Redes sociales y adolescentes: prohibir no basta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Bueno i Torrens, Profesor e investigador de la Sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo. Director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st, Universitat de Barcelona

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En la última década, las redes sociales se han integrado de manera profunda en la vida cotidiana de los adolescentes. Y muy a menudo, también de los preadolescentes. Lejos de ser una moda pasajera, constituyen un entorno relacional, informativo y emocional que influye de forma directa en su desarrollo personal.

Ante esta realidad, algunos países, como Australia y Francia, y más recientemente España, han propuesto prohibir su uso a menores de 16 años.

Más allá de las posibilidades reales de éxito de estas prohibiciones, por limitaciones técnicas y por la falta de apoyo de las empresas que las crean y gestionan, desde una perspectiva neuroeducativa el debate no debería centrarse en la prohibición absoluta de su uso, sino en la necesidad de educarnos, colectivamente, en el buen uso de estos recursos, a cualquier edad.

Autogestión, emociones y conciencia crítica

Desde la neurociencia, existen argumentos sólidos para defender una regulación que promueva la autogestión, el acompañamiento adulto y el empoderamiento de los propios adolescentes. Una regulación que puede contener ciertas prohibiciones, pero que también debe contemplar de forma explícita la alfabetización digital.

Cabe puntualizar que la alfabetización digital no consiste únicamente en saber utilizar dispositivos, aplicaciones o plataformas, sino muy especialmente en desarrollar la capacidad de autogestionar la propia relación con el mundo digital. Implica comprender cómo los entornos digitales, y especialmente las redes sociales, están diseñados para captar la atención y activar los sistemas de recompensa, y cómo esto impacta en las emociones, el comportamiento y la construcción de la identidad.




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Alfabetizar digitalmente significa aprender a regular el tiempo de conexión, a identificar y gestionar las emociones que se activan, como por ejemplo la comparación social, la necesidad de validación o el miedo a quedar fuera de un grupo, a poner límites conscientes ya hacer un uso intencional y no automático de la tecnología. Esta competencia, que es especialmente relevante en la adolescencia, no se adquiere de forma espontánea, sino que requiere acompañamiento adulto, modelado y espacios de reflexión compartida para favorecer una relación más libre, crítica y emocionalmente saludable con el entorno digital.

Vínculos reales y la socialización presencial

Además, para que esta regulación sea útil también debe promover alternativas sólidas al uso de redes sociales, que puedan ser aprovechadas por los adolescentes. En este punto, resulta fundamental que la regulación no se limite al ámbito digital, sino que incluya de manera explícita la creación y el fortalecimiento de entornos de socialización presencial. El desarrollo saludable del cerebro adolescente requiere experiencias reales de interacción cara a cara, donde puedan ponerse en juego habilidades como la comunicación no verbal, la empatía, la gestión de conflictos, la cooperación y la construcción de vínculos significativos.




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Espacios como el deporte, el juego libre, las actividades artísticas, culturales o comunitarias, así como el encuentro informal entre iguales no son un complemento accesorio, sino un pilar esencial del bienestar emocional y social. Regular el uso de redes sociales digitales sin garantizar alternativas presenciales atractivas, accesibles y sostenidas puede generar un vacío relacional que incremente todavía más el aislamiento, o que refuerce la dependencia de lo digital.

El cerebro adolescente frente a los algoritmos de recompensa

Uno de los elementos clave para entender esta necesidad es la maduración del cerebro adolescente. El cerebro humano no alcanza su pleno desarrollo hasta bien entrada la veintena, y una de las últimas áreas en madurar es la corteza prefrontal. Esta región es fundamental para funciones ejecutivas como la planificación, el control de impulsos, la toma de decisiones, la autorregulación emocional y la evaluación de riesgos. En la adolescencia, esta corteza aún se encuentra en proceso de reorganización sináptica y mielinización, lo que implica que los jóvenes son especialmente sensibles a estímulos emocionales intensos y a recompensas inmediatas.

Los algoritmos que rigen las redes sociales están diseñados precisamente para activar los sistemas de recompensa del cerebro, en particular los circuitos dopaminérgicos. Los likes, los comentarios, las notificaciones y la validación social generan microdescargas de dopamina que refuerzan la conducta de conexión constante.

En un cerebro adulto, con mayor capacidad de autorregulación, estos estímulos pueden gestionarse con relativa eficacia. Sin embargo, en un cerebro adolescente, todavía inmaduro desde el punto de vista ejecutivo, el riesgo de uso compulsivo y de dependencia conductual es significativamente mayor.

Acompañamiento, límites y responsabilidad compartida

El aprendizaje de la autorregulación no se produce de manera espontánea, sino que requiere modelos, especialmente del entorno de adultos, límites claros y coherentes y oportunidades guiadas para practicarla. Regular el uso de redes sociales no significa necesariamente impedir el acceso, sino crear contextos en los que los adolescentes puedan desarrollar progresivamente habilidades de gestión del tiempo, pensamiento crítico, conciencia emocional y control de impulsos, bajo la guía de adultos que actúen de forma consciente. Estas competencias son tan importantes como los contenidos académicos y forman parte del desarrollo integral de la persona.




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Otro aspecto relevante es el impacto emocional y social de las redes en esta etapa vital. La adolescencia es un periodo de construcción de la identidad, de búsqueda de pertenencia y de alta sensibilidad a la mirada del otro. La exposición constante a ideales irreales, comparaciones sociales, métricas de popularidad o dinámicas de exclusión puede afectar a la autoestima, la autoconfianza, la autoimagen y el autoconcepto, aumentar la ansiedad y favorecer estados de malestar emocional.

La neurociencia ha demostrado que el cerebro adolescente es especialmente reactivo al rechazo social, activando circuitos similares a los del dolor físico. Por ello, una exposición no regulada a estos entornos puede amplificar vulnerabilidades preexistentes.

En este contexto, cabe tener presente que regular no es censurar, sino educar. Implica que la sociedad, en su conjunto, incluidos de forma especial progenitores y docentes, asuma que el desarrollo saludable de los menores requiere entornos digitales responsables, pero también entornos presenciales ricos en oportunidades de relación. Las plataformas tienen un papel importante, pero también lo tienen las familias, las escuelas y las comunidades.

Los progenitores, en particular, no solo deben establecer normas, sino también acompañar, dialogar y ofrecer un ejemplo coherente en el uso de la tecnología, al tiempo que facilitan y valoran espacios de encuentro fuera de las pantallas. La regulación eficaz se basa en la calidad del vínculo y en la coherencia educativa, no en el control estricto ejercido autoritariamente.

Impacto emocional, empoderamiento y salud mental

Empoderar a los adolescentes es otro eje fundamental. Tratarles como sujetos pasivos a los que hay que proteger, sin darles explicaciones ni implicarles, suele ser poco efectivo. En cambio, cuando se les ofrece información clara sobre cómo funciona su cerebro, por qué ciertas aplicaciones resultan tan atractivas y qué efectos nocivos puede tener un uso excesivo o acrítico e irreflexivo, se favorece un mayor empoderamiento y toma de conciencia.

Comprender que su dificultad para desconectarse no es un “fallo personal”, sino una consecuencia de un cerebro en desarrollo frente a estímulos muy potentes, puede ser liberador y motivar la adopción de estrategias de autogestión más saludables.

La regulación del uso de redes sociales antes de los 16 años debería entenderse, por tanto, como una inversión presente y futura en salud mental y en madurez. No se trata de prohibir de forma estricta el contacto con la tecnología, sino de acompasarlo al desarrollo neurobiológico y emocional, lo que puede implicar ciertas prohibiciones.

Igual que no se espera que un niño pequeño cruce solo una calle muy transitada, no es razonable esperar que un adolescente gestione sin apoyo entornos digitales diseñados por adultos con fines comerciales.

Responsabilidad colectiva

En definitiva, la evidencia neurocientífica y neuroeducativa apunta a una idea clara: el cerebro adolescente necesita tiempo, acompañamiento, experiencias reguladas y vínculos reales para desarrollar plenamente su capacidad de autorregulación. Y las redes sociales no son neutrales.

Asumir esta complejidad y apostar por una regulación consciente, compartida y que incluya de forma explícita la promoción de la socialización presencial es una responsabilidad colectiva. Solo así podremos ayudar a los adolescentes a construir una relación sana, libre y consciente con un mundo digital que ya forma parte inseparable de sus vidas.

The Conversation

David Bueno i Torrens no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Redes sociales y adolescentes: prohibir no basta – https://theconversation.com/redes-sociales-y-adolescentes-prohibir-no-basta-275234

El giro antivacunas de EE. UU. llega a los móviles

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Nájera López, Profesor de Radiología y Medicina Física en la Facultad de Medicina de Albacete. Coordinador de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCLMdivulga), Universidad de Castilla-La Mancha

Recientemente, el Gobierno de Estados Unidos ha anunciado que revisará la evidencia sobre los posibles efectos sobre la salud de la radiación emitida por los teléfonos móviles. Al mismo tiempo, han desaparecido o se han modificado páginas de la web oficial de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) que recogían la evidencia más reciente y de mayor solidez científica, indicando que no existe riesgo para la salud.

Que se anuncie una nueva revisión científica, en sí mismo, no es un problema. Al contrario: revisar la evidencia es parte esencial del método científico. La preocupación surge por el historial de quien lo anuncia, el actual responsable de salud americano, Robert F. Kennedy Jr., adalid de una cruzada anticiencia. Y ahí es donde la preocupación deja de ser técnica o científica y pasa a ser política, basada en la desinformación a la que ya nos tiene acostumbrados.

Qué se ha borrado (y qué se ha dejado) en la web de la FDA

Durante años, la web de la FDA ha mantenido páginas divulgativas sobre teléfonos móviles y radiación de radiofrecuencia con un mensaje central muy claro: el conjunto de la evidencia científica disponible no ha vinculado el uso habitual del móvil con problemas de salud, incluido el cáncer.

Eran textos prudentes, basados en décadas de investigación, alineados con el consenso científico internacional y coherentes con lo que sostienen organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos o las agencias reguladoras europeas.




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Esos textos no han sido sustituidos por nuevos datos ni por resultados científicos actualizados: han desaparecido. Mientras la estructura general del sitio sigue existiendo, los enlaces que daban acceso a las diferentes secciones temáticas ahora redirigen a la página inicial, que muestra una fecha de actualización del 13 de mayo de 2021.

Esas secciones eliminadas, que pueden consultarse a través de web.archive.org incluían mensajes tan claros como: “el peso de casi 30 años de evidencia científica no ha vinculado la exposición a la radiación de los teléfonos móviles con problemas de salud, incluido el cáncer”; “la evidencia científica actual no muestra peligro alguno para los usuarios de teléfonos móviles, incluidos niños y adolescentes”; “las exposiciones a radiofrecuencia iguales o inferiores a los límites de seguridad no causan problemas de salud”, o que los límites actuales establecidos por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) “siguen siendo aceptables para proteger la salud pública”. También ofrecían recomendaciones para reducir la exposición únicamente como medidas voluntarias y precautorias, no basadas en un riesgo demostrado.

Make America ¿Healthy? Again

Según la agencia Reuters y la web especializada Advisory Board, la explicación oficial del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) no es que haya nueva ciencia que contradiga lo anterior, sino que se han retirado páginas con “conclusiones antiguas” mientras se impulsa un nuevo estudio para identificar lagunas de conocimiento, incluidas tecnologías más recientes. Esta retirada, además, está ligada al lema “Make America Healthy Again” (MAHA), y a declaraciones previas sugiriendo vínculos entre móviles, daño neurológico y cáncer, pese a la ausencia de pruebas sólidas.

Este matiz es crucial: no estamos ante una actualización científica transparente, con nuevas referencias y revisión externa, sino ante una decisión político-administrativa sobre qué se muestra y qué no en una web institucional.

El problema no es la revisión

En los últimos años, la OMS ha impulsado hasta 11 revisiones sistemáticas, en las que han participado más de 90 científicos y científicas independientes de múltiples países, que han examinado más de 100 000 artículos sobre posibles efectos de las radiaciones de los móviles sobre la salud. La conclusión es clara: a los niveles habituales de exposición no existe evidencia de una relación causal con efectos adversos.

Pero aquí el contexto importa, porque no parece apuntar a una actualización por la evidencia recopilada por la OMS. El responsable último de esta reorientación es el citado Robert F. Kennedy Jr. Su historial público de enfrentamiento con el conocimiento científico es bien conocido: ha cuestionado reiteradamente la seguridad y utilidad de las vacunas, ha vinculado paracetamol, embarazo y autismo, ha difundido mensajes alarmistas sin respaldo empírico y ha promovido narrativas que chocan frontalmente con décadas de investigación biomédica sólida. Recientemente ha presentado una nueva pirámide de los alimentos que choca con la evidencia científica y contiene contradicciones claras.

No hablamos de opiniones marginales. Hablamos de decisiones y discursos con impacto directo en políticas públicas y en la confianza de la población en la ciencia y en las instituciones que deben proteger su salud. La historia de la salud pública muestra que la siembra estratégica de duda allí donde existe un consenso científico ha acompañado de forma reiterada a momentos en los que la evidencia entraba en conflicto con agendas ideológicas o políticas.

El patrón se repite: se siembra duda donde hay consenso y se presenta como “revisión crítica” lo que en realidad es desinformación institucionalizada. Resultado: se quiebra la confianza en la ciencia y en las instituciones, lo que inevitablemente tendrá consecuencias sobre la salud pública.

Qué podemos esperar

Con este panorama, la retirada de contenidos de la FDA no se produce en un país que siempre apostó por la ciencia, sino en uno ya inmerso en una reacción política contra la ciencia. Aunque las motivaciones declaradas puedan ser otras, el mensaje que acaba calando es peligroso: “si lo han quitado, será porque algo ocultaban”.
El riesgo no está en un nuevo estudio sobre radiación, sino en convertir la duda infundada en política oficial. La ciencia no es infalible, pero tiene algo que la distingue de la ideología: se corrige con datos, no con consignas.

Cuando se eliminan textos basados en evidencia sin ofrecer nada a cambio, no se protege a la población, se la deja más expuesta. Y esta vez no a la radiación, sino a la desinformación.

The Conversation

Alberto Nájera López es Director Científico del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS)

Jesús González Rubio es Vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS)

ref. El giro antivacunas de EE. UU. llega a los móviles – https://theconversation.com/el-giro-antivacunas-de-ee-uu-llega-a-los-moviles-275008

La IA nos obliga a cambiar la enseñanza del Derecho

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Pérez-Llorca Zamora, Vicedecana de IE Law School, IE University

Digineer Station/Shutterstock

En el Fedro, Platón nos cuenta que Sócrates desconfiaba de la palabra escrita. Creía que plasmar el conocimiento en un texto debilitaría la memoria y desincentivaría el diálogo. La escritura, advertía, es inferior al debate porque no puede responder. Solo crea una apariencia de sabiduría, no la sabiduría auténtica.

El paralelismo con la IA es evidente. Ahora disponemos de sistemas que redactan, resumen, argumentan, programan y dibujan a una velocidad y con una amplitud de conocimientos que ningún ser humano puede igualar. Nos hacen sentir competentes e informados sin tener que enfrentarnos primero a la incomodidad que conlleva cualquier proceso de aprendizaje. El peligro no es que la IA piense, sino que dejemos de pensar por nosotros mismos.

Escritura y debate oral

Sin embargo, la historia de la escritura ofrece una alternativa menos pesimista. A medida que la escritura se fue consolidando como un elemento central de la educación, no se abandonó el debate oral. Aquello que resultaba esencial en el debate se preservó, hasta el punto de que todavía hoy utilizamos el método socrático en la enseñanza, y especialmente en las facultades de Derecho, porque sabemos que las preguntas formuladas en el aula enseñan a los estudiantes a pensar con rapidez y desarrollan el juicio de una forma que ningún texto puede sustituir.




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Al mismo tiempo, aprendimos nuevas formas de pensar. La lectura silenciosa, que antes era inusual, se convirtió en algo natural. Aprendimos a razonar interiormente y a entablar un diálogo con el texto escrito que nos ha permitido seguir conversando con Sócrates incluso hoy en día.

Dicho de otro modo, no elegimos entre el debate y el texto. Ampliamos nuestras formas de pensar y, con ello, nos convertimos en mejores pensadores.

Alfabetización en IA

Nos encontramos ahora ante un umbral similar con la inteligencia artificial. Del mismo modo que la alfabetización se convirtió en un requisito fundamental para participar en la sociedad, la alfabetización en IA se está volviendo imprescindible para intervenir de manera informada en el derecho, en la vida pública y en la toma de decisiones democráticas.

Un graduado en Derecho que se incorpore a la profesión jurídica sin la capacidad de comprender y trabajar de forma crítica con la IA, de cuestionar sus supuestos y de afrontar conscientemente sus límites éticos, estará tan poco preparado como un abogado que no sabe leer. Una educación jurídica que excluya la IA es, por tanto, una educación incompleta.

Si la enseñanza del Derecho no se adapta, corremos el riesgo de perder a una generación de estudiantes formados con métodos anteriores a la IA para un mundo posterior a la IA. Su forma de pensar, aprender y escribir habrá sido moldeada por estas herramientas mucho antes de que lleguen a nuestras aulas, y la profesión a la que se incorporen exigirá que las utilicen de forma crítica y responsable.

Ignorar la IA no hará que nuestros alumnos piensen mejor. Y puede conducir a la desmotivación y la frustración, al tiempo que los dejará insuficientemente preparados.

Consecuencias sociales

No se trata únicamente de las carreras profesionales de nuestros alumnos, por muy importante que sea esta cuestión. Las consecuencias de nuestra inacción no recaen solo sobre nuestros graduados. El Derecho influye en nuestra vida cotidiana, a menudo de manera silenciosa, pero omnipresente, y cuando la tecnología transforma el funcionamiento de la sociedad, el Derecho debe transformarse con ella.

Serán nuestros alumnos, como futuros abogados, jueces, responsables políticos o profesores de Derecho, quienes deban traducir estos cambios en normas justas. Si no los preparamos para ello, la brecha se manifestará en todos los demás ámbitos.

Encontrar el equilibrio

¿Qué debe hacer, entonces, la formación jurídica? No basta con añadir una asignatura o adoptar una regla aislada. Desde luego, no sirve de nada ponerse una venda en los ojos y prohibir el uso de la IA. El reto es más profundo. Tenemos que reforzar los fundamentos y, al mismo tiempo, evolucionar con lo nuevo. No se trata de elegir entre tradición y novedad, sino de encontrar un equilibrio entre ambas.

Debemos redoblar la apuesta por aquello que nos hace humanos: la curiosidad intelectual, el propósito, la creatividad, el impulso de cuestionar y ejercer el pensamiento crítico. Estas dimensiones adquieren mayor importancia cuando la IA realiza una parte sustancial del trabajo técnico.




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Transformación de las preguntas

Cuando casi todo el mundo tiene acceso a sistemas capaces de redactar informes, resumir casos o esbozar argumentos jurídicos, las preguntas clave cambian. ¿Qué decidirán hacer los estudiantes con esa capacidad? ¿Qué preguntas plantearán? ¿Qué problemas les importarán lo suficiente como para ir más allá de una respuesta meramente aceptable?

La IA no puede decidir estas cuestiones. No puede, ni debe, determinar las motivaciones o prioridades de los alumnos. La capacidad de decidir qué queremos, de definir nuestro propósito y de perseguir nuestros objetivos sigue siendo el eje central de nuestra capacidad de acción como seres humanos.

Cinco grandes cambios

No obstante, debemos evolucionar. Integrar la IA como un recurso que favorezca el desarrollo intelectual de nuestros alumnos, en lugar de debilitarlo, nos obliga a:

  1. Educarnos. Los profesores y los líderes académicos necesitan comprender la IA tanto a nivel funcional como conceptual: qué son estas herramientas, cómo funcionan, qué retos plantean y cómo pueden utilizarse tanto para la enseñanza del Derecho como para ejercerlo mejor. No se puede enseñar aquello que no se comprende.

  2. Alfabetizar en IA a los estudiantes. Esta alfabetización debería ser universal, rigurosa y estructural. Permite a los alumnos entender cómo interactúan el Derecho, la tecnología y la sociedad; cómo razonan los sistemas de IA y por qué fallan; cómo influyen en el razonamiento y el juicio; y en qué consiste su uso responsable en la práctica, tanto en la vida cotidiana como en el ejercicio profesional. Los alumnos no deberían depender de respuestas que están a su alcance pero que no saben valorar.

  3. Generar espacios para la simulación, la reflexión y la metacognición, entornos en los que los estudiantes puedan trabajar abiertamente con la IA para simular la práctica jurídica actual. Esto les permitirá experimentar con herramientas, analizar los resultados, identificar errores y reflexionar sobre su propio pensamiento como parte del proceso de aprendizaje. Lograrlo exige recursos, dedicación curricular y prácticas estructuradas.

  4. Decidir en qué ámbitos no debe utilizarse la IA. Diseñar tareas que eviten que la IA se ocupe de procesos cognitivos clave y seguir utilizando la memoria y la atención, la lectura profunda, el razonamiento, el pensamiento crítico y el marco ético. Asegurarnos de que los alumnos tienen habilidades jurídicas básicas y realizan estas tareas sin asistencia de la IA: detectar problemas, aplicar precedentes, identificar y mitigar riesgos o defender una posición jurídica.

  5. Transformar nuestras metodologías de enseñanza para elevar el nivel intelectual de lo que exigimos a nuestros alumnos. Esto implica cambiar tareas, exámenes y dinámicas de aula. Si la IA es capaz de realizar tareas específicas, estas ya no pueden ser el objetivo final del aprendizaje. Desenvolverse en los ámbitos interpretativo, estratégico y ético del razonamiento jurídico debe ser objetivo de la metodología, no añadirse a posteriori como un recurso tardío.

Preparar para el mundo que viene

La profesión jurídica está cambiando, y tenemos una obligación para con nuestros alumnos: prepararlos para el mundo al que pronto tendrán que enfrentarse, no para el mundo en el que nosotros nos formamos.

La palabra escrita no disminuyó nuestras capacidades; las transformó. Los seres humanos se adaptan. Esa es nuestra genialidad. Y, una vez más, ha llegado el momento de ponerla en práctica.

The Conversation

Carmen Pérez-Llorca Zamora no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La IA nos obliga a cambiar la enseñanza del Derecho – https://theconversation.com/la-ia-nos-obliga-a-cambiar-la-ensenanza-del-derecho-272779

Glyphosate: What Indigenous communities have suspected for years about the dangers of the herbicide

Source: The Conversation – Canada – By Charles Z. Levkoe, Canada Research Chair in Equitable and Sustainable Food Systems, Lakehead University

There have been renewed questions around the safety of the herbicide glyphosate in light of the recent retraction of an influential peer-reviewed research article. Originally published in 2000 in the academic journal Regulatory Toxicology and Pharmacology, the article claimed that glyphosate posed no risk to human health.

Glyphosate is widely used in forestry, agriculture and land-use management. Commercially sold under brands such as Roundup, it’s the most widely used herbicide in Canada.

In the journal’s retraction notice, the (co)editor-in-chief wrote: “Concerns were raised regarding the authorship of this paper, validity of the research findings in the context of misrepresentation of the contributions by the authors and the study sponsor and potential conflicts of interest of the authors.”

These potential conflicts raise questions about the study’s authorship and results, and renew concerns about the safety of glyphosate. According to Health Canada, consuming foods treated with glyphosate does “not result in any human health concern to any segment of the population.” This aligns with findings from other governments, including the United States, New Zealand and Australia.

Scientific research is an essential part of protecting the health and well-being of people and the planet, but it only tells part of the story. And despite some conclusions that glyphosate poses no risk, there have long been concerns regarding its impacts on the environment and human health, particularly from Indigenous communities.

Our ongoing research, in partnership with the Animbiigoo Zaagi’igan Anishinaabek (AZA) First Nation in northwestern Ontario, about the impact of glyphosate being sprayed on their traditional territory demonstrates that policymakers and researchers need to learn from the experiences of people living and working on the land.

Concerns over glyphosate

Our research focuses on glyphosate’s impacts on AZA’s relationships with the land along with the forestry companies and provincial government that use and regulate the herbicide on their territory. Through our work with 14 First Nations that are part of the Understanding Our Food Systems project, several communities expressed great concern about environmental contaminants on their territories.

Members of the AZA have been particularly distressed about the impacts of glyphosate on their traditional food systems, the land and watershed, and the community’s health for several years. People who live and work on the land have noticed many changes and called for research and action to address these concerns.

In 2015, the International Agency for Research on Cancer classified glyphosate as “probably carcinogenic to humans” based on “limited” evidence it causes cancer in people and “sufficient” evidence it causes cancer in animals.

This has been of particular concern for many Indigenous communities in terms of the impact of glyphosate being sprayed on the berries, animals, medicines and fish that make up their traditional food systems.

While several health-related issues have been connected to glyphosate use, such as destruction of cells, inflammation that can damage healthy tissue and weakening of the immune system’s ability to defend the body against infections and disease, there is no clear consensus on what level is considered safe.

Working closely with AZA, our team of researchers from Lakehead University and the Thunder Bay District Health Unit conducted a series of sharing circles and interviews with Elders, Knowledge Keepers, hunters, gatherers and youth to learn from their observations and experiences.

The ultimate goal of our ongoing research is to better understand the community’s experiences and perspectives of glyphosate to ensure they retain access to traditionally hunted, harvested and grown foods and to protect the environments they depend on.

Listening to Indigenous people

AZA members pointed to ways that traditional knowledge could be used to better understand the impacts of environmental contamination. Those who participated in the conversations shared experiences of finding fewer animals and plants in areas sprayed with glyphosate, making access to traditional foods difficult.

Many participants said animals were more diseased and that harvested and hunted foods did not taste, smell or look the same as they did previously. Disruptions to the cycles of the land and the loss of species impact the community’s food security as well as its self-determination and ability to transfer knowledge to future generations.

Western science tends to dominate policymaking and regulation. However, Indigenous knowledge has a lot to contribute to research and decision-making. Two-eyed seeing, described by Mi’kmaw Elder Albert Marshall, is a way to integrate Indigenous and western ways of knowing, foster deeper understanding and create more holistic, balanced approaches for the benefit of all.




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This demands that policymakers take seriously the concerns voiced by Indigenous people around environmental contamination. It also requires more transparent communication, accessible information and testing of waterways, animals and the land.

Listening to Indigenous people and learning from their observations and experiences is essential to protect the lands and waters where they hunt, harvest, and grow foods and medicines, and to ensure the health and well-being of all human and non-human kin.

This article was co-authored by Dorothy Rody from the Animbigoo Zaagi’igan Anishnaabek First Nation, Kim McGibbon, a public health nutritionist at the Thunder Bay District Health Unit, and Liz Lovell, a former master’s student in health sciences at Lakehead University.

The Conversation

Charles Z. Levkoe receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada, Indigenous Services Canada and the Thunder Bay District Health Unit.

ref. Glyphosate: What Indigenous communities have suspected for years about the dangers of the herbicide – https://theconversation.com/glyphosate-what-indigenous-communities-have-suspected-for-years-about-the-dangers-of-the-herbicide-274389

As the climate changes, what does the future hold for the Winter Olympic and Paralympic Games?

Source: The Conversation – Canada – By Daniel Scott, Professor and Strategic Director for Climate Change Education in Environment, University of Waterloo

The 25th Winter Olympic Games are upon us, with Italy set to host the Games for the fourth time. The schedule at the 2026 Milano Cortina Winter Olympics is set to look similar to previous iterations of the event: a mix of snow and ice sports held on what is meant to be mountainous, wintry terrain.

Except the snowy cold winter that comes to mind when you picture the Olympic Games may not be tenable for much longer. Climate change is reshaping winter sport worldwide. In the Northern Hemisphere, the winter season has shortened over the last 50 years, with low elevation regions warming at twice the rate of global warming, leading to widespread declines in snowpack.

Snow sport athletes are experiencing these changes firsthand. In recent years, several International Ski and Snowboard Federation World Cup events have been cancelled due to poor snow and unsafe conditions.

In 2023, nearly 300 concerned athletes sent a letter to the federation demanding more action on climate change and a “geographically reasonable” race schedule aligned with evolving weather realities.

A 2021 survey of 339 professional and Olympic winter athletes and coaches from 20 countries found 90 per cent were concerned about how climate change will affect the future of winter sports.

For the Winter Olympic and Paralympic Games, climate change could fundamentally impact where the Games can be held in the future. In 2022, the International Olympic Committee delayed the selection of the 2030 host city so that it could obtain a clearer understanding of the climate risk of potential future host locations.

Our 2024 study of 93 potential host locations — those with the necessary infrastructure in place to host such a spectacle — found that even with advanced snowmaking, a significant number would no longer have reliable snow in future. By the 2050s, the pool of potential Olympic hosts halved, and worryingly, few (17 to 31) had viable conditions to host the Paralympics.

Olympic and Paralympic peril

a map of the world highlighting potential sites for the games
A map highlighting the potential climate reliability of Winter Olympics host sites in the by 2050s.
(Author provided)

Our recent study explores a wide range of strategies to mitigate the risks posed by climate change to the Winter Olympics and Paralympics. Each strategy requires careful evaluation by Olympic and Paralympic committees, host cities and sport federations. Many involve trade-offs that can impact the ability of communities to host the games, the athlete and spectator experience, and potentially, the sustainability of the Games.

For example, the location of snow sports venues further away from the main host city where the indoor events are held could enhance climate reliability. However, that would increase travel times and emissions, as well as reduce the ability of spectators to see some competitions.

At this year’s Milano Cortina Games, venues are dispersed between sites across northern Italy. That will make it more challenging for athletes and fans to mingle, a setback to team unity and spirit. Several more athletes than usual won’t be able to attend the opening or closing ceremonies because they’ll be competing several hundred kilometres away.

Changing the schedule

Given that the Paralympics are held after the Olympics, they are especially at risk due to climate change. The “one bid, one city” agreement, which requires a host city to stage both Games at the same venues, may need to be reconsidered.

This agreement has elevated para sport to new levels of visibility and excellence. However, our research suggests that it cannot survive climate change, and losing the Paralympics would be a devastating setback for winter sport.

The solution? Adjust the schedule so the the Paralympics can be held earlier.

a map of the world highlighting potential sites for the games
A map highlighting the potential climate reliability of Winter Paralympics host sites in the by 2050s.
(Author provided)

Our analysis revealed that holding the Winter Olympics and Paralympics three weeks earlier in the year has tremendous potential to increase the number of climate reliable hosts.

Moving the Olympics so the Games begin in late January or the first week of February, and the Paralympics in late February or the first week of March, nearly doubled the number of climate-reliable host locations for the Paralympics. That would help safeguard the “one bid, one city” arrangement through the mid-century and into the late century, if the Paris Climate Agreement’s goals are achieved.

Other options that ensure snow reliability include having the two events overlap, alternating the years the Games are hosted or putting the events in two separate locations in the same year. But each of these introduces political and logistics challenges.

What about snowmaking?

The increased reliance on snow-making has drawn criticism, particularly after the 2022 Beijing Games used nearly 100 per cent machine-made snow. Snow-making has been used at every Winter Olympics since 1980 in Lake Placid, and will be increasingly integral in the future.

Our analysis found that without snow-making, the snow sports program of the Winter Games as we currently know it is simply not possible. In the absence of snow-making, the number of climate-reliable potential hosts for the Olympic Games declines to four or less by 2050.

There are important sustainability concerns that must be addressed when it comes to snow-making, like how to reduce the energy and water demands of the practice and how to reduce the impacts on local biodiversity. Snow-makers are putting effort into improving the technology to reduce negative environmental impact, but more work is needed to make the practice more efficient.




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While it has its drawbacks, without snow-making, the Games would increasingly become unfair and unsafe for athletes. Events and competitions would need to be cancelled, and eventually, it would become impossible to include snow sports in the Winter Games.

While no outdoor sport will escape the consequences of accelerating climate change, snow sports are the canary in the coal mine. The global sports community must work together to advocate for strong climate action to achieve the goals of the Paris Climate Agreement, protect the safety of future Olympians and Paralympians and preserve the cultural heritage of this global celebration of sport for generations to come.

The Conversation

Madeleine Orr receives funding from the Social Science and Humanities Research Council of Canada.

Daniel Scott and Robert Steiger do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. As the climate changes, what does the future hold for the Winter Olympic and Paralympic Games? – https://theconversation.com/as-the-climate-changes-what-does-the-future-hold-for-the-winter-olympic-and-paralympic-games-274921

Voici les espoirs de médailles du Canada aux Jeux olympiques d’hiver de 2026, du hockey au ski acrobatique

Source: The Conversation – in French – By Taylor McKee, Assistant Professor, Sport Management, Brock University

L’époque où les athlètes canadiens se contentaient de participer aux Jeux olympiques est révolue. L’excellence est désormais une attente du programme olympique. Les athlètes sont considérés comme les ambassadeurs de leur pays et les symboles de la fierté nationale.


Cette attente sera au premier plan des Jeux Olympiques d’hiver de Milano Cortina 2026, qui se déroulent dans un contexte de tensions géopolitiques récentes. Il n’est donc pas étonnant que le nouveau slogan évoque l’unité et le patriotisme : « Nous sommes tous Équipe Canada ».

S’il ne fait aucun doute que tous les athlètes olympiques sont censés jouer et performer sous pression, les succès historiques du Canada aux Jeux d’hiver ont créé des attentes élevées. Le pays a établi un record du plus grand nombre de médailles d’or remportées par un pays hôte lors d’une seule édition des Jeux olympiques d’hiver avec 14 médailles à Vancouver en 2010.

Professeur en gestion du sport à l’Université Brock, lorsque je demande à mes étudiants de premier cycle quels athlètes canadiens, selon eux, ressentent le plus de pression pour remporter l’or aux Jeux olympiques, la plupart répondent le hockey, même si cette réponse est peut-être trop simpliste.

Les espoirs du curling

Il est certain que les Canadiens attendent de bons résultats des équipes masculines et féminines de hockey, et ce pour une bonne raison. Le Canada est le pays le plus titré de l’histoire olympique en hockey sur glace, avec 23 médailles remportées.

Pourtant, de nombreux amateurs de hockey canadiens reconnaissent la force d’autres nations dans ce sport. Les Canadiens aiment et détestent à la fois les Suédois, les Finlandais, les Slovaques, les Tchèques et les Américains qui jouent pour leurs équipes de la Ligue nationale de hockey. Une défaite face à ces joueurs et ces équipes est dévastatrice, mais explicable.

Le curling, c’est une autre histoire. Ici, les attentes sont claires : des médailles d’or. Les téléspectateurs occasionnels des Jeux olympiques ne réalisent peut-être pas que les Écossais et les Suisses occupent les trois premières places du classement mondial de curling masculin et que les Suissesses ont remporté deux des quatre derniers championnats du monde.

Cela dit, les équipes canadiennes sont redoutables. L’équipe masculine, menée par Brad Jacobs, a remporté l’or en 2014 à Sotchi, et l’équipe féminine, menée par Rachel Homan, est actuellement classée n° 1 mondiale. Loin d’être une affaire conclue, les curleurs canadiens font partie des athlètes les plus scrutés à l’approche de Milan Cortina.




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Les espoirs du patinage de vitesse

Le Canada a des chances réalistes de remporter des médailles en patinage de vitesse sur piste courte et sur piste longue. Laurent Dubreuil est le médaillé d’argent en titre du 1000 m et a terminé quatrième du 500 m à Pékin en 2022.

Ivanie Blondin et Isabelle Weidemann sont membres de l’équipe de poursuite par équipe, médaillée d’or en titre et médaillées d’argent dans d’autres distances. L’épreuve de poursuite par équipe est l’une des plus passionnantes des Jeux olympiques en patinage de vitesse sur longue piste et mérite certainement d’être inscrite dans votre calendrier.

En patinage de vitesse sur courte piste, discipline qui offre généralement les moments les plus dramatiques et les arrivées les plus intenses à chaque édition des Jeux olympiques, le Canada a de sérieuses chances de remporter des médailles avec une équipe complète de 10 patineurs qui se rendront à Milan.

L’équipe féminine compte dans ses rangs Kim Boutin, quadruple médaillée olympique, qui participera à ses troisièmes Jeux olympiques d’hiver consécutifs. Boutin a remporté des médailles dans les trois épreuves individuelles féminines à Pyeongchang en 2018, puis a ajouté une médaille de bronze au 500 m à Pékin en 2022. Au cours de la dernière décennie, elle a remporté 17 médailles aux Championnats du monde de patinage de vitesse sur piste courte de l’ISU et deux autres titres mondiaux aux Championnats de 2025, remportant l’or au relais 3000 m féminin et au relais mixte.


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Les espoirs du ski acrobatique

Beaucoup de Canadiens pourraient penser que le patinage de vitesse a rapporté le plus de médailles au Canada au fil des ans. Le patinage de vitesse compte 23 épreuves au total entre la courte piste et la longue piste aux Jeux olympiques de cette année, et le Canada a remporté sa première médaille en patinage de vitesse en 1932.

Cependant, bien qu’il n’ait été ajouté comme sport à part entière qu’en 1992, le Canada a remporté 30 médailles au total dans un autre sport, dont la première médaille d’or canadienne remportée à domicile par Alexandre Bilodeau en 2010 : le ski acrobatique.

Alliant agilité et sens artistique, le ski acrobatique est sans aucun doute l’une des disciplines les plus captivantes et les plus exaltantes.

Les épreuves de ski se composent de huit disciplines distinctes. Le Canada compte de nombreux prétendants aux médailles, avec en tête « le plus grand skieur de bosses de tous les temps », Mikaël Kingsbury, qui vient de remporter le 10 janvier la victoire en bosses masculines à Val Saint-Côme, marquant ainsi une 100e victoire en Coupe du monde pour le skieur.

Et puis, il y a le hockey.




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Les espoirs du hockey sur glace

Cette année marque le début d’une nouvelle ère pour le hockey féminin, puisque les joueuses professionnelles participeront pour la première fois aux Jeux olympiques, suite à la création de la Ligue professionnelle féminine de hockey.

Depuis 1990, une seule équipe autre que le Canada et les États-Unis – la Finlande en 2019 – a atteint la finale des Championnats du monde de hockey sur glace. Le Canada a remporté la médaille de bronze cette année-là.

Médaillée d’or lors de cinq des sept Jeux olympiques précédents, l’équipe féminine canadienne aborde cette année en position de faible favorite, tandis que l’équipe américaine défend son titre de championne du monde.

Compte tenu de l’histoire riche de ces deux équipes et des tensions actuelles entre les deux nations, leur confrontation sera sans aucun doute l’un des moments les plus passionnants de cette année.

Du côté des hommes, une longue attente touche à sa fin : les joueurs de la NHL font leur retour aux Jeux olympiques. Le capitaine canadien Sidney Crosby visera sa troisième médaille d’or olympique.

Le retour des talents professionnels s’accompagne d’une source de tension familière pour les amateurs de hockey canadien : la consternation autour des gardiens de but.

Le Canada reste l’un des favoris du tournoi, brillant avec de nombreuses superstars en attaque et en défense, mais les inquiétudes persistantes concernant les gardiens de but continuent d’alimenter les doutes de certains admirateurs.

Les espoirs olympiques ne manquent pas

L’équipe canadienne compte de nombreux autres espoirs de médailles à Milano Cortina, depuis les skieurs alpins et les athlètes de ski cross aux planchistes, patineurs artistiques et skieurs acrobatiques.

Mais le simple fait d’assister aux Jeux lorsque cela est possible peut être une expérience enrichissante en soi.

Malgré le cynisme et le scepticisme à l’égard du Comité international olympique, les Jeux olympiques d’hiver offriront aux athlètes canadiens l’occasion d’atteindre l’excellence sportive mondiale.

Si nous savons que la pression crée des diamants, ces athlètes pourraient bientôt prouver qu’elle peut aussi produire de l’or.

La Conversation Canada

Taylor McKee reçoit un financement du Conseil de recherches en sciences humaines du Canada.

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How the 1986 Super Bowl kickstarted prop betting in America – and why it’s threatening the integrity of US sports

Source: The Conversation – UK – By Gemma Ware, Host, The Conversation Weekly Podcast, The Conversation

Super Bowl Sunday is the biggest night in American sports. The 2026 NFL showdown between the New England Patriots and the Seattle Seahawks in California will be more than just a football game – it’s a full evening of entertainment, from the live music performances to the multi-million dollar ad campaigns.

A popular destination to watch – and bet – on the Super Bowl is Las Vegas, Nevada. And it was in Las Vegas, 40 years ago, that one enterprising casino would forge a new direction in American sports gambling: prop betting.

In January 1986, on the night of the Super Bowl between the Chicago Bears, the clear favourites, and the New England patriots, the sportsbook manager at Caesar’s Palace decided to allow a new type of wager. He offered odds on whether a ginormous, hulk of a player called William Perry, nicknamed “The Refrigerator”, would score a touchdown. It’s gone down in American sports history as the origin of prop betting in the US, when people gamble not just on the result of a game, but on the outcome of individual events within it.

In this episode of The Conversation Weekly podcast, we speak to John Affleck, Knight Chair in sports journalism and society at Penn State, who believes the explosion of prop betting is threatening the integrity of professional sports in the US.

American sports from NBA basketball to Major League Baseball to college basketball, are currently reeling from multiple gambling scandals, many involving a form of prop, or micro, betting.

Affleck explains how prop betting grew from that single play on the 1986 Super Bowl into a huge industry that has changed the world of American sports, fuelled by a pivotal 2018 US Supreme Court ruling that allowed US states to decide on whether to allow sports betting. Listen on The Conversation Weekly podcast.


This episode of The Conversation Weekly was written and produced by Katie Flood, with production assistance from Mend Mariwany. Mixing by Michelle Macklem and theme music by Neeta Sarl. Gemma Ware is the executive producer.

Newsclips in this episode from Foggy Melson Sports, CBS News, NBC News, 19 News and ABC News.

Listen to The Conversation Weekly via any of the apps listed above, download it directly via our RSS feed or find out how else to listen here. A transcript of this episode is available via the Apple Podcasts or Spotify apps.

The Conversation

John Affleck does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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Farcical peace talks continue in Abu Dhabi as Ukraine shivers under Russia’s winter onslaught

Source: The Conversation – UK – By Stefan Wolff, Professor of International Security, University of Birmingham

Russia, Ukraine and the US have met for a second time for trilateral talks to discuss a possible cessation of hostilities. The meeting got off to the same depressing start as the first one had the week before. On February 3, the night before the three sides gathered in Abu Dhabi, a massive barrage of 521 drones and cruise missiles once again targeted critical civilian infrastructure in Ukrainian cities, including the capital, Kyiv.

And while the talks were in full swing, Russia followed up on its nighttime strikes by deploying cluster munitions against a market in Druzhkivka, one of the embattled cities in what remains of Ukraine’s fortress belt in the Donetsk region.

Not the most auspicious start to talks that aim to stop fighting between the two sides. Add to that the fact that the basic negotiating positions of Moscow and Kyiv remain as far apart as ever, and any prospect of an imminent breakthrough to peace in Ukraine quickly evaporates.

The more technical discussions on military issues, including specifics of a ceasefire and how it would be monitored, appear to be generally more constructive. Apart from a prisoner exchange, no further agreement was reached. But even such small confidence-building steps are useful. And even where no agreement is feasible for now, identifying likely issues and mapping solutions that are potentially acceptable to Moscow and Kyiv is important preparatory work for a future settlement.

However, without a breakthrough on political issues it does not get the conflict parties closer to a peace deal. These political issues remain centred on the question of territory. Russia insists on the so-called “Anchorage formula”. Ukraine withdraws from those areas of Donetsk it still controls and Russia agrees to freezing the frontlines elsewhere.

Kyiv has repeatedly made clear that this is unacceptable. US mediation efforts, to date, have been unable to break this deadlock.

The political impasse, however, clearly extends beyond territory. Without naming any specific blockages to a deal, Yury Ushakov, a key advisor to the Russian president, Vladimir Putin, recently noted that there were other contested issues holding up agreement. Very likely among them are the security guarantees that Ukraine has been demanding to make sure that Russia will not renege on a settlement.

These future security guarantees appear to have been agreed between Kyiv and its European and American partners. They involve a gradual escalating response to Russian ceasefire violations, ultimately involving direct European and US military involvement.

Potholes in the road to peace

The Kremlin’s opposition to such an arrangement is hardly surprising. But it casts further doubt on how sincere Putin is about a durable peace agreement with Ukraine. In turn, it explains Kyiv’s reluctance to make any concessions, let alone those on the current scale of Russian demands.

What complicates these discussions further is the fact that the US is linking the provision of security guarantees for Kyiv to Ukrainian concessions on territory along the lines of the Moscow-endorsed Anchorage formula.

This might seem a sensible and fair compromise, but there are some obvious problems with it. First, it relies on the dependability of the US as an ultimate security backstop. But (particularly European) confidence in how dependable US pledges actually are has been severely eroded during the first 12 months of Donald Trump’s second term in the White House.

Second, Europe is moving painfully slowly to fill the void left by the US decision to halt funding to Ukraine. The details of a €90 billion (£78 billion) loan agreed in principle by EU leaders in December, have only just been finalised.

Doubts – as voiced by Nato secretary-general, Mark Rutte – also persist about whether, even in the long term, Europe has a credible prospect of developing sufficiently independent military capabilities outside the transatlantic alliance.

Few incentives to reach a deal

As a result, there are few incentives for Kyiv to bow to US pressure and give up more territory to Russia in exchange for security guarantees that may not be as ironclad in reality as they appear on paper. Likewise, it makes little sense for Moscow to accept even a hypothetical western security guarantee in exchange for territory that the Kremlin remains confident it can take by force if necessary.

Map of east Ukraine showing the battlelines.
Contested territory: Russia wants Ukraine to give up the remainder of the Donetsk region it currently occupies.
Institute for the Study of War, FAL

Following Xi Jinping’s public affirmation of Chinese support for Russia in a video call between the two countries’ presidents on the anniversary of the declaration of their “no-limits partnership” in February 2022, Putin is unlikely to feel any real pressure to change his position.

Putin will feel further reassured in his position by the fact that there is still no progress on a new sanctions bill in the US senate – four weeks after Trump allegedly “greenlit” the legislation. In addition, Trump’s top Ukraine negotiators – Steve Witkoff and Jared Kushner – are now also engaged in negotiations with Iran. This further diminishes US diplomatic capacity and is only going to reinforce Moscow’s intransigence.

Any claims of progress in the negotiations in Abu Dhabi are therefore at best over-optimistic and at worst self-deluding. And if such claims come from Putin’s envoy Kirill Dmitriev, they once more underscore that US mediation between Russia and Ukraine serves the primary purpose of restoring economic relations between Moscow and Washington. Like Kushner and Witkoff, Dmitriev is first and foremost a businessman.

Not only does this parallel track of Russia-US economic talks explain Trump’s reluctance to put any meaningful pressure on Putin, it also betrays the deep irony of the US approach to ending the war. As Europe painfully learned over more than two decades of engagement with Putin’s Russia, economic integration does not curb the Kremlin’s expansionism but enables it.

The Conversation

Stefan Wolff is a past recipient of grant funding from the Natural Environment Research Council of the UK, the United States Institute of Peace, the Economic and Social Research Council of the UK, the British Academy, the NATO Science for Peace Programme, the EU Framework Programmes 6 and 7 and Horizon 2020, as well as the EU’s Jean Monnet Programme. He is a Trustee and Honorary Treasurer of the Political Studies Association of the UK and a Senior Research Fellow at the Foreign Policy Centre in London.

ref. Farcical peace talks continue in Abu Dhabi as Ukraine shivers under Russia’s winter onslaught – https://theconversation.com/farcical-peace-talks-continue-in-abu-dhabi-as-ukraine-shivers-under-russias-winter-onslaught-275138

Le plus ancien vomi fossile par un animal terrestre nous indique le menu d’un prédateur ayant vécu il y a 290 millions d’années

Source: The Conversation – in French – By Arnaud Rebillard, Doctorant en paléontologie, Museum für Naturkunde, Berlin

On connaissait les crottes fossiles, appelées coprolithes. Mais une découverte récente montre que les régurgitations peuvent elles aussi se fossiliser. Sur le site paléontologique de Bromacker, en Allemagne, un fossile très particulier a été mis au jour : un régurgitalithe, c’est-à-dire un vomi fossile. Cette régurgitation regroupe des restes osseux appartenant à trois animaux différents et provient d’un prédateur appartenant aux synapsides (groupe d’animaux incluant les mammifères modernes), déjà découvert sur ce site.

Les roches de cette localité, âgées d’environ 290 millions d’années (Permien inférieur), ont déjà livré des plantes, des amphibiens et des reptiles exceptionnellement bien conservés, ainsi que de nombreuses traces de pas. Cette fois, notre équipe a découvert un petit amas d’os partiellement digérés, sans structure ni forme régulière, suggérant qu’il ne s’agissait pas d’un excrément mais bien de restes régurgités par un prédateur. Cette découverte vient d’être publiée dans Scientific Reports.

Comment avons-nous déterminé qu’il s’agissait de vomi fossilisé ?

Ce fossile se présente sous la forme d’un amas osseux compact. Un tel regroupement d’os n’a jamais été découvert à Bromacker, et suggère que ces restes ont été ingérés puis rejetés par un prédateur, soit par défécation ou régurgitation. Dans le cas des coprolithes (crottes fossilisées), les restes osseux sont généralement préservés à l’intérieur d’une matrice sédimentaire d’origine organique (matière fécale) visible, riche en phosphore, issu de l’activité bactérienne liée à la digestion des os. Or, dans le cas de ce spécimen, les restes osseux ne sont pas entourés d’une telle matrice. Une analyse des éléments chimiques par micro-XRF (Spectrométrie de fluorescence des rayons X) a confirmé une quasi-absence de phosphore dans cette matrice. Cette absence de phosphore est caractéristique des régurgitalithes (régurgitations fossilisées) comparé aux coprolithes, fortement concentré en phosphore, dû à un temps de digestion plus long.

Nous avons aussi scanné le fossile en 3D (CT-scan). Cette approche non destructive a permis de reconstituer virtuellement chaque os et de les identifier avec précision. Le régurgitalithe contient notamment :

  • un maxillaire d’un petit reptile quadrupède (Thuringothyris), avec la plupart des dents encore en position ;

  • un humérus appartenant à Eudibamus, un reptile bipède ;

  • un métapode (os du pied ou de la main) d’un diadectide, un herbivore de taille nettement plus grande.

Au total, trois animaux différents et de tailles variées, ont été ingérés puis partiellement régurgités par un même prédateur.

Pourquoi cette découverte est-elle importante ?

Les régurgitalithes sont très rares dans le registre fossile, et aucun n’avait encore été décrit dans un environnement terrestre aussi ancien. Cette découverte représente ainsi le plus ancien vomi fossile de vertébré terrestre connu.

Elle ouvre aussi une fenêtre inédite sur le comportement alimentaire des prédateurs du Permien inférieur. Deux carnivores suffisamment grands pour avoir ingéré ces proies sont connus à Bromacker : Dimetrodon, reconnaissable à sa crête dorsale, et un autre synapside carnivore de taille comparable, Tambacarnifex.

La diversité des restes contenus dans ce régurgitalithe suggère un comportement opportuniste, où ces prédateurs ingéraient tout ce qui était à leur portée. De plus, ce régurgitalithe agit comme une véritable capsule temporelle, renfermant les restes de plusieurs animaux ayant vécu exactement à la même période, peut être même au jour près. Ce spécimen nous permet ainsi de vérifier la coexistence réelle de ces trois animaux.

Quelles suites donner à cette recherche ?

Cette étude nous invite à reconsidérer certaines accumulations d’ossements fossiles, parfois interprétées comme des coprolithes ou des dépôts sédimentaires. Elle montre que les régurgitalithes pourraient être plus fréquents qu’on ne le pensait, mais encore largement sous-identifiés.

À l’avenir, la combinaison de scans 3D, d’analyses chimiques et de comparaisons anatomiques détaillées pourrait permettre de reconnaître d’autres vomis fossiles et de mieux relier ces vestiges aux prédateurs à leur origine. Ces travaux ouvrent de nouvelles perspectives pour reconstruire les réseaux trophiques (ensemble des interactions d’ordre alimentaire entre les êtres vivants d’un écosystème, ndlr) anciens et mieux comprendre le fonctionnement des écosystèmes terrestres il y a près de 300 millions d’années.


Tout savoir en trois minutes sur des résultats récents de recherches commentés et contextualisés par les chercheuses et les chercheurs qui les ont menées, c’est le principe de nos « Research Briefs ». Un format à retrouver ici.

The Conversation

Arnaud Rebillard ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le plus ancien vomi fossile par un animal terrestre nous indique le menu d’un prédateur ayant vécu il y a 290 millions d’années – https://theconversation.com/le-plus-ancien-vomi-fossile-par-un-animal-terrestre-nous-indique-le-menu-dun-predateur-ayant-vecu-il-y-a-290-millions-dannees-275013

Prix de l’or : montée, chute… et rebond. Que se passe-t-il avec la valeur refuge ?

Source: The Conversation – in French – By David McMillan, Professor in Finance, University of Stirling

Les tensions politiques à l’échelle mondiale ont contribué aux variations spectaculaires des prix de l’or. (Shutterstock)

Fin janvier, le prix de l’or a atteint un sommet historique d’environ 5500 $ US (7480 $ CAD). Le 30 janvier, il a enregistré l’une des plus fortes baisses journalières jamais constatées, chutant de près de 10 %.


Il s’agissait d’un retournement spectaculaire, après un marché haussier de l’or qui avait progressé de plus de 300 % au cours de la dernière décennie, de plus de 150 % sur les cinq dernières années et, fait plus marquant, de 75 % depuis l’annonce des tarifs douaniers de Donald Trump lors de ce qu’il a appelé le « Liberation Day ». Pour comprendre cela, il faut examiner certains facteurs ayant conduit à cette hausse.

Les raisons peuvent être grossièrement classées en deux catégories. La première concerne l’incertitude sur les marchés et le rôle de l’or comme « valeur refuge ». En tant qu’actif financier, l’or ne génère aucun revenu, contrairement aux actions (qui peuvent verser des dividendes) ou aux obligations (qui offrent des coupons). Ainsi, en période faste, l’or est délaissé au profit des actions, et en période de taux d’intérêt élevés, au profit des obligations.

Cependant, en période de risque et d’incertitude accrus, la tangibilité de l’or lui confère de la valeur. Cela a été observé lors de la crise financière (et de la crise de la dette souveraine qui a suivi) ainsi qu’au début de la pandémie de Covid-19. À ces moments, les prix des actions et les taux d’intérêt étaient bas, ces derniers atteignant des niveaux historiquement faibles, et l’or est devenu l’actif privilégié, car il offrait la possibilité de rendements supérieurs par rapport au risque.

Ces périodes de crise peuvent souvent être géopolitiques, ce qui est le cas actuellement avec la guerre en Ukraine suite à l’invasion russe, ainsi que les tensions persistantes au Moyen-Orient.




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L’effet Trump

Le prix de l’or reste pour l’instant soutenu par l’incertitude créée par les droits de douane de Trump, qui affectent non seulement le commerce et la croissance mondiaux, mais aussi le système financier international, où le dollar américain sert de monnaie de référence et de devise de cotation des matières premières.

L’utilisation des droits de douane de cette manière mine la confiance dans le dollar, surtout lorsqu’ils sont menacés comme mesure punitive — comme Trump l’a récemment fait contre des pays européens pour s’opposer à son projet d’annexer le Groenland.

Des manifestants anti-Trump tiennent des pancartes avec le drapeau du Groenland
Trump a menacé d’augmenter les droits de douane en raison de ses projets sur le Groenland.
(Shutterstock)

De plus, stimulé par un dollar américain faible, qui a perdu 10 % sur un an, l’achat d’or a été important, y compris par les banques centrales dans le cadre de leurs réserves.

Petite précision : bien que l’on évoque souvent un remplacement du dollar américain comme monnaie de réserve par les banques centrales, les avoirs étrangers en bons du Trésor américain atteignent un niveau record, ce qui contredit cette idée.

Le niveau d’endettement des pays ne montre aucun signe de ralentissement. Par exemple, le projet de loi de Trump, One Big Beautiful Bill Act, qui prévoit des réductions d’impôts et des augmentations de dépenses pour la sécurité des frontières et la défense, devrait ajouter plusieurs milliers de milliards de dollars à la dette américaine.

La deuxième raison de la hausse à long terme du prix de l’or réside dans son utilisation croissante au sein des portefeuilles d’investissement à des fins spéculatives. Le rôle de « valeur refuge » de l’or implique une corrélation négative avec les actions : lorsque l’un progresse, l’autre recule, et inversement.

Cependant, avec le S&P500 (l’indice suivant les 500 plus grandes entreprises cotées aux États-Unis) atteignant également des records historiques, actions et or ont plutôt évolué dans le même sens. Cela indique que les investisseurs achètent les deux types d’actifs.

Un facteur majeur dans la progression de l’or comme actif d’investissement (et pas seulement comme valeur refuge) est la montée des fonds négociés en bourse (FNB), qui en facilitent l’achat pour les investisseurs non professionnels.




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Alors pourquoi la chute ?

Ce n’est pas un événement unique, mais le résultat d’une accumulation de petits changements et des fluctuations habituelles du sentiment des investisseurs. Le risque géopolitique reste élevé en Ukraine et au Moyen-Orient (plus calme en Israël et à Gaza, mais pas en Iran). Certains signes sont toutefois positifs.

L’utilisation intermittente des droits de douane par Trump comme levier de négociation politique (cette fois concernant le Groenland) a aussi contribué à la hausse puis à la chute de l’or. La nomination de Kevin Warsh comme nouveau gouverneur de la Réserve fédérale américaine devrait réduire le risque économique.

Bien que Warsh soutienne généralement la préférence de Trump pour des taux d’intérêt bas — une position qui inquiète certains investisseurs en raison des risques inflationnistes — il souhaite également réduire la taille du bilan de la Fed. Il est donc peu probable qu’il y ait un assouplissement monétaire complet.

Le comportement des investisseurs a également joué un rôle. Les bénéfices ne sont réalisés qu’au moment de la vente, et certains ont choisi de vendre de l’or sur un marché à des niveaux élevés, déclenchant une baisse des prix qui a ensuite entraîné d’autres ventes.

Cela inclut les ventes automatiques (« stop-loss ») et les ventes par des hedge funds et autres investisseurs institutionnels, qui doivent liquider leurs positions pour éviter de lourdes pertes.

Après la forte chute du 30 janvier, le prix de l’or a rebondi quelques jours plus tard, enregistrant la plus forte hausse quotidienne depuis 2008.

Les corrections sont toujours possibles, et les mouvements actuels semblent excessifs. On peut toutefois supposer qu’ensuite, le marché se stabilisera et reprendra une trajectoire haussière, certes plus lente qu’avant la chute.

La Conversation Canada

David McMillan ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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