Vuelve Superman, un superhéroe para su tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Moriente Díaz, Profesor de Historia y Teoría del Arte, Universidad Autónoma de Madrid

Fotograma de ‘Superman’, la versión de 2025 de James Gunn. FilmAffinity

En junio de 1938 el dibujante Joseph “Joe” Shuster y el guionista Jerome “Jerry” Siegel presentaron, en el primer número de la revista Action Comics, a Superman. Este personaje, además de convertirse en celebérrimo, abriría la puerta a un nuevo género que continúa hasta hoy: el de las aventuras de superhéroes.

Portada de una revista en la que un hombre vestido de azul y con capa roja levanta un coche por encima de su cabeza.
Portada del primer número de Action comics con Superman haciendo de las suyas.
RTVE/Heritage Auctions

En su icónica portada y en apenas once páginas, los autores del cómic desplegaron el origen extraterrestre del personaje, su llegada a la Tierra, sus habilidades sobrehumanas y su dedicación al bien. De hecho, en el último minuto salvaba a una mujer acusada injustamente de haber cometido un asesinato de ser ejecutada en la silla eléctrica.

Con apenas 24 años y con formaciones casi autodidactas, Shuster y Siegel marcaron los inicios de un mito que alcanza hasta hoy.

Ambos, de origen judío-lituano, eran norteamericanos de segunda generación que vivían en el barrio judío de Glenville (Cleveland). Se habían criado en el seno de familias muy humildes que habían llegado a Estados Unidos huyendo del creciente antisemitismo en Europa, de igual modo que otros nombres axiales para la industria cultural del cómic de los años cincuenta y sesenta –la denominada “edad de oro”– como, por ejemplo, Jack Kirby o Will Eisner.




Leer más:
De ‘Superman’ a ‘Maus’, los creadores judíos son parte esencial de la historia del cómic


Shuster y Siegel no crearon a Superman de la nada, sino que absorbieron la influencia de numerosos elementos que conformaban el ambiente de la cultura popular del momento, que se transmitía a través, principalmente, del pulp (publicaciones de papel barato). Así, por ejemplo, bebieron del virtuosismo de un personaje como Doc Savage (Henry Rawlston y John Nanovic, 1933), quien en sus peripecias buscaba eliminar “las injusticias y castigar a los malvados”, como rezaban los lemas de la época. O se inspiraron, un poco después, en la sólida brújula moral y la identidad secreta en la figura cuasifantástica de The Phantom (Lee Falk y Ray Moore, 1936).

Superman tiene ‘algo más’

Sin embargo, el matiz diferencial de Superman –y que sería la clave de su éxito– es que introducía el superpoder, una característica que lo hacía entroncar directamente con los mitos de los semidioses: podía volar, y tenía una fuerza y resistencia inmensurables, además de facultades como proyectar rayos ópticos o despedir un aliento helado.

Ahora se estrena la última adaptación cinematográfica de la historia del personaje, de la mano del director James Gunn. Tras su exitosa trilogía dedicada a los personajes de la editorial Marvel, los Guardianes de la Galaxia, Gunn ha sido contratado por DC Comics para ordenar el mundo cinematográfico del Universo DC –el de Superman y Batman, entre otros– y competir con la compañía rival Marvel Studios.

Gunn ha decidido no ahondar en los inicios del mito de Superman, que ya han sido tratados infinidad de veces en la gran pantalla. Así, los espectadores dan por sabida su historia: Superman –de nombre original Kal-El– es el único superviviente de la destrucción del planeta Krypton causada por la explosión de su sol. Lo hace gracias a que su padre lo manda a la Tierra siendo un bebé en una pequeña cápsula. Lo encuentran los Kent, un humilde matrimonio de granjeros de Kansas, quienes lo crían inculcándole el valor supremo de hacer el bien.

Una década convulsa

A finales de la década de los treinta, cuando se publicó el cómic, la sociedad estadounidense trataba de olvidar la brutal recesión del país acaecida a consecuencia del crack del 29. La crisis había sido atajada gracias a las medidas del New Deal propuestas por el presidente Roosevelt, que reforzaban la necesidad de premiar el trabajo duro y el heroísmo cotidiano de la clase trabajadora, un estrato al que pertenecían los padres adoptivos de Superman.

Simultáneamente, esa sociedad encaraba con incertidumbre un futuro cuyo escenario prebélico ya era palpable en Europa tras el ascenso de los nazis al poder en 1933. Como nota curiosa, durante la Segunda Guerra Mundial, y con toda la maquinaria propagandística al servicio del ejército de Estados Unidos, Superman se enfrentó con personajes inspirados en la Alemania nazi, aunque nunca “zurró” directamente a Hitler (como sí hizo, por ejemplo, el Capitán América).

El héroe y su punto débil

¿Qué significa el héroe (uso deliberadamente el género masculino) como sujeto narrativo?

La voz procede del griego hḗrōs, un concepto usado para referirse a los semidioses, es decir, los hijos habidos de la unión entre dioses y mortales. Estos seres, en términos generales, se situaban a medio camino entre lo humano y lo divino. Según esto, el valor, el sacrificio y la empatía se atribuían a la humanidad, mientras que la superioridad moral y las habilidades sobrenaturales serían de origen celestial. La combinación de ambas, entonces, conformaba el perfecto modelo a seguir.

Los héroes procedentes de la mitología de todas las culturas, de Gilgamesh a Hércules pasando por Kintaro o Beowulf, encarnan el prototipo de lo bello, lo bueno y lo verdadero.

No obstante, Superman –al igual que, por ejemplo, Aquiles– también tenía un punto débil: la kriptonita, un material procedente de su mundo natal que podía anular sus superpoderes y lo transformaba en un mortal como el resto de nosotros.

Quién somos y quién queremos ser

La RAE define a un “supermán” como un “hombre de capacidades y cualidades sobrehumanas”.

Sin embargo, el triunfo de su impronta en la sociedad como mito moderno hay que buscarlo en la doble faz del personaje. Tenemos, por un lado, al tímido, torpe y algo estúpido Clark Kent que con sus gafas permitía a cualquiera –siempre que fuera caucásico y occidental– identificarse con él. Pero además, existía la posibilidad de que esa envoltura endeble albergase un otro yo capaz de enfrentarse a todo. Alguien que, como el Übermensch (superhombre) de Friedrich Nietzsche, hubiese alcanzado un estado supremo.

Un chico con traje, pelo rizado y gafas mira hacia arriba, fuera de campo.
Tal vez no todos podamos ser Superman, pero sí podemos ser Clark Kent.
IMDB

Tras numerosas adaptaciones al medio fílmico en los últimos años, quizá haya que destacar que, a diferencia de la penúltima visión de Zack Snyder y su Man of the Steel (2013), la de Gunn recupera la esencia más humanista –más clásica incluso– y bondadosa de un personaje. Tal vez estos sean los ideales necesarios para subsistir en los Estados Unidos de hoy, con un ambiente casi distópico. Como se suele decir: la realidad supera a la ficción.

The Conversation

David Moriente Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vuelve Superman, un superhéroe para su tiempo – https://theconversation.com/vuelve-superman-un-superheroe-para-su-tiempo-260658

Tres alimentos con K y con hongos: lo que el kéfir, la kombucha y el koji tienen en común

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Fuentes Antón, Profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Salamanca

Preparación de kombucha. ViJpeg/Shutterstock

En las estanterías de muchas tiendas gourmet y de cada vez más supermercados es frecuente encontrar frascos de kéfir, botellas de kombucha o bolsas de arroz fermentado con koji. Estos tres productos que comparten la inicial “k” tienen algo más profundo en común: su origen en la fermentación, un proceso milenario que transforma alimentos gracias a la acción de hongos y bacterias.

Durante siglos, el ser humano se ha servido de ciertos microorganismos para conservar alimentos, potenciar sabores y mejorar su digestibilidad, mucho antes incluso de comprender lo qué ocurría a nivel microscópico en el interior de nuestro cuerpo. Hoy, la ciencia de la microbiota y el creciente interés por la alimentación saludable han devuelto el protagonismo a estos cultivos vivos.

Kéfir, kombucha y koji representan culturas distintas –la de los pueblos nómadas, la del té oriental y la cocina japonesa– unidas por la misma fascinación: el poder invisible de los hongos para convertir lo ordinario en extraordinario. ¿Qué es los hace únicos y por qué están conquistando nuestras cocinas?




Leer más:
Los hongos son la materia prima del futuro


Kéfir: la bebida de los nómadas

El kéfir es una bebida fermentada de textura cremosa y sabor ligeramente ácido, elaborada tradicionalmente a partir de leche y unos gránulos únicos que concentran un ecosistema vivo de bacterias y hongos. Se cree que su origen se remonta a las montañas del Cáucaso, donde los pueblos nómadas lo preparaban en sacos de piel de cabra que colgaban de las puertas para que se agitara al paso de la gente.

Los gránulos de kéfir contienen una combinación simbiótica de microorganismos (principalmente lactobacilos, levaduras y hongos filamentosos) que transforman la lactosa en ácido láctico, dióxido de carbono y compuestos aromáticos.

Este proceso no solo prolonga la conservación de la leche, sino que enriquece la bebida con vitaminas, enzimas y probióticos que favorecen la salud intestinal. En la actualidad, el kéfir se elabora también con agua y azúcar, dando lugar a versiones veganas y refrescantes. Su historia refleja cómo la humanidad aprendió a domesticar microorganismos mucho antes de descubrirlos al microscopio.




Leer más:
Kéfir: un viejo producto que se ha puesto de moda


El té convertido en elixir: la kombucha

Las primeras referencias de esta bebida la sitúan en la antigua China, donde ha sido consumida desde hace milenios. La kombucha es una bebida fermentada a base de té endulzado que se transforma gracias a un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras conocido como SCOBY (siglas de Symbiotic Culture Of Bacteria and Yeast).

Durante la fermentación, el SCOBY produce ácidos orgánicos, vitaminas del grupo B y pequeñas cantidades de alcohol y dióxido de carbono, responsables de su característico sabor avinagrado y burbujeante.

Actualmente, la kombucha se ha convertido en un icono de las dietas saludables y la cultura foodie. Esta mezcla de hongos y bacterias no solo crea un sabor único, sino que refleja la capacidad de la fermentación para reinventar algo tan cotidiano como una taza de té.

Koji: el hongo que cambio la gastronomía japonesa

El koji es un cultivo de hongos que ha modelado la cocina de Japón durante más de un milenio. Su protagonista es el Aspergillus oryzae, un hongo filamentoso que se cultiva sobre granos cocidos de arroz, cebada o soja.

Bajo condiciones de humedad y temperatura controladas, el hongo coloniza el cereal, liberando enzimas que transforman los almidones y proteínas en azúcares y aminoácidos. Este proceso es la base de productos esenciales como el miso, la salsa de soja y el sake, todos ellos con matices de sabor que deben su complejidad al koji.

Más allá de su importancia culinaria, este hongo se considera un símbolo cultural: en Japón se le llama cariñosamente “el hongo nacional”.

Hoy, chefs de todo el mundo exploran nuevas aplicaciones del koji en panes, embutidos o quesos veganos, demostrando que la fermentación fúngica sigue siendo una herramienta de innovación gastronómica.




Leer más:
Los hongos son la materia prima del futuro


El poder invisible de los hongos

Kéfir, kombucha y koji son mucho más que tendencias gastronómicas: representan un redescubrimiento de la fermentación como aliada de la salud, el sabor y la sostenibilidad. Estos alimentos, nacidos de tradiciones milenarias, nos recuerdan que convivimos con un universo microscópico que transforma lo que comemos y ayudan a mejorar la salud y el bienestar. El kéfir, por ejemplo, contiene sustancias anticancerígenas.

Detrás de su aparente sencillez se esconden hongos y bacterias que trabajan en simbiosis, liberando nutrientes, creando aromas complejos y prolongando la vida útil de los alimentos.

En un mundo que busca alternativas más naturales y menos procesadas, la fermentación y los hongos emergen como un puente entre el pasado y el futuro. Quizá, la próxima vez que contemplemos un hongo, recordemos que su labor silenciosa ha dado forma a culturas enteras y que, con cada sorbo o bocado, seguimos alimentando una relación milenaria que nos conecta con la vida más allá de lo visible.

The Conversation

Sergio Fuentes Antón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Tres alimentos con K y con hongos: lo que el kéfir, la kombucha y el koji tienen en común – https://theconversation.com/tres-alimentos-con-k-y-con-hongos-lo-que-el-kefir-la-kombucha-y-el-koji-tienen-en-comun-259621

Protección solar: nueve dudas frecuentes resueltas por una experta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Azahara Rodríguez Luna, Profesora de Farmacología e Investigadora en Fotobiología, Universidad Loyola Andalucía

verona studio/Shutterstock, CC BY

La piel es nuestro escudo natural. Nos protege de agentes externos, regula la temperatura corporal y participa en la producción de vitamina D. A pesar de ello, su cuidado –especialmente frente a la exposición solar– sigue rodeado de mitos, dudas y confusión. ¿Hay que ponerse protector todos los días? ¿Incluso con nubes o en interiores? ¿Bloquea la síntesis de vitamina D? ¿Y qué ocurre si tomo medicamentos? Veamos qué dice la ciencia al respecto.

1. ¿Debemos usar fotoprotección todos los días?

Sí, ¡aunque no vayamos a la playa o a la piscina! La radiación solar está presente durante todo el año, incluso en invierno o cuando el cielo está nublado. No solo importa el sol que vemos, sino también el que no vemos.

La clave está en el índice ultravioleta (UVI), que mide la intensidad de la radiación solar. Si el UVI es 3 o superior, ya se recomienda usar fotoprotección, especialmente en las zonas expuestas. En muchas ciudades de España, por ejemplo, el UVI supera ese valor durante varias horas al día, también en primavera o en días nublados.

La exposición solar acumulativa sin protección acelera el envejecimiento cutáneo, favorece la aparición de manchas y eleva el riesgo de cáncer de piel. Aplicar fotoprotector a diario en las zonas expuestas (rostro, cuello, dorso de las manos) es una medida sencilla, eficaz y avalada por la ciencia para prevenir esos daños.

2. ¿Cada cuánto y qué cantidad de protector solar hay que ponerse?

Según los estudios que evalúan la eficacia del protector solar, para que un producto con factor de protección solar (FPS) 50 funcione como promete, deberíamos aplicar 2 miligramos por cada cm² de piel. Traducido a algo más práctico: eso supone unos 30-35 mililitros (mL) por aplicación en un adulto, lo que significa que un bote de 250 mL apenas duraría 2 o 3 días si lo usáramos de forma estricta.

Pero seamos realistas: en el día a día casi nadie se pone tanta cantidad ni con esa frecuencia, lo que reduce considerablemente la protección. Por esto, es muy importante reaplicar el fotoprotector cada 2 horas, hacerlo al sudar o bañarse, usar SPF 50 y complementar la fotoprotección tópica con otras medidas.

3. ¿Y si está nublado o estoy en casa?

¡También hay que protegerse! Aunque las nubes bloquean parte de la radiación solar, dejan pasar entre el 30 % y el 80 % de los rayos ultravioleta, por lo que el riesgo para la piel persiste. Sobre todo son peligrosos los rayos UVA: responsables del envejecimiento prematuro, atraviesan fácilmente las nubes y también el vidrio de ventanas, lo cual implica que pasamos muchas horas expuestos sin darnos cuenta (en la oficina, en el coche o en casa).




Leer más:
El melanoma: un cáncer duro de pelar


Por otro lado, la luz azul que emiten los dispositivos digitales –como móviles, tabletas y pantallas LED– y su papel en el fotoenvejecimiento ha cobrado creciente interés. Aunque aún se necesitan más estudios clínicos para entender su impacto exacto en la piel sana y establecer estrategias óptimas de fotoprotección, estudios preclínicos sugieren que podría agravar condiciones cutáneas como el melasma, la hiperpigmentación postinflamatoria y ciertas dermatosis. Por ello, se recomienda precaución en pieles sensibles o con alteraciones pigmentarias, y considerar una protección de amplio espectro en caso de exposiciones prolongadas a luz azul en interiores.

4. ¿Desde qué edad puede usarse?

Desde los seis meses de vida. Antes de esa edad, no se recomienda exposición directa al sol y se debe priorizar la protección física: ropa, sombrilla y sombra. A partir del medio año, ya se pueden aplicar al bebé fotoprotectores pediátricos específicos, formulados con filtros físicos (minerales) y sin ingredientes irritantes.

5. ¿Existe el fotoprotector “pantalla total”?

No. El concepto de “pantalla total” es un mito. Ningún protector solar bloquea el 100 % de la radiación. Sin embargo, si lo aplicamos bien y lo combinamos con otras medidas, podemos proteger nuestra piel de forma muy eficaz. Por eso, lo ideal es usarlo siempre acompañándolo con estas acciones:

  • Evitar el sol en las horas centrales del día (entre las 12 y las 16 horas).

  • Usar gorra, sombrero, gafas de sol y ropa que cubra bien la piel expuesta.

  • Buscar la sombra siempre que sea posible.

  • Hidratarnos y complementar nuestra alimentación con alimentos antioxidantes.

  • Considerar la fotoprotección oral (suplementos nutricionales) como complemento, para alcanzar aquellas zonas donde la protección tópica no es suficiente.

6. ¿Cómo elegir un buen fotoprotector?

Es importante considerar diferentes aspectos, fijándonos en que:

  1. Tengan FPS 50 y protección UVA (verifique que lo indique con sus logos).

  2. Protejan también frente a luz visible e infrarroja (especialmente en pieles con melasma o rosácea).

  3. Contengan antioxidantes.

  4. Y muy importante: que nos guste su textura. Solo así nos lo aplicaremos bien y con regularidad.

7. ¿Los fotoprotectores solares bloquean la vitamina D?

No. Aunque filtran parte de la radiación UVB –que es la responsable de activar la síntesis de vitamina D en la piel–, no la eliminan por completo ni impiden su producción. En la práctica, basta con unos pocos minutos de exposición solar indirecta al día, en zonas pequeñas como manos o antebrazos, para cubrir las necesidades diarias de vitamina D (el tiempo exacto depende del fototipo y de la intensidad solar). Esto es especialmente fácil en climas soleados como el español.

Y si hay déficit, la solución no es exponerse sin protección, sino combinar una exposición saludable con una alimentación adecuada o suplementos, siempre bajo consejo médico. Quemarse nunca es el camino para tener más vitamina D.

8. ¿Debo ponerme crema si tengo la piel morena o no me suelo quemar?

Tener un fototipo alto no significa ser invulnerable al sol. Las pieles más oscuras cuentan con una mayor protección natural frente a la radiación ultravioleta, pero igualmente pueden sufrir daño solar acumulado, envejecimiento prematuro y cáncer de piel, que a menudo se diagnostica más tarde y con peor pronóstico. Por eso, también es fundamental vigilar este tipo de piel con regularidad, aplicando la regla ABCDE para detectar posibles señales de alarma y ante cualquier cambio consultar al especialista.

En definitiva, la prevención y el autoexamen son igual de importantes en todos los tonos de piel.

9. ¿Y si estoy tomando medicamentos?

Algunos fármacos pueden hacer que la piel reaccione con más intensidad a la radiación solar. Es lo que se conoce como fotosensibilidad, y puede provocar manchas, erupciones o incluso quemaduras graves tras una exposición solar que, en otras circunstancias, sería bien tolerada.

Entre los medicamentos más comunes que pueden causar ese efecto están ciertos antibióticos, antiinflamatorios (ibuprofeno, naproxeno), diuréticos, retinoides y otros tratamientos para el acné. Si está en tratamiento, consulte con su farmacéutico para adaptar su exposición al sol y priorizar el uso de fotoprotectores con filtros físicos (más recomendables en estos casos). Es fundamental evitar el sol directo, cubrirse con ropa adecuada y reaplicar el protector con frecuencia para minimizar riesgos.




Leer más:
No juguemos con la salud de nuestros ojos en verano


En cualquier caso, protegerse del sol no consiste solo en ponerse crema: la fotoprotección inteligente combina varios pilares. Implica evitar la exposición en las horas de mayor radiación (entre las 12 y las 16 h), usar ropa de tejido tupido o con FPS, gorros de ala ancha y gafas de sol homologadas, mantener una alimentación rica en antioxidantes y recurrir a complementos como la fotoprotección oral, cuando sea necesario.

Tener una relación sana con el sol no significa huir de él, sino aprender a disfrutarlo con responsabilidad. Adoptar un estilo de vida soludable, que combine educación, sentido común y hábitos sostenibles de exposición solar, es la mejor forma de cuidar nuestra piel… hoy y a largo plazo.

The Conversation

La autora, Azahara Rodríguez Luna, recibe fondos de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) en el marco del programa de fomento de la cultura de la innovación pública 2024, para el desarrollo del proyecto de investigación y promoción de la salud Programa Integral de Prevención del Cáncer de Piel en Acción (PIPPA). Además, es miembro de Soludable, un grupo de trabajo impulsado por el Hospital Universitario Costa del Sol, cuyo objetivo es promover hábitos de vida saludables y prevenir el cáncer de piel.

ref. Protección solar: nueve dudas frecuentes resueltas por una experta – https://theconversation.com/proteccion-solar-nueve-dudas-frecuentes-resueltas-por-una-experta-259306

La adolescencia digital en la consulta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Ilzarbe, Investigador en Neuroimagen, psiquiatra infantil y adolescente, Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi Sunyer – Hospital Clínic Barcelona / IDIBAPS

Abro los ojos con el despertador del móvil. Mientras me bebo un café, leo las noticias de la prensa digital, y se me hace un poco tarde contestando los primeros correos electrónicos del día. Atravieso los tornos del metro gracias a la aplicación del abono transporte del móvil. Las ocho paradas que separan mi casa del trabajo pasan volando mientras escucho mi lista de canciones favoritas y contesto mensajes en grupos de WhatsApp.

Llego al hospital y enciendo el ordenador para llamar a mi primera visita. En la sala de espera está Antonio, un adolescente de 14 años, viendo vídeos y sentado entre su madre, que al verme aparecer abandona rápidamente una videoconferencia, y su padre, que aprovechaba para ponerse al día con las noticias.

Los padres entran en la consulta quejándose de que su hijo pasa mucho tiempo “en las pantallas”. “Yo también”, pienso, y les lanzo la pregunta crucial: “¿Y vosotros?”. Tragan saliva mientras el adolescente les mira, esperando la respuesta de sus padres con interés. Lanzamos esa misma pregunta a los lectores: ¿y ustedes?

Por la consulta pasan muchas familias con quejas sobre el uso que hacen sus hijos adolescentes de las pantallas. Algunos tienen serios problemas y otros no tanto. Pero, sin duda, son cada vez más los que sufren las consecuencias de un uso excesivo o inadecuado de los dispositivos digitales con conexión a internet. Así es una mañana en nuestra consulta.

Antonio: un trastorno de juego ‘online’

Hace más de un mes que Antonio dejó de ir a clase. Era un buen estudiante hasta que descubrió los videojuegos online. Inicialmente los usaba como una forma de divertirse con los compañeros de clase, pero gradualmente se convirtió prácticamente en su única actividad. Dice que quiere ser gamer profesional, y por eso pasa muchas horas jugando o viendo vídeos para aprender más.

Ha dejado de quedar con sus amigos y se muestra irritable y agresivo cuando sus padres intentan limitar su tiempo de juego. Una vez llegó a romper la puerta de su habitación. En la consulta, Antonio reconoce que siente ansiedad cuando no está conectado. Nos explica que, desde hace tiempo, sus amigos le han ido dejando de lado y se siente solo. Su identidad se ha construido en torno a un personaje virtual femenino (Osaki) y el mundo online es un refugio donde se siente aceptado y le reconocen sus habilidades.

El diagnóstico apunta a un trastorno de juego online, con un trastorno comórbido de ansiedad y síntomas depresivos. No es la primera vez que Antonio acude a los servicios de salud mental. Cuando tenía cinco años, fue diagnosticado con trastorno del espectro autista (en aquel momento, síndrome de Asperger).

Sus padres están pensando en separarse: el padre se pasa el día gritando a los hijos cómo hacer las cosas y la madre ha decidido no gritar más y dejarles hacer. Les pido que, para la próxima visita, acuda también el hermano mayor, que tiene un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ha sido expulsado del colegio por colgar fotos inadecuadas de otras compañeras suyas en redes sociales, y se pasa el día navegando por internet y escribiendo mensajes en sus redes.

Aunque hagan caso a mi petición, el hermano de Antonio no podrá recibir un diagnóstico específico relacionado con el uso de pantallas, ya que en la actualidad ningún manual de trastornos mentales recoge la adicción a redes sociales como entidad diagnóstica (Clasificación Internacional de Enfermedades; Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). Si bien la falta de diagnóstico puede ser una dificultad para la vinculación a los servicios de salud mental, la mayoría de comunidades autónomas dispone de recursos preventivos específicos para asesorar en estos casos.

Antonio sí tiene diagnóstico porque el trastorno por uso de videojuegos está reconocido y considerado una posible entidad diagnóstica a estudiar. Pero aún existe debate en la comunidad científica sobre si la adicción a los videojuegos o las redes sociales deben considerarse un trastorno mental.

El caso de Antonio y su hermano pone de relevancia situaciones familiares, escolares y sociales complejas, con niños y adolescentes con vulnerabilidades intrínsecas potenciadas por lo extrínseco, la punta del iceberg. El uso de pantallas asoma por encima de la superficie, pero por debajo está lo relevante: problemas en casa, en la escuela, malestar psicológico independiente o previo al uso de pantallas, etcétera.

Berta: la importancia del entorno en el abordaje terapéutico

Berta, una adolescente de 16 años, suele llegar tarde a las visitas. Cuando vino por primera vez a la consulta sus padres decían que vivía “pegada” a su teléfono móvil, que era “una víctima del scroll infinito”. Lo primero que hacía al despertarse era actualizar sus perfiles y revisar las redes sociales buscando “me gusta” y comentarios de aprobación de los demás. Por la noche, a veces le daban las 2 o las 3 de la madrugada haciendo “el último scroll”.

Todo comenzó durante el confinamiento. Berta, como muchos adolescentes, encontró en las redes sociales y las plataformas de streaming una forma de entretenerse y de mantenerse conectada con sus amigos. Descubrió una forma de obtener atención y validación fingiendo ser feliz y vivir una vida idealizada, como la de sus instagrammers favoritos. Pasaba cada vez más tiempo en las redes sociales, modificando sus fotos, respondiendo a comentarios y pensando qué colgar al día siguiente.

Al terminar el confinamiento y volver al instituto, la relación con sus amigas se había deteriorado. En casa, seguía comiendo sola en su habitación (algo que había empezado como algo temporal cuando tuvo la covid-19), y apenas cruzaba unas palabras al día con sus padres. Un día recibió un comentario negativo de un seguidor que la afectó muchísimo y empezaron las autolesiones: había visto por redes que otras adolescentes también lo hacían. Los padres ya habían solicitado seguimiento en el centro de salud mental y Berta accedió a ir a consulta después de una conversación con ellos.

Berta pudo explicar que estaba triste y ansiosa, que le costaba dormir y se sentía especialmente mal por la bajada de rendimiento en el instituto. Pudo reconocer que tenía “dependencia” del móvil. Accedió a comenzar una terapia para explorar su necesidad de validación de los demás, trabajar su autoestima y desarrollar habilidades de relación social más satisfactorias que las de las redes. Aprendió a regular el uso de las plataformas en línea y pudo volver a utilizar algunas de ellas, limitando las que le habían ocasionado más problemas.

La participación de los padres fue clave en el proceso de Berta: les permitió entender la sintomatología que perpetuaba el uso abusivo y desarrollar estrategias para acompañar a su hija, combinando amor y límites. Coordinarnos con el instituto también ayudó a reintegrar a Berta en su círculo social y a reengancharse al curso.

El abordaje terapéutico de estos casos requiere, además de la participación de los profesionales de salud mental, de todos los agentes involucrados que rodean a los adolescentes: escuela, actividades extraescolares, amistades y, sobre todo, los padres.

En situaciones excepcionales, como en el caso de Berta, que había llegado a pasar más de 24 horas comprobando publicaciones en redes sociales e internet, se proponen periodos de abstinencia temporales con ingreso hospitalario.

Durante estos días sin acceso a los dispositivos, se desarrollan estrategias de regulación, habilidades y búsqueda de otras actividades. Esta abstinencia es siempre temporal porque la abstinencia absoluta no es, ni puede ser, el objetivo. Especialmente en el mundo entre pantallas en el que vivimos en la actualidad.

Hoy Berta pide espaciar las visitas porque se siente mucho mejor, y asegura que ya sabe pedir ayuda, si la necesita.

Adrián: cuando el malestar e internet se retroalimentan

Adrián acaba de cumplir 15 años. A nivel académico siempre había sido brillante, especialmente en matemáticas y tecnología. Incluso es posible que tenga “altas capacidades”. Sin embargo, a nivel social siempre se ha sentido incomprendido por sus compañeros, percibido a menudo como “raro”.

Al empezar la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) fue víctima de ciberacoso. Los mensajes hirientes y las burlas, tanto en formato digital como en la vida real, se extendieron rápidamente por toda la escuela; incluso se difundieron fotos falsas de Adrián creadas con inteligencia artificial. Le afectó mucho y minó su autoestima: se aisló, se volvió desconfiado y acabó manifestando síntomas de ansiedad y depresión.

En segundo de la ESO encontró refugio en el mundo online. Siempre le habían gustado mucho la programación, el diseño de páginas web, los videojuegos, las películas de anime y los foros de ciencia ficción. Con sus nuevos amigos online, Adrián se sentía aceptado y podía compartir sus intereses.

Su intensa dedicación a las actividades en internet afectó a su rendimiento escolar: dejó de entregar trabajos, suspendió algunas asignaturas… lo que le generó una gran frustración. La situación empeoró con la presión del padre, que tenía expectativas muy altas para su hijo, y le reprendía constantemente por su uso de las pantallas, alegando que, si no le dedicaba suficiente tiempo a los estudios, no conseguiría buenas notas ni llegar a la universidad.

Adrián se deprimió profundamente, no podía concentrarse para estudiar y rumiaba constantemente pensamientos negativos sobre sí mismo y el futuro. La frustración se transformó en rabia hacia su padre. Las discusiones en casa se volvieron más frecuentes y tensas, con Adrián mostrándose cada vez más irritable, desafiante y retraído. En la consulta confesó que tenía pensamientos obsesivos y sueños en los que se veía haciendo daño a su padre y a algunos compañeros del instituto con un cuchillo.

La literatura científica ha relacionado el uso de redes sociales con síntomas depresivos, obsesivos y de ansiedad, autolesiones y tentativas autolíticas, así como conductas de riesgo, como puede ser el uso de sustancias. Sin embargo, la evidencia actual no permite establecer causalidad.

Algunos autores sugieren que se potencian mutuamente: el tipo de uso que se hace de las redes sociales puede potenciar algunos rasgos de personalidad o síntomas de algunas patologías, y viceversa. En el caso de Adrián, el uso intensivo de internet le hacía aislarse más y aumentaba su malestar, y esto a su vez provocaba que pasase cada vez más tiempo en el ciberespacio.

Un círculo vicioso

¿Hasta dónde puede crecer este círculo vicioso? ¿Qué impacto pueden tener en su desarrollo los contenidos a los que tienen acceso los adolescentes en internet? Cada vez más series y documentales, como Adolescencia o Malas influencias, nos ofrecen escenarios, a veces extremos, a los que podría llegar esta situación de retroalimentación negativa: un malestar emocional que provoca uso excesivo de internet, lo que a su vez empeora el sufrimiento y provoca aún mayor uso de internet con riesgo de exposición a contenidos nocivos.

Esta espiral impacta en la percepción que los adolescentes tienen del mundo, las decisiones que toman y las consecuencias de salud, familiares, sociales e incluso legales. Detectar este círculo vicioso a tiempo es clave para poder entenderlo e intervenir de forma precoz y preventiva.

En nuestro trabajo diario como terapeutas vemos algunos adolescentes en los que los síntomas de psicopatología pueden llegar a ser graves, con desconexión de la realidad o conductas de riesgo dirigidas hacia sí mismos o hacia los demás.

Para ayudarles, es fundamental realizar una evaluación completa del patrón de uso, los posibles trastornos comórbidos y del contexto familiar y social. De este modo, conseguimos diseñar un plan de intervención individualizado y flexible.

Las terapias cognitivo-conductuales, las terapias familiares y los grupos psicoeducativos y terapéuticos son las herramientas imprescindibles para ayudar a los adolescentes y a sus familias a desarrollar estrategias de afrontamiento saludables, establecer límites en el uso de las pantallas, mejorar su autoestima y reconectar con el mundo social presencial.

El mundo digital es una realidad. El aprendizaje sobre él es una necesidad. Los adultos debemos ser ejemplo: mostrar cómo se realiza un buen uso de la tecnología, de forma segura y saludable, complementándolo con las experiencias en el mundo presencial. Es también nuestra responsabilidad como terapeutas. Ahora nos dirigimos a los lectores: ¿acaso no es la de todos?


Este artículo se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La adolescencia digital en la consulta – https://theconversation.com/la-adolescencia-digital-en-la-consulta-260865

La satisfacción del cliente y su identificación con la marca, claves para la buena marcha del negocio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Jose Blazquez-Resino, Profesor Titular de Universidad, Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Castilla-La Mancha

Standret/Shutterstock

¿Cómo hacer que los clientes sean fieles a las marcas de fast fashion o moda rápida?

Además de motivos concretos –como su rápida adaptación a las tendencias, la variedad de productos o los precios competitivos–, las estrategias comerciales de estas empresas van más allá de la satisfacción de los compradores y buscan una vinculación emocional para convertirlos en prescriptores de sus productos.

La moda rápida

La industria de la moda se ha convertido en uno de los principales motores de la economía mundial. Sus cifras globales de negocio lo confirman: si para 2024 se prevén ingresos por más de 770 000 millones de dólares, una tasa de crecimiento anual calculada de casi el 9 % entre 2024 y 2029 generaría un volumen de mercado de cerca de 1,2 billones de dólares en 2029. Además, se prevé que en 2029 la penetración de usuarios sea del 37,8 % (2 800 millones de personas), cuando en 2024 es del 33,3 % en 2024.

En general, el éxito de las empresas de moda rápida depende de su capacidad de adaptarse rápidamente a las nuevas tendencias para poder satisfacer las necesidades y deseos de sus clientes.

La lealtad de los clientes

Las elecciones de los consumidores van más allá de la satisfacción de necesidades prácticas. Las marcas son un medio de autoexpresión por el que las personas transmiten su identidad y el concepto que tienen de sí mismas. En consecuencia, la identificación del cliente con la marca implica que alinea sus atributos personales con los de la marca.

Por otra parte, las marcas (en general) necesitan de la fidelidad de los clientes para su éxito. Esta fidelidad se mide por cuestiones como el comportamiento de recompra –que se produce cuando las compras anteriores han sido satisfactorias, pero también cuentan los propios hábitos de consumo de los compradores– o la voluntad del cliente de recomendar el producto o la marca (el boca a boca). En este punto, hay que diferenciar entre las recomendaciones espontáneas (activas) y las pasivas, a instancias del interlocutor (“¿Dónde puedo encontrar una falda bonita a buen precio?”, por ejemplo).

No obstante, el sector de la moda rápida tiene una particularidad: esa identificación no parece tener un efecto significativo sobre su fidelidad a la marca. Esto puede deberse tanto a la importancia que tiene el precio para los consumidores de fast fashion, como a la presencia de numerosas opciones (Primark, Zara, H&M, Uniqlo, etc.) que ofrecen productos similares en diseño y precio.

¿Qué investigamos y cómo?

Hemos desarrollado un estudio sobre la fidelidad y la voluntad de recomendar, activa o pasivamente, una marca de moda rápida española. Con base en una muestra de 424 consumidores, recopilamos los datos mediante encuestas en línea.

Para participar era requisito indispensable haber comprado al menos un producto durante el año anterior en la tienda analizada. Encuestamos a 368 participantes. La proporción de mujeres y hombres fue de 70,4 y 29,6 % respectivamente. En cuanto al rango de edad, el 61,4 % tenía entre 18 y 24 años, el 24,5 %, entre 25 y 44, y el 14,1 % restante superaba los 45 años.

Nuestros resultados ponen de relieve cómo actúan la identificación y la satisfacción para generar fidelidad a la marca:

  1. La identificación influye en las recomendaciones pasivas.

  2. La satisfacción influye en las recomendaciones activas.

  3. Si el cliente se siente identificado, mejora su satisfacción con la marca.

  4. La satisfacción del cliente y la recomendación activa de marca son importantes para el comportamiento de compra repetida.

¿Qué implican estos hallazgos?

Los resultados evidencian que la identificación con la marca impacta sobre la satisfacción del cliente (el principal motor para la recomendación activa y la recompra). Por otra parte, esa identificación es el principal determinante de la recomendación pasiva. Tales sutilezas muestran la complejidad del comportamiento del consumidor de moda rápida. Por tanto, para las marcas:

  1. La optimización de las estrategias comerciales mejora la satisfacción de los clientes. Si mantener el foco en las tendencias de moda es adecuado, perfeccionar la experiencia en las tiendas y optimizar la gestión de quejas y devoluciones refuerzan la satisfacción y la fidelidad del cliente.

  2. La creación de relaciones efectivas es fundamental para que los clientes se identifiquen con la marca. Las campañas publicitarias con alto contenido emocional reafirman el sentido de pertenencia, y potencian la identificación y el compromiso a largo plazo, incluso antes de que se realice la compra.

  3. Las marcas alientan a los consumidores satisfechos a compartir sus experiencias de manera proactiva, tanto en tiendas físicas como en plataformas digitales. Cada vez son más habituales las aplicaciones de fidelización y el envío de correos electrónicos que invitan a compartir la experiencia de compra, lo que ayuda a promocionar la marca de una manera auténtica a través de las experiencias de los propios clientes.

En definitiva, la identificación del cliente con la marca es un componente esencial en la estrategia empresarial del sector de la moda rápida. La fidelización no depende solo de ofrecer productos atractivos: también influye la capacidad de las compañías para conectar emocionalmente con sus consumidores.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La satisfacción del cliente y su identificación con la marca, claves para la buena marcha del negocio – https://theconversation.com/la-satisfaccion-del-cliente-y-su-identificacion-con-la-marca-claves-para-la-buena-marcha-del-negocio-244897

¿Por qué dejan de crecer los huesos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Robles Romero, Profesor Doctor de la Facultad de Enfermería, Universidad de Huelva

Pixel-Shot/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Carlota, de 12 años, del IES Santos Isasa (Córdoba)


¿Te imaginas que nunca dejáramos de crecer? Seríamos gigantes de más de tres metros a los 80 años, con huesos largos como postes de luz y una espalda que no cabría en una silla. Nuestro peso corporal aumentaría más allá de lo que las articulaciones, el corazón o los pulmones podrían soportar, provocando serios problemas de salud.

En muchas especies animales (como ciertos peces, reptiles y anfibios), el crecimiento no se detiene del todo y continúa lentamente durante toda la vida. Pero en los humanos, eso sería insostenible.

Cuando somos pequeños, una de las frases que más escuchamos es: “¡Qué alto estás! ¡Cómo has crecido!”. Pero llega un momento, generalmente en la adolescencia, en que ya no nos lo dicen. Dejamos de ganar altura y, aunque cambie nuestro cuerpo en otros aspectos, los huesos ya no se alargan. ¿Por qué ocurre esto?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en una combinación fascinante entre biología, hormonas y estructuras muy concretas de nuestro cuerpo llamadas placas de crecimiento.

Los huesos no siempre son duros

Aunque solemos imaginar los huesos como estructuras duras y sólidas, no siempre fueron así. Cuando estamos en el vientre materno, comienzan siendo cartílago: un tejido flexible parecido al que tenemos en la punta de la nariz o en las orejas. Con el tiempo, este cartílago se va transformando en hueso gracias a un proceso llamado osificación.

En los huesos largos –como el fémur (muslo) o el húmero (brazo)–, el crecimiento en longitud ocurre en unos lugares especiales llamados “placas epifisarias”, o “placas de crecimiento”. Son zonas de cartílago ubicadas cerca de los extremos de los huesos. Allí se produce un constante recambio celular: unas células llamadas condrocitos se multiplican, se organizan y, finalmente, se transforman en hueso nuevo, alargando la estructura.

Imágenes de condrocitos (células) al microscopio
Imágenes de condrocitos al microscopio.
Por Emmanuelm/Wikimedia Commons, CC BY

Es importante saber que los huesos son estructuras vivas. Que continuamente tienen células que mueren y otras que nacen para sustituirlas. Esta renovación ocurre durante toda la vida, no sólo cuando nos los rompemos. En cambio, el crecimiento solo ocurre durante la infancia y gran parte de la adolescencia.

El papel de las hormonas

Durante la niñez, varias hormonas regulan el crecimiento óseo, como la hormona del crecimiento (GH) y los factores de crecimiento similares a la insulina (IGF-1). Sin embargo, cuando llega la pubertad entran en juego otras hormonas: los estrógenos y la testosterona. Aunque se asocian respectivamente con las chicas y los chicos, ambos sexos producen las dos (en diferentes cantidades), y ambas influyen en el crecimiento de los huesos.

Estas hormonas estimulan primero un “estirón” muy evidente (el típico de la adolescencia), pero después provocan que las placas de crecimiento se cierren. Es decir, ese cartílago que permitía que el hueso se alargara desaparece y se transforma completamente en tejido óseo. Es el final del crecimiento humano.

¿A qué edad dejan de crecer los huesos?

La edad puede variar de una persona a otra. En general, las niñas tienden a alcanzar su altura adulta entre los 14 y 16 años, y los niños, entre los 16 y 18. Sin embargo, hay adolescentes que siguen creciendo hasta que sus placas de crecimiento se cierran por completo, algo que puede ocurrir hasta los 20 años en algunos casos.

¿Sabías que los médicos pueden saber si aún sigues creciendo? Lo averiguan observando una radiografía de la mano o la muñeca: si las placas de crecimiento son aún visibles, probablemente esa persona todavía no haya alcanzado su estatura definitiva. Cuando siguen estando activas, dichas placas son más claras que el resto del hueso, debido a que su densidad es menor

Además, se trata de estructuras muy delicadas. Si un niño o adolescente sufre una fractura cerca de una de las placas, puede alterarse su crecimiento óseo. Por eso es tan importante tratar adecuadamente cualquier lesión en edades de desarrollo. Afortunadamente, los avances en traumatología pediátrica permiten hoy intervenir de manera muy precisa para evitar o corregir tales problemas.

¿Se podrían “reabrir” las placas de crecimiento?

La ciencia actual no ha encontrado una forma segura de reactivar las placas de crecimiento una vez que se han cerrado. Por internet circulan algunos mitos sobre suplementos, hormonas o ejercicios milagrosos para seguir ganando altura después de la adolescencia, pero no tienen base científica. Incluso el uso de hormonas de crecimiento en adultos no aumenta la estatura, y su uso indebido puede causar graves problemas de salud.

¿Y si alguien no crece lo suficiente?

En algunos casos, ciertas personas tienen problemas para crecer debido a causas genéticas u hormonales o determinadas enfermedades. Algunos trastornos, como el déficit de hormona del crecimiento o el hipotiroidismo, pueden detectarse y tratarse con ayuda médica. Por eso es importante realizar controles pediátricos regulares y acudir al especialista si fuera necesario.

Pero debemos tener en cuenta que existen muchas variantes que son completamente normales. No todas las personas alcanzan la misma estatura, y eso no significa necesariamente un problema. La genética tiene un peso enorme: si tus padres son bajos, es muy probable que tú también lo seas. Y eso es completamente natural.

Crecer no es solo hacerse más alto

Aunque nuestros huesos dejen de alargarse, el cuerpo sigue cambiando a lo largo de la vida. La masa ósea, por ejemplo, alcanza su punto máximo entre los 20 y los 30 años, y luego empieza a disminuir lentamente. Por eso, una alimentación adecuada y el ejercicio físico son fundamentales para tener huesos fuertes durante toda la vida.

Además, crecer no es solo una cuestión física. En la adolescencia también se desarrollan el cerebro, las emociones, la personalidad, la autonomía… Así que, aunque dejes de crecer en centímetros, puedes haciéndolo en muchos otros aspectos.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

José Miguel Robles Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué dejan de crecer los huesos? – https://theconversation.com/por-que-dejan-de-crecer-los-huesos-258942

Radiografía de la primera ola de calor del 2025: ¿qué podemos esperar para el resto del verano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Vide, Catedrático de Geografía Física, Universitat de Barcelona

Riccardo Cirillo/Shutterstock

La primera ola de calor del verano en España y en otros países de Europa occidental, como Portugal, Francia, Italia o Alemania, temprana en el calendario, batió récords de temperatura en el mes de junio en muchos lugares. En España, este pasado mes ha sido el junio más cálido desde 1961, en que comienza la contabilización de sus anomalías, al igual que en Europa occidental, donde ha supuesto el junio más cálido desde que se tienen registros.

Los 40 ºC se superaron con facilidad en la última semana del mes en amplios sectores de la mitad sur de la España peninsular, principalmente en Andalucía y Extremadura, y en otros lugares mucho más septentrionales, como en Orense (Galicia) o Gerona (Cataluña). Los valores extremos en los estados ibéricos fueron de 46,6 ºC, en Mora, a unos 100 km al este de Lisboa, y de 45,8 ºC, en El Granado, en
la provincia de Huelva.

Las noches han resultado insufribles, incompatibles con el descanso nocturno, en los centros de las ciudades mediterráneas y de la mitad sur de España y Portugal. El caso de Barcelona es muy significativo: en el barrio del Raval todas las noches de la última decena de junio fueron tórridas, es decir, con temperaturas mínimas de 25 ºC o superiores, y han continuado así hasta los primeros días de julio.

Las aguas del Mediterráneo muestran también unos valores exageradamente elevados para el momento del año. Son equivalentes a los récords de agosto de los últimos dos veranos. Y hay que pensar que la gran inercia térmica del agua prácticamente asegura que esta anomalía térmica marina durará todo el verano y hasta bien entrado el otoño. En este sentido podemos afirmar que el calor seguirá, al menos en las aguas marinas y en los espacios litorales e insulares.




Leer más:
El océano se sofoca


Toda Europa se calienta

También fuera de la península ibérica las temperaturas alcanzaron valores récord para el mes de junio, como en el norte de Alemania, en diversos lugares de Francia o en el Ártico noruego. Un potente anticiclón en altura con intrusión de aire del sur, sahariano, ha sido la causa de esta ola de calor temprana.

Gráficamente, el anticiclón supuso la tapadera de una enorme cúpula o domo de aire cálido, que ha cubierto la península ibérica y buena parte de Europa occidental. El persistente anticiclón ha ocurrido en los días con mayor insolación potencial, por ser los más largos del año y en los que el sol alcanza la mayor altura sobre el horizonte.

Es difícil saber si en el presente verano habrá más olas de calor. Las predicciones estacionales para el trimestre julio-agosto-septiembre indican que la probabilidad de que tenga una temperatura media superior a la normal es elevada, superior al 70 %, tanto en España como en gran parte de Europa. En los últimos veranos la ocurrencia de varias olas de calor en el sur de Europa ha sido la norma.

Efectos en la salud

El exceso de calor, diurno o nocturno, tiene una repercusión negativa en la salud humana. Los humanos somos animales homeotermos, de temperatura interna casi constante, entre 36,5 y 37 ºC. Cuando el exterior alcanza valores próximos o superiores, no nos sirve la vasodilatación cutánea, “ponernos rojos”, es decir, aumentar la sangre circulante por la periferia para desprender calor. Si el ambiente está a mayor temperatura, como el calor siempre se transfiere del cuerpo más caliente al de menor temperatura, el aire nos contagiará calor. Nos queda entonces un último mecanismo termorregulador para mantener la temperatura interna en sus límites: la sudoración.

No existe otro animal que tenga un número de glándulas sudoríparas ni una tasa de sudoración tan altos como los humanos. El sudor, formado por agua y sales minerales, al evaporarse desde la piel, produce, como toda evaporación, un enfriamiento. Naturalmente, habrá que reponer el agua bebiendo abundantemente, so pena de deshidratarnos.

Alimentos como el gazpacho, y las ensaladas nos aportan agua y sales. Igualmente, las frutas (melón, sandía, etc.) son recomendables y apetecibles en tiempo cálido.

Además de la deshidratación, los golpes de calor son efectos muy peligrosos del exceso de calor. Cuando la persona es incapaz de mantener su temperatura interna constante y se va elevando hasta alcanzar valores que superan los 40 ºC, se desvanece y requiere atención médica urgente. Cae en coma y los daños pueden ser irreversibles.

Durante esta última ola de calor, se han producido en varios países muertes por golpe de calor y otras, bastante más numerosas, también atribuibles a las altas temperaturas, aunque de forma indirecta, por agravamiento de enfermedades crónicas. En particular, las personas de edad avanzada y con enfermedades crónicas son muy vulnerables al calor, especialmente si están en condiciones de
pobreza energética. Es decir, si no disponen de un aparato de aire acondicionado. No descansan bien por la noche, se debilitan y aumenta su morbilidad: los ingresos hospitalarios, y también, desgraciadamente, su mortalidad. Es un problema de salud pública.




Leer más:
El calor excesivo perjudica seriamente la salud, ¿pero cómo?


Finalmente, aunque los países del sur de Europa son los expuestos con
mayor frecuencia e intensidad a valores muy altos de temperatura, la
adaptación al calor extremo debe ser también prioritaria en los países del centro y norte del continente, menos habituados a las olas de calor. La mayoría de los apartamentos y hasta los servicios públicos de estos países no disponen de aire acondicionado. Ni el modo de vida, ni la aclimatación al calor se corresponden con temperaturas exageradamente altas.

The Conversation

Javier Martín Vide no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Radiografía de la primera ola de calor del 2025: ¿qué podemos esperar para el resto del verano? – https://theconversation.com/radiografia-de-la-primera-ola-de-calor-del-2025-que-podemos-esperar-para-el-resto-del-verano-260752

El aumento de temperaturas hace estragos en los insectos acuáticos: así lo hemos estudiado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Viktor Baranov, Investigador Ramon y Cajal, en ambito de Ecologia y Paleontologia de insectos y cambio global, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Especie del género Chironomus pertenece a la familia Chironomidae Viktor Varananov, CC BY

Si se mantiene el ritmo actual de emisión de gases, la temperatura media global aumentará 2 °C hacia mediados de siglo, provocando fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, el ascenso del nivel del mar y olas de calor prolongadas.

El calentamiento global también amenaza los beneficios de la naturaleza, conocidos como “servicios ecosistémicos”: disponibilidad de agua, pesca, recreación y valores estéticos y culturales.

Estos servicios que sostienen nuestras vidas dependen completamente del agua dulce, cuyos ecosistemas, incluida su fauna, están siendo perjudicados por los efectos del cambio climático.

Y de entre todos los animales de agua dulce en riesgo, los insectos acuáticos son especialmente vulnerables. En la Lista Roja de la biodiversidad española, cuatro especies de insectos acuáticos están en peligro crítico de extinción. Se trata del escarabajo Cybister vulneratus y tres plecópteros, moscas de las piedras: Leuctra bidula, Nemoura rifensis y Protonemura gevi. Este último, un insecto cavernícola, es endémico de España, lo que significa que no vive en ningún otro lugar.

Agentes invisibles pero imprescindibles

Los insectos acuáticos son esenciales para el buen funcionamiento de ríos y lagos. No obstante, en una investigación que llevamos a cabo en el año 2020 mostramos cómo un aumento de solo 1.8 °C en la temperatura media anual podía reducir en hasta un 82 % la abundancia de especies sensibles en apenas 42 años. Un fenómeno que ha ocurrido incluso en reservas naturales con escasa intervención humana.

En otro trabajo en el que se analizaron poblaciones de mosquitos no picadores en una reserva de Alemania central, detectamos una fuerte disminución en su capacidad de dispersión y reproducción tras un aumento de 1 °C durante un periodo de ocho años. Además, hemos documentado una tendencia general al menor tamaño corporal en insectos acuáticos en climas cálidos.

Las anteriores observaciones nos llevaron a una pregunta central: ¿cómo influye el aumento de temperatura en el crecimiento, tamaño y supervivencia de estos insectos?




Leer más:
El cambio climático provoca la desaparición global de insectos: algunas zonas agrícolas muestran un descenso del 63 %


Un experimento controlado

El tamaño corporal es una variable clave en la biología. No sólo permite anticipar la capacidad de supervivencia y reproducción de este grupo de animales, sino también comprender cómo interaccionan con el calor para poder prever el futuro de los ecosistemas acuáticos.




Leer más:
¿Por qué ahora impactan menos insectos en el parabrisas del coche?


Con el fin de responder nuestra pregunta, realizamos un experimento con mosquitos no picadores, ya que son buenos modelos para estudiar los efectos del cambio ambiental en la fauna de agua dulce. Para ello, los criamos en tanques de prueba, recintos experimentales que simulan ecosistemas con ciertas variables controladas, conocidos como mesocosmos.

Diseñamos dos grupos principales: uno mantenido a 20 °C y otro a 30 °C, dentro de los cuales establecimos subgrupos con diferentes niveles de oxígeno disuelto, desde valores normales, un rango 100 %, 75 % y 50 % de saturación, hasta la mitad del nivel habitual.

El oxígeno como factor clave

Los resultados de nuestro ensayo fueron rotundos: los mosquitos no picadores se hicieron hasta un un 8-10 % más pequeños en ambientes cálidos con bajo oxígeno. Esto indica que el calor no es el único factor que causa el encogimiento.

El factor determinante parece ser la disminución del oxígeno disuelto, y su causa es fisiológica. A mayor temperatura, el metabolismo aumenta y los insectos necesitan más oxígeno. Pero el oxígeno se disuelve peor en agua caliente, generando un desequilibrio entre una mayor demanda y una menos disponibilidad. Y este desajuste limita el crecimiento de los insectos.

Desarrollo más rápido, pero menos sostenible

En la mayoría de los tanques de prueba, los mosquitos completaron siete u ocho generaciones, con una duración promedio de 18,5 días por generación. En condiciones de más calor y menos oxígeno, este tiempo se redujo a entre 17,3 y 13,4 días. Sin embargo, en esos mismos entornos las tasas de mortalidad aumentaron.

Después de 120 días, dejaron de emerger adultos en los tanques de prueba cálidos con bajo oxígeno, poniendo en evidencia que la alta mortalidad y la baja reproducción impidieron la continuidad de la población.

A tiempo de salvar a los mosquitos acuáticos

Nuestro estudio es un paso importante para una comprensión del declive de los insectos. La doble pérdida, tanto en número como en tamaño, ayuda a explicar la drástica disminución de insectos acuáticos en entornos afectados por el calentamiento. Esto representa una amenaza para funciones esenciales del ecosistema: mantener el agua limpia, reciclar nutrientes y sustentar la pesca recreativa e industrial.

La buena noticia es que hay formas de evitar este escenario tan pesimista. Ya que la baja concentración de oxígeno parece ser el factor decisivo, podemos aplicar soluciones basadas en él.




Leer más:
¿Qué ocurriría en la naturaleza si desaparecieran los insectos?


Invertir en lo invisible

Además de reducir las emisiones de gases, es posible crear bancos naturales de arena o grava, disminuir la contaminación en ríos y proteger tramos de agua con buena oxigenación. Son acciones que, además de mejorar la calidad del agua, ofrecen condiciones más favorables para la fauna de agua dulce.

Los insectos acuáticos no suelen ser protagonistas en los debates sobre cambio climático, pero son fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas de agua dulce, que son, a su vez, esenciales para la vida humana. Protegerlos no implica solo conservar biodiversidad, sino garantizar la salud de los ríos, los lagos y nuestras propias comunidades.

The Conversation

Viktor Baranov recibe fondos de Agencia Estatal de Investigación y Consejo Superior de Investigaciones Científicas

ref. El aumento de temperaturas hace estragos en los insectos acuáticos: así lo hemos estudiado – https://theconversation.com/el-aumento-de-temperaturas-hace-estragos-en-los-insectos-acuaticos-asi-lo-hemos-estudiado-259772

¿Para qué viajar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Cejudo Córdoba, Profesor Titular de Ética y Filosofía Política, Universidad de Córdoba

Fotograma de ‘Come, reza, ama’, una película en la que el personaje interpretado por Julia Roberts (a la izquierda) busca, a través del viaje, volver a sentir apetito por su vida. FilmAffinity

La “propensión a viajar” de un grupo mide la probabilidad de que sus miembros hagan turismo. Se puede definir como el porcentaje de población que viaja a otros países, o más en general, como el deseo que una persona tiene de hacer turismo.

En la actualidad esta propensión es más alta que nunca: 1 400 millones de turistas se movieron por el mundo el año pasado, 140 millones más que en 2023. Eso equivale aproximadamente a casi dos de cada diez habitantes del planeta. Europa es la región del mundo preferida. Concretamente, 747 millones de turistas la eligieron en 2024, mientras que a España llegaron 93,8 millones de viajeros.

Esto supone una riqueza extraordinaria. Con razón se dice frecuentemente que el turismo es “nuestro petróleo”. En Noruega este hidrocarburo y el gas equivalen al 20,5 % de su PNB, mientras que el turismo supone el 13,1 % del PIB español. Pero como el petróleo, la industria turística también tiene impactos medioambientales negativos muy importantes. Sabemos que entre 2009 y el comienzo de pandemia de covid, las emisiones contaminantes debidas al turismo crecieron un 3,5 % al año, lo cual es una tasa que dobla la del crecimiento del resto de emisiones.

Un hombre observa la esfinge sentado de espaldas a la cámara.
En Muerte en el Nilo un crimen interrumpe el crucero por Egipto de Hercules Poirot.
IMDB

Uno de los efectos negativos del turismo es saber que nuestra propia conducta contribuye a esos efectos negativos. Nosotros somos parcialmente responsables.
Y no solo porque consentimos actividades negativas para el entorno, sino porque directamente las causamos con nuestras elecciones y comportamientos de ocio.

Como en otras muchas situaciones, estamos ante un problema de acción colectiva. Por un lado, queremos cooperar porque eso nos beneficiaría a todos, aunque suponga actuar en contra de nuestros intereses inmediatos. Por otro, queremos hacerlo contando con que los demás, al menos la mayoría, también lo hacen, porque si no es así, nuestro esfuerzo será inútil y parecerá estúpido. No se trata de una cuestión de mero egoísmo personal; aunque nosotros sí hagamos lo correcto a pesar de todo, de nada servirá si los demás no lo hacen.

Tratándose de un problema como el descrito, la razón para viajar menos, o para viajar de otra manera, no es tanto disminuir el impacto negativo global sino rechazar la complicidad con el mismo… por sentido del deber o simplemente porque nos guste.

Viajar para descubrir

Montaigne, considerado el primer ensayista moderno, escribía en 1588 que viajar era positivo, al proporcionar novedades desconocidas: “como he dicho con frecuencia, no conozco mejor escuela para moldear la propia vida que mostrar continuamente la diversidad de tantas otras, sus opiniones y costumbres”.

El primer ensayista inglés, Bacon, afirmaba otro tanto en su ensayo titulado Viajar, publicado en 1625: “viajar es parte de la educación en los jóvenes, y parte de la experiencia en la madurez”.

Un grupo de mujeres pasean por una plaza en la que al fondo se ve el David de Miguel Ángel.
En Una habitación con vistas una joven visita Florencia en un viaje que puede cambiarle la vida.
IMDB

El mismo viaje, por tanto, es una experiencia diferente según la edad del que viaja. Pero Bacon va más allá de esta obviedad. Considerando la trayectoria vital de una misma persona, en su juventud viajar fue una forma de aprender, mientras que esos mismos viajes, mirados desde la cuesta abajo de la vida, son parte de su experiencia. Y si ya en la madurez se viaja de nuevo, viajar es haber viajado, porque se aprendió ya lo necesario para que el viaje sea una forma de ampliar y de probar la experiencia personal.

Ahora bien, cualquiera viaja como si fuera un joven ignorante e inexperto si desconoce el lugar al que va, especialmente su cultura característica. Dice Bacon que “aquel que viaja a un país antes de haberse iniciado en su idioma, va a la escuela, no a un viaje”.

Pero ¿qué aprendemos viajando?

En gran medida, viajamos para divertirnos. Si, por ejemplo, que hacemos turismo de riesgo o “Extreme Budget Travel” (intentar llegar lo más lejos posible gastando el mínimo), ¿qué queremos aprender con la aventura?

Lo que en el fondo quiere aprender el turista es cómo viviría si no fuera como es el resto del tiempo, si fuera alguien de otro lugar, con otras costumbres. Es decir, “cruzar la línea”, probar cómo sería librarse de las rutinas, normas y convenciones de nuestro día a día (sin riesgo, eso sí). Todo turismo es entonces cultural, en el sentido de ser una experiencia planificada de contacto con otra cultura, que puede ser más o menos genuina.

Un joven hace autoestop sentado en un sofá viejo al lado de una señal en la carretera.
Hacias rutas salvajes contaba la peripecia real de Christopher McCandless viajando por Alaska sin dinero y entrando en contacto con quienes se cruzaban en su camino.
FilmAffinity

Tal como advirtió Freud en 1930, la vida en sociedad es inevitable por sus ventajas, pero también implica renunciar a satisfacer nuestros deseos de manera instintiva o inmediata. Por eso el turismo es una actividad liberadora y muy gratificante; consiste en dejar en casa, al otro lado de la línea, tanto la mochila de problemas como las máscaras que nos ponemos.

La industria turística juega con la apariencia de que podemos librarnos, siquiera unos días, de ser quien somos. Esta emancipación de la vida cotidiana puede resultar genuina, y no tiene que ser muy cara, si cambiamos nuestra perspectiva desde el objeto del viaje (a dónde viajo) al sujeto del mismo (yo que viajo).

El objeto del viaje o el sujeto que viaja

El ensayo de Bacon trata de los jóvenes miembros de la nobleza que viajaban desde Inglaterra a Italia (el llamado “Grand Tour”). Su finalidad era visitar lugares donde pudieran contemplarse monumentos y panoramas inolvidables. Lo visitado, el objeto del viaje, era su razón de ser. El viaje turístico conserva esta noción de que hay que viajar a donde merezca la pena ir.

Por eso existe la idea de los “lugares que visitar antes de morir” que masifica y degrada los destinos turísticos más conocidos. Incluso cuando se considera que el itinerario seguido es tanto o más importante que el punto de llegada, seguimos en el modelo de que el valor del viaje está en el objeto, en los lugares recorridos, y no en el sujeto que viaja.

Tres mujeres hacen fotos en Barcelona con la Sagrada Familia al fondo.
En Vicky Cristina Barcelona, las dos primeras son turistas en la ciudad del título.
FilmAffinity

Esta otra posibilidad, la de enfocarse en el sujeto, surgió en el siglo XIX con el Romanticismo y su importancia de la interioridad personal. “He viajado mucho en Concord”, decía el filósofo norteamericano Henry Thoreau en 1854, quien vivió toda su vida en ese pueblo o muy cerca de él. Lo importante no era haber visitado lugares lejanos, sino haber visto el propio pueblo y a sus gentes con otra mirada, una que sea crítica y que desvele las costumbres como meras costumbres, lo que vale la pena y lo que no.

Ese tipo de viaje al que se refería Thoreau, por Concord o por los alrededores de su río Merrimack, es una forma enriquecedora de pasear. El paseo es uno de los lujos más baratos; una actividad y sobre todo una actitud (la del paseante o flâneur), que no es un mero viaje para pobres, sino para quienes se distancian de lo cotidiano observando críticamente su realidad cultural.




Leer más:
Estamos dejando de pasear por la ciudad


Walter Benjamin plasmó en cientos de páginas sus divagaciones por la ciudad de París. El paseante “va a hacer botánica al asfalto”, decía en El París de Baudelaire, pero no con una mente crítica y fría. Más bien al contrario, su característica es la empatía con la naturaleza (en el caso de Thoreau) o de la vibrante vida de la ciudad (en el de Benjamin). En este tipo de viaje no hay necesariamente un punto de llegada (el paseo es divagación), no hay ese “hemos hecho tal y tal pueblo”, ni tampoco aquel “conozco Viena pero no Budapest”.

Como decía Pessoa, regresando de Cascais a la capital portuguesa: “el tren se va parando, estamos en el Cais do Sodré. Llegué a Lisboa pero no a una conclusión”. Si aprendemos algo en nuestros paseos, es que casi todo sigue por aprender.

The Conversation

Rafael Cejudo Córdoba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Para qué viajar? – https://theconversation.com/para-que-viajar-260841

Un rayo de esperanza para tratar las devastadoras enfermedades mitocondriales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Recreación 3D de mitocondrias. Kateryna Kon/Shutterstock

Existen enfermedades graves, muy graves, terribles y luego están las mitocondriales. En este tipo de dolencia de origen genético son las mitocondrias las que resultan afectadas. Así llamamos a los orgánulos de nuestras células que se encargan de producir la energía necesaria para sobrevivir.

Por eso, si fallan las mitocondrias, las consecuencias son catastróficas. Resultan afectadas todas las células del cuerpo, los músculos, las neuronas, el corazón, los órganos internos, el sistema inmunitario, la vista, el oído, el cerebro… todo se detiene o queda alterado y es muy difícil sobrevivir.

Las enfermedades mitocondriales son raras y heterogéneas, y su severidad depende del porcentaje de mitocondrias que estén afectadas, dado que en una persona pueden coincidir mitocondrias sanas y dañadas. Suelen presentarse en la infancia y, en los casos más graves, tienen consecuencias fatales. No hay cura, aunque algunos tratamientos pueden ayudar a retrasar los síntomas.

Asociación de bacterias

Habitualmente, heredamos las mitocondrias por vía materna, dado que las que tiene el embrión de una célula derivan esencialmente del óvulo. Gracias a la microbióloga Lynn Margulis sabemos que, hace miles de millones de años, las mitocondrias eran bacterias que se asociaron con otras bacterias para constituir las primeras células eucariotas, las células con un núcleo que tenemos los hongos, las plantas y los animales, por ejemplo.

Margulis propuso la teoría endosimbiótica del origen de las células eucarióticas, por la cual diferentes bacterias se organizaron y aprendieron a vivir conjuntamente, en simbiosis. Una de ellas dio lugar al orgánulo subcelular que hoy conocemos como la mitocondria, y otras dieron lugar al núcleo de la célula o al cloroplasto, en las células de las plantas.

Debido a su origen bacteriano, las mitocondrias tienen un genoma propio, muy simplificado tras miles de millones de años de evolución, dado que la mayoría de los genes que necesita para funcionar se han acabado trasladando al núcleo de la célula. Sin embargo, todavía retiene 16 569 pares de letras en una molécula de ADN circular (como tienen todavía todas las bacterias). Su función es codificar información genética (tan solo de 37 genes) para producir proteínas y ARN esenciales que necesita la mitocondria para seguir generando energía.

Mutación fatal

Naturalmente, una mutación en cualquiera de estos genes mitocondriales tiene consecuencias devastadoras para la vida de la persona que herede esa alteración genética. Por eso, las enfermedades congénitas de origen mitocondrial, muy poco frecuentes, son tan graves y pueden resultar mortales. Sus complejas manifestaciones patológicas acaban afectando a prácticamente todos los órganos y las partes del cuerpo.

Las casi todopoderosas CRISPR, descritas inicialmente por Francis Mojica como un sistema de defensa que usan las bacterias para combatir los virus que las acechan, y convertidas por Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna en verdaderas herramientas de edición genética, no pueden entrar dentro de las mitocondrias. Principalmente, porque las herramientas CRISPR necesitan una molécula de ARN guía que dirija la nucleasa Cas9 al gen concreto que se quiere editar, y es difícil introducir ADN o ARN en las mitocondrias. De ahí que las herramientas CRISPR no puedan usarse para editar el ADN mitocondrial.

La alternativa TALE

David R. Liu, investigador del instituto BROAD en Boston, sabía de las limitaciones de las CRISPR en mitocondrias y por eso se le ocurrió una solución, acudiendo al sistema de edición genética anterior: las proteínas TALE, derivadas también de bacterias que infectan a plantas.

El sistema TALE no necesita ARN para identificar el gen a editar, como hacen las CRISPR. Usa una parte variable de estas proteínas para aparearse con secuencias específicas de ADN.

La N de las TALEN es la nucleasa del sistema, la que corta el ADN. Pero si solamente se usa la parte TALE (sin la nucleasa), sirve para identificar una secuencia de ADN mitocondrial. Entonces solo hay que añadirle un módulo de deaminasa (como, por ejemplo, la enzima citidina deaminasa) para crear editores de bases del genoma de las mitocondrias, capaces de cambiar químicamente una letra C por una T. Este avance espectacular fue descrito por Liu en 2020.

Dos años después, Liu mejoró estos editores mitocondriales relajando las bases que debían estar en las posiciones anexas a la que debía ser editada, convirtiéndolos en unas herramientas de edición del genoma mitocondrial mucho más versátiles.

Investigación pionera

Ahora, todos estos conocimientos y extraordinarios desarrollos tecnológicos previos han permitido a unos investigadores de Utrecht (Países Bajos) utilizar los editores de bases TALE evolucionados de Liu para corregir, en modelos celulares y organoides, mutaciones patogénicas identificadas en el ADN mitocondrial de pacientes. La exploración terapéutica de estas herramientas supone un rayo de esperanza para tratar enfermedades congénitas de origen mitocondrial.

En este nuevo trabajo, los investigadores combinan el uso innovador de las versiones más evolucionadas de los editores de bases mitocondriales con las nanopartículas lipídicas (las que se desarrollaron para encapsular el ARN mensajero de las vacunas contra la covid-19), que les permiten dirigir los editores a las mitocondrias.

Los científicos también aplicaron métodos de última generación para analizar lo que sucedía en cada célula, dado que cada una puede contener de cientos a miles de mitocondrias. Así puedieron comprobar que la eficiencia de modificación oscilaba entre el 0 % y el 80 %, con diferentes niveles de heteroplasmia (mezcla de mitocondrias intactas y editadas/corregidas).

Ediciones no deseadas

El principal riesgo de la edición genética, en sus diferentes variantes, es acabar editando genes distintos a los planeados. El análisis de ediciones en otras secuencias no deseadas del ADN nuclear y del ADN mitocondrial produjeron resultados no significativos (en el ADN nuclear) o cambios inesperados (en el mitocondrial) cuya relevancia estaba asociada al porcentaje de edición en el gen seleccionado. Las posibles consecuencias de estas mutaciones no deseadas deberán ser investigadas en detalle para poder garantizar la seguridad de futuros tratamientos.

De cualquier manera, este trabajo es ciertamente relevante, pues abre las puertas a tratar las gravísimas enfermedades congénitas mitocondriales, hasta ahora incurables, mediante el uso combinado de diversas tecnologías de última generación.


Este artículo deriva de una reacción del autor publicada inicialmente en Science Media Centre España.


The Conversation

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Un rayo de esperanza para tratar las devastadoras enfermedades mitocondriales – https://theconversation.com/un-rayo-de-esperanza-para-tratar-las-devastadoras-enfermedades-mitocondriales-260836