They have been promoted as a remedy for anxiety and sleeplessness, with celebrities and influencers swearing by their calming effects. Weighted blankets – heavy throws filled with glass beads or plastic pellets – have gone from a niche therapeutic tool to a mainstream wellness must-have, promising better sleep and reduced stress for anyone struggling to unwind.
But do they deliver on these bold claims, or are we simply paying premium prices for an expensive placebo?
Occupational therapists have used weighted blankets since the 1970s to help children with autism and adults with sensory processing disorders. They became commercially available in the 1990s, but remained largely within special needs communities.
That changed dramatically in recent years when companies began targeting what they call the “casually anxious” – essentially, anyone struggling with modern life’s stresses. The marketing worked: Time magazine even named the weighted blanket one of the top 50 “inventions” of 2018.
The concept behind weighted blankets is appealingly simple. Typically weighing between two and 13 kilograms (experts recommend choosing one that’s 10% of your body weight), they use what occupational therapists call “deep pressure stimulation”. The gentle, even pressure across your body mimics the sensation of being held or hugged.
What the science says
The research picture is more nuanced than the marketing suggests. Several studies do show promising results, but with important qualifications.
A study of 120 psychiatric outpatients found that weighted blankets improved insomnia symptoms over four weeks in people with major depression, bipolar disorder, anxiety and ADHD. The researchers concluded they were “a safe and effective intervention for insomnia in patients with some mental health disorders”.
However, these studies all focused on people with diagnosed mental health conditions, not the general population that companies are now targeting.
This is where the science diverges from the marketing: reviews of the research consistently show that benefits for healthy people are much harder to prove. While weighted blankets may help people with clinical anxiety or sleep disorders, there’s insufficient evidence that they benefit casual users without existing mental health conditions.
Also, about half the research on weighted blankets doesn’t meet quality standards for robust scientific evidence – a significant problem given the confident health claims found on product websites and glowing reviews in lifestyle magazines.
Who might benefit?
This doesn’t mean weighted blankets are entirely useless for healthy people. Shift workers, who must sleep during daylight hours when their brains are naturally alert, might find them helpful for combating the known health effects of irregular schedules. Healthcare workers, firefighters and pilots who rely on strategic power naps could benefit from faster sleep onset.
The placebo effect also shouldn’t be dismissed. If a weighted blanket helps you feel calmer and sleep better, even if the mechanism isn’t what manufacturers claim, that’s still a positive outcome, provided you understand what you’re buying.
Weighted blankets do carry some risks. They shouldn’t be used by anyone who cannot easily move beneath their weight, including young children. People with diabetes, asthma, sleep apnoea, COPD, circulation problems, high blood pressure or claustrophobia should consult their GP before opting to use one.
No studies have reported serious harms, but common sense suggests checking with a healthcare provider if you have underlying health conditions.
As a low-risk intervention that might complement good sleep hygiene and regular sleep cycles, weighted blankets aren’t inherently problematic. The issue lies in overselling their capabilities.
If you’re considering buying one, be realistic about your expectations. You’re not buying a miracle cure for modern anxiety but rather a potentially comforting sleep aid that might help you feel more settled at bedtime. For many people struggling with sleep, that gentle pressure and sense of security could be worth the investment, even if the science behind it isn’t quite as solid as the marketing suggests.
The real question isn’t whether weighted blankets work, but whether they work for you, and whether the premium price is justified for what might ultimately be an expensive hug.
Craig Jackson does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Baquero, Investigador del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (BIOMA) y profesor de la Facultad de Ciencias, Universidad de Navarra
Como todo ser vivo, los árboles tienen un ciclo vital limitado con fases de juventud, madurez y senescencia. En sus primeras etapas aportan sombra, frescor, calidad ambiental y un valor estético indiscutible al espacio urbano. Sin embargo, al envejecer sufren procesos de debilitamiento que afectan a su estabilidad. La vejez conlleva pudriciones internas, huecos en el tronco, invasiones de hongos y bacterias, y un riesgo creciente de rotura o caída.
En el medio natural, los ejemplares muertos se integran en el ciclo ecológico y ofrecen refugio a fauna especializada. En las ciudades, no obstante, donde la seguridad de las personas es prioritaria, estos mismos procesos suponen un peligro que no puede pasarse por alto.
La gestión del arbolado urbano exige responsabilidad y previsión. Uno de los principales problemas es que la degradación no siempre se aprecia a simple vista. Un árbol puede mostrar una copa verde y frondosa mientras su interior está hueco o debilitado.
Los hongos xilófagos, por ejemplo, aquellos que atacan la madera para alimentarse, descomponen la celulosa o lignina que la conforman, volviendo frágil la estructura.
Entre los tipos más comunes de este proceso de pudrición se pueden distinguir dos. Por un lado, la parda, cuando organismos como Paenibacillus glucanolyticus o Serpula lacrymans degradan celulosa y hemicelulosa. Por otro lado, la blanca, en la que que la lignina es degradada por el hongo Trametes versicolor.
En ambos casos el desenlace es el mismo: el árbol pierde resistencia de manera irreversible. A pesar de la gravedad que conlleva, a menudo solo es posible comprobar la magnitud del daño causado tras la tala, confirmando (o no) si la retirada del árbol era necesaria. Otras veces se puede identificar si hay desfase entre la apariencia externa y el estado real recurriendo a resistógrafos, equipos que evalúan la integridad y la densidad de la madera mediante una mínima perforación.
No todas las especies de árboles tienen el mismo ciclo vital. Los árboles de crecimiento rápido, como chopos y álamos, viven menos tiempo que otros. Al llegar a unos cincuenta años suelen entrar en senescencia acelerada: sus troncos se ahuecan, las raíces pierden firmeza y el riesgo de desplome se multiplica.
Aunque han cumplido una función valiosa durante décadas, llega un punto en que deben ser sustituidos por ejemplares más jóvenes y seguros. Mantenerlos más allá de su límite vital expone innecesariamente a los usuarios de los parques al peligro de caídas inesperadas.
Es comprensible que la tala de un árbol cause pesar entre los vecinos, pues muchos ejemplares están ligados a recuerdos y forman parte de la identidad del lugar. Sin embargo, la gestión no puede guiarse solo por la nostalgia, sino por la seguridad de todos y la visión de futuro.
Retrasar el apeo (es decir, la tala de un árbol por su base para derribarlo) cuando un árbol ya está en la fase final de su vida compromete la seguridad. Y las consecuencias pueden ser graves, desde ramas pesadas que caen hasta desplomes completos de ejemplares, con riesgo de accidentes personales y daños materiales.
Conservar troncos huecos como refugio de aves y murciélagos
La retirada de árboles envejecidos debe acompañarse de nuevas plantaciones, preferentemente de especies autóctonas o adaptadas. Así, el patrimonio verde no disminuye, sino que se renueva e incluso crece, al tiempo que se enriquece la biodiversidad. De este modo, las generaciones futuras heredarán parques más sanos y seguros.
La gestión responsable del arbolado incluye también podas sanitarias, rebajes de altura en ejemplares en riesgo y, en algunos casos, la conservación temporal de troncos huecos como refugio para aves, murciélagos e insectos. Allí donde no haya peligro directo, la madera vieja puede seguir siendo útil para la fauna. Pero en espacios de uso intensivo debe primar la seguridad de las personas.
Explicar a la ciudadanía la función de los árboles
Los árboles urbanos no son simples adornos. Regulan la temperatura, filtran contaminantes, amortiguan ruidos y embellecen el paisaje. Son un factor esencial del bienestar ciudadano. Renunciar a ellos no es una opción, pero tampoco lo es mantener ejemplares que ya han superado su vida útil y representan un riesgo inaceptable. De ahí la importancia de una adecuada gestión del arbolado.
En este contexto, la transparencia resulta fundamental. Explicar a la ciudadanía por qué se talan determinados ejemplares y qué criterios se han aplicado reduce la desconfianza. Cuando se explica que un árbol aparentemente sano está en realidad muy deteriorado y supone un peligro, la necesidad de actuar se comprende mejor. Y si la decisión se acompaña de una política de reposición con mayor número de árboles y mayor diversidad de especies, el apoyo social se refuerza.
El ciclo vital de los árboles obliga a reconocer que no son eternos. Nacen, crecen, envejecen y mueren. Y en ese proceso, se plantean retos particulares en los espacios públicos urbanos.
Una gestión seria debe adelantarse a la decrepitud, evaluar los riesgos ocultos, planificar los apeos cuando sea necesario y garantizar la reposición con nuevas plantaciones. Solo así los parques de las ciudades seguirán siendo lugares seguros, bellos y llenos de vida, donde naturaleza y ciudadanía convivan en equilibrio.
Enrique Baquero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Gutiérrez Hermoso, Profesora en el Área de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico del departamento de Psicología de la Universidad Rey Juan Carlos. Investigadora del equipo de investigación de alto rendimiento PERSANA (Personalidad y Salud), Universidad Rey Juan Carlos
Después de clase, Iris se perdía por los pasillos vacíos de la facultad. Fingía buscar algo, pero en realidad intentaba encontrarse a sí misma. Sentía que su cuerpo caminaba, respondía, sonreía… pero algo dentro de ella se había quedado atrás. Buscaba silencio, pero lo que encontró fue un pensamiento persistente: el dolor físico era más soportable que el emocional. Y cuando se hizo daño por primera vez, sintió que aún estaba ahí.
Este relato ficticio refleja la lucha interna entre el sufrimiento y el deseo de sentirse mejor de muchos jóvenes y adolescentes. Entre un 15 % y un 25 % de universitarios españoles recurren a las autolesiones, según recientes encuestas anónimas y entrevistas. Los resultados muestran que los universitarios forman una población especialmente vulnerable.
Como en el caso de Iris, su malestar no se ve, por lo que pocas personas se interesan en saber cómo están. Muchos reconocen que recurren a estas conductas para aliviar el malestar emocional, aunque sienten que necesitan ayuda profesional. Pero esa ayuda no llega o no se pide a tiempo.
Para quienes no han sufrido ese malestar, puede resultar un comportamiento incomprensible. ¿Por qué alguien decide hacerse daño? Hemos investigado qué rasgos pueden hacer a alguien más susceptible de caer en esta conducta para diseñar propuestas de prevención centradas en el entorno universitario.
Las autolesiones no son una forma de llamar la atención. Tampoco implican necesariamente quitarse la vida. Cortes, quemaduras o golpes pueden ser intentos desesperados de calmar emociones intensas, pedir ayuda sin palabras o recuperar el control cuando todo parece desbordado.
Estas conductas no siempre son puntuales. Al contrario, a menudo se repiten porque están conectadas a emociones como la culpa, la vergüenza o la desesperanza. Por eso, en algunos jóvenes, el dolor físico les ayuda a “sentir algo” cuando todo lo demás parece oscuro. Para otros, es una forma de castigo por no cumplir con lo que creen que se espera de ellos.
¿Quiénes son las personas más vulnerables?
Para entender mejor por qué algunos jóvenes se hacen daño y otros no, hemos estudiado la salud mental de una muestra de 120 estudiantes universitarios. Los primeros resultados muestran dos perfiles distintos.
El perfil más vulnerable representa al 40 % de los participantes. Son estudiantes muy exigentes consigo mismos. Les preocupa no sacar buenas notas y decepcionar a sus familias. Les cuesta manejar el estrés, no tienen suficiente apoyo emocional y sienten mucha presión externa.
En su día a día, pasan muchas horas frente a pantallas. A veces lo hacen para desconectar. Algunos incluso toman medicamentos sin receta para calmarse o dormir. En este grupo hay más casos de autolesiones como forma de liberar tensión o dolor emocional.
El segundo perfil, que representa al 60 % restante, también muestra malestar y perfeccionismo. Pero estas personas tienen más recursos para afrontar lo que les pasa. Se apoyan en amistades, practican deporte o se automotivan estableciendo metas personales, como aprender algo nuevo o participar en actividades que les gustan.
Aunque pueden tener pensamientos relacionados con hacerse daño, no llegan a hacerlo. En su rutina, es más común que busquen ayuda cuando se sienten mal. También usan estrategias como escribir, hablar con alguien de confianza o hacer actividades que les calman.
Estos perfiles no son fijos. Una persona puede cambiar con el tiempo, según lo que vive y el apoyo que recibe. Conocerlos permite ofrecer ayuda adaptada a cada caso. También ayuda a detectar señales de alerta antes de que el malestar se agrave.
El perfeccionismo: factor de riesgo
Un rasgo común de estos perfiles es el perfeccionismo. Aunque a veces se ve como algo positivo, porque obliga a la persona a esforzarse por hacer las cosas bien, el perfeccionismo puede convertirse en una trampa: cuanto más alto se pone el listón, más fácil es sentirse insuficiente.
En la universidad, esta presión aumenta. Incluso se intensifica en muchos estudiantes, sobre todo los que estudian carreras relacionadas con el cuidado de otras personas, como Medicina, Enfermería, Fisioterapia y Psicología. En estas disciplinas, el rol del cuidador se interioriza desde el inicio, y con él, la idea de que no se puede fallar ni mostrar debilidad.
En conversaciones con estudiantes de ciencias de la salud, muchos expresan que les cuesta pedir ayuda. A menudo sienten miedo a decepcionar a los demás o a sí mismos, y temen ser juzgados si muestran vulnerabilidad. Esta exigencia constante puede generar un sufrimiento profundo que no siempre se expresa, y que empieza incluso antes de ejercer profesionalmente.
Detectarlo a tiempo, mediante la escucha activa y la observación, permite intervenir antes y prevenir situaciones más graves. Aquí podemos poner en práctica el fomento del diálogo sobre errores y fracasos. Hablar de ellos como parte del aprendizaje reduce la presión por hacerlo todo perfecto y fomenta una visión más amable de uno mismo que invita a seguir el camino que queremos recorrer en beneficio de nuestros valores personales.
Redes sociales y comparación constante
El entorno social también influye. Además de la familia y la presión académica, hoy en día las redes sociales pueden ser un factor contribuyente tanto al perfeccionismo como a las autolesiones. Aunque pueden ofrecer compañía y apoyo, también fomentan la comparación constante y la exposición a contenidos sensibles.
En cambio, en un entorno con control profesional, como una sesión clínica, un programa de prevención en el aula o una intervención psicológica guiada, ese mismo material podría utilizarse para generar reflexión, promover el autocuidado o desmontar mitos dañinos.
En otro estudio que estamos realizando, muchos estudiantes han expresado lo difícil que les resulta pedir ayuda. Aunque los resultados aún no han sido publicados, los primeros testimonios apuntan a que el miedo al juicio y la presión familiar dificultan la búsqueda de apoyo emocional. Romper esta barrera para poder hablar del malestar emocional es uno de los grandes retos en la prevención del sufrimiento adolescente.
Las autolesiones no son una moda ni una etapa que se supera sin más. Son señales de alerta que necesitan ser escuchadas con atención y sin juicio. Para ayudar de verdad, es importante mirar el sufrimiento con respeto, sin minimizar lo que sienten.
Las universidades y centros educativos pueden ayudar enseñando al personal docente y administrativo a detectar el malestar a tiempo, poniendo en marcha programas de prevención y detección para universitarios basados en evidencia científica y ofreciendo acceso a apoyo psicológico.
Con programas y terapia especializada, jóvenes como Iris pueden desarrollar una mayor autocompasión y mantener a raya su autocrítica. Esa voz dura que juzga sin descanso y que es el más severo de todos los jueces.
Participo activamente como miembro investigador en el equipo de investigación de alto rendimiento PERSANA (Personalidad y Salud) de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos.
Source: The Conversation – in French – By Céline Diaz, Doctorante en psychologie du travail et des organisations au sein des unités QualiPsy (UR 1901; Université de Tours) et C2S (UR 6291; Université de Reims Champagne-Ardenne), Université de Tours
Événements professionnels stressants, horaires changeants ou tâches répétitives : les études scientifiques tendent à montrer un lien entre certaines contraintes professionnelles et la consommation d’alcool ou de tabac. Qu’est-ce qui motive ces comportements et quels sont les mécanismes à l’œuvre ?
En France, les consommations d’alcool et de tabac sont les deux premières causes de mortalité évitable, mais elles restent largement répandues.
En 2020, en France métropolitaine, près de 23,7 % des 18 ans à 75 ans dépassaient les repères de consommation d’alcool recommandés par l’Organisation mondiale de la santé (OMS). En 2022, 31,8 % d’entre eux déclaraient fumer et 7,3 % déclaraient vapoter.
Tabac et alcool, à l’origine de graves conséquences pour la santé
Ces comportements de consommation présentent pourtant de nombreux risques pour la santé des individus. Le tabagisme est à l’origine de nombreuses pathologies telles que des maladies cardiovasculaires, des maladies respiratoires chroniques et, plus fréquemment encore, certains cancers.
Des alternatives considérées comme étant plus sûres pour la santé ont émergé, la plus courante étant la cigarette électronique. L’OMS a toutefois mis en garde la population face aux risques pour la santé que pourraient causer ces nouveaux produits.
La consommation d’alcool, quant à elle, est, directement ou indirectement, responsable d’une variété d’atteintes à la santé (par exemple, des cancers, des maladies cardiovasculaires, des cirrhoses du foie).
Facteurs sociodémographiques, psychologiques… et professionnels
Face à ce problème majeur de santé publique, les chercheurs se sont intéressés aux facteurs à l’origine de ces consommations, afin de tenter de les prévenir. Ainsi, de nombreuxfacteurssociodémographiques ont été identifiés comme jouant un rôle dans l’explication des consommations d’alcool et de tabac, tels que le genre, l’âge, le statut économique, le niveau de diplôme et le statut marital.
Certains facteurs psychologiques sont également impliqués dans ces comportements de consommation, tels que l’impulsivité, une faible estime de soi ou encore des symptômes anxiodépressifs.
Au-delà de ces déterminants, des travaux suggèrent que les facteurs professionnels pourraient également expliquer la consommation d’alcool et de tabac. En effet, bien qu’avoir un emploi semble être protecteur face à la consommation de tabac et d’alcool (la prévalence étant plus importante chez les demandeurs d’emploi), les conditions de travail pourraient impacter les comportements de consommation des travailleurs.
Les emplois sous contrainte propices à la consommation
Les données scientifiques concernant le lien entre l’activité professionnelle et la consommation de tabac ont mis en évidence que les changements dans les horaires de travail (le passage d’horaires classiques à des horaires prolongés), la monotonie des tâches, les tâches répétitives et, plus généralement, les emplois avec de fortes contraintes sont associés à une augmentation du tabagisme.
Concernant la consommation d’alcool, une récente revue de la littérature a identifié quatre grandes catégories de déterminants des comportements de consommation en lien avec le travail :
les normes sociales relatives à l’alcool au travail (acceptabilité et pratiques au travail),
le faible contrôle social au travail (par exemple, une faible régulation par l’organisation),
l’accès à l’alcool et la facilité de consommation sur le lieu de travail,
et, enfin, les contraintesprofessionnelles (par exemple, des événements stressants au travail, des conflits de rôles, une supervision abusive).
L’« automédication par l’alcool et le tabac » : une réponse aux contraintes professionnelles
Les chercheurs se sont interrogés sur les processus motivationnels qui sous-tendent les effets des contraintes professionnelles sur les comportements de consommation : pour quelles raisons les personnes boivent-elles ou fument-elles après avoir été exposées à des contraintes professionnelles ?
Avec l’alcool, une tentative pour réduire la tension ou la fatigue induites par le travail
Dans son modèle biphasique de l’automédication, Frone explique que les individus développent des attentes quant aux effets bénéfiques de l’alcool pour faire face à la fatigue ou aux affects négatifs (comme la colère ou l’anxiété) causés par le travail.
Ce modèle est qualifié de « biphasique » en raison du double effet de l’alcool : effet stimulant (quand son taux de concentration dans le sang augmente) et sédatif (quand son taux de concentration dans le sang diminue).
Plus précisément, selon Frone, deux motivations poussent les individus à consommer de l’alcool après avoir été exposés à des contraintes professionnelles :
des attentes de réduction de la fatigue par le biais de l’effet stimulant de l’alcool,
des attentes de réduction de la tension par le biais de l’effet sédatif de l’alcool.
Apportant un soutien à ces hypothèses, Frone a montré que les contraintes professionnelles (par exemple, la charge et le rythme de travail) pouvaient entraîner des affects négatifs et de la fatigue. Les affects négatifs liés au travail étaient à leur tour corrélés à une hausse de la consommation générale d’alcool, mais uniquement chez les personnes ayant de fortes attentes de réduction de la tension par la consommation d’alcool.
Ces affects étaient également liés à davantage de consommation d’alcool après le travail, mais, là encore, seulement chez les hommes ayant de fortes attentes de réduction de la tension.
La fatigue liée au travail était, quant à elle, associée à une hausse de la consommation générale d’alcool et de la consommation d’alcool pendant le travail, mais uniquement chez les hommes ayant de fortes croyances de réduction de la fatigue par la consommation d’alcool.
Ces travaux ont permis de montrer que les attentes que les individus ont vis-à-vis de l’alcool peuvent expliquer leurs comportements de consommation d’alcool face aux contraintes professionnelles. En somme, un contexte professionnel contraignant peut constituer un terrain propice à la recherche de solutions d’« automédication » au travers de la consommation de substances.
Concernant la consommation de tabac, bien que les liens entre contraintes professionnelles et comportements de tabagisme n’aient pas encore été testés par le prisme du modèle biphasique de l’automédication, il semble possible que ce modèle puisse s’appliquer également, le tabac ayant également des effets à la fois sédatifs et stimulants.
Télétravail et comportements de consommation : des liens qui restent à explorer
Il apparaît dès lors indispensable que les travaux de recherche se poursuivent afin d’approfondir la compréhension des motivations sous-jacentes à la consommation d’alcool et de tabac en lien avec l’environnement professionnel, en portant une attention particulière aux modalités d’organisation du travail.
En effet, avec l’essor du télétravail, de nombreux experts dans les domaines de la santé au travail et de l’addictologie suggèrent que le contexte de télétravail, caractérisé par un accès facilité à l’alcool et au tabac et par une moindre visibilité des comportements de consommation, pourrait constituer un environnement favorable au développement de ces comportements à risque pour la santé.
Comprendre plus finement ces phénomènes de consommation constitue un enjeu de santé publique, afin de pouvoir prévenir plus efficacement les usages à risque et leurs conséquences sur la santé des travailleurs.
Cet article est rédigé dans le cadre du projet CONSOMTEL (« Étude longitudinale des comportements de consommation d’alcool, de tabac et de vapotage en télétravail : les femmes plus exposées ? ») avec le soutien de l’Institut national du cancer INCa_18339 : Projet CONSOMTEL.
Céline DIAZ a participé à des projets financés par l’Institut National du Cancer (INCa), l’Agence Nationale de la Recherche (ANR), et l’Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation, de l’environnement et du travail (ANSES)
Fabien Gierski a reçu des financements de l’Institut National du Cancer (INCa), de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR), de l’Institut pour la Recherche en Santé Publique (IRESP), et du programme Européen INTERREG France-Wallonie-Vlanderen.
Nicolas Gillet a reçu divers financements en réponse à des appels à projets proposés par exemple par l’Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation, de l’environnement et du travail (ANSES), l’Agence Nationale de la Recherche (ANR) ou encore la Ligue contre le Cancer.
Tiphaine Huyghebaert-Zouaghi a reçu des financements de l’Institut National du Cancer (INCa), de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR) et de l’Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation, de l’environnement et du travail (ANSES).
L’Union africaine a approuvé la campagne #CorrectTheMap (corriger la carte), qui appelle les Nations unies et la communauté internationale à utiliser à adopter une autre représentation du monde. La campagne compte actuellement plus de 7 700 signatures.
La carte la plus couramment utilisée est appelée projection de Mercator. Les projections cartographiques permettent aux cartographes (créateurs de cartes) d’« aplatir » la Terre tridimensionnelle en une carte bidimensionnelle.
La projection de Mercator a été créée il y a plus de 450 ans pour faciliter l’exploration coloniale et le commerce maritime. Mais au fil des siècles, elle est devenue une projection « polyvalente » pour de nombreux gouvernements, éducateurs et entreprises.
Ce dessin plat gonfle la taille des pays proches du pôle Nord ou du pôle Sud. Il exagère la superficie de l’Amérique du Nord et de l’Eurasie, tout en sous-représentant la taille d’une grande partie de l’Amérique du Sud et de l’Afrique. En tant que plus grand continent du sud de la planète, l’Afrique est victime de cette inégalité cartographique.
La campagne #CorrectTheMap appelle à adopter la projection cartographique Equal Earth, développée en 2018 par une équipe internationale de cartographes. Elle corrige les distorsions présentes dans la projection de Mercator.
Les controverses sur les projections cartographiques ne sont pas nouvelles. Depuis les années 1970, les cartographes discutent de la manière dont certaines projections déforment l’apparence de la Terre et la façon dont les gens imaginent leur place dans ce monde.
Au cœur des débats sur les cartes se trouvent des tensions quant au pouvoir que les cartes exercent dans le monde.
Pour l’Union africaine, changer les projections cartographiques ne se résume pas à corriger un défaut technique. C’est aussi l’occasion d’influencer la façon dont les utilisateurs actuels et futurs des cartes perçoivent, évoquent et valorisent l’Afrique.
Cet appel est une demande pour que les Africains soient représentés selon leurs propres termes, plutôt que par le biais de traditions cartographiques qui ont longtemps minimisé leur importance et leur stature.
Étant donné que les cartes contribuent à façonner notre compréhension du monde, les choix les plus simples pour leur conception peuvent avoir des conséquences géopolitiques majeures.
Les cartes ne sont pas neutres
Il existe plus de 200 projections principales de la carte du monde. Chacune déforme l’image de la Terre à sa manière, ce qui fait du choix de la projection une décision lourde de conséquences et complexe, loin de toute neutralité.
Par exemple, la projection Dymaxion, développée par l’ingénieur américain Buckminster Fuller, a été conçue pour remettre en question les notions de nord et de sud. D’autres, comme la projection conique conforme de Lambert, sont largement utilisées dans l’aviation pour faciliter la planification des vols.
Les cartes sont une forme de narration, ainsi qu’une source d’information. Même les lignes, les couleurs, les symboles et la taille des régions représentées sur les cartes communiquent une signification sociale. Ils éduquent de manière subtile mais puissante les gens, des écoliers aux dirigeants mondiaux, sur ce qui compte véritablement.
L’intérêt récent du président américain Donald Trump pour l’achat du Groenland par les États-Unis, invoquant sa grande taille, a probablement été influencé par la distorsion cartographique. La projection de Mercator montre le Groenland comme ayant presque la même taille que l’Afrique, alors qu’en réalité, l’Afrique est environ 14 fois plus grande.
D’autres projections permettent de représenter plus fidèlement la taille réelle des continents. Certaines projections sont plus adaptées que d’autres à cette tâche spécifique ; par exemple, la projection de Gall-Peters a été utilisée dans le passé comme alternative à la projection de Mercator.
La carotgraphie comme outil de domination
La cartographie a été un puissant outil de domination tout au long de l’histoire de l’Afrique. Les topographes et les géomètres ont participé à la conquête et à la colonisation de l’Afrique par les Européens, accompagnant régulièrement les expéditions militaires. Les cartographes européens ont présenté l’Afrique comme un paysage à exploiter en peuplant les cartes de routes commerciales, de ressources et d’espaces vierges prêts à être développés, tout en ignorant souvent les traditions cartographiques et les connaissances géographiques des Africains indigènes.
La Conférence de Berlin de 1885, où les puissances européennes se sont réunies sans aucune représentation africaine, marque l’un des paroxysmes de cette approriation cratographique et coloniale et du partage du continent.
La projection de Mercator s’accompagne d’autres types de récits occidentaux, que l’on retrouve dans la culture populaire, les médias et les cercles diplomatiques – qui ont stéréotypé, dégradé et sous-estimé la place de l’Afrique dans le monde.
Dans cette optique, le débat public sur la projection de Mercator peut être interprété non seulement comme une question d’exactitude visuelle d’une carte, mais aussi comme une question de restauration de la dignité et de l’autonomie.
Pourquoi il est difficile de changer la carte du monde?
Il ne sera pas facile d’apporter des changements.
Tout d’abord, la production de cartes mondiales n’est pas régie par une seule autorité. Même si les Nations unies adoptaient la projection Equal Earth, les cartes du monde pourraient toujours être dessinées selon d’autres projections. Les cartographes sont fréquemment chargés de mettre à jour les cartes du monde afin de refléter les changements de noms et de frontières. Mais ces changements ne sont pas toujours rapidement acceptés.
Par exemple, les cartographes ont modifié les cartes du monde en anglais après que la République tchèque a adopté le nom « Czechia » comme nom anglais en 2016. Si cette modification n’a pas été difficile à réaliser, elle a été plus difficile à faire accepter.
L’image mentale que l’on se fait du monde se renforce dès le plus jeune âge. Les effets du passage à la projection Equal Earth pourraient mettre des années à se concrétiser. Les efforts précédents visant à abandonner la projection de Mercator, comme ceux des écoles publiques de Boston en 2017, ont contrarié les cartographes et les parents.
Compte tenu des objectifs plus larges de l’Union africaine, soutenir la projection Equal Earth est la première étape pour inciter la communauté internationale à voir le monde de manière plus équitable et à redéfinir la façon dont le monde valorise l’Afrique. Mobiliser le soutien social en faveur de la nouvelle projection par le biais d’ateliers avec des éducateurs, d’actions diplomatiques, de forums avec des éditeurs de manuels scolaires, des journalistes et des entreprises partenaires africaines pourrait contribuer à éloigner le monde de la projection de Mercator dans son usage quotidien.
Le simple fait de passer à la projection Equal Earth ne suffira pas à effacer des siècles de représentations déformées ni à garantir des relations mondiales plus équitables. Mais c’est un pas vers le rétablissement de la visibilité légitime de l’Afrique sur la scène mondiale.
The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Très tôt, à l’école, on apprend à compter et à maîtriser des concepts mathématiques parfois complexes. Est-on pour autant capable, dans la pratique, de comprendre des notions élémentaires en finance ou de s’orienter dans l’offre bancaire ? La mise en place d’une éducation spécifique à ces questions n’est-elle pas un enjeu d’égalité ?
Selon la Banque de France, 41 % des Français estiment ne pas disposer d’informations suffisamment fiables et neutres pour gérer efficacement leur budget, 69 % jugent leurs connaissances moyennes ou faibles sur les questions financières et 80 % considèrent qu’une éducation financière est nécessaire à l’école.
Depuis 2016, à l’instar de 70 autres pays, la France s’est dotée d’une stratégie nationale d’éducation économique, budgétaire et financière (Educfi). Concrètement, chaque année, une semaine de sensibilisation est organisée à l’échelle internationale par l’OCDE, et la Banque de France en est le relais français.
Dans les collèges, le passeport Educfi s’adresse aux élèves de quatrième, SEGPA, troisième, prépa-métiers et voie professionnelle. Mais face aux défis de notre société, ces dispositifs sont-ils suffisants ?
Qu’est-ce que l’éducation financière ?
L’éducation financière, (également appelée littératie financière), consiste à savoir gérer son budget, comprendre ce qu’implique un crédit, adopter les bons réflexes contre les arnaques, maîtriser la sécurité de ses moyens de paiement, optimiser son épargne et ses investissements et, cela, tout au long de sa vie.
En 2023, sur la base des connaissances financières, de la relation à l’argent et du comportement face aux situations pratiques, la culture des Français de plus de 18 ans était estimée à 12,45/20 par une enquête de l’institut CSA. 64 % des 15-17 ans se déclarent intéressés pour mieux comprendre ce qu’est un placement, une assurance, un crédit, un moyen de paiement.
Les Scandinaves ont la meilleure culture financière, suivis par les pays anglo-saxons. Dans les écoles suédoises et norvégiennes, la finance est intégrée dans les cours de mathématiques et de sciences sociales où les écoliers apprennent à gérer un budget, à comparer des crédits, à consommer de façon responsable. La littératie financière fait partie intégrante des programmes nationaux.
Finalement, les jeunes ayant reçu une éducation financière sont significativement moins susceptibles d’accumuler des dettes à la consommation à l’entrée dans la vie adulte. En outre, l’éducation financière développe l’esprit critique : savoir comparer une offre de prêt, comprendre les frais cachés, ou mesurer les conséquences d’un investissement.
L’éducation financière peut être un facteur de lutte contre les inégalités. En effet, de nombreuses irrationalités dans le comportement des épargnants peuvent s’expliquer par le manque d’éducation financière. Par exemple, les enfants issus de milieux modestes sont les plus exposés à une méconnaissance des outils financiers.
L’école peut jouer un rôle compensateur et une généralisation de l’éducation financière permettrait de rompre ce cycle de transmission de méconnaissance économique. 71 % des personnes dont les parents avaient des difficultés financières durant leur adolescence déclarent quand ils sont adultes être toujours en difficulté financière, contre 51 % de celles dont les parents étaient financièrement à l’aise.
Bien que le surendettement concerne moins de personnes aujourd’hui (42 % de baisse depuis 2014), les plus vulnérables (femmes, familles monoparentales, et personnes à bas revenus) sont plus durement touchés. Les ménages mieux formés économiquement amortissent mieux les chocs de crise, comme l’a montré la pandémie de Covid-19. La résilience financière (c’est-à-dire la capacité à trouver, dans un délai d’un mois, une somme d’argent correspondant à 5 % du revenu national brut) est de 79 % des adultes dans les pays à hauts revenus. Une plus grande littératie financière améliore cette résilience des ménages, mesurée avec des variations de liquidité avant/après un choc macroéconomique.
Une éducation difficile à mettre en place ?
Au sein des pays de l’OCDE, la France est souvent présentée comme en retard dans l’intégration de l’éducation financière à l’école. Cela peut s’expliquer par des programmes déjà très chargés qui ne laissent pas de place à de nouvelles matières. L’éducation financière est également souvent jugée comme secondaire par rapport aux fondamentaux (mathématiques, français, sciences) et certains enseignants craignent une « financiarisation » de l’école. Cependant, certains experts plaident pour une matière dédiée, quand d’autres estiment que l’éducation financière peut être intégrée à des disciplines existantes (mathématiques, économie, EMC).
Se pose également la question des acteurs légitimes, autrement dit : qui doit enseigner l’éducation financière ? Les enseignants, déjà très sollicités, manquent de formation spécifique et se sentent peu légitimes pour aborder des notions financières. En outre, l’intervention d’organismes financiers privés soulève des soupçons de conflits d’intérêt.
Éric Le Fur ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Trump ou Orban, sont-ils des autocrates ? Ils manipulent, intimident, affaiblissent les contre-pouvoirs, mais ils n’ont pas recours au meurtre ou à l’emprisonnement de leurs opposants. Nanzeeba Ibnat/iStock/Getty Images Plus
Les autocrates contemporains sont passés maîtres dans l’art de la manipulation des médias et de l’opinion. Ils évitent la répression brutale ou la violence ouverte et préservent les apparences de la démocratie – tout en la vidant de sa substance.
Les critiques du président Donald Trump l’accusent souvent de nourrir des ambitions despotiques. Des journalistes et des universitaires ont établi des parallèles entre son style de leadership et celui de dirigeants autoritaires à l’étranger. Certains démocrates avertissent que les États-Unis glissent vers l’autocratie – un système au sein duquel un dirigeant détient un pouvoir sans limite.
D’autres rétorquent que qualifier Trump d’autocrate est exagéré.
Mais les autocrates modernes ne ressemblent pas toujours à leurs prédécesseurs du XXe siècle. Ils ont une image soignée, évitent la violence ouverte et parlent le langage de la démocratie. Ils portent des costumes, organisent des élections et prétendent être porte-paroles de la volonté du peuple. Plutôt que de terroriser leurs citoyens, beaucoup utilisent le contrôle des médias et de la communication pour influencer l’opinion publique et promouvoir des récits nationalistes. Nombre d’entre eux accèdent au pouvoir, non pas par des coups d’État militaires, mais par les urnes.
Le « soft power » des autocrates contemporains
Au début des années 2000, le politologue Andreas Schedler a forgé le terme « d’autoritarisme électoral » pour décrire des régimes qui organisent des élections sans réelle compétition. Les chercheurs Steven Levitsky et Lucan Way utilisent une autre expression, celle « d’autoritarisme compétitif », pour désigner des systèmes dans lesquels des partis d’opposition existent, mais où les dirigeants les affaiblissent par la censure, par la fraude électorale ou par diverses manipulations juridiques.
Ces dirigeants ne s’appuient pas sur la répression violente. Ils entretiennent plutôt l’illusion qu’ils sont compétents, qu’ils respectent les principes démocratiques et qu’ils défendent la nation – la protégeant de menaces étrangères ou d’ennemis intérieurs qui chercheraient à saper sa culture ou à voler sa richesse.
Le premier ministre hongrois Viktor Orban illustre bien cette approche. Il a d’abord exercé le pouvoir de 1998 à 2002, puis est revenu sur le devant de la scène en 2010, avant de remporter trois autres élections – en 2014, en 2018 et en 2022 – à l’issue de campagnes que des observateurs internationaux ont qualifiées « de menaçantes et de xénophobes ».
Orban a conservé les structures formelles de la démocratie – tribunaux, Parlement et élections régulières –, mais les a systématiquement vidées de leur substance.
Au cours de ses deux premières années de mandat, il n’a nommé que des fidèles à la Cour constitutionnelle, dont le pouvoir est de vérifier la constitutionnalité des lois. Il a contraint des juges à quitter leurs fonctions en imposant un âge de retraite plus bas et il a réécrit la Constitution afin de limiter le champ d’action de leur contrôle judiciaire. Il a également renforcé le contrôle du gouvernement sur les médias indépendants.
Orban a également pris pour cible des associations d’avocats et des universités. L’université d’Europe centrale, enregistrée à la fois à Budapest et aux États-Unis, symbolisait autrefois la nouvelle Hongrie démocratique. Mais une loi sanctionnant les institutions accréditées à l’étranger l’a contrainte à déménager à Vienne (Autriche) en 2020.
Pourtant, Orban a, dans l’ensemble, évité le recours à la violence. Les journalistes sont harcelés plutôt qu’emprisonnés ou tués. Les critiques sont discréditées, mais elles ne sont pas interdites. Le pouvoir d’attraction du premier ministre hongrois repose sur un récit selon lequel son pays serait assiégé – par les immigrés, par les élites libérales et par les influences étrangères –, lui seul étant capable de défendre la souveraineté et l’identité chrétienne du pays. Ce discours trouve un écho très fort chez les électeurs âgés, ruraux et conservateurs, même s’il fait figure de repoussoir chez les populations urbaines et plus jeunes.
Tournant mondial pour les autocrates
Au cours des dernières décennies, des variantes de la dictature de la manipulation sont apparues à Singapour, en Malaisie, au Kazakhstan, en Russie, en Équateur et au Venezuela. Des dirigeants, comme Hugo Chávez et le jeune Vladimir Poutine, ont consolidé leur pouvoir et marginalisé l’opposition en usant d’une violence limitée.
Les données confirment cette tendance. À partir de rapports sur les droits humains, de sources historiques et de médias locaux, mon collègue Sergueï Gouriev et moi-même avons constaté que l’incidence mondiale des assassinats politiques et des emprisonnements par des autocrates avait fortement diminué des années 1980 aux années 2010.
On peut légitimement se demander la question du pourquoi. Dans un monde interconnecté, la répression ouverte a un coût. Attaquer journalistes et dissidents peut inciter des gouvernements étrangers à imposer des sanctions économiques et dissuader les entreprises internationales d’y investir leurs fonds. Restreindre la liberté d’expression risque aussi d’étouffer l’innovation scientifique et technologique ; une ressource dont même les autocrates ont besoin dans les économies modernes fondées sur la connaissance.
Cependant, lors d’épisodes de crise, même les dictateurs de la manipulation reviennent souvent à des tactiques plus traditionnelles. En Russie, Poutine a violemment réprimé les manifestants et emprisonné des opposants politiques. Parallèlement, des régimes plus brutaux, comme ceux de la Corée du Nord et de la Chine, continuent de gouverner par la peur, combinant incarcérations massives et technologies avancées de surveillance.
Mais, dans l’ensemble, c’est la manipulation qui remplace la terreur.
Les États-Unis sont-ils encore une démocratie ?
Je m’accorde avec la plupart des analystes pour dire que les États-Unis restent une démocratie.
Son admiration pour des hommes forts, tels que Poutine, Xi Jinping en Chine et Nayib Bukele au Salvador, inquiète les observateurs. Dans le même temps, Trump dénigre régulièrement ses alliés démocratiques et les institutions internationales telles que les Nations unies et l’Otan.
Certains analystes affirment que la démocratie dépend du comportement de ses politiciens. Mais un système qui ne survit que si les dirigeants choisissent de respecter les règles n’est pas un véritable système résilient.
Ce qui compte le plus, c’est de savoir si la presse, la justice, les organisations à but non lucratif, les associations professionnelles, les églises, les syndicats, les universités et les citoyens disposent du pouvoir – et de la volonté – de tenir les dirigeants responsables de leurs actes.
Le premier ministre hongrois Viktor Orban, à Madrid, le 8 février 2025. Thomas Coex/AFP
Préserver la démocratie aux États-Unis
Les riches démocraties, comme celles des États-Unis, du Canada ou de nombreux pays d’Europe de l’Ouest, bénéficient d’institutions solides – journaux, universités, tribunaux et associations – qui servent de contre-pouvoirs.
Ces institutions aident à expliquer pourquoi des populistes, tels que Silvio Berlusconi en Italie ou Benyamin Nétanyahou en Israël, bien qu’accusés de contourner les règles électorales et de menacer l’indépendance judiciaire, n’ont pas démantelé les démocraties de leurs pays.
Aux États-Unis, la Constitution offre une protection supplémentaire. La modifier exige une majorité des deux tiers dans les deux chambres du Congrès ainsi que la ratification par les trois quarts des États – un obstacle bien plus élevé qu’en Hongrie, où Orban n’a eu besoin que d’une majorité des deux tiers au parlement pour réécrire la Constitution.
Bien sûr, même la Constitution des États-Unis peut être affaiblie si un président défie la Cour suprême. Mais un tel geste risquerait de déclencher une crise constitutionnelle et de lui aliéner des soutiens clés.
Cela ne signifie pas que la démocratie américaine soit à l’abri de tout danger. Mais ses fondations institutionnelles sont plus anciennes, plus solides et plus décentralisées que celles de nombreuses démocraties récentes. Sa structure fédérale, grâce à ses multiples juridictions et ses possibilités de veto, rend difficile la domination d’un seul dirigeant.
Cependant, la montée en puissance de dictatures de la manipulation doit nous interpeller. Partout dans le monde, des autocrates ont appris à contrôler leurs citoyens par des simulacres de démocratie. Comprendre leurs techniques pourrait aider les Américains à préserver la véritable démocratie.
Daniel Treisman ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Source: The Conversation – France (in French) – By Stéphanie Parmentier, Chargée d’enseignement à Aix-Marseille Université (amU), docteure qualifiée en littérature française et en SIC et professeure documentaliste. Chercheuse rattachée à l’IMSIC et au CIELAM, Aix-Marseille Université (AMU)
Les textes auto-édités créés, tout ou partie, par une IA générative relèvent-ils encore de la littérature ?Amanz/Unsplash, CC BY
L’auto-édition est présente de longue date dans le monde du livre, même si beaucoup ont vu en elle un phénomène marginal. Voici pourtant que cette pratique solitaire rencontre un succès jamais atteint dans le passé. Les plateformes d’auto-édition avaient déjà facilité et accéléré la possibilité de se publier en toute autonomie, mais, par leur simplicité et leur rapidité, les intelligences artificielles génératives permettent désormais de générer un livre en quelques clics.
L’auto-édition a toujours séduit de nombreux auteurs ; des écrivains célèbres comme Marcel Pagnol, Claire Bretécher et, plus récemment, Riad Sattouf, Joël Dicker ou l’influenceuse Léna Situations y ont eu recours pour maîtriser toutes les étapes de fabrication de leurs ouvrages. Inspirés par ces exemples, de nombreux auteurs amateurs se sont tournés vers l’autoédition. Le phénomène est loin d’être confidentiel puisqu’en 2022, les ouvrages en auto-édition représentaient presque un tiers des dépôts à la Bibliothèque nationale de France
Cet univers éditorial lentement sécrété par des auteurs indépendants, devenus au fil des ans de véritables entrepreneurs éditoriaux, a été chamboulé par l’arrivée des IA génératives. Capables d’intervenir à toutes les étapes de la création d’un ouvrage, allant de la trame à la couverture, en passant par l’écriture, la correction voire la traduction, ces outils permettent aux auteurs auto-édités de gagner du temps et de réduire les coûts de fabrication.
L’immixtion des IA dans l’univers de l’édition sans éditeur semble de ce fait renforcer et accélérer la logique de l’auto-édition, notamment celle prônée par Amazon, pour inciter à produire des contenus de façon régulière, le plus rapidement possible, avec le moins de moyens humains. Dans cette acception, utiliser les IA génératives peut être considéré comme l’adaptation et l’évolution naturelles de l’auto-édition. Toutefois distinguer les contenus générés par l’IA ou seulement retravaillés à l’aide de l’IA semble nécessaire.
Comment savoir si un livre a été écrit par l’IA ?
S’il n’est pas toujours évident d’identifier les publications générées par IA, certaines spécificités littéraires et éditoriales peuvent alerter des lecteurs avertis. Les textes auto-édités créés, en tout ou en partie, par une IA affichent le plus souvent un même format : ils sont courts et dépassent rarement la centaine de pages. Les récits sont souvent superficiels et les actions y sont largement prévisibles.
La traduction d’un ouvrage en plusieurs langues sans même la révision par un professionnel est aussi un élément révélateur de machines textuelles.
La qualité littéraire n’est pas le seul marqueur indiquant la présence d’une IA : la faiblesse voire l’absence d’éléments biographiques sur l’auteur est susceptible de dissimuler la présence massive de textes algorithmiques. Sur KDP, la section À propos de permettant à un auteur de se présenter est souvent vide lorsqu’il s’agit d’un livre généré quasi totalement par IA. Dans ce cas de figure, le recours à des pseudonymes est courant et facilement identifiable puisqu’une recherche plus approfondie sur Internet ne confirme généralement pas l’existence de l’auteur.
La fréquence de publication de certains auteurs, capables d’écrire et de publier plusieurs livres en une seule journée devrait également attirer l’attention. Une telle cadence d’écriture est peu probable pour un auteur humain, surtout lorsqu’il s’agit d’un auto-édité, seul à gérer toutes les étapes de publication.
Enfin, ces ouvrages sont souvent très peu commentés et appréciés par les lecteurs dont la clairvoyance littéraire devient un excellent détecteur de productions d’IA. À l’inverse, trop de commentaires élogieux et uniformes peuvent également trahir une intervention artificielle.
Fictions codifiées et tropes narratifs, un modèle littéraire idéal pour les IA
Camille Emmanuelle, autrice de plus d’une douzaine de romances érotiques, confirme dans un témoignage que, « pour une IA, créer revient à formater, et que formater se résume à façonner des textes selon des données d’apprentissage largement recyclées. » Cette multiplication des récits générés par des IA n’est pas sans conséquences. Au-delà de produire des textes standardisés et uniformes, renforcé par une « consanguinité de l’IA », l’exercice littéraire risque surtout de se réduire à une structure de type « thèmes et variations », empruntée au domaine musical. Un même argument, soumis à des scripts presque jumeaux, produit des récits à peine enrichis. Ce processus génère inévitablement une modélisation de l’écriture, révélant une forme d’eugénisme littéraire fondée sur la simplicité, la banalité et l’insipidité.
Quel avenir pour l’auto-édition ?
Devant une production littéraire née sous IA, comment va régir la « communauté biblio-numérique » ? c’est-à-dire les lecteurs, les auteurs, les fans et les influenceurs des plateformes interactives. S’emparera-t-elle de ces histoires artificielles sans distinction, ou les considérera-t-elle comme une simple sous-catégorie de l’écriture humaine ?
Quoi qu’il en soit, la seule restriction des textes générés par IA proposée par Amazon ne garantit pas une protection durable contre « l’IA-modélisation de l’auto-édition ». En plus d’engorger la plateforme d’auto-édition KDP, cette situation pourrait détourner les lecteurs vers d’autres horizons numériques et nuire à la carrière patiemment construite d’auteurs auto-édités. Pour se démarquer de telles machines textuelles, ces passionnés du livre et de l’écriture devront continuer à valoriser leur savoir-faire, à souligner leur expérience éditoriale et surtout à jouer la transparence quant à la nature humaine de leur travail textuel et éditorial. À moins qu’Amazon, comme YouTube en juillet 2025, choisisse de démonétiser les contenus non authentiques pour freiner leur prolifération.
Utilisée avec discernement, les robots conversationnels peuvent aider les auteurs auto-édités à gagner du temps. Or, au-delà d’un certain seuil, ces outils pourraient devenir toxiques et contaminer l’image globale de l’édition sans éditeur.
Faut-il par conséquent encadrer l’utilisation de l’IA dans l’autoédition ? Une telle mesure risquerait de rompre avec le principe d’indépendance revendiqué par les auteurs auto-édités… Pourtant, intégrer des chatbots dans le processus de création littéraire indépendante, n’est-ce pas aussi instaurer une forme de co-édition, où l’auteur partage avec une machine son autonomie ?
Stéphanie Parmentier ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Portrait d’Octavia Hill, par le peintre John Singer Sargent ; couverture de _Homes of the London Poor_ ; panorama du lac de Thirlmere, près de Manchester. Domaine public/archive.org/Mick Knapton , CC BY
En pleine révolution industrielle, la Britannique Octavia Hill s’est battue pour que les plus pauvres aient accès à une nature non détériorée, pour que les villes se végétalisent, et contre la pollution atmosphérique urbaine.
« Rendre aux hommes […] un ciel bleu, une terre pure, une eau limpide, une herbe verte. » Les mots sont simples, mais l’ambition est grande. Ce fut celle d’Octavia Hill, née en 1838 dans le Cambridgeshire (Angleterre), qui sera l’une des principales activistes environnementales de son temps, jusqu’à son décès, en 1912, à Londres. Plus d’un siècle après sa mort, cette nécessité élémentaire d’un écosystème sain pour protéger les plus pauvres reste plus que jamais d’actualité : l’association Toxic Tour Detox 93 rappelle, par exemple, que les bordures de l’autoroute A1, en plein Saint-Denis (Seine-Saint-Denis), enregistrent les taux de pollution atmosphérique les plus élevés d’Île-de-France.
Vitrail commémoratif, consacré à Octavia Hill, de l’église de Crockham Hill (Kent, au sud-est de Londres). tristan forward/geograph.org.uk, CC BY
Cet idéal d’un environnement sain pour tous continue lui de rayonner au sein du National Trust, principale association de protection du patrimoine historique et naturel britannique dont Hill est l’une des fondatrices. Quand le ciel est bleu, justement, on peut voir irradier sa silhouette sur le vitrail installé en sa mémoire par le National Trust dans la petite église de Holy Trinity, à Crockham Hill (Kent), où elle est enterrée. On y voit, d’un côté, une ville dense, sans espace, aux arrière-cours étouffantes, et, de l’autre, un parc, une forêt suggérée, un soleil resplendissant, rappelant ainsi habilement le combat mené toute sa vie contre les conditions de vie insalubres des plus pauvres.
Car, pour Octavia Hill, tout part de l’engagement social qui lui a été transmis par son grand-père maternel, Thomas Southwood Smith (1788-1861), médecin et réformateur sanitaire, et de sa mère, théoricienne de l’éducation qui associe ses filles à sa Lady’s Guild, en 1852, un atelier coopératif mis en place pour venir en aide aux jeunes femmes sans qualification. Octavia y découvre la réalité sordide des quartiers miséreux de Londres. Elle rencontre aussi nombre d’intellectuels, dont John Ruskin (1819-1900), une figure marquante pour les défenseurs de l’environnement de son temps.
Au milieu des années 1860, Ruskin donne à la jeune femme la possibilité de réaliser son rêve : acheter des maisons, les rénover et les louer à des ouvriers en leur apprenant à les tenir convenablement. Le succès est réel, et Hill développe son action philanthropique avec le soutien croissant de l’establishment victorien, jusqu’aux princesses royales. Elle devient ainsi une personnalité en vue, dotée d’un solide réseau qu’elle va mettre au service de la cause environnementale dès 1875.
Protéger la nature pour les pauvres
Octavia décide alors de rejoindre la Commons Preservation Society (CPS), fondée une dizaine d’années plus tôt pour empêcher la privatisation des communaux autour de Londres et pour en préserver l’accès pour l’ensemble de la population, notamment citadine. Elle en intègre rapidement le comité de direction et finit par être chargée d’une des branches les plus actives de la société, le Kent and Surrey Footpath Committee.
Parallèlement, elle fonde en 1876, avec sa sœur Miranda, la Kyrle Society (Société pour la diffusion de la beauté), qui comprend, à partir de 1879, une section consacrée aux espaces verts. Cet intitulé est révélateur : c’est bien une approche qu’on peut qualifier de « sentimentale » qu’adopte Hill. Elle n’encourage pas à la protection d’une nature ordinaire, vivrière ni même, évidemment, à celle d’un écosystème. C’est plutôt une nature esthétisée et pourvoyeuse d’un bien-être physique et spirituel qu’elle défend. S’y adjoint aussi l’attachement à un patrimoine naturel, hérité de siècles d’aménagement de la terre anglaise – dans la droite ligne d’un mouvement européen en plein essor au tournant du XXe siècle. Elle exprime ces conceptions dans d’innombrables écrits, et particulièrement dans Our Common Land, qu’elle publie en 1877, au titre significatif. Les communaux devraient être propriété pleine et entière du peuple anglais… Il s’agit donc de protéger une certaine nature, mais aussi d’en développer la présence au sein des villes.
Au cœur des combats environnementaux victoriens
Ces objectifs trouvent à s’exprimer de différentes manières. À travers la Kyrle Society, Octavia Hill organise des concours de fleurs, encourage au fleurissement des terrains autour des maisons ouvrières, dresse, avec ses consœurs, des guides de randonnées du Kent et du Surrey et, plus généralement, organise régulièrement des sorties dans des parcs ou à la campagne pour ses locataires.
En 1876, elle joue un rôle central dans la première grande controverse environnementale qui secoue l’Angleterre et qui prend une dimension nationale. Cette année-là, la ville de Manchester se propose d’acheter le lac de Thirlmere, dans le Lake District, et de le transformer en réservoir pour sa population. L’émoi est immense parmi les défenseurs de l’environnement : il semblait inconcevable que le berceau de la révolution industrielle s’en prenne à une région devenue l’un des symboles de la vieille Angleterre rurale en voie de disparition. Les « Sentimentaux » mènent donc le combat, et, pour la première fois, s’allient. En effet, c’est à cette occasion sans doute que Hill collabore pour la première fois avec deux figures majeures de ce mouvement : Sir Robert Hunter (1844-1913), avocat de la CPS, devenu célèbre depuis qu’il a obtenu, en 1874, la protection de la forêt d’Epping, à l’est de Londres ; et le chanoine Hardwicke Rawnsley, figure éminente du Lake District dont il ne cessera de défendre l’intégrité.
La lutte s’achève par un échec : le réservoir est construit. Mais cet échec permettra aux défenseurs de l’environnement d’apprendre à affiner leurs arguments et surtout le débat aura été porté sur la place publique et jusqu’au Parlement, qui contraint finalement Manchester à modifier aussi peu que possible un paysage jugé « de valeur nationale ». C’est en « Lady of the Lake » qu’Octavia Hill est désormais présentée dans certains dessins de presse. Même si, en 1877, du fait de son épuisement physique et de déconvenues sentimentales et amicales, elle doit s’éloigner des mois durant du combat pour reprendre des forces, elle est désormais une figure centrale du mouvement de défense de la nature.
Au plan législatif, Octovia Hill contribue de manière décisive à l’adoption, en 1884, d’une loi interdisant la vente de cimetières désaffectés à des fins de construction : elle espère ainsi les transformer en petits jardins, ce qu’elle avait déjà fait avec ceux de St-George’s-in-the-East et de Drury Lane.
Le National Trust, un aboutissement fédérateur
On peut ainsi voir la création du National Trust, en 1895, comme l’aboutissement de cette action. Cette association voit le jour à l’initiative de Hill, Hunter et Rawnsley, afin de préserver des lieux d’intérêt historique ou de beauté naturelle.
Il s’agit bien ici d’une nature patrimoniale, héritage ancestral, capable de pallier partiellement certains des maux de la civilisation industrielle. Dès le milieu des années 1870, Octavia Hill espérait fonder une association capable de fédérer les combats environnementaux – la Kyrle Society devait ainsi supplanter la CPS par ses ambitions plus grandes. Il est remarquable de constater que Hill a toujours étendu son champ d’action, considérant que le bien-être des ouvriers dépendait justement de la prise en compte de tous les facteurs pouvant les affecter. De la qualité de leurs logements, elle est ainsi passée à leur environnement quotidien, puis aux espaces naturels qui devaient leur être accessibles.
C’est ainsi qu’il faut comprendre également son rôle dans la fondation d’un comité contre la pollution atmosphérique londonienne (Fog and Smoke Committee) en 1880 : comment vouloir apporter de la beauté et de la nature aux plus pauvres dans une ville étouffée par la fumée ? Là encore, elle fait œuvre pionnière, en contribuant à unir les mouvements de lutte contre la pollution et de défense de la nature qui avaient tendance à rester séparés.
Toujours, elle a agi avec pragmatisme : sa rupture spectaculaire et douloureuse avec Ruskin, en 1877, se joue précisément sur l’enjeu, central aujourd’hui encore, des méthodes et des fins de la lutte environnementale : faut-il, comme le défend Hill avec succès (le National Trust est l’un des principaux propriétaires terriens d’Angleterre), privilégier des mesures concrètes, qui améliorent directement le sort de la population et sont acceptables par une majorité ? ou, si l’on suit Ruskin, attaquer le problème à la racine, au risque de se heurter à l’incompréhension et l’échec ?
Charles-Francois Mathis ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Source: The Conversation – France in French (3) – By Baudouin Long, Docteur en sociologie de l’université Paris-1 Panthéon Sorbonne, chercheur associé à l’UMR développement et sociétés, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne
Depuis plusieurs années, l’Égypte – qui a récemment annoncé que le Hamas avait accepté une proposition de cessez-le-feu négociée au Caire – joue un rôle d’intermédiaire dans le conflit à Gaza. Seul pays arabe partageant une frontière avec l’enclave palestinienne, l’Égypte poursuit des objectifs stratégiques combinant enjeux sécuritaires et contraintes domestiques – des objectifs mis sous tension par la politique expansionniste d’Israël. Faute de solution diplomatique, la situation à Gaza pourrait avoir des conséquences imprévisibles pour le régime d’Abdel Fattah Al-Sissi, dont les options, face à son opinion publique, restent limitées pour éviter l’accusation d’indifférence et masquer son impuissance face à Tel-Aviv.
Le 18 août dernier, l’annonce d’un cessez-le-feu accepté par le Hamas, négocié au Caire sur les bases d’un plan des États-Unis, a mis en lumière le rôle de médiateur tenu par les autorités égyptiennes dans la guerre menée par Israël à Gaza.
Ce rôle demeure essentiel, même si l’action du Qatar a souvent été plus médiatisée, du fait de la proximité de l’émirat avec le Hamas.
Un rôle clé et historique de médiateur
Sans remonter à la création de l’Organisation de libération de la Palestine (OLP) ni aux accords de paix égypto-israéliens de 1979, Le Caire est de longue date un acteur incontournable du conflit israélo-palestinien grâce à sa capacité de négociation entre Israël et les Palestiniens. L’Égypte de Hosni Moubarak (1981-2011) a joué un rôle majeur dans la plupart des accords conclus entre l’OLP et Israël après Oslo (1993) et a été active pour maintenir un canal de discussion avec Israël pendant la seconde Intifada (2000-2005).
Le président égyptien Anouar El-Sadate, le premier ministre israélien Menahem Begin et le président des États-Unis Jimmy Carter, après la signature de l’accord de paix de Camp David en 1979. Israel Defense Forces
Après la victoire du Hamas aux législatives palestiniennes de 2006 et la prise de Gaza en 2007 par ce dernier, l’Égypte intervient dans les négociations bilatérales aussi bien entre le Hamas et le Fatah qu’entre le Hamas et Israël, lors des conflits de 2008-2009, de 2012, de 2014 et de 2021, dont les victimes sont majoritairement des civils.
L’accession au pouvoir d’Abdel Fattah Al-Sissi en 2014, après le renversement du président Mohamed Morsi (2013), issu des Frères musulmans, suscite des tensions avec le Hamas, proche du mouvement islamiste. Des ajustements ont été nécessaires, mais les services de renseignement égyptiens ont maintenu une liaison discrète avec le Hamas et ont continué à exercer des missions de médiation avec Israël ou avec l’Autorité palestinienne de Mahmoud Abbas.
Depuis le 7 octobre 2023, aux côtés du Qatar et des États-Unis (seul acteur à même de faire pression sur Israël), l’Égypte est à nouveau au cœur des négociations, que celles-ci se déroulent à Doha ou au Caire. Un premier accord sous le parrainage des trois États avait été trouvé en janvier 2025. Préalablement, en décembre 2024, l’Égypte avait négocié un accord entre le Fatah et le Hamas pour ériger une administration autonome à l’issue de la guerre.
Une ligne rouge face à l’expansionnisme israélien ?
Au cours des derniers jours, face à la politique expansionniste d’Israël, l’Égypte a multiplié les déclarations sur la situation de Gaza. Les autorités du Caire se sont dites favorables à la mise en place d’une force d’interposition internationale mandatée par l’ONU, tout en démentant la rumeur selon laquelle elles auraient proposé un transfert des armes du Hamas vers l’Égypte.
À Rafah (Égypte), dans une interview à CNN, le ministre des affaires étrangères Badr Abdelatty a réaffirmé le rejet d’un déplacement massif des Palestiniens, ce qu’il a qualifié de « ligne rouge ».
Plus tôt, le président Al-Sissi avait franchi un cap rhétorique en dénonçant une « guerre de famine et de génocide » et réitéré son refus de tout projet de déplacement. L’Égypte soutient par ailleurs la plainte sud-africaine devant la Cour internationale de justice pour violation de la Convention sur le génocide, sans rejoindre les parties prenantes.
Ces déclarations interviennent dans un double contexte de blocage des négociations et d’accélération des opérations israéliennes, avec, à la clé, des ambitions territoriales israéliennes qui pourraient signifier la fin de toute possibilité d’une solution à deux États et un déplacement massif de population en dehors de Palestine, en particulier vers l’Égypte.
Le cessez-le-feu négocié au Caire par des médiateurs égyptiens et qatariens reprenait dans les grandes lignes le plan de l’envoyé spécial de Donald Trump, Steve Witkoff, et traduit donc une réelle avancée par rapport à la situation début juin, quand les États-Unis avaient refusé, conjointement avec Israël, la proposition formulée par le Hamas pour mettre en œuvre une trêve. Une avancée qui, pour autant, ne se traduit pas par un déblocage : une semaine plus tard, Israël n’a pas encore répondu à la proposition des négociateurs.
L’annonce du cessez-le-feu accepté par le Hamas intervient en outre alors que le cabinet de sécurité israélien a validé, le 8 août, un plan visant à prendre le contrôle de Gaza et que l’ONU, après plusieurs alertes, a déclaré l’état de famine dans la bande de Gaza. Les différentes déclarations égyptiennes font aussi écho à la vision d’un « Grand Israël » récemment mise en avant par Benyamin Nétanyahou et qui renvoie aux frontières bibliques d’Israël incluant des territoires actuellement jordaniens, libanais et syriens, ainsi qu’une partie du Sinaï.
L’idée de déplacer la population palestinienne en dehors de Gaza n’est pas nouvelle même si elle était plutôt marginale jusqu’à présent. Dernièrement, Nétanyahou a publiquement envisagé de délocaliser les Gazaouis dans les pays arabes ou en Afrique (des tractations en ce sens ont été évoquées plusieurs fois).
Le Sinaï, un enjeu sécuritaire clé pour l’Égypte
L’Égypte, qui partage avec l’enclave palestinienne une frontière de 14 kilomètres, le « couloir de Philadelphie », est également un acteur sécuritaire parce qu’elle joue un rôle clé, presque au sens propre, dans le blocus exercé par Israël sur la bande de Gaza (à la fois en ce qui concerne son maintien et/ou son allègement).
À cet égard, l’Égypte d’Abdel Fattah Al-Sissi n’est pas épargnée par les critiques qui dénoncent son inaction alors que, de l’autre côté de la frontière, la guerre menée par Israël s’apparente de plus en plus à une épuration ethnique, sinon à un génocide.
Les griefs sont nombreux et concernent notamment le blocage des ravitaillements au passage de Rafah en territoire palestinien, le traitement sécuritaire réservé aux réfugiés gazaouis – environ 100 000 Palestiniens ont trouvé refuge en Égypte depuis le début de la guerre, en payant des frais élevés à la compagnie Hala, qui s’est spécialisée dans la « coordination » du passage de Rafah – ou encore la gestion sécuritaire des manifestations pro-Gaza, au Caire comme dans le Sinaï.
Rappelons que l’Égypte a administré Gaza de 1948 à 1967, avant que la bande tombe sous contrôle israélien. Depuis, la posture du Caire vis-à-vis de Gaza a toujours été profondément influencée par la situation au Sinaï, grande zone désertique où se trouve la frontière entre l’Égypte et Gaza.
Occupé par Israël en 1967 à l’issue de la guerre des Six-Jours (en même temps, donc, que la bande de Gaza), le Sinaï a été récupéré par l’Égypte en 1982. Territoire sous-développé et sous-doté en infrastructures, le Sinaï est, depuis des décennies, une zone de trafics entre l’Égypte, Israël et Gaza.
Après 2011, un mouvement djihadiste local, rallié en 2014 à l’État islamique, y a prospéré, avant d’être progressivement endigué par l’armée égyptienne au terme d’une « sale guerre » qui a fait plusieurs milliers de victimes (plus de 3 200 morts parmi les forces de sécurité, le nombre de victimes civiles n’étant pas connu). Sissi a proclamé la victoire en 2023, les opérations ayant pris fin entre 2019 et 2020.
Pour Le Caire, la gestion de Gaza est avant tout sécuritaire. Il s’agit de contenir les trafics, d’empêcher l’infiltration de groupes armés plus radicaux que le Hamas, dont le plus actif est le Djihad islamique, et d’éviter un afflux de réfugiés palestiniens, du fait de son incapacité logistique à organiser un tel accueil. Au-delà de la question logistique, les dirigeants égyptiens redoutent une situation qui se transformerait en état de fait. Ils ont à l’esprit les précédents libanais et jordanien, où l’installation de réfugiés palestiniens a débouché sur les événements de Septembre noir au royaume hachémite et sur la guerre civile au Pays du cèdre.
Cette position est ancienne&. En 2008 déjà, l’entrée par la force de milliers de Palestiniens dans le Sinaï avait été perçue comme une transgression de la souveraineté nationale, dont la répétition est à éviter « à tout prix ».
Israël, qui s’est retiré de Gaza en 2005, a repris le contrôle du couloir de Philadelphie en mai 2024. Les médias égyptiens, reprenant les éléments de langage du gouvernement, mettent en avant les convois humanitaires envoyés depuis l’Égypte : plus de 45 000 camions, soit 70 % de l’aide humanitaire, auraient ainsi ravitaillé Gaza depuis octobre 2023 (sachant que le passage ne peut se faire qu’avec l’accord d’Israël et à ses conditions en termes de sécurité).
Il se traduit par des actions diplomatiques mais, depuis 2008, chaque guerre israélienne à Gaza met en lumière la portée limitée de l’engagement égyptien. Or, pour Sissi, cet engagement comporte des contraintes domestiques. La situation désespérée des Gazaouis trouve un large écho en Égypte comme dans toute la région et suscite un fort sentiment de solidarité.
Ici aussi, le gouvernement égyptien est pris dans ses contradictions. Pour bon nombre d’Égyptiens, le Hamas n’est pas tant un mouvement terroriste qu’un mouvement de résistance à Israël : d’ailleurs, même Le Caire ne l’a pas classé comme organisation terroriste, contrairement aux Frères musulmans égyptiens.
D’un côté, les autorités égyptiennes répriment toute manifestation qu’elles n’organisent pas elles-mêmes et qui pourrait remettre en cause le régime. Une méfiance à l’égard de la rue qui renvoie à l’importance des mobilisations de soutien aux Palestiniens dans la trajectoire militante qui a conduit à la révolution de 2011. D’un autre côté, le président et le gouvernement doivent prendre en compte la sensibilité de l’opinion publique et montrer qu’ils ne sont pas impuissants. À cet égard, accepter le déplacement des Palestiniens dans le Sinaï ferait d’eux des complices aux yeux des Égyptiens.
Quoi qu’il en soit, le rôle de l’Égypte paraît difficilement pouvoir aller au-delà d’une aide humanitaire et des négociations diplomatiques. La paix avec Israël demeure un pilier de la politique étrangère égyptienne. Le Caire ne mettra pas en danger sa relation bilatérale avec Israël au point de menacer d’entrer en conflit armé avec ce dernier.
Pas uniquement pour des raisons économiques, ou parce qu’une partie des approvisionnements en gaz de l’Égypte dépend d’Israël – même si ceux-ci peuvent représenter un levier. Sur beaucoup d’aspects, l’alliance avec Israël est cruciale pour Sissi : au-delà du soutien qu’a pu lui apporter Nétanyahou en plaidant sa cause à Washington après le putsch contre Morsi (2013), l’État hébreu est un partenaire économique, mais également un partenaire sécuritaire pour lutter contre les groupes djihadistes encore présents dans le Sinaï. Si des lignes rouges sont énoncées, aucune réelle menace n’a été proférée.
Pour autant, des rumeurs émanant de sources gouvernementales avaient circulé en février 2024 : elles évoquaient la menace d’une suspension du traité de paix en cas d’invasion israélienne de Rafah. Las, les troupes israéliennes occupent la zone frontalière depuis le mois de mai 2024 sans que l’Égypte n’ait réagi autrement que verbalement. Il semble en particulier exclu que l’armée égyptienne puisse être mobilisée pour s’interposer en dehors d’un cadre onusien et sans l’accord d’Israël.
La diplomatie pour ne paraître ni indifférent ni impuissant ?
On comprendra, dès lors, que les déclarations récentes de l’Égypte s’inscrivent dans une politique de long terme et n’indiquent pas un changement de ligne. La politique expansionniste d’Israël met en tension les objectifs stratégiques de l’Égypte : l’établissement d’un État palestinien dans le cadre d’une solution à deux États, la préservation de la souveraineté de l’Égypte dans le Sinaï et de sa sécurité, et, enfin, l’adhésion de l’opinion publique égyptienne.
Alors qu’Israël a répondu à l’annonce du Caire par la mobilisation de 60 000 réservistes pour exécuter son projet d’occupation de Gaza, la question de la soutenabilité de la posture d’équilibriste se pose et expose Le Caire à la réalité. Seul, le régime de Sissi ne peut rien contre Israël.
S’il est peu probable que le président égyptien prenne le risque de s’opposer militairement, il semble alors condamné à paraître indifférent ou impuissant. Une humiliation sur le dossier gazaoui pourrait coûter cher en interne à l’autocrate et avoir des conséquences dramatiques pour la région. Ne reste alors à l’Égypte que la voie diplomatique pour sortir de l’ornière. D’abord négocier un cessez-le-feu et ensuite parvenir à une issue alternative à l’occupation israélienne de Gaza. Cette dernière pourrait nécessiter un retour de l’Égypte dans la bande de Gaza. Mais l’Égypte est-elle vraiment prête à prendre sa part dans une solution à Gaza au-delà des négociations diplomatiques ?
Baudouin Long ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.