¿Está mi hijo hablando con un pederasta mientras juega en Roblox?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Abellán Hernández, Profesora de Comunicación, Universidad de Murcia

La plataforma de videojuegos Roblox ha generado problemas de acoso sexual a menores. Roblox.

Las nuevas generaciones, especialmente los alfas –nacidos entre 2010 y 2024-2025–, socializan de manera diferente. Los videojuegos con un alto nivel de interacción son clave para las relaciones de estas generaciones digitales. Uno de los espacios con mayor interacción entre estos jóvenes es Roblox.

En este metaverso, aproximadamente el 60 % de los usuarios tienen entre 9 y 16 años. Y, con más de 80 millones de usuarios globales, solo en España, es el espacio digital preferido de los niños con edades comprendidas entre los 4 y 15 años. Esto lo convierte en un entorno especialmente sensible al acoso y la pederastia. En un momento de gran relevancia de las plataformas multijugador, ¿puede la inteligencia artificial garantizar interacciones saludables entre usuarios?

¿Qué es Roblox y qué problemas expone?

Roblox es una plataforma multijugador en que sus usuarios pueden crear objetos, construcciones, escenarios, personajes… Desde parkour a mazmorras, Roblox ofrece infinidad de posibilidades lúdicas amenizadas por interacciones entre pares. Sin embargo, esta plataforma ha sido noticia recientemente, por los peligros que acechan, más que por su posible valor para fomentar la diversidad y la creatividad.

Roblox es un “ecosistema online” donde los usuarios crean libremente experiencias en forma de minijuegos. Pero sus herramientas ofrecen también la posibilidad de crear entornos inseguros. Si no se regula adecuadamente, los contenidos inadecuados pueden ser consumidos por menores.

Por ejemplo, incluye juegos de condominio o condos, donde el contenido sexual se explicita mostrando avatares desnudos o simulando que practican sexo. Los condos consiguen eludir los sistemas de control de la plataforma porque son difundidos en otros espacios como Discord o TikTok. Además, habitualmente proponen entrar en casitas (condominio) con habitaciones y piscinas donde se esconde el alto contenido sexual.

Condos: el lado oscuro

El problema de los condos es que pueden ser espacios donde los depredadores sexuales acechen a los menores. Recientemente, el YouTuber Schelp –que ya había sido víctima de acoso en la plataforma– ha sido bloqueado en Roblox, a pesar de su lucha contra los depredadores sexuales en la plataforma.

El usuario de Roblox y YouTuber Schelp explica su batalla contra la pederastia en la plataforma.

Según Roblox, Schelp violó su política de privacidad al hacerse pasar por menor, invitando a los presuntos depredadores a otras plataformas. De esta manera, podía tener conversaciones sexualmente explícitas con ellos y dejarlos expuestos. Exactamente, la misma estrategia de interacción que estos emplean en Roblox.

El fenómeno del grooming

Allá donde haya jóvenes sin control aparente, pueden surgir riesgos de grooming o acoso online por parte de pederastas. La práctica del grooming consiste en que el adulto interactúa con el menor ganando su confianza. Entonces, le solicita imágenes, vídeos o interacciones sexuales que pueden llegar a encuentros físicos.

Aunque parece algo aislado, el fenómeno es más recurrente de lo que se piensa. Datos internacionales revelan que los acosadores (groomers) suelen ser personas socialmente adaptadas, con edad entre los 28 y 35 años. El impacto psicológico del grooming entre sus víctimas lo convierte en uno de los mayores riesgos que las plataformas encaran.

Control parental e inteligencia artificial

La mayoría de los juegos como Roblox tienen controles parentales que permiten limitar el chat con desconocidos. Pero esto no implica que se puede erradicar el riesgo al 100 %. Sin embargo, la empresa propietaria de la plataforma encuentra en estas fórmulas una manera de escabullir su responsabilidad. Es cierto que, si se siguen las recomendaciones de ciberseguridad, se puede disfrutar sin peligros. Más importante incluso es la alfabetización digital de menores y sus padres y educadores, para aprender a identificar y actuar ante los riesgos del grooming.

Otra herramienta que podría ser útil es la inteligencia artificial como aliada en la lucha contra el grooming. Ya existen aplicaciones con modelos de procesamiento del lenguaje y aprendizaje profundo que identifican expresiones de odio en redes sociales y en otros ámbitos digitales como medios de comunicación. En este sentido, destacan el proyecto HATEMEDIA, de la Universidad Internacional de La Rioja, y el trabajo del grupo SINAI, de la Universidad de Jaén, que se enfoca específicamente en expresiones ofensivas en X.

Bots vigilantes

Por otro lado, el avance en integración de modelos de aprendizaje automático en entornos de juego sugiere que los NPC –del inglés Non Player Character, personajes virtuales que actúan movidos por un sistema de inteligencia artificial– podrían servir para identificar prácticas inadecuadas. Esto ya ocurre en Alien: Isolation, donde el personaje del Xenomorfo “aprende” del comportamiento del jugador.

Por su parte, Meta anunció que incorporará su modelo de IA, Llama, a los NPC en su metaverso, Horizon Worlds. Y NVIDIA está trabajando en un desarrollo similar a partir del concepto de ‘Neo-NPC’. Esto nos llevará a hacernos nuevas preguntas: ¿cómo diferenciar si un avatar es una IA o un usuario humano? ¿Qué nivel de libre albedrío tendrán estos bots generativos en su integración con avatares virtuales? ¿Puede la IA integrada en bots y NPC ser una aliada para frenar el acoso en el mundo digital?

Mientras, Mo Gawdat, ex directivo de Google, vaticina que entramos en un período distópico que durará hasta 2027. Cuando la IA se haga con el control total de internet, las empresas desarrolladoras de estas plataformas estarán obligadas a un mayor grado de compromiso y responsabilidad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Está mi hijo hablando con un pederasta mientras juega en Roblox? – https://theconversation.com/esta-mi-hijo-hablando-con-un-pederasta-mientras-juega-en-roblox-264600

Pérdida de visión y audición: la ‘pinza’ que precipita el deterioro de la salud en la vejez

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Humberto Yévenes Briones, Profesor en la Facultad de Medicina. Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública y Microbiología., Universidad Autónoma de Madrid

La discapacidad visual y la pérdida de audición son las dos limitaciones sensoriales más comunes en el mundo. Se estima que más de 2 200 millones de personas presentan algún grado de de la primera, mientras que más de 1 300 millones viven con pérdida de audición discapacitante. Son cifras que además, según las proyecciones, seguirán aumentando en los próximos años.

Al impacto en la calidad de vida hay que sumar el enorme costo social y económico que acarrean, pues limitan la participación plena en la educación, el empleo y la vida comunitaria.

Pero más allá de las dificultades cotidianas que generan, tanto la pérdida de visión como de audición parecen tener un efecto profundo sobre la salud general. Así, un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en colaboración con la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Harvard, acabamos de demostrar que cuando ambas limitaciones sensoriales se combinan, el riesgo de sufrir el síndrome de fragilidad se duplica.

La lenta gestación de un síndrome debilitante

La fragilidad es un síndrome geriátrico caracterizado por una pérdida progresiva de energía, fuerza y capacidad de adaptación. Sus consecuencias son graves: hospitalizaciones más largas, mayor dependencia en las actividades diarias, riesgo de caídas y una mortalidad prematura. A todo ello se añaden importantes costes para las familias y el sistema sanitario.

En los últimos años, la investigación ha mostrado que este deterioro no surge de un día para otro, sino que se va gestando a lo largo de la vida adulta. Por eso resulta clave identificar factores de riesgo tempranos.

De hecho, la fragilidad se asocia con múltiples desencadenantes, que abarcan dimensiones biológicas, sociales y de estilo de vida: la edad avanzada, el bajo índice de masa corporal, tener sexo femenino, la desnutrición, los niveles reducidos de vitamina D, la polifarmacia (el consumo de múltiples medicamentos simultáneamente), el tabaquismo, el consumo de alcohol, la inactividad física, la soledad… Pero, hasta el momento, los factores sensoriales no habían sido estudiados en detalle.

Lo que revela el estudio

Nuestro trabajo, publicado en la revista Aging and Disease, analizó datos de 105 406 personas de entre 39 y 72 años de la base de datos británica UK Biobank. La visión se evaluó con pruebas de agudeza visual, y la audición, mediante un test de reconocimiento de dígitos en ruido.

Los resultados fueron claros:

• La pérdida de visión aumentó en un 50 % la probabilidad de sufrir fragilidad.

• La pérdida auditiva elevó ese riesgo en un 30 % (para casos leves) y hasta un 80 % (para los más graves).

• Pero la combinación de ambas discapacidades sensoriales duplicó el riesgo frente a quienes no presentaban ninguna.

Más allá de los números: ¿por qué ocurre esto?

Mientras que la pérdida de visión limita la movilidad y aumenta el riesgo de caídas, la de audición dificulta la comunicación y puede favorecer la soledad. Ambas reducen la actividad física y la vida social, dos pilares fundamentales para un envejecimiento saludable.

Además, la relación apunta a posibles mecanismos biológicos comunes, como la inflamación crónica y la disfunción celular, procesos que también están detrás del envejecimiento acelerado.

¿Qué podemos hacer?

La evaluación de la visión y la audición puede ser una herramienta clave para detectar a las personas con mayor riesgo de fragilidad antes de que esta se manifieste clínicamente.

El mensaje es claro: no debemos resignarnos a la pérdida sensorial como un destino inevitable. Revisiones periódicas, el uso de gafas o audífonos cuando son necesarios y el fomento de la actividad física y social pueden marcar la diferencia.

Se necesitan más estudios longitudinales y ensayos clínicos para confirmar esta relación y diseñar intervenciones preventivas, pero lo que ya sabemos invita a replantear la forma de abordar el envejecimiento: no basta con tratar enfermedades, hay que cuidar también de nuestros sentidos.

Por ello, es necesario impulsar investigaciones poblacionales de mayor calidad que incorporen medidas objetivas tanto de audición como de visión. Asimismo, resulta clave incluir la participación de especialistas en epidemiología, salud pública y políticas públicas. Como sociedad, debemos fortalecer la investigación y la defensa de políticas que mejoren el acceso y la equidad en la atención, especialmente en el ámbito de la discapacidad visual y auditiva.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Pérdida de visión y audición: la ‘pinza’ que precipita el deterioro de la salud en la vejez – https://theconversation.com/perdida-de-vision-y-audicion-la-pinza-que-precipita-el-deterioro-de-la-salud-en-la-vejez-265000

El uso consciente de la tecnología nos abre las puertas del aprendizaje y la creatividad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Mar Grandío Pérez, Profesora Titular de Universidad, Universidad de Murcia

En un contexto social donde la tecnología corre más rápido que nosotros, es importante saber qué hacer con ella para sacarle el máximo partido en nuestras vidas. Los últimos datos de consumo digital recabados por el Instituto Nacional de Estadística confirman el uso intensivo y generalizado de la tecnología por parte de la población española, consolidando su presencia en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana, tanto a nivel personal en el hogar como a nivel social como herramienta comunicativa.

Datos recientes de nuestro estudio sobre bienestar digital con la Universidad Europea del Bienestar (EUNIWELL) corroboran esta tendencia de consumo intensivo también en Europa.

La tecnología facilita la vida de la población adulta europea en muchas facetas, tanto en el trabajo (con una percepción de mayor productividad y facilidad para la conciliación personal) como en el ámbito de las relaciones sociales. Sin embargo, también hemos observado efectos adversos como fatiga tecnológica, dificultad de desconexión o desconfianza hacia ciertos contenidos digitales, entre ellos los producidos por inteligencia artificial generativa.

Tecnología para desplegar la mejor versión de nosotros mismos

Utilizar la tecnología con un propósito consciente nos permite aprovecharla para nuestro desarrollo personal e integral. No se trata sólo de estar o no conectado, sino de que esa conexión, cuando sea necesaria, sea consciente y significativa para nosotros. De esta manera, cuidamos nuestro equilibrio personal, nuestras relaciones laborales y educativas o nuestras relaciones sociales. Utilizada de este modo, la tecnología nos ayuda a aprender, a cuidarnos y, por qué no, a desplegar la mejor versión de nosotros mismos.

Por ejemplo, realizar una videollamada con nuestros seres queridos o leer la prensa digital por la mañana puede considerarse un uso consciente y saludable de la tecnología, ya que nos permite afianzar lazos familiares o estar bien informados.

En contraste, un consumo no consciente se manifiesta cuando tomamos el móvil sin un motivo claro, como un tic inconsciente o por miedo a perdernos algo, fenómeno conocido como FOMO (por las siglas en inglés de Fear Of Missing Out: miedo a perderse algo).




Leer más:
Tecnoestrés, fatiga informática y el derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral


Este tipo de comportamiento está relacionado con las interrupciones tecnológicas diarias, que son distracciones frecuentes en nuestras acciones diarias provocadas por el uso constante de dispositivos digitales a lo largo del día. Estas interrupciones pueden afectar negativamente nuestra productividad, concentración, comunicación, bienestar general e incluso las relaciones sociales.

De esta manera, cuando nuestras conexiones tienen un momento y un propósito claro, dejamos de consumir de manera automática. Recuperamos las riendas de nuestro consumo tecnológico, nuestra consciencia deja de estar en “piloto automático” y estamos menos expuestos a la fatiga o la desconfianza. Podemos, así, sacar el máximo partido de la tecnología para nuestra autorrealización.




Leer más:
Cada vez más personas buscan formarse durante toda la vida


En esta línea, las tecnologías pueden apoyar un aprendizaje formal en instituciones educativas y a través de cursos online. Pero resultan especialmente interesantes para aquellos que, aún no formando parte de una comunidad educativa reglada, las quieren utilizar de manera autodidacta para mejorar su formación personal. Rompiendo barreras geográficas y dejándose llevar por la cultura de la curiosidad, el autodidacta busca, practica y aprende.

El primer ejemplo de autoaprendizaje tecnológico lo vemos en el movimiento fandom. Los fans fueron los primeros en crear productos artísticos y culturales a partir de libros o películas, pero observamos ahora cómo esta práctica está muy extendida. Los booktubers y booktokers, por ejemplo, aprenden a hablar en público y a realizar análisis literarios de sus libros favoritos mientras manejan las redes sociales.

En YouTube también podemos ver ensayos audiovisuales o remezclas donde de manera autodidacta –jóvenes y no tan jóvenes– editan vídeos al mismo tiempo que ofrecen una aproximación crítica a la cultura popular.

El acceso al conocimiento experto se ha democratizado

Además, la tecnología nos puede ofrecer un aprendizaje para toda una vida, lleno de significado, que podamos compartir con aquellos que coinciden en nuestra pasión o motivación particular, aunque estén al otro lado del planeta, o especialmente por eso.

El acceso al conocimiento experto se ha democratizado: existen vídeos, pódcasts o newsletters que nos permiten ahondar en nuestros intereses y hobbies, en aquello que queremos aprender. De hecho, muchas grandes universidades como Harvard o el MIT ofrecen cursos gratuitos sobre multitud de temas. Es importante aquí saber elegir bien las fuentes, que sean autorizadas en cada materia. No guiarnos tanto por influencers, sino por personas que han logrado el reconocimiento de una comunidad y después un seguimiento masivo, y no al revés.




Leer más:
Jóvenes y adolescentes en redes sociales: ¿consumidores o creadores?


La inteligencia artificial generativa también ofrece interesantes posibilidades de autoaprendizaje, así como de creación de contenido. A través de numerosas plataformas podemos resolver dudas al instante sobre cualquier cuestión. La IA nos permite, además, generar contenido digital como música o vídeos, o aprender un idioma con programas que simulan diálogos naturales y que nos ofrecen feedback instantáneo.

A diferencia de un buscador tradicional, que ofrece una lista de enlaces cuando se le hace una pregunta, la IA elabora una respuesta concreta con toda la información que encuentra disponible en internet indicando las fuentes de la información utilizadas. Esta transparencia en cuanto a las fuentes no garantiza la fiabilidad total de la información; por ejemplo, que esté actualizada. Sigue siendo fundamental desarrollar un pensamiento crítico al interpretar los contenidos generados por la IA.

Los niños tienen una actitud más crítica hacia la IA que los adultos

El fuerte impulso que la inteligencia artificial está dando a la educación autodidacta plantea también un gran reto: comprender su impacto en los procesos cognitivos y en la creatividad humana. En este sentido, recientes datos de The Alan Turing Institute revelan cómo los niños entre 9 y 12 años presentan una aproximación crítica más aguda hacia la IA que los adultos, incluyendo la consciencia sobre la posibilidad de errores y los sesgos en las decisiones algorítmicas.

Este dato sugiere que, cuando los niños entran en contacto con la inteligencia artificial desde edades tempranas, la pueden incorporar de forma natural en su manera de aproximarse al mundo y, en lugar de aceptarla pasivamente, tienden a cuestionar los resultados que les ofrecen. Esta actitud crítica es menor en adultos, que al mostrar una mayor confianza en la tecnología pueden ver reducida su capacidad para detectar errores o limitaciones.

De ahí la importancia de una educación específica en inteligencia artificial, lo que hoy se conoce como IA Literacy, tanto en edades tempranas como en adultos. Quienes aprendan a comprender, utilizar y relacionarse de forma crítica con la IA aprovecharán mejor sus posibilidades para el aprendizaje autónomo y el desarrollo integral como personas.

Sería interesante, por tanto, en aras del fomento del autoaprendizaje y el uso tecnológico hacia el bienestar, no acotar las posibilidades de los más jóvenes contando las horas que utilizan pantallas, sino centrarnos principalmente en que las usen de forma consciente y con un propósito claro para su autoconocimiento y crecimiento personal.

Tal vez así pongamos fin a muchos de los problemas que tiene la tecnología utilizada en modo automático.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

María del Mar Grandío Pérez colabora con TELOS, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. El uso consciente de la tecnología nos abre las puertas del aprendizaje y la creatividad – https://theconversation.com/el-uso-consciente-de-la-tecnologia-nos-abre-las-puertas-del-aprendizaje-y-la-creatividad-264802

Cinco trucos basados en la ciencia para mantener los propósitos de comienzo de curso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Melendo Viñado, Personal Docente e Investigador en Educación, Universidad Camilo José Cela

shutterstock nicimbikije/Shutterstock

Para muchos, la vuelta de las vacaciones de verano, en septiembre en el hemisferio norte y en marzo en el sur, es el verdadero momento de “año nuevo”. Más que una simple vuelta al calendario, representa el regreso a la rutina tras una etapa de desconexión.

Durante el verano, las ciudades se vacían, cambian el ritmo y durante unos meses todo se vive de otra manera. Por eso, cuando llega la vuelta a las tareas habituales, nuestro cerebro hace clic. Con este clic nos referimos a una reactivación de la planificación, la organización, toma de decisiones y autocontrol, funciones ejecutivas clave en nuestro cerebro que se activan en momentos así.

¿Cómo se exterioriza esta activación? Con la necesidad de hacer listas de propósitos, apuntarnos a nuevas aventuras, descubrir nuevos hobbies, retomar la relación de amor-odio por el gimnasio, poner el despertador más pronto para tener esos diez minutos de meditación que dicen que van tan bien, y un largo etc. ¿Suena familiar? Muy parecido a los propósitos que hacemos 31 de diciembre y que tanto cuesta mantener.




Leer más:
Por qué nos cuesta tanto cumplir los buenos propósitos de Año Nuevo


En este artículo explico cinco claves con base psicológica para aprovechar esa activación del cerebro para retomar o dar comienzo a nuevas rutinas.

1. Anclaje de hábitos

El anclaje de hábitos es una de las técnicas más efectivas para materializar nuestras buenas intenciones de forma sencilla y sostenible. Como propone el escritor James Clear en su libro Hábitos atómicos, se trata de vincular un nuevo hábito a uno que ya existe en nuestro día a día.

Veamos un ejemplo práctico: después de servirnos un café cada mañana, escribimos una lista con todas las tareas que queremos realizar durante el día, organizándolas por orden de prioridad. Aprovechamos la red neuronal ya existente de hábitos automáticos (como es ese café o te tan necesario cada mañana) para estructurar mentalmente la jornada y priorizar las tareas del día. Asociando una acción a la otra, reducimos la resistencia natural que nuestro cerebro presenta frente a los cambios.

2. Exigencia o compromiso público o social

Lo que los angloparlantes llaman “accountability” es una manera de obligarnos a rendir cuentas de lo que hemos prometido hacer. Hacer público un objetivo o compartirlo con otra persona aumenta significativamente la probabilidad de cumplirlo.

Veamos un ejemplo práctico: dos amigas deciden apuntarse a una media maratón. Ninguna de las dos tiene experiencia previa corriendo largas distancias, así que comienzan de cero. Su exigencia o compromiso social será compartir cada día la distancia recorrida, una captura de pantalla de la aplicación de running o una foto tras la carrera con un café y una tostada. Este compromiso compartido hace menos probable el abandono del proyecto.

3. Condicionamiento operante

También conocido como refuerzo positivo, el condicionamiento operante está basado en las teorías del psicólogo Burrhus Frederic Skinner. Es una técnica de modificación de la conducta que consiste en añadir una recompensa inmediata y significativa después de un comportamiento deseado. De esta manera, nos aseguramos de que el comportamiento se repita.

Veamos un ejemplo práctico: nos apuntamos a clases de inglés porque nos lo exige la empresa, pero la realidad es que detestamos el inglés: nos aburre, nos frustra y no nos motiva en absoluto. Pero, justo al salir de clase se publica un nuevo episodio del podcast de las Kardashian (y obvio que usan frases que acabamos de aprender en clase).

El episodio dura exactamente lo mismo que el trayecto a casa andando, así que la vuelta a casa se hace más llevadera y cada vez entendemos más el contexto, “you know…” Es decir, reforzamos el comportamiento deseado con una recompensa inmediata.

Lo mismo ocurre si nos damos el premio de ver un episodio de nuestra serie favorita cada vez que completamos un tema de examen. Aumentan las ganas de repetir ese hábito productivo.

4. Implementación de intenciones

La psicóloga alemana Gabriele Oettingen y su colega Peter Gollwitzer han impulsado y desarrollado este concepto. Consiste en especificar con precisión cuándo, dónde y cómo realizaremos una actividad concreta.

Supongamos que queremos comenzar a meditar como rutina diaria, pero no sabemos cómo hacerlo ni cuándo. Aplicando la técnica de implementación de intenciones establecemos que cada mañana, justo después de tomarnos el café, nos sentaremos junto a la ventana y meditaremos cinco minutos usando una app de meditación guiada los primeros días, hasta que sea un hábito. Así establecemos cuándo –después del café por la mañana–, dónde –en la silla junto a la ventana– y cómo –con una app de meditación guiada. La planificación de la actividad transforma la idea vaga en un plan específico y concreto.

5. Monitoreo y autorregistro

Esta técnica consiste en hacer un seguimiento consciente de un comportamiento. Viene de la psicología conductual y cognitivo-conductual cuyos impulsores, B. F. Skinner y Donald Meichenbaum, defienden que la conducta puede ser modificada eficazmente usando refuerzos positivos o negativos.

Sabemos que la mayoría de los días, entre el trabajo, el cansancio, otros hobbies y compromisos, no nos da tiempo de caminar tanto como quisierámos. Nos proponemos una meta diaria de 12 000 pasos y realizamos un autoregistro para automotivarnos. Entonces, podemos comenzar poniendo una alarma un poco más temprano por las mañanas, para salir de casa antes y caminar hasta una parada de autobús más lejana o ir parcialmente andando al trabajo.

Como siguiente paso, podemos fijar un recordatorio en el móvil para caminar después de cenar, tan solo 15 minutos diarios (cifra que podremos ir aumentando). Utilizando una app para registrar el número de pasos diarios, podemos incluso recibir una notificación cuando lleguemos a la meta deseada. Este seguimiento ayuda a concienciarnos y motivarnos generar conciencia y motivación.

De intención a hábito

Septiembre no es solo el regreso a la rutina, sino una oportunidad perfecta para reactivar nuestra planificación, compromiso y motivación. Ya sea con la lista de tareas después del café, compartiendo el selfie postcarrera, aficionándonos a las series en versión original, haciendo yoga o andando 12 000 pasos al día.

Tenemos a nuestro alcance herramientas científicamente respaldadas para construir la vida que deseamos. Lo importante es empezar, porque el cambio comienza con un pequeño paso y tu cerebro está listo para acompañarte en el camino.

The Conversation

Ana María Melendo Viñado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cinco trucos basados en la ciencia para mantener los propósitos de comienzo de curso – https://theconversation.com/cinco-trucos-basados-en-la-ciencia-para-mantener-los-propositos-de-comienzo-de-curso-264819

Los grandes desafíos de la gestión forestal en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Díaz Balteiro, Catedrático de Ordenación de Montes y Valoración Agraria, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Monte del Pinar de Almorox (Toledo). Luis Díaz Balteiro

Las trágicas noticias sobre los incendios que han asolado España en este verano han traído multitud de reflexiones y comentarios. En muchos de ellos se señalaba a la gestión forestal sostenible como un potencial freno a esta lacra. Pero ¿se conocen realmente los fundamentos y el contexto de lo que constituye la gestión forestal?

Desde los albores de la humanidad, hemos gestionado los bosques de acuerdo con sus objetivos y necesidades. Y tras muchos siglos y civilizaciones, esto nos ha llevado a la situación actual, donde tenemos en España unos montes que, en su inmensa mayoría, han sufrido la constante acción del hombre.

Entender primero cómo funcionan los sistemas forestales

Los sistemas forestales se caracterizan por ser un medio complejo, frágil, con ciclos vegetativos amplios. Además, proporcionan un amplio número de servicios ecosistémicos a la sociedad (beneficios que los ecosistemas nos ofrecen de forma gratuita), aunque con una rentabilidad comercial escasa.

Por otro lado, con independencia del caso considerado, ya sea un bosque, un cambio de uso de la tierra o la situación después de un incendio, los sistemas forestales necesitan planificar las actuaciones a realizar tanto en el tiempo (los horizontes pueden superar fácilmente la vida humana) como en el espacio. Y, como cualquier proyecto de ingeniería, están sujetas a una componente económica.




Leer más:
Incendios en España: ¿por qué ahora? ¿Por qué allí?


En España sólo el 23,6 % de la superficie forestal presenta un plan de gestión, con diferencias apreciables entre las distintas comunidades autónomas. Sin embargo, es preciso recordar que más del 70 % de dicha superficie es privada y que, en muchas ocasiones, estas extensiones no alcanzan unas dimensiones mínimas que justifiquen un documento de planificación.

¿Qué define y caracteriza a la gestión forestal?

Forest Management, un libro norteamericano que es referente sobre el tema, menciona que “la gestión forestal implica el uso de los bosques para cumplir los objetivos del propietario y de la sociedad”. Este uso debe cumplir una condición básica: la persistencia del sistema forestal. Es decir, la planificación debe asegurar que la superficie forestal que se está explotando en la actualidad permanezca cubierta de árboles en el futuro.

La definición anterior engloba el término “sostenible”, ya que, aunque mucha gente lo desconoce, este concepto fue definido por primera vez en 1713 en un contexto forestal. Es decir, la gestión se plantea siempre como sostenible, atendiendo a los tres pilares clásicos del concepto: ecológico, económico y social, así como a los distintos servicios ecosistémicos ofertados por cada monte.

Requisitos administrativos para la ordenación de montes

La gestión forestal u ordenación de montes se manifiesta en España a través de un documento técnico donde se plantean decisiones a corto, medio y plazo. Esta planificación a nivel monte la realizan los técnicos forestales según diferentes normativas autonómicas, y los requisitos de cada documento de gestión varían según ciertas características, como el tamaño de la propiedad.

Con el fin de lograr resultados, se debe asegurar que se implemente lo planificado y que exista una supervisión en el futuro, con ciertas revisiones periódicas que permitan corregir situaciones no previstas o, simplemente, cambios en los objetivos iniciales de la gestión.

En este plan se proponen los trabajos a seguir en los próximos años, como pueden ser las intervenciones que se van a ejecutar con el fin, por ejemplo, de repoblar alguna zona o definir el momento en que se va a cortar la masa, lo que se conoce como el turno forestal. También se incluye el método de ordenación propuesto, y todas estas decisiones deben estar justificadas desde el punto de vista técnico y sujetas a revisiones constantes.

Por otro lado, existe una figura específica que aborda la gestión a un nivel más agregado que el de la propiedad, que es el comarcal. Se trata de los Planes de Ordenación de Recursos Forestales, con un éxito dispar desde su implantación entre provincias, y que podrían marcar pautas para promover una gestión a nivel de paisaje.




Leer más:
Estrategias de gestión forestal para adaptar el paisaje a un mundo más cálido y proclive a los incendios


Factores que una buena gestión forestal no debe pasar por alto

Además de la importancia de la selvicultura, el arte del cuidado de los bosques
con el fin de obtener una diversidad de bienes y servicios, conviene resaltar la necesidad de disponer de valoraciones de los diferentes servicios ecosistémicos presentes en cada monte.

Estas valoraciones no se pueden ceñir sólo a la producción de madera, sino que disponer de estimaciones homogéneas de aspectos como el carbono, la conservación de la biodiversidad, recreo, etc. son de gran ayuda para una correcta toma de decisiones.

Existen muchos actores o grupos sociales que se van a ver influenciados por las medidas que se propongan, sobre todo en montes de titularidad pública. Por eso resulta muy recomendable que dichas medidas recojan, en la medida de lo posible, sus demandas. Sin embargo, conviene resaltar que no existe ningún método aceptado universalmente para agregar las preferencias de dichos grupos sociales.




Leer más:
Los propietarios de terrenos forestales, los grandes olvidados en los mercados de carbono


Grandes desafíos ante escenarios complejos

La planificación forestal se vuelve imprescindible si se piensa que la edad de los sistemas forestales puede exceder, con facilidad, la vida media humana. Y conlleva una visión multidisciplinar, desde abordar el mayor número de servicios ecosistémicos posibles hasta recopilar múltiples informaciones necesarias para una correcta toma de decisiones. Al mismo tiempo debe ser flexible para responder a escenarios cambiantes, como el cambio climático, plagas, etc.

Todo lo anterior acarrea grandes desafíos. Además de los ya mencionados, el técnico rara vez puede ver los resultados de las medidas propuestas, y, como resulta fácil suponer, los objetivos de la propiedad y de la sociedad se pueden modificar en el tiempo. Por eso, no existe un método universal de gestión forestal que se pueda aplicar a todos los montes de España.

Son los técnicos forestales quienes deben diseñar la planificación en cada caso, atendiendo, entre otras cuestiones, las características de cada monte en particular, tal como ejerce un médico su trabajo: no hay una praxis homogénea y universal para todos los pacientes.

The Conversation

Luis Díaz Balteiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los grandes desafíos de la gestión forestal en España – https://theconversation.com/los-grandes-desafios-de-la-gestion-forestal-en-espana-264099

Can Charlie Kirk really be considered a ‘martyr’? A Christianity historian explains

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Jonathan L. Zecher, Associate Professor, Institute for Religion and Critical Inquiry, Australian Catholic University

Charlie Kirk: white nationalist, conservative Christian, right-wing social media personality, shooting victim, and now, a “martyr”. That is, according to his supporters.

Since Kirk’s death last week, a number of his followers from the Christian right have ascribed him the title of “martyr”. President Donald Trump himself called Kirk a “martyr for truth and freedom”.

Similarly, Rob McCoy, a pastor emeritus from California, said at a Sunday morning church service

Today, we celebrate the life of Charlie Kirk, a 31-year-old God-fearing Christian man, a husband, father of two, a patriot, a civil rights activist, and now a Christian martyr.

Looking back at the history of martyrdom offers insight into what it means for Kirk to be hailed a martyr, both for his memory, and for the future of the United States.

From witness to criminal to witness again

The term martyr emerged in ancient law courts with the Greek word martus, meaning a witness or person who gives testimony.

From their earliest days, Christians appropriated it to refer to those who testified to the gospel of Jesus Christ. The gospel of Luke even concludes with Jesus telling his disciples: “You are witnesses – martyres – of these things” (Luke 24:48).

Early Christians regularly ran afoul of Roman authorities, and were brought to court as criminals. The charges generally revolved around questionable loyalty to the Roman state and religion. Could someone worship Jesus and also offer sacrifice to the traditional gods, including the emperor or his divine spirit (his “genius”)?

Christians and Romans alike thought not. From the 2nd century onward, accounts of these trials centred on a single question: “are you a Christian?”. If the answer was “yes”, execution followed.

For local authorities, the executed person was a criminal. But for fellow Christians, they were witnesses to the truth of the gospel, and their deaths were evidence of the Christian God. They were both witness and testimony – “martyrs” in every sense.

In 2004, scholar of early Christianity, Elizabeth Castelli, argued martyrs are born only after their death. The martyr isn’t a fact, but a figure produced by the stories told about them, and the honour afforded them in ritual commemorations. A person isn’t a martyr until other people within a specific community decide they are.

To understand what makes someone a martyr, we have to ask two questions:

  1. what are they a witness to? As in, what ideal or cause led to their death and how did their death testify to it?

  2. who are they a witness for? Who tells their story and who calls them a martyr?

Boundaries and borderline cases

The history of martyrdom is also a history of debates over what kind of death “counts”, and what role martyrs play in the church.

Questionable cases have accumulated through the decades. Some “martyrs” volunteered eagerly, perhaps too eagerly.

On April 29 304 CE, an archdeacon named Euplus stood outside the city council chamber in Catania, Sicily, shouting: “I want to die; I am a Christian”. After some discussion, the governor sentenced him to torture and he died of his injuries. Was this martyrdom, or suicide?

Under Christian emperors from the 4th century on, soldiers who died fighting Persians (or later Arabs) also came to be called martyrs. A soldier’s death is especially considered martyrdom if they fought against members of a different religion.

However, the soldier-martyr label has also raised anxieties. The most recent example came from the troubling claim by Russian Orthodox Patriarch Kyrill that Russian soldiers who die fighting in Ukraine are martyrs – despite fighting fellow Orthodox Christians. What do these soldiers testify to?

The stories of martyrs define community borders. Those who kill martyrs tend to be treated as enemies of the faith, whether they are Roman authorities, enemy combatants, or even people assumed to be complicit in the event.

The MAGA martyr

Let’s apply the two questions above to Charlie Kirk, who has been dubbed both “martyr” and “patron saint of MAGA”.

What would Kirk be a martyr to? To his supporters and those on the MAGA right, he died for free speech, for Judeo-Christian values, for a commitment to “Western civilisation”, and supposedly for the “truth” itself.

To others, especially those he attacked and denigrated publicly – such as queer and trans people, immigrants, Muslims and feminists – he died for white nationalism, hatred and exclusion.

This takes us back to the second question: who is Charlie Kirk a martyr for? Clearly, the answer to this is Christian nationalists, MAGA supporters and the broader American right.

He testified in life to their shared beliefs and values, and in death is their “patron saint”. The legacy of Kirk’s death will be to define who is part of this community, and who is excluded. The question then is, will a division framed in such polarising terms come to define American society as a whole?

From revenge to love

Following Kirk’s death, people on the far-right called for violent revenge against the left – even though the shooting suspect’s political motivations are unknown.

Media have reported a surge in radicalisation on right-wing platforms. There was even a website, now removed, dedicated to doxxing anyone who spoke negatively about Kirk and using that information to get them fired.

Against this rhetoric of revenge, the history of martyrdom offers a different way forward. The early theologian, Clement of Alexandria, said someone becomes a martyr not because of their death, but because of their love.

The only true witness, he argued, is love, because God is love. The only honour one can offer the martyrs is to love as they loved. Clement suggests it’s possible to reject vengeance and sectarianism, even if one loves the martyrs.

The Conversation

Jonathan L. Zecher does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Can Charlie Kirk really be considered a ‘martyr’? A Christianity historian explains – https://theconversation.com/can-charlie-kirk-really-be-considered-a-martyr-a-christianity-historian-explains-265283

Ukraine is starting to think about memorials – a tricky task during an ongoing war

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Kerry Whigham, Associate Professor of Genocide and Mass Atrocity Prevention, Binghamton University, State University of New York

Three and a half years after Russia invaded Ukraine, there are few immediate signs of a cessation to the ongoing hostilities. Yet amid the steady toll of front-line fighting and near-daily Russian airstrikes, Ukrainians are already considering how to remember the tens of thousands of lives lost over the course of this conflict.

A spontaneous memorial of flags and photographs already exists and grows daily, having first sprung up in 2022 in Kyiv’s Independence Square. Now, government and civil society groups have begun conversations on how such acts of commemoration can be made more permanent through monuments and memorials across the country.

As a scholar of public memory and how societies remember large-scale violence and mass atrocities, I study and support the work of governments and organizations developing memory sites around the world. As Ukraine negotiates its own related challenges, lessons from research on how memorials have changed and the role they can play in post-violence societies can help guide these processes.

The long history of remembering war dead

The impulse to create public monuments to remember collective death, like war, is millennia old. The first known war memorial dates to over 4,000 years ago in modern-day Syria. Obelisks and triumphal arches that dotted ancient Egypt and ancient Rome have served similar purposes.

As societies have progressed and architectural tastes have changed, so too have war monuments. Still, there are some underlying traits that have remained relatively consistent for thousands of years.

Traditionally, war memorials used monumental architecture to remember those who died during conflict. Typically, they were aimed at honoring soldiers who died fighting for their country. The monuments framed the death of soldiers as a sacrifice for a higher cause, often using larger-than-life architectural elements and materials like marble and granite to convey a sense of both grandeur and memory permanence.

In that traditional vein of glorification, war memorials typically feature recognizable symbols, like sculptures of soldiers and inscriptions with names or information. By honoring the soldiers who died fighting a war, the monuments also legitimize the war and the state that waged it, marking it as a cause worthy of dying for. In this way, such war memorials are not only about revering soldiers but also venerating the nation-state.

That all started to change following World War I, however. The scale of destruction and death was so widespread and total that countries began erecting war memorials depicting soldiers with their faces downcast or their bodies tired. The sacrifices of the soldiers were still framed as valiant, but the monuments also revealed a war weariness not present in earlier memorials.

At the same time, communist countries in Eastern Europe and the Soviet Union maintained the tradition of using memorials to celebrate the state. In Soviet-era Ukraine, for instance, the 335-foot-tall Mother Ukraine was erected to tower over Kyiv as a monument to World War II.

A picture of a large statue.
Mother Ukraine Monument statue in Kiev.
Igor Golovniov/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

Memorializing the horrors of the 20th century

Outside of the former Soviet Union and Eastern Bloc, however, the horrors of World War II completely transformed the way societies memorialized collective death. This is largely because the deaths that needed commemoration were not only those of soldiers but of the millions of civilians murdered by the Nazi regime, especially European Jews.

Indeed, the Holocaust changed everything about the way the world memorializes large-scale death. The architectural language of the war memorial was completely insufficient for remembering the victims of genocide. They did not sacrifice themselves to the glory of the nation, but instead were slaughtered by governmental leaders.

As a result and over time, memorials focused far less on monumental forms and realistic imagery glorifying the state and opted for abstract and immersive styles intended to invoke a sense of loss and a commitment to preventing future violence. These memorials to victims of genocides and other atrocities also respond to an increasingly recognized “right to memory,” as victims demand acknowledgment of the trauma they have experienced.

One of the most influential examples of how memorialization has changed is the Memorial to the Murdered Jews of Europe in Berlin. Designed by American architect Peter Eisenman and inaugurated in 2005, it features over 2,700 concrete columns arranged in a grid over almost 5 acres of land in central Berlin. Visitors are invited to walk through the grid-work of columns, which are meant to evoke an emotional response in visitors.

Echoes of this abstract and immersive space can now be seen in numerous other memorials to collective death globally, including the National Memorial for Peace and Justice in Montgomery, Alabama, which memorializes the Black victims of racial terror lynchings in the United States, and the Parque de la Memoria in Buenos Aires, Argentina, which remembers the thousands of people disappeared in the 1970s and 1980s during a military dictatorship.

A monument of stone pieces.
The morning light illuminates the Memorial to the Murdered Jews of Europe, or the Holocaust Memorial, in Berlin.
AP Photo/Markus Schreiber

Ukraine and memorializing the present

As Ukrainians begin the process of determining how best to commemorate their own recent losses, they face some notable challenges.

For one, Ukraine has lost both soldiers, who have died fighting for their country, and civilians, killed through the attacks of invading forces from Russia. Can and should these losses be memorialized together? Or should there be separate memorials to those who died on the battlefield and those others who were killed in atrocities, like the massacre in Bucha of March 2022, which saw the death, torture and rape of hundreds of civilians, including children, by Russian forces?

Ukraine is not without experience in memorializing both war and atrocity. Many of its war memorials were constructed during the Soviet period, however, so they tend to utilize the socialist realism style that characterizes most communist-era monuments. But Ukraine has also experienced atrocities, such as the Holodomor, the human-made famine implemented by Josef Stalin in the 1930s that led to the deaths of millions of Ukrainians. The Memorial in Commemoration of the Holodomor-Genocide in Ukraine opened in Kyiv in 2008, 75 years after the Holodomor began.

But determining how to memorialize more recent violence can be a challenge. Memorials serve to literally and figuratively concretize memory. But memory — that is, the story a society tells itself about its past and its impact on the present and future — evolves over time. Communities of victims may desire a memorial as a recognition of the harms that they have suffered, and this can indeed be an important step in symbolically repairing those damages.

But it may be difficult to get a full “picture” of the story a memorial should tell while violence is ongoing. The victim count is increasing every day. And now there is also some pushback within Ukraine against the way President Volodymyr Zelenskyy is governing and approaching issues of internal corruption.

Ukrainians had 75 years to determine how they wanted to relate to and remember the Holodomor. With so much uncertainty, any memorial built now to the current war may need to be reconsidered in the very near future as government officials, victim groups and other stakeholders continue to discuss how they want to remember this violence.

Soldiers stand before a memorial.
Senior members of the Ukrainian military establishment leave vigil lanterns at the Bitter Memory of Childhood monument at the National Museum of the Holodomor-Genocide in Kyiv.
Kirill Chubotin/Ukrinform/Future Publishing via Getty Images

Today, many experts and practitioners advocate for conversations on memorialization to take place alongside other processes that societies undergo to deal with histories of violence and human rights abuses. Often labeled “transitional justice,” these processes of truth-seeking, justice, reparations and reform can complement processes of memorialization. Engaging actively with all the consequences of past violence can be crucial in developing a consensus on how to remember that violence and educate future generations about it.

Undertaking such tasks while violence is ongoing, however, can be difficult, if not impossible. The underlying instability caused by war, along with the uncertainty around what the future will bring, leaves so many open questions that it may be too soon to start answering them. That said, the groundwork can be laid now so that these processes can begin as quickly as possible once the war finally comes to an end.

Ukrainians are understandably ready to move forward and deal with the repercussions of this horrific violence. But building a memorial will not, in itself, mark the end of the conflict and, as such, may be putting the cart before the horse. Victims have a right to memory, but they first and foremost have a right to peace. The picture of what story should be told through public memorials and monuments will become clearer once it is not so obscured by the fog of war.

The Conversation

Kerry Whigham is affiliated with the Auschwitz Institute for the Prevention of Genocide and Mass Atrocities, an international non-governmental organization that works on atrocity prevention.

ref. Ukraine is starting to think about memorials – a tricky task during an ongoing war – https://theconversation.com/ukraine-is-starting-to-think-about-memorials-a-tricky-task-during-an-ongoing-war-263598

How hardships and hashtags combined to fuel Nepal’s violent response to social media ban

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Nir Kshetri, Professor of Management, University of North Carolina – Greensboro

Riot police fire tear gas into crowds of demonstrators in Kathmandu on Sept. 8, 2025. Prabin Ranabhat/AFP via Getty Images

Days of unrest in Nepal have resulted in the ousting of a deeply unpopular government and the deaths of at least 50 people.

The Gen Z-led protests – so-called due to the predominance of young Nepalese among the demonstrators – appeared to have quieted down with the appointment on Sept. 12, 2025, of a new interim leader and early elections.

But the protests leave behind dozens of burned government offices, destroyed business centers and financial losses estimated in the billions of dollars.

The experience has also underscored the importance of social media in Nepal, as well as the consequences of government attempts to control the flow of online information.

I study the economic, social and political impacts of social media and other emerging technologies. Being based in Kathmandu, I have watched firsthand as what began as a protest over a short-lived ban on social media snowballed into something far greater, leading to the toppling of Prime Minister K.P. Sharma Oli.

Indeed, social media has played a crucial role in this ongoing turmoil in two ways. First, the government’s decision on Sept. 4 to ban social platforms served as the immediate catalyst to the unrest. It provoked anger among a generation for whom digital spaces are central not only to communication, identity and political expression, but also to education and economic opportunities.

And second, the pervasive use of these platforms primed the nation’s youth for this moment of protest. It heightened Gen Z’s awareness of the country’s entrenched social, economic and political problems. By sharing stories of corruption, privilege and inequality, social media not only informed but also galvanized Nepal’s youth, motivating collective mobilization against the country’s systemic injustice.

The role of social media

As with many other nations, social media is central to daily life and commerce in Nepal, a landlocked nation of 30 million people situated between two Asian giants: China and India.

As of January 2025, just short of half the population had social media accounts. This includes some 13.5 million active Facebook users, 3.6 million Instagram users, 1.5 million LinkedIn users and 466,100 X users.

Indeed, social media platforms drive roughly 80% of total online traffic in the country and serve as vital channels for business and communication. Many users in Nepal depend on these platforms to run and promote their businesses.

As such, the government’s decision to block 26 social media platforms sparked immediate concern among the Nepalese public.

The move wasn’t completely out of the blue. Nepal’s government has long been concerned over the growth of social media platforms.

In November 2023, the Ministry of Communication and Information Technology introduced new social media regulations, requiring platforms to register with the government, set up a local contact point, appoint a grievance officer and designate an oversight official. Platforms were also obliged to cooperate in criminal investigations, remove illegal content and comply with Nepali law.

The Nepalese government, citing concerns over fake accounts, hate speech, disinformation and fraud, said the measures were to ensure accountability and make operators responsible for content on their platforms. Then, in January 2025, the government introduced a Social Media Bill that placed further requirements on social media platforms.

Censorship concerns

Regardless of their intent, these government measures sparked immediate civil liberties concerns. Critics and rights groups argued that both the ban and the bill function as tools for censorship, threatening freedom of expression, press freedom and fundamental rights.

Ncell, Nepal’s second-largest telecommunications service provider, noted that shutting down all platforms at once was, in any case, technically difficult and warned that the move would severely impact business. Small business owners, who rely on social media to promote and sell their products, were especially worried with a busy festive season looming.

The ban also had significant implications for education. Many students rely on social media platforms to access online classes, research materials and collaborative learning tools.
More generally, the Nepalese public criticized the government’s measures disproportionate impact on ordinary users.

As such, this deep reliance on social media by Nepalese society turned the ban into a flashpoint for public dissent.

The rise of #NepoKids

Even before the protests began on Sept. 8, the pervasive use of social media, along with exposure to content showcasing inequality and elite privilege, had heightened Gen Z’s awareness of Nepal’s entrenched social, economic and political problems.

A few weeks before the protests began, the hashtags #NepoBaby and #NepoKids began trending, fueled by viral videos of politicians’ lavish lifestyles.

The content drew attention to the country’s inequality by contrasting the lives of the children of the country’s elite – with designer clothing and foreign vacations – with images of Nepali migrant workers returning home in coffins from dangerous jobs abroad.

The hashtag campaigns gained traction on TikTok and Reddit, leading to calls for asset investigations, anti-corruption reforms and even transferring the assets of the wealthy to public ownership.

One particularly notable viral video featured the son of a provincial government minister posing in front of a tree made from boxes of luxury labels including Louis Vuitton, Cartier and Gucci.

Such posts served to further fuel public outrage over perceived elite privilege.

The immediacy and interactivity of social media platforms amplified the outrage, encouraging group mobilization. In this way, social media acted both as a magnifier and accelerator, linking perceived injustice to on-the-ground activism and shaping how the movement unfolded even before the Sept. 8 protests began.

Flames are seen coming out of a large white buildins.
Fire rages through the Singha Durbar, the main administrative building for Nepal’s government, in Kathmandu on Sept. 9, 2025.
Prabin Ranabhat/AFP via Getty Images

A deeper story of hardship and corruption

Yet a social media campaign is nothing without a root cause to shine a light on.

Economic insecurity and political corruption have for years left many of Nepal’s youth frustrated, setting the stage for today’s protest movement. While the overall unemployment rate in 2024 was 11%, the youth unemployment rate stood significantly higher at 21%.

But these figures only scratch the surface of Nepal’s deep economic problems, which include pervasive vulnerable employment – informal and insecure work that is prone to poor conditions and pay – and limited opportunities that constrain long-term productivity.

Between 2010 and 2018, fewer than half of new entrants into the workforce secured formal, stable jobs; the remainder were primarily engaged in informal or precarious work, which often lacked consistent income, benefits or legal protections. Most available positions are informal, poorly compensated and offer little stability or room for career growth.

All told, children born in Nepal today face a grim economic reality. By age 18, they are likely to achieve only about 51% of their productivity potential – that is, the maximum economic output they could reach if they had full access to quality health, nutrition and education.

Meanwhile, corruption is widespread. In 2024, Nepal ranked 107th out of 180 countries on Transparency International’s Corruption Perceptions Index, with 84% of people perceiving government corruption to be a major problem.

An upshot of corruption is the growing influence of Nepal’s politically connected business elite, who shape laws and regulations to benefit themselves. In the process, they secure tax breaks, inflate budgets and create monopolies that block competition.

This capture of public policy by an entrenched elite stifles economic growth, crowds out genuine entrepreneurs and exacerbates inequality, while basic public services remain inadequate.

Combined, these economic and political pressures created fertile ground for social mobilization. While persistent hardships helped fuel the rise of the #Nepokids movement, it was social media that gave voice to Nepali youths’ frustration.

When the government attempted to silence them through a ban on social media platforms, it proved to be a step too far.

The Conversation

Nir Kshetri does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How hardships and hashtags combined to fuel Nepal’s violent response to social media ban – https://theconversation.com/how-hardships-and-hashtags-combined-to-fuel-nepals-violent-response-to-social-media-ban-264932

Canada’s tariff wall on Chinese electric vehicles is deepening dependence on the U.S.

Source: The Conversation – Canada – By Addisu Lashitew, Assistant Professor, DeGroote School of Business, McMaster University

In October 2024, Canada imposed a 100 per cent tariff on all electric vehicle (EV) imports from China, effectively barring consumers from accessing some of the world’s most innovative, affordable models. These tariffs are deepening the country’s dependence on the United States and undermining its climate goals.

Canada’s unusually prohibitive tariff mirrored the strategy of the U.S., which imposed a 100 per cent duty on Chinese EVs in September 2024.

The government justified its “tariff fortress” by pointing to China’s extensive industrial policy, such as subsidies, that artificially lower production costs. The tariffs were claimed to protect domestic producers by offsetting the cost advantage enjoyed by Chinese EV manufacturers.

While this rationale has some basis, it is highly overstated. The European Union’s in-depth investigation into Chinese support for the EV industry revealed company-specific subsidy levels, ranging from 7.8 per cent for Tesla Shanghai to 35.3 per cent for the SAIC Group, which subsequently became the basis for imposing countervailing duties.

Agriculture Minister Heath MacDonald recently said the government is considering scrapping the tariffs — a recognition that the policy may now be outdated.

A year ago, co-ordinating with the U.S. against China’s growing EV industry might have seemed defensible, but today, it leaves Canada in a weakened position in its ongoing trade war with the U.S.

This policy is misaligned with Canada’s long-term interests. It weakens economic independence, slows decarbonization and forces Canadians to pay more for EVs.

Tariffs are distorting Canada’s EV market

In July 2025, Tesla sales in the EU fell by 40 per cent even as overall EV sales rose by 39 per cent. BYD, China’s biggest EV manufacturer and a rival to Tesla, tripled its sales and moved ahead of Tesla in market share.

In Canada, too, Tesla’s sales are falling. Its market share is now a fraction of what it used to be and General Motors has recently taken first place in Canadian EV sales.

Still, Canadians continue to buy thousands of Teslas each year, while plans to sell BYD and other Chinese EVs have come to a grinding halt.

The reason why BYD has risen to the top in the EU but American automakers dominate in Canada is an outcome of Canada’s trade policy toward China, which has had the unintended effect of propping up U.S. automakers.

Canada’s auto market is already heavily dependent on American manufacturers. Tariffs that deepen this dependence further narrow consumer choice and expose Canadian EV buyers to unpredictable policy shifts in the U.S. It’s clear Canada needs a new approach.

A more nuanced strategy

Canada should adopt a more nuanced strategy that safeguards national priorities without stifling competition or limiting consumer choice. Instead of erecting tariff walls that shut out rivals, Canada should gradually open its market to prepare for the inevitable competition from China and beyond.

At the same time, it should offer targeted incentives for top Chinese EV firms to set up plants locally, transfer advanced technology and share technical know-how.

Such a policy would help stabilize car prices for Canadians, who have been hit hard amid U.S.–Canada trade tensions.

Although Ottawa recently suspended most counter-tariffs ahead of trade talks, levies on autos, steel and aluminum remain in place, keeping costs elevated. These retaliatory measures, while necessary, have burdened Canadian households, for whom vehicle purchases are the third-largest expense.

A freer trade regime with China would substantially broaden the range of affordable EVs available to Canadians, who are currently limited to costly U.S. brands averaging more than US$55,000. By contrast, Chinese manufacturers offer numerous models priced near US$25,000, a factor that would likely spur a substantial increase in EV adoption.

Second, access to Chinese EVs would help Canada meet its ambitious target of 100 per cent zero-emission new vehicle sales by 2035. Since Canada’s electricity grid is largely powered by renewable hydro and nuclear power, a faster uptake of EVs would significantly reduce emissions.

Third, lowering the tariff would support Canada’s pursuit of greater economic autonomy from the U.S.

A moderate tariff, combined with targeted incentives to attract foreign investment from Chinese EV makers, could enhance the global competitiveness of Canada’s auto industry. This also aligns with the country’s long-term strategy of incentivizing leading foreign EV producers to set up local operations.

Canada cannot hope to lead in a vital global industry by shutting itself off from competition. It must dismantle tariff walls, welcome world-class rivals and attract new investment. Only by diversifying its EV supply chain and fostering innovation can Canada secure a key position in the emerging EV economy.

The Conversation

Addisu Lashitew has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada. He is a Nonresident Fellow at the Brookings Institution.

ref. Canada’s tariff wall on Chinese electric vehicles is deepening dependence on the U.S. – https://theconversation.com/canadas-tariff-wall-on-chinese-electric-vehicles-is-deepening-dependence-on-the-u-s-264868

Deinfluencing shapes how we think about shopping, and our economy

Source: The Conversation – Canada – By Aidan Moir, Sessional Instructor, University of Windsor

Valued at more than US$250 billion, the influencer industry is the centre of the digital economy.

Popular haul videos, where influencers display and discuss a recent collection of purchases, and unboxings — videos where content makers open, showcase and review new products — have long been promoting endless streams of consumer goods that can be purchased with an easy click.

But what happens to influencer culture and popular consumption practices when many are worried about their financial futures?

Social media feeds become full of content-makers encouraging us to save our money — influencers telling us not to buy trendy, perhaps unnecessary, goods, like tons of Halloween decor or luxury skincare products.

This comes as American tariffs wreak havoc on the global economy and youth unemployment soars, and points to growing economic uncertainty. Consumption, the social practice that becomes publicly and hotly debated during times of economic uncertainty, is back on our radars.

For the past year, social media users have declared almost everything and anything as “recession indicators.” Influencer Kate O’Brien’s viral TikTok, for example, showing users how to squeeze out the remaining beauty product from its packaging to not waste anything, is one of many examples.

As talk of a recession continues to build, social media trends like deinfluencing help us understand how popular culture navigates economic downturns.

The rise of the recessionista

Economic recessions have always had a major impact on popular culture. The jobs lost during the 2007-08 global financial crisis helped pave the way for today’s influencer industry. Fashion bloggers grew in popularity during this time.

Unemployed media workers and younger creatives wanting to break into the industry turned to web blogging — and eventually, new social media platforms like YouTube and Instagram — to post fashion, beauty and lifestyle content.

Early 2000s pop culture was defined by excess, with shoppers spending on goods like designer “it bags.” When the recession hit, shoppers were blamed for bringing about the economic downturn, mainly for spending beyond their means. In order to pay for these purchases, consumers were taking on more household and mortgage debt, which became contributing factors.

The “recessionista” emerged as a popular trope in fashion blogs. Recessionistas were savvy, mainly female consumers who spent hours shopping at discount chains like TJ Maxx to find good deals on fashionable purchases.

They taught their online followers how to spend money efficiently and avoid overpriced designer goods. Recessionistas became coded as productive consumers. Almost 20 years later, the recessionista has re-emerged, this time as the deinfluencer on TikTok.

Deinfluencing content goes viral

In January 2023, deinfluencing — where social media users encourage their followers to purchase cheaper products rather than more expensive alternatives — became a popular TikTok trend. It quickly went viral, collecting more than one billion views on TikTok.

Deinfluencing content on TikTok was first made buzzworthy within the platform’s beauty community. The trend has since expanded to include other niche areas like fall seasonal shopping and Amazon Prime Days.

Like the recessionista, deinfluencing gained attention during a unique cultural moment. The cost-of-living crisis dominated news headlines. Watching online videos by influencers displaying lavish PR hauls became difficult for people who were struggling to afford basics, like groceries.

Mascaragate and authenticity

In addition to financial anxiety, people’s search for authenticity was a catalyst for deinfluencing content. Enter: Mascaragate, the TikTok scandal surrounding the infamous sponsored TikTok video by beauty influencer Mikayla Nogueira. Nogueira was promoting L’Oréal’s new Telescopic Lift Mascara, but TikTok users noticed that she was wearing false eyelashes.

Early deinfluencing videos condemned Nogueira for unethically promoting mindless consumption. In this way, Nogueira was framed as the same wasteful female consumer of the early 2000s, and the deinfluencer as the more ethical recessionista.

Critics, however, argue that deinfluencing is meaningless because, as a trend, it still encourages users to shop. Whether you promote a $50 foundation from a high-end beauty brand or a cheaper drugstore alternative, you’re still promoting consumption.

But that’s the whole point of the viral trend. Deinfluencing informs social media users how to keep the consumer cycle going by still shopping, only now more efficiently. It’s a trend where social media users are rebranding consumption into an efficient, productive activity for today’s turbulent economy.

What’s ahead for consumer trends?

Deinfluencing certainly makes social media users think harder about how they’re spending their money. And we might all need a little bit of that.

But deinfluencing can also have the unintended effect of making it seem consumers are solely responsible for navigating financial crises. What recession-era consumption trends like deinfluencing can sometimes do is shift focus from the institutional figures responsible for economic stability to individual shoppers.

And it’s frequently purchases made by female consumers, like designer bags and beauty products, that are judged as wasteful or unnecessary. Consumer culture and the influencer industry are both historically female domains. Gendered tropes like the excessive consumer or unethical influencer often get blamed for economic crises, and then recessionistas and deinfluencers — oftentimes women — are then tasked to help address the issue.

As the economy struggles, influencers will continue to post deinfluencing content. Just like the recessionistas before them, they are set on teaching their followers just how to spend their money despite an economy reeling from tariffs — whether it’s their job or not.

The Conversation

Aidan Moir previously received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Deinfluencing shapes how we think about shopping, and our economy – https://theconversation.com/deinfluencing-shapes-how-we-think-about-shopping-and-our-economy-264454