La importancia de tener en cuenta el valor social de las presas que se derriban para recuperar los ríos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Miranda Ferreiro, Investigador en el Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (BIOMA), Universidad de Navarra

Demolición del azud del Molino Ventura, en el río Cega, Navafría (Segovia). Confederación Hidrográfica del Duero, CC BY-SA

La eliminación de barreras, como presas y azudes, es una estrategia cada vez más utilizada para restaurar ecosistemas fluviales. En Europa, estas acciones son clave para alcanzar el objetivo de 25 000 kilómetros de ríos de curso libre establecido por la reciente normativa sobre restauración de la naturaleza para 2030.

Sin embargo, la aceptación social de estos derribos sigue siendo desigual, y la oposición local –a menudo vinculada a arraigos culturales, a una escasa conciencia ecológica y a la desinformación– puede influir en los esfuerzos de restauración o incluso obstaculizarlos.

La percepción social, la tradición cultural y el apego al paisaje

Hace unos años, en una localidad del norte de Navarra, la Administración foral convocó una reunión con técnicos y paisanos de los pueblos de la zona. Se exponía en aquel encuentro un ambicioso proyecto que implicaba el derribo de varias presas obsoletas, con el fin de incrementar la conectividad del río y favorecer, en concreto, el ascenso de especies migradoras como los salmones.

Durante la explicación de los hitos y acciones del proyecto, se mencionó el nombre de una presa ubicada en un pueblo cercano. Fue entonces cuando una mujer, como un resorte, se puso en pie y declaró que no podía derribarse. Explicó que por el camino que pasaba por encima de aquella presa, la Virgen del pueblo era acompañada en la romería de mayo. Era una razón más que suficiente para replantearse el derribo.

De la misma manera que las presas sólo se pueden derribar cuando ya no están en uso y su licencia de explotación ha terminado, aquella presa tenía un valor cultural e intangible que no se puede despreciar y que no constaba en ningún registro oficial.

Los pros y contras de las presas y los embalses

La gestión de presas sigue siendo un tema polémico socialmente. Aunque los impactos sobre la biodiversidad resultan evidentes, también es cierto que estas construcciones y sus embalses aportan beneficios significativos a la sociedad, como la producción de energía renovable, el suministro de agua o la creación de espacios para el baño y la pesca recreativa, además de usos culturales que a menudo solo se identifican escuchando a la comunidad.

A la vez, los efectos sobre la biodiversidad pueden variar en intensidad según su distribución y estado de conservación. Contar con un conocimiento más preciso sobre su situación contribuirá a mejorar la toma de decisiones, especialmente en lo relativo a especies de alto valor recreativo, como la trucha o el salmón atlántico.

Midiendo la alteración provocada por las presas

Tradicionalmente, en los estudios sobre los impactos de las presas se han considerado, en primer lugar, los kilómetros de río fragmentados. Pero cuando buscamos priorizar el desmantelamiento de presas obsoletas, no deberíamos valorar únicamente la longitud de los tramos liberados, sino también la biodiversidad fluvial y su conservación.

En esta línea, se han desarrollado indicadores que consideran la presencia de las poblaciones de peces, como principales “usuarios” de los ríos. Pero no es suficiente: resulta imprescindible incorporar la percepción social sobre las presas, sus impactos y los servicios ecosistémicos que aportan con el fin de determinar la relación coste‑beneficio de restaurar la conectividad desde todas las perspectivas implicadas.

Dentro de esas perspectivas han de estar, sin duda, los servicios que estas infraestructuras nos brindan y los valores intangibles –como los identitarios– que condicionan la percepción que tenemos de nuestro entorno. Estos últimos han sido tradicionalmente los más difíciles de abordar en la gestión de ecosistemas, lo que pone aún más de relieve la necesidad de fomentar una buena comunicación y la participación ciudadana en este tipo de procesos.

La percepción social en la valorización de las presas

El objetivo del proyecto ConnectFish es evaluar los impactos de las presas sobre los peces ibéricos teniendo en cuenta tanto los aspectos biológicos como aquellos sociales relacionados con los servicios ecosistémicos que los ríos nos ofrecen –zonas recreativas, suministro de energía y alimentos, valor cultural, etc.– y la percepción que tenemos de ellos.

Nos hemos centrado en las cuencas del Deva-Cares, del Oria y del Bidasoa, debido a las características peculiares de los ríos cantábricos y sus poblaciones. Al encuestar a los habitantes de las áreas aledañas, hemos encontrado que existe una brecha significativa entre los beneficios percibidos y los impactos reconocidos de las presas.

Un río en cuya margen izquierda puede verse los restos de una pared que correspondía a una presa
Presa derribada en Ituren, norte de Navarra, en el río Bidasoa. Imagen tomada el 25 de mayo de 2018.
Rafael Miranda, CC BY-SA

Si bien se percibe que en los ríos del entorno hay un exceso de obstáculos, la población prioriza su uso recreativo y productivo frente a cualquier actuación que implique su retirada. Cabría destacar que entre la población encuestada no han calado ciertos bulos (como el derribo de presas en uso) que sí parecen estar extendidos en otros entornos. Su vinculación con el territorio y el conocimiento directo de la zona facilita una mayor capacidad para contrastar la información falsa con la realidad.

Esta información preliminar muestra que las presas tienen, sin lugar a dudas, un valor social, en muchos casos identitario, que no debe desestimarse.

Nuestros hallazgos reafirman la importancia de fortalecer la concienciación de las partes interesadas sobre los impactos de las barreras fluviales y los beneficios de su eliminación al planificar intervenciones específicas. Es fundamental involucrar a las comunidades locales, en particular a los grupos más implicados, para fortalecer la aceptación social de estas acciones y mejorar la gobernanza ambiental.

Hay que tener en cuenta no solo los servicios ecosistémicos tradicionales, sino también los valores intangibles, como los bienes culturales o los vínculos identitarios con el territorio de las personas que lo habitan.

The Conversation

Rafael Miranda Ferreiro recibe fondos de la Fundación Biodiversidad a través del proyecto ConnectFish. El proyecto ConnectFish cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU. Las opiniones y conclusiones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona o personas que ostenten la autoría de las mismas, y no reflejan necesariamente los puntos de vista de las entidades que apoyan económicamente el proyecto.

Ana Villarroya Ballarín ha recibido fondos de la Fundación Biodiversidad a través del proyecto ConnectFish.

ref. La importancia de tener en cuenta el valor social de las presas que se derriban para recuperar los ríos – https://theconversation.com/la-importancia-de-tener-en-cuenta-el-valor-social-de-las-presas-que-se-derriban-para-recuperar-los-rios-278268

¿Quién fue Emmi Pikler y cómo transformó los cuidados en las ‘casas cuna’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estela Isequilla Alarcón, Profesora Sustituta Interina del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Área de especialización en dislexia y en inclusión educativa., Universidad de Málaga

hedgehog94/Shutterstock

Aunque hoy nos parece obvio que para desarrollarse adecuadamente un bebé necesita más que comida, bebida y cuidados físicos, hace apenas un siglo que esta idea era bastante revolucionaria. La importancia del contexto y de los vínculos afectivos en el desarrollo infantil en general, y en el caso de niños que no crecen con sus progenitores en particular, fue algo en lo que Emmi Pikler, pediatra austriaca, fue pionera.

Su investigación del comportamiento de los bebés y niños pequeños procedentes de orfanatos permitió comprender mejor la importancia del apego y del respeto a los ritmos naturales del desarrollo.

Junto con su esposo, el pedagogo György Pikler, compartía la convicción de que los niños necesitan crecer en un entorno emocionalmente seguro para poder establecer relaciones sociales sanas y desarrollarse de manera equilibrada.

Cuidados infantiles a principios del XX

Pikler nació en Viena a comienzos del siglo XX, dónde estudió la carrera de Medicina y realizó sus prácticas en el Hospital Universitario de Viena junto al doctor Pirquet, un pediatra especializado en enfermedades infecciosas, primer profesor y catedrático de Pediatría de la Universidad Johns Hopkins en 1909.

Pikler también cooperó con el profesor Hans Salzer, un cirujano pediátrico del Hospital Mauthner Markhof. Este profesional le enseñó la importancia de que los niños sientan el tacto de sus cuidadoras y se acostumbren poco a poco a ellas, respetando su espacio y su ritmo.

Una mirada respetuosa

A partir de la influencia de estos dos mentores, Pikler desarrolló una mirada respetuosa hacia la infancia, comprendiendo la importancia de cuidar a los niños de forma consciente y evitando emociones o sensaciones de inseguridad o incomodidad.

Para ello, antes de cualquier intervención se les explicaba qué se iba a hacer y qué se esperaba de ellos, fomentando así una relación basada en la confianza con el médico. También se valoraban aspectos como la comodidad de la ropa, el contacto con el aire libre y la existencia de espacios lúdicos adecuados en el hospital.




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La importancia del entorno

Pikler comenzó a incorporar a las familias en los tratamientos infantiles. Las visitaba en sus propios hogares. Su labor no se limitaba a atender enfermedades, sino que realizaba un seguimiento continuo del desarrollo de los niños. Pikler entendía que la salud física está estrechamente relacionada con el entorno familiar, el clima emocional y las condiciones de vida cotidianas.

A partir de 1946, y durante más de cuarenta años, dirigió una casa cuna en Budapest conocida posteriormente como el Instituto Pikler, situada en la calle Lóczy. Allí se atendía a bebés y niños pequeños que no podían recibir los cuidados de sus madres.

El síndrome del hospitalismo

En este contexto, Pikler reflexionó profundamente sobre el llamado “síndrome del hospitalismo”, que afectaba a los niños criados en orfanatos sin vínculos afectivos estables. El síndrome se refería a las dificultades emocionales y de personalidad en la edad adulta que algunos de estos huérfanos desarrollaban.

Pikler entendía que la salud no se reducía a una buena alimentación o a un peso adecuado, sino que incluía el movimiento libre, el juego y, sobre todo, la creación de vínculos afectivos significativos y duraderos con las personas que estaban en la vida de estos niños.

El apego no materno

En concreto, en el Instituto Pikler se llevaron a cabo estudios a los niños huérfanos durante años. Las educadoras observaban de manera sistemática a pequeños grupos de niños y registraban diariamente sus comportamientos y avances, prestando especial atención a su desarrollo emocional y psicológico. Esta labor permitió comprender mejor las necesidades reales de la infancia y reforzó la importancia de una educación basada en el respeto, la observación y el afecto.

Pikler demostró que, aunque el vínculo que se establece con una cuidadora no sea idéntico al que se crea con una madre en el hogar, los niños pueden igualmente desarrollar un apego seguro si reciben cuidados estables, respetuosos y afectuosos. Estas cuidadoras tenían un trato cercano con los chicos huérfanos.




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Seguridad y autonomía

Desde su desempeño como pediatra, Pikler promovió una pedagogía basada en el respeto, autonomía y cercanía con los niños desde los primeros años de vida. El objetivo es que el niño se sienta seguro en su entorno y capaz de resolver por sí mismo los pequeños retos que se le presentan.

Esta autora tenía en consideración estos cuatro principios pedagógicos:

  • Valorar y respetar la autonomía de los niños y niñas.

  • Mantener relaciones afectivas estables con un número reducido de educadoras.

  • Tomar conciencia tanto del entorno del niño como de la propia actitud del adulto.

  • Cuidar la salud física y emocional de manera integral.

Ritmos variables

Aunque su intención inicial era simplemente ofrecer buenos cuidados a los niños del instituto, Emmi Pikler acabó sentando las bases de un enfoque educativo que hoy influye en escuelas y familias de todo el mundo. Defendía que no se debía forzar ni adelantar el desarrollo motor del bebé. En lugar de ello, proponía preparar espacios y materiales adecuados para que los niños, movidos por su curiosidad natural, pudieran explorar y descubrir el mundo a su propio ritmo. Respetar estos tiempos favorece la confianza, la seguridad y la conciencia corporal.

Asimismo, Pikler subrayó la importancia de una relación afectuosa y respetuosa entre el niño y el adulto de referencia. Esto requiere una observación atenta, comprender las dificultades individuales y adaptarse a las necesidades de cada niño, sin imponer actividades para las que aún no esté preparado.

¿Cómo lograr el apego?

Este enfoque de Pikler coincidió en el tiempo con el trabajo del psiquiatra británico John Bowlby, quien desarrolló el concepto del apego y su importancia en el desarrollo infantil.

En este sentido, las ideas de Bowlby y Pikler coinciden en la importancia de ofrecer continuidad, seguridad y estabilidad emocional a los más pequeños. La teoría del apego es clave en la infancia, debido a que los niños experimentan diversas vivencias y relaciones emocionales durante su infancia.

El trabajo de Pikler demostró que, con cuidados constantes, observación individualizada y vínculos afectivos sólidos, los niños que no crecen con sus madres pueden desarrollarse de forma saludable.

The Conversation

Estela Isequilla Alarcón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Quién fue Emmi Pikler y cómo transformó los cuidados en las ‘casas cuna’? – https://theconversation.com/quien-fue-emmi-pikler-y-como-transformo-los-cuidados-en-las-casas-cuna-269302

Doce factores que explican por qué están aumentado las infecciones de transmisión sexual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

Abril es el mes de la concienciación y de la sensibilización frente a las infecciones de transmisión sexual (ITS). Cada día, más de un millón de personas en todo el mundo contraen una ITS y, por desgracia, estas cifras van en aumento.

A nivel mundial, se conocen más de 30 patógenos que se transmiten durante el contacto sexual. De ellos, la gonorrea, la sífilis, la clamidia, la tricomoniasis, la hepatitis B, el virus del papiloma humano (VPH), el herpes genital y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) son los que más contribuyen a la carga global de morbilidad.

Por ejemplo, se estima que 520 millones de personas de entre 15 y 49 años presentan infección por el virus del herpes simple tipo 2 (HSV-2), la principal causa del herpes genital. Y solo en 2002, ocho millones de adultos de entre 15 y 49 años contrajeron sífilis.

Es posible que las ITS estén aumentando a nivel mundial debido a una combinación de factores conductuales, sociales y biológicos. Aquí analizamos algunos de ellos.

1. Disminución del uso del preservativo

Un informe de la Organización Mundial de la Salud destaca una caída significativa en el uso del preservativo entre adolescentes y jóvenes. La utilización inconsistente de esta eficaz herramienta para prevenir la mayoría de ITS se correlaciona directamente con el aumento de casos, a menudo asintomáticos.

El uso generalizado de anticonceptivos orales, que no protegen contra estas infecciones, unido al acceso a métodos anticonceptivos de emergencia, cómo la píldora del día después, ha reducido la preocupación por los embarazos no deseados y la motivación para usar preservativos.

2. Cambio en la percepción del riesgo

Existe una menor preocupación por contraer el VIH. Aunque la profilaxis preexposición (PrEP) ha demostrado eficacia en la reducción de la transmisión del virus, su uso generalizado puede promover indirectamente encuentros sexuales sin protección, lo que podría acelerar la propagación de las ITS.

A pesar de que la mortalidad relacionada con el VIH ha disminuido, aproximadamente 39 millones de personas aún están infectadas con el virus, produciendo casi 630 000 muertes anuales, predominantemente en África subsahariana.

3. Empleo generalizado de las aplicaciones de citas

Las apps de citas facilitan un mayor número de contactos sexuales, un cambio más rápido de pareja y una mayor prevalencia de relaciones sexuales sin protección.

Algunos estudios sugieren que estas aplicaciones permiten a los usuarios acceder a redes sexuales más diversas y amplias, lo que aumenta la probabilidad de contraer y transmitir infecciones. Concretamente, el repunte de casos de sífilis y gonorrea, sobre todo en Europa, se ha relacionado con encuentros casuales facilitados por apps móviles.

4. La resistencia a los antibióticos

La resistencia a los antibióticos está transformando algunos patógenos causantes de ITS en súperbacterias cada vez más difíciles o imposibles de tratar. Es el caso de la gonorrea, la clamidia y Mycoplasma genitalium. La aparición de cepas resistentes a los medicamentos disminuye la eficacia del tratamiento, provoca mayores tasas de infección y aumenta complicaciones a largo plazo como la infertilidad y la enfermedad inflamatoria pélvica.

Entre 2022 y 2024, la resistencia a la ceftriaxona y la cefixima, los principales antibióticos utilizados para tratar la gonorrea, aumentó drásticamente del 0,8 % al 5 % y del 1,7 % al 11 %, respectivamente, detectándose cepas resistentes en varios países. Por su parte, la resistencia a la ciprofloxacina alcanzó nada menos que el 95 %.

5. Deficiencias en las políticas de detección y prevención

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) ha revelado un panorama complejo en las respuestas nacionales a las infecciones de transmisión sexual. Si bien la mayoría de los países cuentan con estrategias, importantes obstáculos para la implementación de medidas preventivas y pruebas, así como la falta de datos, dificultan los esfuerzos para frenar las epidemias de clamidia, gonorrea y sífilis.

6. Mayor número de pruebas y vigilancia

En muchas regiones, especialmente en Europa y en los Estados Unidos, la ampliación de los programas de vigilancia, sobre todo para infecciones asintomáticas, ha dado lugar a una mayor detección y notificación de casos.

7. Ausencia de una educación integral

La privación de una educación sexual sólida en las escuelas y en el hogar, junto con la difusión de información errónea o falsa, provoca que muchas personas tengan conocimientos insuficientes e ideas incorrectas sobre prevención. Esto afecta especialmente a los jóvenes y los adultos mayores que inician nuevas relaciones.




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8. Reducción de la financiación para la salud pública

La evidencia indica que los recortes o el estancamiento de la financiación para los servicios de salud sexual limitan directamente la capacidad de los centros médicos para proporcionar pruebas, tratamiento y rastreo de contactos, lo que conlleva un aumento de la transmisión y mayores costes sanitarios a largo plazo.

La disminución de la inversión en servicios de salud sexual y pruebas de detección de ITS, especialmente durante la pandemia de covid-19, redujo el acceso a los test y la atención médica. En España, los diagnósticos de ITS disminuyeron en un promedio del 56 %, con las disminuciones más pronunciadas en clamidia y gonorrea. Las disminuciones se mantuvieron cinco meses después del inicio de la pandemia.

9. Aumento de la actividad sexual entre los adultos mayores

El incremento de la esperanza de vida, una mejor salud general y la disponibilidad de medicamentos para la disfunción eréctil, como el viagra, permiten a los adultos mayores mantener una vida sexual activa. Además, el aumento de las tasas de divorcio y el fallecimiento de los cónyuges implican que más personas mayores se incorporan al mundo de las citas, a menudo con múltiples parejas de las que desconocen su historial sexual. Un estudio realizado entre 2020 y 2023 reveló que los diagnósticos de infecciones de transmisión sexual (ITS) en los Estados Unidos aumentaron casi un 24 % entre las personas de 65 años o más.

10. Infecciones emergentes

Las epidemias y los brotes de patógenos de transmisión sexual emergentes y reemergentes plantean graves problemas para la población y suponen una carga adicional para los profesionales e investigadores de la salud pública.

Así, la shigelosis y el virus de la hepatitis A, tradicionalmente transmitidos por alimentos y agua contaminados, han establecido recientemente vías de transmisión sexual, principalmente entre hombres que tienen relaciones con otros hombres.

Otros patógenos emergentes, como los virus del zika y el ébola, pueden transmitirse a través de los fluidos genitales, mientras que el virus de la hepatitis C se puede contagiar por contacto con sangre durante las relaciones sexuales.

11. Miedo al estigma

El miedo al estigma es un factor determinante en el aumento de las tasas de infecciones de transmisión sexual, ya que actúa como una poderosa barrera sociopsicológica que disuade a las personas de hacerse pruebas, recibir tratamiento y revelar su estado a sus parejas.

La vergüenza, el miedo a las repercusiones sociales y el juicio moral asociados con las ITS conducen directamente a un retraso en la atención médica, lo que a su vez alimenta la continua propagación de estas infecciones.

12. Existencia de infecciones asintomáticas

Las infecciones asintomáticas son un factor importante en el aumento del número de ITS en todo el mundo, porque actúan como una fuente de transmisión silenciosa. Dado que las personas con ITS sin síntomas a menudo desconocen que están infectadas, no buscan tratamiento, lo que permite que las infecciones persistan, se transmitan a sus parejas y provoquen complicaciones de salud a largo plazo.

En definitiva, el aumento de las infecciones de transmisión sexual subraya la importancia de adoptar medidas proactivas y pone de manifiesto la urgente necesidad de intensificar la concienciación pública, la prevención, las pruebas diagnósticas y los tratamientos para abordar este creciente problema de salud pública.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Doce factores que explican por qué están aumentado las infecciones de transmisión sexual – https://theconversation.com/doce-factores-que-explican-por-que-estan-aumentado-las-infecciones-de-transmision-sexual-280476

Regularización de inmigrantes: ventajas económicas y desafíos institucionales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alessandro Indelicato, Investigador Posdoctoral, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Aleksandar Malivuk/Shutterstock

Más allá de ser una cuestión política o moral, la esperada aprobación en el Consejo de Ministros de este 14 de abril del proceso de regularización de inmigrantes es, sobre todo, una decisión económica. El mecanismo que plantea el Gobierno, y que tendría una duración de unos tres meses según los datos iniciales, podría facilitar permisos de residencia y trabajo a unas 500 000 personas inmigrantes de las más de 840 000 que se estima viven en España en situación irregular.

El contexto demográfico

Según datos del Instituto Nacional de Esatdística (INE), España tiene en torno a 7,2 millones de residentes extranjeros, pero si se incluye a los nacionalizados son más de 9 millones. Por otra parte, presenta una de las tasas de envejecimiento más altas de Europa y una natalidad en descenso.

Así, la inmigración es una pieza estructural para mantener el modelo económico español, intensivo en mano de obra en sectores de gran peso en el conjunto de la economía, como el turismo (12,6 % del PIB en 2024).

Los datos del mercado laboral son contundentes. En 2025, España cerró el año con más de 3,1 millones de afiliados extranjeros, que ya representan el 14 % del total de cotizantes. Su presencia es especialmente intensa en sectores clave como hostelería, agricultura o construcción donde, en muchos casos, cubren déficits persistentes de mano de obra.

Además, porcentualmente, como grupo poblacional, los inmigrantes tienen una mayor participación en el mercado laboral. Su tasa de actividad alcanza el 68,7 % del total de la población migrante en edad de trabajar frente al 56,3 % de la equivalente española. Este diferencial implica una mayor contribución relativa al sistema productivo y fiscal del país.

De la economía sumergida a la recaudación

En este contexto de integración laboral, la regularización no introduce una nueva realidad: formaliza una que ya existe. Transformar empleo informal en empleo formal implica aumentar cotizaciones sociales, ingresos fiscales y estabilidad laboral. También contribuye a reducir la economía sumergida y mejorar la productividad agregada.

La experiencia de la regularización de 2005 ofrece evidencia clara. En pocos meses, aumentó significativamente la afiliación a la Seguridad Social y se generaron ingresos fiscales adicionales por trabajador regularizado.

Sin embargo, estos efectos positivos no deben interpretarse de forma aislada. La regularización no es solo una política de ingresos: también tiene implicaciones sobre el gasto público.

El equilibrio entre ingresos y gastos

Uno de los argumentos más frecuentes a favor de la regularización es que los inmigrantes aportan más de lo que reciben. Según los datos actuales, contribuyen con en torno al 10 % de los ingresos de la Seguridad Social, mientras que el gasto en prestaciones dirigido a este colectivo ronda el 1 %. Pero este equilibrio no es estático.

El acceso a prestaciones como el ingreso mínimo vital (IMV) requiere al menos un año de residencia legal continuada. Por tanto, a medida que aumenta la integración en el sistema también lo hace la elegibilidad potencial.

El coste actual del IMV ronda los 3 100 millones de euros anuales, pero podría superar los 6 000 millones si alcanzara su cobertura potencial, y acercarse a los 9 000 millones en escenarios más amplios.

Un problema de capacidad, no solo de principios

Más allá del impacto fiscal, existe una cuestión aún más crítica: la capacidad institucional. Regularizar a cientos de miles de personas en pocos meses implica verificar identidades, antecedentes, historial laboral y condiciones de residencia.

Aunque la normativa excluye a personas con antecedentes penales, la verificación internacional de estos datos no siempre es completa ni homogénea.

Además, los efectos de la regularización no serán uniformes. Las regiones con mayor dinamismo económico absorberán mejor el impacto, mientras que otras podrían experimentar mayor presión sobre servicios públicos y sistemas de protección social.

La cuestión demográfica

Gran parte de la presión actual sobre el mercado laboral y la sostenibilidad del sistema de pensiones deriva directamente de la baja natalidad en España, una de las más reducidas de la UE: en 2024, se registraron apenas 318 005 nacimientos, consolidando una tendencia de descenso.

En este contexto, una estrategia integral debería contemplar el incentivo de la natalidad mediante políticas robustas de apoyo a las familias y estabilidad económica. Medidas como la educación preescolar gratuita y los permisos de paternidad remunerados generan efectos positivos.

No obstante, estas acciones requieren tiempo para madurar y generar resultados tangibles, mientras que las demandas del mercado laboral son inmediatas y urgentes. Por esta razón, en la práctica, la inmigración –y su correspondiente regularización– emerge como una solución más ágil, aunque no necesariamente completa ni exenta de desafíos.

La cuestión fundamental no es si la regularización generará mayores ingresos fiscales a corto plazo, sino si el Estado tiene la capacidad institucional para gestionar sus consecuencias sociales y, simultáneamente, abordar el desafío demográfico estructural que supone el envejecimiento de la población.

The Conversation

Alessandro Indelicato recibe fondos de la Agencia Canaria De Investigación Innovación Y Sociedad De La Información Gobierno De Canarias con un contrato Postdoctoral Catalina Ruiz a través de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

ref. Regularización de inmigrantes: ventajas económicas y desafíos institucionales – https://theconversation.com/regularizacion-de-inmigrantes-ventajas-economicas-y-desafios-institucionales-280122

Infraestructuras, liberalización y menos impuestos hace a Madrid más competitiva en la eurozona

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emilio José González González, Profesor de Economía, Universidad Nebrija

Área de negocios de las Cinco Torres, en Madrid, por la noche. Jose Luis Vega/Shutterstock

La globalización obliga a ser más competitivos en un mercado en el que España compite, cada vez más, con países con costes laborales muy bajos. Reducir esos costes no es una opción porque implicaría recortar de forma drástica el nivel de renta y de bienestar de las familias españolas.

Para mejorar la productividad hace falta apostar por la tecnología y la innovación, que aportan valor y compensan el efecto de unos costes laborales más elevados. Ambos factores son clave para impulsar las exportaciones y el crecimiento económico. Finalmente, el círculo virtuoso se cierra con un mayor nivel de vida de los ciudadanos y el mantenimiento de los sistemas de protección social.

En lo que va de siglo, la región de la eurozona que más ha avanzado en competitividad ha sido la Comunidad de Madrid. Así lo demuestra nuestro estudio, Shedding Light on Global Competitiveness by Analyzing Regional Competitiveness within the European Monetary Union, realizado junto a las profesoras Susana Cortés Rodríguez (UNED) y Olga Butenko Nesterenko (Universidad Nebrija), publicado en Revista de Economía Mundial.

El caso de la eurozona

Cuando los países pierden competitividad pueden recuperarla si su moneda se deprecia o se devalúa. Pero los países que han adoptado el euro no pueden hacerlo cuando se trata de ser más competitivos frente a otros territorios que también forman parte de la eurozona. La razón es que, al compartir una misma moneda, es el Banco Central Europeo el que diseña y ejecuta la política monetaria de todos los países miembros. Renunciar al tipo de cambio plantea un reto adicional cuando la competencia es entre territorios con una moneda común.

En nuestro estudio analizamos cómo ha evolucionado entre 2003 y 2021 la competitividad en las regiones fundadoras del euro. Nos centramos en las regiones, no en los países, porque la industria se concentra en zonas específicas. Esto genera desigualdades que debemos tener en cuenta.

Medimos la competitividad con los costes laborales unitarios, que relacionan costes laborales y productividad. Este indicador es útil para comparar países con niveles similares de desarrollo. Además, permite evaluar los ajustes salariales y de precios ante la pérdida de competitividad, así como los efectos de las políticas y las decisiones empresariales sobre la productividad.

Buenos vecinos

Nuestro análisis muestra que la competitividad no está repartida de forma uniforme en la geografía de la eurozona. Las regiones más industrializadas del centro y norte de Europa, como Baviera o Île-de-France, son las más competitivas. Las del sur, como Andalucía o Calabria, están a la cola. Estas diferencias se mantienen y evolucionan, influidas por la productividad, el capital humano y la especialización económica. Dicho de otra forma, aunque los costes laborales unitarios se reduzcan, las regiones más competitivas, las del centro de la UE, siguen siendo las más competitivas de la eurozona, y las de la periferia continúan estando en el furgón de cola.

Detectamos un fenómeno interesante: el efecto vecindad. Como las dinámicas económicas siguen patrones geográficos y de concentración industrial, si una región mejora su competitividad, las regiones vecinas también lo hacen.

El atractivo de la gran ciudad

También descubrimos el papel clave de las grandes áreas metropolitanas. Madrid, Viena y Lisboa han escalado posiciones gracias a su capacidad para atraer talento, inversión y actividades basadas en el conocimiento. Pero este crecimiento urbano puede aumentar las desigualdades entre regiones. Además, plantea el problema de la despoblación en las regiones menos competitivas, que es un problema especialmente acuciante en las áreas periféricas de la eurozona.

El caso de Madrid es especialmente interesante pues, durante el periodo objeto de estudio, pasó de la posición 44ª a la 14ª en el ranking de competitividad de las regiones de la eurozona. Estos resultados son el fruto de las inversiones en infraestructuras llevadas a cabo desde la década de los 80 y a una política de liberalización, desregulación y menores impuestos desplegada a partir de la década de los 90.

Otras campeonas españolas

Otras regiones españolas que también han mejorado en competitividad respecto a las regiones de la eurozona son Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, País Vasco y Navarra. En este sentido, el cuadrante noreste (País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón, Cataluña y parte de la Comunidad Valenciana), que es el más industrializado, sigue siendo el más competitivo. A ello se unen los desarrollos que han tenido lugar en Murcia, una región eminentemente agrícola, y Andalucía, que se beneficia de la existencia de clústeres tecnológicos como el de Málaga.

Desde el punto de vista político, creemos que es urgente diseñar estrategias regionales. Debemos fomentar la reindustrialización, la innovación y mejorar el capital humano. Si no lo hacemos, las regiones menos competitivas corren el riesgo de quedar atrapadas en el estancamiento, lo que agravaría las brechas socioeconómicas en la eurozona.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Infraestructuras, liberalización y menos impuestos hace a Madrid más competitiva en la eurozona – https://theconversation.com/infraestructuras-liberalizacion-y-menos-impuestos-hace-a-madrid-mas-competitiva-en-la-eurozona-261838

Zones inondables : la nouvelle cartographie piège des milliers de propriétaires

Source: The Conversation – in French – By Bernard Deschamps, PhD in Environmental Sciences, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Avec la révision en cours des zones inondables et de la règlementation, la réalité de milliers de propriétaires québécois est en train de basculer. Ce n’est plus seulement une question de sécurité civile, mais une équation économique complexe : la montée des risques menace la valeur des propriétés, complique l’accès au crédit hypothécaire et fragilise l’assiette fiscale des municipalités.

En juin 2025, le Québec a adopté un nouveau cadre pour les zones inondables, basé sur des cartes de crues actualisées plus étendues et les changements climatiques anticipés. Plusieurs dizaines de milliers de bâtiments pourraient être reclassés à risque, avec des restrictions sur la construction, la rénovation et l’accès au financement, transformant l’incertitude hydrologique en un enjeu concret pour les propriétaires et le marché immobilier.

Pourtant, alors que ce « risque hérité » du passé impose une pression financière croissante sur la société, la réponse des individus sur le terrain défie souvent la logique purement comptable. En effet, face aux inondations, la réaction des riverains ne se limite pas à une analyse rationnelle des probabilités. Elle révèle souvent un profond attachement au territoire, marqué par une survalorisation des atouts paysagers et un déni protecteur du danger.

Ce texte propose d’explorer comment ce lien affectif, confronté à la réalité du marché, se transforme en un piège financier que nous nommons le « dommage d’incertitude ».

Entre déni et « syndrome de Stockholm »

Pour comprendre la persistance de l’occupation des zones inondables, il faut d’abord saisir la psychologie de ceux qui y vivent. L’hydrométéorologie est, par nature, un monde d’incertitude : si l’inondation est une certitude statistique, son moment et son intensité restent imprévisibles. Cette « épée de Damoclès » génère une anxiété que le riverain doit gérer.

Deux mécanismes de défense s’observent fréquemment sur le terrain. Le premier est le déni, ou la politique de l’autruche : certains résidents, refusant parfois même de consulter les informations prédictives, affirment avec conviction n’avoir « jamais vu ça » pour rejeter la fatalité.

Le second mécanisme est plus complexe : lorsque le risque devient indéniable, le résident développe une forme de survalorisation de son environnement. Il magnifie les atouts du site – la nature omniprésente, l’accès direct à l’eau, la solidarité communautaire – pour contrebalancer la menace.

Cet attachement paradoxal s’apparente parfois à ce que la psychologie décrit, par analogie, comme un « syndrome de Stockholm », ou plus largement comme un attachement traumatique : des mécanismes d’adaptation où une personne, exposée de façon prolongée à un stress ou à une contrainte qu’elle ne peut éviter, développe un lien affectif paradoxal envers l’élément générateur de ce stress. L’habitant, otage de son plan d’eau, choisit d’en magnifier les qualités pour supporter la fatalité du risque. Il finit par s’identifier à son « geôlier » en ne retenant que ses aspects positifs pour rendre la vie supportable.




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Le piège financier : vers une « séquestration douce »

Toutefois, cette résilience psychologique ne protège pas contre la réalité implacable du marché. L’arrivée de nouvelles cartographies et la médiatisation des risques transforment l’incertitude hydrologique en perte de valeur tangible.

Le facteur critique n’est pas seulement le risque d’eau dans le sous-sol, mais l’accès au financement. Les banques, attentives à la réglementation et à la garantie hypothécaire, limitent l’accès au crédit pour ces propriétés.

C’est ici que se referme le piège. Faute de crédit hypothécaire disponible pour un acheteur potentiel, la propriété devient invendable ou ne peut se vendre qu’à perte. Le propriétaire, même s’il souhaitait partir, se retrouve contraint de rester, incapable de financer un relogement équivalent ailleurs.

C’est ce que nous qualifions de « séquestration douce ». Le résident devient littéralement otage de sa propriété, subissant un dommage financier qui ne dépend pas de la crue elle-même, mais de l’incertitude qui paralyse la valeur de son patrimoine.

Paradoxalement, ce piège se referme souvent sur des endroits idylliques, transformant le rêve de la vie au bord de l’eau en impasse financière. Pour de nombreux propriétaires, la résidence constitue la seule valeur significative de leur actif. Dès lors, la notoriété du risque d’inondations agit comme un stigmate : plus le risque est connu et médiatisé, plus les délais de vente s’allongent et plus le prix est revu à la baisse. Cette dévaluation ne touche pas uniquement les sinistrés ; elle contamine par ricochet les propriétés voisines, impactant des gens qui ne sont pourtant pas directement exposés.

On a pu observer ce phénomène à l’Île-Bigras, à Laval. Alors que le premier ministre du Québec, François Legault, évoquait dès 2019 des incitatifs au déménagement pour soustraire les citoyens au danger, ces derniers se sont retrouvés coincés dans l’étau : incapables de vendre à juste prix en raison de la publicité faite autour des inondations, mais réticents à abandonner un milieu de vie unique pour une compensation incertaine. L’actif immobilier devient invendable, séquestrant ses propriétaires sur place.

Une dynamique similaire s’est produite en 2023 à l’Île Enchanteresse, à Sainte-Brigitte-de-Laval. Ici, la « séquestration » a provoqué une levée de boucliers : les résidents se sont mobilisés en comité pour contester non seulement la gestion des crues, mais surtout la stigmatisation de leur territoire par les nouvelles cartographies. Dans ce contexte, l’anxiété ne découle plus seulement de la montée des eaux, mais de la perte du patrimoine.




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Un angle mort pour les municipalités

Ce phénomène individuel a une répercussion collective majeure. Si la valeur des propriétés riveraines s’effondre à cause de cette incertitude, c’est l’assiette fiscale des municipalités qui est menacée. Les rôles d’évaluation actuels peinent souvent à refléter cette réalité, créant un décalage entre les revenus attendus et la solvabilité réelle du territoire.

La situation est d’autant plus critique que les municipalités se sentent souvent impuissantes face à ce « risque hérité » du passé, où des quartiers entiers ont été construits en zone inondable avec l’aval des gouvernements de l’époque. Les élus locaux ont l’impression qu’on leur transfère le coût du risque sans leur donner le contrôle réel sur les leviers d’aménagement ou de financement. Le « dommage d’incertitude » devient alors un fardeau partagé entre un citoyen captif et une municipalité aux ressources limitées.




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Pistes de solution : monétiser l’incertitude pour mieux la gérer

Pour sortir de cette impasse, il est impératif d’intégrer ce « dommage d’incertitude » dans les calculs économiques publics. Actuellement, les analyses coûts/avantages (ACA) des mesures de protection (digues, immunisation) négligent cet aspect.

Pourtant, si une intervention permet de réduire l’incertitude, elle restitue aux propriétaires la valeur de leur bien et aux municipalités leur assiette fiscale. Ce gain financier est un avantage indéniable qui doit être comptabilisé.

De plus, pour rompre l’incertitude qui paralyse le marché, la mise en place de certificats de résilience apparaît comme une piste prometteuse. En attestant officiellement qu’un bâtiment présente un niveau de risque jugé acceptable ou qu’il a été adapté pour résister aux crues, ces certificats transforment une incertitude diffuse en une information technique claire et rassurante pour les assureurs comme pour les établissements bancaires.

Une telle démarche suppose toutefois de se prononcer explicitement sur l’acceptabilité du risque. Elle permettrait ainsi de limiter la décote immobilière et de sortir les riverains d’une forme de séquestration financière, tout en assumant le fait que le risque zéro n’existe pas.

La Conversation Canada

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Zones inondables : la nouvelle cartographie piège des milliers de propriétaires – https://theconversation.com/zones-inondables-la-nouvelle-cartographie-piege-des-milliers-de-proprietaires-274241

Food prices are already high in Canada. Will the Iran war make them worse?

Source: The Conversation – Canada – By Michael von Massow, Professor, Food Economics, University of Guelph

Food prices in Canada have been rising at a faster rate than overall inflation for the past several years. In fact, food prices are 30 per cent higher than they were a decade ago.

In the face of this pressure, consumers are increasingly worried about the impact of the war in Iran on food prices. While there is currently a ceasefire in place, it appears fragile, and oil and fertilizer prices will be slow to fall.

The conflict will undoubtedly have an impact food prices, but in the short term it will likely be fairly small. If the disruption lasts longer, we could start to see more significant price increases.

Unlike previous shocks, Iran is not a major food exporter, and no Canadian food imports pass through the Strait of Hormuz. Instead, any impact on food prices will come indirectly through rising petroleum prices driven by uncertainty around oil infrastructure in the Middle East and disruptions to the strait.

Approximately 20 per cent of the world’s oil moves through the strait, and the loss of that flow has dramatically increased fuel prices. Oil is currently trading above US$100 per barrel, up from under $60 at the end of January.

Fuel costs and food transportation

There are three main ways high oil prices can affect food prices. The first is the direct impact on the cost of moving food through the supply chain.

The United States Department of Agriculture estimates that transportation accounts for roughly 3.5 to four cents of every food dollar. This suggests that even large increases in fuel prices will not have a substantial impact on average food inflation.

Fuel is only one component of transportation costs, so increases are not reflected one-to-one on food prices. There are, however, significant differences across food categories.

Fresh fruits and vegetables are the most exposed. Transportation accounts for about eight per cent of of every food dollar for fresh fruits and vegetables — the highest share among food categories.

These products travel long distances and require refrigeration, which can be up to 30 per cent more expensive than dry freight by truck and three times more expensive than dry freight by sea.

Taking into account seasonal variation and Canada’s geography and location, transportation could represent 10 to 15 cents of every dollar spent on fresh produce this time of year. As a result, prices for imported fruits and vegetables could rise quickly in grocery stores.

These effects should moderate in spring as transport distances shorten, the weather warms and production moves closer to domestic markets. Smaller increases may also occur in other less processed foods like meat, which are heavy and also require refrigeration.

Fertilizer prices and pressure on farmers

The second mechanism is the impact of higher oil and fertilizer prices on food producers. Nitrogen fertilizer prices have risen more than 70 per cent since the start of 2026, although many farmers are partially protected in the short-term because fertilizer is often purchased in advance.

There is, however, a risk of fertilizer shortages since 25 per cent of the world’s urea flows through the Strait of Hormuz.




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In practice, shortages are unlikely in Canada. Western Canada exports more than 700,000 tonnes of urea, with most of it going to the U.S., while Eastern Canada imports similar volumes from regions outside the Middle East. Prices will likely be higher, but supply constraints should be limited.

Farmers, rather than consumers, are likely to bear the brunt of higher fuel and fertilizer costs. Because commodity prices are determined by global supply and demand, farmers have limited ability to pass higher input costs down the supply chain.

Typically, crop and fertilizer prices move in tandem, allowing higher costs to be at least partially offset by higher returns. For example, the most recent fertilizer price spike followed Russia’s invasion of Ukraine, which also drove up commodity prices amid concerns about reduced wheat production from a major growing region.

In response to higher input costs, farmers may reduce fertilizer application rates or shift away from fertilizer‑intensive crops. While these adjustments can ease some pressure, crop producer margins will remain under strain unless commodity prices rise enough to offset higher energy and fertilizer costs.

Broader impacts across the food system

The third mechanism is the more diffuse effect of petroleum-based products used in food supply chains. Plastics and many chemicals are derived from petroleum, so higher oil prices will increase the cost of producing these goods.

Plastic food packaging alone represents approximately one-third of all plastic packaging in Canada. Canadians throw out more than four million tonnes of plastic waste a year, with only a small portion recycled.

Higher production costs in food processing are typically passed on to consumers through food processing and packaging. As a result, a sustained increase in oil prices will gradually scatter through the food value chain.

A muted impact on fuel prices — for now

The war in Iran will undoubtedly affect prices, particularly through higher fuel costs that are already affecting transportation and other energy-intensive sectors.

However, this may be one of the few instances in recent years where food inflation trails general inflation. The war in Ukraine had a more dramatic impact on food prices because Ukraine is a major exporter of food, and that food disappeared from the market.

By contrast, the effects of the conflict in Iran are more indirect and will take time to work through the system.

If the war in Iran persists, however, it could have profound global impacts, with most of them extending beyond food prices. The duration of the conflict is the primary consideration for what the longer-term impact will be on food prices.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Food prices are already high in Canada. Will the Iran war make them worse? – https://theconversation.com/food-prices-are-already-high-in-canada-will-the-iran-war-make-them-worse-279161

La grossesse modifie le cerveau – et nous commençons tout juste à comprendre comment et pourquoi

Source: The Conversation – in French – By Birgit Derntl, Full Professor, Women’s Mental Health and Brain Function, University of Tübingen

Des données récentes démontrent que la grossesse remodèle le cerveau de manière spécifique et profonde pour le préparer à une tâche exigeante : s’occuper d’un nourrisson. Rawpixel/Shutterstock

La grossesse modifie le cerveau plus profondément que ce que les scientifiques imaginaient jusqu’à présent. Des données majeures issues de plusieurs études récentes permettent de décrypter les processus à l’œuvre au niveau de différentes aires cérébrales quand la femme est enceinte, mais aussi après l’accouchement.


Chaque année, des millions de femmes vivent une grossesse, mais la science commence seulement à s’intéresser à ses effets sur le cerveau – l’organe qui subit sans doute la transformation la plus remarquable. Au cours de la dernière décennie, un petit groupe de scientifiques en Espagne et aux Pays-Bas a cartographié ces changements avec un niveau de détail sans précédent.

Les chercheurs ont réalisé cinq scanners cérébraux sur 127 femmes qui devenaient mères pour la première fois : une fois avant la conception, deux fois pendant la grossesse, et de nouveau une fois un mois et six mois après l’accouchement. Il s’agit de la plus grande étude de ce type jamais réalisée.

Les études d’imagerie cérébrale qui suivent les mêmes personnes tout au long de la grossesse – avec des examens effectués avant la conception et après la naissance – sont extrêmement difficiles à mener. Les chercheurs doivent identifier les femmes qui envisagent de concevoir, commencer les examens avant le début de la grossesse, puis les suivre tout au long de ces mois marqués par des bouleversements physiologiques.

Une étude phare publiée en 2017 dans Nature Neuroscience a démontré pour la première fois que la grossesse modifie la structure du cerveau, mais elle incluait 25 femmes qui devenaient mères pour la première fois. La nouvelle étude porte sur plus de cinq fois ce nombre. C’est un bond en avant considérable.

Les résultats obtenus à partir des examens cérébraux de ces 127 femmes étaient cohérents et frappants. La matière grise – la partie du cerveau riche en cellules nerveuses – a diminué de près de 5 % dans plusieurs régions impliquées dans les émotions, l’empathie et la perception sociale au cours de la grossesse, en atteignant son niveau le plus bas au cours des dernières semaines précédant la naissance.

« J’aime utiliser la métaphore de la taille d’un arbre, a récemment déclaré à la BBC la professeure Susana Carmona, coautrice principale de l’étude. Certaines branches sont coupées pour permettre à l’arbre de pousser plus efficacement. »

Après l’accouchement, le volume a commencé à se reconstituer, atteignant environ 3,4 % six mois après la naissance. Cette évolution a été observée sur la quasi-totalité de la surface du cerveau et a concerné toutes les femmes participant à l’étude, sans exception.

Il est important de noter que cette tendance ne s’est pas manifestée chez les femmes qui sont devenues mères au cours de la période étudiée sans avoir elles-mêmes vécu une grossesse – par exemple, les partenaires de même sexe qui élevaient ensemble un nouveau-né mais qui n’avaient pas porté l’enfant. Cela suggère que les changements cérébraux observés sont dus à la biologie de la grossesse elle-même, plutôt qu’à la simple anticipation du fait de devenir parent.

Les chercheurs ont également mesuré les taux d’hormones et ont constaté que deux formes d’œstrogènes suivaient de près les modifications cérébrales. Leur taux augmentait à mesure que le volume de matière grise diminuait, puis déclinait fortement après la naissance, au moment de l’expulsion du placenta.

Ce lien entre les hormones et la structure cérébrale fait le lien entre des décennies de recherches menées sur des souris, chez qui il a été décrit depuis longtemps que l’augmentation des taux d’hormones pendant la grossesse modifie le fonctionnement du cerveau maternel et déclenche des comportements protecteurs.

Le volume de matière grise se reconstitue-t-il un jour complètement ?

Dans leur étude la plus récente, les chercheurs ont constaté qu’à six mois, la régénération de la matière grise se poursuivait. Une étude antérieure menée par le même groupe de recherche, au cours de laquelle des mères ont été suivies pendant six ans après leur accouchement, a révélé que les modifications cérébrales restaient détectables et permettaient toujours de prédire la proximité des relations entre les mères et leurs enfants.

Cette étude a permis d’identifier correctement, sur la seule base d’examens d’imagerie cérébrale, les femmes qui avaient été enceintes, avec une précision de plus de 90 %, même six ans après l’accouchement. Loin d’être un bouleversement temporaire, la grossesse semble laisser une empreinte durable.

Une étude néerlandaise publiée en 2026 a approfondi ces résultats en portant son attention sur des femmes au cours d’une deuxième grossesse. Les modifications cérébrales se sont reproduites, mais selon un schéma différent.

Les régions du cerveau qui avaient subi les transformations les plus marquantes lors d’une première grossesse – celles impliquées dans la conscience de soi et la perception des émotions d’autrui – n’ont présenté que des changements relativement modestes lors de la deuxième grossesse, comme si la transformation initiale avait déjà eu lieu. En revanche, les zones impliquées dans l’attention et la réactivité au monde extérieur ont été plus fortement affectées, ce qui reflète peut-être les exigences supplémentaires liées à la prise en charge d’un premier enfant pendant la grossesse.

Scans de cerveaux humains
Au bout de six mois, la régénération de la matière grise s’est poursuivie.
Elif Bayraktar/Shutterstock

Ce qui ressort le plus clairement de l’ensemble de ces recherches est le fait que les régions qui connaissent les transformations les plus importantes sont les régions impliquées dans la compréhension des autres : l’interprétation des intentions, l’empathie et la reconnaissance des signaux. Une étude d’imagerie publiée dans Nature Neuroscience en 2024 a examiné une femme à 26 reprises, depuis avant la conception jusqu’à deux ans après l’accouchement, ce qui a permis de fournir une cartographie sans précédent des changements qui se produisent dans un cerveau tout au long de la grossesse – une ressource désormais librement accessible à d’autres chercheurs.

Comparaison avec le cerveau des adolescents

La comparaison avec le cerveau des adolescents est le fil conducteur de tous ces travaux. Quand les chercheurs ont directement comparé les modifications cérébrales liées à la grossesse avec celles qui se produisent durant l’adolescence – une autre étape de la vie caractérisée par une poussée d’hormones sexuelles et un profond changement comportemental –, les schémas du changement se sont révélés presque identiques. Ont été observés le même amincissement du cortex, le même aplatissement des sillons à la surface du cerveau, le même taux de variation du volume cérébral chaque mois.

Si l’adolescence remodèle le cerveau pour le préparer à la vie sociale adulte, les données disponibles aujourd’hui disponibles suggèrent que la grossesse le remodèle à nouveau – de manière plus spécifique, plus profonde – pour le préparer à une tâche encore plus exigeante : s’occuper d’un nourrisson.

Il reste à comprendre ce que ces changements impliquent au niveau des cellules et des circuits, comment ils s’inscrivent dans le contexte de près d’une femme sur cinq qui souffre de dépression au moment de l’accouchement, et si les écarts par rapport au schéma habituel rendent les femmes plus vulnérables ou plus résilientes. Les outils permettant de commencer à répondre à ces questions existent désormais. Pour la première fois, nous disposons d’une carte.

The Conversation

Birgit Derntl a reçu des financements de la Fondation allemande pour la recherche (DFG, École doctorale internationale IRTG 2804), de la Fondation Hans et Ria Messer ainsi que de l’Union européenne (réseau doctoral MSCA MenoBrain).

Ann-Christin S. Kimmig a reçu des financements de la Fondation allemande pour la recherche (DFG, École doctorale internationale IRTG 2804) et de l’Office allemand d’échanges universitaires (DAAD).

Franziska Weinmar a reçu des financements de la Fondation allemande pour la recherche (DFG) dans le cadre du groupe international de formation à la recherche « La santé mentale des femmes tout au long de la période de procréation » (DFG, IRTG2804) ainsi que de la Fondation Hans et Ria Messer.

ref. La grossesse modifie le cerveau – et nous commençons tout juste à comprendre comment et pourquoi – https://theconversation.com/la-grossesse-modifie-le-cerveau-et-nous-commencons-tout-juste-a-comprendre-comment-et-pourquoi-280070

Comprendre les « modèles de fondation », ces nouvelles infrastructures numériques à la base de nombreuses applications d’IA

Source: The Conversation – in French – By Sabrine Mallek, Professeure Associée en Transformation Digitale, ICN Business School

La polyvalence des modèles de fondation les transforme en une nouvelle « infrastructure » numérique, au même titre que le cloud ou Internet. Au lieu de reconstruire un modèle d’IA spécifique à chaque projet, on peut se brancher directement sur des briques généralistes existantes. C’est un des secrets qui permet de développer des applications si sophistiquées et qui restent accessibles aux non-spécialistes.


Les systèmes d’apprentissage automatique ne se limitent plus à des outils conçus pour une seule tâche, comme la traduction ou la recommandation de produits. Une transformation majeure tient à l’émergence des foundation models, ou modèles de fondation : de très grands modèles entraînés sur des volumes massifs de données pour acquérir des connaissances générales, réutilisables dans de nombreux contextes.

Dans les organisations, ils agissent comme un accélérateur potentiel de transformation, mais leurs effets sur le terrain obligent, pour l’instant, à nuancer les promesses spectaculaires. Comment fonctionnent-ils ? Comment sont-ils régulés et quels sont les obstacles à une adoption qui porte ses fruits ?

Comment fonctionnent les modèles de fondation ?

Les modèles de fondation reposent sur un principe simple : apprendre des structures générales à partir de très grandes quantités de données hétérogènes – textes, images, codes, sons, vidéos, bases de données ouvertes et contenus sous licence, ou une combinaison de ces types de données.

L’objectif de l’entraînement initial est de permettre au modèle d’identifier des régularités statistiques dans les données et de construire des représentations générales du langage, des images ou d’autres formes d’information. Sur le plan technique, ces systèmes utilisent le plus souvent des architectures de réseaux de neurones profonds. Durant la phase d’entraînement, le modèle apprend à prédire une partie manquante de l’information, par exemple le mot suivant dans une phrase ou une portion d’image, en ajustant progressivement des milliards de paramètres. Ce processus d’apprentissage, appelé pré-entraînement, nécessite des ressources de calcul considérables et constitue la base du caractère « généraliste » de ces modèles.




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Une fois pré-entraîné, le modèle de fondation peut être adapté à des usages spécifiques, allant de l’analyse de sentiment ou la réponse à des questions jusqu’à des tâches plus techniques, comme l’assistance au diagnostic médical.

Cette adaptation peut se faire grâce à un ajustement supplémentaire appelé fine-tuning, par exemple en nourrissant un modèle généraliste d’imagerie médicale avec des radiographies spécifiques à une maladie permettant à l’outil d’apprendre à prédire l’évolution d’une pathologie précise.

Elle peut aussi passer par l’apprentissage avec retour humain (reinforcement learning with human feedback), qui consiste à faire évaluer plusieurs réponses par des humains pour inciter le modèle à privilégier des formulations claires et sécurisées plutôt que de simples suites de mots statistiques.

Enfin, cette adaptation peut s’opérer simplement par prompting, en guidant le modèle par des instructions textuelles du type : « Résume ce document en trois points. »

C’est cette capacité à être réutilisés dans de nombreux contextes qui explique pourquoi ces systèmes sont qualifiés de « modèles de fondation » : ils servent de base technologique à une large gamme d’applications. Par exemple, GPT-4 ou GPT-5 servent déjà de socle opérationnel à de nombreuses applications, à l’image de ChatGPT, tout en conservant un potentiel d’extension encore largement ouvert.

infographie décrivant l’entraînement puis la spécialisation de modèles issus de modèles de fondation
Les modèles de fondation servent de base technologique à une large gamme d’applications. Cette infographie décrit l’entraînement puis les applications spécifiques issues de modèles de fondation.
Sabrine Mallek, Fourni par l’auteur

Comprendre l’écosystème : comment modèles de fondation, LLM et IA générative s’articulent-ils ?

Concrètement, les modèles de fondation ne sont pas une application en soi, mais une infrastructure de base. Ils marquent une évolution récente de l’intelligence artificielle (IA), rendue possible par la combinaison de trois facteurs : l’explosion des données, les progrès des capacités de calcul et l’apparition de nouvelles architectures d’apprentissage.

Un tournant majeur intervient en 2017 avec l’architecture des transformers. Cette innovation permet de mieux capter les relations dans les données (notamment le langage), et devient la base de modèles comme BERT ou GPT. Lorsqu’un modèle de fondation (une expression née officiellement en 2021) est spécialisé dans le traitement du langage, on parle alors de grand modèle de langage (LLM). Et c’est sur cette base que se développent aujourd’hui les usages les plus visibles : ceux de l’IA générative, capable de produire du texte, des images, des vidéos, du son ou du code – qui est devenue grand public et commercialement viable avec le lancement de ChatGPT, fin 2022, marquant le passage de l’infrastructure à l’usage de masse.

Le rapport entre ces modèles de fondation et l’IA générative peut être comparé à celui d’un « moteur » par rapport à sa « fonction ». Le modèle de fondation est ce moteur puissant, pré-entraîné sur des données colossales et conçu pour être adaptable à une multitude de tâches. L’IA générative, quant à elle, est la fonction d’application finale : c’est la capacité de ce moteur à produire un contenu inédit.

Concrètement, si l’on prend un modèle de fondation comme GPT-4 (le moteur), on peut l’utiliser pour analyser des milliers d’avis clients (une tâche purement analytique). Mais lorsqu’on lui demande de rédiger un e-mail, on active alors sa fonction d’IA générative. De la même manière, dans le domaine visuel, un modèle de fondation entraîné sur des millions d’images peut servir de moteur aussi bien pour détecter une anomalie sur une radiographie médicale (classification) que pour dessiner un paysage imaginaire à partir d’une simple phrase (IA générative).

Imbrication entre infrastructure technique, spécialisation linguistique (LLM) et fonction de génération. La génération est une fonction parmi d’autres (c’est une application pratique des modèles de fondation lorsqu’on leur demande de générer du contenu).
Sabrine Mallek, Fourni par l’auteur

Promesses d’efficience et réalités de terrain

Cette polyvalence signifie que les modèles de fondation tendent à devenir une nouvelle « infrastructure » numérique, au même titre que le cloud ou Internet : au lieu de reconstruire un modèle d’IA spécifique propre à chaque projet, les acteurs économiques se branchent directement sur ces briques généralistes existantes.

Dans les organisations, ils agissent comme un accélérateur potentiel de transformation, mais leurs effets sur le terrain obligent à nuancer les promesses de gains de productivité spectaculaires. Beaucoup d’entreprises peinent encore à dégager un retour sur investissement évident pour l’automatisation administrative, constatant souvent que les modèles de fondation ne réduisent pas la charge de travail, mais l’intensifie : les employés doivent désormais consacrer davantage d’énergie à vérifier et à corriger les résultats.

Par ailleurs, l’assistance aux experts (aide au code, à la décision) se heurte à une « frontière technologique en dents de scie » : face à une tâche donnée, le modèle peut exceller, mais s’avérer contre-productif s’il est utilisé aveuglément en dehors de sa zone de compétence.

Néanmoins, ces modèles permettent de créer de nouveaux services comme la personnalisation de la relation client à grande échelle. Mais pour libérer ce potentiel, la simple mutualisation technologique ne suffit pas. Il faut impérativement repenser l’organisation du travail en formant les employés pour leur donner l’autonomie nécessaire face à la machine.

Les débats européens sur la régulation

En Europe, les enjeux se sont cristallisés dans les discussions autour de l’AI Act, qui introduit une catégorie spécifique pour les « systèmes d’IA à usage général », dont les modèles de fondation sont l’exemple emblématique. L’idée est de ne plus réguler uniquement les cas d’usage finaux, mais aussi ces briques génériques qui irriguent tout l’écosystème.

La Commission nationale de l’informatique et des libertés (Cnil) s’est également saisie de ces enjeux à travers un plan d’action consacré à l’intelligence artificielle, visant à accompagner l’innovation tout en garantissant la protection des droits fondamentaux. Elle met notamment l’accent sur la protection des données utilisées pour entraîner les modèles, la transparence des systèmes ainsi que le développement d’IA respectueuses de la vie privée.

Dans ce contexte, l’entraînement de ces modèles soulève aussi des défis importants au regard du règlement général sur la protection des données (RGPD), notamment concernant l’origine des données utilisées, la possibilité pour les individus d’exercer leurs droits sur leurs données et la capacité technique des systèmes à supprimer ou de ne plus exploiter certaines informations après leur intégration dans l’apprentissage. Pour les entreprises, cela signifie que ces technologies doivent être intégrées dans des démarches structurées de conformité, de documentation et de gestion des risques.

La question devient donc : dans quelles conditions utiliser les modèles de fondation ? Cela implique une gouvernance claire entre fournisseurs, intégrateurs et utilisateurs, des exigences de transparence et de documentation, l’anticipation des impacts sur l’emploi à travers la formation et la reconversion ainsi qu’une articulation avec les politiques de responsabilité sociétale des entreprises (RSE), afin d’évaluer leurs effets sociaux, organisationnels et environnementaux.

The Conversation

Sabrine Mallek ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Comprendre les « modèles de fondation », ces nouvelles infrastructures numériques à la base de nombreuses applications d’IA – https://theconversation.com/comprendre-les-modeles-de-fondation-ces-nouvelles-infrastructures-numeriques-a-la-base-de-nombreuses-applications-dia-277990

Remplacer la viande : toutes les alternatives se valent-elles ?

Source: The Conversation – in French – By Tom Bry-Chevalier, Doctorant en économie de l’environnement, Université de Lorraine

De haut en bas : dés de Quorn (mycoprotéines), viande cultivée, viande végétale, élevage d’insectes. Patrick.Anja/GFI/LikeMeat , CC BY

C’est une réalité qui fait désormais consensus : pour la santé humaine comme pour celle des écosystèmes, nous mangeons collectivement trop de viande. Mais à l’heure où les alternatives pour remplacer celle-ci se multiplient, quelles sont celles à plébisciter ? Une étude inédite nous aiguille.


En décembre 2025, le tribunal de commerce d’Évry (Essonne) prononçait la liquidation judiciaire d’Ynsect, la start-up française spécialisée dans la production de protéines à base d’insectes. Présentée comme un fleuron de la French Tech, inaugurée en 2021 en présence de trois ministres, l’entreprise avait mobilisé plus de 600 millions d’euros d’investissements, dont environ 148 millions d’argent public, selon le ministère de l’économie. Bilan cinq ans plus tard : une usine fantôme, 200 emplois supprimés, et une interrogation légitime sur l’utilisation des fonds publics dans le secteur de la transition alimentaire.

Quelle filière soutenir pour rendre notre alimentation plus durable ? La question se pose avec urgence quand on ausculte la situation actuelle : l’élevage occupe 77 % des terres agricoles mondiales tout en ne fournissant que 18 % des calories]. La production alimentaire génère 35 % des émissions de gaz à effet de serre (GES) mondiales, dont plus de la moitié provient des produits d’origine animale. Les coûts cachés, sanitaires et environnementaux (maladies liées à l’alimentation, émissions de gaz à effet de serre, pollution des sols et de l’eau, etc.) de ce modèle étaient estimés à 14 000 milliards de dollars (soit un peu moins de 12 milliards d’euros) en 2018. Avec une consommation de viande qui continue d’augmenter au niveau mondial et un végétarisme qui reste pour l’instant marginal, l’investissement vers des protéines alternatives apparaît donc comme nécessaire.

Mais les ressources (financières, politiques, industrielles, etc.) sont limitées, et le temps pour agir sur le climat aussi. Chaque euro investi dans une filière peu prometteuse est un euro qui ne sert pas à développer une alternative plus efficace, et autant d’émissions qui auraient pu être évitées. Dans une étude récemment parue dans NPJ Science of Food (groupe Nature), nous avons donc comparé pour la première fois quatre grandes catégories de protéines alternatives :

  • les viandes végétales produites à base de soja, pois ou blé transformés pour imiter le goût et la texture de la viande ;

  • les protéines unicellulaires, issues de la fermentation de microorganismes (levures, champignons, bactéries ou algues) dans des cuves, comme les mycoprotéines commercialisées sous la marque Quorn depuis quarante ans ;

  • la viande cultivée, produite à partir de cellules animales que l’on fait proliférer dans un bioréacteur contenant un milieu nutritif (acides aminés, glucose, vitamines, facteurs de croissance) ;

  • les insectes, consommés entiers ou transformés en farine pour être incorporés dans divers produits alimentaires.

Nous avons évalué toutes ces sources de protéines alternatives dans quatre dimensions : impact environnemental, capacité de production à grande échelle, acceptabilité par les consommateurs et bien-être animal. L’objectif : identifier où concentrer les efforts.

Les viandes végétales en tête sur l’environnement

Le constat le plus solide de notre analyse concerne l’impact environnemental. Les viandes végétales à base de soja, pois ou blé affichent un impact environ 50 % inférieur à celui de la viande conventionnelle. L’avantage est particulièrement net face au bœuf : les substituts végétaux émettent jusqu’à 10 fois moins de GES et nécessitent jusqu’à 30 fois moins de terres. Ce dernier point est crucial : les terres libérées par un recul de l’élevage pourraient être restaurées en écosystèmes capables de stocker du carbone et de protéger la biodiversité.

Les protéines unicellulaires, notamment les mycoprotéines produites en cultivant des champignons microscopiques dans des cuves de fermentation, et les approches power-to-food, qui transforment le CO₂ en protéines grâce à des microorganismes, possèdent elles aussi des atouts. Leur empreinte au sol est particulièrement faible, et leur bilan carbone peut être excellent, à condition de disposer d’une électricité largement décarbonée.

La viande cultivée partage cette dépendance à l’énergie, mais à une tout autre échelle : elle consomme en moyenne 5,5 fois plus d’énergie que la viande conventionnelle. En conséquence, un avantage climatique par rapport au poulet ou au porc est possible mais suppose un mix énergétique largement décarboné.

Quant aux insectes, les évaluations récentes sont moins encourageantes que les premières études : en intégrant les contraintes réelles (chauffage en climat tempéré, limites réglementaires sur les substrats), leurs émissions ne sont pas nécessairement inférieures à celles du poulet. Surtout, seuls 7 % des produits à base d’insectes lancés sur le marché sont des substituts de viande, l’immense majorité sont des pâtes, barres protéinées ou biscuits, qui ne remplacent pas de la viande mais des aliments dont l’impact est déjà faible. Le bénéfice environnemental réel s’en trouve donc fortement relativisé.

Produire à grande échelle : un fossé entre les alternatives

Mais créer un produit vertueux ne suffit pas. Encore faut-il pouvoir le produire à un coût et à un volume suffisants pour peser face à la viande conventionnelle.

Les viandes végétales sont ici les mieux placées. Elles représentent déjà un marché mondial de 6,4 milliards de dollars (plus de 5,4 milliards d’euros, environ 1 % du marché de la viande) et s’appuient sur des infrastructures agroalimentaires existantes. Leur principal frein reste le prix, en moyenne 82 % plus élevé que la viande, mais cet écart se réduit progressivement.

Les protéines unicellulaires occupent une position intermédiaire. Les mycoprotéines, commercialisées depuis 1985 en Grande-Bretagne sous la marque Quorn, démontrent la viabilité du modèle, mais à des prix encore supérieurs à ceux de la viande. Les approches power-to-food, encore au stade pilote, pourraient à terme devenir compétitives si le coût des énergies renouvelables continue de baisser, bien que de très nombreuses incertitudes demeurent.

La viande produite par culture cellulaire, elle, se heurte à des obstacles d’une tout autre ampleur. Malgré des progrès récents, une étude empirique a atteint un coût d’environ 14 dollars (environ 12 euros) par kilogramme pour un produit hybride (moitié cellules animales, moitié végétal), les coûts de production restent très élevés et les besoins en infrastructures vertigineux : pour couvrir à peine 0,4 % du marché mondial de la viande, il faudrait une capacité de bioréacteurs 22 fois supérieure à celle de toute l’industrie pharmaceutique mondiale.

Pour les insectes, le constat économique est tout aussi sévère. L’alimentation humaine est considérée comme peu prometteuse par le secteur lui-même, ce qui explique qu’elle ne représente qu’environ 5 % des investissements de la filière. Sur le plan des coûts, la promesse initiale de nourrir les insectes avec des déchets bon marché se heurte à un ensemble de contraintes réglementaires, logistiques et sanitaires qui rendent la plupart de ces substrats inutilisables, imposant le recours à des aliments plus onéreux. À cela s’ajoute le chauffage nécessaire sous les latitudes tempérées, qui alourdit considérablement la facture énergétique.

Les consommateurs ont aussi leur mot à dire

Mais la meilleure alternative sur le papier ne pèsera rien sans l’adhésion des consommateurs. Les viandes végétales sont là encore les mieux acceptées : par exemple, selon une enquête britannique, 60 % des personnes se disaient prêtes à les essayer, contre 34 % pour la viande cultivée et 26 % pour les insectes.

Les protéines unicellulaires restent peu connues du grand public, ce qui limite les données disponibles. Les rares études suggèrent une acceptabilité intermédiaire, inférieure à celle des viandes végétales mais supérieure à celle de la viande cultivée et des insectes.

La viande cultivée se heurte à un obstacle psychologique puissant : le dégoût et le sentiment qu’il s’agit d’un produit « contre nature ». L’acceptabilité varie fortement selon les régions : les consommateurs asiatiques se montrent nettement plus ouverts que les Européens et, même au sein de l’Europe, les écarts sont marqués, avec par exemple un tiers de Français prêts à en consommer contre près de deux tiers de Polonais. L’âge et le genre jouent aussi un rôle : les jeunes hommes y sont par exemple plus favorables.

Les insectes font face à la résistance la plus forte. La littérature rapporte un taux d’acceptation généralement inférieur à 30 % dans les pays occidentaux. Fait intéressant, ce rejet tient davantage à des barrières psychologiques qu’au goût ; les personnes ayant goûté des insectes les évaluant souvent plus favorablement.

Cependant, il convient de noter que l’acceptabilité de toutes les protéines alternatives évolue avec la familiarité et l’exposition répétée, ce qui suggère que les études actuelles sous-estiment peut-être leur potentiel à long terme.

L’élevage d’insectes est-il compatible avec le bien-être animal ?

Enfin, notre étude intègre une dimension souvent absente de ces débats : le bien-être animal. Les viandes végétales et les protéines unicellulaires n’impliquent aucun animal.

La viande cultivée n’en nécessite qu’un très petit nombre, essentiellement pour les prélèvements cellulaires initiaux. La question du sérum fœtal bovin, un sous-produit de l’abattage de vaches gestantes qui constitue depuis les années 1950 le standard de la culture de cellules eucaryotes en biologie, illustre bien cette trajectoire. La viande cultivée s’est logiquement appuyée sur ce savoir-faire existant à ses débuts, mais tend aujourd’hui à s’en affranchir : son coût élevé et sa variabilité en font un obstacle industriel que la quasi-totalité des entreprises du secteur cherchent activement à éliminer.

Les insectes, en revanche, posent un problème éthique singulier : il faut environ 9 000 vers de farine pour produire un seul kilogramme de protéines, et les travaux récents sur la sentience – c’est-à-dire la capacité à avoir des expériences subjectives, notamment ressentir la douleur ou le stress – des insectes suggèrent qu’ils pourraient être capables de souffrir. Face à cette incertitude, plusieurs chercheurs préconisent d’appliquer un principe de précaution.

Hiérarchiser le soutien aux protéines alternatives

Notre comparaison aboutit à une hiérarchie claire. Les viandes végétales arrivent en tête : bénéfices environnementaux robustes, filière industrielle déjà en place, meilleure acceptabilité. Les protéines unicellulaires offrent un potentiel complémentaire, notamment grâce à leur très faible empreinte au sol. La viande cultivée pourrait trouver sa place si elle parvient à conquérir des consommateurs que les autres alternatives n’atteignent pas, mais les obstacles techniques et économiques restent considérables. Les insectes, enfin, cumulent les fragilités : verrous économiques, faible acceptabilité et questions éthiques non résolues.

Que suggèrent ces résultats pour l’action publique ? Plusieurs pistes paraissent cohérentes : concentrer les financements sur les alternatives les plus matures, en investissant dans l’amélioration de leur goût et de leur prix ; favoriser leur diffusion en les intégrant à la restauration collective (cantines, hôpitaux, administrations) ; et contribuer à rééquilibrer la concurrence en intégrant progressivement les coûts environnementaux de l’élevage intensif dans le prix de la viande. L’affaire Ynsect montre ce qu’il en coûte de miser gros sans se poser les bonnes questions. La recherche permet aujourd’hui de mieux les poser.

The Conversation

Tom Bry-Chevalier est directeur scientifique de l’Observatoire National de l’Elevage d’Insectes (ONEI).

ref. Remplacer la viande : toutes les alternatives se valent-elles ? – https://theconversation.com/remplacer-la-viande-toutes-les-alternatives-se-valent-elles-279345