Podemos gestionar los incendios para que convivan con el paisaje mediterráneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Jordán López, Profesor de Ciencia del Suelo, Universidad de Sevilla

Incendio en El Bierzo, en agosto de 2025. Las quemas prescritas y controladas evitan el desarrollo de grandes incendios forestales. Nuria PhotoStock/Shutterstock

El fuego es un proceso natural que ha acompañado a los ecosistemas desde hace más de 400 millones de años, mucho antes de la aparición de los humanos. En regiones de clima mediterráneo –como el sur de Europa, California, Chile central, el suroeste de Australia y Sudáfrica– los incendios han sido un factor histórico clave en la configuración de la biodiversidad.

Muchas especies vegetales y animales presentan adaptaciones específicas para sobrevivir o regenerarse después del fuego, como el rebrote desde raíces o tallos, la liberación de semillas estimulada por el calor y la floración postincendio de especies oportunistas.

A pesar de la percepción social negativa de los incendios, estos no son fenómenos exclusivamente destructivos. Ver un paisaje ennegrecido es triste, pero no siempre necesariamente malo. En él puede estar desarrollándose una actividad biológica y geomorfológica intensa.

Desde siempre, los incendios han cumplido funciones ecológicas esenciales, como la regeneración de especies vegetales adaptadas al fuego y la creación de mosaicos paisajísticos que favorecen la biodiversidad de los ecosistemas.

Vegetación ardiendo en un incendio controlado, con llamas intensas de color naranja y rojo bajo un cielo nublado
Fuego durante una quema prescrita en el área de El Berrocal, cerca de Almadén de la Plata (Sevilla).
Antonio Jordán/Flickr, CC BY



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Características de los incendios en el Mediterráneo

En el Mediterráneo, el régimen de incendios, su frecuencia, intensidad, estacionalidad y extensión se determinan por la interacción de tres grandes factores.

En primer lugar, el clima. Los veranos secos y calurosos, característicos del clima mediterráneo, crean condiciones de alta inflamabilidad. Las olas de calor, la baja humedad y los vientos intensos son factores que favorecen la propagación rápida de los incendios. El cambio climático agrava esta situación, prolongando la temporada de riesgo, intensificando las sequías y aumentando la mortalidad vegetal.

Por otro lado, tenemos el combustible vegetal. La continuidad, cantidad y estructura de la vegetación son determinantes. El abandono del medio rural y la migración de la población a entornos urbanos desde mediados del siglo XX han reducido prácticas como la agricultura tradicional, el pastoreo y la gestión forestal, permitiendo la expansión de matorrales, bosques jóvenes (especialmente pinares) y plantaciones densas sin manejo. Estos paisajes continuos y homogéneos facilitan la propagación del fuego.

Aunque el inicio del fuego puede deberse a causas naturales (sequía, olas de calor o impacto de los rayos), durante las últimas décadas la mayoría de los incendios mediterráneos han tenido origen humano, ya sea por negligencias, accidentes o causas intencionadas. La presencia de infraestructuras y la actividad humana en zonas de interfaz urbano-forestal incrementan el riesgo.

Fuego durante una quema prescrita, consumiento la vegetación, con llamas intensas en tonos naranja y amarillo y humo denso elevándose hacia el cielo.
Fuego en el matorral durante una quema experimental en Portugal.
Victoria Arcenegui/Imaggeo, CC BY



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¿Qué condiciones favorecen los grandes incendios forestales?

Los grandes incendios forestales suelen ocurrir cuando coinciden condiciones meteorológicas extremas (ola de calor, sequía, viento), alta carga de combustible y fuentes de ignición. El “triángulo 30” (más de 30 ºC de temperatura, menos del 30 % de humedad atmosférica y vientos de al menos 30 km/h) está ampliamente aceptado como situación de riesgo de incendio forestal.

Vista aérea del incendio forestal en Minas de Riotinto, Huelva (2004), mostrando un paisaje montañoso con árboles calcinados, vegetación quemada y un camino de tierra atravesando la zona afectada.
Imagen del incendio forestal de Minas de Riotinto en 2004.
Antonio Jordán/Imaggeo, CC BY

Los grandes incendios forestales no se producen por un único factor, sino por la coincidencia de varios elementos:

  • La ignición: las causas del inicio del fuego pueden ser de origen humano (accidentales o intencionadas) o natural (rayos). La frecuencia de igniciones determina en gran medida la intensidad del régimen de fuegos.

  • La vegetación continua e inflamable: la densidad y continuidad de la vegetación facilita la propagación del fuego. En el Mediterráneo, matorrales, pinares jóvenes o plantaciones densas y mal gestionadas son especialmente propensos a arder (ENLACE).

  • Sequía y calor: los veranos largos y secos del Mediterráneo aumentan la inflamabilidad del combustible vegetal. Las olas de calor intensificadas por el cambio climático aumentan la probabilidad de grandes incendios.

  • El viento: el viento facilita la propagación rápida del fuego y puede transformar un incendio pequeño en uno enorme.

  • El abandono rural y los cambios de uso del suelo: el abandono de los cultivos, el pastoreo y la gestión forestal generan paisajes homogéneos y densos, donde el fuego se propaga con mayor facilidad. La vegetación que surge tras incendios recurrentes y prolongadas sequías tiende a ser menos densa y menos “forestal”, con cambios en la composición de especies, lo que podría transformar profundamente el paisaje mediterráneo. La acumulación de biomasa por la ausencia de incendios o la densificación de la vegetación aumenta el riesgo de incendios de gran intensidad.




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Medidas de gestión preventiva

Prevenir grandes incendios en el siglo XXI exige adaptar tanto el paisaje como las prácticas de manejo a las nuevas condiciones climáticas y sociales.

Entre las estrategias más relevantes destaca, en primer lugar, la necesidad de generar paisajes heterogéneos. Crear mosaicos de cultivos, pastos y masas forestales que interrumpan la continuidad del combustible contribuye a evitar los grandes incendios forestales.

Recuperar agricultura y el pastoreo extensivo, apoyar el consumo local con productos de cercanía para evitar el abandono rural y fomentar la presencia de herbívoros silvestres para reducir la cantidad de biomasa inflamable son medidas que evitan la acumulación de combustible.

Realizar un nuevo tipo de gestión forestal selectiva (implementando cortafuegos, quemas prescritas, aprovechamientos silvícolas y pastoreo controlado) es necesario para adaptarnos a las nuevas condiciones climáticas.

Y en segundo lugar, pero quizá lo más importante, debemos aprender a convivir con el fuego. Es necesario asumir que eliminar totalmente los incendios es imposible y contraproducente. Los pequeños incendios son inevitables y necesarios para mantener un régimen de fuego sostenible. Debemos comenzar a facilitar regímenes de incendios frecuentes pero de baja intensidad, en lugar de pocos incendios grandes y devastadores. Las quemas prescritas, aquellas controladas, de nuevo, son un gran aliado para este objetivo.

Bombero con equipo de protección gestionando una quema controlada entre vegetación en zona forestal de El Berrocal, cerca de Almadén de la Plata (Sevilla), con llamas activas y humo espeso bajo cielo nublado.
Bombero realizando una quema controlada en el área de El Berrocal, cerca de Almadén de la Plata (Sevilla)
Antonio Jordán/Flickr, CC BY

Al mismo tiempo, es necesario profesionalizar a bomberos y gestores forestales, dotándolos de formación en ecología del fuego y planificación preventiva.

Las políticas de “tolerancia cero” contra los incendios forestales generan acumulación de combustible y grandes incendios forestales. Por el contrario, permitir la existencia de pequeños fuegos de baja intensidad reduce el riesgo de sufrir grandes incendios forestales en el futuro. La decisión de apagar todos los incendios nos lleva a lo que los investigadores llaman “paradoja de la extinción” o “sesgo de supresión”. En un artículo reciente, los investigadores concluyeron que el resultado de políticas de tolerancia cero ante los incendios ofrecen resultados similares a la prescripción excesiva de antibióticos: si eliminamos todos los incendios, lo que hacemos es eliminar los incendios menos intensos o severos, mientras que favoreceremos los más extremos y difíciles de controlar ya que estaremos creando mayores cargas de combustible.




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Conservar bosques refugio y humedales

Los bosques maduros y los humedales constituyen zonas de refugio para la biodiversidad. Para mantenerlos en las condiciones apropiadas, es necesario proteger áreas húmedas y microhábitats que pueden actuar como refugios climáticos y de biodiversidad y, del mismo modo, restaurar humedales y vegetación costera, que favorecen el ciclo hidrológico y moderan el clima local.

Aumentar la cobertura vegetal en zonas urbanas ayudaría a mitigar los eventos de temperaturas extremas.

Bosque frondoso en el Parque Natural de Los Alcornocales, Cádiz, con vegetación verde intensa, terreno montañoso y cielo parcialmente nublado al fondo.
Masa forestal en el Parque Natural Los Alcornocales (Cádiz).
Antonio Jordán/Imaggeo, CC BY

Restaurar con especies más resistentes y resilentes

Durante décadas, se han llevado a cabo repoblaciones con especies no autóctonas pero que, como en el caso de los pinos, se hacía con la idea de “crear” rápidamente un horizonte de materia orgánica y obtener, en poco tiempo, una cierta masa forestal.

El uso de especies autóctonas a veces ofrece problemas en zonas quemadas. Es cierto que en una zona quemada donde había un encinar, por ejemplo, es difícil que crezcan encinas inmediatamente, ya que el suelo donde había un sistema maduro no es el mismo después de un incendio forestal, donde ha desaparecido gran parte de la materia orgánica, ha disminuido la fertilidad y ha aumentado el riesgo de erosión. Durante las últimas décadas, esto ha llevado con frecuencia a utilizar especies no autóctonas de crecimiento rápido (como pinos o eucaliptos) con el propósito de sustituir rápidamente un suelo dañado por un suelo fértil en poco tiempo. En ocasiones, incluso se promueven campañas de colaboración ciudadana en la siembra de árboles. Estas acciones llevan con demasiada frecuencia a problemas como la acumulación y continuidad de combustible o la degradación del suelo. Se ha comprobado que, en el contexto del nuevo clima, la reforestación mediante plantaciones extensas, densas, de edad uniforme y de una sola especie —como coníferas o eucaliptos— ya ha favorecido la aparición de grandes incendios forestales. Además, las zonas quemadas tienen más probabilidades de volver a incendiarse cuando la gestión posterior al fuego incluye una reforestación extensiva en lugar de permitir la regeneración natural.
Pero no podemos pretender tener un bosque nuevo en pocos años. Quizás haya llegado el momento de pensar que el matorral y la flora de las primeras etapas de la sucesión vegetal sean más adecuadas o, cuando sea posible, simplemente dejar que la regeneración natural actúe. El proceso es más lento, pero más estable y duradero. Así que, entre las medidas de restauración con estos nuevos enfoques, se propone:

  • Seleccionar, en reforestaciones y restauraciones, especies mejor adaptadas a sequías e incendios, priorizando criterios de resiliencia futura sobre modelos del pasado.

  • Fomentar la regeneración natural en bosques quemados, respetando los árboles muertos que sirven como refugio para muchas especies silvestres y ayudan en la protección del suelo.




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Mitigar el cambio climático

Disminuir el uso de combustibles fósiles y minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero contribuye a mitigar los efectos del calentamiento global y la frecuencia de eventos extremos.

En el contexto climático actual, adaptar los paisajes y las políticas de gestión a un escenario de clima más árido y propenso a incendios resulta bastante más razonable que lo que venimos haciendo durante el primer cuarto del siglo XXI.

The Conversation

Antonio Jordán López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Podemos gestionar los incendios para que convivan con el paisaje mediterráneo – https://theconversation.com/podemos-gestionar-los-incendios-para-que-convivan-con-el-paisaje-mediterraneo-262857

Las protestas contra la gentrificación en México se radicalizan al calor del nacionalismo y la memoria histórica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fabian Acosta Rico, Doctor en Antropología Social , Universidad de Guadalajara

Tercera marcha contra gentrificación en Ciudad de México, que tuvo lugar el pasado 26 de julio. Gill_figueroa/Shutterstock

Este verano se han registrado hasta la fecha tres marchas contra la gentrificación en Ciudad de México. Y seguimos contando.

El término gentrificación podría postularse como palabra del año. Su acepción más común tiene que ver con la migración de personas con un poder adquisitivo mayor al de los residentes del lugar de acogida. Esta definición de ONU-Habitat, la agencia de Naciones Unidas que promueve el desarrollo urbano sostenible, describe lo que está sucediendo en muchas ciudades y países.

Los extranjeros que llegan a residir pagan altas sumas por alquileres, restaurantes y servicios, dado que sus monedas valen más, ya sean dólares o euros. En consecuencia, por un efecto de la ley de la oferta y la demanda, terminan encareciendo el costo de la vida del lugar, desplazando a los locales y borrando señas de identidad.

El fenómeno ha puesto bajo el foco a la Ciudad de México y a algunos pueblos mágicos del país, como San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato. Su rastro se ha extendido también a otras partes de la República mexicana, como Mazatlán, Oaxaca o Mérida. Y a pueblos ribereños de la Laguna de Chapala, como Ajijic y Jamay (ambos en el estado de Jalisco).

Demandas justas

Bajo el lema “no es desarrollo, es despojo”, la segunda de las marchas contra la gentrificación de este verano en la Ciudad de México, convocada por más de 20 organizaciones cívicas, dejó un manifiesto con demandas concretas.

Estas se centran en medidas orientadas a regular el derecho a la vivienda y parar los pies a los megaproyectos urbanos, respetando la autogestión comunitaria de los pueblos orginarios.

Foto tomada durante la primera marcha contra la gentrificación, realizada en el barrio Condesa de la Ciudad de México el pasado 4 de julio.
Octavio Hoyos/Shutterstock

Pero, en México, el ardor contra la gentrificación, visible en las calles, presenta otras condiciones específicas relacionadas con el imaginario social.

Estas particularidades tienen que ver con algunos demonios históricos y culturales. La lista incluye la conquista y colonización, la guerra con Estados Unidos, la invasión francesa, la entronización de un príncipe austríaco, el malinchismo y una obsesión nacionalista para denunciar cualquier atisbo de presencia extranjera que ponga en peligro la descolonización.

Luchas de clases, xenofobia y prejuicios

La desigualdad social y el desnivel económico entre los nativos y los extranjeros agitan el cóctel. Una combinación cuyos frutos remueven el espectro de la lucha de clases, así como la xenofobia o el odio al de fuera, al “fuereño”.

Todo comienza con el acto de migrar, de irte de tu lugar de nacimiento a una nueva tierra, con gente distinta, buscando una mejor vida o escapando de otra peor. Al migrante se le etiqueta muchas veces, echando los prejuicios por delante. En la categorización del migrante hay escalas de xenofobia que impone el lugareño. La intención de migrar despliega una serie de categorías, y una de ellas, la última en ser mencionada, tiene que ver con la gentrificación.

Los migrantes cuya intención es delinquir, estafar, cometer fraudes o cualquier tipo de ilícito representan una minoría, como demuestran las estadísticas y confirman las cifras.

En Estados Unidos, por ejemplo, un estudio del Instituto Cato sobre tasas de encarcelamiento de inmigrantes entre 2010 y 2023 arrojó dos conclusiones:

  1. Que todos los inmigrantes, tanto legales como ilegales, tienen menos probabilidades de ser encarcelados que los estadounidenses nativos, en relación con su proporción en la población.

  2. Por sí solos, los inmigrantes ilegales tienen también menos probabilidades de ser encarcelados que los estadounidenses nativos.

Según los datos del estudio, durante el periodo referido fueron encarcelados 1 617 197 estadounidenses nativos. La cifra de migrantes irregulares ascendió a solo 67 813, mientras que los extranjeros regulares apresados sumaron 58 515.

Entre los inmigrantes también hay clases

Los migrantes irregulares son los más odiados y las voces ultranacionalistas apelan a ellos en sus generalizaciones a la hora de descalificarlos. Véanse las recurrentes diatribas antiinmigrantes de Donald Trump en Estados Unidos y las de personajes europeos como Giorgia Meloni en Europa.

Por otro lado, están aquellos que migran esperando la caridad social o el amparo estatal, ya sea por un impedimento físico, psicológico, cultural o por simple vagancia. También a ellos se les repudia.

Otros buscan oportunidades laborales, sueldos convenientes y una sociedad mejor estructurada que brinde verdadera seguridad social, oferta educativa para sus hijos y servicios de salud. Con ellos, la xenofobia tiene menos argumentos de réplica, pues son personas útiles, que llegan a generar riqueza.

Los hay que vienen a invertir su dinero. En el caso de México, es notable la presencia de chinos e hindús que montan sus tiendas y se integran sólo económicamente, pero se mantienen autosegregados. Los lugareños pueden llegar a repudiarlos, pero muchas personas compran en sus comercios, por lo cual reciben algo de la indulgencia local.

Finalmente, están los que buscan gastar, no como turistas ocasionales, sino como residentes en pos de tierras paradisiacas o de joyas coloniales. Son personas cosmopolitas con un cierto sentido de desarraigo a su terruño.

Capaces de adoptar una nueva patria, pueden asumir la idiosincrasia y cultura ajenas. Van con un flujo migratorio de norte a sur, en el caso de América. En un primer momento, de temprano reconocimiento, los locales no los rechazan; no sufren la xenofobia que habitualmente padecen los migrantes que delinquen, mendigan o trabajan. Su realidad es distinta: es la del cliente que viene a traer divisas, dólares o euros (de ser el caso).

Giro de guion para los residentes del Norte

Pero este primer encanto desaparece cuando se quedan a residir de forma permanente. Es entonces cuando se presenta el choque entre globalismo y nacionalismo, dos fuerzas en confrontación en esta postmodernidad.

Del lado nacionalista, se alinean los que tienen raíces que los anclan a su tierra por amor o necesidad. En el otro, el de la globalidad, se posicionan quiénes tienen alas y son viajeros que pueden establecerse en cualquier lugar de la aldea global.

Es el choque entre un postmoderno globalismo y un nacionalismo que emparenta con los nuevos populismos, tanto de derecha como de izquierda.

Demonios históricos y culturales

En México, la gentrificación va de la mano de un globalismo de ricos, consustancial con las claves de una romantizada ciudadanía universal. Su auge despierta algunos demonios históricos y culturales entre los mexicanos. Demonios que salen a relucir en las manifestaciones de repudio a los extranjeros que pasaron de ser turistas a convertirse en residentes.

¿Cuáles son estos demonios? El demonio de la conquista y la colonización española. El demonio del despojo de más de la mitad del territorio mexicano en una guerra pérdida apátridamente en 1847 contra los Estados Unidos. El demonio de una intervención francesa que derivó en un segundo imperio en 1864, con la entronización de un príncipe extranjero, un príncipe austriaco.

Malinchismo y nacionalismo

Repudiar al extranjero que viene supuestamente a reconquistar México obedece a una narrativa nacionalista que busca socavar el también inveterado malinchismo. Malinchismo que fue entendido como aprecio de la cultura extranjera en menosprecio de la mexicana.

El grito nacionalista contra la gentrificación tiene ecos profundos en el clamor por hacer valedera la descolonización. Por un miedo ancestral, se siente que existe un peligro de retorno de los extranjeros a las tierras que otros tiempos subyugaron bajo el estatus de colonia o protectorado.

Hace falta poner reglas claras, regulaciones de los gobiernos de las naciones de acogida que le pongan diques aceptables a la gentrificación. El aislacionismo y el cierre de fronteras no son la solución. En la aldea global, migrar por las razones que sean constituye un fenómeno casi inevitable. Para facilitarla minimizando conflictos, se antoja necesario diseñar marcos regulativos nacionales e internacionales.

The Conversation

Fabian Acosta Rico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las protestas contra la gentrificación en México se radicalizan al calor del nacionalismo y la memoria histórica – https://theconversation.com/las-protestas-contra-la-gentrificacion-en-mexico-se-radicalizan-al-calor-del-nacionalismo-y-la-memoria-historica-262408

Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Hace unas semanas, entré por curiosidad en una tienda Pop Mart en un centro comercial de Kuala Lumpur. No sabía que estaba a punto de presenciar una escena sociológicamente fascinante: adultos y adolescentes agitando cajas cerradas, intentando adivinar qué personaje les tocaría por el peso o la forma. Miraban vitrinas, susurraban nombres, comparaban modelos con la emoción de quien está a punto de jugarse algo más que un simple juguete. Todos buscaban lo mismo: un Labubu. Pero nadie sabía si conseguiría el que deseaba.

Ese pequeño personaje con orejas puntiagudas y sonrisa afilada no era solo un juguete de vinilo. Era un símbolo. Un objeto de deseo. Y también, un caso perfecto para entender cómo funcionan las tendencias en el siglo XXI.

De monstruo de nicho a estrella viral

Labubu nació en 2015 de la mano del artista hongkonés Kasing Lung, como parte del universo The Monsters. Durante años fue una figura marginal, valorada por fans del art toy y el diseño asiático underground. Todo cambió cuando Pop Mart adquirió los derechos y lo transformó en fenómeno global: cientos de versiones, colaboraciones con marcas de lujo, ediciones limitadas y un sistema de venta en cajas cerradas (blind boxes) que no permiten ver cuál es su contenido, convirtió la compra de labubus en un pequeño ritual de azar y expectativas.

El boom definitivo llegó cuando, en abril de 2025, la cantante tailandesa Lisa, con más de 100 milones de seguidores en Instagram y miembro del grupo femenino de k-pop Blackpink, colgó su foto en la red con varios labubus colgando de su bolso. Le siguieron Rihanna, Dua Lipa, se viralizó en TikTok y surgieron millones de fans en todo el mundo. Labubu pasó de nicho a viral. De novedad a moda. De objeto a fenómeno.

Pero ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo algo tan específico y raro se convierte en un objeto de deseo para millones de personas en todo el mundo?

Cuando la innovación se comporta como la materia

En mi tesis doctoral propuse una teoría interdisciplinar inspirada en la idea de modernidad líquida desarrollada por el filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman y en el comportamiento de líquidos y gases, tanto en reposo como en movimiento (física de fluidos). Sugiero que la innovación es la materia de la que está hecha la moda. Y como toda materia, puede encontrarse en tres estados: sólido, líquido y gaseoso.




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A su vez, la innovación puede encontrarse en tres fases: novedad, tendencia y moda. Este paralelismo no es metafórico, sino estructural. Igual que el agua cambia de estado en función de la temperatura y la presión, las innovaciones también se transforman dependiendo del contexto social, cultural y económico.

La novedad es el estado sólido: tiene forma, es densa, estática y circula entre pocos. De acuerdo a la teoría de difusión de las innovaciones –desarrollada a mediados de los sesenta del siglo pasado por el sociólogo estadounidense Everett Rogers–, esta etapa corresponde a los innovadores. Es una propuesta con gran valor simbólico pero sin difusión masiva.

Cuando comienza a expandirse, se vuelve tendencia y se hace líquida: fluye, se adapta, conecta comunidades. En esta fase aparecen los early adopters. Es el momento en que la idea empieza a convertirse en conversación.

Cuando alcanza el punto de fusión, traspasa un abismo (the chasm): la brecha crítica en el ciclo de adopción de un producto innovador. Sus primeros usuarios suelen ser visionarios, buscan las últimas innovaciones y asumen riesgos. En cambio, la mayoría temprana solo salta el abismo cuando ya la innovación ya ha sido probada y validada por otros.

En la viralidad de las modas o la adopción de nuevas innovaciones, pasado el abismo hay un punto clave (tipping point) en el que el contagio ya
es muy difícil de parar. Entra en el mainstream o mercado masivo y se transforma en moda: pasa al estado gaseoso, se masifica, pierde densidad, se vuelve omnipresente… hasta que se evapora.


Sandra Bravo

Este proceso es cíclico. Muchas innovaciones se quedan congeladas. Otras nunca se consolidan y no fluyen. Algunas se esfuman rápidamente, casi tan pronto como llegan. El deseo y la innovación, como la materia, necesitan condiciones para sostenerse.

Quién decide qué deseamos (y por cuánto tiempo)

Labubu ha pasado por todas esas fases. Empezó siendo una figura marginal (sólido), se volvió tendencia al cruzar nuevas audiencias (líquido) y alcanzó el estado gaseoso al viralizarse globalmente.

Los labubus están en TikTok, adornando bolsos de lujo y en reportajes de prensa. Lo que comenzó siendo un símbolo de distinción se va convirtiendo en ruido visual. Una señal de que el ciclo se agota. Y que quizá esté a punto de empezar de nuevo.

Pero las tendencias no cambian de estado por sí solas. Igual que el agua necesita temperatura y presión para transformarse, las modas también responden a estímulos externos. En este caso: marcas, algoritmos, consumidores e influencers.

La temperatura cultural la generan las campañas, los lanzamientos, el contenido visual. La presión simbólica proviene del deseo colectivo: la comunidad que replica gestos, los fans que buscan el objeto, la ansiedad por pertenecer.

Y además, existen fuerzas de empuje –como los influencers– que agitan el sistema desde dentro, validando tendencias y desplazando otras estéticas.

Yo soy así

Hoy, la visibilidad no depende tanto de lo que es, sino de cuántas veces puede ser compartido. Y así, emergen lo que yo llamo microidentidades líquidas: formas rápidas y flexibles de decir “yo soy así” en una cultura donde ese yo es mutable, compartido, estético y performativo.

Como explica el sociólogo británico Anthony Giddens, la sociedad actual en la modernidad tardía el yo se convierte en un proyecto reflexivo, construido a partir de las imágenes, elecciones y narrativas disponibles.

Y en un mundo que –en palabras del filósofo coreano y Premio Princesa de Asturias 2025 Byung-Chul Han– recompensa la visibilidad y el rendimiento constante, cada tendencia se convierte en una máscara provisional. Un Labubu no es solo un objeto: representa pertenencia, afecto compartido, incluso un lenguaje generacional.

En este ecosistema volátil somos cuerpos flotando en un fluido simbólico: nos empujamos, nos chocamos, cambiamos de forma… al ritmo del mercado.

Del hype al vacío: flotar, saturarse, desaparecer

El formato blind box añade, además, una dimensión emocional: no solo compramos un objeto, sino también la experiencia misma de desear, esperar, probar suerte. En una cultura saturada de predicción algorítmica, el azar introduce una chispa de misterio. Para el filósofo francés Roland Barthes, la moda es lenguaje antes que indumentaria. Hoy podríamos decir que ese lenguaje habla, sobre todo, en clave emocional.

Las cajas cerradas no permiten ver qué labubu contienen, lo que añade emoción a la compra.
Sandra Bravo

Pero ese lenguaje también obedece a leyes físicas. El principio de Arquímedes dice que un cuerpo sumergido en un fluido desplaza un volumen equivalente. En moda ocurre lo mismo: cuando una tendencia entra con fuerza otra es empujada fuera. El mercado simbólico no es infinito. Solo flota lo que logra desplazar a otra estética. Los labubu, al popularizarse, reemplazaron a figuras kawaii anteriores como Molly o Sonny Angel.

Y como todo gas, el hype tiende a disolverse. La sobreexposición agota el deseo. Surgen copias, se pierde el misterio, aparece la saturación. Y entonces el ciclo se reinicia: nuevas versiones, más presión, más temperatura.

El misterio de lo que llega (y se va)

Wang Ning, fundador y director general de Pop Mart, supo leer el punto exacto de fusión de estos objetos. En 2025, tras sumar 20 mil millones de dólares a su patrimonio gracias a la viralidad de Labubu, apareció en las listas como el 79º hombre más rico del mundo. Porque entender el cuándo, más que el qué, sigue siendo el verdadero poder.

Este modelo de moda líquida no busca explicar caprichos estéticos, sino revelar el proceso por el que una innovación nace, se expande y termina por desvanecerse. Porque las tendencias, aunque parezcan imprevisibles, también tienen estructura. No flotan al azar: cambian de estado según la presión del deseo colectivo y la temperatura cultural que las rodea.

El verdadero reto para las marcas no es detectar lo nuevo, sino saber en qué punto del ciclo está. ¿Es aún salgo sólido y marginal, con alto riesgo de desvanecerse sin haber trascendido? ¿Está ya en fase líquida, ganando tracción? ¿O ya es gas, omnipresente pero a punto de evaporarse?

¿En qué punto del ciclo nos encontramos? ¿La fiebre de los labubus ha alcanzado ya el punto de saturación y tiende hacia la evaporación?
Sandra Bravo

Para los consumidores, su posición en esa curva depende de cuánto riesgo están dispuestos a asumir. Hay quienes adoptan lo que luego será moda incluso antes de que tenga nombre. Otros esperan a que sea seguro, validado, casi obligatorio. Y, en medio, fluyen millones de microidentidades que se encienden y se apagan como una llama.

Labubu no es la excepción. Es un caso perfecto: nació como rareza, fluyó como tendencia y explotó como moda. Hoy flota por todas partes. Pero también puede que pronto empiece a disiparse.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias – https://theconversation.com/labubu-el-peluche-viral-que-explica-como-nacen-y-se-evaporan-las-tendencias-264413

Les performances des universités et des écoles de commerce se rapprochent-elles ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Pascal Favard, Professeur d’économie, Université de Tours IRJI François-Rabelais, Université de Tours

Singularité française, l’enseignement supérieur en économie et gestion peut être dispensé dans les universités ou dans des écoles de commerce. Quelles sont les différences sur le marché du travail entre ces voies ? Quelle filière possède le meilleur rapport entre coût et bénéfice ?


Le paysage français de l’enseignement supérieur a profondément évolué depuis le début des années 2000, dans un contexte de massification des études longues, de réforme LMD et de mise en concurrence des établissements. Ainsi, l’accès au niveau master (bac+5), autrefois réservé à une minorité, s’est élargi, mais selon des voies différenciées aux logiques parfois divergentes (académiques, professionnalisantes, ou tournées vers la recherche)

Dans le champ « droit économie et gestion », deux modèles dominent : d’un côté, les écoles de commerce, sélectives et payantes, associées à la professionnalisation et au prestige ; de l’autre, les masters universitaires, publics, plus accessibles et souvent perçus comme plus académiques.

Une fonction de signal

Les écoles de commerce bénéficient jusqu’à présent d’une forte attractivité, en partie grâce à leur fonction de signal. Le diplôme transmet une image valorisée du diplômé. Les classements, omniprésents, renforcent cet effet de signal auprès des étudiants comme des employeurs. Les modalités de sélection (concours, classes préparatoires, admissions sur dossier) consolident l’idée d’une excellence scolaire synonyme de réussite professionnelle.




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Le rôle des associations étudiantes et des réseaux d’anciens, activement cultivés par les écoles, contribue également à l’insertion. Ces réseaux, loin d’être anecdotiques, sont des instruments stratégiques de réputation maintenant utilisés par certaines universités.

Des raisons d’investir

Ces éléments peuvent expliquer pourquoi tant de familles acceptent d’investir plusieurs milliers d’euros. Ce « prix » génère des inégalités d’accès, même si certaines de ces écoles ont su profiter du système de l’alternance pour aider, indirectement, les étudiants financièrement en leur permettant d’être rémunérés pendant leurs études.Il peut aussi y avoir des exonérations partielles des frais d’inscription sur critères sociaux.

Le master universitaire constitue une autre voie jugée pertinente par de nombreux étudiants. D’abord, les coûts sont faibles : 254 euros annuels en 2025. Reposant par ailleurs majoritairement sur le dossier du candidat, la sélection reste limitée puisque tout étudiant titulaire d’une licence doit pouvoir obtenir une place. Cela permet une ouverture plus large, quoique parfois perçue comme un manque de lisibilité sur le marché du travail.

Une offre restructurée

Depuis quelques années, de nombreuses universités ont restructuré leur offre, développant des parcours sélectifs, des doubles diplômes, et des spécialisations notamment dans des domaines en tension. Cette diversification, intégrant la notion de projet professionnel, a ouvert des débouchés professionels, notamment via l’alternance, les partenariats d’entreprises et la recherche appliquée.

Cette transformation de l’offre de formation des universités fait que, contrairement aux idées reçues, certains masters offrent des débouchés souvent développés dans le cadre de stratégies d’ancrage territorial ou sectoriel et permettent aux étudiants d’acquérir des compétences directement mobilisables sur le marché du travail.

Quelles performances respectives ?

Dans ce contexte, où les diplômés des deux filières, écoles ou universités, peuvent prétendre aux mêmes emplois, la question de la performance respective des formations se pose en termes de capital humain acquis et de rendement. Notre travail de recherche analyse l’insertion professionnelle des diplômés du sous-domaine « sciences économiques, sciences de gestion et communication » dans le domaine Droit, Économie, Gestion, en comparant universités et écoles. Il s’inscrit dans la continuité de travaux antérieurs et montre une insertion plus favorable des diplômés d’écoles de commerce avant 2010.

Argan et Gary-Bobo (2023) observaient une baisse des rendements salariaux des diplômés de master entre 1992 et 2017, tous domaines confondus. Si le domaine « droit, économie et gestion » semble partiellement épargné, des écarts persistent. Deux questions guident notre approche : les diplômés d’écoles de commerce « gagnent-ils » systématiquement davantage que ceux des universités ? Et la dégradation salariale a-t-elle affecté davantage les seconds ?




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Un retard qui se comble

Nous mobilisons trois vagues de l’enquête Génération du Centre d’études et de recherches sur les qualifications (Cereq) réalisées en 2004, en 2010 et en 2017. Les résultats révèlent une évolution notable. Pour la génération 2004, l’avantage des écoles de commerce est marqué : insertion plus rapide, plus de postes de cadre, meilleurs salaires. Mais dans les générations suivantes cet écart s’atténue, voire s’inverse. Les diplômés universitaires, notamment en sciences économiques, comblent progressivement leur retard. En matière d’emploi et de postes à responsabilité, leur situation devient équivalente, et leurs salaires dépassent parfois ceux des diplômés d’écoles de commerce. Seuls les diplômés en sciences de gestion et de communication restent légèrement en retrait.

Trois facteurs peuvent expliquer cette convergence :

  • la professionnalisation croissante des masters, avec une offre repensée et davantage connectée aux entreprises ;

  • les compétences en analyse de données, fréquentes dans les cursus en sciences économiques, deviennent un avantage déterminant à l’ère du big data, y compris dans les secteurs traditionnels ;

  • l’expansion rapide de l’offre des écoles de commerce s’accompagne d’une hétérogénéité croissante de qualité, côté établissements comme étudiants. Cela pourrait diluer la valeur du signal que constituait jusqu’alors leur diplôme.

Ces résultats, une fois mis en perspective avec l’écart en termes de coût financier parfois très significatif entre les différents types de formations, invitent à une réflexion attentive de la part des familles quant aux critères déterminants dans le choix d’une filière. Au-delà des considérations de prestige ou de réputation, il nous semble opportun de s’interroger sur la nature réelle des bénéfices attendus, au regard de l’investissement consenti.

Nos résultats devront être corroborés dans les années qui viennent, alors que le dernier baromètre de l’Agence pour l’emploi des cadres (Apec) indique un recul de l’emploi des cadres. Par ailleurs, pour estimer le rendement des diplômes des uns et des autres, il conviendrait de suivre les parcours des uns et des autres durant toute leur carrière professionnelle.


Dylan Suaud, stagiaire de recherche au Laboratoire d’économie de Poitiers (LèP), a participé à cet article.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Les performances des universités et des écoles de commerce se rapprochent-elles ? – https://theconversation.com/les-performances-des-universites-et-des-ecoles-de-commerce-se-rapprochent-elles-260017

La franc-maçonnerie est-elle une religion malgré elle ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Philippe Ilial, Professeur de Lettres-Histoire. Chargé de cours en Histoire Moderne. Chercheur associé au CMMC, Université Côte d’Azur

« La franc-maçonnerie est une religion pour ceux qui n’en ont pas. » Cette phrase résume parfaitement l’ambiguïté qui entoure cette « société ». Car la franc-maçonnerie est souvent perçue comme une religion – ou du moins comme une spiritualité parallèle. Pourtant, elle s’en défend avec force. Alors pourquoi cette confusion ? Pourquoi, alors que la maçonnerie se veut fondamentalement non dogmatique, voire adogmatique selon les obédiences, continue-t-on à l’assimiler à une religion ?


Apparu dans l’Angleterre du XVIIe siècle, le latitudinarisme est un courant philosophique et théologique qui cherchait à unir les chrétiens au-delà de leurs divisions. Les Constitutions d’Anderson de 1723, texte fondateur de la franc-maçonnerie anglaise, s’inscrit clairement dans cette mouvance, mais elle ne crée pas une religion universelle. Les “Constitutions” établissent une maçonnerie résolument chrétienne, où seuls sont admis ceux qui professent la religion « sur laquelle tous les hommes sont d’accord » – à savoir dans l’esprit de ces Britanniques du début du XVIIIe siècle, le christianisme dans sa version la plus large. Les musulmans, les juifs, les déistes purs en sont explicitement exclus. En effet, nous sommes alors en plein cœur de l’Europe chrétienne, mais divisée entre catholiques, protestants… et anglicans.

Cette approche latitudinaire – chrétienne donc – crée une spiritualité minimale, un cadre suffisamment large pour accueillir anglicans, presbytériens, luthériens, mais pas au-delà. C’est ce qui explique que la maçonnerie des origines ait pu être perçue comme une forme de religion, une religion chrétienne minimaliste.

L’hébraïsme maçonnique, un leurre ?

Le qualificatif de judéo-chrétien est régulièrement usité pour qualifier la franc-maçonnerie. Cette « appellation » participe à la ranger du côté des religions. Alors, cette assertion est-elle véridique ? La référence à l’Ancien Testament dans la symbolique maçonnique ne fait pas de l’Ordre maçonnique une institution judéo-chrétienne. Bien au contraire, d’ailleurs les Juifs furent longtemps exclus de la maçonnerie !

L’utilisation du Temple de Salomon, des colonnes Jakin et Boaz (les deux piliers qui soutiennent le temple de Salomon forment un rappel latitudinaire), ou des références à la Kabbale – en ce qui concerne certains degrés dits de perfection – ne sont en fait qu’un alibi latitudinaire au service d’une vision fondamentalement chrétienne. Pour les rédacteurs des Constitutions d’Anderson, l’Ancien Testament n’est qu’une préfiguration du Nouveau, et son utilisation en loge vise à créer un « plus petit dénominateur commun » selon l’historien Pierre-Yves Beaurepaire. Les chrétiens envisagent l’Ancien Testament comme un texte prophétique qui annonce le Nouveau tandis que le monde juif le considère comme une finalité !

Ainsi, lorsque l’on parle d’hébraïsme maçonnique, il faut comprendre un hébraïsme réinterprété, christianisé, vidé de sa substance juive originelle. Le Delta lumineux avec l’œil divin n’est plus une simple reprise du Tétragramme hébraïque, mais devient la symbolique chrétienne de la Providence !

À ce stade du raisonnement, relisons Pierre-Yves Beaurepaire qui affirme que la franc-maçonnerie n’est pas une religion (Op. cit.) pour deux raisons fondamentales.

Un christianisme minimaliste

En premier lieu, son latitudinarisme originel est en réalité un christianisme minimaliste, loin de l’universalisme qu’on lui prête parfois. Cet universalisme des origines est donc chrétien ; c’est le basculement dans la modernité avec l’aventure coloniale du XIXe siècle qui va permettre à l’Europe, donc à la franc-maçonnerie de se confronter à l’altérité. La notion de laïcité va aussi participer à ouvrir les portes des temples maçonniques à d’autres religions, comme le montre Daniel Tollet.

Ensuite, son hébraïsme apparent est un vernis symbolique au service d’une vision chrétienne du monde, ce que montre très bien Roger Dachez dans son article Hébraïsme et franc-maçonnerie, heurt et malheur d’une filiation incertaine (La chaîne d’Union n°51, 2010).

Pourtant, la franc-maçonnerie continue d’être perçue comme religieuse parce qu’elle utilise des formes sacrées, des rituels, une symbolique qui parlent à l’inconscient collectif. En cela, elle répond à un besoin de sacré que les religions traditionnelles ne satisfont plus dans nos sociétés actuelles très sécularisées, donc détachée du religieux – un phénomène décrit notamment par Denis Pelletier. La question qui demeure est donc celle-ci : « dans un monde où les grands récits religieux s’effritent, la franc-maçonnerie offre-t-elle une voie pour explorer le sacré sans dogme ? » Sans dogme car la force de la maçonnerie réside dans le fait qu’elle propose sans imposer.

Rites et rituels maçonniques : entre sacralisation et fonction sociale

Si donc la franc-maçonnerie n’est pas une religion, elle en partage certaines caractéristiques fonctionnelles. C’est là que se situe la confusion. Comme l’envisage l’universitaire spécialiste de l’Angleterre des Lumières, Cécile Révauger, on peut envisager la maçonnerie comme une spiritualité sans théologie, des rites sans dogme, une communauté sans Église…

Trois éléments essentiels créent cette ambiguïté : la sacralisation de l’espace, une forme particulière de croyance évolutive, et surtout un système rituel d’une extraordinaire richesse ; car c’est cette mécanique rituelle qui fait de la franc-maçonnerie un système parareligieux si particulier.

Une distinction anthropologique fondamentale

Le rituel constitue le cadre cérémoniel global, ce que les anthropologues appellent le « cérémonial englobant ». L’ouverture des travaux maçonniques se fait toujours autour d’un ouvrage sacré ou sacralisé, souvent l’Ancien Testament, les Constitutions d’Anderson ou le livre de la Constitution de l’obédience dont il est question. C’est ce texte sacralisé qui régit l’ouverture et la fermeture des travaux, comme le missel régit la messe. Les rites sont les actes particuliers, des « unités minimales de sens » selon l’expression de Roger Dachez, comme le comportement du maçon, à savoir la batterie, le signe, la marche, l’agenouillement devant l’autel…

Les rites maçonniques incarnent ce que l’on a coutume d’appeler un « invariant anthropologique » que l’historien des religions Mircea Eliade avait identifié, à savoir que toute société humaine crée du rite pour conjurer le désordre. En loge, le profane entre dans un état de « chaos » symbolique (bandeau sur les yeux…). Les rites successifs qu’il va subir pour renaître à l’état de maçon (purification, serment, lumière) reconstruisent un ordre symbolique, ainsi la loge devient un microcosme organisé, à l’image du Temple de Salomon, dont tout temple maçonnique est l’allégorie.

La Bible comme « objet-frontière »

Concrètement, c’est la place de la Bible sur l’autel des serments dans de nombreuses loges qui laisse place à la confusion entre démarche maçonnique et religion. Contrairement à l’image que la Bible véhicule, l’ouvrage n’est pas ici un vestige religieux. Pierre-Yves Beaurepaire, professeur d’Histoire moderne à l’université Côte d’Azur et grand spécialiste de la franc-maçonnerie, propose de la considérer à la fois comme un outil de travail symbolique (elle sert de support aux serments) (Dictionnaire de la Franc-maçonnerie, Armand Colin, 2014), un objet mémoriel chrétien partagé et un artefact davantage culturel que religieux ; en effet, lorsqu’un athée prête serment sur la Bible, il ne sacralise pas le texte, mais sa propre parole donnée. Nuance essentielle.

Le rituel – constitué par l’addition des rites – est en maçonnerie « consciemment théâtralisés » : le frère sait qu’il joue un rôle, il n’est jamais dans cette posture dans sa vie profane. Ainsi, lorsque les maçons tracent leurs signes, suivent leurs rituels, ils ne pratiquent pas une religion, mais plutôt actualisent une forme de sacralité propre qui s’adapte à la société dans laquelle ils évoluent.

La franc-maçonnerie est-elle une religion sans Dieu ni dogme ? En refermant cette réflexion, une évidence s’impose ; la franc-maçonnerie fascine parce qu’elle brouille les frontières entre sacré et profane, tout en refusant catégoriquement le statut de religion. Ce paradoxe s’éclaire lorsque l’on réalise qu’elle opère une alchimie unique entre trois niveaux : un langage religieux détourné (temples, bibles, rites) qui parle à l’inconscient collectif, comme l’a montré Émile Durkheim ; une spiritualité latitudinaire où chacun projette ses croyances et des fonctions anthropologiques universelles (rites de passage, cohésion sociale).

Si tant de francs-maçons y voient une « religion sans dogme », c’est sans doute parce que la maçonnerie répond à des besoins humains fondamentaux que les religions traditionnelles ont longtemps captés comme le besoin d’appartenance (la chaîne d’union qui a lieu à la fin de chaque tenue peut être l’équivalence d’une communion ou d’une messe), le besoin de transcendance (la quête de connaissance remplace la révélation divine), le besoin de ritualité (les tenues maçonniques structurent le temps comme les offices religieux le faisaient jadis).

Mais la différence est cruciale, car là où les religions imposent, la maçonnerie propose – théorème partagé par Pierre-Yves Beaurepaire et Claude Delbos dans « Les sept devoirs du franc-maçon adogmatique ». Comme le résume le premier dans une conférence publique donnée dans le cadre du laboratoire de recherche CMMC, « la loge est un laboratoire du sacré bien plus qu’un sanctuaire » religieux ! Un laboratoire où se joue une pièce de théâtre chrétienne dans un cadre hébraïsé…

The Conversation

Philippe Ilial ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. La franc-maçonnerie est-elle une religion malgré elle ? – https://theconversation.com/la-franc-maconnerie-est-elle-une-religion-malgre-elle-262390

Quand la galaxie trumpiste accuse l’Europe de pratiquer la censure

Source: The Conversation – France in French (3) – By Stefania Di Stefano, Chercheuse postdoctorale au sein de la Chaire sur la modération des contenus, Conservatoire national des arts et métiers (CNAM)

Alors même que, aux États-Unis, la liberté d’expression, la liberté des médias ou encore la liberté académique font l’objet d’attaques sans précédent de la part de l’administration Trump, Washington prétend que c’est l’Union européenne qui serait un dangereux censeur. En cause : les mesures visant à modérer les contenus haineux sur les réseaux sociaux.


Comment déterminer la maturité d’une démocratie ? Comment reconnaître qu’elle sombre progressivement vers un régime autoritaire ?

Le début du second mandat présidentiel de Donald Trump incarne sans aucun doute un tel glissement, avec fracas et sans souci pour l’image de bienséance qu’une personne exerçant une telle fonction devrait renvoyer. Depuis le retour du milliardaire new-yorkais à la Maison Blanche le 20 janvier, les attaques contre les libertés sur le territoire états-unien sont nombreuses et variées.

Les universités ont été l’une des premières cibles du président. Gel des fonds fédéraux, instrumentalisation du système d’accréditation universitaire pour influencer les formations, révocation des visas pour les étudiants étrangers… Autant de mesures attaquant frontalement la liberté académique. Des mesures visant surtout à remodeler l’éducation supérieure selon une idéologie définie par le régime trumpiste et restreignant la libre pensée.

La liberté de la presse n’est pas épargnée par la nouvelle version du « free speech » portée par le président. Dernière victime à avoir été « fired » : Stephen Colbert, présentateur du populaire « Late Show » sur CBS. Cette émission satirique s’attaquait régulièrement et sans ménagement à Donald Trump. Elle n’a plus sa place dans les programmes télévisés. Pour dénoncer le silence s’installant progressivement dans les médias, la série humoristique South Park a sorti un nouvel épisode caricaturant le président, laissant cependant un sentiment amer aux spectateurs.




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Pourtant, et dans une sorte d’inversement psychologique, Washington accuse l’Union européenne (UE) de mettre en œuvre, sur le Vieux Continent, une censure massive.

Les textes européens dans le viseur de l’administration Trump

Si l’UE est critiquée, c’est en réalité pour les valeurs qu’elle représente et pour les libertés qu’elle protège. En effet, les États-Unis dépeignent l’encadrement juridique des plateformes numériques à l’œuvre au sein de l’UE comme la manifestation d’une censure quasi orwelienne.

Se fondant sur un rapport à charge, la Commission judiciaire de la Chambre des représentants a tenu une audition sur « la menace européenne sur la liberté d’expression et l’innovation américaines », affirmant notamment que le Règlement sur les services numériques (Digital Services Act, DSA) porte atteinte au droit des Américains de s’exprimer librement en ligne aux États-Unis.

Pour rétablir les faits et la correcte interprétation du droit européen, une coalition d’universitaires européens et américains a transmis une lettre expliquant les principales applications du DSA.

Se présentant en « défenseur de la démocratie », l’administation Trump utiliserait même la suspension des enquêtes ouvertes à l’encontre des grandes entreprises technologiques américaines comme monnaie d’échange dans les négociations douanières avec la Commission européenne. Les plateformes ont en effet comparé les sanctions imposées pour violation des dispositions européennes à des « droits de douane », s’appuyant aussi sur la (fausse) affirmation que le cadre juridique de l’Union cible spécifiquement les entreprises états-uniennes.

Trump a ouvertement pris la défense de ces « amazing Tech Companies », menaçant d’imposer des droits de douane supplémentaires aux pays ciblant ces entreprises avec leurs législations.

Message posté par Donald Trump sur son réseau Truth Social le 25 août 2025.

En encadrant l’activité des plateformes numériques, notamment par le biais du fameux règlement général sur la protection des données (RGPD) ou du DSA, l’Europe établit-elle un régime de censure ?

Afin de permettre l’expression de toutes et tous, le droit à la liberté d’expression doit être encadré par la loi. Les contours de cette liberté sont délimités par les droits fondamentaux des tiers et comprennent notamment la protection de la vie privée, la non-discrimination, ou encore la dignité humaine. Ce sont justement ces limites que rappelle le DSA. Le texte vise à s’assurer que les contenus circulant sur les plateformes respectent ces principes cardinaux. Et si la désinformation ou les discours haineux sont des problèmes préoccupants, la critique du pouvoir reste, en Europe, protégée par la liberté d’expression, laquelle est garantie par le DSA.

La modération délaissée par les grandes plateformes

Cet encadrement déplaît fortement au régime trumpiste ainsi qu’à certaines grandes plateformes numériques américaines. Celles-ci estimaient pourtant, il y a quelques années, que des réglementations étaient nécessaires pour un système efficace de gouvernance des contenus en ligne. En suivant désormais la ligne trumpiste, les plateformes ont tendance à fausser délibérément le concept de censure en l’assimilant à celui de modération des contenus. Cette dernière vise toutefois à s’assurer que les contenus circulant sur les plateformes sont conformes aux conditions générales du service mais, aussi, aux lois et droits fondamentaux protégés par les textes fondateurs.

Mais ce n’est pas seulement d’un point de vue théorique que la modération des contenus, mise en place par le DSA, est attaquée. Cela passe aussi par les nombreuses baisses budgétaires au sein des plateformes, entraînant une réduction des ressources humaines consacrées à la sécurité en ligne. Ces mesures sont par ailleurs couplées à une « simplification » des politiques de modération des contenus, qui s’affranchissent des protections sur des sujets considérés comme « woke », notamment la protection de la communauté LGBTQIA+ ou la lutte contre la haine en ligne.

Dernière annonce en date ? Meta déclarant, un vendredi au cœur de l’été, la suspension de ses publicités ciblées à caractère politique. Sans même évoquer le moment de l’annonce, comment interpréter un tel signal ? L’initiative concerne les publicités à caractère politique, électoral ou traitant de « questions sociales ». Raison invoquée : le règlement européen relatif à la transparence et au ciblage de la publicité à caractère politique, qui rendrait le ciblage des usagers trop complexe.

Pourtant, une étude conduite par l’organisation AI Forensics, avant l’entrée en application de ce règlement, avait démontré que Meta laissait la propagande pro-russe envahir les publicités politiques ciblées, avec un système de détection des contenus complètement défaillant.

L’Union européenne, modèle d’anti-trumpisme ?

Certes, l’Europe n’est pas parfaite. Certes, l’Europe vit aussi d’importantes dérives identitaires. Mais l’Europe tente, dans un monde de plus en plus complexe, de garantir à toutes et tous la possibilité de s’exprimer en ligne.

Aujourd’hui, les victimes des attaques visant la liberté académique et la liberté de la presse ne se trouvent pas en Europe, mais aux États-Unis. Dans ces conditions, l’Europe doit porter encore plus haut et encore plus fort ses valeurs. Elle doit offrir un modèle dans lequel les libertés sont protégées par la loi et les institutions, et non par la volonté d’un homme.

The Conversation

Suzanne Vergnolle a reçu des financements de la région Île-de-France.

Stefania Di Stefano ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Quand la galaxie trumpiste accuse l’Europe de pratiquer la censure – https://theconversation.com/quand-la-galaxie-trumpiste-accuse-leurope-de-pratiquer-la-censure-263855

New research indicates caribou populations could decline 80 per cent by 2100

Source: The Conversation – Canada – By Elisabetta Canteri, Postdoctoral Researcher, Globe Institute, University of Copenhagen

Caribou will likely face population declines rarely experienced in 21,000 years due to climate change. That’s the main finding from our recently published research on the historical resilience of caribou populations.

Caribou, also called reindeer, are a majestic species with remarkable adaptations to the cold Arctic environments of Eurasia and North America. Despite surviving through large climatic fluctuations in the past, future climate warming may cause a drastic decline in caribou populations. Arctic environments are extremely sensitive to climate change, and they are expected to warm two times more than the global average.

In our research, we simulated how caribou population abundance shifted in response to climate change since the last ice age to the present day, and projected it into the future to 2100. This allowed us to directly compare past and future rates of declines.

We decided to look back 21,000 years because, in the past, Arctic climates have fluctuated abruptly, with temperatures in areas such as Greenland increasing by up to 10 degrees in just a few decades. We figured that if we could identify the traits that helped caribou to survive these past warming events, we would be able to better predict their vulnerability to future climate change.

To do this we combined fossils and historical observations with climate reconstructions to map caribou habitat suitability across regions and time at a high resolution. We then used computer modelling to simulate how populations responded to changes in the suitability of these environments following the last ice age.

What our research shows

We found that caribou were able to survive past climatic fluctuations thanks to their ability to live in diverse environments, move long distances and survive in low numbers.

However, when projecting these models forward in time we discovered that these traits might not be enough to safeguard future populations. If action is not taken to mitigate climate change, we project a 58 per cent decline in population size across the whole geographic distribution of the species by 2100.

Losses in North America are likely to be most severe, with decreases of 84 per cent predicted in response to Arctic warming. This is because North America is projected to be the region losing the largest extents of habitats suitable for caribou due to climate change and other human impacts on the land.

Even under a more optimistic climate change scenario, with less temperature change, we still expect North American caribou populations to experience large losses. This suggests that recent declines observed in large herds of caribou are expected to continue into the future.

Threats not directly included in our models, such as diseases, extreme weather die-offs and unregulated hunting, could further worsen the impacts of climate change on caribou populations.




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Broader ecological implications

Dramatic declines in caribou populations might have far-reaching ecological implications. Thanks to their feeding behaviour, caribou help stop the advancement of forests to northern latitudes and maintain the diversity of plants in the tundra.

In doing so, caribou play a key role in maintaining healthy tundra environments. A decrease in tundra plant diversity affects carbon uptake, soil nutrient availability and even how well the landscape reflects light. Therefore, declines in caribou populations will have knock-on effects on tundra ecosystems that will further accelerate climatic warming.




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These drastic declines in caribou populations will have impacts that go beyond the Arctic’s natural environment. For many Indigenous Arctic communities, caribou are essential. People in these regions rely on caribou for food and economy, cultural identity and an overall sense of well-being. Population declines will therefore cause profound losses, impacting the livelihoods of many communities.

Our findings suggest a grim future for caribou, and signal an urgent need for governments to increase investments in the conservation and management of the species. This should include protecting and ensuring access to historical pastures and migration routes.

Actions that we take today to reduce our carbon footprint will benefit caribou, nature and Arctic Indigenous communities in the decades to come.

The Conversation

Damien Fordham receives funding from the Australian Research Council

Elisabetta Canteri does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. New research indicates caribou populations could decline 80 per cent by 2100 – https://theconversation.com/new-research-indicates-caribou-populations-could-decline-80-per-cent-by-2100-263696

Canada’s response to the war in Gaza raises questions about its commitment to human rights and justice

Source: The Conversation – Canada – By Jeremy Wildeman, Research Fellow at the Human Rights Research and Education Centre, University of Ottawa and Adjunct Assistant Professor, Carleton University

Canada and Canadians have long considered themselves defenders of human rights, democracy, justice and the rule of law. Canada played a significant role in the development of what’s known as the liberal international order, including multilateral institutions like the United Nations, and international law.

Canada was once highly respected for the role it played developing the framework for United Nations peacekeeping, the Mine Ban Treaty, championing the UN’s Responsibility to Protect, supporting Palestinian-Israeli peace negotiations and establishing the International Criminal Court.

Canada has acted as a moral voice denouncing abuses of human rights and violations of international law. It challenged South African apartheid, and passed a parliamentary motion calling China’s treatment of Uyghur Muslims a genocide.




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It has advocated for Iranian women’s rights at the United Nations and sanctioned Russia for its 2022 invasion of Ukraine.

In 2023, Canada joined a declaration of intervention against Myanmar at the International Court of Justice over its treatment of the Rohingya people, reaffirming the requirement for states to prevent genocide.

Where is Canada on Gaza?

Prime Minister Mark Carney says Canada intends to recognize a Palestinian state at this week’s UN General Assembly.

Yet Canada’s response to Israel’s war on Gaza since October 2023 and countless well-documented instances of war crimes committed against Palestinians — including allegations of ethnic cleansing and genocide — raises serious questions about Canada’s commitment to its own values and the liberal international order.

Observers have documented countless Israeli violations of international law while turning Gaza into an unliveable wasteland. Seventy-eight per cent of all structures in Gaza have been destroyed, including housing (92 per cent), water and sanitation infrastructure (89 per cent), hospitals (50 per cent), schools (91.8 per cent) and roads (81 per cent).

The health-care system has been systematically dismantled, and Gaza has recorded the highest number of deaths of health-care workers, United Nations staff and journalists of any recent conflict zone.

Israel has denied and attacked humanitarian aid. Since mid-March, it has enforced a total siege on Gaza, blocking entry of food, water, medical supplies, hygiene and dignity kits, and infant and maternal care items, including baby formula.

Famine has been unfolding and starvation is widespread, but now 100 per cent of Gaza’s estimated 2,100,000 people face acute levels of food insecurity.

Aid is scarce

Only four aid distribution sites currently operate in Gaza, down from 400. They were set up in May by the United States/Israeli-backed Gaza Humanitarian Foundation. Médecins sans frontières (Doctors Without Borders) say they violate core humanitarian principles.

The Gaza Humanitarian Foundation has been accused of weaponizing aid, engaging in ethnic cleansing and funnelling Palestinians south to displace them. Its contractors and Israeli forces have been accused of firing on starving Palestinians, accounting for many of the 1,838 Palestinians killed and 13,409 wounded while seeking aid since the foundation began operations.

A former Gaza Humanitarian Foundation employee accuses the organization of shooting on starving Palestinians. (Breaking Points YouTube channel)

Gaza’s official death toll now stands at 61,722 people, but is likely much higher. Gaza has recorded more child deaths than any other conflict zone, and Israel’s own military data indicates an almost unheard-of 83 per cent civilian death rate.

Canada’s support for Israel

Canada claims to support a fair-minded approach to Palestine-Israel peacebuilding. It does not recognize permanent Israeli control over the Occupied Palestinian Territory, recognizes Palestinians’ right to self-determination and is committed to the goal of a comprehensive, just, and lasting peace in the Middle East.

But despite Israel’s assault on Gaza, attacks in the West Bank and violations of international law, Canada continues to ship Israel arms, financially supports Israeli settlements on Palestinian land and offers Israel diplomatic support and multilateral cover.




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If Canada makes a statement critical of Israeli violations, it rarely follows through with tangible consequences for Israel. Canada has admitted few Palestinian refugees from Gaza and has participated in dangerous humanitarian aid air drops that have been called expensive public relations stunts that don’t help very many people.

Critics of Israel under attack

Meanwhile, critics in Canada of Israeli violations regularly find themselves under assault. Institutions like universities and the media, which should be defenders of core Canadian values, and federal, provincial and municipal governments, regularly spread misinformation and try to silence opposition to Israel’s actions.

Some Canadians have even been fired for speaking out and law enforcement has been deployed against them.

When the United States sanctioned four International Criminal Court prosecutors and judges, including a Canadian judge, for investigations into Israeli and American war crimes, Canada chose to remain silent. Canada had previously criticized the court for bringing charges against Israeli leaders.




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What explains Canada’s support?

Between 2021 and 2023, I co-edited three scholarly volumes exploring Canada’s relations with the Palestinians that help explain Canada’s commitment to Israel throughout its genocidal war on Gaza.

Canada as a Settler Colony on the Question of Palestine (2023) argues there’s a strong historical bond between Canada and Israel as two European settler colonies established by the British Empire through the extermination and displacement of Indigenous Peoples.

The volume argues that a close socio-political bond and shared colonial interests cause Canada and Israel to support each other robustly on the international stage.

The suppression of voices critical of Israel is unsurprising when reading Advocating for Palestine in Canada (2022). It documents how this has happened over decades. Nonetheless, Palestine has become central to anti-racist, decolonial and other progressive movements across Canada.

Finally, in What Lies Ahead? Canada’s Engagement with the Middle East Peace Process and the Palestinians (2021), I argued that while there are clearly some elite voices in Canada advocating for a fair approach to Palestine-Israel peace-building, they are always outweighed by pro-Israel considerations.

These books and empirical observations since Oct. 7, 2023 suggest that Canada may be more committed to Israel and their shared colonial interests than Canadians’ own values or the liberal international order.

A defining test

Genocide is considered the most heinous of all crimes, and Gaza is the defining ethical test of the 21st century.

Illiberal measures deployed to silence dissent and support a country accused of genocide represent a grave threat to core liberal-democratic values.

Double standards like Canada’s policies toward Palestine raise serious questions about the fairness of international and domestic law, governance and policy and the Canadian state’s commitment to basic principles of human rights, democracy and justice.

The Conversation

Jeremy Wildeman does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Canada’s response to the war in Gaza raises questions about its commitment to human rights and justice – https://theconversation.com/canadas-response-to-the-war-in-gaza-raises-questions-about-its-commitment-to-human-rights-and-justice-264001

Our understanding of lightning has been driven by fear and shaped by curiosity

Source: The Conversation – Canada – By Peter Watson, Emeritus professor, Physics, Carleton University

Lightning can carry between 100 million to one billion volts of electricity. (Josep Castells/Unsplash), CC BY

Playwright Tom Stoppard, in Rosencrantz and Guildernstern are Dead, provides one of the best definitions of science: “The scientific approach to the examination of phenomena is a defence against the pure emotion of fear.”

Nowhere is this more true than in the study of electricity in the wild; namely, lightning. Primitive humans must have been terrified by lightning, so much so that it is built into many religions. Lightning is almost always associated with the most powerful gods.

In Greco-Roman mythology, Zeus is armed with lightning bolts. In Norse mythology, Thor is the god of thunder and lightning. The Yoruba god Shango is associated with thunder, lightning and justice.

Lighting appears in popular culture as well, and Shakespeare — for once — gets it wrong in Cymbeline:

Fear no more the lightning flash.

Nor th’ all-dreaded Thunderstone.

This refers to the old (and not unreasonable) idea that thunder was caused by immense stones falling from the sky.

The French expression “coupe de foudre” — lightning strike — roughly translates as “love at first sight.” In English, we know that “lightning never strikes twice.” This is untrue: unfortunately, lightning hits the CN Tower in Toronto about 75 times annually.

A billion volts

Our modern understanding of lightning starts with Benjamin Franklin, who proposed flying a kite in a thunderstorm with a metal key attached to the end of the wire. He hypothesized that the current would travel down the line, but he probably had too much sense to actually perform the experiment. French physicist Thomas-François Dalibard conducted the lightning rod experiment in 1752. The same experiment killed German physicist Georg Wilhelm Richmann in 1753.

What do we know about lightning? The basic process that creates thunderclouds is that positive charge, in the form of ionized atoms, is carried to the top by the up-drafts. The top of the cloud is positively charged, the bottom of cloud is negative and a positive charge is induced on the ground. The voltage between the bottom of the cloud and the ground can range between 100 million to one billion volts.

Even though dry air is normally an insulator, it will break down and becomes a conductor if the electric field reaches three million volts per metre. The actual process that goes on is complex: the electric field builds up beyond the maximum, producing ionized, conducting paths developing downwards from the cloud and upwards from the ground.

These branch and bend at random, depending on the local density of the air. When they meet, they form a conducting pathway that discharges the charge imbalance in a few milliseconds. The current can be huge, up to a million amps.

Lightning is not unique to thunderstorms on Earth. Volcanoes provide rapid up-drafts with a lot of friction between the ash particles. The Galileo space-probe has captured images of lightning on the night-side of Jupiter.

Global News looks at the science of volcanic lightning.

Dangerous electricity

Churches were notorious for burning down after being hit by lightning. This is hardly surprising: in most old European cites the church would have been the tallest building and topped by a metallic cross, providing a perfect path for the current.

One dramatic example was a lightning strike on a church in Brescia, Italy. The church was, for some reason, being used to store gunpowder and the resulting explosion resulted in 3,000 deaths.

The human body can be quite a good conductor, so a current produced by lightning prefers to flow through a person. Two to three people are killed by lightning each year in Canada.

People killed by lightning are often found naked: the massive current can cause any liquids to be vaporized and produce a sufficiently strong explosion to tear the clothes from the body.

If you’re ever out on a lake in a canoe and a thunderstorm hits, stay where you are and lie down, or get to shore as fast as possible. The induced charge is on the surface of the lake, so when the bolt hits, there will be a very large current on the surface of the water but you will be protected in the canoe.

Protective measures

In the 1750s, Franklin invented the lightning rod as protection from lightning, a sharply pointed metal rod attached to the top of a building.

The lightning rod would attract lightning by having an electric field that is very strong around the sharp point. This ionizes the air and allows current to flow so that the strike hits the conductor rather than the structure.

These days, many variations on lightning conductors exist, from rods to spheres, reducing the amount of damage caused by lightning strikes.

The Conversation

Funding from NSERC

– ref. Our understanding of lightning has been driven by fear and shaped by curiosity – https://theconversation.com/our-understanding-of-lightning-has-been-driven-by-fear-and-shaped-by-curiosity-230823

How universities can become neuro-inclusive — and what can help autistic students thrive

Source: The Conversation – Canada – By Megan Ames, Associate Professor, Psychology, University of Victoria

With the prevalence of autism increasing in recent years, more autistic people are attending college and university. (There are different ways to identify in the autistic community, with some people prefering to call themselves “autistic” rather than “a person with autism;” we’re taking the former approach).

Recent data suggest one in 50 Canadian children and adolescents are diagnosed with autism.

Autistic students bring many strengths, such as creativity, focus and original thought to academic settings, but research shows they’re underrepresented on post-secondary campuses and face diverse barriers and challenges to success.

They also tend to have lower graduation rates than their non-autistic peers. This may be, in part, because autistic students face unique and systemic barriers in the academic setting, including a lack of access to autism-specific supports, sensory challenges and mental health difficulties.

In this analysis, we offer recommendations to best support autistic students on post-secondary campuses, based on our own and others’ research on autism in higher education, and with input from two autistic students.

Katherine (she/her) is a fourth-year undergraduate student completing her honours degree with research interests in autism, psychology and anthropology. Kai (any/all) is a recent graduate who completed their honours degree in psychology and who continues to engage in autism-related research, including as a co-author of our recent review of the research on autism in higher education.

Katherine and Kai were invited to collaborate on this article given their involvement in the lab of Megan Ames (the first author of this story) at the University of Victoria.

The lab pursues youth and community engaged research practices, including around autism in higher education. We interviewed each for approximately half hour with questions related to their experiences in post-secondary and their advice for new students. Both agreed to have their first names included here and have reviewed the article prior to publication.

Disclosing a diagnosis, accommodations

Neurodivergent students, including autistic students, are eligible for academic accommodations such as extra time, note-taking, quiet settings for tests/exams, typically through an institution’s centre for accessible learning or similar resource. Most institutions require a formal diagnosis to access accommodations.

Although awareness of neurodiversity may appear to be growing, a recent Conference Board of Canada report, Advancing Neuroinclusive Policies and Practices in Post-Secondary Education, showed that less than half of the surveyed students disclosed their diagnosis. Yet it also found those who disclosed reported greater student satisfaction.

Especially given that not all students disclose their diagnosis, and there are barriers to accessing a formal diagnosis, including the costs and wait times, additional neuro-inclusive practices and supports are key.

Autism-specific services

Our 2021 environmental scan of Canadian post-secondary institutions revealed just six per cent offer autism-specific services.

Despite a desire to offer support, barriers like funding and faculty and staff training persist. Most research on this topic focuses on the autistic student experience, and less so on how to create neuro-inclusive campuses and practices.

As Katherine noted, centre for accessible learning “accommodations [will only get you] so far.”

Neurodiversity in policies, training

The Conference Board of Canada found almost half of their staff and faculty survey participants reported that neurodiversity was not appropriately addressed in their institutional equity, diversity, inclusion and accessibility (EDIA) policies.

It recommends collaborating with neurodivergent students, faculty and staff, mandatory neurodiversity training and investment in the development and evaluation of “wrap-around” service models to enhance student experience and success — meaning models that create personally and culturally tailored supports.

Post-secondary staff and faculty can avail themselves of open-access and free training to help understand and appreciate autism and the Universal Design of Learning, like the modules created by leadership and education researcher TC Waisman and colleagues.

Expanding services

Encouragingly, since our environmental scan, some Canadian post-secondary institutions are beginning to incorporate wraparound services for neurodivergent students, including autistic students.

For example, the University of Calgary’s neurodiversity support office includes neurodiverse advising, transition supports for neurodivergent students and mentorship groups, and faculty and staff training.

The University of Victoria has the Society for Students with a Disability, which is run through the student union. It provides any student who self-identifies as having one or more disabilities — including those who are neurodivergent — with various resources and supports, including a bookable respite room.

Based on our findings from the 2021 scan, a website was created that holds information about the various autism-specific supports on post-secondary campuses across Canada.

Tips for students

1. Explore on-campus services, supports and extracurricular activities. For many students, a positive university experience is connected to more than academic learning. Both Kai and Katherine suggested checking out the institution’s list of clubs and activities, as “finding community is important” (Kai).

Often, institutions will hold club fair days where students can explore the various clubs, activities and events to meet people with similar interests. Kai noted these clubs may be a place where you can be “more authentic.” However, the fair itself may not be neuro-inclusive (lots of people, loud environment). Exploring the student centre’s website is also an option.

Every autistic student is different. As Katherine notes, finding supports that fit for you is important.

2. Research various types of funding. Some campuses have funds to support students with assistive technology (such as laptops or headphones). The National Educational Association of Disabled Students helps post-secondary students with disabilities search through hundreds of scholarships across Canada and can be a good resource.

3. It’s OK to take it slow. There are many ways to be a post-secondary student. When Kai started university, they felt like they “had to follow a certain path,” but there are ways to be a full-time student and take fewer classes. Katherine agreed, and noted she began with taking fewer classes then worked her way up to a full course load.

4. Build relationships with peers and professors. Peer mentorship programs have been shown to have positive benefits for Autistic students. Kai and Katherine both spoke to the importance of building relationships. Kai described their experience with a campus peer support group for autistic students as it means having “a space to be with other autistic people; they understand what it’s like to exist like I do.” Katherine suggests connecting with professors, as this may help ensure accommodations are adhered to or lead to collaborative approaches to support learning (for example, finding ways to make an assignment more interesting to you).

5. Try to find sensory-friendly spaces on campus. Some campuses are making a concerted effort to create neuro-inclusive and sensory-friendly programs and spaces, like the University of Calgary’s Neuroinclusion Studio, but this type of space may be the exception rather than the norm.

Katherine suggests exploring libraries that may host smaller, cozier and dimmer spaces that provide a place to reprieve and recharge between classes.

The Conference Board of Canada created a guide with additional tips that you can check out here.

The Conversation

Megan Ames’s research is supported by University of Victoria internal and start-up funds, Canadian Institutes of Health Research, and the Social Sciences and Humanities Research Council.

Carly McMorris’s research is supported by the Canadian Research Chairs Program, Canadian Institutes of Health Research, Kids Brain Health Network, Brain Canada, and the American Foundation for Suicide Prevention.

– ref. How universities can become neuro-inclusive — and what can help autistic students thrive – https://theconversation.com/how-universities-can-become-neuro-inclusive-and-what-can-help-autistic-students-thrive-261150