Del Apollo 11 a Artemis II: ¿alguien paga el viaje de las marcas que van al espacio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Povo Grande de Castilla, Director del Grado en Publicidad y Creación de Marca, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

NASA

La NASA niega la mayor: “No seleccionamos las comidas ni los alimentos de la tripulación en función de acuerdos con marcas. Esto no fue publicidad encubierta”. El lunes 6 de abril de 2026, a las 00:44 h (Hora de la Costa Este de EE. UU.) a bordo de la nave Orión, en la misión Artemis II, tuvo lugar un evento histórico. Y no hablamos de que seres humanos vieran con sus propios ojos la cara oculta de la Luna, sino de que un bote de Nutella robara todo el protagonismo al momento.

Ferrero, empresa propietaria de la marca, también desmintió cualquier tipo de acuerdo publicitario de product placement, como se denomina al emplazamiento de productos publicitarios en un espacio audiovisual sin alterar el ritmo de la acción. Asunto cerrado. ¿Seguro?

Hay antecedentes de productos que aprovecharon ser seleccionados por la NASA para misiones emblemáticas, como el mítico cronógrafo OMEGA Speedmaster en el Apollo 11 en 1969. Omega explotó publicitariamente la elección de este reloj con permiso de la NASA, y lo sigue haciendo. La relación de Omega con la agencia estadounidense de exploración espacial es excelente, aunque, eso sí, no constan intercambios económicos entre ambos.

Buzz Aldrin, astronauta de la misión Apolo 11, fotografiado con su reloj OMEGA Speedmaster.
Buzz Aldrin, astronauta de la misión Apolo 11, fotografiado con su reloj OMEGA Speedmaster.
NASA

El product placement funciona desde el principio de los tiempos audiovisuales. El caso de ACME es especialmente simpático: se empezó a usar como marca genérica en el cine, precisamente para evitar hacer product placement gratuito por azar, hasta acabar convirtiéndose en un icono pop, gracias a el Correcaminos y el Coyote.

Las ciudades también se promocionan

En todos los productos audiovisuales existe la posibilidad de incluir marcas. Los acuerdos de colaboración entre la productora y las marcas son infinitos y están regulados por contratos larguísimos y muy detallados. Hasta las ciudades firman contratos de product placement para promocionarse y aparecer con un aspecto amable en películas.

FedEx es otro caso paradigmático. En la película Náufrago (Robert Zemeckis, 2000), la trama gira alrededor de un catastrófico accidente de un avión de FedEx, una de las más importantes empresas de paquetería del mundo. Todo lo que puede perjudicar a la reputación de una compañía está en el guion: accidente, muertes, pérdida de paquetes… Los logotipos están bien visibles. Un infierno para los responsables de marca. Sin embargo, hubo un acuerdo: FedEx no pagó ni un dólar, pero puso todos los medios de la empresa a disposición de Zemeckis. El éxito de taquilla fue impresionante, pero más sorprendente fue la repercusión que esta película tuvo en el reconocimiento de marca.

En la película Náufrago (2000), protagonizada por Tom Hanks, podían verse paquetes de la compañía FedEx.

Este caso se estudia en todas las escuelas de publicidad y de negocios. ¿La clave? Las emociones. En los minutos finales de la cinta, el protagonista se obsesiona con entregar el único paquete que dejó sin abrir en su increíble aventura como acto de responsabilidad. Suficiente para FedEx.

Google, el buscador que no aparece en el cine

¿Quién no se sorprende cuando ve, por ejemplo, los buscadores de internet tan extraños que aparecen en películas y series? ¿Qué pasa con Google? Muy sencillo. Google no solo no paga por aparecer –razón suficiente de algunas productoras para eliminarlo de la ecuación–, sino que pleitea si su marca se relaciona en la trama con delitos o posibles crímenes. ¿Cómo deshacerse de un cadáver? Mejor lo buscas en “Searcher”, el famoso buscador de las letras de colores.

El verdadero Santo Grial no está en los acuerdos, sino en lo que se llama publicity (no confundir con publicidad). Productos que aparecen de la nada en noticias, en redes, en obras de arte… Hay tantas marcas y tantos objetos reconocibles incluso sin logotipo que lo raro sería que no apareciesen constantemente.

Campbell se planteó denunciar a Andy Warhol antes de darse cuenta del impagable capital de marca que acababan de obtener sin coste cuando el pintor eligió la marca y el logo en sus obras.

La magia se produce cuando el momento, la persona o las circunstancias son muy especiales y la marca sabe sacar provecho de ello, una sabiduría que no siempre pasa por la publicación inmediata, humorística y alocada de un post en redes. El fenómeno de la piña de Mecadona (2024) –se viralizó la idea de ligar en el supermercado si se llevaba una piña bocabajo dentro del carrito– es controvertido: ¿fue bueno para la marca? ¿Se aprovechó? ¿Se desperdició? La publicity no tiene reglas. Y en la era del algoritmo, menos. Algo que podría beneficiar a una marca se sale de control o algo que podría perjudicarle, se gira y le sonríe. Quizá un post anónimo. Quizá una maniobra del community manager. Quizá una acción interesada de un influencer. Hay miles de casos.

¿Por qué no taparon las marcas?

Pero, volviendo la nave de la Artemis II y a Nutella: ¿es creíble que las personas al cargo de los equipajes de los astronautas no tengan ninguna limitación a la hora de enviar marcas comerciales visibles al espacio, sabiendo que las cámaras graban a todas horas? “Estoy buscando un artículo de higiene específico: la crema Honest”, dijo Christina Koch durante una retransmisión de la NASA en referencia a una marca de crema cuya propietaria es la actriz Jessica Alba y que la astronauta no encontraba a bordo.

Nada sería más lógico que tapar los logotipos o eliminar los envases originales antes del viaje. Se hace siempre. Todos hemos visto manzanas tapadas en los portátiles de presentadores de televisión y botellas que ocultan su etiqueta a cámara para no dar publicidad gratis a nadie.

¿En la emisión más vista del viaje a la Luna se cuela un frasco de Nutella volando graciosamente durante un buen rato, mostrando su reconocible logotipo varias veces a cámara? Llámenme malpensado. Yo creo que alguien sabía que esto iba a pasar. Por cierto, soy boomer. Prefiero la Nocilla.

The Conversation

Rafael Povo Grande de Castilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Del Apollo 11 a Artemis II: ¿alguien paga el viaje de las marcas que van al espacio? – https://theconversation.com/del-apollo-11-a-artemis-ii-alguien-paga-el-viaje-de-las-marcas-que-van-al-espacio-280402

Velas e incienso, cuando el supuesto “bienestar” contamina la casa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Baeza Romero, Catedrática de Universidad. Dpto. Química-Física. Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Ciudad Real. Inamol., Universidad de Castilla-La Mancha

Las velas aromáticas y el incienso pueden ser una mala idea para nuestra salud respiratoria. Shashi Chaturvedula / Unsplash. , CC BY

Encender una vela aromática o quemar incienso suele asociarse al bienestar, la calma o la espiritualidad. Sin embargo, desde el punto de vista de la química atmosférica, ambos gestos implican algo mucho menos idílico: introducir una fuente de combustión dentro del hogar. Y esto no es recomendable, por varias razones.

Pasamos cerca del 90 % de nuestro tiempo en espacios cerrados, donde los contaminantes no se dispersan fácilmente y pueden alcanzar concentraciones superiores a las del exterior, incluso cuando el aire “parece” limpio.

Qué ocurre realmente cuando encendemos una vela

Cuando encendemos una vela, la mecha no es el combustible. Su función es transportar la cera fundida hasta la llama. Lo que realmente se quema es la cera, que en la mayoría de las velas comerciales es parafina, un derivado del petróleo –aunque también puede ser cera vegetal o de abeja–.

Este proceso de combustión nunca es completamente limpio. Además de dióxido de carbono y vapor de agua, se liberan partículas de muy pequeño tamaño (PM2,5 y ultrafinas) y una mezcla compleja de contaminantes gaseosos, como monóxido de carbono, formaldehído, acetaldehído y compuestos orgánicos volátiles (VOCs).

En interiores poco ventilados, las concentraciones de estas partículas y gases pueden aumentar rápidamente, hasta alcanzar valores comparables a los de entornos urbanos con mala calidad del aire, especialmente, cuando la combustión es inestable o la mecha es demasiado larga.

El incienso, una fuente de emisiones

El incienso suele percibirse como una alternativa “natural” a las velas perfumadas. Sin embargo, la evidencia científica indica que su impacto sobre la calidad del aire interior es, en general, mayor y más preocupante.

Durante su combustión, el incienso emite grandes cantidades de partículas finas y ultrafinas, además de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y numerosos VOCs aromáticos.

Un resultado especialmente relevante es que aproximadamente un 4,5 % de la masa del incienso se convierte en partículas que podemos respirar. Esto es aproximadamente cuatro veces más que un cigarrillo. Así, el incienso es una de las principales fuentes de contaminación del aire interior en hogares de no fumadores.

No todas las partículas son iguales: el potencial oxidativo

Durante años, el riesgo para la salud se evaluó principalmente en función de la masa de partículas presentes en el aire. Hoy sabemos que esto es insuficiente. Un parámetro clave es el potencial oxidativo, que describe la capacidad de las partículas para dañar nuestros tejidos pulmonares.




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Efectos de las partículas en la salud: no solo el tamaño importa


Las partículas procedentes del incienso presentan de forma consistente un potencial oxidativo elevado, comparable o, incluso, superior al de partículas asociadas al tráfico urbano.

Las velas también emiten partículas con actividad oxidativa, especialmente cuando son de parafina, están perfumadas o arden de forma inestable. No obstante, su potencial oxidativo medio suele ser inferior al del incienso, que genera aerosoles más reactivos y con mayor capacidad de inducir estrés oxidativo respiratorio.

El papel de las fragancias: el aroma complica la química

El tipo de cera influye en las emisiones, pero no es el único factor. Las fragancias, tanto naturales como sintéticas, introducen nuevos compuestos en el cóctel de la mezcla emitida.

Durante la combustión, muchos perfumes liberan VOCs reactivos que pueden transformarse en otros contaminantes, como aldehídos –compuestos orgánicos volátiles irritantes formados por oxidación– y aerosoles orgánicos secundarios –partículas microscópicas que se generan en el aire a partir de reacciones químicas–, lo que incrementa tanto la cantidad como la reactividad de los contaminantes presentes en el aire interior.

Así, una vela comercializada como “natural” puede dejar de serlo, desde el punto de vista de la química del aire, si está intensamente perfumada.

Evidencias sobre efectos en la salud

La exposición continuada a los contaminantes emitidos por velas e incienso se ha asociado con irritación de las vías respiratorias, empeoramiento del asma y disminución de la función pulmonar, especialmente, en niños y personas con patologías respiratorias previas.

En regiones donde el uso de incienso es diario y prolongado, diversos estudios epidemiológicos han encontrado asociaciones con enfermedades respiratorias crónicas e, incluso, cáncer de pulmón, lo que refuerza la preocupación por este tipo de exposición doméstica.

¿Qué es peor para la salud: una vela o el incienso?

Si se comparan ambos en condiciones similares de uso, la evidencia converge: el incienso emite mucha más cantidad de partículas con mayor potencial oxidativo, libera una mezcla gaseosa más compleja y reactiva y cuenta con mayor respaldo epidemiológico de efectos adversos.

Esto no significa que las velas sean inocuas, sino que, en términos generales, el incienso representa la fuente más agresiva de contaminación del aire interior entre las dos.

Respirar mejor empieza con gestos pequeños

En casa, solemos juzgar el aire por el olor o por lo que vemos. Si no huele mal y no hay humo a la vista, damos por hecho que es limpio. Sin embargo, la contaminación más relevante en interiores es invisible y se acumula poco a poco, sin avisar.

La química nos recuerda algo esencial: el bienestar no se quema ni se huele, se respira.

Por eso, reducir la exposición no pasa por prohibiciones radicales, sino por gestos informados y sostenibles. Usar velas y ambientadores de combustión de forma ocasional, limitar su duración, mantener las mechas cortas y la llama estable, ventilar bien durante y después de su uso, priorizar velas sin perfume y evitar el uso habitual de incienso en interiores son decisiones sencillas que marcan la diferencia.

Pequeños cambios cotidianos pueden reducir de forma significativa la cantidad de contaminantes que inhalamos. Porque cuidar el aire interior no consiste en renunciar al confort, sino en entender qué estamos respirando y cuándo merece la pena hacerlo.

The Conversation

Esta publicación es parte del proyecto de I+D+i PID2022-139724OB-I00 financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y FEDER, del proyecto SBPLY/23/180225/000194 financiado por la Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-la-Mancha, cofinanciado por la Unión Europea y del proyecto 2025-GRIN-38334, financiado por el plan propio de investigación de la UCLM y cofinanciado con fondos FEDER.

ref. Velas e incienso, cuando el supuesto “bienestar” contamina la casa – https://theconversation.com/velas-e-incienso-cuando-el-supuesto-bienestar-contamina-la-casa-280488

Hombres y mujeres no saben lo mismo sobre finanzas, ¿por qué?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisabet Ruiz Dotras, Profesora en finanzas, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Kmpzzz / Shutterstock

Hoy en día, ahorrar es una condición necesaria, pero no suficiente. Necesitamos invertir y, para ello, es clave contar con educación financiera. Esto implica aprender a elegir entre productos cada vez más complejos, planificar la jubilación, valorar si realmente necesitamos un seguro o saber detectar posibles estafas.

Pero no se trata solo de tomar decisiones, sino de entenderlas. Es importante analizar si un producto financiero es adecuado para nosotros, conocer su rentabilidad y tener claros sus costes. Desde fondos de inversión y planes de pensiones hasta seguros, de créditos para comprar un coche a una hipoteca, todas son decisiones que conviene tomar con calma y con una base sólida de conocimientos financieros.

Pero esta “competencia financiera” no es la misma en hombres y mujeres. Hay estudios que muestran de manera consistente que las mujeres tienen menos conocimientos financieros que los hombres. Tanto básico –cálculo de intereses o comprensión de la inflación– como más avanzados– diversificación del riesgo o los mercados financieros–, donde la brecha de género es todavía mayor.

Factores personales, culturales y laborales

Las causas no pueden atribuirse simplemente a diferencias en capacidad o formación académica. De hecho, la brecha persiste incluso cuando hombres y mujeres tienen niveles educativos similares.

En realidad, la brecha de género financiera parece estar relacionada con factores personales, culturales y laborales. Las trayectorias profesionales, las experiencias pasadas y el nivel de autoconfianza influyen en la forma en que hombres y mujeres se relacionan con las finanzas.

Por ejemplo, los hombres tienden a participar más en los mercados financieros y a asumir inversiones más arriesgadas, mientras que las mujeres suelen concentrarse más en la gestión cotidiana del presupuesto doméstico. Estas diferencias influyen: cuanta más exposición se tiene a decisiones y productos financieros, mayor es el aprendizaje que se genera.

Cómo se adquieren los conocimientos financieros

Hemos realizado un estudio para entender cómo deciden formarse en temas financieros los hombres y las mujeres, y qué decisiones toman cuando buscan aprender sobre finanzas.

Consideramos las diferentes formas en que las personas pueden aprender sobre finanzas. Esto incluye la educación formal, como asignaturas o programas académicos, la formación en el trabajo, la participación en cursos o seminarios, y también el aprendizaje por cuenta propia, por ejemplo, leyendo o buscando información en la web.

Los resultados confirmaron que la brecha de género en conocimiento financiero existe, incluso entre personas con niveles educativos similares. Pero, más allá de esta conclusión, el estudio aportó un elemento clave: la diferencia no se explica únicamente por cuánto aprenden hombres y mujeres, sino por las estrategias que utilizan para hacerlo.

Diferentes estrategias de aprendizaje

Una de las conclusiones más relevantes del estudio es que alcanzar niveles avanzados de conocimiento financiero no depende solo de las características individuales, sino también de la decisión de utilizar distintas fuentes de aprendizaje. Las personas que recurren a múltiples vías de aprendizaje –por ejemplo, combinando formación formal, experiencia laboral y autoaprendizaje– tienden a alcanzar mayores niveles de conocimiento financiero.

Además, en términos generales, los hombres muestran una mayor tendencia a invertir activamente en su propia educación financiera a través de procesos de aprendizaje informal y autoaprendizaje. Es decir, tienden con mayor frecuencia a buscar cursos especializados, leer sobre inversiones o formarse por iniciativa propia.




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La educación financiera sigue siendo una asignatura pendiente


Las mujeres, en cambio, suelen adquirir conocimientos financieros principalmente a través de vías estructuradas y accesibles, como la educación formal, la formación proporcionada por el trabajo o el uso de recursos disponibles en internet que no implican un coste económico.

El papel de la experiencia laboral y los ingresos

El estudio también demuestra que las experiencias profesionales desempeñan un papel importante en el desarrollo de conocimientos financieros avanzados. Trabajar en ocupaciones donde es necesario utilizar habilidades financieras contribuye significativamente al aprendizaje. Esto sugiere que la participación de las mujeres en determinados sectores o posiciones laborales puede influir indirectamente en sus niveles de alfabetización financiera.

Además, el análisis revela que el nivel de ingresos también tiene un efecto relevante. En este sentido, reducir la brecha salarial de género también podría contribuir a disminuir la brecha en conocimientos financieros. A medida que aumentan los ingresos, las personas suelen enfrentarse a decisiones financieras más complejas –como planificar el ahorro, invertirlo o gestionar el patrimonio–, lo que a su vez favorece el aprendizaje y el desarrollo de competencias financieras.

Hacia una mayor igualdad financiera

La alfabetización financiera no es solo una cuestión de conocimiento individual. Tiene implicaciones directas para la autonomía económica, la toma de decisiones dentro del hogar y la capacidad de afrontar riesgos financieros a lo largo de la vida.

Reducir la brecha de género en este ámbito no consiste únicamente en ofrecer más información, sino en comprender mejor sus razones y qué barreras pueden estar influyendo en ese proceso.

Tradicionalmente, muchas iniciativas de educación financiera han sido diseñadas como programas generales dirigidos a toda la población. Sin embargo, los estudios sugieren que las estrategias de aprendizaje no son iguales para todos. Son necesarios cursos dirigidos específicamente a mujeres en los que se aborden aspectos clave como la confianza, la elaboración de presupuestos, el ahorro y la inversión.

Además, estos programas deberían incluir formación sobre cómo hablar de finanzas en pareja, fomentar la planificación financiera familiar y promover la toma de decisiones económicas de forma conjunta. Visibilizar las desigualdades existentes y generar conciencia sobre ellas nos ayudará a avanzar hacia su eliminación.

The Conversation

Elisabet Ruiz Dotras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hombres y mujeres no saben lo mismo sobre finanzas, ¿por qué? – https://theconversation.com/hombres-y-mujeres-no-saben-lo-mismo-sobre-finanzas-por-que-275953

¿Por qué no puedo parar? Patrones de diseño adictivos y tecnología que ‘engancha’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Beltrán, Jefa del Área Científica de la Agencia Española de Protección de Datos; profesora titular de Universidad en excedencia, Universidad Rey Juan Carlos

En las últimas semanas, dos jurados en Estados Unidos han declarado a grandes empresas tecnológicas responsables de negligencia por el diseño de sus productos y servicios, considerándolos adictivos y perjudiciales para la salud mental de sus usuarios. En concreto, de los más jóvenes.

Esta es la primera vez que en el seno de un procedimiento judicial se atribuye responsabilidad directa a estas empresas por el diseño adictivo de sus plataformas. Las demandas alegaban que ese diseño adictivo provocó aislamiento social, problemas de sueño y depresión en jóvenes. Los jurados de ambos casos han establecido que, efectivamente, existe evidencia de que dichas plataformas fueron concebidas deliberadamente para que los usuarios pasen conectados a ellas más tiempo del que tienen previsto y del que resulta saludable para ellos.

En paralelo, la Comisión Europea ha intensificado su control sobre el diseño adictivo en relación con el cumplimiento de la Ley de Servicios Digitales o DSA, no sólo en redes sociales o plataformas de vídeo, sino también en plataformas de comercio electrónico, especialmente, las de moda rápida.

Cuando la tecnología ‘engancha’

Pero ¿por qué cuesta tanto soltar el móvil o desconectarse de estas plataformas? ¿Por qué, aunque sepamos que deberíamos parar, seguimos viendo “sólo un vídeo más” o revisando una y otra vez las mismas notificaciones? Detrás de ese comportamiento, que puede llegar a ser problemático o abusivo, hay un diseño intencional y deliberado basado en patrones de diseño adictivos.

Se trata de estrategias estándar presentes en multitud de productos y servicios digitales y meticulosamente estudiadas para mantenernos enganchados. Estos patrones son el resultado de décadas de investigación en psicología, sociología y diseño de interfaces, combinado con una capacidad sin precedentes para conocernos y singularizarnos.

No son un error ni una casualidad, sino el núcleo de un modelo de negocio que prioriza nuestra atención y nuestros datos sobre nuestro bienestar. Y tampoco son inevitables, ya que se podría diseñar tecnología de otra manera.

La tecnología ‘persuasiva’

En los años 90 surgió el concepto de tecnología persuasiva, de usar el diseño para motivar conductas positivas, como por ejemplo dejar de fumar o hacer ejercicio. Sin embargo, con el tiempo, este concepto comenzó a aplicarse a objetivos menos constructivos y de manera más oscura. El modelo de negocio dominante en internet, basado en publicidad y tratamiento masivo de datos, transformó la persuasión en manipulación.

Hoy, los patrones de diseño adictivos no son la excepción, sino la norma. Los encontramos en redes sociales, plataformas de streaming, videojuegos, sitios de comercio electrónico e incluso en apps de citas. Su objetivo es doble: que pasemos más tiempo conectados y que lo hagamos con un mayor grado de “compromiso” (por ejemplo, dispuestos a saltarnos una comida, dormir menos o compartir información sensible con tal de seguir usando el producto o servicio).

Si la tecnología no nos sirve, nos está usando

Estos patrones están estrechamente relacionados con los datos personales. Las plataformas recogen y generan información sobre nosotros de múltiples formas. Lo más directo es la información personal que compartimos voluntariamente, por ejemplo, al crear una cuenta o al compartir contenido, como nuestro nombre, edad o ubicación.

Pero las plataformas también trabajan con datos de comportamiento, de los que puede que seamos menos conscientes: qué vemos y cuándo, cuánto tiempo pasamos en cada contenido y cómo interactuamos con él, con quién nos comunicamos. Por último, las plataformas infieren datos personales como nuestras preferencias políticas, estado de salud o emocional, o vulnerabilidades psicológicas.

Los verdaderos clientes: los anunciantes

Toda esta información sirve para personalizar los anuncios que se nos muestran. Hay que tener en cuenta que con el modelo de negocio actual no somos los clientes de las plataformas, sino el producto: nuestros datos y nuestra atención son lo que se vende a los verdaderos clientes, los anunciantes, que pagan por mostrarnos su publicidad de diferentes formas.

Los datos personales también se utilizan para optimizar el funcionamiento de los patrones adictivos. Si pasamos más tiempo en la plataforma, efectivamente, se nos muestran anuncios más personalizados durante más tiempo. Pero, además, la plataforma aprende más sobre nosotros y nos ofrece un diseño o un contenido aún más adictivo, para nosotros en concreto (focalización). Así, pasamos más tiempo en la plataforma: es un círculo vicioso del que es muy difícil salir.

Cuatro estrategias de diseño adictivas

Las cuatro grandes categorías de patrones de diseño adictivos reflejan estrategias sistemáticas para mantenernos enganchados a la tecnología, cada una basada en mecanismos distintos pero complementarios.

  • La primera se llama “acción forzada” y fuerza a los usuarios a realizar tareas o a invertir tiempo de manera sutil, como el scrolling infinito, los temporizadores y las recompensas periódicas en juegos o la reproducción automática de vídeos. El diseño elimina puntos de salida claros, haciendo que “sólo un poco más” se convierta rápidamente en horas de uso.

  • La segunda categoría, “ingeniería social”, explota nuestras vulnerabilidades psicológicas, como el miedo a perderse algo (FOMO), la aprobación social (likes y notificaciones) o la escasez artificial (“¡Últimas unidades!”). Estos patrones manipulan emociones para impulsar decisiones impulsivas, como comprar, compartir o seguir consumiendo contenido.

  • La tercera categoría es la “interferencia con la interfaz”: altera el diseño para dificultar acciones que no benefician a la plataforma (como dar de baja un servicio) y facilitar las que sí, usando colores, ubicaciones o sobrecarga de estímulos que nublan nuestro juicio.

  • Finalmente, la cuarta es la “persistencia”, que aprovecha el deseo humano de completar tareas, como no dejar vídeos o canciones a medias, finalizar barras de progreso interminables o lidiar con interrupciones constantes que nos impiden concentrarnos.

Los patrones que se han identificado en estas cuatro categorías crean un ecosistema donde la tecnología no solo captura nuestra atención, sino que redefine nuestros hábitos, prioridades y hasta nuestra salud.

Mucho más que perder el tiempo

Los efectos de este tipo de diseño van mucho más allá de una inocente pérdida de tiempo, como en ocasiones se ha interpretado en el pasado. Por eso, este tipo de diseño se considera, cada vez más, un riesgo sistémico para la sociedad, una amenaza para la estabilidad y el bienestar colectivo. Pensemos en posibles impactos en nuestros derechos y libertades, como la libertad de información o la no discriminación.

Y sobre todo, es el derecho a la integridad el que se está demostrando que sufre los mayores impactos. Ya existe evidencia que vincula los patrones adictivos con problemas de salud mental y física, desde los dolores musculoesqueléticos y la alteración de la percepción del estado emocional hasta la depresión, la ansiedad, el estrés, la baja autoestima, el insomnio y la baja calidad del sueño.

Tecnología que priorice el bienestar

La pregunta “¿Por qué no puedo parar?” ya no es solo una inquietud personal, sino el centro de un debate legal y social que cobra fuerza: las resoluciones y sentencias que reconocen que la tecnología se diseña para ser adictiva serán cada vez más frecuentes, pero su verdadero valor estará en lo que hagamos después.

Asumir responsabilidades por el pasado, por ejemplo, mediante la exigencia de reparaciones a quienes se lucraron con nuestra atención y salud, es el primer paso.

Pero el cambio real pasa por transformar los modelos de negocio que premian la adicción, regular con firmeza los diseños adictivos y, sobre todo, exigir como sociedad tecnologías que prioricen el bienestar. La tecnología no es intrínsecamente tóxica: es el resultado de decisiones humanas, y como tales, pueden y deben cambiar.

The Conversation

Marta Beltrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué no puedo parar? Patrones de diseño adictivos y tecnología que ‘engancha’ – https://theconversation.com/por-que-no-puedo-parar-patrones-de-diseno-adictivos-y-tecnologia-que-engancha-280074

La banca social convierte al sector financiero en motor de sostenibilidad y bienestar colectivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Yolanda Cotelo Ouréns, Profesora- Departamento de Economia, Universidade da Coruña

MAFPHOTOART8/Shutterstock

En un momento en que la ciudadanía observa con desconfianza al sistema financiero, marcado por crisis recurrentes, desigualdades sociales persistentes y el desafío climático, surge una pregunta clave: ¿puede la banca ponerse realmente al servicio de la sociedad?

Mi investigación doctoral sugiere que así es: hay un conjunto diverso de instituciones que demuestran que otra banca no solo es posible, sino que ya funciona.

A este conjunto lo denominamos banca social, un concepto que recoge modelos bancarios cuyo objetivo no se limita a maximizar beneficios, sino que incorpora de manera explícita objetivos ambientales, sociales y de gobernanza. Aunque no es una idea nueva, adquiere un significado renovado en un mundo que exige instrumentos financieros capaces de impulsar un desarrollo más sostenible e inclusivo.

Ahora bien, para comprender el potencial de la banca social es necesario mirar primero al funcionamiento del sistema financiero actual: entender por qué el modelo dominante resulta insuficiente, cómo se materializan estas alternativas y qué implicaciones tienen realmente para la vida cotidiana de la ciudadanía.

El papel activo de la banca

Durante décadas, la intermediación financiera se explicó casi en exclusiva desde una lógica técnica que concebía a los bancos como meros conectores entre ahorro e inversión. Según esta visión clásica, el dinero que una persona deposita en su cuenta –por ejemplo, María– se presta a otra –digamos, José–, que lo utiliza para financiar su propio proyecto.

Sin embargo, hoy en día los bancos no se limitan a mover el dinero de unas personas a otras. Un ejemplo sencillo: cuando un banco decide promover hipotecas con tipos de interés muy bajos o financiar masivamente proyectos inmobiliarios, no solo está “gestionando intercambios”, sino influyendo en el precio de la vivienda, en la expansión urbana y en las oportunidades económicas de miles de familias. Lo mismo ocurre cuando lanza fondos de inversión centrados en energías renovables o combustibles fósiles: esas decisiones favorecen el crecimiento de unas actividades frente a otras.

Todo ello pone de relieve, como muestran los trabajos en sociología económica y economía institucional, que las decisiones financieras no son neutras: moldean oportunidades, asignan riesgos y condicionan el rumbo de la economía real, contribuyendo a crear –o a destruir– no solo valor económico sino también social y ambiental. Ignorar estos efectos colectivos tiene costes reales, que se hicieron evidentes en la crisis financiera de 2007–2008, con la pérdida de viviendas, deterioro ambiental y un aumento de la inseguridad económica.

En este contexto, resulta fundamental preguntarse qué modelos bancarios asumen de forma explícita esta responsabilidad.

Crear valor

La banca social se refiere al conjunto de modelos bancarios que orientan sus decisiones a generar un impacto positivo en la sociedad, el medio ambiente y la economía. Sin embargo, uno de los principales obstáculos para comprender mejor este fenómeno es la pluralidad de denominaciones empleadas en el debate público. En este contexto aparecen términos como banca ética, banca alternativa, banca sostenible o banca basada en valores, utilizados a menudo de forma intercambiable y confusa.

Para trascender esta confusión terminológica resulta útil desplazar el foco desde las etiquetas declarativas hacia las prácticas concretas: no tanto cómo se definen estas entidades, sino cómo orientan efectivamente su actividad.

Tres caminos hacia una banca con impacto

A partir del análisis de distintas entidades financieras españolas, definimos tres grandes formas de integrar los objetivos ambientales, sociales y económicos:

  1. La vía de la inclusión financiera. En este caso, el propio modelo de negocio de la entidad está orientado a responder directamente a necesidades sociales concretas. Por ejemplo, ofreciendo crédito al consumo a personas con bajos ingresos. Este enfoque guarda similitudes con la tradición de las antiguas cajas de ahorro, centradas en la proximidad y la función social.

  2. La vía de la economía social. Aquí, el banco no actúa tanto como proveedor directo de crédito social, sino como intermediario que canaliza recursos hacia organizaciones especializadas en generar impacto social. Un ejemplo sería la financiación de entidades que conceden microcréditos o gestionan programas para colectivos vulnerables. Este modelo se asemeja más al funcionamiento de las cooperativas de crédito.

  3. La vía basada de la práctica bancaria. En este caso, el compromiso social y medioambiental se integra de forma sistemática en la operativa cotidiana del banco: en la evaluación de riesgos, en la política de inversión o en la relación con los clientes. No se trata de productos aislados, sino de una forma estructural de hacer banca en la que la sostenibilidad guía las decisiones del conjunto de la organización. En este sentido, es la vía más afín a la forma en que los bancos tradicionales pueden incorporar la sostenibilidad en su actividad.

Qué indican estos resultados

La banca social no es un conjunto de prácticas cosméticas ni un modelo homogéneo, sino un ecosistema diverso de instituciones que comparten principios comunes y los adaptan a su organización y su entorno.

Esta pluralidad es una fortaleza: permite que la sostenibilidad se materialice de formas distintas y viables a largo plazo, ajustadas a realidades locales y organizativas diferentes.

Al mismo tiempo, los resultados subrayan un mensaje clave para los responsables públicos: la sostenibilidad financiera no depende solo de las decisiones de los bancos, sino también del marco institucional en el que operan.

La importancia para la ciudadanía

Por lo tanto, la banca social no es un debate técnico reservado a especialistas. Afecta directamente a cuestiones que interesan a cualquier ciudadano. Cuando un banco evalúa un préstamo decide, en cierto modo, qué tipo de economía y de sociedad se está construyendo.

En un contexto marcado por la transición ecológica, las tensiones geopolíticas y la desigualdad creciente, avanzar hacia un sistema financiero más sostenible se convierte en una condición necesaria para afrontar los grandes retos colectivos. La banca social demuestra que esa transformación no solo es deseable, sino también posible.

The Conversation

Yolanda Cotelo Ouréns ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia, Innovacion y Universidades y la Agencia Estatal de Investigacion para desarrollar esta línea de trabajo (PRE2020-093649; PID2019-106273RB-I00; PID2022-139315OB-I00).

ref. La banca social convierte al sector financiero en motor de sostenibilidad y bienestar colectivo – https://theconversation.com/la-banca-social-convierte-al-sector-financiero-en-motor-de-sostenibilidad-y-bienestar-colectivo-271430

‘Los dinosaurios’: el rigor científico choca con una narración problemática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Viktor Baranov, Investigador Ramon y Cajal, en ambito de Ecologia y Paleontologia de insectos y cambio global, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Imagen de la serie _Los dinosaurios_. Netflix

La nueva serie documental de Netflix, Los dinosaurios, ha demostrado ser un éxito mundial y logró acumular 10,4 millones de visualizaciones en la semana posterior a su estreno a principios de marzo de 2026.

En la página web de reseñas Rotten Tomatoes la serie cuenta con un porcentaje de aprobación del 100 % por parte de la crítica y un 74 % de valoración positiva por parte del público. Pero el éxito de esta serie pone de relieve cómo el legado colonial de la paleontología aún puede distorsionar la percepción pública de la naturaleza y de nuestro pasado.

‘Los dinosaurios’: éxito cinematográfico y… ¿científico?

¿Quiénes están detrás de este éxito? Dos nombres propios saltan a la vista. El primero que reconocen los espectadores es Morgan Freeman. El actor fue elegido para narrar el viaje en inglés, y su trabajo aporta un tono distintivo y envolvente que ha sido señalado como uno de los grandes aciertos de la producción.

Pero la serie también se debe al espectáculo cinematográfico. No en vano detrás de ella se halla uno de los cineastas con mayor influencia en Hollywood de las últimas décadas: Steven Spielberg, productor ejecutivo. Que el director de Parque Jurásico vuelva al territorio de los dinosaurios –aunque esta vez sea en formato documental– tiene una carga simbólica enorme. Pero esto también se traduce en que algunas escenas parecen creadas para los seguidores de los éxitos de la saga jurásica. Sin ir más lejos, ciertos diseños siguen la misma línea de aquellos filmes, con el fin de resultar familiares para el público mayoritario.

Una escena de la miniserie Los dinosaurios.

No olvidemos tampoco que la filosofía de Netflix se basa en el espectáculo para todos los públicos. La plataforma busca contenido que resuene tanto a nivel local como internacional, produciendo historias en múltiples países para satisfacer gustos diversos.

A la hora de hablar del aspecto científico, entre los asesores se ha contado con personas con reputación internacional en el campo, como Susannah Maidment o Dean Lomax. Su trabajo merece un enorme respeto y reconocimiento. Además, es genial que la serie ponga de relieve muchas especies de animales extintos poco conocidas por el público.

Esto se aprecia especialmente en el primer episodio, donde el Marasuchus lilloensis es el protagonista. También se muestran los Tanystropheus e Hyperodapedon (llamado “Rynchosaurus” en la serie). Aunque estos tres reptiles provienen de diferentes rincones de la Tierra y de distintas épocas del período Triásico, sigue siendo asombroso verlos porque demuestran cuán diferentes eran los vertebrados del Triásico y cuán extraños. En comparación, los dinosaurios nos resultan familiares y casi fáciles de imaginar.

Imagen del Rhynchosaurus en _Los dinosaurios_.
Imagen del Rhynchosaurus en Los dinosaurios.
Netflix

Un marco científico riguroso y una representación innovadora del comportamiento animal –en algunas ocasiones– son las mayores fortalezas de la serie.

Peligros del sensacionalismo en la divulgación

Sin embargo, la narración excesivamente dramática, con el uso de un vocabulario y unos matices inapropiados, es uno de sus mayores defectos. De hecho, parece que se busca dramatizar eventos y conceptos que ya son de por sí dramáticos, despojándolos de parte de su asombro natural.

Por ejemplo, se dice que los dinosaurios “tenían el destino de triunfar y dominar la Tierra”, en oposición a los “reptiles”, enmarcados como fracasos biológicos que lo perdieron todo. Sin embargo, la evolución a gran escala no funciona así: no hay destino, solo azar. Los “reptiles” de los que trata la serie son en su mayoría pseudosuquios –un grupo que incluye a los cocodrilos modernos y a parientes evolutivos de los dinosaurios–. Fueron y siguen siendo animales altamente exitosos según prácticamente cualquier métrica biológica.

La serie presenta el éxito evolutivo de los dinosaurios como una especie de “destino manifiesto”, en lugar de la serie de coincidencias afortunadas que suceden en la evolución en general. Esto refuerza ideas erróneas en el público, como la noción de que la evolución es una fuerza dirigida con un objetivo, en vez de un proceso basado en eventos contingentes donde la selección actúa sin propósito predefinido. Aquí el lenguaje importa mucho: es posible explicar conceptos complejos de forma accesible pero sin sacrificar la precisión del mensaje.

Además, los episodios de la nueva serie se titulan “Ascenso”, “Conquista”, “Imperio” y “Caída”, lo cual reduce 180 millones de años de historia de la Tierra a una comparación con estados humanos. Aplicar el lenguaje de la guerra y la construcción de naciones a la evolución es un problema antiguo: la gente habla del “ascenso de dinastías” de organismos, de la “dominancia” o la “victoria” de un grupo sobre otro.

Un dinosaurio se mueve en el mar.
Otra de las imágenes de la serie Los dinosaurios.
Netflix

La serie utiliza con frecuencia un lenguaje imperialista y militarista para describir la evolución, hablando del “imperio” de los dinosaurios o de su “conquista” del planeta. Esto refleja hasta qué punto las lógicas coloniales, desarrolladas durante el siglo XIX, siguen influyendo en la comunicación científica.

El lado oscuro de la historia de la paleontología

La paleontología moderna surgió como una ciencia impulsada por la colonización. Por ejemplo, la expansión hacia el oeste de Estados Unidos en el siglo XIX desencadenó las “Guerras de los Huesos”: una feroz competencia por describir especies de dinosaurios en las tierras de las que se había expulsado por la fuerza a la población nativa americana.

Con episodios tan horribles en el pasado de la especialidad, es fundamental no impregnar los medios paleontológicos modernos de una retórica centrada en la conquista y la construcción de imperios. Este lenguaje distorsiona la realidad de la naturaleza ante la percepción pública.

La naturaleza puede ser bastante cruel desde nuestro punto de vista, pero sus condiciones no son resultado de la malicia ni el deseo de conquista, sino simplemente de la presión por acceder a recursos escasos en sistemas habitados por múltiples especies. Además, los sistemas naturales están interconectados, son interdependientes y cooperativos: desde la polinización hasta el mutualismo entre peces payaso y corales pasando por el cuidado entre cachalotes no emparentados.

Debemos asegurarnos de que los documentales, con toda su licencia artística, no distorsionan la percepción de la naturaleza en tiempos de crisis global de biodiversidad, ya que nosotros también somos interdependientes con ella.


Este artículo se ha escrito con la colaboración de Francisco Javier Millán, periodista, escritor y profesor de producción cinematográfica.


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Viktor Baranov no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Los dinosaurios’: el rigor científico choca con una narración problemática – https://theconversation.com/los-dinosaurios-el-rigor-cientifico-choca-con-una-narracion-problematica-279815

¿Existe un ‘Viagra femenino’… o estamos haciendo la pregunta equivocada?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Vargas Guerrero, Director y Docente del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, Universidad Europea

Yuriy Maksymiv/Shutterstock

Durante décadas, los problemas de disfunción sexual se abordaron principalmente como un problema masculino, un interés que alcanzó su punto álgido con la llegada de la Viagra.

Desde entonces, la conversación ha estado marcada por una comparación constante: si los hombres tienen una solución farmacológica eficaz, ¿por qué no existe algo equivalente para las mujeres?

La pregunta parece lógica, pero parte de una premisa discutible: que el deseo sexual funciona del mismo modo en todos los casos y puede abordarse de forma equivalente. Sin embargo, la evidencia muestra que se trata de un fenómeno complejo, con diferencias en cómo se expresa y se regula según la persona y el contexto.

Entonces, ¿existe realmente el Viagra femenino? ¿Y es esa la pregunta más útil?

El problema no es (solo) biológico

En el caso de la disfunción eréctil, los mecanismos vasculares tienen un papel claro. Fármacos como el sildenafilo (Viagra) actúan directamente sobre ese proceso. Pero el deseo sexual no responde a un único mecanismo.

En consulta, es habitual encontrar que su disminución no tiene una causa única, sino que aparece en la intersección de múltiples factores: estrés sostenido, sobrecarga mental y de cuidados, dinámicas de pareja deterioradas, falta de comunicación sexual y expectativas poco realistas sobre cómo “debería” ser el deseo.

De hecho, uno de los motivos más frecuentes de consulta en terapia de pareja no es la ausencia de deseo en sí, sino la discrepancia sobre el mismo: cuando una persona desea más o menos que la otra.

Este desajuste suele generar interpretaciones que agravan el problema y se manifiestan con frases como “Si no tiene deseo, es que ya no le atraigo”, “Debería apetecerme más” o “Algo va mal en mí o en la relación”

Tales creencias pueden aumentar la presión, la evitación y, paradójicamente, reducir aún más el deseo.

Desde este enfoque, el problema no está tanto en el cuerpo como en la dinámica relacional que se construye alrededor del deseo.

¿Qué es el sildenafilo femenino y para quién va dirigido?

El llamado sildenafilo femenino no es un medicamento específico aprobado para mujeres, sino el uso del mismo principio activo de la Viagra (sildenafilo) en este grupo.

Originalmente desarrollado para tratar problemas cardiovasculares, este fármaco actúa como vasodilatador, aumentando el flujo sanguíneo en los genitales. En hombres, facilita la erección; en mujeres se ha planteado que podría favorecer la excitación física.

En la práctica, su uso se ha explorado en mujeres con dificultades en la excitación o en la respuesta sexual, especialmente cuando existe un componente fisiológico (por ejemplo, vascular o asociado al uso de determinados fármacos).

No obstante, no se trata de una “pastilla para el deseo” ni de una solución generalizada para la disminución de la libido, sino de una intervención limitada a casos muy concretos y aún en debate.

¿Qué dice la ciencia?

La evidencia científica disponible sugiere que sus beneficios son, en el mejor de los casos, modestos. Algunos ensayos clínicos han observado mejoras moderadas en la respuesta fisiológica genital, como el aumento de la lubricación o del flujo sanguíneo, en mujeres con disfunción sexual de origen vascular o asociada al uso de antidepresivos.

Sin embargo, su efecto sobre el deseo sexual –una dimensión más compleja– es escaso o inexistente. Como ya se ha apuntado, las principales revisiones científicas coinciden en que dicho deseo es multifactorial y está influido por factores biológicos, psicológicos y sociales, por lo que una intervención exclusivamente farmacológica suele resultar insuficiente.

En paralelo, se han desarrollado fármacos específicos como la flibanserina o la bremelanotida, aprobados en Estados Unidos para el llamado trastorno del deseo sexual hipoactivo. Actualmente en revisión, esta categoría clínica se caracteriza por una disminución persistente del deseo que genera malestar.

En cualquier caso, sus beneficios son limitados y no están exentos de efectos secundarios como somnolencia, mareos o náuseas. Esto ha generado un debate en la comunidad científica sobre si las ventajas compensan los riesgos, el coste y las expectativas que generan.

El riesgo de medicalizar el deseo

Más allá de sus efectos clínicos, el uso de este tipo de fármacos plantea implicaciones sociales relevantes. Puede generar expectativas poco realistas, reforzar la idea de que el deseo debe ser constante y lineal o promover la creencia de que cualquier disminución debe “corregirse” médicamente con una pastilla.

Desde la práctica clínica, uno de los riesgos más relevantes es precisamente ese: convertir cualquier variación del deseo en un problema que debe corregirse.

El deseo no es constante ni lineal. Fluctúa a lo largo del tiempo y está profundamente influido por el contexto vital y relacional. Cuando se interpreta como una obligación —algo que “debería” estar siempre presente—, puede generar más malestar que soluciones.

Repercusiones desde una perspectiva de género

Incorporar una perspectiva de género permite entender mejor el contexto en el que surgen estos tratamientos.

Históricamente, la sexualidad de las mujeres ha sido invisibilizada o reducida a funciones reproductivas y, en ocasiones, medicalizada. En este marco, la búsqueda de un “equivalente femenino” de la Viagra parte de una comparación que puede resultar engañosa: la disfunción eréctil masculina suele tener un componente vascular importante, mientras que el deseo sexual no responde a un único mecanismo biológico.

Existe además el riesgo de patologizar formas diversas y legítimas de vivir el deseo. Factores como la sobrecarga de cuidados, el estrés o las desigualdades estructurales influyen de manera significativa en la vida sexual, pero rara vez se abordan desde el ámbito biomédico.

¿Qué alternativas existen?

El problema no siempre reside en el cuerpo, sino también en el contexto.

Alternativas como la educación sexual realista, el trabajo sobre expectativas y creencias, la mejora de la comunicación y las dinámicas de pareja –es decir, la forma en la que se comunican, se relacionan, negocian el deseo y construyen la intimidad–, e incluso intervenciones específicas en terapia sexual pueden resultar más adecuadas en muchos casos.

Estas aproximaciones no ofrecen soluciones inmediatas, pero sí abordan las causas que con más frecuencia están en la base del problema.

¿Y si la clave está en cambiar la pregunta?

El reto pasa por comprender la complejidad del deseo y evitar reduccionismos que puedan resultar contraproducentes.

Quizá la cuestión no sea si existe un “Viagra femenino”, sino por qué seguimos buscando soluciones simples para fenómenos complejos.

Comprender el deseo en toda su dimensión —biológica, psicológica y relacional— no solo es más coherente con la evidencia, sino también más útil para abordar las dificultades que pueden surgir en este ámbito.

The Conversation

Alberto Vargas Guerrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Existe un ‘Viagra femenino’… o estamos haciendo la pregunta equivocada? – https://theconversation.com/existe-un-viagra-femenino-o-estamos-haciendo-la-pregunta-equivocada-254432

Cuando cambiar de pareja es la mejor opción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Canal, Científico Titular. Departamento de Biología Evolutiva, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) Jesús Cobaleda /Shutterstock

Entender cómo se forman y mantienen las parejas reproductoras es un elemento central en el estudio de la biología evolutiva. Charles Darwin ya apuntó que, además de luchar por la supervivencia, los animales compiten por reproducirse, y que las circunstancias que determinan con quién criar y cuándo hacerlo moldean la evolución de las especies. De hecho, influyen directamente en el éxito reproductor de cada individuo y, por lo tanto, en los genes que se transmiten de generación en generación.

En muchas aves longevas como cigüeñas, albatros, cisnes o rapaces, mantener la misma pareja durante años, o incluso durante toda la vida, tiene claras ventajas. Entre otras cosas, la experiencia compartida reduce los conflictos, mejora la coordinación y aumenta la eficacia a la hora de sacar adelante a las crías. Sin embargo, en especies de vida mucho más corta, como paseriformes y especies migratorias, las condiciones ecológicas y vitales son muy diferentes. Y es posible que las estrategias reproductoras no funcionen de la misma manera.

Para estas aves, cada primavera es una carrera contrarreloj. Hay que regresar desde los cuarteles de invierno a las áreas de reproducción, conseguir un territorio y pareja, sacar adelante a los pollos y volver de nuevo a las áreas de invernada. Todo ello en apenas unos meses.

Los papamoscas crían con una nueva pareja cada año

Bajo tanta presión, se podría pensar que criar con la misma pareja año tras año supondría la mejor opción para asegurar una reproducción exitosa. Al fin y al cabo, repetir pareja ahorraría tiempo y energía al no tener que buscar un nuevo compañero o compañera. Y la familiaridad entre los miembros que se conocen debería mejorar la coordinación en tareas importantes, como defender el territorio o alimentar a las crías.

Sin embargo, nuestro estudio recién publicado no apoya esa idea. Basado en casi 40 años de seguimiento continuo de papamoscas cerrojillos, una pequeña ave migratoria de larga distancia que pesa alrededor de 12 gramos y recorre aproximadamente 3 000 km entre sus zonas de reproducción e invernada, muestra que muy pocos individuos, apenas el 3,5 %, crían con la misma pareja al año siguiente. La mayoría, cuando regresan de África para reproducirse, terminan criando con una nueva pareja –a pesar de que la del año anterior sigue viva y anda criando cerca–.

En este trabajo analizamos, en términos reproductivos, qué ocurre antes y después de que un individuo mantenga o cambie de pareja. En concreto, examinamos si este cambio de pareja afectaba a la fecha en que los papamoscas comenzaban a criar, al número de huevos que ponían y a la cantidad de pollos que lograban sacar adelante.

Los resultados indican que tanto los machos como las hembras que cambiaron de pareja sacaron adelante más pollos en la temporada siguiente al cambio. Con independencia de la edad de los individuos o el tipo de hábitat de cría.




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Ventajas de cambiar de pareja varias veces a lo largo de la vida

En una especie de vida corta como el papamoscas cerrojillo, cuya esperanza de vida es de unos 3 años, cada temporada de cría es determinante. Si tenemos en cuenta todos los retos a los que tiene que enfrentarse este pequeño paseriforme migrador a lo largo de un año, no resulta sorprendente que la probabilidad de que ambos miembros de la pareja sobrevivan y coincidan al año siguiente en el mismo bosque sea baja.

En ese contexto, retrasar el inicio de la reproducción esperando a la pareja del año anterior puede ser más costoso que empezar con una nueva. Sobre todo porque la calidad y cantidad del alimento necesario para sacar adelante a los pollos disminuye rápidamente a medida que avanza la primavera. Cambiar de pareja podría, entre otras ventajas, permitir iniciar la reproducción antes, acceder a un mejor territorio o encontrar un consorte más compatible. Y eso podría traducirse en un mayor número de pollos que consiguen salir adelante.

En conjunto, nuestros resultados muestran que los vínculos de pareja en aves no son rígidos, sino estrategias flexibles que se ajustan año a año en función del ambiente para maximizar el éxito reproductor.




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Estudios a largo plazo para conservar la biodiversidad

Más allá de estos resultados, el estudio pone de manifiesto la gran importancia de los estudios a largo plazo en poblaciones naturales. Sólo mediante el seguimiento continuado de los organismos, ya sean animales o plantas, año tras año, es posible describir comportamientos sutiles pero decisivos que, de otro modo, pasarían desapercibidos.

En un mundo dominado por la inmediatez, también en la ciencia, es tentador buscar respuestas rápidas. Sin embargo, muchos procesos fundamentales en ecología y evolución necesitan años, o incluso décadas, para observarse. Los estudios a largo plazo nos permiten entender cómo responden los individuos al cambio climático, qué factores influyen en su envejecimiento, qué señales influyen en el éxito reproductor o cómo afectan las modificaciones del hábitat a su supervivencia. Procesos que, en conjunto, son fundamentales para entender cómo se mantienen y adaptan las poblaciones en un mundo cambiante.

Este tipo investigaciones genera el conocimiento básico que luego sostiene la gestión y conservación de la biodiversidad. Y aunque no siempre sabemos qué preguntas nos ayudarán a responder en el futuro, su valor radica precisamente en eso, en la generación de conocimiento que algún día necesitaremos, aunque aún no lo sepamos.

Esta primavera, como cada año desde 1984, volveremos a los bosques de La Hiruela para seguir estudiando una a una las casi 200 parejas de papamoscas cerrojillo que crían allí. En una sociedad dominada por las prisas, la naturaleza nos recuerda una vez más que muchas de las cosas importantes se cocinan a fuego lento.

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David Canal es científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esta investigación forma parte de un estudio a largo plazo que, a lo largo de los años, ha contado con financiación de distintos proyectos del Ministerio de Ciencia del Gobierno de España (bajo sus diferentes denominaciones institucionales). En particular, David Canal ha sido financiado por la Comunidad de Madrid, a través de las Ayudas de Atracción de Talento Investigador (proyecto 2022‑T1_AMB‑24), y por el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Estatal de Investigación (MCIN/AEI; proyecto PID2022‑141763NA‑I00).

ref. Cuando cambiar de pareja es la mejor opción – https://theconversation.com/cuando-cambiar-de-pareja-es-la-mejor-opcion-279622

La melodía del cariño, Gotas de lluvia o Felices por siempre: ¿cómo salir del laberinto de la fragmentación política en Perú?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Beatriz Fernández, Profesora de Comunicación Política en la UNAV, el IESA y Pforzheim, Universidad de Navarra

Keiko Fujimori lidera el recuento de votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Perú. Joel Salvador/Shutterstock

El panorama de los resultados preliminares en el Perú, con el escrutinio avanzando hacia tres cuartas partes de las actas, confirma una sospecha que ha sobrevolado toda la campaña: estamos ante un déjà vu institucional que agrava las heridas de 2021.

Con un récord histórico de 35 candidatos presidenciales, el elector peruano se ha visto forzado a navegar en un océano de siglas vacías y personalismos, donde la deliberación informada fue sustituida por ruido electoral. Los resultados anticipados de la primera vuelta confirman lo que las encuestas ya insinuaban: un sistema político sin partidos sólidos, difícil de predecir y que opera como un sistema caótico.

Al escribir estas líneas, a 48 horas de terminada la jornada del domingo, apenas se ha contabilizado el 75 % de la votación. Keiko Fujimori lidera con un 17 %, seguida de cerca por Rafael López Aliaga con 13 % –ambos de derechas–. Detrás, en una secuencia poco distinguible, aparecen Jorge Nieto, de centro izquierda (12 %); Roberto Sánchez Palomino, izquierdista afín al expresidente Pedro Castillo (10 %); Ricardo Belmont (10 %); Carlos Álvarez Loayza (8 %), y Alfonso López Chau (8 %). Siete candidatos en nueve puntos porcentuales.

Al otro extremo de la cola están otros 28 candidatos presidenciales, que se repartieron cerca del 20 % del electorado. El histórico APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) apenas logró alcanzar el 1 %, mientras que 14 candidatos y sus partidos tuvieron votaciones tan exiguas que no alcanzaron el 0,5 %.

Los “New Kids on the Block”: partidos de temporada

Perú es el caso emblemático de la hiperfragmentación partidista. Los datos históricos revelan un patrón inquietante en Latinoamérica: en los años electorales o preelectorales surgen tres veces más partidos políticos que en periodos de calma institucional. Esta proliferación no responde a una vitalidad democrática, sino a una estrategia oportunista incentivada por el calendario electoral.

Haciendo referencia a la banda estadounidense de los 80 y 90 cuyo nombre traducido al español era “Los chicos nuevos del barrio”, estos New Kids on the Block son, en esencia, plataformas de campaña efímeras o flash parties que carecen de raigambre ideológica y solidez organizativa.

En el escrutinio peruano vemos como ejemplo el del humorista Carlos Álvarez Loayza (País para Todos), que capitalizó el fenómeno presentándose como el outsider que “viene de fuera” para captar el voto de sectores desencantados.

La relación de nombres de los partidos parece más una lista de música popular que una arquitectura institucional: el partido Obras de Ricardo Belmont, el País Para Todos de Loayza, Juntos por el Perú, Ahora Nación u otros como La melodía del cariño, Gotas de lluvia, La magia del encuentro, El aroma de la confianza, El tejido de la vida, Alcanzar el infinito, Amanecer de nuevo, El mapa de los sueños o Felices por siempre.

No nombran ideologías: evocan sensaciones. La dinámica es facilitada por la ciberpolítica, donde el uso de redes sociales permite a candidatos desconocidos articular apoyos masivos de forma veloz, pero con estructuras de “maletín” que difícilmente garantizan gobernabilidad.

Mariposas peruanas con aleteos impredecibles

“Es más fácil predecir las trayectorias de un péndulo doble que los resultados de las elecciones de Perú”, comentaba mi colega mexicano Arturo García-Portillo, un avezado consultor político. La metáfora del péndulo es ilustrativa, pues a diferencia de un péndulo simple y predecible por lo regular, el péndulo doble exhibe un comportamiento caótico: pequeñas diferencias en las condiciones iniciales generan trayectorias radicalmente distintas.

El célebre “efecto mariposa”, el aleteo de un evento menor –llámese debate, escándalo o video viral– puede desencadenar consecuencias finales desproporcionadas. Y no porque sea irracional el elector, sino porque está operando en un entorno de hiperfragmentación que multiplica las variables y reduce la capacidad de anticipación.

Cada candidato adicional no solo suma una opción, sino que introduce nuevas interacciones, nuevas transferencias potenciales de voto, nuevas trayectorias posibles.

Incluso el propio acto de votar pareció alinearse con esta lógica caótica. Además de la lentitud del conteo, ocurrió que en Lima quince locales de votación quedaron inoperativos por falta de material electoral, dejando a cerca de 66 000 ciudadanos, distribuidos en 211 mesas, sin poder ejercer su derecho.

La solución del árbitro electoral fue excepcional y polémica: extender la jornada 24 horas y permitir que esos electores votaran al día siguiente. Elección que, en los hechos, se partió en dos tiempos. Una escena difícil de imaginar en sistemas más institucionalizados: ciudadanos votando cuando los resultados ya eran, en gran medida, conocidos.

El tiempo electoral dejó de ser simultáneo. Con ello se alteró un principio básico en la competencia democrática y se erosionó la reputación institucional del árbitro electoral.

Lo menos malo

El llamado a la segunda vuelta es para el 7 de junio, cuando Keiko se enfrentaría al conservador López Aliaga, alias “Porky”, empresario que fue un medianamente exitoso alcalde de Lima. ¿Podrá ser la oportunidad de Keiko Fujimori en su cuarto intento?

Entre ambos candidatos suman 30 puntos, lo que indica que 7 de cada 10 peruanos no votaron por ninguno de ellos en primera vuelta. Exactamente igual que lo ocurrido en 2021.

Existe amplio espacio para negociaciones y alianzas, pero ante un escenario de tal volatilidad, en matemáticas electorales dos más dos rara vez suman cuatro. Ningún candidato puede garantizar la lealtad de sus votantes tras un apoyo para la segunda vuelta.

Un análisis preelectoral en redes sociales indicaba que mientras Keiko Fujimori lideraba en intención de voto, arrastraba un rechazo digital cercano al 46,96 %, mientras que López Aliaga tenía un rechazo del 27 %. Es decir, Keiko encabeza la competencia, pero también capitaliza el rechazo. Su presencia en segunda vuelta redefine la elección como dilema. Una vez más, y como ocurrió en 2021, el país se organizará en torno al “mal menor”.

Para que no vuelva a pasar

Si Perú aspira a romper este ciclo de inestabilidad, donde el parlamento termina siendo un mosaico de 10 o 15 facciones incapaces de sostener a un presidente o garantizar un mínimo de gobernabilidad, es imperativo repensar las reglas del juego electoral. La fragmentación del sistema de partidos es una dimensión ligada directamente a la forma en que se compite.

Reducir por la vía reglamentaria el número de partidos políticos es posible, en función de criterios de representatividad y bases electorales regionales. Otra propuesta hacia el futuro sería el transitar hacia un sistema de voto ranqueado o “votación suplementaria”. Sería relativamente fácil cambiar ligeramente el sistema electoral en ese sentido.

Funciona así. Si ningún candidato obtiene más del 50 % de los votos de primera opción, todos excepto los dos candidatos principales son eliminados y se les añaden los votos que hayan obtenido como segunda opción. Curiosamente, Perú ya aplica el voto preferencial en niveles legislativos, pero lo omite donde más se necesita: en la elección presidencial para garantizar una aceptabilidad más amplia del mandatario

El sistema puede ser muy fácil de llevar a la práctica, teniendo métodos automatizados o semiautomatizados de conteo. Como gran ventaja se ahorra la elección de segunda vuelta y la polarización artificial de la sociedad. Bajo esta lógica, el elector no elige una única opción, sino que ordena sus preferencias (primera, segunda, tercera opción). Esto alteraría radicalmente los incentivos de la comunicación política. Principalmente, encarece la agresión: atacar virulentamente a un adversario se vuelve irracional, ya que el candidato necesita ser la segunda o tercera opción de los seguidores de su rival para ganar.

Por otro lado, el método premia la moderación: obligaría a los actores a reconocer que el electorado no está dividido en bloques monolíticos, sino en una constelación de preferencias superpuestas. Así también se reduciría la polarización de la segunda vuelta: al agregar preferencias desde el inicio, se evita el enfrentamiento binario de odios y se premia el consenso.

Mientras el sistema premie el ruido, el Perú no elegirá a sus mejores opciones, sino a las más estridentes.

The Conversation

La autora es consultora política en DatastrategIA

ref. La melodía del cariño, Gotas de lluvia o Felices por siempre: ¿cómo salir del laberinto de la fragmentación política en Perú? – https://theconversation.com/la-melodia-del-carino-gotas-de-lluvia-o-felices-por-siempre-como-salir-del-laberinto-de-la-fragmentacion-politica-en-peru-280203

El precio del petróleo que muestran los mercados financieros no es el que pagan las refinerías

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Westlight/Shutterstock

Cuando los medios anuncian que el petróleo cotiza a 96 dólares por barril están hablando de un contrato financiero negociado en una pantalla: el futuro llamado ICE Brent de primer mes (también Brent front-month o ticker B), que representa un compromiso de compra o venta para una entrega teórica en las semanas siguientes. Ese número es real pero está incompleto.

El precio que paga una refinería por un cargamento físico de crudo –los cientos de miles de barriles que llegan en un superpetrolero al puerto de Algeciras o al de Róterdam, por ejemplo– responde a una lógica distinta, construida sobre calidades del crudo, primas geográficas y las valoraciones diarias de dos empresas que casi nadie conoce fuera del sector: Platts y Argus, las dos agencias independientes que establecen los precios de referencia (benchmarks) para el petróleo físico y productos refinados.

Esta distinción en los precios del crudo, habitualmente invisible para el gran público, importa especialmente ahora: la crisis en el estrecho de Ormuz ha abierto una brecha sin precedente entre el precio financiero y el precio físico del petróleo, con consecuencias directas para la inflación, los márgenes de refino y, en última instancia, el precio de la gasolina en los surtidores europeos.

Futuros y físico: dos mercados que hablan idiomas distintos

Los contratos de futuros sobre el crudo Brent cotizan en Intercontinental Exchange (ICE) Futures Europe, en Londres, el mercado de referencia global para la negociación de energía, gas natural, emisiones y materias primas agrícolas.

La función de estos contratos es doble: permiten a los productores y los compradores cubrirse del riesgo de volatilidad en los precios, y atraen a inversores financieros que aportan liquidez, aunque no tengan intención de tocar un solo barril. Cuando vence el contrato, la mayoría de estos acuerdos se liquidan en efectivo. Solo una fracción mínima acaba en entrega real.

El mercado físico, en cambio, es opaco por diseño. Las transacciones de cargamentos reales no son públicas. Por eso existe el Dated Brent: la valoración diaria que publican S&P Global Platts y Argus Media a partir de las transacciones reportadas por los propios operadores durante una ventana de media hora al cierre de la sesión londinense. Este número –y no el futuro del ICE– es el que aparece en los contratos de suministro de la mayoría de las refinerías del mundo, habitualmente expresado como “Dated Brent ± un diferencial en dólares por barril”.

La calidad como determinante del precio real

Ese diferencial depende fundamentalmente de la calidad del crudo, que depende de dos variables críticas: la densidad –medida en grados API, a mayor gradación menor densidad– y el contenido en azufre. Un crudo ligero y dulce (light & sweet, alto API, bajo azufre) produce más gasolina y diésel por barril con menor coste de procesamiento. Por eso cotiza con prima. En cambio, un crudo pesado y ácido (heavy & sour) requiere refinerías más sofisticadas y produce más fuelóleo, de menor valor: de ahí su descuento estructural.

El Brent del mar del Norte (38 API, 0,37 % azufre) es el crudo de referencia. El Arab Light saudí se negocia con apenas descuentos, mientras que los del petróleo Maya mexicano (22 API, 3 % azufre) pueden superar los 15 dólares por barril. Los del Merey venezolano son de más de 20 USD/bbl por su alta densidad y contenido de azufre.

El resultado es que el precio del petróleo del que hablan los titulares de los medios generalistas no es uno: es una familia de precios diferenciados por origen, calidad y logística. Una refinería que paga 79,50 dólares por un barril de Urals (el petróleo ruso de referencia) cuando el Brent cotiza a 82 no está comprando más barato: está pagando lo que vale ese crudo específico para su configuración de refino y sus condiciones de transporte.

Una excepción relevante: cuando los futuros sí entran en el precio físico

El mecanismo Dated Brent no es universal, aunque se aplica cerca del 60 % del crudo mundial. Un caso especialmente relevante es el del crudo Arab Light, producido por Saudi Aramco: su precio oficial de venta mensual (Official Selling Price u OSP) se fija con un diferencial (prima o descuento) sobre el precio establecido en los mercados de referencia, por regiones, y es anunciado mensualmente por la propia petrolera saudí.

Para Asia, el OSP de Aramco se referencia al precio promedio de los crudos de Dubái y Omán. Para EE. UU., utiliza el índice ASCI (Argus Sour Crude Index), basado en crudos del golfo de México. Diferentes regiones, estrategias de precios distintas para el mismo crudo, lo que explica por qué las disrupciones logísticas –como el cierre del estrecho de Ormuz– afectan de manera asimétrica a los compradores según su situación geográfica. La lógica de precios OSP + diferencial es universal, pero la referencia sobre la que se calcula ese diferencial, no.

La brecha abierta en Ormuz

El cierre efectivo del estrecho de Ormuz a causa de la guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán ha convertido el mecanismo de precios petroleros en un asunto de primera plana. El 2 de abril de 2026, el Dated Brent alcanzó 141,36 dólares por barril –el nivel más alto desde 2008, según datos de S&P Global Platts–, mientras que el futuro ICE de junio cerraba a 109,03 dólares: una diferencia de más de 32 dólares entre el petróleo físico y el contrato financiero. El 8 de abril, el Dated Brent marcó un máximo histórico de 144,42 dólares. Dos días después, tras el anuncio de tregua entre EE. UU. e Irán, el precio del petróleo físico se situó en torno a 131 dólares mientras el papel cotizaba alrededor de los 96.

Esta divergencia, lejos de ser una anomalía técnica, tiene consecuencias macroeconómicas directas. Las refinerías europeas que compraron crudo físico en esos momentos pagaron 35 dólares más por barril de lo que sugieren los titulares financieros. Esa diferencia se trasladará a los precios de los combustibles con un retardo de semanas, no de meses.

Plataformas como Trading Economics.com muestran solo el precio del futuro ICE (y lo advierten en letra pequeña). La oficina de estadística y análisis del Departamento de Energía de EE. UU.(EIA) publica para el Brent europeo un spot price (el precio pactado para transacciones inmediatas) con varios días de retraso, no el Dated Brent. El diario económico Financial Times y la agencia Reuters distinguen ambos precios en sus secciones de materias primas, especialmente en momentos de tensión geopolítica o económica.

La valoración diaria del Dated Brent de Platts solo es accesible mediante suscripción de pago a S&P Global Commodity Insights, a través de su plataforma Platts Global Alert, o redistribuido, por ejemplo, vía la agencia económica Bloomberg.

Estas particularidades informativas explican en gran medida por qué el gran público confunde el precio del futuro con el precio físico real.

Una implicación para el debate público

La confusión entre el precio financiero y el precio físico del petróleo no es inocua. Cuando los responsables de política energética, los medios y el público observan los futuros ICE, y ven 96 dólares, están ignorando que las refinerías pagan 131 por el crudo físico.

Pero hay una segunda capa de confusión igualmente extendida: el precio de la gasolina, el gasóleo o el queroseno para el cliente (antes de impuestos) no depende del valor absoluto del Brent, sino del crack spread, que es la diferencia de precio entre el petróleo crudo y los productos refinados (es decir, su margen de beneficio) y es la cifra clave para la economía del refino. Una refinería puede pagar más por el crudo y ver cómo sus márgenes se amplían si el crack spread del diésel sube más deprisa (o viceversa).

En la crisis actual, los crack spreads de los destilados medios (gasóleo, queroseno) se han disparado de forma independiente al crudo: el gasóleo ha cotizado con primas del orden de 50 dólares sobre el Brent, y el queroseno de aviación ha superado los 200 dólares por barril, según datos de IATA, muy por encima de lo que justificaría solo el precio del crudo.

Entender estas diferencias –crudo, producto, crack spread– es condición necesaria para entender por qué los precios al consumidor (precio antes de impuestos, PAI) se mueven como lo hacen, y por qué la exposición real de la economía europea a la crisis en el Golfo es mucho mayor de lo que los indicadores financieros convencionales sugieren.

Distinguir el precio del papel y del barril no es un ejercicio académico: es una condición necesaria para interpretar correctamente el impacto de las crisis energéticas sobre la inflación, la competitividad industrial y el bienestar de los hogares.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El precio del petróleo que muestran los mercados financieros no es el que pagan las refinerías – https://theconversation.com/el-precio-del-petroleo-que-muestran-los-mercados-financieros-no-es-el-que-pagan-las-refinerias-280524