La industria audiovisual convierte a Turquía en un destino de telenovela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Imagen de la serie turca _Aski Hatirla_ (Recuerda el amor). IMDB

En la era digital, la información y el entretenimiento viajan a la velocidad de un clic. Un fenómeno cultural logra trascender fronteras y, sorprendentemente, convertirse en motor económico: así ha ocurrido con el auge de las series de televisión y telenovelas turcas.

Lo que en principio fue una forma de escape y drama para millones de personas, se transformó en puente que conecta la ficción con la realidad, impulsando un inesperado movimiento de turismo internacional hacia Turquía.

Para entender este fenómeno, debemos hablar del concepto de soft power (“poder blando”), una herramienta cultural y política que un país utiliza de manera sutil para influir en otros. A diferencia del hard power, en el que el país se basa en la fuerza militar o económica, el soft power se centra en la atracción y la persuasión. Turquía ha dominado esta estrategia a través de sus producciones televisivas.

Un viaje sin salir de casa

Las series turcas no son solo historias de amor y desamor. Son, en esencia, ventanas a un mundo fascinante.

Cuando un espectador se sienta a ver, por ejemplo, Binbir Gece o Kara Sevda, no solo se sumerge en la trama de los personajes, sino que también es testigo de la imponente belleza de Estambul, la mística Capadocia o la historia de Ankara.

Una pareja habla delante de unas ruinas.
Una escena de la serie turca Atiye con los yacimientos arqueológicos de Anatolia como telón de fondo.
IMDB

Los majestuosos paisajes, los bazares llenos de vida y los monumentos históricos se convierten en el telón de fondo de cada escena, generando en los espectadores una conexión visual y emocional tan fuerte que despierta en ellos un deseo profundo de conocer esos lugares.

Esta experiencia se asemeja a un déjà vu, una sensación de haber caminado ya por esas calles o de haber contemplado esos atardeceres. Las series actúan como una especie de “teletransportador” visual, que reduce la distancia y hace que destinos que antes parecían lejanos e inaccesibles, se sientan cercanos y alcanzables.

Este vínculo entre la ficción y la realidad no es causal, es el resultado de una estrategia deliberada y exitosa.

El salto de espectador a turista

Algunos estudios y datos económicos han confirmado la relación directa entre el crecimiento de las exportaciones de series turcas con el aumento del turismo internacional en el país.

La correlación entre los picos de audiencia y el incremento en las búsquedas de vuelos y reservas de hoteles es innegable. Pero ¿cómo se logra este salto de ser un simple espectador a convertirse en un turista? Existen varios mecanismos clave:

  1. El imaginario espacial: la televisión tiene el poder de hacer que lugares lejanos se sientan familiares. Al ver continuamente la belleza del Bósforo o las cúpulas de la Mezquita Azul, estos sitios se graban en la mente de los espectadores y se convierten en “sueños alcanzables”.

  2. La identificación emocional: los espectadores se enamoran de los personajes, sus historias y vidas, y desean replicar sus experiencias. Surge el deseo de visitar el café donde se conocieron, el bazar donde compraron el regalo o el puente donde se declararon su amor. Estos deseos se transforman en metas de viaje concretas que dan forma a un itinerario.

  3. La viralidad en redes sociales: la popularidad de las series ha generado comunidades de seguidores en línea que, a través de hashtags, vídeos e historias, amplifican la belleza de Turquía. La promoción boca a boca o, en este caso, de pantalla a pantalla, convierte locaciones específicas en “lugares imperdibles” para tomarse una foto para Instagram, transformando un simple destino en un punto de visita obligada para los fans.

  4. El efecto “celebridad”: la fama de los actores y las historias detrás de los rodajes han inspirado la creación de “tours de locaciones”, un concepto similar a los que existen para sagas como Harry Potter o series como Emily en París. La gente viaja para seguir los pasos de sus personajes favoritos, creando itinerarios temáticos que profundizan su conexión con la historia y el lugar, y que incluso les permiten sentir que son parte de la narrativa.

Un hombre y una mujer hablan en un parque.
Escena de la serie turca Kara Sevda.
IMDB

Un fenómeno con lecciones globales

Si bien es difícil cuantificar con exactitud cuántos turistas viajan a Turquía impulsados únicamente por las telenovelas, la ficción televisiva ha demostrado ser un “impulsor de demanda turística”. No se reemplazan otras motivaciones para viajar, pero sí aumenta significativamente el número de visitantes y el gasto que éstos realizan en el destino.

En resumen, este fenómeno nos enseña una lección valiosa sobre la economía y la cultura en el siglo XXI. Revela que una audiencia que a menudo se considera pasiva puede convertirse en la fuerza motriz de un movimiento transnacional. Más allá de las tramas de amor y desamor, las series turcas han demostrado que la cultura también viaja. Al hacerlo, deja una huella imborrable en la economía global.

Así que, la próxima vez que se siente a ver una serie, recuerde que no solo está viendo una historia; está, sin saberlo, soñando con un nuevo destino. Y tal vez, solo tal vez, ese sueño lleve a su próxima gran aventura, donde el protagonista será usted.


Diana Laura Núñez Ornelas, estudiante de Negocios Internacionales y becaria honorífica, ha participado en la redacción de este artículo.

The Conversation

Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Del punk a los memes: la risa rebelde que sigue cuestionando las narrativas oficiales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sebastian Silva C., Profesor de Comunicación Social, Universidad de La Sabana

Concierto de Green Day en Berlín en 2009. Gillyberlin/Flickr, CC BY

El punk enseñó que reírse del sistema era también resistirlo. Ese gesto, lejos de ser un vestigio contracultural del pasado, sigue vivo en la cultura digital. La risa rebelde que todavía se canta en conciertos ahora circula en pantallas y timelines de Instagram y TikTok. Unas formas de expresión que cuestionan lo políticamente correcto y recuerdan que la comunicación auténtica es un acto de libertad humanista, porque permite reír, cuestionar y crear vínculos sin filtros, en pleno auge de la inteligencia artificial.

En los años setenta, una generación de jóvenes en Londres y Nueva York levantó su voz –y su guitarra eléctrica– contra el sistema. No lo hicieron con solemnidad, sino con una carcajada inconforme, una estética estridente y una ideología que defendía la libertad individual, la crítica al consumismo, el rechazo a las jerarquías hegemónicas y la incorrección política. Así nació el punk: una filosofía que transformó la música, la moda y que hoy sirve de metáfora para entender el papel de la risa y la resistencia en la cultura digital.

Del garaje a los macroconciertos

El punk no fue únicamente un género musical nacido del rock; fue una declaración política y cultural. Inspirado por el hartazgo frente a la crisis económica, el desempleo juvenil y la rigidez de las instituciones, defendió valores como el do it yourself (hazlo tú mismo), la horizontalidad, la crítica al poder y la desconfianza hacia los discursos dominantes.

En los setenta, los Sex Pistols fueron pioneros en convertir la inconformidad y la incorrección en discurso mainstream, como lo relata el investigador Jon Savage en el libro England’s Dreaming: Sex Pistols and Punk Rock. The Clash, por su parte, expandió ese gesto con fusiones musicales y contenido político consciente. Hoy, sus lecciones resuenan de forma análoga a un meme. Este puede ser tan revelador como un riff de guitarra para cuestionar estructuras de poder.

The Clash interpretan ‘Should I Stay or Should I Go’ en directo en Nueva York.

En los noventas y los dos mil, bandas como Green Day llevaron el “hazlo tú mismo” y la crítica social a audiencias masivas, mostrando que la rabia juvenil podía también escalar a la cultura del entretenimiento y lo aparentemente insignificante.

Concierto de Green Day en el festival de Reading (1995).

Por su parte, los integrantes de NOFX, activos desde 1983, tradujeron la irreverencia punk en un lenguaje cotidiano y humorístico, mezclando melodías pegajosas con una sátira que cuestionaba el orden social desde lo cotidiano.

El meme es el mensaje

Si entre los setenta y los dos mil el escenario era el garaje o el concierto improvisado, hoy ese escenario es el “ambiente digital”. Este lo conforman las redes sociales, los medios e internet en general, según la definición del teórico de la comunicación Sergio Roncallo-Dow.

La risa rebelde heredada del punk se ha transformado en un lenguaje universal basado en memes, hilos virales y vídeos irónicos que ridiculizan las narrativas oficiales. Además de la guitarra distorsionada, ahora circula un gif que desarma al político de turno o un meme que expone con humor lo absurdo de ciertas políticas públicas.

Marshall McLuhan, gran teórico de la comunicación, advirtió que el medio no solo transmite mensajes, sino que moldea la forma en que vivimos. En la cultura digital, los memes y las plataformas funcionan como los nuevos entornos donde se juega la inconformidad frente a las narrativas que dominan la opinión pública. La risa cuestionadora es hoy un acto comunicativo que humaniza, conecta y genera conversaciones genuinas sobre las realidades desnudas de la política y el poder.

Conexión cultural pop

Como dejó escrito Sergio Roncallo-Dow y recogen otros autores, la comunicación auténtica no puede desligarse de la cultura que la produce. La cultura pop y los entornos mediáticos no son simples distracciones, sino escenarios donde se configuran sensibilidades y formas de pensamiento. Desde esta mirada, la risa rebelde del punk y su eco en las formas actuales de interacción entre personas son una muestra de cómo la comunicación puede y debe tener una conexión cultural profunda, entendiendo que la cultura no es sólo lo “culto” de las élites, sino también lo popular.

En palabras de Roncallo-Dow: “La cultura pop piensa, y lo hace desde sus propios lenguajes, generando formas de sensibilidad y de conocimiento que no deben ser subestimadas”.

El arte de la incorrección política

La fuerza del punk no radicaba solo en la estridencia de su música, sino en la capacidad de reírse del sistema, de ridiculizar lo solemne y de transformar la incomodidad en un espectáculo colectivo.

En la cultura digital, los memes (visuales, rápidos, con humor ácido y sátira viral) representan la continuidad de esa tradición. Se ríen de presidentes, de algoritmos y de instituciones. Parafraseando a Roncallo-Dow, “la cultura pop piensa” y, podríamos añadir, también ríe.

En ese sentido, un meme político no es un chiste banal: es un gesto artístico que revela contradicciones y hace visibles tensiones sociales que otros discursos prefieren silenciar.

El arte, ya sea un pogo (baile) en un concierto punk o un gif que recorre timelines, humaniza porque nos permite reconocernos en la risa compartida. La incorrección política es su combustible: un recordatorio de que no todo debe ser solemne, de que el humor es una manera de pensar y de resistir. En tiempos donde las narrativas oficiales buscan imponer extremos ideológicos y uniformidad, el arte de reírse del poder es un acto de libertad y, sobre todo, de humanidad.

The Conversation

Sebastian Silva C. no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Qué necesitan saber los escolares sobre sexo? Respuestas desde la psicología infantil y juvenil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Monkey Business Images/Shutterstock

Entre las múltiples demandas que se le hacen a la escuela del siglo XXI, una de las más relevantes es su papel en la educación sexual. Una educación sexual rigurosa, inclusiva y basada en evidencia, como defiende la UNESCO, es la mejor manera de garantizar o, al menos, contribuir a que los niños y adolescentes puedan tomar decisiones informadas, y puedan cuidar de su salud y de su bienestar afectivo, emocional y social.

Pero ¿cuáles son los contenidos adecuados, según la edad, y qué cuestiones deben dejarse para el ámbito familiar?

Llegar antes que la pornografía

Diversos estudios evidencian que el conocimiento del alumnado favorece el uso de anticonceptivos y reduce las conductas de riesgo. Incluso puede ayudar a retrasar el inicio de las relaciones sexuales, cuya tendencia actual es a adelantarse.

También se ha generalizado la exposición a contenido sexual a través de internet, en muchos casos a edades muy tempranas. Cuando esto sucede sin tener conocimientos previos puede generar reacciones emocionales fuertes como asco, shock o confusión en un primer momento, pero también otras más profundas como síntomas evitación emocional (ocurre en más del 50 % de los casos).

¿Qué debe enseñar la escuela y cuándo?

En primer lugar, es necesario diferenciar primaria y secundaria, distinguiendo qué priorizar en cada etapa. Los niños pequeños aprenden primero a reconocer emociones básicas, mientras que en la adolescencia se intensifica la experiencia emocional y la búsqueda de identidad.
La evidencia sugiere una progresión coherente que ya recoge en mayor o menor medida, por ejemplo, el currículum educativo de las diferentes comunidades autónomas en España.

  1. En educación primaria conviene centrarse en habilidades socioemocionales, conocimiento básico del cuerpo, límites y respeto, así como en la prevención del abuso de manera adecuada a la edad.

    En primero y segundo (6-8 años), los objetivos son desarrollar la autoestima y seguridad personal, aprender a comprender y expresar emociones y reconocer la importancia de los límites propios y de los otros. Se puede trabajar con cuentos sobre la diversidad familiar, juegos que identifiquen las emociones o actividades que ayuden a conocer las partes del cuerpo.

    En tercero y cuarto (8-10 años) los objetivos se amplían a saber pedir ayuda, normalizar los cambios en el cuerpo o identificar situaciones de incomodidad. Podemos trabajar con dinámicas de grupo sobre amistad y respeto, y empezar con las primeras nociones sobre la pubertad.

    En ciclo superior (10-12 años) conviene reforzar la prevención del abuso y el conocimiento sobre los cambios físicos y emocionales de la pubertad y adolescencia. A esta edad ya se empiezan a introducir talleres para luego poder trabajar con debates.

  2. En secundaria se incorporan contenidos más concretos sobre anticoncepción, diversidad, pornografía, consentimiento y prevención de la violencia. Los objetivos de trabajo se focalizan en proporcionar conocimientos, pensamiento crítico y competencias socioemocionales que complementen lo aprendido en primaria y acompañen su desarrollo.

    Por ejemplo, puede explicarse de manera práctica el uso del preservativo y presentar distintos métodos anticonceptivos, para que, cuando ocurra la relación sexual, sea segura y consentida. También se puede trabajar la diversidad afectivo-sexual y de género con ejemplos cotidianos, sin imponer modelos de vida, sino desnaturalizando la discriminación.

    Respecto a la pornografía y el consumo de contenidos sexuales en internet, se trata de favorecer un pensamiento crítico que permita diferenciarla de la sexualidad real y reflexionar sobre estereotipos y consentimiento. En esta etapa educativa, se incorpora el trabajo con dinámicas y debates sobre relaciones sanas y tóxicas, el consentimiento expreso y la prevención de la violencia sexual y de género.




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Educación emocional y educación sexual

Aprendizaje y educación están condicionados por el desarrollo cognitivo y emocional de los alumnos: no sólo la edad es importante, sino el momento individual de desarrollo y la madurez. Esto es posible si integramos la educación afectiva y emocional en la educación sexual.

Las competencias emocionales son un conjunto de habilidades que permiten identificar, comprender y regular las emociones propias y ajenas, así como utilizar esta información para guiar el pensamiento y la conducta. Están ligadas al bienestar psicológico, el rendimiento académico y la prevención de conductas de riesgo. Desarrollarlas fortalece la autoestima y contribuye tanto a promover relaciones sanas como a prevenir conductas sexuales de riesgo o comportamientos impulsivos o agresivos.




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En este sentido, podemos decir que la educación sexual se cimenta en una buena educación emocional. Cuanto mejor sepan los niños y niñas de primaria conocerse, entender sus emociones, expresarlas y gestionarlas y comprender las de los demás, no sólo estaremos favoreciendo un clima de convivencia sano en la escuela, sino que estaremos sentando las bases para una buena educación sexual.

Neurodiversidad y educación sexual

Aunque falta aún investigación relativa al alumnado con discapacidad intelectual, autismo u otras necesidades especiales, crece la evidencia sobre la necesidad de adaptar contenidos de consentimiento, relaciones y derechos a su comprensión. Estudios recientes recuerdan adaptar a esta situación la educación sexual y afectiva. Es crucial reconocer y promover los derechos sexuales de todas las personas, incluyendo a aquellas con necesidades educativas especiales.

Esto implica garantizar su derecho a la información, a la educación y a la toma de decisiones sobre su cuerpo y sus relaciones, fomentando su autonomía personal y su autoestima. Por ejemplo, proponiendo formatos como pictogramas, vídeos con lenguaje de señas o material en lectura fácil, y asegurando personas o lugares de referencia donde acudir en caso de necesidad.

Calidad y duración de los programas

Las actuaciones breves y puntuales tienen poco impacto; la recurrencia y la evaluación continua aumentan la efectividad. Un metaestudio de 2023 confirma que los programas con mayor duración, mejor estructura y contenidos diversos (incluyendo afectividad, sexualidad y derechos) tienen efectos más sólidos sobre actitudes, conocimientos y conductas. Por ello no basta con un taller o charla, sino que la educación sexual debe formar parte de los contenidos curriculares.

¿Qué evitar desde la escuela?

Los valores personales, las creencias familiares y la moral individual son espacio de la familia y del entorno cultural o religioso de cada alumno. La UNESCO recuerda que no corresponde a la educación formal transmitir visiones particulares sobre sexualidad o género ni emitir juicios sobre orientación sexual o identidad de género.

Por esta razón se deben evitar discursos de vergüenza, culpa o miedo como método de prevención y eludir aspectos muy íntimos como prácticas sexuales específicas si no hay permiso familiar o el uso de lenguaje muy explícito que no sea apropiado para la edad.

El futuro de la educación sexual

Fomentar la transparencia y la colaboración con las familias es el camino a seguir. En estudios donde los padres recibieron sesiones de formación o recursos para hablar de sexualidad, aumentó la comodidad y frecuencia de esas conversaciones, mejorando el efecto de la educación escolar. Recientes investigaciones europeas coinciden en señalar que cuando la familia se implica, se ve reforzado el éxito de los programas que se aplican.

En cualquier caso se trata de un esfuerzo conjunto que no podemos seguir retrasando: una encuesta realizada en noviembre de 2023 en España mostraba que la mitad de los jóvenes de 16 a 29 años no había recibido educación sexual alguna, ni de su familia, ni en su centro educativo.

Todavía es mayor el porcentaje de jóvenes que declaran que no han obtenido una educación afectivo-sexual de calidad. Y sólo poco más del 10 % de ellos se muestra completamente satisfecho con este tipo de educación recibida en el ámbito familiar (11,1 %) o escolar (12,2 %).

Es responsabilidad de todos revertir esta tendencia: la educación sexual no solo contribuye a una vida más informada y plena, sino también a una sociedad más sana e igualitaria.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Compensación con carbono azul: ¿el nuevo oro de la mitigación climática o una moda pasajera?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando G. Brun Murillo, Catedrático de Ecología, Universidad de Cádiz

El cambio climático está influyendo de un modo directo e indirecto en todos los aspectos de la vida humana a nivel global. Lo que ha derivado en que, en los últimos años, tanto en la Unión Europea como en España, se haya puesto en marcha una amplia batería de normativas ambientales.

Una de las más recientes ofrece la posibilidad de compensar las emisiones de los gases de invernadero con proyectos desarrollados en ecosistemas marinos (carbono azul), que ahora pueden sumarse a las iniciativas de absorción desarrolladas en el medio terrestre (carbono verde) que se llevan a cabo desde hace unas décadas.

El interés por desarrollar proyectos de este tipo está actualmente sufriendo un crecimiento exponencial. Pero los retos a los que se enfrenta son muchos: complejidad legislativa, ausencia de normativas específicas, incertidumbre científica, coste de los proyectos y de las certificaciones, etc.

Todas estas barreras están retrasando la puesta en marcha de proyectos a nivel europeo y nacional, limitando todos beneficios climáticos, ecológicos y económicos que acarrean.




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En 2023, la Junta de Andalucía puso en marcha el primer estándar para la certificación de créditos de carbono azul desarrollado por una administración pública a nivel europeo. Todos los retos que ha enfrentado, y que sigue solventando, constituyen un buen ejemplo del camino que aún queda por recorrer para que esta nueva oportunidad para la mitigación climática y ambiental no acabe transformándose en una moda pasajera vacía de contenido.

El estándar andaluz: pionero en la Unión Europea

Un año después de la aprobación del estándar andaluz para la certificación de créditos de carbono azul, la Unión Europea publicó el Reglamento (UE) 2024/3012, el cual busca establecer un marco común para la certificación de absorciones de carbono en todo su territorio.

En España, la reciente aprobación del Real Decreto 214/2025 también contempla ya la posibilidad de compensar con carbono azul a nivel nacional. Sin embargo, para poder hacerlo posible, las absorciones deben estar sometidas a certificación mediante un estándar reconocido. Y, a día de hoy, el único estándar existente en el ámbito nacional para este tipo de carbono es el andaluz.

Debido a la reciente aprobación de este estándar y a su novedad, ni las administraciones públicas ni los promotores privados son aun conscientes de esta nueva posibilidad de compensación. Esto explica, en parte, por qué todavía no se ha puesto en funcionamiento ningún proyecto de absorción en un ecosistema de carbono azul.

A pesar de este complejo escenario, hace algo más de un año se anunció en Cádiz la puesta en marcha del primer proyecto basado en dicho estándar. Y, recientemente, fue noticia el plan de iniciar otro proyecto de absorción de carbono azul también en salinas degradadas de la bahía de Cádiz.




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Complejas barreras que sortear

El lugar donde se desarrollan estos proyectos, zonas costeras someras, presenta una alta complejidad normativa, con la participación de múltiples administraciones públicas con diversas competencias. También, estos espacios, suelen encontrarse bajo diferentes figuras de protección ambiental, retrasando y complicando los trámites administrativos. Además, se trata de áreas que se encuentran bajo la figura del dominio público-marítimo terrestre (DPMT), en el que la titularidad de las absorciones generadas tras la inversión de un promotor, ya sea público o privado, no está claramente definida.

El carbono azul tampoco está contemplado a día de hoy entre los usos y actividades autorizadas en las concesiones de estos terrenos públicos, lo que genera, desde un inicio, una barrera para su desarrollo. A este problema se suma que los distintos usos en el DPMT implican el pago de un canon, es decir, una tasa en función de la actividad realizada y de la superficie ocupada.

El carbono azul aún no está regulado ni cuantificado como uso, lo que genera incertidumbre para los promotores, quienes desconocen cuál sería el coste anual derivado de la puesta en marcha de este tipo de proyectos. Un coste que podría oscilar entre la exención total del pago del canon o decenas de miles de euros anuales.




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Muchas incertidumbres y algunas certezas

A las barreras administrativas y normativas se suman aún numerosas incertidumbres científicas. Estas se deben, principalmente, a la falta de datos y al desconocimiento sobre el comportamiento de ciertos procesos clave para la captura de carbono a largo plazo en los ecosistemas marinos restaurados.

La cuantificación tanto de la captura de carbono como de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) debe realizarse con rigor, garantizando además la permanencia del carbono secuestrado durante toda la vida útil del proyecto.

Entre otros ejemplos, la alta variabilidad espacial y temporal en los flujos de otros potentes GEI como el metano (CH₄) o el óxido nitroso (N₂O), y la respuesta que tendrán tras la implementación de estos proyectos, no está aún clara. Si estos flujos se incrementaran, por la degradación del carbono orgánico que se está acumulando, se podrían reducir los beneficios climáticos de estos proyectos.

Por otro lado, existen reservorios de carbono poco explorados, como el carbono orgánico disuelto refractario, que, a pesar de su relevancia como secuestrador del elemento a largo plazo, aún no cuenta con suficiente investigación que respalde su comportamiento a medida que el proceso de restauración avance en el área de proyecto.

El mar: un ecosistema costoso

Otro obstáculo importante es el económico. El medio marino resulta un entorno hostil para la realización de actividades técnicas y la obtención de datos. Los proyectos en estas zonas suelen tener costes significativamente más altos debido a la necesidad de maquinaria especializada y personal altamente cualificado. Lo mismo ocurre con las campañas de toma de datos necesarias para la certificación de las capturas de carbono, cuyo coste es considerablemente superior al requerido en proyectos de carbono verde.




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Los proyectos de compensación con carbono azul tienen un periodo de permanencia elevado –superior a 50 años–, y el promotor solo puede obtener créditos por las capturas que se certifiquen y verifiquen en cada ciclo de verificación. En el estándar andaluz es cada 7-8 años, lo que supone una carga económica importante que se añade a los costes iniciales de implementación y al mantenimiento del proyecto durante todo ese tiempo.

Reducir estos costes, aumentar la fiabilidad de los datos obtenidos y mejorar la solidez de las asunciones científicas dependerá de la generación de más datos, tanto a través de la financiación de investigación básica en estas temáticas emergentes como mediante la medición de datos reales a medida que se pongan en marcha nuevos proyectos. Asimismo, es necesaria una mayor coordinación entre administraciones, además de agilidad legislativa para adaptar o crear normativas de acuerdo con las nuevas necesidades y desafíos que plantean este tipo de iniciativas.

El desarrollo de proyectos de absorción en ecosistemas de carbono azul representa una gran oportunidad de mejora medioambiental y económica para la sociedad. Una que va más allá de la lucha contra el cambio climático: se trata de una oportunidad estratégica que debemos aprovechar. Trabajemos en conjunto para hacer realidad esta nueva “mina de oro” de la mitigación climática.


La versión original de este artículo fue publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Fernando G. Brun Murillo recibe fondos de Proyecto de investigación DAME (PDC2021-120792-100), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación y por la Unión Europea “NextGenerationEU” y proyecto FINOCAME (PCM_00104. C17 . I03.) Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Financiado por la Unión Europea NextGenerationEU. En la actualidad es co-responsable del Grupo Español de Expertos en Ecosistemas de Carbono Azul (G3ECA), del Laboratorio de Carbono Azul de la Universidad de Cádiz, y asesor en temas de carbono azul para la Oficina Andaluza de Cambio Climático.

ref. Compensación con carbono azul: ¿el nuevo oro de la mitigación climática o una moda pasajera? – https://theconversation.com/compensacion-con-carbono-azul-el-nuevo-oro-de-la-mitigacion-climatica-o-una-moda-pasajera-261806

Redes sociales: contraindicaciones de una herramienta poderosa para informar sobre salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Bermejo Cantarero, Profesor Ayudante Doctor. Enfermería. , Universidad de Castilla-La Mancha

Have a nice day Photo/Shutterstock

El potencial de las redes sociales en el ámbito de la salud es innegable. Plataformas como Twitter (ahora X), YouTube, Facebook, Instagram y TikTok han democratizado el acceso a información sobre prevención, tratamientos y hábitos saludables, además de permitir la creación de comunidades de profesionales y pacientes que comparten experiencias, dudas y apoyo emocional. Esta interacción puede mejorar el cumplimiento de los tratamientos y contribuir al bienestar de quienes conviven con enfermedades crónicas.

También se han revelado como una herramienta poderosa para la divulgación científica. Profesionales sanitarios e investigadores pueden comunicar hallazgos, combatir bulos y ofrecer orientación directa al público general.

Bulos atractivos y convincentes

Sin embargo, esta misma rapidez con la que se difunde la información se convierte en un arma de doble filo cuando los contenidos no están debidamente contrastados. La desinformación circula con facilidad y puede llegar a millones de personas en cuestión de horas antes de ser desmentida. Noticias falsas, teorías pseudocientíficas o consejos sin base clínica se presentan de forma atractiva y convincente, dificultando que el usuario medio distinga entre información fiable y contenido engañoso.

Un ejemplo reciente podemos verlo en el estudio de 2025 de la Universidad de Sídney (Australia), que analizó cerca de 900 publicaciones en Instagram y TikTok en las que influencers promocionaban pruebas médicas como escáneres corporales completos o un “test del temporizador de los óvulos” para predecir la fertilidad futura. Más del 80 % de estos mensajes tenían un tono claramente promocional y apenas mencionaban las limitaciones o la ausencia de evidencia científica.

A su vez, en España se han documentado más de 500 bulos de temática sanitaria difundidos en redes sociales, como la promoción de supuestas terapias “naturales” contra el cáncer, infusiones de bicarbonato o dietas milagrosas. Muchas de estas patrañas estaban construidas sobre fuentes aparentemente fiables, pero manipuladas o descontextualizadas.

La confidencialidad, en entredicho

Uno de los mayores retos para los profesionales de la salud es proteger la confidencialidad del paciente en entornos digitales. Aunque existan normativas claras de protección de datos, compartir imágenes, anécdotas clínicas o casos –aunque sea de manera anónima– puede suponer una vulneración de derechos fundamentales.

A esto se suma una realidad preocupante: muchas plataformas digitales no cuentan con políticas suficientemente estrictas para garantizar la privacidad de la información sanitaria. El resultado puede ser la filtración de datos sensibles o su uso indebido con fines comerciales, sin que el usuario sea plenamente consciente de ello.

Varios casos recientes ponen de relieve la fragilidad de la privacidad en entornos digitales. Revisiones de apps de salud femenina han mostrado que gran parte de estos servicios recopilan y comparten datos íntimos con terceros sin políticas claras ni consentimiento informado. En España, una brecha en la Sociedad Española de Oncología expuso la información clínica de más de 2 000 pacientes, mientras que en Suecia una farmacia fue multada con 3,2 millones de euros por enviar datos sensibles a la compañía Meta sin avisar a los usuarios.

La formación en ciberseguridad y ética digital debe ser una prioridad en el ámbito sanitario para garantizar una adecuada gestión de la información. Saber cómo, cuándo y qué compartir (y qué no) en redes sociales debe ser parte del currículo formativo en todas las disciplinas sanitarias.

La sobreexposición de los profesionales

En los últimos años ha surgido también una presión creciente hacia los sanitarios para que mantengan una “presencia activa” en redes, ya sea compartiendo contenido educativo, resolviendo dudas o participando en campañas de concienciación. Si bien esta labor puede tener un impacto positivo, también conlleva riesgos de sobrecarga, fatiga digital y desgaste emocional.

La interacción constante, los comentarios malintencionados o la exposición pública a críticas afectan al bienestar de muchos profesionales. Es necesario reconocer estos riesgos y encontrar formas de apoyarlos, sin exigir una implicación digital que acabe perjudicando su salud mental o su desempeño clínico.

¿Y la inteligencia artificial?

Un fenómeno emergente que añade complejidad al panorama es el uso de la inteligencia artificial (IA) en la búsqueda y difusión de información sanitaria. Herramientas como asistentes virtuales, chatbots o motores de búsqueda con IA están transformando cómo accedemos a datos médicos. No obstante, su fiabilidad depende de la calidad de los contenidos con los que han sido entrenados.

Además, los algoritmos tienden a personalizar la información que muestran, reforzando creencias previas en lugar de ofrecer contenidos basados en evidencia. Este sesgo de confirmación, amplificado por la tecnología, puede agravar la difusión de bulos y generar desconfianza en las fuentes oficiales.

¿Qué podemos hacer?

Ante la creciente influencia de las redes sociales en el ámbito de la salud, resulta primordial fomentar un uso responsable y consciente de estas plataformas. Es necesario desarrollar estrategias para combatir la desinformación mediante la verificación de contenido y la educación en alfabetización mediática.

Las campañas de concienciación pueden ayudar de manera efectiva en este sentido, educando a los usuarios sobre cómo evaluar la credibilidad de la información que consumen y comparten. Además, los profesionales de la salud deben asumir un papel proactivo en la difusión de contenido veraz y basado en evidencia.

Es necesario establecer normas claras para proteger los datos sanitarios en entornos digitales, garantizando la confidencialidad del paciente. Las plataformas deben aplicar políticas más estrictas y asumir mayor responsabilidad frente a los contenidos engañosos o peligrosos para la salud pública.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el aprovechamiento de las ventajas que ofrecen estas herramientas y la protección de la privacidad y la ética profesional. Con un enfoque crítico y regulado, las redes sociales pueden convertirse en un recurso poderoso para la educación y la comunicación sanitaria sin poner en riesgo la integridad de la información

The Conversation

Alberto Bermejo Cantarero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Redes sociales: contraindicaciones de una herramienta poderosa para informar sobre salud – https://theconversation.com/redes-sociales-contraindicaciones-de-una-herramienta-poderosa-para-informar-sobre-salud-258051

Ontario’s colleges were founded to serve local and regional needs — have we forgotten that?

Source: The Conversation – Canada – By Emilda Thavaratnam, PhD student, Leadership and Higher Education, University of Toronto

The establishment of Ontario’s colleges of applied arts and technology 60 years ago marked a pivotal moment in the province’s educational history. The founding vision was based on principles of accessibility and community, as colleges were designed to strengthen Ontario’s growing social and economic fabric.

Today, this promise is unravelling. Students now face limited program choices with the cancellation or suspension of 600 programs over the past year, rising fees and mounting debt, while faculty and staff contend with precarious contracts and widespread layoffs.

As students settle into fall semesters, it’s essential to reflect on the history of Ontario’s colleges in order to envision a future that safeguards the public mission on which these institutions were founded.

Founding vision

Ontario redefined post-secondary education in 1965 by creating a new college system under the leadership of William G. Davis, then the province’s education minister, later its premier. This marked a turning point in Ontario’s educational history and the birth of the college system.

In response to the province’s rapid demographic and economic shifts, Davis proposed a model of affordable, accessible vocational education aimed at preparing students for the workforce.

The foundational principles emphasized that college programs should be “occupation-oriented” and “designed to meet the needs of the local community”;
Additionally, the plans highlighted there should be a “close relationship between any college program and the long-term economic development plans for a particular region” to respond to immediate labour market demands and broader societal needs, including arts, health, science and technical fields.

This approach ensured that the founding vision was connected to regional development, allowing colleges to address Ontario’s diverse social, economic and cultural needs across multiple sectors.

In a 1967 Department of Education publication, Davis cited an earlier 1964 report that named the unique role that colleges would play:

“In the present crisis .. we must turn our attention to the post-secondary level, where we must create a new kind of institution that will provide, in the interests of students for whom a university course is unsuitable, a type of training which universities are not designed to offer.”

This mandate gave colleges their distinctive purpose of filling gaps that universities were never meant to address.

Economic and social development

There are now 24 colleges with campuses in 200 communities throughout Ontario. This college system plays a vital role in the province’s education and economy.

Davis’s legacy is evident in the generations of students who have attended these institutions. Since 2018, an average of 140,000 people have graduated annually from Ontario’s colleges.

It is reported that an average of 83 per cent of Ontario college graduates are employed within six months of graduation. These outcomes highlight the pivotal role that colleges play in contributing to Ontario’s economic and social development.

Shifts in funding

The financial foundation of Ontario colleges has shifted dramatically over the past six decades. When colleges were first established most operating expenses were financed by the province, with tuition contributing to a lesser extent.

By the late 1980s, however, per-student funding had already fallen by roughly one-third. The trend accelerated in 1995 when $120 million was cut. Rather than raising tuition directly, colleges responded by introducing ancillary fees, expanding international student enrolment, postponing capital projects and turning to private funding.




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From the 1990s onward, tuition increasingly replaced public investment as the financial backbone of the college system. Data from the Higher Education Quality Council of Ontario illustrates that between 1992 and 2008, total college revenue rose from $972 million to $1.6 billion, but this growth was driven primarily by student fees. Tuition revenue more than tripled during this period, while government funding shrank as a proportion of overall revenue.

This reliance on student-paid fees deepened in the following decade. Between 2010-11 and 2022-23, provincial grants per student operating revenue (adjusted for inflation) declined by 29 per cent, while tuition revenue once again tripled.

By 2022-23, Ontario colleges received approximately $11,081 per full-time-equivalent student, compared to the national average of $19,292. This figure is just 56 per cent of the Canadian average across provinces.

A 2023 provincial report, Ensuring Financial Sustainability for Ontario’s Post-Secondary Sector, confirms the crisis surrounding underfunding.

What does this mean for students?

These funding changes have reshaped the classroom experience. For students, this means higher tuition and shifted program priorities that limit access and opportunity.

For the public, it’s the loss of an original promise of accessible vocational education. Rising tuition fees have created barriers to access, especially for low-income, first-generation Canadian students.

At the same time, the Ontario government has framed college funding heavily around immediate provincial and national economic pressures, for example in trades and construction, as well as STEM and health care.




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While public funding of colleges has been eroded, the Ontario Public Service Employees Union reports that Ontario has also spent significant funds cultivating “non-college training providers and projects” through a Skills Development Fund.

It also notes that while public colleges are required to disclose a great deal about their funding and outcomes:

“… very little is known about the funding levels, training quality or employment outcomes of SDF-funded projects. Instead, the province relies on campaign-style funding announcements, often showcasing private companies receiving multi-million dollar training grants.”

Move away from founding vision

Davis’s founding vision was rooted in regional development. Programs were designed to serve the long-term needs of communities, including the arts, local culture and community services. The goal was to strengthen entire regions and broaden opportunities through a balanced system that reflected both economic and social priorities.

This shift reflects the broader marketization of higher education. Education is valued less for cultivating critical thinking, civic participation and community life and more for producing workers to meet short-term market needs.

For students, this means diminishing autonomy as their choices are increasingly shaped by labour market pressures rather than broader civic needs and personal vocational interests. These funding trends raise concerns about the fate of a broader range of programs that sustain the social fabric of communities.

Ongoing college support staff strike

Finally, these policy shifts ignore the immediate impact on students, faculty and staff. The ongoing support staff strike at Ontario colleges is one expression of these pressures, and its complexity deserves discussion beyond the scope of this piece.

The question remains: where is our government in all this, and what will be done to save our colleges?

Today, Davis’s legacy is being dismantled by chronic underfunding. The future of our colleges depends on renewal. We must reclaim these values and call on our federal and provincial leaders to support a truly public system of higher education that serves the communities it was created to serve.

The Conversation

Emilda Thavaratnam does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Ontario’s colleges were founded to serve local and regional needs — have we forgotten that? – https://theconversation.com/ontarios-colleges-were-founded-to-serve-local-and-regional-needs-have-we-forgotten-that-262760

El doble filo de las ‘fintech’: entre la libertad financiera y la trampa digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Angela Sánchez, Profesora e Investigadora, especializada en Economía Conductual, Universidad Pontificia Comillas

LALAKA/Shutterstock

Las empresas que aúnan tecnología y finanzas (fintech) prometen agilidad, accesibilidad y comodidad. Además, han sido clave en la inclusión financiera de millones de personas sin acceso a la banca tradicional, al permitirles abrir cuentas (Revolut, N26), hacer pagos y transferencias (PayPal, Bizum o Wise y mediante pasarelas de pago electrónico de las entidades tradicionales), invertir (Investing.com, Betterment) o pedir créditos (Lendable, Avant) desde el móvil.




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¿Eficiencia o manipulación?

En el entorno fintech, con un clic, un gesto o un reloj en la muñeca, pagar se ha vuelto invisible. Pero, ¡cuidado!, lo que parece eficiencia es también un cálculo preciso que parte de los principios de la economía conductual, una disciplina que estudia cómo los sesgos, emociones y atajos mentales influyen en nuestras decisiones. Desde el diseño minimalista de las apps hasta notificaciones que celebran el “ahorro” conseguido al gastar, cada detalle está pensado para influir en nuestras decisiones financieras, muchas veces sin que seamos plenamente conscientes.




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Es curioso saber que el verdadero poder de estas empresas no reside solo en procesar pagos, sino en analizar comportamientos. Cada transacción genera datos que alimentan algoritmos diseñados para perfilar nuestros hábitos de consumo y predecir –o incluso inducir– nuestras próximas decisiones.

Pero ¿qué nos hace una presa tan fácil para las empresas ávidas de consumidores? Desafortunadamente, las razones son múltiples. Afortunadamente, las sabemos:

  1. El dinero “invisible” duele menos. En 1996, el profesor e investigador estadounidense George Loewenstein acuñó la expresión el “dolor de pagar”. Dar billetes genera incomodidad inmediata. Fraccionar pagos en una app o usar la fórmula Buy Now Pay Later (compre ahora y pague después, BNPL) disimulan esa incomodidad. En 2001, estudios neurológicos demostraron que pagar con tarjeta de crédito activa menos áreas del cerebro asociadas al dolor que pagar con efectivo. Es decir, el cerebro reacciona menos emocionalmente cuando no hay un intercambio físico de dinero. En la práctica, esto significa que las personas tienden a gastar más cuando ni ven ni tocan el dinero que utilizan. Por eso, en el entorno digital, donde los pagos se hacen con un clic, el riesgo de endeudamiento de amplifica.

  2. Aversión a la pérdida. Los investigadores Daniel Kahneman y Amos Tversky presentaron en 1979 su teoría de la prospectiva, con la que demostraron que perder afecta más que ganar. De ahí la efectividad de los mensajes: “No dejes pasar esta oportunidad”, “Te estás perdiendo 1 500 puntos si no usas tu tarjeta hoy” o “Solo por hoy, 20 % de devolución en tus compras”. Estos generan sensación de urgencia y refuerzan el miedo a perder un beneficio potencial. Aunque este no sea significativo en términos económicos ni el bien o servicio adquirido se necesitase o desease previamente. En este caso el objetivo no es tanto convencer racionalmente sino activar una respuesta emocional que lleve a la acción inmediata (de consumo).

  3. Sesgo de anclaje. Nuestra percepción de valor se ve fuertemente influenciada por la primera cifra o referencia que se nos presenta. La primera cifra que vemos actúa como referencia. Si el plan premium cuesta 10 000 €, el de 5 000 € parece razonable. Pero, sin el ancla inicial (los 10 000 €), el plan de 5 000 € podría percibirse como caro y poco atractivo. Las fintech utilizan este sesgo al diseñar sus planes de pago, suscripciones o tarjetas. La oferta inicial, más costosa, establece el marco de referencia, haciendo que la opción intermedia –que suele ser la más rentable para la empresa– parezca equilibrada, lógica e incluso una “buena oferta”. Así, lo que parece una elección libre y racional está en realidad influenciada por una manipulación sutil del contexto.

¿Comodidad o trampa?

La pregunta central es si los servicios que ofrece la tecnología financiera (pagos inmediatos, facilidades de pago, ofertas y descuentos) nos ahorran complicaciones o estamos más bien frente a un sistema que nos distrae y fomenta decisiones financieras poco saludables. Mientras los reguladores discuten límites y transparencia en el uso de soluciones BNPL, los usuarios navegan entre la conveniencia y el riesgo del autoengaño.

La tecnología promete comodidad, inmediatez y soluciones al alcance de un clic. Pero lo que aún está por verse es si el coste real será nuestra vulnerabilidad como consumidores. En un mundo donde cada propuesta empresarial busca inclinarnos a consumir sin pensar, comprender cómo utilizan estos sesgos no es un lujo intelectual sino una forma de defensa personal. Saberlo no nos vuelve inmunes, pero sí un poco más libres.

The Conversation

Angela Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El doble filo de las ‘fintech’: entre la libertad financiera y la trampa digital – https://theconversation.com/el-doble-filo-de-las-fintech-entre-la-libertad-financiera-y-la-trampa-digital-266400

Aristote l’avait pressenti : bouger stimule la pensée et la créativité

Source: The Conversation – France in French (3) – By Alberto Ruiz-Ariza, Profesor Titular en la Facultad de Humanidades y Ciencias de Educación, Universidad de Jaén

Comme Aristote et ses disciples péripatéticiens, de nombreux penseurs ont trouvé dans la marche et dans le mouvement une source de clarté et d’inspiration. Everett Collection/Shutterstock

Bouger n’est pas seulement bon pour le corps : c’est aussi un formidable carburant pour l’esprit. D’Aristote, qui enseignait en marchant, aux neurosciences modernes, l’histoire et la science confirment que l’activité physique est bénéfique pour l’agilité mentale.


Avez-vous déjà remarqué que lorsque vous bougez, que vous sortez vous promener en plein air ou que vous faites de l’exercice physique, votre esprit devient plus lucide, plus positif et que vos pensées s’enchaînent comme par magie ? En réalité, ce n’est pas de la magie, mais de la science. Et c’est quelque chose que les philosophes de l’Antiquité percevaient déjà de façon intuitive.

Aristote et son école péripatéticienne

Dès 335 avant notre ère, Aristote observait, sur la base de sa propre expérience, que le mouvement stimulait l’esprit et favorisait l’émergence des idées. Il avait ainsi coutume de se promener avec ses disciples dans le jardin du « lycée », le Péripatos, tout en discutant avec eux pour trouver des réponses.

Ainsi, Aristote dispensant son enseignement à ses disciples en marchant, son école a été appelée « péripatétique », ou « péripatéticienne », du grec ancien peripatetikós, « qui aime se promener en discutant ». On dit de ses adeptes qu’ils sont des « péripatéticiens ».

Statue d’Aristote placée près des vestiges du Lycée
Statue d’Aristote placée près des vestiges de son lycée.
Carole Raddato/Wikimedia, CC BY-SA

Convaincus que l’exercice physique nourrit la pensée, Aristote et ses disciples pressentaient déjà ce que la science moderne confirme aujourd’hui. Bien avant eux, le poète latin Juvénal exprimait déjà ce lien intime entre corps et esprit à travers sa célèbre maxime « mens sana in corpore sano » (un esprit sain dans un corps sain). Depuis, de nombreux penseurs ont continué à puiser dans le mouvement une source d’inspiration et de clarté intellectuelle.

Jean-Jacques Rousseau, Emmanuel Kant, Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Oliver Sacks, Yukio Mishima ou le neuroscientifique Santiago Ramón y Cajal partageaient une idée commune : la pratique d’une activité physique peut être un moteur pour l’esprit. Beaucoup d’entre eux trouvaient dans leurs promenades la clarté, l’inspiration et un moyen de se connecter au monde urbain, à la nature et à eux-mêmes. Pour eux, bouger leur corps était aussi un moyen de stimuler leur pensée.

Que dit la science du lien entre activité physique et performance cognitive ?

Aujourd’hui, de nombreuses études neuroscientifiques démontrent que ces penseurs avaient raison.

La pratique d’une activité physique apporte des bénéfices intellectuels dès le plus jeune âge à toutes les populations. Par exemple, après une marche de 20 minutes à 60 % d’intensité, l’activation cérébrale s’améliore, ce qui entraîne une augmentation dans les zones liées à l’attention et à la vitesse de traitement mental.

Augmentation de l’intelligence globale en relation avec l’augmentation de la capacité cardiorespiratoire
Augmentation de l’intelligence globale en relation avec l’augmentation de la capacité cardiorespiratoire.
Åberg et coll., 2009

De plus, il y a près d’une décennie, nous avons publié une revue systématique approfondie qui concluait que le niveau de forme physique, et en particulier la capacité cardiorespiratoire, joue un rôle sur les dispositions cognitives. Par exemple, une étude menée auprès de plus d’un million de jeunes Suédois a révélé que la condition cardiorespiratoire acquise entre 15 et 18 ans prédisait la performance intellectuelle à 18 ans.

Ces observations sont confirmées par une récente méta-analyse qui a synthétisé 133 revues systématiques couvrant 2 724 interventions sur l’efficacité de l’exercice physique pour améliorer la cognition, la mémoire et les fonctions exécutives, sur un total de 258 279 participants. Il en ressort que l’exercice, même de faible ou moyenne intensité, améliore toutes ces dimensions cognitives.

Quels mécanismes l’activité physique active-t-elle pour produire ces bienfaits ?

La pratique d’une activité physique augmente le flux sanguin et produit une angiogenèse, améliorant ainsi la circulation cérébrale et, par conséquent, l’oxygénation et l’apport en nutriments. Cela entraîne à son tour une amélioration du fonctionnement du cerveau et des processus émotionnels, cognitifs ou créatifs.

L’activité physique améliore également la plasticité et la microstructure cérébrales, et augmente la production du facteur neurotrophique dérivé du cerveau (BDNF), une protéine essentielle à la formation de nouveaux neurones – la neurogenèse, et à l’efficacité et aux connexions neuronales – la synaptogenèse.

D’autre part, l’activité physique provoque la libération de neurotransmetteurs, tels que la dopamine, les endorphines, la sérotonine et la noradrénaline, liées au bien-être, au bonheur, à l’humeur, à la réduction de l’anxiété ou du stress, à l’attention ou à la motivation. Si, en outre, l’activité est collective, elle peut renforcer la régulation des émotions et les compétences sociales.

Enfin, tout ce qui précède stimule également les facteurs neuroprotecteurs et réduit le risque de maladies neurodégénératives telles que la maladie d’Alzheimer.

Comment en tirer parti sur le plan pratique ?

Au sein de notre groupe de recherche, nous étudions depuis des années ce lien fascinant, en particulier dans le contexte éducatif et familial. Nos études révèlent que la pratique d’une activité physique à différents moments de la journée a un impact positif sur une multitude de facteurs clés pour le développement émotionnel et cognitif dès le plus jeune âge.

Enfants se promenant dans la forêt

Standret/Shutterstock

Par exemple, notre revue systématique et guide pratique éducatif résume les effets des cours scolaires physiquement actifs et des pauses ou récréations actives sur la cognition.

Ce travail fournit un tableau contenant des suggestions pour la mise en œuvre de ces stimuli dans un cadre éducatif chez les jeunes de 6 à 12 ans.

Par ailleurs, nos recherches mettent en évidence que l’apprentissage ludique favorise non seulement l’acquisition du vocabulaire ou la compréhension écrite, mais aussi l’image de soi, l’estime de soi et les compétences sociales des enfants. Elles montrent également que la mobilité active, le démarrage de la journée scolaire par une activité physique ou encore l’intégration de pauses actives peuvent contribuer à améliorer les diverses dimensions mentales, socio-émotionnelles et cognitivo-académiques chez les enfants et les adolescents.

Suggestions pour une journée type

Nous recommandons de commencer la journée par de la mobilité active d’au moins 15 à 20 minutes pour se rendre à l’établissement scolaire. Cela peut se faire en groupe et en se fixant des objectifs, comme essayer de dépasser, collectivement, un nombre de pas défini à l’avance.

Une fois arrivé à l’école, l’idéal serait de commencer par une séance d’activité physique de 16 minutes en mettant en place, par exemple, le programme C-HIIT, un entraînement fractionné de haute intensité (de l’anglais « High Intensity Interval Training » (HIIT)), adapté aux élèves. Cela permet d’améliorer considérablement l’attention et la concentration. Une autre option est le programme « Active-Start », qui consiste à commencer la journée par 30 minutes de jeux de coordination et de concentration.

Le matin, il est très utile d’organiser des cours physiquement actifs dans lesquels il est possible d’enseigner des contenus scolaires par le mouvement, y compris pour l’éducation des tout petits. Il est également suggéré d’inclure, par exemple, 4 à 10 minutes de pauses actives. Des programmes tels que FUNtervals ou « DAME10 » sont parmi les plus connus.

Les récréations actives ou les cours d’éducation physique intégrant une dimension cognitive ou des aspects coopératifs et socio-émotionnels) se révèlent particulièrement bénéfiques.

En dehors du cadre scolaire, la fréquentation de clubs sportifs ou la pratique d’une activité physique durant les loisirs constitue également une voie recommandée, que ce soit à travers des programmes extrascolaires ou des applications ou objets connectés conçus pour motiver les jeunes par le biais de défis quotidiens, mais qui ne sont pas non plus une panacée.

Enfin, il apparait que les jeunes qui perçoivent leurs parents comme actifs ou attentifs à leur pratique sont eux-mêmes plus enclins à bouger, ce qui favorise leur engagement durable dans l’activité physique et leur permet d’en tirer tous les bénéfices évoqués précédemment.

Défis pour la société actuelle

Si Aristote et ses péripatéticiens avaient pressenti les bienfaits du mouvement, notre société contemporaine soulève de nouveaux défis. Est-il réellement possible de mettre en pratique toutes ces recommandations ? Certaines exigent sans doute un soutien institutionnel et une formation adaptée pour l’ensemble des acteurs concernés, ainsi qu’une évolution des méthodes pédagogiques et un engagement collectif.

Un autre enjeu réside dans l’essor des technologies, qui peuvent se révéler autant des concurrentes que des alliées. Comme nous l’avons montré dans certains travaux antérieurs, leur potentiel peut être exploité de manière positive, à condition d’en limiter les dérives. En tirant parti de manière positive de toutes les avancées.

Quoi qu’il en soit, bougez. Votre cœur et votre cerveau vous diront merci.

The Conversation

Alberto Ruiz-Ariza ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Aristote l’avait pressenti : bouger stimule la pensée et la créativité – https://theconversation.com/aristote-lavait-pressenti-bouger-stimule-la-pensee-et-la-creativite-265999

Élections législatives tchèques de 2025 : la victoire à la Pyrrhus d’Andrej Babiš

Source: The Conversation – in French – By Jan Rovny, Professor of Political Science, Centre d’études européennes et de politique, Sciences Po

Certes, le parti populiste du milliardaire Andrej Babiš est arrivé en tête aux élections législatives. Mais quand on analyse de plus près la situation politique dans le pays, on constate que cette victoire ne signifie pas, loin de là, que Babiš pourra mettre en œuvre la totalité de son programme. Il ne dispose pas de la majorité absolue et devra donc s’allier à des partis dont le soutien à long terme ne lui est pas garanti.


Les élections législatives tchèques des 3 et 4 octobre 2025 ont été marquées par le retour en force de l’ancien premier ministre (2017-2021) – et candidat malheureux à la présidentielle de janvier 2023 – Andrej Babiš.

Son mouvement populiste, ANO (Akce nespokojených občanů, Action des citoyens mécontents), est arrivé en première position, récoltant plus de 34 % des suffrages et remportant 80 sièges sur les 200 que compte la Chambre basse du Parlement, soit un gain de huit sièges. Tandis que Babiš célébrait sa victoire au son de la pop italienne des années 1980 – musique qui évoque mon enfance dans la Tchécoslovaquie communiste –, les observateurs comprenaient déjà que son chemin serait semé d’embûches.

Quelle majorité pour le parti d’Andrej Babiš ?

Comme dans la plupart des démocraties occidentales, la politique tchèque se polarise de plus en plus autour de deux pôles.

L’un s’ancre dans les institutions et les normes de la démocratie libérale, tout en soutenant la coopération internationale sous la forme du libre-échange, de la défense transatlantique et de l’intégration européenne. L’autre devient de plus en plus sceptique à l’égard des bienfaits de ces marchés ouverts et de cette démocratie libérale, qu’il perçoit comme sources de concurrence déloyale et d’immigration indésirable, provoquant des tensions économiques et culturelles. Les élections de 2025 ont consolidé ces deux blocs : elles ont confirmé ANO comme hégémon incontesté du camp illibéral, tout en renforçant les formations les plus libérales du camp opposé.

Fondé en 2011, ANO s’était d’abord présenté comme un mouvement antisystème mené par un homme d’affaires milliardaire promettant de remplacer les élites politiques traditionnelles par des « gens normaux qui travaillent dur ».

Mettant en avant ses succès entrepreneuriaux (dans le domaine de l’agroalimentaire), Babiš cherchait alors à séduire un électorat de centre droit déçu par la politique traditionnelle. Mais au fil de la décennie, il a découvert que les électeurs les plus réceptifs à son populisme se trouvaient parmi les couches sociales plus fragiles et moins éduquées des régions périphériques. Progressivement, ANO s’est éloigné de son discours initial sur l’efficacité gouvernementale pour adopter des politiques sociales ciblées, mêlées à une critique de plus en plus virulente de l’immigration et des régulations climatiques.

Ce déplacement est visible dans la figure 1, tirée des recherches que j’ai conduites avec plusieurs collègues, qui situe les partis tchèques sur les dimensions économique et culturelle entre 2014 et 2024 : ANO s’y déplace nettement d’un centre-droit libéral vers un conservatisme à tendance sociale.

Figure 1. Espace politique tchèque et évolution des partis de 2014 à 2024. Cliquer pour zoomer.
Fourni par l’auteur

Dans son discours de victoire, Babiš a martelé que son premier Conseil des ministres rejetterait officiellement le pacte européen sur la migration ainsi que le système d’échange de quotas d’émission de carbone, et privilégierait le financement de la sécurité sociale et de la santé plutôt que le soutien à l’Ukraine, même s’il a donné des gages à l’UE et à l’OTAN.

Mais quel que soit le gouvernement qu’il parviendra à former, les obstacles seront nombreux.

Le premier défi de Babiš découle paradoxalement du score élevé d’ANO, obtenu au détriment de partis radicaux plus petits. L’alliance Stacilo ! (« Assez ! »), rassemblée autour du Parti communiste (KSCM) – qui mêle programme social radical, nationalisme nativiste et sympathies prorusses – n’a pas franchi le seuil électoral, condamnant une nouvelle fois la gauche historique à l’absence parlementaire.

Le parti d’extrême droite SPD, dont la campagne a combiné promesses sociales, rejet de l’immigration, opposition aux réfugiés ukrainiens et hostilité à l’UE, a lui aussi perdu des voix et cinq sièges. La domination d’ANO sur l’espace économiquement de gauche mais culturellement conservateur fragilise donc ses propres partenaires potentiels et complique la recherche d’une majorité stable.

La seule majorité possible du camp illibéral impliquerait une coopération – soit dans une coalition formelle, soit sous la forme préférée de Babiš, celle d’un gouvernement minoritaire d’ANO soutenu au Parlement – avec le SPD et les Motoristes. Ensemble, ces trois forces totalisent 108 sièges sur 200. Mais, là encore, les obstacles sont nombreux.

Le premier problème est programmatique. Les Motoristes sont une nouvelle formation menée par un homme d’affaires et coureur automobile, Filip Turek, amateur de gros moteurs, dont la collection personnelle comprend des armes et des objets nazis. Ce parti combine un libertarisme économique axé sur les baisses d’impôts et l’équilibre budgétaire avec un conservatisme viriliste. Tout en partageant avec ANO et le SPD leur opposition à la régulation climatique et à l’immigration, les Motoristes risquent de rejeter les politiques sociales coûteuses prônées par leurs deux alliés potentiels. Par ailleurs, bien que critiques envers l’Union européenne, ANO et les Motoristes refusent de réclamer un référendum sur un Czexit – sortie de la Tchéquie de l’UE –, que le SPD, lui, soutiendrait volontiers. Trouver une ligne commune s’annonce donc ardu.

Le deuxième problème est organisationnel. Les Motoristes sont des novices en politique, tandis que les élus du SPD proviennent de formations d’extrême droite diverses, regroupant conspirationnistes, militants antivax et admirateurs de Poutine. Utile pour gonfler le nombre de députés, cette alliance pourrait vite se révéler aussi instable qu’embarrassante.

Enfin, Babiš reste juridiquement vulnérable : il fait l’objet d’une enquête pour usage abusif de subventions agricoles européennes et pour conflit d’intérêts lié à son empire agro-alimentaire. Le président Petr Pavel a d’ores et déjà rappelé que, s’il chargeait Babiš de former le prochain gouvernement, celui-ci devrait se conformer pleinement au droit tchèque et européen.

Dans le camp d’en face, la progression des partis libéraux (au sens sociétal du terme)

Qu’en est-il du bloc opposé ? Le « bloc démocratique » s’articule autour de la coalition Spolu, qui regroupe les partis conservateurs (ODS et TOP 09) et le parti chrétien-démocrate (KDU-CSL), et qui est dirigée par le premier ministre sortant Petr Fiala. La coalition, qui avait en janvier 2023 soutenu la candidature victorieuse de Petr Pavel à la présidence, a obtenu plus de 23 % des voix et 52 sièges (contre 71 dans le Parlement précédent).

Le gouvernement Fiala, qui incluait également le parti libéral des Maires et Indépendants (STAN), s’est trouvé à la tête du pays depuis le début de la guerre à grande échelle menée par la Russie contre l’Ukraine, gérant à la fois l’afflux de réfugiés ukrainiens et la flambée des prix de l’énergie et de l’inflation.

S’il a mis en avant son rôle de garant de l’ancrage occidental de la République tchèque, il a sous-estimé le coût social payé par les catégories les plus modestes. En l’absence d’une gauche traditionnelle, le camp illibéral a su capter ce mécontentement populaire, mêlant conservatisme culturel et discours social.

Malgré la victoire électorale du camp illibéral, les deux forces politiques les plus libérales du pays – STAN et le Parti pirate – ont progressé, grâce au succès des Pirates. En 2021, les deux formations réunies comptaient 37 sièges (33 pour STAN, 4 pour les Pirates). En 2025, STAN recule à 22 sièges, mais les Pirates dépassent le SPD en en obtenant 18, portant leur total combiné à 40 sièges.

Ces deux partis, bien organisés et efficaces, défendent une ouverture culturelle affirmée – notamment en soutenant le mariage pour tous (qui pour l’instant n’est pas légal dans le pays, les couples de même sexe disposant seulement d’un équivalent du PACS français) – et s’intéressent désormais davantage aux questions sociales négligées par le précédent gouvernement, comme le logement et la protection sociale. Leurs voix dans l’opposition pourraient ainsi contester la prétention de Babiš à représenter les classes économiquement fragiles.

Une polarisation croissante

La polarisation croissante entre forces illibérales – prônant un mélange de nationalisme, d’exclusion et de politiques sociales – et forces démocratiques, attachées à la coopération et au commerce international, constitue une mauvaise nouvelle pour la démocratie tchèque.

La figure 2 (données du Chapel Hill Expert Survey) montre combien les attitudes culturelles sont liées aux positions sur la démocratie, et illustre la fracture entre ANO et ses alliés potentiels d’un côté, et les partis du gouvernement sortant et les Pirates de l’autre.

Figure 2. Positionnement démocratique et culturel des partis tchèques. Cliquer pour zoomer.
Fourni par l’auteur

Pourtant, les démocrates ne doivent pas désespérer. La victoire de Babiš est une victoire à la Pyrrhus.

D’une part, son succès affaiblit ses propres alliés potentiels : toute coalition qu’il formera sera fragile, hétérogène et instable. Contrairement à Viktor Orban en Hongrie, Babiš ne dispose pas d’une majorité constitutionnelle. Contrairement à Donald Trump aux États-Unis, il sera limité par le président Petr Pavel, qui l’a battu à la présidentielle de 2023, et par un Sénat dominé par le bloc démocratique.

Jan Rovny a publié en 2024 « Ethnic Minorities, Political Competition, and Democracy » aux presses universitaires d’Oxford.

D’autre part, les deux blocs ne sont pas aussi figés qu’ils en ont l’air. Le camp démocratique dispose de relais possibles auprès des électeurs de la gauche conservatrice, actuellement séduits par ANO ou le SPD. La figure 2 montre par exemple que ce camp comprend aussi des conservateurs culturels, tels que les chrétiens-démocrates du KDU-CSL, dont la religiosité n’exclut pas l’attachement à la démocratie libérale. Par ailleurs, l’absence persistante d’une gauche traditionnelle pourrait inciter les centristes libéraux – en particulier les Pirates – à se saisir plus systématiquement des questions de protection sociale et d’exclusion économique.

La démocratie se portera mieux partout lorsque les partis démocratiques couvriront l’ensemble du spectre politique : lorsqu’ils sauront parler aux conservateurs comme aux libéraux, et défendre l’ouverture internationale tout en s’attaquant sérieusement aux coûts sociaux du libre-échange et de la mobilité. Les résultats des élections législatives tchèques de 2025 ne garantissent pas cet avenir – mais ils le rendent possible.

The Conversation

Jan Rovny a reçu des financements de la Commission Européenne: Horizon Europe — 101060899 — AUTHLIB.

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Pour sauver les pôles, les projets de géo-ingénierie sont voués à l’échec

Source: The Conversation – France (in French) – By Steven Chown, Director, Securing Antarctica’s Environmental Future and Professor of Biological Sciences, Monash University

Le moyen le plus efficace de réduire le risque d’impacts généralisés du réchauffement climatique sur les pôles reste de diminuer les émissions de gaz à effet de serre. Derek Oyen/Unsplash

Alors que les pôles fondent à un rythme accéléré, certains chercheurs misent sur la géo-ingénierie pour ralentir la catastrophe : rideaux sous-marins, microbilles de verre ou fertilisation des océans. Mais une récente étude montre que ces solutions spectaculaires sont inefficaces, coûteuses et dangereuses – et qu’elles risquent surtout de détourner l’attention de l’urgence à réduire nos émissions de gaz à effet de serre.


Notre planète continue de se réchauffer en raison des émissions de gaz à effet de serre liées aux activités humaines. Les régions polaires sont particulièrement vulnérables à ce réchauffement. L’étendue de la banquise diminue déjà dans l’Arctique comme dans l’Antarctique. Les calottes glaciaires du Groenland et de l’Antarctique fondent, et des changements brutaux sont en cours dans les deux environnements polaires.

Ces changements ont de profondes conséquences pour nos sociétés, qu’il s’agisse de la montée du niveau de la mer, de l’évolution de la circulation océanique ou de la multiplication des phénomènes climatiques extrêmes. Ils entraînent aussi de lourdes conséquences pour les écosystèmes, notamment pour les ours polaires et les manchots empereurs, devenus des symboles des effets du changement climatique.

Le moyen le plus efficace pour atténuer ces changements et réduire le risque d’impacts généralisés est de diminuer les émissions de gaz à effet de serre. Pourtant, la décarbonation progresse lentement, et les projections actuelles indiquent une augmentation de la température d’environ 3 °C d’ici à 2100.

Aussi, certains scientifiques et ingénieurs, conscients des changements attendus et de l’importance des régions polaires pour la santé de la planète, ont-ils proposé de développer des approches technologiques, appelées géo-ingénierie, afin d’atténuer les effets sur l’Arctique et l’Antarctique.

Dans une étude publiée récemment dans Frontiers in Science, mes collègues et moi avons évalué cinq des concepts de géo-ingénierie les plus avancés envisagés pour les régions polaires. Nous en avons conclu qu’aucun d’entre eux ne devrait être utilisé dans les prochaines décennies. Ils sont extrêmement peu susceptibles d’atténuer les effets du réchauffement climatique dans les régions polaires et risquent de provoquer de graves conséquences indésirables.

Qu’est-ce que la géo-ingénierie polaire ?

La géo-ingénierie recouvre un large éventail d’idées visant à modifier délibérément, à grande échelle, le climat de la Terre. Les deux grandes catégories

consistent soit à retirer du dioxyde de carbone de l’atmosphère, soit à augmenter la quantité de lumière solaire renvoyée vers l’espace (une approche connue sous le nom de « modification du rayonnement solaire »).

Pour les régions polaires, les cinq concepts actuellement les plus avancés sont :

1. L’injection d’aérosols stratosphériques. Cette technique de modification du rayonnement solaire consiste à introduire dans la stratosphère de fines particules (comme le dioxyde de soufre ou le dioxyde de titane) afin de réfléchir la lumière du soleil vers l’espace. L’idée est ici d’appliquer ce principe spécifiquement aux pôles.

2. Les rideaux sous-marins. Ces structures flexibles et flottantes, ancrées au plancher océanique entre 700 et 1 000 m de profondeur et s’élevant sur 150 à 500 m, visent à empêcher l’eau chaude de l’océan d’atteindre et de faire fondre les plates-formes de glace (prolongements flottants qui ralentissent l’écoulement de la glace du Groenland et de l’Antarctique vers l’océan) ainsi que les lignes d’ancrage des calottes (là où se rencontrent terre, glace et océan).

Un schéma montrant un grand rideau dans la mer, dressé contre un mur de glace
Les sous-rideaux marins sont des structures flexibles et flottantes, ancrées au fond de la mer entre 700 mètres et 1 000 mètres de profondeur et s’élevant de 150 mètres à 500 mètres.
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3. Gestion de la banquise. Deux pistes sont explorées : d’une part, la dispersion de microbilles de verre sur la glace de mer arctique fraîche pour la rendre plus réfléchissante et prolonger sa durée de vie ; d’autre part, le pompage d’eau de mer à la surface de la banquise, où elle gèle pour l’épaissir, ou dans l’air pour produire de la neige, grâce à des pompes éoliennes.

4. Ralentir l’écoulement de la calotte glaciaire. Cette approche cible les « courants glaciaires » du Groenland et de l’Antarctique, de véritables rivières de glace s’écoulant rapidement vers la mer et contribuant à l’élévation du niveau marin. L’eau présente à leur base agit comme un lubrifiant. L’idée est de pomper cette eau afin d’accroître la friction et de ralentir leur progression. Le concept semble particulièrement pertinent pour l’Antarctique, où la fonte se joue davantage à la base de la calotte qu’à sa surface.

5. La fertilisation des océans. Elle consiste à ajouter des nutriments, comme du fer, dans les océans polaires afin de stimuler la croissance du phytoplancton. Ces organismes microscopiques absorbent le dioxyde de carbone atmosphérique, qui se retrouve stocké dans les profondeurs marines lorsqu’ils meurent et coulent.

Un schéma montrant des nutriments ajoutés à l’océan pour favoriser la croissance du phytoplancton
Un schéma montrant des nutriments ajoutés à l’océan pour favoriser la croissance du phytoplancton.
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Le risque des faux espoirs

Dans nos travaux, nous avons évalué chacun de ces concepts selon six critères : ampleur de la mise en œuvre, faisabilité, coûts financiers, efficacité, risques environnementaux et enjeux de gouvernance. Ce cadre fournit une méthode objective pour examiner les avantages et limites de chaque approche.

Aucun des projets de géo-ingénierie polaire ne s’est avéré viable dans les décennies à venir. Tous se heurtent à de multiples obstacles.

Ainsi, couvrir 10 % de l’océan Arctique de pompes destinées à projeter de l’eau de mer pour la geler exigerait l’installation d’un million de pompes par an sur dix ans. Les coûts estimés pour les rideaux marins (un milliard de dollars US par kilomètre) sous-estiment, de six à vingt-cinq fois, ceux de projets d’ampleur comparable dans des environnements plus simples, comme la barrière de la Tamise à Londres.

Un projet visant à répandre des microbilles de verre sur la glace a d’ailleurs été abandonné en raison des risques environnementaux. Et lors de leur dernière réunion, la majorité des Parties consultatives du Traité sur l’Antarctique ont réaffirmé leur opposition à toute expérimentation de géo-ingénierie dans la région.

Ces propositions nourrissent de faux espoirs face aux conséquences dramatiques du changement climatique, sans réduire rapidement les émissions de gaz à effet de serre. Elles risquent d’alimenter la complaisance face à l’urgence d’atteindre la neutralité carbone d’ici à 2050, voire d’être instrumentalisées par des acteurs puissants pour justifier la poursuite des émissions.

La crise climatique est une crise. Compte tenu du temps disponible, les efforts doivent se concentrer sur la décarbonation, dont les bénéfices peuvent être obtenus à court terme.

The Conversation

Steven Chown ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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