La nueva guerra rusa se libra dentro de los modelos de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Miembro del Grupo de Investigación Paz y Seguridad Internacional de la UCM (UCM-971010-GR96/20). Investigador del proyecto Radicalización política en entornos lúdicos digitales: producción, mediación y diseminación de ideologías extremistas -Rage Game- (PID2024-158794OB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades), Universidad Complutense de Madrid

La desinformación, como herramienta de influencia geopolítica, ha sido una constante histórica, pero su naturaleza y alcance han sido transformados radicalmente por la emergencia de la inteligencia artificial (IA) generativa.

La irrupción de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), como ChatGPT o Gemini, ha redefinido el campo de batalla informativo, desplazando el foco de la manipulación de las audiencias humanas a la contaminación de los propios sistemas algorítmicos.

Inundación de contenido pro-Kremlin

Este texto aborda esta mutación a través del análisis del fenómeno conocido como LLM grooming, una estrategia de influencia atribuida a actores estatales, notablemente la Federación Rusa, que busca infiltrar narrativas sesgadas directamente en los conjuntos de datos de entrenamiento de la IA.

Esta maniobra consiste en la inundación deliberada de la web con volúmenes masivos de contenido de baja calidad o narrativas manipuladas, diseñados específicamente para ser capturados por los rastreadores (crawlers) de los modelos de IA.

El objetivo primordial es que estos textos, que replican la visión pro-Kremlin, se integren en los conjuntos de datos de entrenamiento de los LLM o en las fuentes de información en tiempo real que estos modelos utilizan para generar respuestas.

El mecanismo de LLM grooming busca alterar la base cognitiva de los sistemas automatizados. Cuando un usuario interactúa con un LLM para obtener información sobre temas sensibles –como la guerra en Ucrania, la expansión de la OTAN o procesos electorales occidentales–, el modelo ofrece respuestas que ya incorporan sutilmente las narrativas diseñadas por Moscú.

Este proceso no solo busca influir en la opinión pública humana, sino que sesga el resultado generado por los sistemas de IA, convirtiéndolos en vectores involuntarios de propaganda.

La efectividad de esta táctica reside en la propia arquitectura de los LLM, que dependen de la abundancia y diversidad de datos para su funcionamiento, haciendo que la saturación intencionada de fuentes sesgadas sea un método de contaminación altamente escalable.

Portal Kombat en África

Un ejemplo paradigmático de esta estrategia es la operación Portal Kombat, documentada en febrero de 2024 por la agencia francesa VIGI-NUM/SGDSN.

Este informe reveló una red coordinada de al menos 193 portales web. La característica distintiva de esta red es que no produce contenido original, sino que se dedica a la replicación masiva y automatizada de publicaciones de medios rusos y figuras influyentes favorables al Kremlin. El propósito es claro: influir en países occidentales mediante la amplificación artificial de contenido.

La red Portal Kombat utiliza técnicas avanzadas de optimización para motores de búsqueda (SEO) y difusión multilingüe para asegurar que sus dominios sean indexados por motores de búsqueda, rastreadores y agregadores de noticias que, a su vez, son las fuentes primarias de los LLM.

Esta integración automática convierte a los modelos de IA en un vector de influencia invisible para la mayoría de los usuarios. Además, esta táctica se exporta a regiones geopolíticamente sensibles, como el continente africano, donde las campañas de Manipulación e Interferencia de Información Extranjera (FIMI) de Rusia encuentran ecosistemas informativos con menor resistencia institucional.

En estos contextos, la guerra informativa muta: el objetivo ya no es solo desbordar las redes sociales, sino infectar las infraestructuras algorítmicas que son percibidas erróneamente como neutrales.

Este patrón se extiende al ámbito electoral. Estudios recientes, como el del Center for International Governance Innovation (CIGI) sobre la injerencia rusa en las elecciones de EE. UU., indican un desplazamiento del foco: la manipulación se dirige a “contaminar” los LLM en lugar de centrarse exclusivamente en los electores humanos.

En la práctica, cuando un sistema de IA genera resúmenes, predicciones o análisis, la narrativa manipulada ya está integrada, permitiendo que los modelos actúen como generadores de propaganda sin que el usuario final detecte la fuente del sesgo.

¿Qué está en juego?

La amenaza del LLM grooming presenta una doble dimensión crítica. En primer lugar, el volumen de información: la necesidad insaciable de los LLM por datos de entrenamiento hace que la inyección de contenido prorruso desplace la base del modelo hacia un sesgo estructural.

En segundo lugar, la escalabilidad y automatización: al desplegar redes de replicación optimizadas para crawlers (un programa informático que navega por internet de forma automática, siguiendo enlaces para recopilar y analizar el contenido de las páginas web), Rusia reduce drásticamente los costos de producción de propaganda, multiplicando el alcance de su “fábrica de ruido” informativo y dirigiéndola al algoritmo, no al consumidor final.

Para las democracias y los medios de comunicación, esto plantea desafíos inéditos:

  • Fragmentación de la autoridad cognitiva: el debate sobre la verdad se desplaza de lo que el humano consume a lo que la IA ofrece como referencia. Si los sistemas generativos legitiman narrativas manipuladas, se erosiona la capacidad de la sociedad para señalar la propaganda.

  • Opacidad y trazabilidad de la influencia: rastrear la contaminación exige auditar las complejas y a menudo opacas cadenas de entrenamiento de los LLM, incluyendo rastreadores, agregadores de datos e indexación web.

  • Erosión ético y política y de la memoria social: la dependencia de “cajas negras” de IA que replican manipulación socava la confianza fundamental en la información digital y, al igual que en el concepto orwelliano de la manipulación de la memoria social, debilita la capacidad de resistencia política al fragmentar la realidad compartida.

Frente a esta realidad, las líneas de acción deben combinar estrategias clásicas (verificación, alfabetización mediática) con una adaptación regulatoria urgente.

En conclusión, la guerra informativa de Rusia no esperó a que la IA madurara para atacarla: la está moldeando desde su base de datos. La estrategia de LLM grooming abre un frente silencioso pero decisivo, donde el adversario busca contaminar el algoritmo que define lo que la sociedad percibe como verdad.

The Conversation

Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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No es ‘cafeteria’, sino cafetería: la importancia de las tildes en el paisaje urbano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Inmaculada Sanz Mateos, Profesora Ayudante doctora, Universidad de Salamanca

Pocas veces nos paramos a leer con detenimiento los carteles o letreros de un comercio o de un edificio público. Estamos tan acostumbrados a la información escrita que nos rodea, y a menudo nos satura, que hemos aprendido a “desconectar”. Como señala el filósofo Byung-Chul Han en su libro En el enjambre, “El exceso de información atrofia el pensamiento, la capacidad de distinguir lo esencial de lo no esencial”.

Si vemos el nombre de una calle, no pensamos en por qué se llamará así; si vemos una pintada o un grafiti solo pensamos en el acto vandálico, pero no en el mensaje poético o social; si entendemos una señal de tráfico, no nos preguntamos si será igual en todas partes; o si vemos el póster de un concierto, una procesión, una obra de teatro o una exposición, no solemos tener tiempo para pensar en cómo está escrito para persuadirnos.

El paisaje lingüístico

Todos los mensajes escritos que nos rodean forman ese paisaje lingüístico que hay en todos los espacios públicos de una ciudad o de un pueblo. Y nos está contando algo: con él recogemos, aunque a menudo de manera inconsciente, no solo el pulso social y cultural de una ciudad, sino su evolución temporal.

Por ejemplo: la elección en el nombre de los establecimientos (bares, tiendas de moda, de accesorios, talleres, etc.) puede centrarse en juegos semánticos o fonéticos: “Arte Un Tatoo”; en el uso de caracteres alfanuméricos: “A2Caras” (una copistería), para que el transeúnte interprete rápidamente el significado; y, en algunas ocasiones, el chiste o el guiño: “8 apellidos castellanos” (un bar) o “La última”, si eso fuera posible en un bar.

De Casa Paco a Paco’s

En los 70 y en los 80 la moda llegó con el uso (y abuso) del inglés o el francés para rotular los comercios. Todas las tiendas de moda eran boutiques y, por supuesto, eran muy chic; de ahí que, con la proliferación los pubs gracias al turismo, “Casa Paco” se convirtiera en “Paco’s”.

En la actualidad, el inglés prolifera en los nombres de empresas y marcas y en la publicidad, por la omnipresencia de este idioma en el ámbito cultural, político y económico. Aún así, el idioma materno suele generar confianza y cercanía. Así encontraremos “La antigua Botica” para un alojamiento en un pueblo frente al “apellido” Park o Beach en un hotel de costa.

En los últimos años se han ampliado mucho las investigaciones sobre este y otros comportamientos lingüísticos dado su impacto sociocultural. Es reflejo en vivo de la sociedad multicultural y multilingüe actual.




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El uso correcto de la lengua

Hay un aspecto del paisaje lingüístico menos descriptivo y más prescriptivo que también es importante: el papel que tienen los letreros y mensajes escritos que nos rodean como elemento didáctico para el ciudadano.

La información pública, tanto en lo que se refiere a mensajes públicos oficiales (en el transporte público, en los edificios institucionales…) como a letreros y carteles de negocios privados, debe cuidarse por higiene cultural y lingüística.

Leer, por ejemplo, “cafeteria” o “peluqueria” en lugar de “cafetería” o “peluquería” puede afectar a cómo acabamos pensando que se escriben estas palabras. El paisaje lingüístico debería ayudarnos a dejar fijada en nuestras retinas la manera correcta de escribir.

Letrero de una gestoría.
Inmaculada Sanz Mateos.

Errores ¿sin importancia?

Si iniciamos nuestro paseo y nos fijamos con atención en todo lo escrito, podremos darnos cuenta de cuántas faltas de ortografía se cometen en las rotulaciones de calles y establecimientos, así como en la información, institucional o privada, al usuario o cliente.

En muchas ciudades se cuida el mobiliario urbano, la estética de los edificios e, incluso, existe una normativa en el diseño de los rótulos y de las señales. Entonces, ¿por qué hay nombres de calles o señales mal escritos en las carreteras?

¿El descubridor de América o una parte de nuestro aparato digestivo?
Inmaculada Sanz Mateos.

¿Cómo saber si una calle rotulada como “Colon” está dedicada al conocido almirante o a una parte de nuestra anatomía?

Más allá de lo curiosos o graciosos que pueden resultar ciertos errores, existe el riesgo de crear confusión real, y no deberían ser ciudadanos comprometidos con la ortografía los que tuvieran que subsanarlos.

Una calle de Valladolid, en algunas zonas corregida espontáneamente por un vecino.
Inmaculada Sanz Mateos.

¿Y qué ocurre cuando es la inteligencia artificial de los sistemas de navegación la que decide nombres y ortografías? Durante mucho tiempo, el “Paseo de Isabel la Católica” de Valladolid fue para Google Maps el “Paseo de la Isabel la Catolica” (pronunciado catolíca, puesto que la rotulación de la calle no lleva tilde). Hoy, aunque el audio del navegador se ha corregido, la placa de la calle y el mapa siguen sin tilde.

Un cartel sin ninguna tilde.
Inmaculada Sanz Mateos.

Ahora que nos apoyamos tanto en la inteligencia artificial tendríamos que pensar que ella también aprende ortografía del contenido escrito, por lo que puede cometer las mismas faltas que ya existen en internet.

Con o sin máquinas, las instituciones públicas y privadas deberían cuidar no solo el qué se dice sino el cómo se escribe. Habría que contar con un control normativo más exhaustivo, igual que ocurre con el color o el tamaño de otros elementos urbanísticos. ¿No tendría la ortografía que ser igual de importante?

The Conversation

Inmaculada Sanz Mateos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cuidar al que enseña: la naturaleza como medicina contra el estrés docente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabela García Senent, Pedagoga, Profesora y Coordinadora de Innovación Pedagógica. Facultad de Educación UCJC, Universidad Camilo José Cela

Tatiana Beschastnova/Shutterstock

En las aulas españolas, cada vez más profesores llegan al final del trimestre con un desgaste que va mucho más allá del cansancio normal. Ansiedad, estrés, insomnio, sensación de agotamiento extremo… son síntomas frecuentes entre quienes dedican su vida a educar. Los datos lo confirman: el 63 % de los docentes en comunidades como Murcia sufren problemas de ansiedad, y en otras regiones como Madrid o Castilla-La Mancha la cifra alcanza el 80 %.

Un estudio piloto realizado en España mediante smartwatch muestra que el 84,4 % de los profesores manifestaron sentir estrés, y el 30,6 % lo considera “muy alto”. Otros informes recientes indican que dos de cada cinco docentes presentan síntomas compatibles con el síndrome de estar quemado, la ansiedad o la depresión.

A ello se suman las bajas laborales por depresión o sentirse quemado, que en los últimos años no han dejado de crecer. En otros países existen datos similares. Por ejemplo, en Australia el 90 % de los profesores reportan niveles de estrés entre moderado y extremadamente severo; y más de dos tercios muestran síntomas moderados o severos de depresión y ansiedad.

¿Por qué se queman los docentes?

La raíz de este malestar está en la burocracia excesiva, las clases con demasiados estudiantes por docente, la falta de recursos y, en muchos casos, la sensación de estar siempre “corriendo detrás” de demandas tecnológicas y sociales que cambian a un ritmo imposible de seguir.

En un mundo hiperconectado, donde la vida cotidiana ya acumula estrés por el uso constante de pantallas y redes sociales, la escuela se convierte en otro foco de tensión para el adulto que enseña.

Diversos estudios muestran que la tecnología puede contribuir significativamente al estrés y agotamiento docente, al aumentar las demandas laborales, como la preparación de clases digitales, la gestión de plataformas educativas o la disponibilidad fuera del horario laboral. Su impacto varía según el contexto y puede mitigarse cuando existe apoyo institucional, formación adecuada y recursos suficientes.

Volver a lo básico: tierra, plantas, aire libre

En este contexto, mirar hacia la naturaleza puede parecer una respuesta demasiado sencilla. Y sin embargo, los huertos y jardines han demostrado un poder terapéutico que la ciencia respalda desde hace décadas. En hospitales, centros de salud mental y programas de desintoxicación, la horticultura y la jardinería se usan como herramientas para reducir la ansiedad, mejorar el ánimo y favorecer la recuperación de pacientes).

Si la naturaleza ayuda a quienes atraviesan enfermedades o procesos de rehabilitación, ¿por qué no ofrecerla también a los docentes, cuya salud mental se resiente en silencio dentro de las aulas?




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Huertos escolares

Los huertos escolares ya han mostrado beneficios para los estudiantes: mejoran la alimentación, fomentan la concentración y fortalecen la relación con el entorno.

Pero hay un aspecto menos explorado: cuando el profesorado participa de manera activa en estos espacios, también obtiene un respiro. Cuidar plantas, ensuciarse las manos de tierra, respirar aire fresco o, simplemente, tener un espacio verde dentro del colegio son gestos sencillos que actúan como contrapeso al ritmo acelerado del día a día.

Del claustro a la tierra: propuestas concretas

Integrar la naturaleza en la vida docente no significa añadir más carga de trabajo, sino diseñar espacios y tiempos que humanicen la rutina. Algunas ideas que ya se aplican en escuelas pioneras:

  • Formación con raíces verdes: talleres de horticultura, jardinería urbana o ecoterapia, pensados no solo para aprender nuevas metodologías, sino para que los docentes se beneficien personalmente del contacto con la naturaleza.

  • Paseos terapéuticos: reuniones de claustro o sesiones de desarrollo profesional que se trasladan a paseos al aire libre, fomentando la reflexión y reduciendo la tensión.

  • Espacios reservados para el profesorado: huertos o terrazas verdes que no sean sólo para el alumnado, sino lugares de descanso y desconexión para los adultos. En algunos colegios de Estados Unidos y Australia, por ejemplo, se está reemplazando el pavimento por plantas nativas, además de instalar jardines de polinizadores y árboles resistentes al clima. Estos espacios no solo benefician a los estudiantes, sino que también proporcionan a los docentes áreas sombreadas para relajarse y celebrar reuniones informales, contribuyendo a su bienestar.

  • Proyectos comunitarios: abrir los huertos escolares a familias y vecinos, de modo que los docentes no se sientan solos en la carga, sino acompañados por una red de colaboración.




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Humanizar la escuela

Hablar de jardines y huertos no es hablar de moda, sino de salud pública y de educación sostenible. En un momento en el que cada vez más docentes solicitan la baja por ansiedad o depresión, cualquier inversión en su bienestar tiene un retorno inmediato en la calidad del aprendizaje de los estudiantes.

Cuidar a quien enseña es cuidar a toda la comunidad educativa. Y la medicina más accesible que tenemos a mano es también la más olvidada: volver a lo básico, a la tierra, a lo verde, al aire libre. Humanizar las escuelas significa reconocer que el bienestar del profesorado no es un lujo, sino la condición mínima para que pueda sostener el de sus alumnos.

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Isabela García Senent no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Recio Menéndez, PROFESOR TITULAR UNIVERSIDAD DEL DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA Y EMPRESA, Universidad de Almería

PRIYA2025/Shutterstock

En las cafeterías y en los parlamentos, el debate sobre la sanidad suele simplificarse en una dicotomía casi futbolística: si la gestión privada es sinónimo de eficiencia y agilidad, la sanidad pública garantiza la equidad pero se ahoga en burocracia.

Sin embargo, cuando analizamos la economía de la salud con el bisturí de los datos, descubrimos que esa premisa de “lo privado gestiona mejor los recursos” vemos que no estamos ante una ley universal. La realidad es mucho más matizada: la titularidad del hospital importa menos que las reglas del juego, los incentivos y, sobre todo, el tipo de paciente que se atiende.

¿Qué dice la evidencia científica internacional y la experiencia reciente en España sobre quién lo hace mejor?

El mito de la eficiencia económica pura

El argumento principal a favor de la gestión privada (especialmente en el modelo de concesión administrativa o modelo Alzira) es el ahorro. Y es cierto: diversos informes de la Sindicatura de Comptes han mostrado en el pasado que el coste per cápita en hospitales de gestión privada puede ser inferior al de los centros de gestión directa, cifrando ahorros de entre el 20 y el 25 %.

No obstante, en economía sanitaria, comparar costes sin ajustar por riesgo es hacerse trampas al solitario. Aquí entra en juego el concepto de selección de riesgos (o cream skimming, por su acepción en inglés), es decir, quedarse_ con los pacientes con menor riesgo o menos costosos de tratar, mientras se evitan los pacientes de alto coste o con enfermedades crónicas.

La sanidad privada tiende a ser muy eficiente en procesos estandarizables y de riesgo moderado (partos, operaciones de cataratas, prótesis de cadera). Pero la sanidad pública asume el grueso de la “no rentabilidad”: pacientes crónicos pluripatológicos, ancianos con largas estancias y urgencias de alta complejidad.

Estudios sobre la derivación de pacientes y selección de riesgos sugieren que si un hospital privado deriva los casos más costosos a la red pública, sus balances parecerán más eficientes artificialmente. Sobre todo si, como ocurre en España, no tiene que pagar por ello. La eficiencia técnica real solo se puede comparar cuando ambos modelos tratan exactamente a los mismos pacientes.

¿El ánimo de lucro afecta a la calidad asistencial?

La pregunta incómoda es: ¿se traduce el ahorro de costes en peores resultados de salud?

La evidencia académica más reciente ha endurecido sus conclusiones. En febrero de 2024, una revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health por investigadores de la Universidad de Oxford analizó décadas de estudios internacionales sobre externalización sanitaria. Su conclusión fue contundente: la conversión de hospitales públicos a gestión privada no generó los ahorros prometidos y, en la mayoría de los casos analizados, se asoció con una peor calidad asistencial.

Los autores del estudio señalan que el afán de lucro genera incentivos para reducir personal o limitar servicios poco rentables. Eso explicaría por qué la privatización a menudo se correlaciona con peores resultados de salud que en la gestión pública directa.

La hipótesis económica detrás de estos datos es la asimetría de información. El paciente no sabe exactamente qué necesita pero el médico/gestor sí. En un entorno de gestión privada enfocado al beneficio, existe el incentivo perverso de recortar en aquellas cosas que el paciente no ve (ratio de enfermería por cama, cualificación del personal de guardia) pero que son determinantes para la supervivencia en situaciones críticas.

En España, la calidad de la red privada es indudable en términos de confort y tecnología diagnóstica, pero la red pública sigue ostentando la superioridad técnica en alta complejidad y formación de especialistas (MIR), aglutinando el 97 % de las plazas de formación médica.

La lección española: del auge a la reversión

España ha sido un laboratorio europeo de la colaboración público-privada. El “Modelo Alzira” (hospitales públicos de gestión privada) prometió traer lo mejor de los dos mundos.

Durante años, este modelo logró reducir listas de espera. Sin embargo, la Generalitat Valenciana revirtió estas concesiones (Alzira en 2018, Torrevieja en 2021) volviendo a la gestión directa. ¿Por qué?

Más allá de la ideología política, surgieron problemas de gestión económica estructural reflejados en auditorías públicas:

  1. Falta de transparencia: La dificultad para auditar realmente los costes y la facturación cruzada entre la concesionaria y la administración (la llamada “liquidación”).

  2. Rigidez contractual: La sanidad cambia rápido. Un contrato a 15 años difícilmente prevé una pandemia o una revolución tecnológica, lo que obligaba a renegociaciones constantes.

La lección económica es que externalizar no exime a la administración de controlar. Y controlar una concesión sanitaria es tan costoso y complejo que, a veces, elimina el ahorro que se pretendía conseguir.

¿Qué preferimos: hotelería o seguridad?

Para el ciudadano, la percepción de calidad varía según su necesidad.

La gestión privada ha demostrado ser superior en logística y hotelería hospitalaria: habitaciones individuales, menores tiempos de espera y agilidad administrativa, según reflejan los datos comparativos de satisfacción de 2024. Si usted necesita una operación de menisco, la privada probablemente le ofrezca una experiencia de usuario superior en términos de rapidez.

Sin embargo, la gestión pública es imbatible en equidad y seguridad ante catástrofes. La eficiencia de lo público no se mide en el dividendo, sino en la capacidad de mantener una red de seguridad que cubra el 100 % de las eventualidades. Informes de la Sociedad Española de Salud Pública (SESPAS) recuerdan recurrentemente que la equidad es el mayor activo del Sistema Nacional de Salud.

Eficiencia no es gastar menos sino tener más salud

El debate “Sanidad pública vs. Sanidad privada” es, en muchos sentidos, un falso dilema. La titularidad pública con herramientas de gestión empresarial (profesionalización de gerentes, incentivos por productividad) sería el modelo más robusto. Los sistemas sanitarios más exitosos no son los que eligen uno u otro, sino los que integran ambos con reglas claras.

La gestión privada tiene un rol fundamental como complemento para aliviar la presión asistencial en la sanidad pública. Pero, para abordar situaciones sanitarias de alta complejidad y garantizar la equidad, se sigue necesitando el músculo y la lógica del servicio público.

La eficiencia no es solo gastar menos. Eficiencia es obtener la mayor cantidad de salud posible con los recursos disponibles. Y en esa métrica, cuando la enfermedad se pone seria, el modelo público sigue siendo el refugio más seguro

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Manuel Recio Menéndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos – https://theconversation.com/es-realmente-mas-eficiente-la-gestion-privada-de-los-hospitales-lo-que-dicen-los-datos-271651

Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mihaela Enache Zegheru, Profesora, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Imagine a dos profesionales que atraviesan una misma situación laboral complicada: hay reorganizaciones internas, presión por cumplir objetivos y un clima de incertidumbre. Mientras uno se desmotiva y acaba agotado, el otro consigue mantener la calma y aprovechar la experiencia como aprendizaje. ¿Qué marca la diferencia? La psicología tiene una respuesta: la personalidad resistente (cognitive hardiness), un recurso que permite transformar la presión en oportunidades de crecimiento.

La psicóloga Suzanne Kobasa acuñó este concepto a finales de los años setenta tras estudiar a directivos sometidos a altos niveles de estrés. Observó que algunos, pese a estar expuestos a las mismas dificultades que sus colegas, presentaban menos problemas de salud. La clave no estaba en la ausencia de obstáculos, sino en la forma de interpretarlos.

Junto con el profesor e investigador Salvatore Maddi, Kobasa definió un modelo basado en tres dimensiones:

  1. El compromiso, que supone implicarse activamente en la vida personal y profesional y encontrar un propósito vital.

  2. El control, entendido como la convicción de que nuestras acciones influyen en los resultados y reducen la sensación de indefensión.

  3. El reto, que se refiere a la disposición a ver los cambios como oportunidades de aprendizaje en lugar de amenazas.

El estilo resistente no elimina el estrés pero cambia su impacto: lo convierte en motor de crecimiento personal y profesional.

Un protector frente al estrés crónico

Numerosas investigaciones han mostrado que la personalidad resistente actúa como un factor protector frente al estrés crónico. Quienes la desarrollan recurren con más frecuencia a estrategias activas, como resolver problemas o buscar apoyo social, en lugar de evadir la situación. Esto se traduce en una mayor capacidad de adaptación a reorganizaciones, en la posibilidad de mantener el rendimiento en entornos inciertos y en una menor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión o burnout.

Un estudio con bomberos españoles demostró que aquellos con mayor nivel de personalidad resistente presentaban menos riesgo de agotamiento profesional, a pesar de trabajar en las mismas condiciones extremas que sus compañeros.




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Beneficios no solo en la salud individual

En el ámbito organizacional, los trabajadores con personalidad resistente suelen mostrar mayor perseverancia y capacidad para resolver tareas complejas, lo que favorece el rendimiento global. En los líderes, esta disposición se traduce en la transmisión de confianza y en la capacidad de guiar a los equipos con serenidad frente a la incertidumbre. Cuando las empresas fomentan actitudes de compromiso, control y percepción del cambio como reto, generan climas laborales más resilientes, caracterizados por la cooperación y la orientación a soluciones.

La relevancia de la personalidad resistente en el ámbito laboral es tal que el interés académico por el tema ha seguido creciendo y se proyecta como una línea de estudio clave en los próximos años. Algunos ejemplos actuales:

  • La transformación digital suele generar ansiedad en los equipos debido a la rapidez con la que se incorporan nuevas tecnologías. Sin embargo, cuando este proceso se interpreta como una oportunidad de aprendizaje, la adaptación se acelera y los resultados son más positivos.

  • En los equipos globales y virtuales, cada vez más frecuentes, la personalidad resistente facilita la cohesión y ayuda a gestionar malentendidos derivados de la comunicación a distancia o de las diferencias culturales.

  • En el mundo del emprendimiento, quienes trabajan en contextos de incertidumbre y riesgo constante dependen de esta resistencia para mantener la motivación y transformar los fracasos en aprendizajes valiosos.




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Entrenar la resistencia

Una buena noticia es que, a diferencia de otros rasgos más estables de la personalidad, la resistencia psicológica puede entrenarse. Existen programas de formación e intervenciones psicoeducativas que han demostrado su eficacia.

Entre las estrategias más habituales se encuentran el entrenamiento en resolución de problemas y toma de decisiones bajo presión, el diseño de programas que conectan metas personales con objetivos organizacionales, la promoción de la autonomía para reforzar la percepción de control y la construcción de una cultura de aprendizaje continuo. Muchas empresas han incorporado prácticas de mindfulness, programas de mentoring y talleres de gestión del cambio que fortalecen la confianza y el compromiso en entornos laborales exigentes.




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Y en el futuro, ¿qué?

El futuro del trabajo seguirá marcado por transformaciones rápidas e impredecibles. La pandemia, la digitalización y la globalización de los equipos muestran que la incertidumbre no es una excepción.

En este contexto, la personalidad resistente se convierte en un recurso imprescindible tanto para los propios individuos como para sus organizaciones. Invertir en su desarrollo no solo protege la salud mental de los trabajadores, sino que también impulsa la innovación, la productividad y la sostenibilidad empresarial.

La evidencia científica demuestra que esta capacidad puede entrenarse y potenciarse. Hacerlo será, sin duda, una de las claves para afrontar con éxito los desafíos del mundo laboral en los próximos años.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal – https://theconversation.com/personalidad-resistente-como-hacer-del-estres-laboral-un-motor-de-crecimiento-personal-268309

El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Nájera López, Profesor de Radiología y Medicina Física en la Facultad de Medicina de Albacete. Coordinador de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCLMdivulga), Universidad de Castilla-La Mancha

Calle de Barcelona. malgosia janicka/Shutterstock

Si alguna vez se ha parado a pensar en por qué sufrimos determinadas enfermedades, en particular aquellas relacionadas con la salud mental, seguramente se le hayan venido a la cabeza factores como la genética, las experiencias personales o el consumo de ciertas sustancias.

Pero ¿y si el lugar donde vivimos también jugara un papel clave? Nos referimos al barrio, a la calle, a la zona de la ciudad en la que desarrollamos nuestra vida y que, seguramente, está muy condicionada por factores socioeconómicos.

Una de las patologías mentales más impactantes son los primeros episodios psicóticos. Se trata de alucinaciones, delirios, conductas desorganizadas e, incluso, ideaciones suicidas asociadas a la angustia que suelen manifestarse entre el final de la adolescencia y los 30 años y afectan a todas las áreas de la vida. Por eso, su detección precoz implicaría contener las consecuencias sobre el futuro laboral, la formación y, en definitiva, el proyecto vital de la persona afectada.

Mapeando la salud mental de una ciudad

Un grupo de investigadores e investigadoras nos hicimos la siguiente pregunta: ¿podría la dirección de nuestra casa condicionar el hecho de sufrir, por ejemplo, un primer episodio psicótico? Para averiguarlo, analizamos 106 casos de pacientes que lo experimentaron entre 2016 y 2022 en la ciudad de Albacete. Todos los casos se recogieron a través de un programa especializado del Hospital Perpetuo Socorro de esta localidad.

Primero se ubicaron en el mapa y se compararon con 383 controles aleatorios. Tales controles permiten, entre otras cosas, determinar las zonas con una mayor densidad de población y filtrar ese efecto sobre el número de episodios psicóticos: de no hacerlo así, tendríamos más casos allá donde vive más gente y no podríamos determinar si el factor que queríamos estudiar era el culpable o no. Esta metodología permitió identificar zonas donde el riesgo real era significativamente más alto.

El análisis no solo se centró en la situación geográfica del domicilio del paciente, sino que se tuvieron en cuenta otros factores de riesgo individuales ya conocidos como el consumo de sustancias. Pero lo novedoso aquí fue el análisis de cómo factores socioeconómicos y geográficos pueden contribuir a la aparición de un primer episodio psicótico.

Desigualdades económicas y género

Los resultados revelaron que las áreas con menores ingresos registraban tasas significativamente más altas de incidencia de ese primer episodio. Así se pone de manifiesto que las desigualdades económicas, lejos de ser un factor aislado, ejercen una influencia importante en la vulnerabilidad a trastornos mentales graves, amplificando las brechas ya existentes en la salud mental.

Además, las mujeres de esas áreas se perfilaron como un grupo especialmente vulnerable, no solo por las adversidades económicas, sino también por enfrentarse a una intersección de factores que agravan su situación.

Este escenario evidencia la urgente necesidad de diseñar e implementar enfoques de intervención que sean profundamente sensibles al sexo, reconociendo las realidades diferenciadas que afronta la población femenina. Abordar dicha vulnerabilidad con estrategias específicas es clave para romper el círculo de desigualdad y garantizar una atención en salud mental más equitativa y efectiva, con especial atención a las zonas de la ciudad más desfavorecidas.

La precisión espacial como herramienta de salud pública

El uso de herramientas de estadística espacial permitió ajustar los datos por densidad poblacional, asegurando que los resultados reflejaran riesgos reales y no simples concentraciones de población. Esto hace posible dirigir recursos hacia las áreas más vulnerables con intervenciones específicas, como programas de detección temprana o mejora en el acceso a servicios de salud mental.

Por otra parte, integrar herramientas como la cartografía catastral en futuros estudios podría aportar un nivel de precisión sin precedentes al análisis espacial. La cartografía catastral, con su capacidad para proporcionar datos detallados sobre el uso del suelo, la densidad y características de las edificaciones, la distribución de recursos y las características demográficas, ofrece una base sólida para identificar con exactitud las áreas de mayor riesgo. Este enfoque representa un cambio de paradigma, aportando evidencias relevantes de la importancia de considerar el entorno como un elemento crucial en la salud mental.

Hacia un modelo inclusivo y sostenible

Nuestro estudio no solo representa un avance académico, sino que puede constituir una hoja de ruta para diseñar políticas públicas más equitativas y centradas en las necesidades reales de las comunidades. Al conectar los puntos entre salud mental, desigualdades económicas y planificación urbana, se resalta el papel fundamental del entorno en la prevención y tratamiento de trastornos psicóticos.

Porque, como demuestra este trabajo, el lugar donde vivimos importa, pero también importa quiénes somos y las desigualdades que afrontamos. Abordar esas disparidades estructurales no es solo una cuestión de justicia, sino una necesidad para construir un futuro más saludable, equitativo y sostenible.

Prevenir trastornos como el primer episodio psicótico no debe ser visto como una tarea individual, sino como un esfuerzo colectivo que coloque a las mujeres y a las comunidades más vulnerables en el centro de las estrategias de salud pública.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental – https://theconversation.com/el-peso-de-las-desigualdades-asi-influye-el-lugar-donde-vivimos-en-la-salud-mental-271440

America’s anti-European attitudes are centred on perceptions of military weakness and the decline of native populations

Source: The Conversation – UK – By Roman Birke, Assistant Professor in Modern European History, Dublin City University

The new US national security strategy marks a significant historical turn. It shifts the focus from global overpopulation to anxieties around population decline in the western world. Coupled with renewed criticism of Europe’s military weaknesses, the strategy updates longstanding anti-European narratives.

US-European relations have so profoundly influenced the course of the 20th and 21st centuries that New York University historian Mary Nolan refers to this era as the “transatlantic century”. The relationship revolved around military interventions and consumer cultures.

American involvement was decisive in both world wars and in the European wars following the breakup of Yugoslavia. Europe also emerged as a crucial area for the expansion of American consumerism and market norms.

On both sides of the Atlantic, the interplay between military interventions and market cultures shaped not only cooperation but also mutual resentment. In Europe, as early as 1902, people were beginning to express anti-American sentiments which were often centred on fears of cultural domination.

Later, British bands such as the Clash and the German band Rammstein amplified these perceptions in popular culture, with songs such as I’m So Bored with the U.S.A. (the Clash) and Amerika (Rammstein).

The Clash: I’m So Bored with the U.S.A.

In turn, anti-European ideas in the US centred on perceived European military weakness – a critique with some historical evidence to support it. The lend-lease agreements supplied the UK and the Soviet Union with desperately needed military aid. Without it, neither country would have been able to sustain their war efforts against the Nazi advance in Europe.

After the cold war, Americans expected Europeans to assume a greater share of global security responsibilities. But, in two major cases, Europe fell short of these expectations.

During the internationally coordinated intervention against Iraq’s invasion of Kuwait in 1991, the US contributed more than half a million troops. The UK, France, and Italy together only contributed 93,000.

Germany supported the military campaign only financially. This imbalance prompted US commentator Charles Krauthammer to label the US “the lonely superpower”.

At the end of the 1990s, the Nato-led bombing campaign against Serbia was likewise carried largely by the US. US aircraft conducted 70% of strike missions and 90% of defence missions. Without American intelligence support, meanwhile, the campaign would have faltered.

As one leading German diplomat admitted: “Kosovo was two or three sizes too big for us.”

The Iraq war in 2003 reinforced US perceptions of European weakness. Countries like Germany and France did not support the war and, in the language of the hawkish American right, these countries were cast as emasculated and mocked as “Euroweenies” and “EU-nuchs”.

US defence secretary Donald Rumsfeld, a leading advocate of the war, was celebrated as a hyper-masculine “stud”.

It is a striking twist that today’s “America first” conservatives embrace the critique of the Iraq intervention that had been aired in Europe. It is, they say, not their war. But Europe’s continued dependence on the US, particularly in its support to Ukraine, appears to confirm perceptions of military weakness.

Population enters the debate

Anti-European sentiments related to military interventions have a long history. Now, concerns about Europe’s native population decline represent a new element of the US national security strategy.

In modern history, population trends have consistently generated anxiety. They ranged from Malthusian fears of food shortages in the late 18th century to 20th-century worries about global overpopulation.

As I show in my own research, Europe and American thinkers were key in shaping this debate. Advocates of population control on both sides of the Atlantic coordinated campaigns to reduce global fertility rates, particularly in developing countries.

Overpopulation arguments still simmer. But it has recently been overshadowed by a major shift towards concerns about population decline.

Elon Musk has become the American embodiment of this trend. Not only did he father many children but turned demographic decline into a political cause. He has argued that a “collapsing birth rate is the biggest danger civilization faces by far”.

Line graph showing a decline in the fertility rate in Europe.
There are concerns about the declining fertility rate in Europe.
Eruostat

In Europe, this position is embraced by populist anti-immigration parties. Their resentments resonate because they tap into real demographic trends.

Between 1990 and 2020, central and eastern Europe’s population fell by 8%. The sharpest declines were experienced by some of the poorest countries, among them, Bulgaria – where population fell by 24% – and Romania – where it fell by 17%.

Populist rightwing parties in the US and in Europe advocate boosting native birth rates. They present this as an alternative to a perceived western European model that relies on immigration to sustain welfare states.

In their 2020 study for the Journal of Democracy, sociologist Ivan Krastev and legal expert Stephen Holmes note that the “preoccupation with demographic collapse … manifests as a fear that the arrival of unassimilable foreigners will dilute national identities and weaken national cohesion”.

The speeches of leading rightwing populists, including Hungary’s prime minister, Victor Orban, and Serbia’s president, Aleksandar Vučić, vividly illustrate this worldview. Orban insists that, contrary to western Europe, “we Hungarians have a different way of thinking. Instead of just numbers, we want Hungarian children. Migration for us is surrender.”

Vučić similarly warns that without a demographic turnaround, Serbians “will stand small chances to speak about our own survival in the territory of the rest of Serbia”. Comparable sentiments are echoed by western European anti-immigration parties, including Germany’s AfD or France’s Rassemblement National and became a major feature of Trump’s presidency.

Overall, the new US national security strategy marks the culmination of a wider realignment in which the conservative right on both sides of the Atlantic has rallied around demographic decline as a central political concern.

This perceived decline now constitutes a central pillar of US national security thinking. For Europe, meanwhile, Washington’s attempts to bolster European rightwing parties may themselves become a source of instability and polarisation in the years to come.

The Conversation

Roman Birke does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. America’s anti-European attitudes are centred on perceptions of military weakness and the decline of native populations – https://theconversation.com/americas-anti-european-attitudes-are-centred-on-perceptions-of-military-weakness-and-the-decline-of-native-populations-271800

What does international law tell us about the US seizure of an oil tanker off the coast of Venezuela?

Source: The Conversation – UK – By Mark Chadwick, Lecturer in Law, Nottingham Trent University

“We’ve just seized a tanker on the coast of Venezuela – a large tanker, very large, the largest one ever seized actually,” said Donald Trump on December 10. In a dramatic operation, US forces had just taken over an oil tanker called Skipper, which was sanctioned by the US in 2022 while sailing under a different name. “I assume we’re going to keep the oil,” the US president added later.

Venezuela has been under US-imposed sanctions since 2019, when Trump was first in the White House. And recent months have seen US forces target several vessels in the Caribbean, predominantly off the coasts of Venezuela and Colombia, each alleged to be trafficking drugs from the region. These strikes have killed more than 80 people so far.

The seizure of the Skipper marks the latest episode in the increasingly hostile relationship between Trump and Venezuela’s president, Nicolás Maduro. But what does international law have to say about the seizure?

Offering an official legal justification, US attorney-general Pam Bondi stated that US forces acted in execution of “a seizure warrant for a crude oil tanker used to transport sanctioned oil from Venezuela and Iran”. She added that the tanker had been sanctioned for many years “due to its involvement in an illicit oil shipping network supporting foreign terrorist organisations”.

The exact position of the seizure is not clear. Some accounts say it was seized “on the coast of Venezuela”, while others suggest the operation took place “in international waters”.

Assuming the seizure took place either in Venezuelan coastal waters or on the high seas, the international legal regime is governed by the 1982 UN Convention on the Law of the Sea (Unclos). The US is not a party to the convention, though it accepts the content as binding.

As a starting point, Unclos confers exclusive jurisdiction to the “flag state”. The Skipper appears to have been flying the flag of Guyana, which borders Venezuela, though Guyanese authorities were quick to attest that the ship was not registered there.

No other state is permitted to board or to enforce jurisdiction unless the seizure takes place in the seizing state’s coastal waters or the situation falls within a specific exception set out within Article 110 of the convention.

Such exceptions apply where there are reasonable grounds for suspecting that the ship is engaged in piracy, the slave trade or, in certain circumstances, unauthorised broadcasting. Exceptions also apply when the ship is without nationality or when the ship is, in reality, of the same nationality as the seizing warship.

Thus, it appears that Bondi’s claim that the Skipper was seized in accordance with domestically imposed sanctions has no standing in international law.

The International Tribunal on the Law of the Sea is also clear that states cannot unilaterally and arbitrarily board and enforce domestic law against foreign-flagged ships outside their own coastal waters unless Unclos provides an exception for doing so. Claims of suppressing criminality or terrorism would not, of themselves, suffice – certainly in relation to seizures on the high seas.

However, the fact that the ship’s registration in Guyana has come under question does open up a possible legal avenue for the seizure. This is because Unclos permits boarding in circumstances where a ship “is without nationality”.

In such circumstances, international law treats ships as “stateless vessels” and as outside the protection of any country. This is a claim that the US advanced in 1982 when seizing a stateless vessel off the eastern US coast controlled by suspected drug traffickers.

Researchers are divided, though, on whether there is a general right to retain the proceeds of such seizures under international law. And notwithstanding the doubts over the Skipper’s registration, this is not the legal approach that the US has sought to rely on.

A further, and perhaps more consequential, question remains: whether the seizure of the Skipper could be characterised as an act of war on the part of the US. International law is concerned with the objective existence of armed conflict rather than declarations of war and, in theory, an instance of “invasion or attack by the armed forces of a state on the territory of another state” would qualify. This could, potentially, include the seizure of another state’s vessel.

Relatively small-scale engagements, however, are not thought to qualify as “armed conflict”. For instance, France’s sinking of a UK-flagged ship called Rainbow Warrior in Auckland, New Zealand, in 1985 is not generally considered to have created a situation of “armed conflict”. Similarly, the Israeli raid on the Comoros-flagged Mavi Marmara in 2010 is not considered to have created a situation of armed conflict between those states.

Other approaches to establishing the existence of armed conflict look at levels of intensity or the organisation of any fighting between militaries. Though, at least for now, the threshold is unlikely to be met with regards to Venezuela and the US. The apparently stateless nature of the Skipper also creates a technical barrier to establishing a situation of “invasion” and, in turn, “armed conflict”.

One last question remains: whether Venezuelan officials were right to characterise the US military as “pirates, high seas criminals, [and] buccaneers”. It’s a tempting comparison to make, certainly, with the tendency to brand waterborne foes as “pirates”, an age-old rhetorical device that dates at least as far back as Roman orator Cicero, writing in the first century BC.

However, it is erroneous to apply the label to state or state-sponsored acts, with Article 101 of Unclos being clear that piracy can only be committed by private actors operating from private vessels. Whatever other legal issues the seizure might raise, being characterised as piracy is not one of them.

The Conversation

Mark Chadwick has previously received funding from the Arts & Humanities Research Council

ref. What does international law tell us about the US seizure of an oil tanker off the coast of Venezuela? – https://theconversation.com/what-does-international-law-tell-us-about-the-us-seizure-of-an-oil-tanker-off-the-coast-of-venezuela-271859

Comment survivre au début de l’âge adulte ? Voici des stratégies d’adaptation

Source: The Conversation – in French – By Virginie Paquette, Chercheuse postdoctorale en psychologie organisationnelle/industrielle, Université du Québec à Trois-Rivières (UQTR)

Des bouleversements majeurs surviennent chez les jeunes adultes âgés entre 18 et 29 ans : départ du foyer familial, études supérieures, entrée sur le marché du travail, formation de relations significatives et, parfois, venue des enfants.

Tout cela en l’espace d’une décennie ! Ces changements, chez ce qu’on appelle l’«adulte émergent», peuvent parfois sembler insurmontables. Toutefois, le mot-clé ici est « peuvent ».

Dans une étude conduite par le Substantive Methodological Synergy Research Laboratory de l’Université Concordia, nous montrons que les jeunes adultes qui utilisent des combinaisons de stratégies d’adaptation majoritairement centrées sur la tâche traversent plus facilement cette période, alors que ceux qui utilisent majoritairement des stratégies centrées sur les émotions, ou qui recourent très peu aux stratégies d’adaptation, éprouvent plus de difficultés.


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Les stratégies d’adaptation comme « outils »

Pour illustrer ces cheminements, prenons les cas de deux personnages fictifs : Christina et Laura. Diplômées en droit, elles tentent toutes deux d’entrer sur le marché du travail en tant qu’avocates. Face à un milieu très compétitif, Christina effectue des recherches sur différents cabinets, identifie leurs besoins et suit des formations pour améliorer sa prise de parole en public. Laura, en revanche, se sent anxieuse et rumine, craignant de ne pas être à la hauteur. Elle s’évade en jouant à des jeux vidéo ou en sortant avec des amis, plutôt que d’envoyer sa candidature.

Christina et Laura s’appuient sur différentes combinaisons de stratégies d’adaptation, ou « outils », pour gérer cette situation stressante. Selon Norman S. Endler et James D. A. Parker, deux chercheurs canadiens en psychologie, il existe trois types de stratégies d’adaptation : centrées sur la tâche, centrées sur les émotions et centrées sur l’évitement.

Christina incarne les stratégies centrées sur la tâche : elle identifie la cause de son stress et organise un plan d’action pour y faire face. Laura, en revanche, utilise des stratégies centrées sur les émotions : elle se concentre sur ses réactions émotionnelles (p. ex., elle rumine). Elle utilise aussi des stratégies centrées sur l’évitement : elle se distrait seule (jeux vidéo) ou via des interactions sociales (sorties entre amis).

La grande majorité des recherches ont examiné l’effet des stratégies d’adaptation de manière isolée, révélant que les stratégies centrées sur la tâche sont plus efficaces face aux situations stressantes que celles centrées sur les émotions ou l’évitement. Toutefois, comme le démontre notre exemple, les individus ont tendance à combiner différentes stratégies pour faire face aux situations stressantes. Ces combinaisons sont appelées profils d’adaptation.

L’approche de la « boîte à outils »

Ces profils peuvent être considérés comme des « boîtes à outils ». Chaque individu possède une boîte à outils représentant l’ensemble des stratégies, ou « outils », sur lesquelles il s’appuie pour affronter l’adversité.

Afin d’identifier les profils d’adaptation, ou « boîtes à outils », utilisés par les jeunes adultes lors de grandes transitions de vie (p. ex., poursuivre aux études supérieures ou entrer sur le marché du travail), nous avons mené une étude sur un large échantillon représentatif de jeunes adultes suivis de 19 à 29 ans.




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Notre étude a révélé six profils distincts : (1) Centré sur les émotions et l’évitement, (2) Centré sur les émotions, (3) Faible adaptation, (4) Adaptation moyenne, (5) Centré sur la tâche et l’évitement, et (6) Centré sur la tâche.

  • Les jeunes adultes appartenant aux profils Centré sur les émotions et l’évitement et Centré sur les émotions ont tendance à se concentrer sur les émotions négatives, et sur l’évitement dans le cas du premier profil.

  • Ceux des profils Faible adaptation et Adaptation moyenne ont recours à toutes les stratégies à des niveaux similaires (faibles ou moyens, respectivement).

  • Enfin, les individus des profils Centré sur la tâche et l’évitement et Centré sur la tâche tentent principalement de résoudre les problèmes, bien que les premiers aient parfois recours à l’évitement.

Dans notre exemple, Christina appartient au profil Centré sur la tâche : sa boîte à outils est remplie d’outils visant à régler directement les problèmes rencontrés. Laura, elle, relève du profil Centré sur les émotions et l’évitement. Sa boîte contient deux types d’outils : ceux visant à traiter les émotions négatives (p. ex., rumination) et ceux visant l’évitement (p. ex., jouer à des jeux vidéo ou sortir avec des amis).


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Les « boîtes à outils » ne sont pas égales

Les « boîtes à outils » ne sont pas toutes égales. Nos résultats montrent que les profils où prédominent les stratégies centrées sur la tâche sont les plus efficaces, tandis que ceux centrés sur les émotions sont généralement moins adaptés.

Surprenamment, nos résultats ont révélé qu’avec le temps, les profils centrés sur les émotions devenaient plus adaptatifs. Les individus dans ces profils ont vu leurs émotions positives augmenter et leurs symptômes physiques (p.ex., maux de tête) diminuer dans le temps.




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Si les profils centrés sur la tâche sont plus efficaces pour résoudre les problèmes à court terme, il semble que les profils centrés sur les émotions peuvent aider à traiter les expériences émotionnelles et à réduire les effets négatifs du stress sur la santé à long terme.

Ainsi, Laura pourrait ruminer ses angoisses pendant un moment, puis en parler à une amie qui l’aiderait à les surmonter. Ce soutien émotionnel pourrait lui donner la confiance nécessaire pour postuler à des postes.

Les « boîtes à outils » peuvent évoluer

Un autre résultat intéressant de notre recherche est que les jeunes adultes peuvent changer de profil au fil du temps.

Les mécanismes de ces changements restent encore flous, mais cela donne espoir : les individus ne sont pas contraints à une seule boîte à outils pour toujours. Ils peuvent expérimenter et trouver la combinaison de stratégies la plus appropriée à leurs besoins.

En résumé, notre recherche suggère que les jeunes adultes utilisent une combinaison de stratégies (boîte à outils) afin de s’adapter aux changements dans leur vie. Celles où prédominent les stratégies centrées sur la tâche sont plus efficaces, surtout à court terme.

Heureusement, les jeunes adultes peuvent apprendre quelles stratégies leur conviennent le mieux avec le temps et changer de « boîte à outils ».

La Conversation Canada

Virginie Paquette a reçu du financement de la bourse Horizon de l’Université Concordia et des Fonds de Recherche du Québec – Société et Culture (FRQSC).

Adam Danyluk a reçu des financements de Concordia University et de Simon Fraser University.

ref. Comment survivre au début de l’âge adulte ? Voici des stratégies d’adaptation – https://theconversation.com/comment-survivre-au-debut-de-lage-adulte-voici-des-strategies-dadaptation-267072

L’accès à la propriété, la fausse promesse canadienne

Source: The Conversation – in French – By Nick Revington, Professeur de logement et dynamiques urbaines, Institut national de la recherche scientifique (INRS)

Écoutez cet article en version audio générée par l’IA.

Avec l’augmentation des prix des maisons au cours des deux dernières décennies, l’accès à la propriété est devenu de plus en plus difficile pour les jeunes ménages au Canada, et ce, malgré un fort soutien dans les politiques publiques. Devenir propriétaire de son chez-soi demeure néanmoins désiré par les jeunes pour assurer une stabilité résidentielle difficilement retrouvée ailleurs.

Chercheurs en études urbaines à l’Institut national de la recherche scientifique, nous nous sommes penchés sur la question des aspirations des jeunes à accéder à la propriété dans ce contexte difficile à travers des entretiens approfondis avec une vingtaine de ménages dans le grand Montréal.


25-35 ans : vos enjeux, est une série produite par La Conversation/The Conversation.

Chacun vit sa vingtaine et sa trentaine à sa façon. Certains économisent pour contracter un prêt hypothécaire quand d’autres se démènent pour payer leur loyer. Certains passent tout leur temps sur les applications de rencontres quand d’autres essaient de comprendre comment élever un enfant. Notre série sur les 25-35 ans aborde vos défis et enjeux de tous les jours.

Des dispositifs pour l’accès à la propriété

Le dispositif le plus connu pour encourager l’achat d’une maison est peut-être le Compte d’épargne libre d’impôts pour l’achat d’une première propriété (CELIAPP), mais il existe d’autres programmes dont le Régime d’accession à la propriété, qui permet de retirer des fonds d’un régime enregistré d’épargne-retraite (REER) pour l’achat ou la construction d’une maison.




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L’État fédéral assure les prêts hypothécaires par le biais de la Société canadienne d’hypothèques et de logement (SCHL), ce qui accroît la disponibilité du capital destiné à l’achat de la propriété résidentielle.

Plusieurs municipalités offrent également des incitatifs pour les premiers acheteurs. Par exemple, dépendamment du statut du ménage et de la propriété, un nouveau propriétaire à Montréal pourrait obtenir une aide financière de la Ville, allant de 5000 $ à 15 000 $. La Ville de Québec, quant à elle, offre à des familles qui respectent certains critères d’admissibilité des prêts sans intérêt ni versement représentants 5,5 % du prix d’achat d’un logement neuf pour compléter une mise de fonds.

Le Canada en fait assez… pour les propriétaires

En parallèle cependant des dispositifs mis en place par le gouvernement pour encourager l’achat d’une première maison, d’autres dispositifs plus importants et souvent moins connus travaillent à enrichir les propriétaires existants. Cela représente une incitation majeure à rejoindre les rangs des propriétaires.

C’est le cas, par exemple, de l’exonération de l’impôt sur le gain en capital pour résidence principale. Autrement dit, le profit réalisé lors de la revente de votre maison n’est pas imposable. Cette subvention d’autour de 15 milliards $ par année dépasse le budget annuel de la Stratégie nationale sur le logement.

Encore plus ésotérique est la notion de « loyer imputé » : elle désigne tout propriétaire qui occupe le logement dont il est propriétaire. En occupant sa propriété, le propriétaire se verse à lui-même un loyer fictif. Contrairement aux Pays-Bas et à la Suisse, ce loyer imputé n’est pas imposable au Canada. Cette absence d’imposition représente un biais fiscal favorisant les propriétaires, car si le propriétaire décidait de louer ce logement plutôt que de l’occuper, il paierait des impôts sur ce revenu, qui sont, au final, payés par le locataire.

Toutefois, l’accession à la propriété promue par le Canada semble être une « fausse promesse ». Avec les politiques en place, les jeunes et les ménages à revenu modeste se trouvent progressivement exclus des opportunités d’accumulation de richesse qu’offre la propriété. Le logement devient dans ces conditions un vecteur d’inégalités importantes.


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Politiques pour la propriété, contre la location

En même temps, les politiques publiques canadiennes et québécoises défavorisent la location, ce qui rend la propriété encore plus attrayante. Les politiques actuelles s’éloignent du modèle des logements sociaux et communautaires, où les loyers sont déterminés en fonction de la capacité des ménages à payer. Elles promeuvent à la place le logement « abordable » relatif à la valeur marchande, avec des loyers qui sont en dessous du prix courant, mais qui sont parfois néanmoins hors de la portée des ménages à faible revenu.




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Dans le marché locatif, la pression du marché immobilier rend visibles les limites du régime québécois de protection des locataires à travers les hausses de loyers, reprises de logements, et rénovictions.

En permettant au locateur de refuser sans motif sérieux une cession de bail, la loi 31 adoptée en 2024 a éliminé l’un des derniers moyens de trouver un appartement à bon prix.

Une diversité de motivations pour accéder à la propriété

Nos recherches menées auprès de jeunes ménages aspirant à la propriété dans la grande région de Montréal révèlent une diversité de motivations. Si l’ensemble des ménages rencontrés se heurtent à la difficulté d’accéder à la propriété, pour la plupart, l’achat d’une maison n’est pas un objectif en soi.

Certains désirent un espace convenable pour leurs jeunes enfants, qu’ils ont de la difficulté à trouver dans le marché locatif. D’autres perçoivent la propriété comme un bon investissement. Plusieurs sont préoccupés par leurs expériences de précarité résidentielle, ou expriment des craintes face aux rénovictions, aux hausses de loyer ou à la négligence de propriétaires dans le marché locatif.

D’ailleurs, plusieurs d’entre eux ne sont pas contre la location à long terme. Ils sont nombreux à être attachés à la vie de leur quartier. Dans la mesure où l’achat d’une propriété nécessite souvent de se relocaliser dans un quartier dont les prix sont plus bas, la location reste fréquemment désirable. À cela s’ajoute que l’achat est souvent perçu comme un surétirement financier, qui amène un risque plutôt qu’une stabilité.




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Une remise en cause des politiques favorisant la propriété ?

À la lumière de cette diversité des motivations, serait-il nécessaire de remettre en cause les politiques publiques favorisant l’accession à la propriété ?

Au lieu de promouvoir la propriété dans l’espoir qu’elle répondra aux besoins des ménages, nos politiques en logement devraient satisfaire directement à ces besoins.

En tenant compte de la littérature scientifique sur le sujet, les politiques publiques devraient favoriser la stabilité ou la sécurité résidentielle, peu importe le mode d’occupation, en mettant en place une approche centrée sur une politique d’habitation neutre en matière de mode d’occupation. C’est ce qu’on appelle en anglais la « tenure-neutral housing policy ». Cette approche, contrairement aux politiques actuelles, ne privilégie aucun mode d’occupation par rapport à un autre.

Nos politiques en logement devraient, de la même manière, augmenter le financement du logement social et communautaire, et inciter la construction d’appartements qui répondent aux besoins des ménages avec enfants, par exemple avec une meilleure insonorisation et un accès à une cour intérieure.

Elles devraient enfin renforcer les protections des locataires contre des hausses abusives des loyers, des rénovictions et la discrimination.

Réduire la dépendance à la propriété

L’attrait de la propriété comme investissement demeure indéniable. Favoriser d’autres types d’investissements, comme des fonds de placement ou des actions, aurait le double avantage de diversifier les opportunités d’investissement des ménages et de libérer des capitaux qui sont investis dans l’immobilier en raison des augmentations des prix et non en raison de l’augmentation de l’offre.

Une amélioration des régimes de retraite publics ferait que l’achat d’une propriété ne soit pas perçu comme nécessaire pour sécuriser son avenir.

Plusieurs obstacles freinent toutefois la refonte des politiques de logement. Environ deux tiers des ménages canadiens et la majorité des ménages québécois sont propriétaires de leur logement. Il serait politiquement difficile de réduire les avantages dont bénéficie ce bloc électoral pour mettre en œuvre des solutions plus équitables.

Il demeure toutefois essentiel de maintenir ce débat, surtout pour assurer la sécurité résidentielle de la part des ménages qui sera inévitablement exclue de l’accession à la propriété.

La Conversation Canada

Nick Revington a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ) et du Conseil de recherche en sciences humaines du Canada (CRSH).

Emory Shaw a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ).

Mathiaz Lazo Mackay a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ).

ref. L’accès à la propriété, la fausse promesse canadienne – https://theconversation.com/lacces-a-la-propriete-la-fausse-promesse-canadienne-268154