpresa. Al turista idiomático le atraen principalmente los idiomas de prestigio, que ofrecen más oportunidades profesionales. No es de extrañar, por tanto, que el inglés, el español y el francés se encuentren a la cabeza frente a otras lenguas con menos hablantes o (al menos en teoría) más complejas para el turista idiomático tipo.

Destinos como Reino Unido, Irlanda, España y Francia, por centrarnos en nuestro entorno, que son además culturalmente muy ricos, son imanes para turistas lingüísticos de todo el mundo. Las cuestiones económicas unidas a otras variables como la imagen del país, las conexiones o el clima determinan finalmente la selección del destino y la duración de la estancia porque, ¿por qué no extender unas semanas más el curso de inglés en Malta?

¿Qué diferencia el turista lingüístico de otros tipos?

Al igual que a las comunidades locales, al turista lingüístico le desagradará que los barrios más céntricos de las grandes ciudades transformen sus comercios para adaptarse al gusto del visitante. El visitante idiomático busca lo contrario: la autenticidad, mezclarse con la gente local, vivir la experiencia lingüística y cultural de la forma más genuina posible. Al turista de sol y playa, estos aspectos le importan mucho menos.

La homogeneización de comercios y restaurantes que repiten patrones y productos que encontramos en numerosos lugares del mundo están lejos, por tanto, de esa búsqueda por el contraste con su lugar de origen y sus costumbres.

¿Qué aporta el turismo lingüístico?

La respuesta más inmediata es el beneficio económico. De ahí a que el turismo lingüístico se defina como actividad económica a medida que va posicionándose como activo que genera cada año unos ingresos nada desdeñables.

Así, los indicadores presentados en Fitur Lingua, espacio dentro de FITUR (Feria Internacional del Turismo) dedicado a la promoción del español y al turismo idiomático, dibujan un sector en pleno auge: 602 662 estudiantes internacionales generaron en el curso 2022-2023 casi 6 400 millones de euros en la economía española. La cifra, aunque impactante, deja fuera a los alumnos del Instituto Cervantes y a parte de los estudiantes de las escuelas de español, pero incluye alumnos de grado y máster, estudiantes Erasmus+ entrantes, así como participantes de otros programas de intercambio o movilidad y a los auxiliares de conversación procedentes de EE. UU.

No obstante, más allá del impacto económico, lo que impulsa al turista idiomático es la inmersión lingüística y el entendimiento mutuo entre culturas. Un turismo así, sostenible y respetuoso, quizá no sea la única solución frente a la turistificación, pero sí una de las más prometedoras para que viajar siga siendo un acto de descubrimiento que además preserve la autenticidad de los destinos. Linguistic tourists, come home.

The Conversation

Beatriz López Medina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mañana de subjuntivo, tarde de ‘pintxos’: ¿qué es el turismo lingüístico? – https://theconversation.com/manana-de-subjuntivo-tarde-de-pintxos-que-es-el-turismo-linguistico-262573

¿Quién decide el pescado que se come en España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Elena Aramendia Muneta, Profesora en el Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad Pública de Navarra

Pescado fresco en el mercado de La Boquería, en Barcelona. Vlas Telino studio/Shutterstock

España, como una de las mayores potencias pesqueras de la Unión Europea, tiene acceso a unos extensos recursos marítimos en su Zona Económica Exclusiva (ZEE). Sin embargo, estas aguas están sujetas a la regulación de la Política Pesquera Común (PPC) de la Unión Europea, un marco normativo diseñado para garantizar la sostenibilidad de las pescas mediante límites de capturas (TAC, por sus siglas en inglés) y cuotas específicas para cada Estado miembro.

La PPC, vigente desde los años 70 y reformada en profundidad con el Tratado de Lisboa en 2009, regula quién pesca, qué especies puede capturar y en qué cantidades. Este sistema intenta prevenir la sobreexplotación, pero también condiciona el pescado que finalmente llega a los mercados y, por ende, a las mesas de los consumidores.

En España, los sistemas de intercambio de cuotas entre países permiten flexibilidad, pero a menudo priorizan intereses económicos sobre la conservación o la diversificación del pescado disponible en los mercados.

Las pesquerías y las especies clave

En un reciente estudio, hemos analizado la evolución de la industria pesquera española durante la última década en el marco de la PPC. Para ello, seleccionamos tres especies representativas por su valor comercial y su relevancia en los mercados españoles: bacalao, merluza y anchoa. A través de estas especies, mostramos cómo las cuotas influyen en las capturas, los desembarcos y la disponibilidad local.

  • Bacalao (Gadus morhua): aunque las cuotas han aumentado desde 2010, las cantidades desembarcadas en puertos españoles han disminuido considerablemente. Esto sugiere que una parte significativa de las capturas se destina a otros mercados internacionales. Sin embargo, el precio por tonelada ha aumentado, lo que indica una demanda persistente aunque limitada por la oferta.

  • Merluza (Merluccius merluccius): durante el período analizado, la merluza presentó una evolución más estable, con picos en los desembarcos hasta 2016. En los últimos años, hemos observado una disminución, reflejo de desafíos en la gestión de cuotas y cambios en las dinámicas de mercado.

  • Anchoa (Engraulis encrasicolus): encontramos que tanto las capturas como los desembarcos han excedido con frecuencia las cuotas asignadas, planteando preocupaciones sobre la sostenibilidad del stock. Aunque la cantidad disponible ha aumentado, el precio por tonelada ha disminuido, lo que indica un exceso de oferta y un menor valor percibido en el mercado.

Gráfico que muestra la evolución de las capturas permitidas para España según la Política Pesquera Común europea
Evolución de las capturas permitidas para el bacalao, la merluza y la anchoa en España según la Política Pesquera Común europea.
Radomska et al., ‘Spanish fishing industry within the common fishery policy’, Marine Policy, 2024, CC BY-SA



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Impacto económico y sostenibilidad

El sistema de cuotas ha tenido un impacto económico desigual. Aunque el precio por tonelada de ciertas especies ha aumentado, las cantidades totales desembarcadas han disminuido, lo que ha reducido los ingresos generales del sector pesquero en España.

Esta situación genera una paradoja: mientras se captura menos, las políticas intentan compensar con precios más altos para los consumidores. No obstante, esto no siempre beneficia a los pescadores, quienes enfrentan altos costes operativos y fluctuaciones en la demanda.

Por ello, observamos que la Política Pesquera Común, diseñada para garantizar tanto la sostenibilidad biológica como económica, presenta limitaciones en su implementación. En el caso de la anchoa, por ejemplo, existe un incumplimiento recurrente de las cuotas asignadas, lo que pone en entredicho la efectividad de las políticas actuales.

Además, la oferta en el mercado interno no siempre refleja la diversidad que el sector pesquero español podría proporcionar, ya que se priorizan los intereses económicos globales sobre el consumo local.

La Política Pesquera Común necesita ajustes

Podemos concluir, por tanto, que el pescado que llega a las mesas de los consumidores españoles no depende únicamente de sus preferencias, sino de un sistema complejo de regulación, comercio internacional e intercambio de cuotas. La PPC, aunque eficaz en términos generales, necesita ajustes para alinear la sostenibilidad biológica con las necesidades del mercado local y la diversificación de las especies disponibles.

El desajuste entre las cuotas, las capturas reales y los desembarcos evidencia la influencia de factores externos, como los mercados internacionales y las políticas de intercambio de cuotas. Esto plantea una cuestión clave: ¿pueden los consumidores realmente elegir su pescado, o están sujetos a las decisiones tomadas en el marco regulador europeo y global?

Para garantizar un acceso equilibrado a los recursos marinos y respetar las preferencias de los consumidores, es crucial reformar las políticas actuales, priorizando la sostenibilidad a largo plazo y promoviendo un mercado más transparente y diverso.


Este artículo se ha escrito con la colaboración de Aleksander Kozinski Radomska.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Quién decide el pescado que se come en España? – https://theconversation.com/quien-decide-el-pescado-que-se-come-en-espana-258725

¿Por qué se mueven los planetas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Itziar Garate Lopez, Profesora de Física en la Escuela de Ingeniería de Bilbao y miembro del Grupo de Ciencias Planetarias, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Nazarii_Neshcherenskyi/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


Los planetas se mueven para sobrevivir: si no orbitaran alrededor de una estrella, serían engullidas por ella. Sin embargo, no les resulta nada fácil conseguirlo, ya que han de desplazarse a una velocidad muy concreta, como veremos.

La clave está en la inercia

Todo cuerpo tiene una inercia o tendencia a no variar su velocidad, ni en cantidad ni en dirección. De modo que, sin aplicarle ninguna fuerza, ese cuerpo seguirá inmóvil si inicialmente estaba en reposo o continuará desplazándose en línea recta y a la misma rapidez si se movía.

Por ejemplo, al acelerar el coche, nuestro cuerpo parece caerse un poco hacia atrás debido a que su tendencia es mantener la velocidad inferior que llevaba. Por el contrario, al frenar, parece que nos inclinamos hacia adelante, ya que nuestra inercia nos empuja a seguir con la velocidad superior que experimentábamos antes.

Algo diferente le pasará a un objeto al aplicarle una fuerza perpendicular a la dirección de la velocidad inicial: su trayectoria se curvará. Es lo que ocurre si lanzamos un balón desde cierta altura y de manera completamente horizontal: la fuerza de la gravedad (aplicada perpendicularmente a la dirección inicial de la pelota) modifica su trayectoria, curvándola hacia abajo y obligando al balón a caer, antes o después, al suelo.

Si un cuerpo experimenta esa fuerza perpendicular durante un largo periodo de tiempo, y no tiene ningún obstáculo en su camino, es posible que la trayectoria se cierre sobre sí misma y genere un recorrido circular. Imagina que haces girar una piedra atada a una cuerda sobre tu cabeza: como la tensión de la cuerda es perpendicular a su velocidad en todo momento, la trayectoria de la piedra describe una circunferencia perfecta.

Equilibrio casi imposible

Para que un planeta trace una órbita circular alrededor de su estrella ha de darse un equilibrio concreto: la fuerza que atrae al cuerpo al centro de la órbita (la fuerza de gravedad) debe ser igual a la fuerza que lo expulsa de esa órbita (la fuerza centrífuga).

La primera se genera debido a que los dos cuerpos (estrella y planeta) tienen masa, y la segunda se debe a la inercia del planeta. El equilibrio entre ambas fuerzas se consigue con una velocidad única, que se expresa con una fórmula: v2 = G·M/d. Curiosamente no depende de la masa del planeta, sino de la masa de la estrella (M), de la distancia entre estrella y planeta (d) y de la constante de gravitación universal (G).

Si la velocidad del planeta es mayor que la velocidad de equilibrio, entonces escapará de esa órbita alejándose más y más de la estrella; probablemente, acabará sus días siendo un planeta errante en el universo. Sin embargo, si su velocidad es menor que la de equilibrio, caerá hacia el centro de la órbita. Entonces, casi seguro, acabará engullido por esa estrella.

Pero ¿y las leyes de Kepler?

Estos valores invariantes de la velocidad y la distancia de un planeta parecen ser incompatibles con las llamadas leyes de Kepler, pero no lo son.

Recordemos brevemente estas leyes:

  1. Todos los planetas se mueven alrededor del Sol describiendo una trayectoria elíptica (no circular).

  2. La recta que une el planeta con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales (lo que implica una velocidad no constante).

  3. El cuadrado del periodo orbital del planeta es proporcional al cubo de su distancia media al Sol.

Que las órbitas no sean circulares se debe a que los planetas del sistema solar no están solos. La fuerza de gravedad ejercida entre los mundos de nuestro vecindario cósmico hace que éstos varíen un poco su distancia al Sol mientras viajan, creando una órbita elíptica.

Este cambio de distancia hace que los planetas tengan que adaptar su velocidad según se encuentren en el pericentro (punto más cercano a la estrella) o apocentro (punto más lejano). Y la tercera ley de Kepler adapta la condición v2 = G·M/d a una órbita elíptica.

Origen de la velocidad

Casi todos los cuerpos existentes en un sistema planetario como el nuestro (estrella, planetas, lunas, asteroides, cometas…) tienen un origen común: el colapso gravitatorio de una nube molecular.

Estas nubes presentan regiones con más material que su entorno; es decir, tienen “grumos”, pero de tamaño astronómico. Si algún evento cósmico, como la explosión de una supernova cercana, acerca unos pocos grumos, la gravedad que genera esta acumulación de masa atraerá el material de su alrededor, y crecerá aún más.

Así se inicia un proceso en el que la nube va compactándose en una pequeña zona. Aquí, pocos millones de años más tarde, nacerán una estrella y sus planetas.

Mientras la nube colapsa acelera su rotación, igual que le ocurre a una patinadora que gira sobre sí misma y cierra sus brazos. Cuando esa velocidad de rotación es suficientemente grande, la fuerza centrífuga vuelve a jugar un papel importante. Esta es la fuerza que nos expulsa hacia fuera en una curva o cuando estamos montados en un tiovivo, y es la que hace que una masa esférica en rotación se convierta en un gran disco plano.

Será en ese disco de material que gira alrededor de la estrella en formación donde surjan los planetas. Pasarán millones de años y muchos procesos (acreción de partículas, fusión de cuerpos, impactos…) hasta que se forme un planeta como la Tierra o Júpiter. En el proceso, la velocidad de los cuerpos irá cambiando. Sólo aquellos que terminen teniendo la velocidad correcta para la distancia que los separa del Sol sobrevivirán hasta el momento en que nosotros nos preguntemos: ¿por qué se mueven los planetas?


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Itziar Garate Lopez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué se mueven los planetas? – https://theconversation.com/por-que-se-mueven-los-planetas-247392

La prueba genética que exige World Athletics a las atletas femeninas es errónea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrew Sinclair, Deputy Director of the Murdoch Children’s Research Institute, Murdoch Children’s Research Institute

Sebastian Coe, presidente de World Athletics (nombre que recibe el órgano rector del atletismo internacional desde 2019), ha anunciado recientemente una nueva norma para las atletas femeninas, que exige pruebas genéticas obligatorias para verificar su sexo biológico.

Dicho test debe realizarse si las deportistas desean participar en el Campeonato Mundial de Atletismo que se celebrará en Tokio en septiembre.

World Athletics ha declarado que todas las atletas que compitan como mujeres deberán someterse a una prueba del gen SRY para identificar si tienen el cromosoma Y masculino. Dado que ese gen se encuentra en el cromosoma Y, es, en la práctica, un indicador de dicho cromosoma.

Cualquier atleta cuya prueba muestre la presencia del gen SRY será excluida de competir en la categoría femenina en eventos de élite. Sin embargo, si la deportista padece una afección denominada síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos (SICA), podrá optar a una exención.

Coe afirmó que la decisión se tomó para garantizar “la integridad del deporte femenino”, ya que World Athletics afirma que “el gen SRY es un indicador fiable para determinar el sexo biológico”.

Yo sostengo que la ciencia no respalda esta afirmación excesivamente simplista.

Y sé lo que digo, porque descubrí el gen SRY en el cromosoma Y humano en 1990. Durante 35 años he estado investigando este gen y otros necesarios para el desarrollo de los testículos.

Breve introducción al desarrollo de los testículos y los ovarios

Si un embrión humano tiene cromosomas X e Y (XY), a las seis semanas de desarrollo, el gen SRY del segundo desencadena una cascada de eventos donde intervienen unos 30 genes diferentes que conducen a la formación de los testículos.

En términos sencillos, los testículos producen hormonas –entre ellas, la testosterona– que dan lugar al desarrollo masculino.

Sin embargo, si un embrión tiene par de cromosomas X y X (XX), entra en juego un grupo de genes completamente diferente, se forman los ovarios y las hormonas producidas dan lugar a una mujer.

Sabemos que la formación de los testículos o los ovarios requiere una compleja red de muchos genes y proteínas que interactúan entre sí.

Mientras que algunos genes promueven el desarrollo de los testículos, otros promueven el desarrollo de los ovarios. Además, otros suprimen la formación de los ovarios o antagonizan la formación de los testículos.

Incluso una vez que los ovarios o los testículos están completamente formados, necesitamos otros genes para mantenerlos. Estos no siempre funcionan como se espera, lo que afecta al desarrollo de esos órganos.

¿Cómo se relaciona esto con las pruebas de sexo de las atletas de élite?

Los cambios o variantes en los numerosos genes que regulan el desarrollo de los testículos o los ovarios pueden dar lugar a una inversión del sexo o a testículos u ovarios que no funcionan. ¿Qué quiero decir con esto?

Si se produce un cambio en el gen SRY que impide que funcione con normalidad, una persona puede no desarrollar testículos y ser biológicamente femenina. Sin embargo, tiene cromosomas XY y, según las pruebas de World Athletics, quedaría excluida de la competición. No obstante, las atletas pueden recurrir la decisión si consideran que el resultado de la prueba no refleja su sexo.

Otros individuos XY pueden tener un gen SRY funcional, pero ser mujeres –con pechos y genitales femeninos, por ejemplo– y tener testículos internos.

Es importante destacar que las células de estas personas son físicamente incapaces de responder a la testosterona producida por estos testículos. Sin embargo, darían positivo en las pruebas de SRY y serían excluidas de la competición.

En los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, ocho de las 3 387 atletas dieron positivo en los test del cromosoma Y. De ellas, siete eran resistentes a la testosterona.

La prueba SRY no es concluyente

World Athletics afirma que el gen SRY es un indicador fiable para determinar el sexo biológico. Pero es mucho más complejo, ya que intervienen características cromosómicas, gonadales (testículos/ovarios), hormonales y secundarias.

Utilizar el SRY para determinar el sexo biológico es incorrecto, ya que lo único que indica es si el gen está presente o no.

No señala cómo funciona el SRY, si se han formado testículos, si se produce testosterona y, en caso afirmativo, si el cuerpo puede utilizar esta hormona.

Otros problemas con el proceso de prueba del SRY

World Athletics recomienda que todas las atletas femeninas se sometan a un frotis bucal o una muestra de sangre para detectar la presencia del SRY.

Normalmente, la muestra se enviaría a un laboratorio que extraería el ADN y buscaría la presencia del gen SRY. Esto puede hacerse fácilmente en los países ricos, pero ¿qué ocurre en países más pobres que no cuentan con estas instalaciones?

Cabe señalar, además, que estas pruebas son muy sensibles. Si un técnico de laboratorio varón se ocupa de la prueba, puede contaminarla inadvertidamente con una sola célula de su piel y producir un falso positivo.

No se ofrece ninguna orientación sobre cómo llevar a cabo el test para reducir el riesgo de resultados falsos.

World Athletics tampoco reconoce el impacto que un resultado positivo tendría en una persona, que puede ser más profundo que la simple exclusión del deporte.

La organización no mencionó el requisito de proporcionar un asesoramiento genético adecuado, que se considera necesario antes de realizar pruebas genéticas y al que es difícil acceder en muchos países de ingresos bajos y medios.

Yo, junto con muchos otros expertos, convencí al Comité Olímpico Internacional de que abandonara el uso del SRY para las pruebas de sexo para los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

Por lo tanto, resulta muy sorprendente que, 25 años después, se esté realizando un esfuerzo equivocado para restablecer el test.

Teniendo en cuenta todos los problemas expuestos anteriormente, el gen SRY no debería utilizarse para excluir a las mujeres atletas de la competición.

The Conversation

Andrew Sinclair recibe financiación del NHMRC.

ref. La prueba genética que exige World Athletics a las atletas femeninas es errónea – https://theconversation.com/la-prueba-genetica-que-exige-world-athletics-a-las-atletas-femeninas-es-erronea-262895