Razones científicas para retrasar dos horas la entrada al instituto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Gabaldón Estevan, Profesor Titular de Universidad, Sociología, Universitat de València

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El periodo vital en el que están los estudiantes de secundaria, entre los 12 y los 16 años (hasta los 18 si incluimos el Bachillerato) supone cambios biológicos de primer orden en su desarrollo. Algunos de ellos son muy evidentes, como el rápido crecimiento que se produce (los famosos “estirones”), y otros más sutiles, como el retraso de la fase de sueño. Sobre este último es sobre el que necesitamos reflexionar a la hora de definir la hora de arranque de la jornada escolar.

Cambios en la hora de irse a la cama

Desde el inicio de la pubertad (a finales de la primaria) hasta lo que se ha denominado el final de la adolescencia (19,5 años en mujeres y 21 en hombres) se produce un retraso paulatino en el horario natural en el que las personas estamos predeterminadas para iniciar el sueño .

Esto significa que de manera natural, conforme avanzamos hacia el final de la adolescencia, nuestro organismo está predeterminado para ir paulatinamente retrasando tanto el momento en el que conciliamos el sueño como la hora a la que nos despertaremos de manera natural.

Independientemente de que seamos por herencia genética más matutinos (alondras) o más vespertinos (búho), la etapa de la adolescencia será la más vespertina de nuestra vida, ya que a partir del final de este periodo hay un lento pero progresivo adelantamiento de nuestra fase de sueño, de manera que pasados los 40 años de edad prácticamente desaparece tal efecto de retraso.




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Cambios en la calidad del sueño

Por otro lado, en esta época de la vida se produce un incremento de las conexiones de la parte “afectiva o emocional” del cerebro, con un menor aumento de esas conexiones en la parte “ejecutiva” o de razonamiento del órgano, proceso que también contribuye a cambios fisiológicos en la calidad del sueño del adolescente.

Estos cambios relacionados con el retraso de la fase de sueño pueden provocar cefalea, somnolencia, fatiga, deterioro cognitivo y desregulaciones metabólicas e inmunológicas, así como predisposición a manifestar trastornos mentales como depresión, ansiedad y bipolaridad.

¿Qué pasa si el instituto empieza a las 8 de la mañana?

Cuando el horario de arranque de la jornada escolar se sitúa demasiado temprano con relación a la hora natural de despertarse del alumnado, se produce lo que se conoce como jetlag social”. Es un desfase entre la hora que marca el reloj interno del estudiante y lo que pauta el reloj social, con una diferencia de alrededor de dos horas del tiempo total de sueño entre días académicos y fines de semana, alterando el reloj biológico del estudiante.

El gráfico muestra cómo la desincronización se incrementa conforme el alumnado va avanzando en la adolescencia.
Distribución del jetlag social por edad del alumnado participante en el proyecto Kairós: la desincronización medida con el Munich Chronotype Questionnaire (https://doi.org/10.3389/fpubh.2024.1336028) se incrementa conforme el alumnado va avanzando en la adolescencia. Dos tendencias contrapuestas estarían detrás de este fenómeno: el retraso de la fase de sueño y el adelanto en la hora de entrada al instituto.
Gráfico sacado del Proyecto Kairós (PID2021-126846NA-I00/AEI/10.13039/501100011033 y CIACO/2023/120), coordinado por el autor., CC BY

Por eso, pedirle a un adolescente que se despierte a las 7 a. m. es como pedirles a sus padres que se despierten a las 4 o 5 a. m. Esto afecta mucho a la salud física y mental, sobre todo porque no se duermen suficientes horas, pero también por el desajuste en los horarios interno y externo.

Veámoslo:

  • Al no poder dormirnos antes de que llegue nuestra ventana de sueño (momento en el que podemos conciliar el sueño de manera natural) y al tener que levantarnos a una hora anterior a nuestro despertar natural, el organismo no puede descansar lo suficiente, generando una “reparación deficitaria”: durante el sueño el sistema glinfático impide la acumulación de toxinas en el sistema nervioso; si no descansamos lo suficiente, la limpieza no es completa.

  • Si no descansamos lo suficiente la noche de antes de clase, nuestro estado de alerta durante la vigilia se ve perjudicado, lo que afecta a nuestra capacidad de concentrarnos y de aprender (prestar atención y atender en clase, relacionar y asimilar conceptos) . Si dormimos solo 6 horas y perdemos el último 25 % del sueño, podríamos estar perdiendo entre el 60 y el 90 % de todo el sueño REM, el encargado de reforzar las conexiones neuronales.

  • Si no descansamos suficiente la noche tras un día de clase, la capacidad de nuestro cerebro para procesar la información adquirida y nuestra memoria se verán comprometidas. De hecho, estudios sobre el sueño y la memoria indican que quienes tienen la oportunidad de dormir en el intervalo de 8 horas entre el aprendizaje y el recuerdo mejoran entre un 20 y un 40 % su capacidad de retener lo aprendido.

  • Además, no dormir lo suficiente afecta a nuestro sistema inmune, haciéndonos más vulnerables a contraer enfermedades como depresión, ansiedad, diabetes, cáncer, ataque cardíaco y accidente cerebrovascular.

  • Nuestro estado de humor también se ve comprometido cuando no descansamos. De hecho, se ha observado que la amígdala, que es clave para desencadenar emociones fuertes como la ira o la rabia, sufre una amplificación de más del 60 % en la reactividad emocional en personas privadas de sueño. Toda una bomba de relojería para la convivencia en los centros escolares.




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Desafíos psicológicos en la adolescencia: ¿están las familias preparadas para afrontarlos?


Dos horas más tarde: múltiples beneficios

Diversos estudios han determinado que cuando se retrasa la hora de entrada al instituto se produce una ganancia neta de descanso: el alumnado sigue acostándose a la misma hora que lo hacía, pero se levanta más tarde, dedicando alrededor del 80 % del tiempo extra a dormir.

Dormir más reduce la somnolencia diurna, la depresión, el consumo de cafeína, los retrasos y la dificultad para mantenerse despierto, y mejora la calidad del sueño, la satisfacción vital y el malestar psicológico. Otros estudios sugirieren que cuanto mayor es el tiempo adicional de sueño, mejor es la calidad del mismo, el funcionamiento diurno y el bienestar subjetivo.

El retraso en la entrada al instituto reduciría además la desincronización del alumnado más vespertino, aliviando la brecha que se produce entre los estudiantes más matutinos y los más vespertinos.

Dejarles dormir lo que necesitan y cuando lo necesitan es, en definitiva, respetar su derecho a hacer las cosas cuando más les conviene para su salud, su desarrollo y su bienestar.

The Conversation

Daniel Gabaldón Estevan recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (PID2021-126846NA-I00/AEI/10.13039/501100011033) y de la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo de la Generalitat Valenciana (CIACO/2023/120) ambos por el proyecto Student chronotype (mis)match with school time organization: its effects on health, learning, time use and satisfaction (Kairos)

ref. Razones científicas para retrasar dos horas la entrada al instituto – https://theconversation.com/razones-cientificas-para-retrasar-dos-horas-la-entrada-al-instituto-269332

Durante el ‘procés’, las organizaciones empresariales catalanas optaron por una estrategia de comunicación despolarizadora

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Aracil, Profesora del Departamento de Economía e Investigadora del Instituto de Investigación Tecnológica (IIT), Universidad Pontificia Comillas

Manifestación independentista en Barcelona el 17 de octubre de 2017. caesarjulivs/Shutterstock

Durante la última década hemos visto cómo cada vez más empresas intervienen en debates sociales y políticos. Desde derechos civiles hasta guerras, pasando por conflictos territoriales, el activismo sociopolítico corporativo se ha convertido en una expectativa social. Pero ¿qué ocurre cuando se vive una escalada de tensión política tan profunda como la que se vivió en Cataluña entre 2014 y 2017, cuando cualquier posicionamiento podía aumentar el riesgo de ruptura institucional?

Hemos querido analizar cómo gestionaron su comunicación durante el procés tres grandes organizaciones empresariales catalanas: Foment del Treball, Pimec y Cecot. Y los resultados de nuestra investigación han sido reveladores: lejos de tomar partido o callar, estas organizaciones adoptaron una estrategia a la que hemos llamado mediación discursiva. Todas usaron su voz para reducir la polarización, no para reforzarla.

A partir del análisis de más de 18 000 documentos –tuits, comunicados, entrevistas y material contextual– identificamos un conjunto de prácticas discursivas orientadas a rebajar tensiones en un momento en que la sociedad catalana se dividía en términos de “ellos” y “nosotros”, y en un contexto incendiario.

En los años del procés se construyeron relatos crecientemente hostiles. Una parte del independentismo catalán presentaba al Estado como un actor esencialmente corrupto y opresor. Por otra parte, los sectores contrarios describían a los independentistas como radicales, fanáticos o incluso antidemocráticos. En este clima, las empresas se enfrentaban a un dilema: si hablaban podían irritar a parte de sus socios, clientes o empleados, pero si callaban, también.

Frente a esta trampa discursiva, las organizaciones empresariales catalanas decidieron hacer algo distinto: usar la comunicación para frenar la escalada.

Llamada al diálogo

La primera línea de actuación que destaca el estudio es la insistencia pública de las empresas analizadas en la necesidad de dialogar. Desde 2014, los comunicados de Foment del Treball, Pimec y Cecot llamaron a negociar, pactar y evitar decisiones unilaterales. No defendían un resultado concreto, sino un proceso: hablar, escuchar, sentarse a la mesa.

Estas intervenciones buscaban reabrir el espacio político que la polarización estaba cerrando. También transmitía la idea de que aún existían alternativas pactadas antes de llegar a escenarios de ruptura.

Discrepar pero no polarizar

Una segunda práctica consistió en deconstruir los relatos hostiles que alimentaban la polarización. Las organizaciones empresariales evitaron replicar el lenguaje agresivo de ambos bandos. Cuando criticaban decisiones del Gobierno central lo hacían sin culpar a “España” como un todo. Cuando hablaban del referéndum o la consulta, lo presentaban como un ejercicio democrático habitual, no como un acto de insurrección.

Este tipo de formulaciones reducía la carga emocional del conflicto. También enviaba un mensaje crucial: era posible discrepar sin convertir al otro en una amenaza existencial.

Proponer alternativas

El tercer eje de la mediación discursiva consistió en introducir alternativas políticas y económicas que no implicaran ni la inmovilidad absoluta ni la ruptura institucional. Mientras los independentistas defendían la secesión como única salida y los contrarios rechazaban cualquier cambio, las organizaciones empresariales proponían reformas intermedias como revisiones fiscales, inversiones en infraestructuras, reconocimiento de singularidades culturales.

De este modo, el conflicto dejaba de ser un dilema binario. Había más vías posibles que “separarse” o “quedarnos como estamos”.

¿Por qué las empresas asumieron este papel mediador?

El estudio identifica tres funciones que explican por qué esta forma de activismo corporativo puede ser atractiva para las organizaciones en contextos polarizados:

  1. Función instrumental. Esta estrategia les permitió influir en la agenda política sin alinearse con un actor concreto y defender los intereses de sus miembros sin quedar atrapadas en la lógica del enfrentamiento.

  2. Función defensiva. La polarización extrema aumenta el riesgo de fractura institucional y genera incertidumbre jurídica y económica. Reducir la tensión es también proteger el entorno de negocio en el que operan las empresas.

  3. Función de refuerzo de la identidad institucional. Las organizaciones empresariales negocian y median entre partes con intereses diversos. Presentarse como actores dialogantes es coherente con su rol social y les otorga legitimidad ante los distintos grupos de interés.

Un activismo empresarial despolarizador

El aporte central de nuestro estudio es conceptual: existe una forma de activismo sociopolítico corporativo que no alimenta la polarización, sino que la frena. El lenguaje empleado puede alimentar el conflicto o atenuarlo. En un mundo donde se exige a las empresas hablar cada vez más, y más rápido, esta investigación sugiere que pueden intervenir para ayudar a construir puentes y no a levantar muros.

La mediación discursiva podría ser especialmente útil en otros conflictos similares: desde tensiones territoriales hasta debates polarizados sobre inmigración o cambio climático. Su eficacia, sin embargo, tiene límites. El estudio recuerda que cuando una de las partes del conflicto tiene un poder muy superior para imponer su voluntad, la capacidad de las palabras para frenar la escalada se reduce considerablemente.

Con todo, la conclusión general es clara: las organizaciones no tienen por qué convertirse en agitadoras ni en actrices silenciosas. También pueden hablar para bajar el volumen. Y, en tiempos de polarización creciente, esa capacidad es más valiosa de lo que solemos admitir.

The Conversation

Elisa Aracil recibe fondos de Ministerio de Educación

Carlos Bellón Núñez-Mera recibe fondos de la Comunidad de Madrid.

Carmen Valor Martínez recibe fondos de la Comisión Europea (proyectos H2020).

Laura Fernández-Méndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Durante el ‘procés’, las organizaciones empresariales catalanas optaron por una estrategia de comunicación despolarizadora – https://theconversation.com/durante-el-proces-las-organizaciones-empresariales-catalanas-optaron-por-una-estrategia-de-comunicacion-despolarizadora-271193

¿Siente y padece la inteligencia artificial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joaquín Fernández Mateo, Profesor Contratado Doctor, Universidad Rey Juan Carlos

Ole.CNX/Shutterstock

El 29 de octubre de 2025, un equipo de la empresa Anthropic publicó un estudio sobre los procesos internos de los modelos de lenguaje. El trabajo se centraba en cómo estos sistemas parecen describir sus propios pasos de razonamiento. No trataba de defender que exista conciencia artificial, sino aclarar por qué estos modelos generan explicaciones sobre lo que “ocurre” dentro de ellos cuando producen una respuesta.

Los autores muestran que algunos modelos pueden revisar inferencias, detectar incoherencias y explicar sus pasos con cierta consistencia. Esta capacidad no implica experiencia subjetiva. Aun así, abre una pregunta inevitable: si un sistema basado en patrones estadísticos –como es la inteligencia artificial– puede evaluar su propio funcionamiento, ¿qué necesitaría para que apareciera algo parecido a una “vivencia interior”?

¿Por qué la IA no piensa como nosotros?

Los sistemas que usamos cada día aprenden patrones a partir de enormes cantidades de datos. Ajustan millones de parámetros para predecir una palabra, clasificar una imagen o escoger una acción probable. En eso son muy eficaces.

Pero predecir no equivale a experimentar. Y ajustar parámetros no da lugar a experiencias comparables a las de un organismo con historia, necesidades y un cuerpo vulnerable.

Los modelos de lenguaje actuales operan como máquinas de correlaciones. Pueden destacar en tareas concretas y fallar de forma extraña en otras. Lo decisivo es que no tienen un trasfondo vital significativo moralmente. Por eso conviene evitar expresiones como la IA “quiere” o la IA “entiende”, salvo como atajos comunicativos.

¿Es la mente un computador?

Aunque la IA sea noticia por avances recientes, su posibilidad se ha incubado durante siglos. Galileo separó “cualidades primarias”, medibles, de “cualidades secundarias”, por ejemplo, el color tal y como lo experimentamos. Esa visión reforzó la idea de un mundo gobernado por relaciones matemáticas.

Galileo Galilei, retratado en 1636.
Justus Sustermans.

Mientras, Gottfried Leibniz soñó con un lenguaje lógico universal y un “cálculo del razonamiento”: pensar sería, idealmente, computar.

Por su parte, Alan Turing formalizó en el siglo XX el concepto moderno de cómputo. Mostró que una máquina ideal podía simular cualquier procedimiento descrito con precisión. Desde entonces, muchos pensaron que la mente podría entenderse como un sistema de procesamiento de información.

Con esto nació una visión poderosa: si puede describirse de forma precisa, puede calcularse.

La teoría computacional de la mente

Esta perspectiva sostiene, de forma sintética, que pensar consiste en manipular representaciones siguiendo reglas. En ella, el cerebro actúa como un soporte físico que permite ese proceso.

La idea ha sido muy influyente en ciencias cognitivas y en el desarrollo de sistemas automáticos. Pero deja sin resolver una cuestión central: la experiencia subjetiva.

Tenemos una ciencia de los mecanismos de la conciencia. Lo que falta es entender por qué esos procesos generan una vivencia interior: esa sensación de que “hay alguien en casa”.

Un modo sencillo de verlo es la diferencia entre el tiempo medido de los relojes y el minuto vivido como experiencia subjetiva. Ambos son reales, pero no son iguales. Es la diferencia entre el mapa y el territorio.

¿Cómo inferimos otras mentes?

No tenemos un “termómetro de conciencia”. En humanos y animales, inferimos estados internos mediante señales externas: conducta, autoinformes, expresiones o reacciones corporales. No accedemos a su interior; comparamos hipótesis y adoptamos la que mejor explica lo observable.

Así, en este momento, las pruebas no permiten afirmar que los sistemas de IA actuales tengan experiencias. Para algunos, se trata de una conclusión provisional. Depende de cómo evolucionen las arquitecturas y las dinámicas funcionales. Los sistemas aún operan a partir de modelos de sí mismos superficiales, memoria a corto plazo e interacciones diseñadas.

Pero si diseñamos sistemas diferentes, con memoria autobiográfica funcional, persistencia de objetivos y sensibilidad al contexto social, esas “simulaciones” podrían transformarse en estados que “parezcan” internamente dirigidos.

Fenomenologías sintéticas

Algunos enfoques sostienen que estas capacidades podrían aumentar el “riesgo fenomenológico”, es decir, la posibilidad de que emerjan “ciertos estados internos”.

Llamamos fenomenologías sintéticas a posibles experiencias subjetivas en sistemas artificiales. No sabemos si aparecerán, pero tampoco podemos descartar que lo hagan.

El estudio de Anthropic es relevante por eso. Algunos modelos muestran indicios de autoevaluación bajo condiciones especiales. Los propios autores aclaran que esto no implica conciencia en modo alguno. Aun así, indica que han surgido formas básicas de monitorizar su propio funcionamiento.

En este contexto, la ética de la precaución es razonable: si existe un riesgo no despreciable de generar estados funcionales capaces de padecer experiencias, las decisiones de diseño de las compañías desarrolladoras no son moralmente neutras.

Un punto importante: equivocarnos por exceso de cautela es, en general, menos grave que equivocarnos por defecto. Tratar como posible “paciente moral” a algo que no tiene intereses expresa una actitud de diligencia y prudencia debida. En cambio, ignorar los intereses de un sistema que sí experimenta constituye un daño moral mucho más serio.

Por eso, cuando las consecuencias morales de un falso negativo son altas, la prudencia recomienda diseños responsables y compasivos.

La IA de hoy y la de mañana

La IA actual no es una mente no biológica: es un proceso de optimización estadística. Eso le da potencia en muchas tareas y ceguera en otras. También abre una posibilidad: lo mental podría no requerir la ruta evolutiva biológica. Tal vez ciertos perfiles funcionales, si llegan a existir, basten para que haya “alguien en casa”.

Si nunca surgen experiencias artificiales, contaremos con herramientas más seguras y fáciles de controlar. Si llegan a surgir, es mejor que nos encuentren preparados. Y eso exige ampliar guías éticas como los Principios de Asilomar, que aún no contemplan el bienestar de sistemas futuros.

The Conversation

Este texto ha sido posible gracias a las Jornadas “La IA y las fronteras de la consideración moral” organizadas por el proyecto de investigación “Environmental practice and wild animal ethics in the context of the climate crisis: a longtermist approach” (EALONG), ref. PID2022-142980NB-I00, financiado por la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del cual soy investigador.

ref. ¿Siente y padece la inteligencia artificial? – https://theconversation.com/siente-y-padece-la-inteligencia-artificial-270095

Zohran Mamdani: cómo su historia personal lo llevó a la alcaldía de Nueva York

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Caballé May, Profesor de creatividad, storytelling y comunicación política creativa, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Zohran Mamdani comparece ante los medios durante la campaña a la alcaldía de Nueva York. Ron Adar/Shutterstock

Zohran Mamdani, un completo desconocido 10 meses antes de las elecciones a la alcaldía de Nueva York, se convirtió en su ganador. Y lo hizo contra pronóstico, sin dinero y sin los poderes a favor.

Mucho se ha escrito sobre las claves de su éxito: un mensaje claro centrado en necesidades básicas –congelación de los alquileres, autobuses gratuitos, cuidado infantil universal…–, un ejército de 100 000 voluntarios coordinados para hacer llegar este mensaje, puerta a puerta, a tres millones de hogares, y una brillante estrategia de redes sociales.

Pero no fue solo gracias a esto. Detrás hubo una estrategia política que tomó como base la autenticidad del hoy alcalde para construir un determinado relato político.

Joven, inmigrante, musulmán y un socialista demócrata

La campaña de Mamdani se fundamentó en una apuesta clara por la autenticidad centrada en sus rasgos más íntimos y personales: es un joven inmigrante musulmán (nacido en Uganda) y se considera un socialista demócrata, un término tradicionalmente tabú en la escena política estadounidense.

En lugar de distanciarse de todas estas etiquetas, las abrazó para construir una personalidad auténtica y crear un relato creíble sin huir de lo que es, construyendo así confianza.

En política a menudo se habla de autenticidad como una característica personal: alguien es natural, espontáneo, genuino. Pero la autenticidad no es solo una actitud casual, sino una decisión estratégica que convierte una forma de ser en una arquitectura comunicativa que se trabaja, construye y cuida.

En su caso, la aprovechó para convertirse en una especie de creador de contenido de redes sociales que, en lugar de dar mensajes institucionales, usó el estilo que caracteriza a esas plataformas aplicado a su campaña.

Vídeos cortos, un lenguaje claro y directo (en diferentes idiomas), visitas a colmados, conversaciones con taxistas, entrevistas o colaboraciones con influencers… Usó la cotidianidad, las historias de la gente de la calle y los escenarios del día a día de muchas personas como escenario y recurso narrativo.

De esta forma, consiguió conectar emocionalmente con las diferentes comunidades de neoyorquinos, haciendo que muchos de ellos se vieran representados a sí mismos en la campaña y percibieran a Mamdani como “uno de los nuestros”.

O, como dijo Immanuel Kant, consiguiendo crear “el sentimiento universal de sentirse parte de algo”, de ser parte de algo.

Storytelling: la construcción de relato en política

Pero en política no hay nada casual. Y, aunque haya un punto de partida real (personalidad y autenticidad del candidato), hay otra parte de construcción narrativa.

La narración de historias es una herramienta que se ha utilizado en la publicidad para transmitir mensajes y valores, en la educación para enseñar a través de las moralejas y en política para generar imágenes que consolidan conceptos y provocan emociones.

Como bien apunta el profesor de comunicación política Toni Aira en su libro Mitólogos, la pasión de las historias permite generar una fuerte conexión con el público. De ahí que la imagen que proyectan los políticos esté cuidadosamente diseñada con intención de emocionar, evocar recuerdos, activar ideas profundas y generar adhesión.

Actualmente, en muchos casos, mirar ha sustituido a pensar, porque es más eficaz un símbolo fuerte que un argumento largo. De este modo, lo que cuenta ya no es lo que un político dice, sino la imagen que proyecta, su “mito personal” ante la masa.

El objetivo es que la ciudadanía conecte con el político de manera pasional, que este le explique algo que le interese, que le divierta, que le sorprenda, que le entienda, que le guste, pero sobre todo, que le implique personalmente. Y las historias son un vehículo perfecto para ello.

Christian Salmon, escritor y autor de libros sobre la materia como Storytelling: La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, afirma que esta técnica narrativa es un arma de distracción masiva, una manera de utilizar la narración para convencer y movilizar a la opinión.

Para Salmon, las campañas electorales son duelos de historias en las que intervienen 4 elementos, que podemos identificar claramente en la campaña de Mamdani:

Storyline (relato central): explicar una historia capaz de formar la identidad narrativa del candidato. En este caso, joven outsider con raíces comunitarias y compromiso con políticas de accesibilidad que representa el cambio y una alternativa al establishment.

Framing (marco discursivo): enmarcar el mensaje ideológico del candidato mediante un registro de lenguaje coherente y creando metáforas. El mensaje de Mamdani se enmarcó en las necesidades básicas de la gente (no se puede vivir en Nueva York), no en retórica económica abstracta, y usó metáforas como “poder popular” para dar un sentido simbólico a la participación colectiva.

Timing (temporización): inscribir la historia en el tiempo de la campaña, gestionando los ritmos y tensión narrativa a lo largo de la misma. Mamdani construyó impulso a medida que avanzaba la campaña, pasando de ser el “candidato outsider” a ser “el candidato que puede ganar”. Además, una vez ganó, activó su web de transición The Work Starts Now, para que la historia de campaña quedara conectada con la futura historia de gobierno (relato continuo).

Networking (creación de redes): crear una comunidad en internet y sobre el terreno. Propiciar un entorno contagioso capaz de captar la atención del público. Él lo hizo con un ejército de 100 000 voluntarios entusiastas encargados de generar energía y contagio para movilizar el voto y crear conversación.

La campaña funcionó, en palabras de la periodista política Makena Kelly, como una especie de “fandom político” –una comunidad de aficionados apasionados que comparten un interés profundo por un tema específico– donde Mamdani no solo era un candidato, sino un personaje con seguidores que creaban memes y contenido proactivo. Esto convirtió la campaña en un movimiento cultural participativo, no solo electoral.

Las narrativas no son ni buenas ni malas, pero existen

El uso del storytelling, la narración personal y comunitaria, la utilización de redes y la movilización cultural se aleja mucho del modelo tradicional de carteles, mítines y discursos formales y lleva las campañas políticas a un terreno en el que la imagen, la narrativa y la proximidad emocional cuentan igual (o más) que el discurso ideológico puro y duro.

Por otro lado, Christian Salmon apunta que vivimos un clima político y social donde las narrativas se convierten en herramientas poderosas para crear polarización y dividir a la sociedad en grupos enfrentados. Narrativas que refuerzan los conflictos en lugar de promover el diálogo, como las que representa el trumpismo.

Por lo tanto, es importante ser conscientes de que la seducción y la persuasión no son ni buenas ni malas por sí mismas; todo depende de cómo se usen. Pueden servir tanto para influir de manera positiva como para manipular.

Comprender cómo las narrativas influyen en nuestra visión del mundo es esencial para poder desenmascarar la manipulación y, al mismo tiempo, aprovechar esas mismas herramientas para comunicarnos de forma efectiva y persuasiva.

The Conversation

Jordi Caballé May no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Zohran Mamdani: cómo su historia personal lo llevó a la alcaldía de Nueva York – https://theconversation.com/zohran-mamdani-como-su-historia-personal-lo-llevo-a-la-alcaldia-de-nueva-york-271167

A conversar se aprende

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estrella Montolío Durán, Catedrática de Lengua Española. Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

Dime Berlin

Las redes sociales y los móviles se han revelado como un gran disruptor para las conversaciones cara a cara. Investigaciones recientes están demostrando de manera fehaciente que el uso irreflexivo (y casi adictivo) del móvil tiene un efecto directo en la calidad de las conversaciones que mantenemos.

La relación compulsiva con los dispositivos vampiriza la atención, base de la escucha y de la conversación significativa. Los estudios revelan que la simple presencia de un móvil, aunque esté en modo silencio, divide la atención de los participantes entre las personas reales presentes y la gente virtual. Ese móvil silencioso inhibe la posibilidad de iniciar y compartir conversaciones de interés, dado que los participantes sospechan de manera inconsciente que el dispositivo puede reclamar la atención de su propietario en cualquier momento desde un universo virtual paralelo, por lo que deciden “surfear” los temas de conversación en lugar de profundizar en ellos.

De hecho, los niños y jóvenes que han crecido en familias en las que las comidas familiares han estado colonizadas por pantallas (televisión, tablet y el omnipresente móvil) muestran un déficit manifiesto de habilidades comunicativas y conversacionales. No saben interpretar las señales no verbales de sus interlocutores (activan menos neuronas espejo, base de la empatía); y temen exponerse a la conversación real “no editada previamente”, es decir, realizada aquí y ahora. Claro está, saben “hablar”, pero no gestionan con solvencia el intercambio cooperativo que nos ha permitido a los humanos llegar hasta el siglo XXI: la conversación.

Aprender a conversar de manera competente

El lenguaje articulado, una capacidad intrínsecamente humana, es de naturaleza genética; esto es, cualquier ser humano, por remoto que sea el lugar en el que ha nacido, puede hablar. La dimensión más genuina del lenguaje como herramienta de comunicación es la conversación cotidiana. Y a conversar de manera solvente se aprende. Entre otras habilidades, se aprende cómo entrar de manera adecuada en las conversaciones, cómo mantenerlas en un tono cooperativo o cómo afrontar con empatía y asertividad los diálogos difíciles.

En otras palabras, el lenguaje es, por tanto, un don innato. La conversación, en cambio, es un aprendizaje cultural.

En este sentido, es necesario subrayar la importancia educativa de la familia en las capacidades conversacionales de sus retoños. Del mismo modo que nuestras familias nos dotan de un determinado capital económico –y, así, algunos tienen la fortuna de heredar un piso, mientras que otros tenemos que adquirirlo con nuestros propios medios–, las familias nos proporcionan también un determinado capital lingüístico. Por ejemplo, el acceso a un léxico amplio, preciso, cuidado, quizá incluso plurilingüe; o, con menor fortuna familiar, a un vocabulario simple y reducido. Lo mismo cabe decir sobre la sintaxis: algunos heredan el contacto desde la infancia con construcciones sintácticas complejas que permiten elaborar el pensamiento con mayor sofisticación, mientras que otros infantes reciben de su entorno verbal solo estructuras paratácticas sin apenas conexión entre ellas.

Pues bien, de la misma manera, nuestras familias nos confieren también un determinado capital conversacional. Todos hemos podido observar niños que pueden afrontar con tranquilidad conversaciones, por ejemplo, con adultos de mayor jerarquía que sus padres, mientras que otros se sienten confusos porque no saben cómo deben reaccionar. Hay niños que han aprendido a inhibir su habla mientras habla su interlocutor y a esperar su momento, frente a otros chiquillos (y multitud de adultos) que no han recibido nunca esa enseñanza.

En las sociedades desarrolladas, el ideal es que la escuela funcione como instrumento de igualación que permita que los niños que han crecido con una práctica lingüística y conversacional de menor calidad en sus familias puedan entrar en contacto con modelos lingüísticos más ricos y estimulantes, que les permitan reconocer y expresar mejor sus emociones, sentimientos y argumentaciones. Sin embargo, esa igualación no siempre funciona de manera óptima.

Nuestras conversaciones nos identifican

Educar(nos) en el lenguaje y la conversación es crucial por muchas razones, que se concretan en el hecho de que nuestra manera de conversar tiene un impacto decisivo en la construcción de nuestra imagen, de la percepción que los demás tienen de nosotros.

Nuestras conversaciones nos identifican, nos construyen como individuos y crean o destruyen nuestras relaciones sociales, tanto las personales como las profesionales. Sherry Turkle lo expresa así en su metaestudio sobre la conversación: “La calidad de nuestras conversaciones está directamente ligada a nuestra felicidad personal y a nuestro éxito social y profesional”.

Necesitamos urgentemente una alfabetización conversacional

Si lo pensamos, resulta llamativo el muy distinto grado de interés que reciben en el espacio público diferentes –por así decirlo– “automatismos humanos”. La respiración o la alimentación son un caso claro: la nutrición se ha convertido en un tema prioritario de salud pública. Por el contrario, conocemos muy poco la extraordinaria capacidad humana que es el lenguaje articulado. ¿Qué sabemos acerca de cómo afrontar una conversación que se anticipa incómoda? ¿Sobre cómo dialogar con personas diferentes a nosotros? ¿Sobre cómo –lección primera de empatía y cooperación– escuchar al otro cuando habla?

Necesitamos urgentemente una alfabetización conversacional en nuestros espacios públicos que nos permita tener mayor reflexividad y conocimiento sobre las extraordinarias potencialidades de la conversación cotidiana, así como identificar cuándo nos encontramos ante una conversación basura, que, como la comida basura, no alimenta, sino que, antes bien, intoxica.

Cuando mantenemos una conversación humana, aquí y ahora, en la que los cuerpos están presentes y la atención también, ocurren fenómenos fascinantes. Por un lado, se produce una sincronización corporal: los cuerpos de las personas que interactúan se adaptan el uno al otro, se imitan inconscientemente, coordinándose entre sí. Y no solo eso, sino que las tomografías muestran que los cerebros de quienes conversan se sincronizan igualmente y que la sincronización es tanto más intensa cuanto más profunda y significativa resulta la conversación para quienes hablan.

Una sugerencia: cenar en casa sin móviles ni dispositivos a la vista manteniendo una conversación genuina tiene un impacto en el éxito personal y profesional de los más jóvenes de la familia superior a pagarles un máster en una escuela de negocios.

The Conversation

Estrella Montolío Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. A conversar se aprende – https://theconversation.com/a-conversar-se-aprende-270502

The year’s best meteor shower is about to start – here’s how to see it

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Jonti Horner, Professor (Astrophysics), University of Southern Queensland

Peak of the Geminids in 2017. Dai Jianfeng/IAU OAE, CC BY

Where many other meteor showers are often over-hyped, the Geminids are the real deal: far and away the best shower of the year, peaking on December 14–15 in Australia and Aotearoa New Zealand.

The Geminids – dust and debris left behind by the rock comet Phaethon – put on a fantastic display every year, but 2025 promises to be extra special because the Moon will be out of the way, giving us perfectly dark skies.

So where and when should you look?

Meteors that radiate from the constellation Gemini

The key thing for working out the visibility of a meteor shower is its “radiant”, the single point in the sky from which the meteors seemingly originate. For the Geminids, at their peak, that point lies within the constellation Gemini, near the bright star Castor (α Geminorum).

The radiant is a result of perspective – the dust that causes a given meteor shower is all travelling in the same direction towards Earth, just like the lines in the drawing below.

The higher the radiant is in the sky, the more meteors you will see. When the radiant is below the horizon, you won’t see any meteors from that shower because they are hitting the other side of the planet.

Artwork demonstrating 1-point perspective drawing. Parallel lines diverge from the perspective of the viewer, from a radiant point on the horizon.
The dust that creates a meteor shower is all moving in the same direction. As meteors approach the observer, they appear to radiate from a single point on the horizon – the result of perspective.
Braindrain0000/Wikipedia, CC BY-SA

What time should I look?

The absolute best time to observe is when the radiant is at its highest in the sky, called “culmination”, which happens around 2am or 3am local time on December 15. But any time between midnight through dawn will be a great time to watch the meteor shower in Australia and New Zealand.

The time at which the Geminid radiant rises varies depending on your latitude. The farther south you live, the later the radiant will rise. And the farther north you live, the higher in the sky the radiant will reach, increasing the number of meteors you will see per hour.

The more light-polluted your skies, the fewer meteors you’ll see. Fortunately, the Geminids often produce many bright meteors so it’s worth looking even from inner city locations. Just remember the rates you see will be markedly worse than if you were camping somewhere dark in the countryside.

If the forecast is cloudy for the night of the Geminid maximum, the nights of December 13 and 15 will still offer a decent display, although not as spectacular.

Where should I look?

The Geminids can appear in any part of the night sky, but the best place to look with the unaided eye is usually around 45 degrees to the left or right of the radiant (whichever direction is a darker sky for you).

The easiest way to work this out is to find the constellation Orion, and look so that Orion is about 45 degrees from the centre of your vision.

I’d recommend spending at least an hour out beneath the stars when looking for Geminids, to give your eyes enough time to adapt to the darkness. Don’t look at your phone or any other bright lights during this time. Instead, take some blankets and pillows and lie down.

Ideally, you want to be resting so that the centre of your vision is about 45 degrees above the horizon. Then lie back, and enjoy the show. Remember that meteors come in randomly – you might wait ten minutes and see nothing, then three come along all at once.

Why do meteors look different in photos?

In the days after the Geminid peak, you’ll doubtless see lots of spectacular images on social media. But photos showing dozens of meteors against the background stars are composites of many photographs taken over a period of several hours.

Keen photographers will often set up their cameras pointing at the northern sky, take a lengthy series of exposures, then pick those with meteors in them and stack them together to make a composite image.

If you want to try this yourself, here are a couple of useful tips.

First, to avoid any star trails on your individual images, follow the rule of 500. Find out the focal length of your lens (common wide-angle lenses have focal lengths of 14 to 35mm), and set your exposure time to be less than 500 divided by the focal length of your lens. For example, if you’re using a 50mm lens, you’d have to keep your exposures under 10 seconds.

Next, set the lens focal ratio, or f-number, to be as small as possible. This will ensure the lens is wide open, allowing it to gather as much light as it can during each image.

Finally, set the ISO of your camera to be relatively high, choosing a number of at least 1,600. The higher you set the ISO, the more sensitive your camera will be to light, and the fainter the objects visible in the dark sky images. However, be warned that setting the ISO too high can make your images grainy.

Once all that is done, set up your camera with the field of view you want to image, take a timelapse of the sky, and leave your camera running while you watch the skies. Hopefully over the course of an hour or two under the stars you might just capture some spectacular shots of debris bits burning up high overhead.

The Conversation

Jonti Horner does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The year’s best meteor shower is about to start – here’s how to see it – https://theconversation.com/the-years-best-meteor-shower-is-about-to-start-heres-how-to-see-it-270809

Millions of hectares are still being cut down every year. How can we protect global forests?

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Kate Dooley, Senior Research Fellow, School of Geography, Earth and Atmospheric Sciences, The University of Melbourne

David Clode/Unsplash, CC BY

Ahead of the United Nations climate summit in Belém last month, Brazil’s President Lula da Silva urged world leaders to agree to roadmaps away from fossil fuels and deforestation and pledge the resources to meet these goals.

After failing to secure consensus, COP president Andre Corrêa do Lago announced these roadmaps as a voluntary initiative. Brazil will report back on progress at next year’s UN climate summit, COP31, when it hands the presidency to Turkey and Australia chairs the negotiations.

Why now?

These goals originate in the outcomes of the first global stocktake of the world’s progress towards the Paris Agreement goals, undertaken in 2023.

At the COP28 talks in Dubai in that year, there was an agreement to transition away from fossil fuels and to halt and reverse deforestation and forest degradation by 2030.

Yet achieving these goals relies on a “just transition”, where no country is left behind in the transition to a low-carbon future, including a “core package” of public finance to address climate adaptation, and loss and damage. The Belém outcome fell short.

Forests need urgent protection

Forest loss and degradation is continuing, at an average rate of 25 million hectares a year over the last decade, according to the Global Forest Watch. This is 63% higher than the rate needed to meet existing targets to halt and reverse forest loss by 2030. Yet the climate pledges submitted for the Belém COP remain far off track from this goal.

In the 2025 Land Gap Report, my colleagues and I calculated the scale of this “forest gap” – the gap between 2030 targets and the plans countries are putting forward in their climate pledges.

We show the pledges submitted up until this year’s climate summit would cut deforestation by less than 50% by 2030, meaning forests spanning almost 4 million hectares would still be cut down. The pledges would lead to forest degradation – where the ecological integrity of a forest area is diminished – of almost 16 million hectares. This is only a 10% reduction on current rates.

Together, this equates to an anticipated “forest gap” of around 20 million hectares expected to be lost or degraded each year by 2030. That’s about twice the size of South Korea.

While this underscores the inadequacy of commitments, the analysis is based on pledges submitted up to the start of November 2025, at which point only 40% of countries had submitted an updated plan. Major pledges submitted during COP31, such as from the European Union and China, don’t change this analysis.

A graph which shows the rate of deforestation.
This graph shows that deforestation will only slightly decline to 2030.
The Land Gap Report, author supplied., CC BY-ND

Forest wins in Belém

A new fund for forest conservation called the Tropical Forests Forever Facility was launched in Brazil, attracting $US6.7 billion in pledges ($A9.9 billion).

The forest fund focuses on tropical deforestation, the leading cause of emissions from forest loss. But it has a key weakness: the limited monitoring of forest degradation, which could allow countries to receive payments while still logging primary forests.

The fund will establish a science committee and plans to revise monitoring indicators over the next three years, creating an opportunity to strengthen its ability to protect tropical forests.

The COP30 leaders’ summit also saw the launch of a historic pledge of $US1.8 billion ($A2.7 billion) to support conservation and recognition of 160 million hectares of Indigenous Peoples’ and local communities’ territories in tropical forest countries.

But global action on forests needs to extend beyond the tropics. Across both deforestation and forest degradation, countries in the global north are responsible for over half of global tree cover loss over the past decade.

Beyond tropical forests

A global accountability framework on forests is needed to increase ambition on climate action, including in countries and regions with extensive forests outside of the tropics, such as Australia, Canada and Europe.

In these regions, industrial logging is a major driver of tree-cover loss but receives far less political attention than tropical deforestation. Wide gaps in reporting – between deforestation and degradation – mean logging-related degradation often goes unreported.

In a recent report, only 59 countries said they monitor forest degradation. Of these, almost three-quarters are tropical forest countries.

The IUCN World Conservation Congress which convened in Abu Dhabi this year prior to the climate talks, passed a motion on delivering equitable accountability and means of implementation for international forest protection goals. This arose from a recognised need to promote greater equity between forest protection standards across countries.

All of this points to an urgent need to tackle accountability in global forest governance. The forest roadmap to be developed for COP31 in Turkey could help drive stronger alignment and transparency across UN processes – from the UN Forum on Forests’ 2017–2030 plan to the Kunming–Montreal Global Biodiversity Framework’s 2030 target to halt and reverse biodiversity loss.

Australia could lead on forests

Australia could help shape global forest ambition in the year ahead. It is currently the only country whose emissions pledge promises to halt and reverse deforestation and degradation by 2030 – a clear signal that developed countries must lead.

As President of Negotiations at COP31, Australia can also work to bring Brazil’s fossil-fuel and forest roadmaps into formal negotiations. But this depends on two things: credible leadership from developed countries and long-overdue climate finance. As a deforestation hotspot with ongoing native forest logging, Australia has considerable work to do to meet this responsibility.

The Conversation

Kate Dooley receives funding from the Australian Research Council and a number of philanthropic organisations. She is affiliated with Climate Integrity and the Minderoo Foundation.

ref. Millions of hectares are still being cut down every year. How can we protect global forests? – https://theconversation.com/millions-of-hectares-are-still-being-cut-down-every-year-how-can-we-protect-global-forests-271305

From violence to sexism, the manosphere is doing real-world harm

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Stephanie Wescott, Lecturer in Humanities and Social Sciences, Monash University

There’s a lot of debate around the extent to which the manosphere is playing out in young people’s lives and relationships.

Some suggest claims about its malevolence are misplaced. Others think just because something happens on the internet doesn’t mean it affects lives offline.

But this is in spite of a significant body of international evidence demonstrating otherwise.

In this post-digital world, there is little or no delineation between what’s viewed and experienced online and what’s lived in the “real world”. This means we have to consider the potential harms of the manosphere not as remote or abstract, but as very real, and not to be underestimated or dismissed.


The manosphere is a dark, but growing part of the internet that’s harming everyone who gets sucked into it. In this three-part series, Mapping the Manosphere, we’ve asked leading global experts how it works, what the dangers are and how this online phenomenon is playing out in real life.


The gendered content spiral

Broadly, the manosphere is centred on anti-feminist, misogynistic and anti-gender equity ideas and beliefs.

Content can initially appear harmless. It presents information and insights on health, fitness and financial and career success.

But these are generally founded on rigid gendered ideas, extreme and isolating pursuits of self-optimisation and unhealthy ideas about relationships with girls and women.

New research has identified a shift in the manosphere towards monetisation and entrepreneurialism, pseudoscientific wellness and alignment with extremist ideologies.

Users may encounter content documenting extensive morning routines, beginning at 4am. These videos can involve multiple wellness-related rituals, recommendations for preserving testosterone and diatribes on men’s “natural” roles as providers in families.

The manosphere-adjacent content generated by tradwives and stay-at-home girlfriends glamorises an aesthetic (and unrealistically curated) life. A woman performs a caring role in the home, eschewing feminist ideas and advocating for women’s return to the domestic sphere. It’s often connected to white supremacy and far-right conservatism.

There’s evidence boys can find manosphere content helpful and positive. Some seek validation and belonging in these spaces. This makes the need for them to engage with it critically even more prescient.




Read more:
Andrew Tate’s extreme views about women are infiltrating Australian schools. We need a zero-tolerance response


Real world harm

Research widely shows manosphere content causes harm both to the boys and men who consume it and to other people in their lives.

Viewing manosphere content is known to contribute to unhealthy body image.

It’s also correlated with beliefs about violence being permissable. Manosphere sentiments have been identified among men who use violence.

Our own research into the influence of manosphere content on boys’ behaviour in schools has shown a shift in boys’ attitudes towards women and girls. Teachers report a discernible uptick in incidents of gendered violence in their schools.

There is also emerging concern that manosphere content is contributing to a growing ideological shift among young men and young women. Across multiple countries, young men are voting more conservatively than they used to.

Further, there is abundant evidence that misogyny – a central theme in manosphere content – is a predictor of all forms of violence. This includes gendered and extremist violence.

There are growing calls to place misogyny at the centre our efforts to counter and prevent extremist violence. This means acknowledging the role of the manosphere in the process of radicalisation.

Racist and misogynistic attitudes have also been identified as an urgent concern for national security, given they are significant contributors to violent extremism.

The next frontiers

Alongside the established evidence, we’re seeing signs of where manosphere beliefs might manifest next, if they’re not already.

In relationships and dating, advice circulating in manosphere spaces will continue to frame intimacy in transactional and manipulative terms. This will erode trust and mutual respect, while normalising male entitlement in relationships.

Over time, such messages risk reshaping, or regressing, expectations around dating, partnership and consent.

The manosphere frames work and study as competitive arenas. Discourses around “high-value men” and “grindset” culture blame feminism or “soft” values for perceived failures or inefficiencies.

This narrative positions career success as a masculine duty while dismissing collaboration and diversity, with long-term consequences for equity in schools and workplaces.

Finally, manosphere narratives of crisis and decline dovetail with populist politics. In the United States, aggrieved male voters have been central to Donald Trump’s rise, attracted to his performance of strongman masculinity.

Similar dynamics may surface elsewhere as leaders draw on themes of protection, grievance and a return to “traditional” order.

Where to from here?

The danger with manosphere content is that it exaggerates and exploits real (and perceived) problems, issues and grievances among boys and men.

This means it’s becoming increasingly confusing to distinguish what are legitimate and reasonable concerns among young men, what has been manufactured and how victimhood can be constructed by manosphere ideologies.

Explicitly honing young people’s critical digital literacy is an approach committed to empowering young people to become more discerning: to question not only what they are viewing, but its ideologies, how it makes them feel, and how platforms are designed to provoke particular responses.

These skills promote the development of critical dispositions: essential lifelong skills that will help them to consume information in a more informed, less reactive way. Critical literacy in kids helps them to become adults who are informed and discerning, and therefore, empowered.

The Conversation

Stephanie Wescott receives funding from Australia’s National Research Organisation for Women’s Safety and the Australian Research Council.

Steven Roberts receives funding from the Australian Research Council and the Australian Government and ANROWS, among others. He is a Board Director at Respect Victoria, but this article is written wholly separate from and does not represent that role.

ref. From violence to sexism, the manosphere is doing real-world harm – https://theconversation.com/from-violence-to-sexism-the-manosphere-is-doing-real-world-harm-262205

La despedida de Robe Iniesta, un poeta que transformó la música española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Amorós Sánchez, Directora del Área de Música, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Extremoduro en su gira realizada en el año 2014. Ruben Ortega/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Si te vas… me quedo en esta calle sin salida”.

Ese verso, de una de las canciones míticas de Robe Iniesta, resuena hoy como un sentimiento compartido entre los miles de seguidores que despiden al artista tras conocerse la noticia de su adiós definitivo. La muerte inesperada de Robe Iniesta (1962–2025), ocurrida en la madrugada del 10 de diciembre a los 63 años, ha sacudido al país: las redes se han llenado de homenajes sinceros, a los que se han sumado artistas y figuras públicas de todos los ámbitos.

¿Quién fue Robe Iniesta?

Quienes lo hemos seguido durante décadas sabemos que no solo nos unió su música, sino la certeza de que sus versos arropaban y daban forma a emociones difíciles de nombrar. Robe no fue únicamente un referente de la música en español; fue, para muchos, quien reinventó la sensibilidad del rock nacional, marcó una forma de mirar a la vida y creó una obra capaz de atravesar generaciones enteras.

En los últimos y escasos conciertos del cantante se podía ver ese legado evidente: públicos de todas las edades compartiendo letras míticas; rockeros abriéndose a baladas; amantes del pop descubriendo la fuerza de sonoridades más crudas; padres que crecieron con Extremoduro acompañados por hijos que heredaron esa devoción; y jóvenes recién llegados que encontraban en su directo una calidad musical y una sensibilidad que parecía venir de otra época y, al mismo tiempo, adelantarse a todas.

‘Si te vas’, de Extremoduro.

El rock transgresivo

Roberto Iniesta Ojeda nació en Plasencia en mayo de 1962 y su interés por la música y la escritura le llevaron a formar con apenas 20 años Dosis Letal, el grupo precursor a su proyecto más conocido: Extremoduro. Esta nueva banda nació en 1987 como un proyecto local y autogestionado, que grabó su primer disco con una especie de crowfounding antes siquiera de que existiera este término. El resultado, Rock transgresivo (1989), dio nombre a un estilo propio que marcaría el resto de sus discos posteriores, 11 en total.

Extremoduro pasó del underground a la primera línea del rock español, especialmente tras Agila (1996), el álbum que introdujo arreglos más complejos –como en el tema “So Payaso”– y consolidó a Robe como un letrista único, capaz de unir metáfora, humor negro y una profundidad emocional rara en el género.

Durante su etapa de madurez, Robe desarrolló una poética más introspectiva y elaborada. Yo, minoría absoluta (2002) consolidó el prestigio de la banda con himnos como “La vereda de la puerta de atrás” o “Standby”, mientras que el conceptual La ley innata (2008) los catapultó a una consagración definitiva.

Este último álbum, considerado una de las propuestas más ambiciosas del rock español, quebró los esquemas de la industria con una estructura continua en seis movimientos, enmarcados por una introducción y una coda, como si de una sinfonía clásica se tratara. Sus canciones, que duplican o incluso triplican la duración de un tema convencional, incluyen auténticas joyas como “Dulce introducción al caos”, cuyos acordes iniciales son ya parte de la historia de la música en España.

En esos años, Extremoduro movilizó a auténticas multitudes. En 2008, reunió a más de 400 000 personas en 48 conciertos por toda España. El tour terminó con dos noches consecutivas en el entonces Palacio de los Deportes (hoy Movistar Arena) de Madrid, con 14 000 asistentes en cada fecha, en una época en la que esas cifras eran mucho menos comunes que hoy en día.

Su siguiente gira multitudinaria llegó en 2014, con un directo de más de tres horas y una calidad inmejorable. Yo, personalmente, nunca olvidaré aquel concierto de la Plaza de Toros de Las Ventas el 13 de septiembre. En aquellos espectáculos, el público se organizaba en zonas delimitadas para “marchosos” y “tranquis”, aunque Robe insistía siempre en que cada cual “se colocara” donde quisiera… en todos los sentidos.

Con el tiempo, la energía del directo fue apagándose, pero no sucedió lo mismo con su vínculo con el público ni con la vigencia de obra. Hoy, Extremoduro mantiene cerca de dos millones de oyentes mensuales en Spotify, pese a no haber publicado un álbum en más de doce años.

En definitiva, a lo largo de sus 105 canciones originales, la banda construyó himnos del rock español y un catálogo que desafió los estándares de la música. Su libertad creativa se convirtió en su sello inconfundible: extremo y duro. El nombre del grupo siempre ha llevado consigo esa doble lectura, cargada de intención, que los fans acogimos desde el principio.

Una leyenda sin límites, un legado infinito

A partir de 2015, Robe inició su carrera en solitario en una versión más depurada del creador, con un mayor componente literario y conceptual. Mayéutica, de nuevo con una estructura de sinfonía, es uno de los trabajos más brillantes del cantante en su última etapa. Un álbum con mucha música y sonidos nuevos que, a su vez, recordaban a los de siempre.

La historia de Robe Iniesta no es solo la de un músico, sino la de un creador que convirtió la marginalidad en poesía, la rebeldía en filosofía cotidiana y el rock español en un refugio emocional compartido. Muchas de sus frases han trascendido la música para acabar estampadas en libretas, camisetas, paredes, cuadernos de instituto y, sobre todo, en la piel de miles de personas. Algunas como “sueña que sueña con ella; si en el infierno le espera, quiero fundirme en tu fuego como si fuese de cera”, “Bebe rubia la cerveza pa’acordarse de su pelo” o “¿Dónde están los besos que te debo? En una cajita… que nunca llevo el corazón encima, por si me lo quitan” no se nos olvidan por mucho tiempo que pase.

Hoy nuestros corazones están encogidos, como en esa cajita de la que él hablaba en “A fuego”, sabiendo que no habrá nuevas canciones de Robe, pero agradecidos también por el legado infinito que nos deja y que, ahora más que nunca, seguirá sonando en nosotros.

The Conversation

Beatriz Amorós Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La despedida de Robe Iniesta, un poeta que transformó la música española – https://theconversation.com/la-despedida-de-robe-iniesta-un-poeta-que-transformo-la-musica-espanola-271788

‘Buy now, pay later’ is everywhere this holiday season. Here’s how to avoid a debt hangover

Source: The Conversation – Canada – By Vivek Astvansh, Associate Professor of Quantitative Marketing and Analytics, McGill University

Each holiday season brings a predictable surge in consumer spending, but the way shoppers finance that spending is changing rapidly. While credit cards once dominated online checkouts, the growing popularity of buy now, pay later (BNPL) arrangements is changing how households manage short-term expenses.

BNPL refers to a short-term payment plan that retailers offer to shoppers at the point of purchase. The most common model is “pay-in-four” — rather than paying the full amount up front, the shopper pays 25 per cent immediately and the remaining 75 per cent over three equal instalments, typically debited automatically every two weeks.

This structure makes BNPL feel relatively frictionless and, for many shoppers, deceptively inexpensive.




Read more:
The hidden risks of buy now, pay later: What shoppers need to know


In 2024, BNPL accounted for five per cent of e-commerce transactions, a proportion expected to increase by 58 per cent by 2030. In comparison, credit cards accounted for 20 per cent of e-commerce transactions in 2024, and this share is projected to increase by only three per cent by 2030.

With half of consumers planning to rely on BNPL for their holiday purchases in 2025, understanding this shift has never been more timely.

As households prepare for another holiday season of spending, BNPL will appear across many checkout pages with promises of convenience and flexibility. But before clicking “pay later,” consumers should recognize that these loans carry real financial consequences.

Why is BNPL so attractive?

Two factors explain BNPL’s appeal. First, the time value of money suggests that funds available in the present are more valuable than the same amount in the future. By reducing the immediate out-of-pocket cost, it offers the impression of greater financial breathing room.

Many consumers also believe BNPL is always interest-free. While the pay-in-four model usually carries no interest, monthly payment plans usually do, sometimes as high as 35.99 per cent. The comparable highest annual percentage rate for credit cards is 26 per cent.

Second, BNPL loan provider companies such as Klarna, Affirm and Afterpay usually run only “soft” credit checks, which don’t affect a borrower’s credit score. This has led to a widespread assumption that BNPL primarily serves individuals with limited credit access.

But in practice, usage spans income levels. In Canada, for example, 40 per cent of BNPL users report high household incomes.

Such widespread use, however, is not without risks.

Why is BNPL risky?

Despite its user-friendly design, BNPL changes how people evaluate purchases. Its psychological effects can encourage overspending and contribute to longer-term financial strain.

BNPL can lead shoppers to prioritize immediate gratification over the delayed pain of payment, instilling what I call a “buy now, regret later” mentality.

Research has found that BNPL adoption increases shoppers’ purchase frequency and purchase amount. The effect is stronger for shoppers who are promotion-sensitive, young and low-income.

More worryingly, BNPL users incur higher overdraft charges, credit card interest and late fees than non-users. Shoppers are particularly vulnerable to overspending during the holiday season. While spending increases in holiday seasons, income does not, leading to debt accumulation.

5 points to keep in mind

Before choosing BNPL at checkout, shoppers should take a moment to consider what they’re agreeing to. The five points below can help consumers navigate these services more safely and avoid common pitfalls.

1. BNPL appears under other names. Not all instalment plans are described as BNPL, so make sure to read terms carefully to avoid being misled by marketing language.

2. BNPL can amount to a loan on top of a loan. When payments are drawn from a credit card, you are effectively borrowing twice and incurring a double risk. If an automatic debit fails, late payment fees can be substantial. Do not be misled when the checkout page states “you’ll never pay interest or late fees.”

3. Governments are increasingly asking BNPL companies to conduct hard credit checks and report defaulters to other financial institutions and governments. As a result, assurances that “your score won’t be affected” may no longer be reliable.

4. Consumer protection remains uneven. It’s unclear which government agency (if any) oversees BNPL complaints. Until regulations are fully developed and consistently enforced, your financial security is your responsibility.

5. BNPL expands the number of companies that handle your data. With credit cards, one financial institution manages the transaction. Under BNPL, consumers may shop at numerous retailers using different BNPL providers. Tracking which provider handled which purchase can be difficult and complicate disputes over unrecognized credit card charges.

3 questions to ask yourself before using BNPL

BNPL can be useful when employed thoughtfully, but it’s not suitable for every shopper or every purchase. Asking yourself the following questions can help you determine whether BNPL aligns with your financial habits and long-term goals.

  1. Who is offering the loan? Review the BNPL provider’s frequently asked questions and payment policies. Compare firms such as Affirm, PayPal, Afterpay and Klarna. Obfuscated and unclear answers signal less transparency, and you should avoid using such companies.

  2. Do you tend to buy products on impulse and lack financial self-control? If yes, be mindful of the risks of BNPL usage, as it may amplify that tendency.

  3. Would strengthening your financial literacy improve your decision-making? If so, consider subscribing to reliable financial education resources before relying heavily on BNPL.

BNPL is a fintech innovation. Used responsibly, it can help shoppers maintain liquidity. However, used carelessly, it can make it easier for shoppers to accumulate debt. As the holiday season approaches, an informed approach will help you appreciate its benefits and avoid risks.

The Conversation

Vivek Astvansh does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. ‘Buy now, pay later’ is everywhere this holiday season. Here’s how to avoid a debt hangover – https://theconversation.com/buy-now-pay-later-is-everywhere-this-holiday-season-heres-how-to-avoid-a-debt-hangover-271286