Las figuras de Francisco de Quevedo en el ‘reality’ de internet de ZonaGemelos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Ferreira Barrocal, Profesor e investigador en el Departamento de Lengua Española, Universidad de Salamanca

Carlos y Daniel Ramos en un momento de la retransmisión de ‘La casa de los gemelos’, el ‘reality’ de los dos hermanos que fue cancelado tras 10 horas. ZonaGemelos/YouTube

ZonaGemelos es un canal que echó a rodar entre 2022 y 2023. Opera actualmente en YouTube, Instagram, TikTok y en la polémica Kick. Su impacto en internet queda evidenciado en el número de seguidores que suman sus cuentas.

La cifra sobrepasa el millón, y la suma no tiene en consideración el número de seguidores que indicaba el marcador de su cuenta en Twich en el momento en que fue prohibida (119 412, aunque ha subido). Recientemente emitieron un reality, La Casa de los Gemelos (cancelado después de 10 horas), que llegó a ocupar el segundo lugar en tendencias en España en X. Le siguió La gala de la Casa de los Gemelos, que llegó a concitar a 150 000 personas en YouTube. Los datos dejan fuera de toda duda que ZonaGemelos ha llegado para quedarse.

Los organizadores, los hermanos Carlos Ramos y Daniel Ramos (25 años, Getafe), han querido dejar claro que son dos chicos normales de barrio. Pero lo que vienen haciendo en los últimos tiempos trasciende todo aquello que pueda considerarse común.

¿Qué es ZonaGemelos?

El contenido de sus streams (emisiones continuadas) se podría resumir de este modo: personajes altamente dispares entre sí –muchos de ellos con algún tipo de diversidad funcional– se enzarzan en debates insustanciales que carecen de sentido alguno. Esto ha generado mares inmensos de clips que circulan a altas velocidades, sobre todo en TikTok.

El primer elemento que debe ser analizado en ZonaGemelos son los participantes. Citemos arbitrariamente los nombres de algunos de ellos: David Evil, Pájaro Azul, La Maeb, el Churumbel de Málaga, Mr. Tartaria, Misha, Mala Rodríguez, Paco Porras, Aramís Fuster, la Falete, Coto Matamoros, Pipi Estrada, Modric Shaolin, la Marrash, Manolito, Ruth “la Peke”, Skippy, etc. Los nombres de algunas de estas personas les sonarán a algunos lectores, pues varios de ellos han participado en programas televisivos como Crónicas Marcianas o Sálvame.




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También ha habido apariciones estelares de artistas musicales en el género urbano como Bryant Myers o Morad, que han jugado, lógicamente, un rol diferente al de los anteriores.

Permítasame añadir ahora una precisión sobre el modo de actuar de los personajes en el programa. Los gemelos insisten mucho en el carácter novedoso y renovador de su método, pero lo que hacen es bastante tradicional. Algunos colaboradores reciben instrucciones para enfurecer a un compañero que jamás está prevenido, y ello genera una discusión que no pasa de insultos, procacidades, etc.

Con todo, hay aspectos que se remontan aún más al pasado, pues los gemelos –claramente sin ser conscientes de ello– activan mecánicas propias de la poética clásica de lo grotesco, pues buscan generar la risa con las singularidades de sus invitados.

Desde Quevedo (el del Siglo de Oro)

Esto en el mundo clásico era conocido como turpitudo et deformitas (que podría traducirse como “fealdad moral y fealdad física”). Los factores de este binomio sustentaron también la estética de la risa en la literatura del Siglo de Oro, y fue Francisco de Quevedo quien puso nombre a las posibilidades jocosas de la fealdad con la acuñación del concepto de figura en su obra Vida de la Corte y capitulaciones matrimoniales. El escritor distinguía entre figuras naturales y artificiales:

“Los naturales son los enanos, agigantados, contrahechos, calvos, corcovados, zambos y otros que tienen defectos corporales, a los cuales fuera inhumanidad y mal uso de razón censurar ni vituperar, pues no se lo adquirieron ni compraron excepto a los que de tal defecto hacen oficio”.

“Hay figuras artificiales que usan bálsamo y olor para los bigotes, copete, guedejas y aladares, de que usan mucho jaboncillo de manos y pelotilla de cera de oídos. Su conversación es damas, caballos y caza, visten y platican degenerando de la plebe y tal vez se tientan de poesía, a que se inclinan los enamorados, a quienes no satisface menos talento que el de Lope de Vega o don Luis de Góngora, por lo que han oído. Lo superior llaman bonito: lo bueno, razonable, y a lo malo, pésimo; nada les contenta: la causa nunca la dan por ser inferioridad. […] Son grandes estadistas de la vida, cobardes en extremo; tienen rufianes que riñan sus pendencias y los saquen de afrentas; rinden vasallaje de miedo a los desalmados y zainos; sus fiscales tratan con matusalenes, a quien estafan; son amigos de olor, comen más; juran ‘a fe de hidalgo’, ‘a fe de quien soy’ y ‘como quien soy’”

Como podemos ver, Quevedo distingue entre sujetos que resultan ridículos por sus características físicas y por sus conductas sociales. En el opúsculo de Vida de la Corte, el autor sugiere que los que han de ser censurados son los segundos: “Y porque he dicho sumariamente de las figuras naturales, diremos de las artificiales, contra quien mi intento va dirigido”.

Ni nuevo ni novedoso

Retrato de Francisco de Quevedo.
Retrato de Francisco de Quevedo en Francisco Pacheco, ‘El libro de descripción de verdaderos retratos, ilustres y memorables varones’.
Wikimedia Commons

Quevedo degrada a un amplio elenco de figuras artificiales en sus entremeses ya que –y esto es muy importante advertirlo– el poeta los despreciaba profundamente. Reprueba a los maridos consentidores en Diego Moreno, a las busconas en Bárbara o La polilla de Madrid, a los tacaños en El caballero de la Tenaza o a las personas que son incapaces de asumir los deterioros del paso del tiempo en La ropavejera.

Eugenio Asensio, uno de los filólogos más agudos del siglo XX, definió con precisión este tipo de entremeses, indicando que su “encanto reside en la variedad de tipos caricaturizados […] Es como una procesión de deformidades sociales, de extravagancias morales o intelectuales”. Asimismo, la poesía de Quevedo se mofó en algunas oportunidades de las figuras naturales. Baste rememorar el soneto “Érase un hombre a una nariz pegado” o los dos que dedicó a burlarse de los calvos.

El programa de los hermanos Ramos puede equipararse sin mayores dificultades con los catálogos de figuras de Francisco de Quevedo, puesto que unos y otros buscan provocar la carcajada del público a partir de las extravagancias.

No cabe tratar aquí el debate moral que ha suscitado ZonaGemelos, pero conviene señalar que estos métodos no son ni nuevos ni novedosos. De hecho, si fuésemos estrictamente rigurosos en lo que atañe a la cronología de la historia literaria, nos tendríamos que haber retrotraído a los poemas de la Antología griega, a los epigramas del poeta romano Marcial, al Cancionero de obras de burlas provocantes a risa o la Floresta Española de Melchor de Santa Cruz.

Es decir, la cosa es básica, tópica y frecuente, porque así lo permite sustentar la evidencia literaria.


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The Conversation

Jorge Ferreira Barrocal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las figuras de Francisco de Quevedo en el ‘reality’ de internet de ZonaGemelos – https://theconversation.com/las-figuras-de-francisco-de-quevedo-en-el-reality-de-internet-de-zonagemelos-267257

More than 40 years after police killed Eleanor Bumpurs in her Bronx apartment, people still #sayhername

Source: The Conversation – USA – By LaShawn Harris, Associate Professor of History, Michigan State University

New York City has a long history of police using violence to control people experiencing mental health crises. Beata Zawrzel/NurPhoto via Getty Images

When people with mental health problems are in crisis, police often are the first responders. Since many officers have little to no training on how to assess or treat mental illness, these situations can easily become violent.

In 2024, for example, 118 people were killed across the U.S. after police responded to reports of someone having a mental health episode. Such cases can lead to charges of police brutality.

This problem is not new. One of the first cases to receive wide attention and spur reform efforts happened 41 years ago, on Oct. 29, 1984. On that day, a white New York City police officer fatally shot 66-year-old Eleanor Bumpurs, a Black woman. Bumpurs, who lived in public housing and had a history of mental health problems, was killed during an eviction.

Bumpurs’ death ignited one of New York’s most significant social justice campaigns of the 1980s, centering on Black women’s encounters with police. It influenced decades of debate over police response to those with mental illness, which have continued right up to New York City’s current mayoral election.

Bumpurs lived across the street from my childhood home, and I was 10 years old when she was killed. In my new book, “Tell Her Story: Eleanor Bumpurs & the Police Killing That Galvanized New York City,” I explain how the police shooting of a grandmother roiled my neighborhood and sparked citywide action.

A Black woman wearing a bathrobe looks to her left with a serious expression.
Eleanor Bumpurs in an undated photo.
Associated Press

The eviction

On the day of the shooting, officers from the New York City Police Department’s Emergency Service Unit and the city housing agency gathered with a city marshal, public housing and welfare workers and medical technicians outside Bumpurs’ apartment. They were there to evict Bumpurs, who was four months behind on her rent and owed the city a little over US$400, equivalent to about $1,240 in today’s dollars. Housing Authority policy required police to accompany city marshals to all evictions.

As I recount in my book, this group believed Bumpurs was violent. Housing officers told the police that she was mentally ill and had a history of throwing lye on strangers.

While Bumpurs had a history of mental illness, she was also an elderly woman in need of medical care. As The New York Times editorial board later pointed out:

“… neither the city’s Housing Authority nor Human Resources Administration seemed able to help. Officials were unable to secure an emergency rent grant, for which she would have easily qualified. A consulting psychiatrist found her unable to function and recommended hospitalization, but no one moved fast enough.”

The officers were tasked with subduing Bumpurs. They had little information about her underlying condition or training to manage it.

Armed with gas masks, plastic shields, a restraining bar and a shotgun, six officers entered Bumpurs’ apartment. Police observed Bumpurs wielding a butcher knife in her right hand. Officer Stephen Sullivan fired two blasts with the shotgun. The first severely damaged Bumpurs’ right hand; the second struck her in the chest. Bumpurs died at a local hospital.

Paton Blough, who has bipolar disorder that triggers delusions, explains what it’s like to be arrested during a mental illness episode.

Public outrage

Bumpurs’ killing shocked New Yorkers. City leaders and community activists condemned what they saw as the NYPD’s use of excessive force against Black people and other people of color, particularly those with mental health conditions.

As then-city clerk and future mayor David Dinkins put it, “It is inconceivable to me that deadly force was employed here.” The New York Times called Bumpurs’ death “a grave error of police procedure and judgment.”

Bumpurs’ killing was discussed in Sunday morning sermons, university lecture halls, beauty salons and barbershops. Many New Yorkers denounced the shooting, although others praised Sullivan for protecting the lives of his fellow officers.

Artists took up Bumpurs’ cause. In her 1986 poem “For the Record: In Memory of Eleanor Bumpers,” Audre Lorde wrote:

 Who will count the big fleshy women
 the grandmother weighing 22 stone
 with the rusty braids
 and gap-toothed scowl
 who wasn’t afraid of Armageddon
 . . . . 
 and I am going to keep writing it down
 how they carried her body out of the house
 dress torn up around her waist
 uncovered
 past tenants and the neighborhood children
 a mountain of Black Woman
 and I am going to keep telling this
 if it kills me
 and it might in ways I am
 learning

In 1989, Brooklyn filmmaker Spike Lee dedicated his movie “Do the Right Thing” to Bumpurs and other Black New Yorkers killed by police officers.

Critics argued that Sullivan should be terminated and charged with homicide. They called for holding city workers responsible for mishandling the eviction and pressed Mayor Edward Koch and U.S. Attorney Rudolph Guiliani to investigate it.

Through rallies, grassroots lobbying and letter-writing campaigns, activists demanded legal justice for Bumpurs. They also called for reforms, including new police policies.

Amid activists’ calls for his arrest, Sullivan said he had been justified in shooting Bumpurs. He insisted that he had followed police procedures.

City action

In response to Bumpurs’ death, the NYPD implemented new procedures. Public pressure from activists inspired policy changes.

Officers were instructed not to confront “an emotionally disturbed person believed to be armed or violent. No action will be taken until the Precinct Commander or Duty Captain arrives and evaluates the situation.”

The new policies prioritized nonlethal methods for responding to these emergencies, instructing officers to use nets, Tasers and restraining bars and shields rather than guns.

Bumpurs’ family filed a $10 million lawsuit against the city, which ultimately led to a $200,000 settlement in 1990. In 1985, Sullivan was indicted by a Bronx grand jury on a manslaughter charge, which carried a maximum of 15 years in prison. He was convicted but acquitted on appeal in 1987 and restored to full duty.

Little lasting change

Even as the NYPD has adopted various training programs, people with mental illnesses continue to face excessive and deadly force when they confront the police.

Protesters hold signs reading 'Eleanor Bumpurs,' 'No Justice No Peace,' and 'Ferguson is Everywhere Justice for Michael Brown and Eric Garner'.
Protesters in New York City demonstrate over police violence against Black people, including Eric Garner and Michael Brown, who were both killed by police in 2014.
Viviane Moos/Corbis via Getty Images

Most recently, then-Mayor Bill de Blasio launched the Crisis Intervention Team in 2015 and the Behavioral Health Emergency Assistance Response Division program in 2021. In 2016, approximately 4,700 NYPD officers out of a force of slightly over 35,000 completed Crisis Intervention Team training, which provided instruction for responding to mental health emergencies.

Nonetheless, New Yorkers continued to confront police violence. On Oct. 18, 2016, police Sgt. Hugh Barry responded to reports that 66-year-old Deborah Danner, who was schizophrenic, had been screaming in the halls of her Bronx apartment building. Barry, who had not received CIT training, fatally shot Danner when she allegedly swung a bat at him. Barry was later indicted and acquitted of murder in 2018.

The B-Heard program dispatches mental health professionals and fire department paramedics to 911 mental health calls. As of 2024, however, it covered only 31 out of 77 NYPD precincts. Police officers still respond to many mental health calls using Tasers or firearms.

On March 27, 2024, for example, 19-year-old Queens resident Win Rozario called 911 because he was experiencing a mental health episode. Since no B-Heard unit served Rozario’s neighborhood, police were dispatched. Rozario was fatally shot minutes after officers entered his home.

Other U.S. communities have had greater success using civilian response teams. Examples include Denver’s Support Team Assistance Response program and Seattle’s Law Enforcement Assisted Diversion initiative.

More than a dozen U.S. cities are increasingly responding to nonviolent mental health crises with clinicians and EMTs or paramedics instead of police.

Research shows that such initiatives are safer and more effective than relying on law enforcement interventions. They produce better outcomes for people with mental health conditions and help keep communities safer.

In interviews with Bumpurs’ daughter, Mary, I asked what she saw as the legacy of her mother’s case.

She replied, “To keep her spirit moving. To let people know what happened to her.”

More than 40 years after Bumpurs’ death, the public continues to remember her death. Activists and writers have paid tributes and written articles about Bumpurs, signaling the importance of her tragic killing to the current political movement against police violence.

The Conversation

LaShawn Harris does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. More than 40 years after police killed Eleanor Bumpurs in her Bronx apartment, people still #sayhername – https://theconversation.com/more-than-40-years-after-police-killed-eleanor-bumpurs-in-her-bronx-apartment-people-still-sayhername-267609

New research reveals that almost half of Canadians believe in the paranormal — ghosts and all

Source: The Conversation – Canada – By Tony Silva, Associate Professor of Sociology, University of British Columbia

What would you say if you were told that paranormal activity exists? Well, nearly half of Canadians would agree.

What is the paranormal, exactly? It refers to phenomena that science cannot explain and are not part of a major religion in a particular society. In contrast, religious phenomena are part of an established doctrine. For example, in Canada, psychic abilities and Bigfoot or Sasquatch are considered paranormal, while angels and demons are associated with religion.

In the summer of 2025, we launched a survey of Canadian attitudes regarding paranormal beliefs in which participation was confidential. And for the first time in decades, we have nationally representative data on paranormal beliefs and encounters in Canada.

Although news outlets regularly publish stories about paranormal beliefs on Halloween, the results they discuss are usually based on convenience samples. Ours is the first study in 20 years to use randomly selected people from the Canadian population to ask these questions — meaning the results are representative.

And it turns out that almost one in two Canadians believe in at least one paranormal phenomenon, and one-quarter report encounters with spirits.

We asked about ghostly hauntings, alien visitations, psychic abilities, telekinesis, astrology and other unexplained phenomena. We also asked about cryptids — animals or creatures whose existence has been suggested but not (yet) proven by science — specific to Canada. They include creatures with roots in First Nations folklore like the large serpentine sea monster, the Cadborosaurus, off the B.C. coast and the Ogopogo in Lake Okanagan.

The believers, the skeptics and the in-between

Canada is one of the world’s most secular societies. Here, religion has little impact on the way people act or view the world.

How Canadians think about the paranormal, however, has been mostly unknown. It’s expensive to gather representative data in Canada and few social scientists think it’s important to study belief in the paranormal. The combination of these two factors has meant Canadian paranormal beliefs have gone unexamined for decades.

What we found is that Canadians have embraced the paranormal — to a point.

Almost half — 44 per cent — believe in at least one paranormal phenomenon. About one-third did not report belief in any paranormal phenomenon but did indicate neutrality about at least one. For example, several respondents did not believe in ghosts, but were on the fence about extraterrestrial visitations.

A graph shows how many canadians believe in paranormal activity
Many non-probability samples of Canadians have been surveyed over the last few years, but unlike ours, those results tell us little because they did not use random sampling to recruit respondents. This graph shows how many Canadians believe, are neutral or don’t believe in the existence of paranormal activity.
(Sophia Dimitrakopoulos), CC BY-ND

Only about one-quarter said they did not believe in any of the 10 phenomena we asked about. The percentage of firm non-believers is similar to the 28 per cent figure in the United States and the United Kingdom Belief varied by specific phenomenon. People were most likely to believe in ghostly hauntings.

A graph showing the types of paranormal activity that people most likely believe in.
Respondents answered the authors’ survey on a granular lever, revealing whether they neither disagree nor agree, somewhat agree or strongly agree with whether each type of 10 paranormal phenomenon exists or not.
(Sophia Dimitrakopoulos), CC BY-ND

Overall, it is more common for Canadians to believe in at least one paranormal phenomenon than to not believe in any.

Who is most likely to believe?

Patterns of belief vary somewhat by demographic group.

Women are more likely than men to believe in ghosts and psychics, reflecting how women have a higher probability of being open to phenomena with a spiritual dimension.

People with bachelor’s degrees or higher are less likely to believe in most paranormal phenomena. There are few racial or ethnic differences.

Interestingly, people aged 19-29 are less likely to believe in many paranormal phenomena than those aged 30-44 or 45-64. These findings suggest that young Canadians tend to opt out of any non-scientific belief system, whether religious or paranormal.

Few differences by region or language exist, though Francophones are less likely to believe in Sasquatch than Anglophones are.

Paranormal experiences in Canada

About one-quarter of Canadians claim to have heard, seen or felt a ghost or spirit. Some experiences were connected to religion, such as feeling the Christian Holy Spirit.

More often, experiences were associated with the death of a loved one and were personally meaningful. As one participant explained: “Soon after my mother’s death, I woke up suddenly and she was standing beside my bed. She smiled at me and faded away. I was comforted.”

Others reported spooky encounters associated with a place. A different participant wrote: “I was managing a motel and saw a ghostly man walking along the upper balcony. I asked the locals, and they said on the property that the motel was on, there was a house that burned down — and he lived in the house!”

Cryptid sightings are less common.

“I was operating a high-clearance sprayer, in a 1,300-acre field. I sat about 10 feet in the air in the cab on this machine,” one participant said. “I came around the corner of a bluff and saw a blurry, bipedal creature. It was furry, had a long snout and long arms, and in an instant turned into a moose. I have no idea to this day what that was.”

What our beliefs reveal

Our goal is not to prove or disprove any experience or belief, but to analyze what they mean for individuals and for Canada.

And to that end, our survey showed us that while many Canadians have replaced or supplemented religious belief with paranormal belief, most trust science. Belief in the paranormal or religion does not mean Canadians reject science, but rather that they believe some phenomena cannot yet be explained by science.

While the paranormal is fun — or creepy — to think about around Halloween, it is also part of the everyday belief system of many Canadians.

The Conversation

Tony Silva (as co-applicant) received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada for the first survey wave of this project, which focused on attitudes about politics and decarbonisation. No grant or taxpayer funds were used for the second survey wave, which included questions about paranormal beliefs.

Emily Huddart received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada to support an earlier wave of this project (with Tony Silva).

ref. New research reveals that almost half of Canadians believe in the paranormal — ghosts and all – https://theconversation.com/new-research-reveals-that-almost-half-of-canadians-believe-in-the-paranormal-ghosts-and-all-267912

Nuevas drogas: baratas, “legales” y a un clic de distancia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Martalu D Pazos, Investigadora predoctoral en neuropsicofarmacología de derivados anfetamínicos y otras nuevas sustancias psicoactivas del Departamento de Farmacología, Toxicología y Química Terapéutica, Universidad de Barcelona., Universitat de Barcelona

Maksim Kabakou/Shutterstock

¿Imagina poder comprar una droga por internet y que llegue a su casa por correo? Pues la opción existe. Y no es una sola, sino cientos. Se trata de las llamadas nuevas sustancias psicoactivas (NPS), y su presencia no para de aumentar.

Estas sustancias se crean con un objetivo muy claro: imitar los efectos de otras drogas más conocidas, como el cannabis, la cocaína, el éxtasis (MDMA) o la LSD, pero modificando ligeramente su estructura química para esquivar las leyes existentes. Que sean “legales” puede dar una falsa sensación de seguridad, pero nada más lejos de la realidad: se trata de sustancias poco investigadas sobre las que la información de seguridad es, en gran parte, desconocida. Este fenómeno es difícil de controlar porque cambia constantemente: cuando una se prohíbe, ya hay varias sustancias nuevas listas para reemplazarla.

El narcotráfico se digitaliza

Comprar drogas fiscalizadas implica, normalmente, conocer a alguien en el barrio que las tenga y las venda, es decir, “trapichear” y exponerse tanto a problemas legales como a situaciones de riesgo. Aunque existen maneras de adquirirlas por internet de forma más anónima y segura, esto conlleva saber acceder a la internet profunda o deep web y manejar criptomonedas.

Sin embargo, con las NPS la cosa cambia. Al no ser ilegales, cualquiera puede adquirirlas fácilmente online. Basta con una tarjeta de crédito y una dirección, como si fuera cualquier otro producto, y nos la envían a domicilio. Para ello, se utilizan los servicios postales o los sistemas de logística internacional. En el etiquetado se imprime la advertencia “no apto para consumo humano” o algo cotidiano como “sales de baño”.

Sales de baño

A la cocaína, la anfetamina y la MDMA en estos momentos les hace la competencia un grupo de sustancias que las imitan: las llamadas catinonas sintéticas o “sales de baño”. Son los estimulantes modernos más populares en España y han venido para quedarse.

Dentro de esta familia, la más popular es la mefedrona, que comenzó a venderse por internet en 2007 como MDMA legal. Sus efectos de euforia, mayor apreciación por la música, empatía y una leve estimulación sexual la llevaron a popularizarse en las noches de fiesta. Además, la duración de sus efectos es más corta, lo que invita a consumir repetidamente durante la misma sesión, aumentando los riesgos. Tras su prohibición, el ritmo de aparición de nuevas catinonas que cubrieran su nicho de mercado ha sido elevado.

Las drogas de los festivales

¿Qué pasó hace un año en el Primavera Sound de Barcelona? Con la llegada del buen tiempo, suelen aflorar los festivales de música. Y no es raro que, además del alcohol y el tabaco, los asistentes también busquen una pasti para “mejorar la experiencia”. Las más habituales en estos contextos suelen ser las de MDMA. Por desgracia, en un mercado desregulado como el de las drogas ilegales, estas pastillas no cuentan con los controles de calidad que sí tienen las drogas legales o medicamentos. Eso hace que el fraude en cantidad o composición de la droga sea una práctica extendida en el narcotráfico para abaratar costes, potenciar efectos o eludir consecuencias legales.

En este contexto, las nuevas drogas resultan muy atractivas: son más baratas, fáciles de conseguir y, en muchos casos, todavía “legales”. Esto las convierte en una opción ideal para reemplazar sustancias tradicionales muy demandadas como la MDMA. De esta forma, cuando escasea una droga popular, las nuevas drogas se utilizan para dar gato por liebre.

Esto ocurrió el año pasado en el Primavera Sound de Barcelona, uno de los festivales más importantes de España. Una pastilla de color rosa y forma cuadrada se vendía como si fuera MDMA. Pero al analizarla en el servicio estacionario de Energy Control, se descubrió que contenía clefedrona, una catinona sintética que la imita. Esto significa que se podría haber consumido una nueva droga sin saberlo, lo que aumenta los riesgos para la salud.

Más allá del tabú: hablar de drogas para salvar vidas

El consumo de estimulantes crece cada año y con él, también su producción. Así, las catinonas se consolidaron en el mercado para satisfacer una creciente demanda global cada vez más establecida.

Alrededor de 73 millones de personas en el mundo consumieron anfetaminas, cocaína o éxtasis en 2022. Esto muestra que el debate sobre un mundo “con o sin drogas” queda obsoleto: el consumo es una realidad instalada.

Cuando hablamos de los peligros de las drogas, solemos pensar solo en la adicción. Sin embargo, la realidad es mucho más amplia. Incluso si no nos hacemos adictos, consumir puede afectar a nuestra salud física y mental, impactar en el trabajo o los estudios, afectar a las relaciones personales y a la económica, entre otros problemas.

La forma más segura de evitar los riesgos del consumo de drogas es no consumirlas. Pero si se decide tomarlas, es crucial conocer los riesgos y tener información sobre cómo reducirlos, porque nadie sale de fiesta pensando en acabar en urgencias. La información salva vidas.

La paradoja de la prohibición

Las políticas basadas únicamente en la prohibición no logran reducir el consumo, el tráfico o los daños asociados. De hecho, pueden tener el efecto contrario: favorecen la aparición de nuevas sustancias diseñadas para esquivar la ley, pero sobre las que sabemos aún menos. Esto incrementa los riesgos para la salud de quienes las consumen.

Por eso, es necesario romper el tabú y hablar de drogas. No se trata de fomentar su consumo, sino de reconocer una realidad y apostar por estrategias basadas en la prevención, la reducción de daños y, en algunos casos, la regulación de ciertas sustancias sobre las que ya hay un conocimiento científico y médico sólido.

The Conversation

Martalu D. Pazos recibe financiación a través de una beca de doctorado concedida por la Generalitat de Catalunya (AGAUR), 2023 FISDU 00182. Desde el año 2022, es voluntaria en el programa Energy Control de reducción de riesgos en consumos recreativos de drogas de la organización sin ánimo de lucro ABD – Asociación Bienestar y Desarrollo.

David Pubill Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nuevas drogas: baratas, “legales” y a un clic de distancia – https://theconversation.com/nuevas-drogas-baratas-legales-y-a-un-clic-de-distancia-267149

Fed struggles to assess state of US economy as government shutdown shuts off key data

Source: The Conversation – USA (2) – By Jason Reed, Associate Teaching Professor of Finance, University of Notre Dame

The shutdown has closed off some of the Fed’s key economic data taps. picture alliance/Getty Images

When it comes to setting monetary policy for the world’s largest economy, what data drives decision-making?

In ordinary times, Federal Reserve Chair Jerome Powell and voting members of the Federal Open Market Committee, which usually meets eight times a year, have a wealth of information at their disposal, including key statistics such as monthly employment and extensive inflation data.

But with the federal shutdown that began Oct. 1, 2025, grinding on, government offices that publish such information are shuttered and data has been curtailed. Now, Powell and his Fed colleagues might be considering the price of gas or changes in the cost of coffee as they meet on Oct. 29 to make a judgment on the strength of the U.S. economy and decide where to take interest rates.

The Federal Reserve’s mandate is to implement monetary policy that stabilizes prices and promotes full employment, but there is a delicate balance to strike. Not only do Powell and the Fed have to weigh domestic inflation, jobs and spending, but they must also respond to changes in President Donald Trump’s global tariff policy.

As an economist and finance professor at the University of Notre Dame, I know the Fed has a tough job of guiding the economy under even the most ideal circumstances. Now, imagine creating policy partially blindfolded, without access to key economic data.

But, fortunately, the Fed’s not flying blind – it still has a wide range of private, internal and public data to help it read the pulse of the U.S. economy.

Key data is MIA

The Fed is data-dependent, as Powell likes to remind markets. But the cancellation of reports on employment, job openings and turnover, retail sales and gross domestic product, along with a delay in the September consumer price information, will force the central bank to lean harder on private data to nail down the appropriate path for monetary policy.

Torsten Slok, chief economist for the Apollo asset management firm, recently released his set of “alternative data,” capturing information from a wide range of sources. This includes ISM PMI reports, which measure economic activity in the manufacturing and services sectors, and Bloomberg’s robust data on consumer spending habits.

“Generally, the private data, the alternative data that we look at is better used as a supplement for the underlying governmental data, which is the gold standard,” Powell said in mid-October. “It won’t be as effective as the main course as it would have been as a supplement.”

But at this crucial juncture, the Fed has also abruptly lost one important source of private data. Payroll processor ADP had previously shared private sector payroll information with the central bank, which considered it alongside government employment figures. Now, ADP has suspended the relationship, and Powell has reportedly asked the company to quickly reverse its decision.

espresso falls from a coffee machine into a blue cup
With some key data unavailable, the Fed may pay more attention to the price of a cup of coffee to help determine how to set interest rates.
AP Photo/Julio Cortez

Internal research

Fortunately for the Fed, it has its own sources for reliable information.

Even when government agencies are working and producing economic reports, the Federal Reserve utilizes internal research and its nationwide network of contacts to supplement data from the U.S. Census Bureau, the Bureau of Labor Statistics and the Bureau of Economic Analysis.

Since the Fed is self-funded, the government shutdown didn’t stop it from publishing its Beige Book, which comes out eight times a year and provides insight into how various aspects of the economy are performing.

Its Oct. 15 report found that consumer spending had inched down, with lower- and middle-income households facing “rising prices and elevated economic uncertainty.” Manufacturing was also hit by challenges linked to higher tariffs.

Leading indicators

And though no data is being released on the unemployment rate, historical data shows that consumer sentiment can act as a leading indicator for joblessness in the U.S.

According to the most recent consumer confidence reports, Americans are significantly more worried about their jobs over the next six months, as compared to this time last year, and expect fewer employment opportunities during that period. This suggests the Fed will likely see an uptick in the unemployment rate, once the data resumes publishing.

And if you did notice an increase in the price of your morning coffee, you’re not mistaken – both private and market-based data suggest inflation is a pressing concern, with expectations that price increases will remain at about the 2% target set by the Fed.

It’s clear that there is no risk-free path for policy, and a wrong move by the Fed could stoke inflation or even send the U.S. economy spiraling into a recession.

Uncertain path ahead

At the Fed’s September monetary policy meeting, members voted to cut benchmark interest rates by 25 basis points, while one member advocated for a 50-point cut.

It was the first interest rate cut since December – one that Trump had been loudly demanding to help spur the U.S. economy and lower the cost of government debt. Markets expect the Fed to cut interest rates by another quarter of a percentage point at its Oct. 28-29 meeting and then again in December. That would lower rates to a range of 3.5% to 3.75%, from 4% to 4.25% currently, giving the labor market a much-needed boost.

After that, the near-certainty ends, as it’s anyone’s guess where interest rates will go from there. At quarterly meetings, members of the Federal Open Market Committee give projections of where they think the Fed’s benchmark interest rate will go over the next three years and beyond to provide forward guidance to financial markets and other observers.

The median projection from the September meeting suggests the benchmark rate will end 2026 a little lower than where it began, at 3.4%, and decline to 3.1% by the end of 2027. With inflation accelerating, Fed officials will continue to weigh the weakening labor market against the threat of inflation from tariffs, immigration reform and their own lower interest rates – not to mention the ongoing impact of the government shutdown.

Unfortunately, I believe these risks will be difficult to mitigate with just Fed intervention, even with perfect foresight into the economy, and will need help from government immigration, tax and spending policy to put the economy on the right path.

The Conversation

Jason Reed does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Fed struggles to assess state of US economy as government shutdown shuts off key data – https://theconversation.com/fed-struggles-to-assess-state-of-us-economy-as-government-shutdown-shuts-off-key-data-267204

Le « FOMO » ou peur de rater quelque chose : entre cerveau social et anxiété collective

Source: The Conversation – France (in French) – By Emmanuel Carré, Professeur, directeur de Excelia Communication School, chercheur associé au laboratoire CIMEOS (U. de Bourgogne) et CERIIM (Excelia), Excelia

Un rêve d’ubiquité entretenu par les outils numériques. Roman Odintsov/Pexels, CC BY

La « peur de rater quelque chose » (« Fear Of Missing Out », ou FOMO) n’est pas née avec Instagram. Cette peur d’être exclu, de ne pas être là où il faut, ou comme il faut, a déjà été pensée bien avant les réseaux sociaux, et révèle l’angoisse de ne pas appartenir au groupe.


Vous l’avez sans doute déjà ressentie : cette sensation distincte que votre téléphone vient de vibrer dans votre poche. Vous le sortez précipitamment. Aucune notification.

Autre scénario : vous partez en week-end, décidé à vous « déconnecter ». Les premières heures sont agréables. Puis l’anxiété monte. Que se passe-t-il sur vos messageries ? Quelles conversations manquez-vous ? Vous ressentez la « peur de rater quelque chose », connue sous l’acronyme FOMO (« Fear Of Missing Out »).

D’où vient cette inquiétude ? De notre cerveau programmé pour rechercher des récompenses ? De la pression sociale ? De nos habitudes numériques ? La réponse est probablement un mélange des trois, mais pas exactement de la manière dont on nous le raconte.

Ce que les penseurs nous ont appris sur l’anxiété sociale

En 1899, l’économiste Thorstein Veblen (1857-1929), l’un des théoriciens invoqués dans l’industrie du luxe décrit la « consommation ostentatoire » : l’aristocratie ne consomme pas pour satisfaire des besoins, mais pour signaler son statut social. Cette logique génère une anxiété : celle de ne pas être au niveau, de se retrouver exclu du cercle des privilégiés.

À la même époque, le philosophe allemand Georg Simmel (1858-1918) prolonge cette analyse en étudiant la mode. Il décrit une tension : nous voulons simultanément nous distinguer et appartenir. La mode résout temporairement cette contradiction, mais au prix d’une course perpétuelle. Dès qu’un style se diffuse, il perd sa valeur. Cette dynamique crée un système où personne n’est épargné : les élites doivent innover sans cesse tandis que les autres courent après des codes qui se dérobent.

En 1959, le sociologue Erving Goffman (1922-1982) théorise nos interactions comme des performances théâtrales. Nous gérons constamment l’impression donnée aux autres, alternant entre scène (où nous jouons notre rôle) et coulisses (où nous relâchons la performance). Sa question résonne aujourd’hui : que se passe-t-il quand les coulisses disparaissent ? Quand chaque instant devient potentiellement documentable, partageable ?

Enfin, plus récemment, le philosophe Zygmunt Bauman (1925-2017) a développé le concept de « modernité liquide » : dans un monde d’options infinies, l’anxiété n’est plus liée à la privation, mais à la saturation. Comment choisir quand tout semble possible ? Comment être certain d’avoir fait le bon choix ?

Ces quatre penseurs n’ont évidemment pas anticipé les réseaux sociaux, mais ils ont identifié les ressorts profonds de l’anxiété sociale : l’appartenance au bon cercle (Veblen), la maîtrise des codes (Simmel), la performance permanente (Goffman) et l’angoisse du choix (Bauman) – des mécanismes que les plateformes numériques amplifient de manière systématique.

FOMO à l’ère numérique

Avec la généralisation des smartphones, le terme se popularise au début des années 2010. Une étude le définit comme « une appréhension omniprésente que d’autres pourraient vivre des expériences enrichissantes desquelles on est absent ». Cette anxiété naît d’une insatisfaction des besoins fondamentaux (autonomie, compétence, relation) et pousse à un usage compulsif des réseaux sociaux.

Que change le numérique ? L’échelle, d’abord : nous comparons nos vies à des centaines de vies éditées. La permanence, ensuite : l’anxiété est désormais continue, accessible 24 heures sur 24. La performativité, enfin : nous ne subissons plus seulement le FOMO, nous le produisons. C’est ainsi que chaque story Instagram peut provoquer chez les autres l’anxiété que nous ressentons.

Le syndrome de vibration fantôme illustre cette inscription corporelle de l’anxiété. Une étude menée sur des internes en médecine révèle que 78 % d’entre eux rapportent ces vibrations fantômes, taux qui grimpe à 96 % lors des périodes de stress intense. Ces hallucinations tactiles ne sont pas de simples erreurs perceptives, mais des manifestations d’une anxiété sociale accrue.

Au-delà de la dopamine : une anxiété d’appartenance

De nombreux livres et contenus de vulgarisation scientifique ont popularisé l’idée que le FOMO s’expliquerait par l’activation de notre « circuit de récompense » cérébral.

Ce système fonctionne grâce à la dopamine, un messager chimique du cerveau (neurotransmetteur) qui déclenche à la fois du plaisir anticipé et une forte envie d’agir pour ne rien manquer. Dans le Bug humain (2019), Sébastien Bohler développe notamment la thèse selon laquelle notre cerveau serait programmé pour rechercher constamment davantage de ressources (nourriture, statut social, information).

Selon cette perspective, les plateformes de réseaux sociaux exploiteraient ces circuits neuronaux en déclenchant de manière systématique des réponses du système de récompense, notamment par le biais des signaux de validation sociale (likes, notifications), ce qui conduirait à des formes de dépendance comportementale.

D’autres travaux en neurosciences pointent vers une dimension complémentaire, peut-être plus déterminante : l’activation de zones cérébrales liées au traitement des informations sociales et à la peur de l’exclusion. Les recherches menées par Naomi Eisenberger et ses collègues depuis les années 2000 ont révélé que les expériences d’exclusion sociale activent des régions cérébrales qui chevauchent partiellement celles impliquées dans le traitement de la douleur physique.

Elles suggèrent que le rejet social constitue une forme de souffrance inscrite biologiquement. Ces deux mécanismes – recherche de récompense et évitement de l’exclusion – ne s’excluent pas mutuellement, mais pourraient opérer de manière synergique. Au fond, ce n’est pas tant le manque d’un like qui nous inquiète que le sentiment d’être en marge, de ne pas appartenir au groupe social.

Cette inscription neurobiologique de la peur de l’exclusion confirme, d’une autre manière, ce qu’avaient analysé Veblen, Simmel, Goffman et Bauman : l’anxiété d’appartenance constitue un ressort fondamental de nos comportements sociaux, que les plateformes numériques amplifient désormais de manière systématique.

Reprendre le contrôle de l’attention ?

L’anxiété sociale comparative n’a donc pas attendu Instagram pour exister. Mais il faut reconnaître une différence d’échelle : nos cerveaux, façonnés pour des groupes de quelques dizaines d’individus, ne sont pas équipés pour traiter le flux incessant de vies alternatives qui défile sur nos écrans.

Face à cette saturation, la déconnexion n’est pas une fuite mais une reconquête. Choisir de ne pas regarder, de ne pas savoir, de ne pas être connecté en permanence, ce n’est pas rater quelque chose – c’est gagner la capacité d’être pleinement présent à sa propre vie. Cette prise de conscience a donné naissance à un concept miroir du FOMO : le JOMO, ou « Joy of Missing Out », le plaisir retrouvé dans le choix conscient de la déconnexion et dans la réappropriation du temps et de l’attention.

The Conversation

Emmanuel Carré ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le « FOMO » ou peur de rater quelque chose : entre cerveau social et anxiété collective – https://theconversation.com/le-fomo-ou-peur-de-rater-quelque-chose-entre-cerveau-social-et-anxiete-collective-267362

The ‘demonstration effect’ can inspire girls to play — but only if communities are ready

Source: The Conversation – Canada – By Georgia Teare, Assistant Professor, Management and Leadership in Kinesiology, Western University

By age 14, girls drop out of sport at twice the rate of boys in Canada.

Sport can boost young people’s physical health, mental well-being and social skills, and fewer girls participating means more of them are missing out on these benefits.

But with women’s sports surging worldwide, closing Canada’s gender gap in participation is closer than ever before.

The solution, however, isn’t just more equipment or facilities — it’s showing them who they can become. Canadian Women and Sport’s recent Rally Report reveals that girls and women participate at disproportionately lower rates than boys and men, and that a lack of role models is a key driver of this gap.

Going beyond visibility to participation

With recent investments in elite women’s sport, girls now have unprecedented access to female role models.

Improved Women’s National Basketball Association (WNBA) airtime, Professional Women’s Hockey League (PWHL) expansion after only two seasons and record viewership of the 2025 Women’s Rugby World Cup, including the gold-medal match between Canada and England, reveal the momentum is undeniable.

Christine Sinclair’s success on the pitch inspired girls and women to play soccer, particularity after Team Canada’s Olympic gold medal win in 2021. Recently, Canadian swimmer Summer McIntosh’s success has sparked a surge in popularity of swimming in Canada.

The recently released Future of Sport Commission report confirmed the growth of women’s professional sport as an important driver of sport participation for girls — inspiring them to get involved and stay committed to sport. From the fan perspective, 88 per cent of sports fans think that professional women athletes are impactful role models for young women.

Researchers call this the “demonstration effect” — watching elite athletes perform inspires people to participate themselves. Being inspired by elite sports involves three things: a sense that something special is happening, an automatic emotional response (not a conscious choice) and motivation to take action. Typically the demonstration effect occurs through watching elite sport performances, elite athlete success, living near where a sport competition is hosted or a combination of these factors.

While the demonstration effect sounds promising, there’s a catch. Research also shows that newly inspired athletes often turn to local community sport clubs. But these clubs frequently don’t have the capacity or resources to handle the surge. This means that increasing women’s and girls’ participation in sport is more complicated than showing them that “girls play sport too.”

Sport needs stronger grassroots support

Quality, intentionally designed sport experiences are necessary to keep girls participating.

Improving community club infrastructure and capacity, for example, is a critical step toward providing impactful opportunities. More participants means that community sport clubs need more programming resources such as facility space, qualified coaches and equipment.

And with more participants, community sport clubs need to offer more sessions and maintain adequate instructor-to-participant ratios to ensure top instruction and feedback. But accessing this additional space is a key constraint to community sport club growth.

Clean, safe and accessible facilities must also be maintained — in some cases, even created. For example, there are not enough swimming pools in Canada to accommodate the increased demand.

As girls need athlete role models, they also need to see themselves reflected in coaching and officiating staff. With participant numbers increasing, demands on coaches can lead to burnout. In addition, women and girls participating in coaching and officiating are also disproportionately low compared to boys and men in these roles.

To help girls stay in sport, more efforts from Canadian national, provincial and territorial sport organizations are needed to train and retain women coaches and officials. But these investments are not just needed from government — the corporate world has an opportunity to support girls in sport as well.

Building equitable lasting change

The cost of youth sport is rising. For example, the average cost of playing hockey in Canada is $4,478 per child, with costs increasing with more competitive programming. In addition, youth participants are required to buy their own equipment to participate.

To keep sport accessible, community sport organizations should consider offering basic equipment. With the cost of registration fees, appropriate clothing and transportation, participation becomes financially inaccessible for many families. Community sport clubs can intentionally design low-cost programs and tap into government financial supports to keep girls playing.

When corporate Canada joins the team

Corporate Canada is starting to capitalize on the popularity of women’s elite sport, offering sponsorship or Corporate Social Responsibility (CSR) programs to financially support women’s and girls’ sport. There is an opportunity for community clubs to take advantage of this trend to help financially support participants.

Every girl brings different needs and expectations to sport. For example, girls with disabilities face unique structural and program barriers, newcomers to Canada may benefit from culturally specific programming, and club policies could be revisited to create safer spaces for LGBTQ+ youth and racialized girls, along with being more inclusive of all body types.

Community sport clubs that have the infrastructure and capacity to accommodate new participants must also ensure their programs are designed and implemented to provide quality experiences. These programs should reflect the diverse realities their participants face based on their background, identity and circumstances.

This will ensure that everyone can participate in ways that are inclusive and meaningful for them.

The Conversation

Georgia Teare receives funding from Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Laura Misener receives funding from Social Sciences and Humanities Research Council of Canada

ref. The ‘demonstration effect’ can inspire girls to play — but only if communities are ready – https://theconversation.com/the-demonstration-effect-can-inspire-girls-to-play-but-only-if-communities-are-ready-267270

Canada isn’t deeply polarized — yet. What new research reveals about partisan animosity

Source: The Conversation – Canada – By Emily Huddart, Professor of Sociology, University of British Columbia

If you spend time on social media or follow political commentary, you may have heard warnings that Canada is on track to becoming as politically polarized as the United States.

But how divided are we, really?

Our research suggests a more nuanced and positive picture. While Canadians are not immune to partisan animosity, our divisions are much less intense than in the U.S. Canadians express moderate levels of both affective polarization and the deeper hostility known as political sectarianism.

Measuring partisan animosity

Affective polarization refers to the gap in feelings people have toward those they agree with and those on the opposite side. It’s not about policy differences, but about feelings of warmth or hostility.

In the U.S., affective polarization, particularly dislike toward those with opposing views, has risen sharply over the past decade. This kind of division undermines trust, co-operation and democratic norms.

Researchers have expanded the concept to include political sectarianism — “the tendency to adopt a moralized identification with one political group and against another.” When political identities create moral opponents, compromise across parties feels like betrayal and democracy is threatened.

Trump 2020 signs hang in front of the Capitol Building.
Violent protesters, loyal to then-President Donald Trump, storm the U.S. Capitol on Jan. 6, 2021.
(AP Photo/John Minchillo)

Partisan animosity in Canada

To explore affective polarization and political sectarianism in Canada, we worked with the Canadian Hub for Applied and Social Research (CHASR) at the University of Saskatchewan to survey a nationally representative sample of 2,503 Canadians in the summer of 2024. Representative surveys are uncommon in Canada, and this survey is the first to measure political sectarianism

We asked respondents to self-identify their political ideology on a scale from zero (extremely left-wing) to 10 (extremely right-wing); moderates selected five. We also asked how warmly people felt toward left-wing and right-wing Canadians. Then we asked how much they agreed with statements capturing the three dimensions of political sectarianism:

1. Aversion — Feeling negatively toward the other side

2. Othering — Seeing the other side as incomprehensible

3. Moralization — Believing the other side is immoral

The results paint a mixed picture.

Feelings about the ‘out-group’

Canadians display moderate affective polarization: both left-wing and right-wing Canadians feel greater warmth for their “in-group” than for the “out-group.” These evaluations are measured using feeling thermometer ratings, which ask respondents how warm or cold they feel toward each group on a 0–100 scale. While the difference in warmth between in-group and out-group is meaningful, the magnitude of the divide is far lower than in the U.S.

Left-wing Canadians express stronger dislike toward the right than right-wing Canadians do toward the left. This same asymmetry exists in other countries and may be explained by different perceptions of social and moral threat.

There are low to moderate levels of political sectarianism in Canada. Left-wing Canadians express moderate “aversion,” but few Canadians view the other side as immoral. Both the right and the left have moderate levels of othering. In short, political differences in Canada are real, but they have not solidified into hatred and dehumanization.

Who is most likely to be polarized?

We found that people on the left are more polarized than people on the right, but otherwise, we didn’t find major differences between most groups.

Supporters of the NDP, the Conservative Party of Canada and the People’s Party are the most polarized. About one-fifth of Canadians are unaffiliated, which could explain why the two right-wing parties are more polarized than the Liberal Party, yet the left is overall more polarized than the right.

Older Canadians are more polarized than younger Canadians, and residents of Atlantic Canada are less polarized than residents of Alberta. Otherwise, we found no evidence that polarization differs by gender, race/ethnicity, level of education, sexual identity or whether someone lives in a rural or urban area.

Why it matters

Democracy depends on citizens’ ability to tolerate and respect one anther across political and other social divides. Partisan animosity can erode that tolerance, reducing trust in institutions and fellow citizens.

The fact that Canada remains only moderately polarized and demonstrates low to moderate political sectarianism is hopeful. But we also see areas of concern: the left’s greater dislike of the right; the left’s higher level of “aversion;” and moderate polarization among NDP, Conservative Party and People’s Party supporters.

Those divides could deepen over time, particularly if social media algorithms, partisan media or political leaders reward outrage over understanding.

Looking ahead

So far, Canada’s political culture seems to offer some protection from the extreme polarization that has taken hold of Americans. Canadians of all political loyalties continue to rely on mainstream media and credible news sources.

Still, the pressures that have intensified polarization elsewhere exist in Canada too: a hostile climate in Parliament and growing gaps in attitudes on social issues across the political left and right. How these forces unfold will depend on how elected representatives, the media and citizens choose to engage those who think differently than them.

For now, the Canadian polarization story is one of caution, not crisis. Our political differences are real, but haven’t yet deeply divided us. That advantage is fragile, but worth protecting.


Sophia Dimitakopolous, an undergraduate student in the Faculty of Science at the University of British Columbia, contributed to this article

The Conversation

Emily Huddart and Tony Silva produced this data with funding support from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Canada isn’t deeply polarized — yet. What new research reveals about partisan animosity – https://theconversation.com/canada-isnt-deeply-polarized-yet-what-new-research-reveals-about-partisan-animosity-267719

Infertilité masculine et pesticides : un danger invisible ?

Source: The Conversation – in French – By Marwa Lahimer, Chercheuse associée – UMR-I 01 Périnatalité & Risques Toxiques (Peritox), centre universitaire de recherche en santé, Université de Picardie Jules Verne (UPJV)

Si on a longtemps considéré que l’infertilité était un problème purement féminin, on sait aujourd’hui qu’il n’en est rien. Selon certaines estimations, 20 % à 30 % des cas sont directement imputables à des problèmes touchant les hommes. En marge des facteurs liés aux modes de vie, un faisceau d’indices semble incriminer notamment certains polluants environnementaux, tels que les pesticides.


À ce jour, l’Organisation mondiale de la santé (OMS) estime qu’environ 17,5 % de la population adulte, soit une personne sur six dans le monde est touchée par l’infertilité. Diverses études scientifiques indiquent que cette proportion devrait continuer à progresser jusqu’en 2040.

Ce problème majeur a plusieurs causes, dont certaines sont liées à l’évolution des modes de vie. Sous la pression des contraintes professionnelles ou économiques, l’âge de la parentalité a notamment tendance à reculer dans de nombreux pays.

Toutefois, depuis plusieurs années, les travaux de recherches pointent également le rôle de divers polluants environnementaux, tels que certains pesticides dans l’infertilité. De par leur capacité à perturber le fonctionnement hormonal, ces molécules interfèrent avec le système reproducteur. Nos travaux ont notamment mis en évidence que l’exposition à certaines de ces molécules se traduit, chez les hommes, par une diminution de la qualité du sperme.

Qu’est-ce que l’infertilité ?

L’infertilité est définie comme l’incapacité à obtenir une grossesse après douze mois de rapports sexuels réguliers et non protégés. Lorsqu’elle affecte des couples qui n’ont jamais réussi à concevoir, on parle d’infertilité « primaire ». L’infertilité « secondaire » touche quant à elle les couples qui ont déjà vécu une grossesse, mais qui éprouvent des difficultés à concevoir de nouveau.

Longtemps, l’infertilité a été considérée comme résultant uniquement de problèmes affectant les femmes. En effet, confrontés à une telle situation, les hommes ont tendance à considérer que l’échec de conception remet en question leur virilité, ce qui peut les pousser à refuser les tests médicaux (ou à rejeter la faute sur leur partenaire). Cela a longtemps contribué à passer sous silence une potentielle responsabilité masculine, renforçant l’idée fausse que seules les femmes peuvent être responsables de l’infertilité.




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Si, dans certains pays, les hommes ont encore du mal à reconnaître leur implication dans ce problème majeur, les progrès médicaux ont fait peu à peu prendre conscience que l’infertilité pouvait aussi avoir des origines masculines.

On sait aujourd’hui qu’au moins 20 % des cas sont directement imputables aux hommes, et que ces derniers contribuent à 50 % des cas d’infertilité en général.

À l’origine de l’infertilité, une multitude de facteurs

Les causes de l’infertilité peuvent être multiples. Chez la femme comme chez l’homme, la capacité à engendrer est influencée par l’âge.

Les femmes naissent avec un stock limité d’ovules, qui diminue progressivement avec l’âge, ce qui s’accompagne d’une baisse progressive de la fertilité, jusqu’à la ménopause. Les hommes, quant à eux, sont affectés à partir de la quarantaine par une diminution de la qualité du sperme (notamment le fonctionnement des spermatozoïdes, les gamètes mâles), ce qui a également des conséquences en matière de fertilité.




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Parmi les causes « non naturelles », les scientifiques s’intéressent de plus en plus aux effets de la pollution et des pesticides. Aux États-Unis, les travaux de l’USGS (United States Geological Survey), la principale agence civile de cartographie aux États-Unis, ont révélé qu’environ 50 millions de personnes consomment des eaux souterraines exposées aux pesticides et d’autres produits chimiques utilisés dans l’agriculture.

Preuve des préoccupations des autorités, pour réduire les intoxications causées par les pesticides, en particulier chez les travailleurs agricoles et les manipulateurs de pesticides, des protections professionnelles sont offertes à plus de 2 millions de travailleurs répartis sur plus de 600 000 établissements agricoles via la norme de protection des travailleurs agricoles (WPS) et l’agence de protection de l’environnement (EPA).

Ces précautions ne sont pas étonnantes : ces dernières années, les scientifiques ont rassemblé de nombreux indices indiquant que l’exposition aux pesticides représente un danger pour la santé publique, et peut notamment se traduire par des problèmes d’infertilité.

L’analyse du taux de prévalence de l’infertilité chez les personnes âgées de 15 à 49 ans, dans 204 pays et territoires, entre 1990 et 2021 a récemment révélé que les régions les plus touchées par l’infertilité sont principalement situées en Asie de l’Est, en Asie du Sud et en Europe de l’Est.

Cette problématique concerne aussi la France, pays considéré comme l’un des plus grands consommateurs de pesticides dans le monde. Il est important de mettre en lumière cette situation, car la plupart des personnes qui souffrent d’infertilité ne la connaissent pas.

Des molécules qui perturbent les mécanismes hormonaux

L’Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation, de l’environnement et du travail (Anses) a classé diverses substances dans la catégorie des perturbateurs endocriniens : le bisphénol A (BPA), les phtalates et leurs métabolites, ou certains pesticides, tels que les biphényles polychlorés (PCB), le glyphosate, le dichlorodiphényltrichloroéthane (DDT) et le méthoxychlore.

Pour mémoire, les perturbateurs endocriniens sont des substances imitant ou interférant avec l’activité des hormones, donc capables de perturber le fonctionnement hormonal, et ce, même à très faible dose.

En ce qui concerne les pesticides, les systèmes de surveillance environnementale et sanitaire se sont longtemps focalisés sur les substances actives, négligeant en grande partie les composés issus de leur dégradation, appelés « métabolites ».

Pourtant, on sait aujourd’hui que, dans certains cas, les métabolites peuvent exercer un effet biologique plus important que la substance mère elle-même. Dans le cas des pesticides, ces composés secondaires sont souvent persistants et peuvent jouer un rôle significatif dans les effets toxiques à long terme. C’est en particulier le cas en ce qui concerne la fertilité humaine.

Cette omission dans les stratégies de suivi a retardé la reconnaissance de la contribution potentielle des métabolites de pesticides à la baisse de la fertilité observée dans certaines populations exposées.

Perturbateurs endocriniens et fertilité masculine

Les preuves scientifiques suggèrent en effet qu’une exposition prolongée à des perturbateurs endocriniens peut nuire à la fertilité masculine, en affectant divers aspects de la fonction hormonale, avec notamment des conséquences sur la spermatogenèse (autrement dit la production et de la qualité du sperme).

En 2023, nous avons mené une étude rétrospective portant sur une population de 671 hommes vivant en Picardie. Les résultats ont montré que, chez le groupe exposé, que les spermatozoïdes étaient moins actifs et se déplaçaient moins bien. De plus, nous avons observé que l’ADN des spermatozoïdes était plus souvent fragmenté, et que leur structure était moins stable.

Au-delà des conséquences liées à l’exposition à un perturbateur endocrinien donné, la question de l’exposition à des mélanges de substances capables de perturber le système hormonal se pose avec une acuité grandissante.

Outre les pesticides et leurs métabolites, nous sommes en effet quotidiennement en contact avec de nombreuses molécules présentant des propriétés de perturbation endocrinienne. On peut par exemple citer les bisphénols utilisés pour remplacer le bisphénol A, composés perfluorés (PFAS, les alkylphénols (utilisés dans les détergents), ou encore les phtalates, dont on sait qu’ils peuvent altérer la production hormonale, perturber la maturation des cellules reproductrices et affecter la qualité du sperme (en plus d’affecter négativement la fertilité féminine).

Or, parfois, le fait d’être présentes dans un mélange modifie l’activité de certaines molécules, ce qui peut accroître leur toxicité. Certains facteurs environnementaux, tels que la pollution de l’air, peuvent également exacerber ces effets.

Pourquoi les perturbateurs endocriniens perturbent-ils la fertilité masculine ?

Dans notre corps, la production des hormones, et notamment de celles qui contrôlent la fertilité, est sous l’influence de l’axe hypothalamo-hypophysaire. Ce dernier est en quelque sorte la « tour de contrôle » qui régule le trafic hormonal. Comme son nom l’indique, il est constitué par l’hypothalamus, une région du cerveau impliquée dans de nombreux processus essentiels (métabolisme, croissance, faim et soif, rythme circadien, thermorégulation, stress et reproduction) et par l’hypophyse, une glande de la taille d’un petit pois qui se trouve à la base du cerveau.

L’hypothalamus libère une hormone appelée GnRH (GnRH, pour gonadotropin-releasing hormone), qui stimule l’hypophyse. En réponse, l’hypophyse libère à son tour deux hormones clés : la FSH (hormone folliculo-stimulante) et la LH (hormone lutéinisante). Ces hormones stimulent la production de testostérone par les testicules.

Les perturbateurs endocriniens ont la capacité de se fixer sur les récepteurs hormonaux. Ce faisant, ils perturbent la production des hormones sexuelles masculines, telles que la testostérone et l’œstradiol, qui sont cruciales pour le développement et le maintien des fonctions reproductives.

Les perturbateurs endocriniens agissent à plusieurs niveaux

On l’a vu, les perturbateurs endocriniens interfèrent avec le système hormonal en imitant ou en bloquant les hormones naturelles. Certains d’entre eux donnent également de faux signaux à l’hypothalamus ou à l’hypophyse, ce qui dérègle la production de FSH et de LH, empêchant ainsi le bon fonctionnement des testicules.

Grâce à des études expérimentales menées dans notre laboratoire sur des rats de Wistar, nous avons démontré que l’exposition à certains produits chimiques et la consommation d’une alimentation riche en graisses pouvaient avoir un impact négatif sur la reproduction. Nos principaux résultats indiquent une diminution significative du poids des petits rats exposés à l’insecticide chlorpyrifos à partir du 30e jour. Ce phénomène est encore plus marqué au 60e jour après la naissance.

L’analyse des tissus a révélé chez les femelles une augmentation du nombre de follicules détériorés. Chez les mâles, nous avons constaté que la structure des testicules était anormale, ce qui engendre une perte de cellules germinales (les cellules intervenant dans la production des spermatozoïdes).

De plus, chez des rats exposés au chlorpyrifos et à un régime riche en graisses, nos travaux ont mis en évidence une baisse significative de certaines protéines essentielles à la régulation hormonale. C’est par exemple le cas de deux hormones sécrétées par les neurones de l’hypothalamus : la GnRHR (hormone de libération des gonadotrophines hypophysaires, responsable notamment de la synthèse et de la sécrétion de LH) et la kisspeptine (qui joue un rôle majeur dans la mise en place de la puberté et dans la régulation de la reproduction).

Que peut-on faire ?

Pour limiter les risques, il est important d’adapter ses comportements afin de réduire au maximum son exposition aux perturbateurs endocriniens. L’adoption de certains gestes simples peut y participer :

  • privilégier une alimentation bio, afin de limiter l’exposition aux pesticides (en ce qui concerne l’eau, diverses questions se posent, en particulier celle de la qualité de l’eau du robinet dans les régions fortement agricoles ; ces zones peuvent en effet être contaminées par des résidus de pesticides, des nitrates ou d’autres produits chimiques provenant des pratiques agricoles) ;

  • laver soigneusement les fruits et légumes avant de les consommer et de les éplucher si possible ;

  • porter des équipements de protection en cas d’utilisation de pesticides, en particulier en milieu professionnel. Rappelons que les agriculteurs sont les premières victimes directes de ces substances ;

  • sensibiliser les populations et promouvoir des pratiques agricoles responsables.

The Conversation

Sophian Tricotteaux-Zarqaoui a reçu des financements pour son doctorat de la Région Haut-de-France (50%), de la Mutualité Sociale Agricole of Picardie (25%) et de ATL Laboratories (25%).

Hafida Khorsi, Marwa Lahimer et Moncef Benkhalifa ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Infertilité masculine et pesticides : un danger invisible ? – https://theconversation.com/infertilite-masculine-et-pesticides-un-danger-invisible-247711

Réhabiter Valence un an après les inondations : le peuple va-t-il aider à sauver le peuple ?

Source: The Conversation – in French – By Guillaume Nord, Hydrologue, Université Grenoble Alpes (UGA)

La mosaïque de Michael Barros avec, en fond, une photographie satellite de l’Espagne (octobre 2024).
Michael Barros/Modis Land Rapid Response Team/NASA GSFC , Fourni par l’auteur

C’est une phrase qui s’est rapidement imposée au moment des inondations meurtrières qui ont touché Valence (Espagne) en octobre 2024 : « Seul le peuple sauve le peuple. » Elle est aujourd’hui inscrite sur des centaines de mosaïques, qui, partout dans la ville, indiquent le niveau de la crue. Cette phrase peut aussi se révéler pertinente, voire même cruciale, pour prévenir les prochaines catastrophes, note un groupe de chercheurs.


Il y a un an, le 29 octobre 2024, un orage méditerranéen violent touchait le Sud-Est espagnol, provoquant une inondation catastrophique de la communauté autonome de Valence. Celle-ci a fait 229 victimes et des dégâts matériels et environnementaux considérables. L’hiver dernier, alors que les causes climatiques et urbanistiques de la catastrophe étaient établies, et que les polémiques sur les responsabilités politiques de la gestion de la crise se poursuivaient, un artiste a apporté un message qui semble résumer les leçons qu’il faudrait tirer de la catastrophe pour transformer la ville et la réhabiter.

L’illustrateur Michael Barros, habitant de Sedaví dans la banlieue inondée de Valence, a ainsi lancé en février 2025 une initiative artistique inspirée des repères de crue posés à la suite de l’inondation de 1957. Il a, au départ, créé une centaine de carreaux de faïence (azulejos) qu’il pensait proposer dans son voisinage. Ces derniers ont eu un succès inattendu : il en existe plus de 2 000 aujourd’hui.

Un des azulejos (en haut à gauche) à Valence (Espagne), en octobre 2025.
Guillaume Nord, Fourni par l’auteur

Ces azulejos rappellent, dans leur partie haute, jusqu’où l’inondation est montée : « Fins ací va arribar la riuà » (en français : « La crue est montée jusqu’ici »). Ils évoquent aussi, dans leur partie inférieure, le grand élan de solidarité visible au moment de la catastrophe où des milliers de personnes sont venues aider. Barros dessine la marche des sauveteurs bénévoles arrivant dans la zone inondée par une passerelle enjambant la rivière.

Il reprend aussi la phrase « Sols el poble salva al poble », soit en français : « Seul le peuple sauve le peuple. » Ce slogan avait envahi les réseaux sociaux au moment de la catastrophe et il a été l’objet de commentaires dans la presse sur son origine et sur son utilisation politique.

En plus du message classique des repères de crue indiquant la hauteur atteinte par les eaux, les azulejos de Michael Barros rappellent aussi que se protéger de l’inondation reste l’affaire de tous. Un double message particulièrement pertinent : les causes de l’inondation de 2024 et ses ravages ont pu être bien décrites par le travail de divers scientifiques, mais pour autant, l’anticipation des prochains événements à risque ne doit pas être réservée aux seuls experts, dont les recommandations ponctuelles peuvent être vite oubliées. En cela, le peuple est bien le protecteur du peuple.

Un scénario catastrophe aux raisons connues

Les inondations ont des causes climatiques bien établies. Les conditions météorologiques responsables de la violence des cyclones méditerranéens sont connues. Dans le cas de la région de Valence, il s’agit souvent de dépressions isolées en altitude (en espagnol, depresión aislada en niveles altos ou DANA) qui extraient, par évaporation, d’énormes quantités d’eau de la Méditerranée et qui les transforment en précipitations diluviennes et destructrices.

Les méthodes d’attribution montrent que le réchauffement climatique est responsable, dans la région de Valence, d’une augmentation de moitié des surfaces exposées à des pluies extrêmes et de près d’un quart de leurs cumuls.

Photographie satellite sur l’Espagne, le 30 octobre 2024.
Modis Land Rapid Response Team/NASA GSFC, CC BY

La catastrophe qui en a résulté est liée à une conjonction de plusieurs raisons. Pour protéger Valence après la crue dévastatrice du fleuve Turia en 1957, le cours du fleuve avait été détourné du centre-ville. Depuis lors, au sud de la ville, des digues le dirigent vers la mer. Pensant le risque d’inondation écarté, de nouveaux quartiers résidentiels et industriels et leurs infrastructures de transport se sont développés au sud de ces digues à partir des années 1970, formant la banlieue de l’Horta Sud (en castillan, Huerta Sur).

En 2024, la crue du Turia a été bien contenue par les digues, mais l’Horta Sud a alors été traversée par l’arrivée rapide et massive des eaux de la Rambla de Poyo. Ancien affluent du Turia, ce fleuve côtier mineur (400 km2 d’aire drainée), dont le haut bassin a reçu un cumul de pluie extrême (près de 400 mm en six heures), a produit un débit de pointe largement supérieur à la crue de la Seine à Paris, en 1910 : celui-ci a été estimé à 3 000 mètres cubes par seconde !

Deux mois après la catastrophe à Valence (Espagne).
Fourni par l’auteur

En région méditerranéenne, ces petites rivières intermittentes, les ríos secos, accentuent la surprise et la désorientation face à l’inondation en masquant l’origine du danger. Elles sont invisibles par temps sec, dissimulées par les aménagements, sans continuité amont aval claire, y compris dans leurs noms.

En plus de ces contextes météorologiques et urbanistiques particulièrement critiques, l’absence d’alerte en temps utile a produit un bilan humain tragique, associé à une cascade de dommages matériels et environnementaux. La catastrophe a mis au jour une grande impréparation politique et sociale.

Associer le public à la culture du risque

Devant la répétition de catastrophes qui se ressemblent se pose la question de la résilience des métropoles face aux manifestations climatiques – et, en particulier, aux inondations rapides dans la région méditerranéenne. La réponse doit associer connaissance de la trajectoire historique locale, engagement du public et restauration écologique.

La trajectoire historique du développement économique et social de l’Horta Sud s’est pensée à l’abri des infrastructures de protection. Maintenant que ce secteur s’avère fortement exposé au risque d’inondation par la Rambla, la difficulté pratique et économique, pour réduire cette exposition, est considérable.

Adapter la forme urbaine et les activités qui l’accompagnent va demander des efforts sur le temps long pour lutter contre l’inertie du système institutionnel et des pratiques individuelles.

Des politiques publiques européennes, nationales et locales relatives au risque inondation promeuvent l’engagement du public. Leurs objectifs d’intégration et d’optimisation de la gestion du risque conduisent à la construction d’une culture du risque « par le haut », c’est-à-dire, par les savoirs experts, faisant des inondations une affaire de « management ».

Ces politiques oublient souvent que l’expertise doit s’accompagner d’actions capables de régénérer l’engagement, l’action collective, dans une construction « par le bas ». Apprendre à faire face au risque ensemble, par des pratiques qui s’inscrivent dans la durée et qui impliquent directement les communautés concernées, permettrait d’éviter l’écueil du court-termisme et du seul technicisme, qui a posé et posera de nouveaux problèmes si rien ne change.

La restauration écologique promet des solutions fondées sur la nature dont la mise en place commence, à Valence, par des mesures comme la réduction de l’artificialisation des sols ou le rééquilibrage du lit des rivières. Elle se heurte souvent à la rigidité de la trajectoire de développement et au manque d’engagement, voire à l’hostilité du public.




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Renouer avec l’action collective grâce à une vision commune : comment vivre avec la rivière dans le futur ?

Dans l’après-crise immédiate, de multiples initiatives ont surgi. Celles-ci sont propres à impliquer le public, comme des expériences d’enseignement à l’école primaire ou les précieuses mesures météorologiques amateurs. Elles méritent d’être inscrites dans un cadre de réflexion général.

Nous pensons qu’analyser les valeurs relationnelles, comprises comme liens inséparables des personnes à l’environnement, peut aider à dégager les principaux facteurs de motivation du public pour participer à la gestion des inondations. Au-delà des recommandations des experts, il ressort de cette analyse que l’imaginaire est un puissant levier de transformation.

Avoir une vision partagée de comment vivre avec la rivière dans le futur apparaît comme le plus fort gage de motivation. C’est particulièrement important face à la perte de mémoire chronique qui s’installe au fil du temps qui sépare les catastrophes, ce que l’historien Christian Pfister appelle disaster gap.

Michael Barros, l’illustrateur des azulejos, à Valence (Espagne, en octobre 2025.
Guillaume Nord, Fourni par l’auteur

L’initiative spontanée d’un artiste comme l’illustrateur Michael Barros prend, dès lors, tout son sens. Traces matérielles de l’ampleur de l’inondation passée, ses repères de crue en céramique délivrent un message de raison et d’espoir, dans la mesure où les personnes qui les collent chez elles ou sur leur façade en prennent l’initiative. Dans une interview, l’artiste revenait sur leur rôle pour la mémoire collective :

« J’espère qu’au fil des ans, cela deviendra un prétexte pour parler et réfléchir, pour raconter à la fois les bonnes et les mauvaises choses. Cela génère une mémoire historique, pour que le passé continue d’être latent et que cela ne se reproduise plus. Parce que personne ici n’aimerait déménager ou vivre avec l’inquiétude que cela se reproduise. Nous espérons donc que les mesures nécessaires seront prises, qu[e les autorités] mettront de côté les conflits et qu’elles travailleront avec les gens, ce qui est important, après tout, si l’on s’implique en politique, c’est pour travailler pour les gens, pas pour les intérêts de quelques-uns ».

Les azulejos de Michael Barros peuvent donc être vus comme la piste sociomatérielle d’un imaginaire qu’il souhaite partager pour réhabiter sereinement dans sa région. Cette piste peut – et doit – toucher une communauté élargie, nourrir au quotidien de nouvelles valeurs, une nouvelle culture de l’eau et du risque d’inondation.

The Conversation

Guillaume Nord Brice Boudevillain reçoit des financements de l’INSU-CNRS pour le fonctionnement de l’Observatoire Hydrométéorologique Méditerranéen Cévennes-Vivarais, service national d’observation labélisé par cet institut et dont il a la responsabilité avec Brice Boudevillain.

Brice Boudevillain reçoit des financements de l’INSU-CNRS pour le fonctionnement de l’Observatoire Hydrométéorologique Méditerranéen Cévennes-Vivarais, service national d’observation labélisé par cet institut et dont il a la responsabilité avec Guillaume Nord.

Isabelle Ruin reçoit des financements de recherche dans le cadre du Programme et équipements prioritaires de recherche pour le climat : Transformer la modélisation du climat pour les services climatiques (PEPR TRACCS) et du projet ANR kNOW-HOW+4°C.

Jason Guillermo Granados Morales a reçu des financements du ministère de l’Enseignement supérieur, de la Recherche et de l’Innovation, dans le cadre d’un contrat doctoral de droit public.

Yvan Renou reçoit des financements de recherche dans le cadre du Programme et équipements prioritaires de recherche pour le climat : Transformer la modélisation du climat pour les services climatiques (PEPR TRACCS) et du projet ANR kNOW-HOW+4°C.

Guy Delrieu et Jean-Dominique Creutin ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Réhabiter Valence un an après les inondations : le peuple va-t-il aider à sauver le peuple ? – https://theconversation.com/rehabiter-valence-un-an-apres-les-inondations-le-peuple-va-t-il-aider-a-sauver-le-peuple-268322