‘Apuntes para John’: ¿deberían haberse publicado las observaciones privadas que Joan Didion escribió a su marido?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Nisbet, Lecturer in Professional Writing and Publishing, Curtin University

Joan Didion falleció en 2021, a los 87 años. Cuando se anunció la publicación de un nuevo volumen de sus diarios, la expectación era enorme: sus obras de no ficción personal constituyen la base de su formidable legado literario. Sin embargo, a medida que se conocieron los detalles, los lectores comenzaron a cuestionar la ética de su publicación.

Anunciada como una obra que ofrece “sorprendentes” revelaciones, Apuntes para John relata las conversaciones que Didion mantuvo con su psiquiatra entre diciembre de 1999 y enero de 2003. Se basa en una serie de cartas dirigidas a su marido, el también escritor y colaborador habitual John Gregory Dunne.

Portada de Apuntes para John

Penguin Libros

Y no solo se revelan en las páginas del libro las vidas de Didion y Dunne, sino también la de su única hija. De hecho, Didion había comenzado sus sesiones de terapia a instancias de su hija Quintana, que entonces tenía treinta y tantos años, atravesaba una grave crisis de salud mental y luchaba contra la adicción al alcohol.

Como se señala en la breve introducción, el libro se basa en “una colección de unas 150 páginas sin numerar […] encontradas en un pequeño archivador portátil” cerca del escritorio de la autora tras su muerte. (Otros contenidos incluían “una lista de invitados a las fiestas de Navidad” y “contraseñas de ordenador”).

Este material pasó a formar parte del archivo Didion/Dunne de la Biblioteca Pública de Nueva York, con “acceso sin restricciones”. Sin embargo, se ha informado de que Didion no dejó instrucciones específicas sobre cómo debía gestionarse. Los administradores del patrimonio literario de Didion, la editora literaria Lynn Nesbit y dos de sus editoras de toda la vida, Shelley Wanger y Sharon DeLano, tomaron la decisión de publicarlo.

Al menos algunas personas cercanas a ella han expresado posteriormente su inquietud por la publicación. Numerosos críticos han confesado sentirse “incómodos” y como voyeurs al leerlo.

¿Habría querido Didion que leyéramos este libro? Y si no, ¿debería haberse publicado?

La ética de la publicación póstuma

La publicación póstuma ha sido durante mucho tiempo motivo de controversia literaria. No faltan ejemplos de obras publicadas en contra de la voluntad del autor tras su muerte.

El autor de Lolita, Vladimir Nabokov, el premio Nobel Gabriel García Márquez, la poeta del siglo XIX Emily Dickinson y, quizás el caso más famoso, el novelista Franz Kafka se encuentran entre los escritores más destacados que dejaron instrucciones explícitas para que sus obras inéditas fueran destruidas tras su muerte, pero que posteriormente fueron publicadas.

Portada de Ve y pon un centinela

Harper Collins

A veces, estas cuestiones se plantean incluso cuando el autor aún vive. La publicación en 2015 de Ve y pon un centinela, de Harper Lee, comercializada como secuela de su única otra novela publicada, el clásico de 1960 Matar a un ruiseñor, desató la preocupación de que la entonces anciana Lee hubiera sido coaccionada para cambiar su postura de toda la vida de no volver a publicar nunca más.

La controversia se intensificó por el hecho de que Ve y pon un centinela recibió críticas decididamente mixtas. A ojos de algunos lectores, su publicación empañó tanto el legado literario de Lee como la reputación del heroico abogado de Matar a un ruiseñor, Atticus Finch, que es descrito como menos que justo en Ve y pon un centinela.

Esto sugiere la forma en la que a menudo se sopesan estos debates en términos de opinión pública. Como la propia Didion observó en una ocasión:

“La cuestión de qué hacer con lo que un escritor deja inacabado se remonta a, y se responde convencionalmente con, obras que podríamos haber perdido si se hubieran respetado los últimos deseos de sus autores”.

Por lo tanto, quizá seamos más receptivos a las publicaciones póstumas potencialmente no autorizadas si el resultado es una obra maestra literaria. Es posible que nos mostremos menos indulgentes cuando la calidad de la obra es menos segura.

El papel del escritor

Didion publicó sus propias opiniones sobre este tema. Devota de Ernest Hemingway durante casi toda su vida, criticó la publicación póstuma de obras que quedaron inconclusas cuando él murió en 1961.

En un artículo de 1998 publicado en The New Yorker, señaló el desdén de Hemingway por tales prácticas, citando una carta que él había escrito en 1952 a un autor que estaba trabajando en un libro sobre sus inicios:

“Lo que yo escribo y no deseo publicar tú no tienes derecho a publicarlo. No te haría algo así, como no engañaría a un hombre en el juego, ni registraría su escritorio o su papelera, ni leería sus cartas personales”.

Didion también vio en el famoso estilo preciso de Hemingway una prueba más de lo erróneo de tales esfuerzos. Hemingway era un escritor para quien los detalles aparentemente insignificantes de la gramática, la sintaxis y la puntuación tenían una gran importancia. Como escribió Didion:

“Era un hombre para quien las palabras importaban. Trabajaba con ellas, las entendía, se adentraba en ellas”.

Según ella, el poder de su escritura surgía de su control exigente sobre su oficio: sobre lo que incluía, pero también sobre lo que dejaba fuera. Tomar decisiones sobre estos asuntos sin la opinión del autor era, según ella, nada menos que “una negación de la idea de que el papel del escritor en su obra es crearla”.

Una cuestión de estilo

Al igual que Hemingway, Didion era una maestra del estilo, conocida por la elegancia cristalina de su prosa y su interés por las cuestiones relacionadas con el arte de la escritura. Puede existir una tendencia errónea a pensar que la escritura autobiográfica es una confesión directa, como abrir una vena en la página, pero ese nunca fue el estilo de Didion.

Incluso cuando su escritura parecía emocionalmente cruda y reveladora, siempre estaba finamente trabajada, inspirada en las lecciones de Hemingway sobre el poder de la omisión deliberada. Al fin y al cabo, se trataba de una mujer tan reservada que mantuvo en secreto durante años su tratamiento contra el cáncer de mama, excepto a Dunne.

Muchos de los rasgos distintivos del estilo literario de Didion están presentes en Apuntes para John: el carácter fragmentario, la claridad de su prosa, incluso las serpientes como imagen recurrente. Pero al relatar este tema tan cargado de emociones con poco tiempo de distancia, se vuelve directa hasta el punto de la franqueza.

En un momento dado, por ejemplo, el psiquiatra de Didion elogia su “extraordinaria percepción” de la relación con su propia madre. Ella responde:

“Extraordinaria o no […] no me ayuda mucho a seguir adelante con mi vida. Es incluso contraproducente, teniendo en cuenta que mi madre tiene ahora 89 años. No es que vayamos a resolver nada enfrentándonos a ello”.

Por supuesto, pronto se hace evidente que la relación de Didion con su madre es muy relevante para la forma en que ha criado a su hija. Si, como dice una de las frases más citadas de Didion, escribió para “descubrir lo que pienso, lo que miro, lo que veo y lo que significa”, en Apuntes para John, ese proceso parece estar muy en curso.

Todo ello contribuye a la sensación de estar leyendo algo que no estaba destinado a publicarse en su forma actual y que, por lo tanto, aún no alcanza la categoría de obra maestra. Didion seguiría escribiendo sobre al menos algunos de estos temas en libros posteriores, en particular en Noches azules, de 2011, que narra su dolor tras la muerte de Quintana en 2005, menos de dos años después del fallecimiento de Dunne. Pero la forma en que se trata el material en esta obra es notablemente diferente.

Portada de Noches azules.

Penguin Libros

Mientras que Apuntes para John avanza de forma cronológica a través del tiempo, Noches azules imita el funcionamiento de la memoria con su naturaleza no lineal. La primera, desde un punto de vista formal, es exactamente eso: una serie de apuntes o entradas de diario que abarcan un periodo de tiempo concreto. La segunda, sin embargo, aprovecha las amplias posibilidades híbridas del ensayo para ampliar su alcance y contar una historia más completa sobre el amor, los padres y los hijos, la culpa y el dolor.

Cabe destacar que, en Noches azules, Didion sí habla del diagnóstico de Quintana, que incluía trastorno límite de la personalidad, pero omite en gran medida la naturaleza específica de su adicción. En Apuntes para John, se aborda de frente y se analiza en detalle.

Didion era una escritora conocida por aproximarse al objeto de su escritura de forma oblicua, por su dominio de lo que el escritor irlandés Brian Dillon denomina la “mirada de reojo” del ensayista, es decir, una forma de iluminar temas difíciles abordándolos de forma indirecta.

La franqueza de Apuntes para John contrasta así con la clásica obra de no ficción de Didion. En ella, sus narraciones suelen seguir una lógica de asociación, pidiendo a los lectores que establezcan conexiones a través de metáforas y que rellenen los huecos para ver cómo “esto” se relaciona con “aquello”.

En el espacio de un solo capítulo de Noches azules, por ejemplo, Didion pasa de relatar el día de la boda de Quintana a recordar la casa de la familia en los suburbios de Los Ángeles y a reflexionar sobre el proceso de obtención del carné de conducir de Nueva York cuando se mudaron al este.

Se habla de un texto psiquiátrico sobre el suicidio de la década de 1930, se cita al dramaturgo griego Eurípides y se evoca la imagen de Quintana en 2003, “en coma inducido, respirando solo con un respirador” durante “la primera de una cascada de crisis médicas que terminarían veinte meses después con su muerte”.

Este modo de narrar es la esencia misma de Didion. Puede dar lugar a acusaciones de ambigüedad o evasividad, cargos que se han vertido sobre su obra en más de una ocasión. Pero también tiene el potencial de proteger al autor y a las personas que le rodean cuando comparten intimidades, manteniéndoles firmemente en control de lo que se revela y lo que no.

Secretos matrimoniales

Apuntes para John también se ve afectado por una cuestión relacionada con el público al que va dirigido. Una de las personas responsables de su publicación, Lynn Nesbit, agente de Didion y también una de sus albaceas literarias, ha reconocido que este material “no fue escrito para ser publicado”. Su título deja claro que fue escrito para un único destinatario: Dunne.

Esto también es evidente en el estilo, en la narración en segunda persona dirigida a un “tú” tan familiar con las personas y los acontecimientos que menciona que Didion no necesita explicar referencias pasajeras a “la narrativa de Nick” o a alguien llamado Marian. Se han insertado notas al pie para aclarar que lo primero se refiere a la tensa relación de Dunne con su hermano mayor, mientras que lo segundo era el jefe de Quintana en una revista. Su presencia enfatiza que estamos escuchando a escondidas conversaciones íntimas.

El retrato de Didion que emerge es, por tanto, sorprendentemente vulnerable: vemos sus debilidades, ansiedades y dudas –especialmente en lo que respecta a la crianza de Quintana, a quien Dunne y ella adoptaron cuando era un bebé– de una forma mucho más directa que en sus otros escritos publicados.

Quizás esto tenga algún valor: otra de las guardianas literarias de Didion, su editora de toda la vida, Shelley Wanger, ha dicho que esperaba que el carácter sincero del libro sirviera para corregir la imagen pública algo fría de Didion.

También entiendo que la franqueza de Didion pueda servir de consuelo a lectores que se enfrentan a dificultades similares. Apuntes para John contiene muchas reflexiones sinceras y conmovedoras sobre la depresión, la ansiedad, la adicción y las duras dificultades de apoyar a un ser querido en momentos tan difíciles.

“Tú y tu marido estáis pasando por un infierno”, le dice el psiquiatra de Didion durante una conversación sobre “un fin de semana difícil” en el que ella y Dunne se habían preocupado por la seguridad de Quintana. “Solo puedes quererla”, le dice el médico, “no puedes salvarla”.

Responsabilidades éticas

Me inclino menos a estar de acuerdo con aquellos que sugieren que las ramificaciones éticas de publicar este material son menos relevantes porque Didion, Dunne y su hija ya no están vivos para sufrir el dolor o la vergüenza de la exposición.

El estudioso de la literatura autobiográfica G. Thomas Couser ha argumentado que, aunque la muerte podría “parecer sugerir una invulnerabilidad total al daño” cuando se trata de escribir sobre ella, en realidad puede ser “el estado de máxima vulnerabilidad y dependencia”, dado que el difunto no puede ofrecer ni su consentimiento ni defenderse.

Desde esta perspectiva, la descripción que se hace de Quintana en Apuntes para John resulta especialmente inquietante. Los lectores obtienen una visión íntima de lo que debieron de ser algunos de sus momentos más vulnerables, mientras luchaba contra la adicción y la enfermedad mental.

Vemos, a través de los ojos de su madre amorosa, inquieta y quizás sobreprotectora, cómo Quintana da pasos en falso, recae y, en ocasiones, dice cosas a sus padres de las que probablemente se arrepentirá toda su vida.

Vemos la extrema cercanía entre madre e hija, quizás incluso una codependencia (“Tú y Quintana habéis sido durante demasiado tiempo dos personas en la misma piel”, observa el médico).

También vemos la culpa de Didion por lo que considera su responsabilidad en la incapacidad de su hija para afrontar la vida, en parte por la forma en que le ha proyectado sus propias ansiedades, a veces debilitantes. “Siempre había tenido miedo de perderla”, admite Didion.

Todo esto hace que la lectura sea a menudo devastadora. Pero también da la clara sensación de que Didion reconocía a su hija como lo que Couser denomina “un sujeto vulnerable”, y por eso se esforzaba por protegerla, tanto en sus escritos publicados como en su vida.

Congelada en el tiempo

Apuntes para John se interrumpe en enero de 2003, tras el relato de Didion sobre una conflictiva sesión en el psiquiatra junto a Quintana.

Como lectores, sabemos cómo terminarán las cosas: con una mujer que llora la muerte de su marido y su hija, y que recurre a la escritura para intentar, como siempre ha hecho, darle sentido a todo. Sin embargo, en las páginas de estos diarios, ella está congelada en el tiempo: “Intentaba mantenerla viva”, dice de Quintana, “porque se estaba matando día a día”.

¿Debería haberse publicado Apuntes para John? ¿O debería haberse dejado en el relativo anonimato del archivo, donde lo habrían leído los estudiosos de Didion, sus biógrafos y sus fans más acérrimos, en lugar de un público potencial de millones de personas?

Desde un punto de vista ético, creo que la segunda opción habría sido más defendible. Pero también es cierto que este pequeño libro revelador, crudo y a menudo inquietante y conmovedor permanecerá conmigo, en gran parte por el complejo retrato que revela de la culpa y la devoción de Didion hacia su hija.

The Conversation

Gemma Nisbet ha recibido anteriormente financiación del Programa de Formación en Investigación del Gobierno de Australia.

ref. ‘Apuntes para John’: ¿deberían haberse publicado las observaciones privadas que Joan Didion escribió a su marido? – https://theconversation.com/apuntes-para-john-deberian-haberse-publicado-las-observaciones-privadas-que-joan-didion-escribio-a-su-marido-261143

Del asfalto al campo: cómo la participación ciudadana puede reforzar la democracia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María García Martínez, Profesor de Sociología, Universidad de Murcia

Una de las principales metas de cualquier sociedad democrática es mejorar la relación entre la ciudadanía y la administración. Si tenemos como objetivo lograr una sociedad con mayores niveles de libertad e igualdad, debemos avanzar más allá de modelos donde donde la rigidez institucional es el elemento central de las administraciones o donde existen formas de gobierno que conciben la administración como una empresa privada.

No es suficiente con que haya elecciones cada cuatro años: la ciudadanía quiere saber y hacerse participe de cómo, cuándo y por qué se toma una determinada decisión pública. Y también los ciudadanos de municipios más pequeños quieren que las experiencias de entornos urbanos den respuesta a los problemas de sus propios contextos y realidades.

En la Antigua Grecia, los valores democráticos se sustentaban en la polis: cada ciudad tenía una asamblea para crear un debate comunitario y aquellas personas que tenían la condición de ciudadanía podían participar en los asuntos públicos.

Esta visión, fundamental para entender el concepto de democracia en el mundo occidental, se basaba en la igualdad (todos los ciudadanos mandaban), la libertad (la regla de la mayoría es la que prevalece para tomar una decisión) y la participación (la deliberación y la votación se hacen cara a cara).

Factores socioeconómicos determinantes como las desigualdades por razón de origen y el desarrollo desigual de los territorios tienen una importante influencia en el debate público, y las administraciones deben estar al tanto de estos aspectos, cuidando la relación con sus ciudadanos y ciudadanas, evitando así cualquier tipo de discriminación.

Las experiencias participativas en entornos urbanos se pueden adaptar a las zonas rurales y a las denominadas ciudades pequeñas y medianas (Small and Medium-Sized Towns, SMST por sus siglas en inglés), impulsando enfoques que nos acerquen al ideal democrático de la polis griega y den voz a todos los ciudadanos y ciudadanas.

Plataformas participativas en España

Suecia y Noruega llevan años implementando mecanismos de democracia digital con éxito. En el caso de España, en 2024 se empezó a incorporar la voz de la ciudadanía en la toma de decisiones públicas a escala estatal con la consulta ciudadana previa a la elaboración del V Plan de Gobierno Abierto 2024-2028. La primera plataforma de participación ciudadana llega en el año 2015 en Madrid, con Decide Madrid. Posteriormente, en 2016, Barcelona se suma con Decidim.

Además de ser la administración más cercana a los ciudadanos y ciudadanas con las competencias otorgadas por ley, los ayuntamientos han de trabajar y colaborar con el resto de instituciones públicas. A modo de ejemplo, el Observatorio Internacional de la Democracia Participativa (OIDP), creado en el 2001, es una red internacional abierta a todos los municipios, organizaciones y centros de investigación que quieran conocer, intercambiar y aplicar experiencias relacionadas con la democracia participativa.

La creación de nuevas agendas urbanas donde se incluye el trabajo conjunto entre las diferentes escalas de la administración, pero también entre entes del mismo nivel, ha influido en la toma de decisiones públicas. La Agenda 2030 fue una iniciativa de las Naciones Unidas que se creó en 2015 con el fin de hacer realidad los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de cara al 2030.

Por otro lado, la Nueva Agenda Urbana de Hábitat III de Naciones Unidas, en torno a la cual se organizó una conferencia celebrada en Quito (Ecuador) en 2016, tiene la finalidad de construir una sociedad más sostenible en la que todas las personas partan de una posición de igualdad a la hora de ejercer sus derechos, haciendo efectivo el acceso a los servicios y oportunidades que se ofrecen a escala local.

Es importante recordar, como revela una investigación, que no todas las políticas urbanas son estrictamente políticas locales. Las políticas urbanas se centran en las contradicciones que tienen lugar en las ciudades, abordando temas como la expansión urbana, la movilidad, el acceso a servicios básicos y el impulso de modelos de desarrollo sostenibles con el entorno.

Las políticas locales, sin embargo, se implementan a nivel municipal o de gobierno local, centrándose en las necesidades específicas de una comunidad o de un barrio, como la gestión de residuos, la seguridad ciudadana, la mejora de la calidad de vida de los residentes y la promoción de actividades culturales.

Por lo tanto, muchos problemas que surgen a nivel local pueden abordarse de forma más efectiva mediante acciones coordinadas desde niveles superiores de la administración, es decir, a través de la cooperación.

Los 4 objetivos de los nuevos modelos urbanos

Desde el Instituto de Salud Global de Barcelona se apuesta por que los nuevos modelos urbanos se deben implementar basándose en cuatro objetivos:

  1. Una ciudad compacta que reduzca los niveles de CO₂.

  2. Supermanzanas que garanticen la implementación de políticas urbanísticas verdes para reducir la contaminación acústica y atmosférica.

  3. Ciudad a 15 minutos, donde toda la ciudadanía tenga los servicios básicos a un mínimo de 15 minutos a pie.

  4. Ciudad sin coches, donde es clave la mejora en la cantidad y la calidad del transporte público.

A modo de ejemplo, ciudades evaluadas con los mejores sistemas de transporte público como Singapur, París y Madrid nos plantean objetivos de trabajo por el bien común que, sin duda, supondrán un beneficio para los ciudadanos que residen en estas zonas urbanas y cuyas experiencias servirán para diseñar políticas públicas enfocadas a mejorar las precarias redes de transporte público en las zonas rurales.

El trabajo por una administración local más democrática (especialmente a nivel municipal) es clave para conseguir un Estado social y democrático de derecho tal y como estipulan la Constitución española y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Del asfalto al campo: cómo la participación ciudadana puede reforzar la democracia – https://theconversation.com/del-asfalto-al-campo-como-la-participacion-ciudadana-puede-reforzar-la-democracia-235727

Micro-ARNs: así funcionan las “gomas de borrar” genéticas que están revolucionando la medicina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iker Rodríguez Arabaolaza, Profesor Ciencias de la Salud, Universidad Camilo José Cela

Recreación de moléculas de micro-ARN. ART-ur/Shutterstock

Para entender qué son los micro-ARNs (o, abreviadamente, miARNs), imaginemos una célula como una gran fábrica cuyos trabajadores son la multitud de proteínas que podemos encontrar en su interior. Esos “obreros” siguen unas instrucciones precisas que se encuentran en unos documentos oficiales llamados ARN mensajeros, o ARNm.

Mediante la lectura de estos documentos, las proteínas son capaces de llevar a cabo todas las funciones de la células, que incluyen la regulación del metabolismo, la reparación del ADN, la señalización entre células, el transporte de moléculas y el mantenimiento de la estructura celular.

Ahora bien, ¿qué sucede si la célula necesitase bloquear ciertas instrucciones para evitar que sean ejecutadas por las proteínas? Aquí es donde entran en juego los miARNs. Podemos compararlos con gomas de borrar que eliminan fragmentos de información los documentos oficiales. Al inhibir selectivamente regiones específicas del ARNm, bloquean la producción de proteínas de manera precisa.

Del gen del gusano al Nobel

Hasta la década de 1990 se creía que toda molécula de ARNm se traducía directamente en una proteína. Sin embargo, en 1993, Victor Ambros, Rosalind Lee y Rhonda Feinbaum descubrieron un gen en el gusano Caenorhabditis elegans, el lin-4, que no codificaba una proteína, sino una pequeña molécula de ARN que a su vez regulaba la expresión de otro gen, el lin-14. Este hallazgo sacó a la luz la existencia de moléculas de ARN que no codificaban proteínas, sino que regulaban su fabricación.

Sin embargo, no fue hasta principios de los años 2000 cuando se entendió que esos miARNs eran una clase amplia de reguladores genéticos presentes en muchos organismos, incluidos los humanos, revelación que le valió a los investigadores Victor Ambros y Gary Ruvkun el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2024 por sus trabajos pioneros en este campo.

Una de las características destacadas de los miARNs es su diminuto tamaño, que normalmente oscila entre los 19 y los 25 nucleótidos. Los nucleótidos son las “letras” básicas (A, U, G, C) del ARN, y cada uno de ellos mide aproximadamente 0,34 nanómetros (milmillonésomas de metro) de longitud.

Si echamos cuentas, 19 nucleótidos tendrían una longitud aproximada de 6,5 nanómetros (nm) y 25 nucleótidos, 8,5 nm. Como término de comparación, un eritrocito (glóbulo rojo) mide aproximadamente entre 6000 y 8000 nm. Es asombroso pensar que estructuras tan minúsculas pueden desempeñar un papel regulador tan crucial dentro de células considerablemente más grandes.

Una herramienta poderosa para detectar y tratar enfermedades

El descubrimiento de Ambros, Lee y Feinbaum supuso una revolución en la biomedicina. Al igual que ocurre con los genes que codifican proteínas, la expresión de los miARNs puede activarse o inhibirse en función del estado fisiológico o patológico de las células. Esto los convierte en biomarcadores altamente sensibles para detectar y tratar enfermedades como el cáncer, patologías cardiovasculares o la diabetes.

Por ejemplo, el miR-21 se encuentra sobreexpresado en varios tipos de cáncer, incluyendo el de mama, pulmón y colon. Su síntesis se asocia con la proliferación celular y la resistencia de las células tumorales a la muerte celular programada (apoptosis). De forma similar, una síntesis elevada del miR-155 está relacionada con inflamación y progresión tumoral en varios tipos de linfomas y cáncer de mama.

Sin salirnos del ámbito de la oncología, diversos estudios han demostrado que ciertos miARNs actúan también como supresores tumorales. Un ejemplo destacado lo constituyen miR-34 y miR-16, cuya expresión aparece significativamente reducida en distintos tipos de neoplasias (crecimiento anormal y descontrolado de las células de un tejido).

Concretamente, estos miRNAs regulan la expresión de genes que determinan cuándo una célula debe dividirse, diferenciarse o iniciar su autodestrucción mediante mecanismos programados, como la citada apoptosis. Gracias a este proceso fisiológico, el organismo elimina aquellas células que presentan daños irreparables en su ADN y que, por tanto, podrían representar una amenaza potencial desarrollando tumores.

También hay miARNs implicados en enfermades cardiovasculares. Por ejemplo, los científicos han observado una disminución de miR-126 en pacientes con enfermedad coronaria. Esta molécula se asocia con la función endotelial y la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos durante el desarrollo de los embriones y en procesos tumorales). Otro biomarcador útil en el diagnóstico de enfermedades cardíacas es miR-133a; concretamente, en el infarto agudo de miocardio.

La diabetes es otra de las muchas patologías que puede ser detectada y tratada gracias a los miARNs. De hecho, el miR-375, implicado en la regulación de la secreción de la insulina, es uno de los miARN más utilizados en la detección temprana de la diabetes tipo 2. De forma similar, el miR-146a puede ser utilizado como biomarcador en la diabetes tipo 1 y tipo 2, ya que su síntesis está relacionada con la resistencia a la insulina del músculo esquelético y el tejido adiposo.

En busca de señales

Pero además de su utilidad en la detección de enfermedades, nuestros protagonistas también se han convertido en una herramienta clave para estudiar su evolución, ya que el patrón de expresión de determinados miARNs varía en función de los estadios o fases de algunas afecciones. Así, la detección del miRNA-155 a concentraciones muy elevadas junto con bajas concentraciones del miRNA-let-7 son indicativos de una baja probabilidad de supervivencia en pacientes con cáncer de pulmón.

Además, varios estudios han demostrado que la expresión o la inhibición selectiva de ciertos miARNs pueden modificar la progresión tumoral en ciertos tipos de leucemia y linfomas.

En definitiva, el descubrimiento de los miARNs tiene extraordinarias implicaciones clínicas, especialmente por su potencial como biomarcadores para el diagnóstico, pronóstico y control de diversas enfermedades, incluyendo distintos tipos de cáncer.

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Iker Rodríguez Arabaolaza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Micro-ARNs: así funcionan las “gomas de borrar” genéticas que están revolucionando la medicina – https://theconversation.com/micro-arns-asi-funcionan-las-gomas-de-borrar-geneticas-que-estan-revolucionando-la-medicina-260575

¿Por qué se olvidan los contenidos académicos durante las vacaciones de verano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel García-Gómez, Neuropsicóloga e investigadora en neuroeducación y desarrollo, Universidad Villanueva

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¿Sabía que durante los dos meses y medio de vacaciones escolares un alumno puede olvidar hasta un 30 % de lo aprendido en el curso? Este fenómeno, conocido como “pérdida veraniega”, afecta especialmente a contenidos que no se repasan ni se aplican en el día a día. Y, aunque las vacaciones son un periodo necesario de descanso y desconexión, ¿qué ocurre con lo aprendido si se deja completamente en pausa durante tanto tiempo?

Desde que el término de “pérdida veraniega” (summer loss) fuera acuñado por el experto estadounidense James M. Pedersen en su libro El verano contra la escuela, varias investigaciones han detectado que algunas habilidades y conocimientos académicos disminuyen o incluso se pierden durante las vacaciones de verano si no se practican.

Propuestas alternativas al calendario agrícola

Por eso, algunos expertos como el propio Pedersen plantean un modelo de escuela continua que combata la pérdida estival, transformando así el sistema educativo diseñado para una sociedad agrícola con grandes pausas en verano.

Una de las propuestas más extendidas es el calendario académico conocido como balanced calendar o calendario continuo, que propone 45 días lectivos seguidos de 15 días de descanso. Aunque no está consolidado en ningún país a nivel nacional, sí se emplea en algunas zonas académicas de Francia, Alemania y Países Bajos.

Redes neuronales y uso

Si bien una breve pausa de dos o tres semanas no suele tener efectos significativos, periodos más prolongados, como el verano, sí pueden provocar pérdida de conocimientos si no se da una mínima estimulación.

Desde el punto de vista neurobiológico, el aprendizaje construye redes neuronales que se refuerzan cuanto más se utilizan. Si dejamos de activarlas, estas conexiones se debilitan. Es como un sendero en el bosque: cuanto más se recorre, más claro se mantiene; si nadie lo pisa durante semanas, se cubre de vegetación y se borra el rastro

Para entender cómo y por qué se produce el olvido es importante conocer el papel de la memoria en el proceso de aprendizaje. El aprendizaje es la capacidad mediante la cual adquirimos nuevos conocimientos o destrezas; y la memoria es la capacidad de almacenar, retener y recuperar información.




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Los distintos tipos de memoria y su papel en el aprendizaje


Aprendizaje implícito y explícito

No todo lo que aprendemos se almacena del mismo modo. El aprendizaje implícito se adquiere a través de la práctica y suele mantenerse a largo plazo sin demasiado esfuerzo. Ejemplos claros son montar en bici o conducir. Este tipo de aprendizaje no depende directamente de la memoria episódica ni semántica, sino de sistemas más automáticos del cerebro, como el sistema procedural.

En cambio, el aprendizaje explícito requiere atención y esfuerzo consciente. Se almacena en la memoria semántica, que guarda conocimientos como las tablas de multiplicar, los ríos de España o las reglas gramaticales. Aprender a multiplicar, por ejemplo, es un aprendizaje explícito, y sí: se puede olvidar si no se practica.




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¿Por qué olvidamos lo que estudiamos?


Memoria y recuerdos

¿Pero cómo se crea un recuerdo? Necesitamos que se den tres procesos: codificación, almacenaje y recuperación. Para la codificación de una información es esencial la participación de la atención, ya que aquello a lo que no prestemos atención no es percibido por el sistema. La codificación de la información se produce reforzando redes de conexiones cerebrales. Estas conexiones se establecen en regiones del lóbulo temporal, principalmente en el hipocampo.

Cuando repasamos o practicamos algo que hemos aprendido, se refuerzan las conexiones de la red, y se establecen nuevas conexiones con regiones del lóbulo prefrontal, lo que hace esos recuerdos más permanentes. La ausencia de práctica o repaso a lo largo del tiempo supone el olvido de ese aprendizaje. Generalmente, lo que olvidamos no se borra de las redes cerebrales, sino que queda en un estado de latencia, del que se puede recuperar.

El repaso veraniego, sin dramas

De la misma manera que existen métodos para almacenar determinado nombre o dato y recuperarlo más fácilmente (técnicas mnemónicas), hay estrategias que nos pueden ayudar a que los efectos del paso del tiempo en ausencia de práctica académica no sean devastadores. En el caso de las vacaciones de verano, aunque no sea un periodo lectivo, podemos encontrar técnicas de repaso.

Según el nivel educativo, se pueden plantear actividades como calcular de memoria la cuenta de la compra, o dividir el reparto de trozos entre el total de comensales, leer una novela, analizar juntos una película, jugar juegos de mesa o analizar fenómenos naturales en el destino vacacional que nos encontremos. De esta forma podemos convertir las vacaciones en un periodo de descanso en el que seguir aprendiendo y estimulando la curiosidad.

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Raquel García-Gómez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué se olvidan los contenidos académicos durante las vacaciones de verano? – https://theconversation.com/por-que-se-olvidan-los-contenidos-academicos-durante-las-vacaciones-de-verano-259108

¿Hasta qué punto conocemos la relación entre el cambio climático y las olas de calor?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo García-Herrera, Catedrático de Física de la Atmósfera. Expresidente de la Agencia Estatal de Meteorología, Universidad Complutense de Madrid

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Cada vez que ocurre una ola de calor, una inundación o una sequía, surge la misma pregunta: ¿es culpa del cambio climático? La ciencia de la atribución intenta responder esa pregunta, analizando cuánto ha influido el calentamiento global en un fenómeno específico. No se trata de afirmar que el cambio climático es el causante, sino de estimar cuánto más probable o más intenso se ha vuelto por las actividades humanas.

Para hacerlo, los científicos comparan el mundo real con cambio climático y un “mundo alternativo” con una menor influencia antropogénica. Por ejemplo, el núcleo de altas presiones y las temperaturas de una ola de calor que afectó a España en 2018 fueron más intensos de lo que hubieran sido en el pasado. Igualmente, si una ola de calor de 40 ºC en Madrid antes ocurría cada 20 años y ahora cada dos, se puede decir que el cambio climático la ha hecho diez veces más probable.

Atribución de la ola de calor de la península ibérica de 2018. Reconstrucción del evento (1-7 agosto 2018) en condiciones presentes (derecha; 1984-2017) y pasadas (izquierda; 1950-1983). Los contornos indican una altura geopotencial en 500 hPa (m) y el sombreado la temperatura potencial en 925–700-hPa (°C). Las líneas gruesas indican valores de referencia de la intrusión cálida.
Tomado de Barriopedro et al. (2020), CC BY-SA

Entre los fenómenos extremos, las olas de calor (y de frío) son los más fácilmente atribuibles al cambio climático porque contamos con buenos registros históricos, modelos capaces de simularlas y bases físicas para relacionarlas con el calentamiento global. En las últimas décadas, esta ciencia ha avanzado, y hoy podemos afirmar que algunas olas de calor recientes en Europa, Asia o Norteamérica habrían sido extremadamente improbables sin calentamiento global.

Retos actuales

Pese a estos avances, aún existen algunos desafíos importantes:

  • Disponibilidad de datos: en algunas zonas (por ejemplo, en regiones vulnerables del sur global), los registros son escasos o de baja calidad, lo que impide analizar extremos, validar modelos y estudiar procesos. Se necesitan redes de observación más densas y precisas y plataformas abiertas para compartir datos, junto con formación y recursos en países en desarrollo.

  • Modelos más realistas: algunos mecanismos relevantes para las olas de calor (por ejemplo, las interacciones suelo-atmósfera, los efectos urbanos o los procesos de pequeña escala, como la formación de nubes) no están bien representados en los modelos actuales, generando incertidumbres y sesgos. Se requieren modelos más realistas que integren escalas y establecer protocolos de evaluación basados en procesos.

  • Comprensión de procesos: la variabilidad natural del clima y los factores regionales (aerosoles, deforestación, etc.) y locales (urbanización) modulan los efectos del calentamiento global y dificultan la detección de señales antropogénicas. Además, los patrones atmosféricos que causan olas de calor (por ejemplo, las intrusiones cálidas saharianas) podrían estar cambiando. Los eventos compuestos (como olas de calor y sequías) y aquellos con causas no solo climáticas (por ejemplo, incendios forestales) son especialmente complejos y podrían requerir metodologías específicas.

  • Contexto y comunicación: cómo se define (región, duración) y analiza (cambios en frecuencia o intensidad) un fenómeno afecta a los resultados. Diferentes métodos pueden dar respuestas aparentemente contradictorias. Es esencial estandarizar los métodos de análisis y comunicar los resultados de manera clara y adaptada a diferentes usuarios, incluyendo información sobre incertidumbres.

¿Cómo podemos mejorar?

Hasta ahora, la atribución ha sido una herramienta para concienciar sobre cómo las actividades humanas están alterando el clima. Pero para que influya en la toma de decisiones –por ejemplo, distribuir fondos tras un desastre o prevenir futuros desastres–, debe evolucionar. Esto supone avanzar hacia una atribución operacional, rápida, estandarizada y global, que pueda informar a gobiernos, medios y agencias de emergencia.

El desarrollo de servicios climáticos (por ejemplo, la Plataforma Temática Interdisciplinar de Clima y Servicios Climáticos del CSIC) y las nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial (por ejemplo, el Proyecto H2020-CLINT) pueden ser clave.

Para lograrlo, es importante adoptar un enfoque que combine evidencias de distintas fuentes (observaciones, modelos) y formas de analizar cada fenómeno. Algunos métodos estiman cambios en probabilidad con modelos estadísticos, otros usan características del evento para calcular cambios en intensidad y otros simulan cómo sería sin emisiones humanas. Cada enfoque responde a distintas preguntas, y cuando se analizan en conjunto ofrecen una imagen más completa y robusta.

Por otra parte, es preciso ir más allá del fenómeno y analizar sus consecuencias. La atribución de impactos examina en qué medida los daños (muertes, pérdidas económicas) fueron agravados por el cambio climático. Una misma ola de calor puede causar muchas muertes en una ciudad y pasar desapercibida en otra mejor preparada. Por eso, es fundamental integrar datos climáticos con factores socioeconómicos, y desarrollar modelos interdisciplinares en colaboración con expertos y actores locales.

En resumen, el cambio climático está haciendo que las olas de calor sean más frecuentes, intensas y duraderas. Gracias a la ciencia de la atribución, sabemos que muchos fenómenos recientes no habrían ocurrido o no lo habrían hecho con la misma severidad o frecuencia sin el calentamiento global. Se trata de una poderosa herramienta para entender cómo el cambio climático está afectando nuestras vidas y ayudarnos a planificar el futuro con políticas de adaptación y resiliencia más efectivas.

Avanzar hacia nuevos sistemas de atribución integrales permitirá guiar la acción y justicia climática, el debate sobre pérdidas y daños atribuibles al cambio climático y la toma de decisiones frente a los impactos del calentamiento global.

The Conversation

Ricardo García-Herrera recibe fondos de la Comisión Europea, a través del proyecto CLINT (CLimate INTelligence: Extreme events detection, attribution and adaptation design using machine learning) No. 101003876 y del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MiTEco) a través del proyecto MALONE (MeteorologicAL drivers and uncertainties in climate projections of ground-level OzoNE episodes). Contrato no. PID2021-122252OB-I00

Bernat Jiménez Esteve recibe fondos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MiTEco), y del Plan de Recuperación y Resiliencia NextGeneration a través del proyecto “Desarrollo de Servicios Climáticos Operativos – IGEO” Ref. CSC2304000, de la PTI-Clima del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)”

David Barriopedro Cepero recibe fondos de la Comisión Europea, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MiTEco), y del Plan de Recuperación y Resiliencia NextGeneration a través del proyecto CLINT (CLimate INTelligence: Extreme events detection, attribution and adaptation design using machine learning) No. 101003876, y el proyecto “Desarrollo de Servicios Climáticos operativos” Ref. CSC2300000.

ref. ¿Hasta qué punto conocemos la relación entre el cambio climático y las olas de calor? – https://theconversation.com/hasta-que-punto-conocemos-la-relacion-entre-el-cambio-climatico-y-las-olas-de-calor-260726

Nuevas reglas para fomentar la captura de carbono y alcanzar el objetivo de cero emisiones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando G. Brun Murillo, Catedrático de Ecología, Universidad de Cádiz

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El reto de combatir el cambio climático ha evidenciado la necesidad de promover diversas medidas para alcanzar la neutralidad climática, es decir, que las emisiones netas de gases de efecto invernadero sean cero.

En los últimos meses, tanto en España como en Europa se han aprobado distintas normativas encaminadas a fomentar la certificación de absorciones obtenidas a través de proyectos de captura de carbono en una amplia diversidad de ecosistemas. Esto ha abierto un arcoíris de colores para el carbono en función del lugar donde es capturado: verde en ecosistemas terrestres; azul en ecosistemas marinos; verdeazulado en humedales de agua dulce; púrpura a través de captura directa del aire o en industrias; y blanco y rosa según si es capturado en salinas o en ecosistemas de algas calcáreas.

Sin embargo, ¿qué requisitos deberían cumplir esos estándares de certificación que fomentan la venta de absorciones en el llamado mercado voluntario de carbono para ser realmente útiles y evitar el “ecopostureo. Este mercado voluntario permite a promotores privados y públicos compensar sus emisiones de dióxido de carbono (su huella de carbono) con la compra de créditos de carbono generados a través de proyectos de absorción certificados.




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¿Cómo afrontamos el cambio climático?

La reducción drástica a nivel global en las emisiones de gases de efecto invernadero debe ser la principal medida si queremos mantener el incremento en la temperatura por debajo de los niveles fijado desde el Acuerdo de París. Aunque aún estamos lejos de dicho objetivo, Europa ha liderado en los últimos años el camino a través de diversas normativas dirigidas a lograr la neutralidad climática para el año 2050.

Sin embargo, como advierten desde la Unión Europea y desde el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), para poder obtener cero emisiones netas de CO₂ será necesario incrementar de forma significativa las absorciones de CO₂ de la atmósfera en reservorios a largo plazo. El objetivo es contrarrestar tanto las emisiones difusas, aquellas liberadas a la atmósfera desde fuentes que no están concentradas en un solo punto, como chimeneas, sino que se dispersan en un área más amplia; como las residuales, que persisten incluso después de implementar las mejores tecnologías y prácticas disponibles para reducir la contaminación.

¿Cómo lograr la neutralidad climática?

Para lograrlo, cualquier empresa o administración pública debería poder medir su huella de carbono a través de protocolos estandarizados. Posteriormente, debería diseñar planes de reducción de dichas emisiones tanto a corto como a medio plazo.

Una vez reducidas al mínimo, el siguiente paso es compensar las mismas a través del fomento de actividades que conlleven una captura de gases de efecto invernadero a largo plazo. Estas suelen expresarse en forma de capturas en toneladas de CO₂-equivalente, tras la conversión del poder calorífico en la atmósfera de los distintos gases de efecto invernadero a unidades de CO₂.

A nivel europeo, la tipología de proyectos y actividades que se podían incluir dependía de la normativa de cada país, ya que, hasta la reciente aprobación del Reglamento (UE) 2024/3012, no existía un marco regulatorio común. Este documento recoge proyectos y actividades que mejoran el almacenamiento de CO₂ a largo plazo en depósitos geológicos, terrestres y marinos.

Integra, además, aquellas actividades que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, como las derivadas del cambio en el uso del suelo, gestión de turberas o mejoras en las prácticas agrícolas. También incluye actividades que fomenten la captura de CO₂ en productos con una vida larga.

Marco o estándar de certificación de absorciones de carbono

Para que cualquiera de estas actividades sea considerada, debe someterse a un marco de certificación o a un estándar que defina de forma clara su tipología. También debe determinar los actores que intervienen en el proceso, los plazos y documentación requeridos en los distintos procedimientos, las metodologías utilizadas para estimar y verificar las capturas obtenidas, dónde quedarán registradas esas absorciones y cómo pueden utilizarse, etcétera.

Al fin y al cabo, un estándar no es más que un conjunto de reglas que pretende dar una garantía y seguridad jurídica tanto a quien promueve la actividad, como a quien adquiere esas absorciones para compensar sus emisiones. Además, también debe generar seguridad y confianza a los ciudadanos que toman decisiones en función de las políticas de responsabilidad ambiental de las empresas.




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Entre los puntos más importantes que deben incorporar estos estándares destacan el establecimiento de los criterios que aseguren la adicionalidad de la actividad. Es decir, deben asegurar que el proyecto genera un incremento neto en capturas de carbono, que no se desarrolla por una obligación legal y que sin la financiación proveniente de los créditos de carbono generados no se llevaría a cabo el mismo.

También es importante que definan claramente el periodo durante el cual las absorciones de CO₂ atmosférico son atribuibles al proyecto (periodo de crédito) y el tiempo en el que el promotor del proyecto se compromete a velar por la integridad de las absorciones de carbono capturadas (periodo de permanencia). Además, deben incluir las metodologías necesarias para llevar a cabo la verificación y certificación de las absorciones conseguidas, así como su seguimiento, y evitar la doble contabilidad de las absorciones certificadas.

Sin un establecimiento claro de estos aspectos podrían desarrollarse actividades que generaran absorciones fantasmas o con nula utilidad climática. Es decir, proyectos de absorción donde no existe adicionalidad, y por lo tanto, no se logra una reducción neta de las emisiones y/o se certifican absorciones inexistentes.

Las novedades del reglamento europeo

La mayoría de estos aspectos son tratados en el nuevo Reglamento (UE) 2024/3012 del Parlamento Europeo. No obstante, existen muchas incertidumbres sobre distintos aspectos que deberán irse solventando en próximas fechas. A pesar de ello, esta nueva normativa tiene aspectos novedosos al incluir por primera vez a nivel europeo las capturas producidas en ecosistemas marinos y costeros, responsables de más del 50 % del enterramiento de carbono a nivel global. Algo que, replicado recientemente a nivel nacional a través del Real Decreto 214/2025, ya fue abordado de un modo pionero por la Junta de Andalucía hace algo más de dos años, con la publicación del Estándar andaluz de carbono para la certificación de créditos de carbono azul. Esta iniciativa ha permitido poner en marcha el primer proyecto de absorción de carbono azul en Europa certificado por una administración pública.




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Sin perder de vista un objetivo: la sostenibilidad

El reglamento europeo incluye, además, una salvaguarda para evitar el ecoposturero y fomenta la obtención de beneficios secundarios en la ejecución de este tipo de actividades en relación con los objetivos de sostenibilidad. Por ejemplo, se fomenta que los proyectos incrementen los beneficios directos e indirectos que recibe el ser humano de los ecosistemas (las funciones y servicios ecosistémicos), así como la obtención de mejoras tangibles en las comunidades locales donde se desarrolle el proyecto.

Tengamos en cuenta que el foco de atención está actualmente en el carbono, y debe utilizarse como paraguas para mejorar la gestión y conservación de nuestros ecosistemas, permitiendo una entrada de financiación privada para desarrollar conservación pública. Sin embargo, hay que evitar que se convierta en una herramienta vacía o especulativa porque, como ya decía el refrán, “no es carbono todo lo que reluce”.

The Conversation

Fernando G. Brun Murillo recibe fondos de Proyecto de investigación DAME (PDC2021-120792-100), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación y por la Unión Europea “NextGenerationEU” y proyecto FINOCAME (PCM_00104. C17 . I03.) Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Financiado por la Unión Europea NextGenerationEU.

ref. Nuevas reglas para fomentar la captura de carbono y alcanzar el objetivo de cero emisiones – https://theconversation.com/nuevas-reglas-para-fomentar-la-captura-de-carbono-y-alcanzar-el-objetivo-de-cero-emisiones-257701

Triunfos, seguidores, ingresos… ¿Cómo se calcula el verdadero valor de un equipo de fútbol?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Benito Pérez-González, Profesor e Investigador en Marketing y Economía del Deporte, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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Con dos días de diferencia, la revista Forbes y la consultora Football Benchmark publicaron sus rankings de clubes de fútbol más valiosos. Forbes lo publica desde 2011 y el de Football Benchmark celebra en 2025 su décima edición, ya como entidad independiente de la compañía KPMG pero conservando equipo y metodología de trabajo.

Ambos análisis han generado valoraciones diferentes. Aunque parten del hecho común de aplicar un multiplicador a los ingresos, difieren en los elementos que ponderan a ese multiplicador: mientras parece que Forbes da prioridad a la valoración basada en el valor de marca, el impacto comercial y el valor mediático, Football Benchmark tiene un enfoque más fundamental, basado en información contable y financiera.

Este artículo se centra en el análisis de las valoraciones de los quince primeros clubes europeos de ambas listas y los compara con sus ingresos (publicados por Deloitte). También analizamos el peso que Forbes otorga al componente marca y buscamos la relación entre el éxito deportivo y la valoración dada a los clubes por ambos modelos.

¿Cómo saber cuánto vale?

Calcular el valor de entidades grandes y complejas sin aplicar modelos rigurosos como el descuento de flujos de caja (que calcula el valor económico de una empresa estimando su capacidad futura de que los ingresos superen a las salidas de efectivo), sin conocer indicadores bursátiles –sólo el Manchester United, el Borussia Dortmund y la Juve cotizan en los mercados– y sin existir muchas operaciones de compraventa recientes que ofrezcan indicios sobre precios, equivale a operar en terreno especulativo.

Por tanto, ambas valoraciones son más simplistas de lo deseable. Además, las metodologías aplicadas no son lo suficientemente transparentes como para poder replicar los cálculos, algo que resulta indispensable en la investigación científica. No obstante, se trata de cifras con amplia difusión mediática y citadas en artículos académicos de finanzas del deporte.

Valoración de Forbes y Football Benchmarck de los 15 clubes de fútbol con más ingresos de Europa.
Fuente: elaboración propia a partir de datos de los informes para 2025 de Forbes y Football Benchmarck

Convergencia madridista

Aunque los dos rankings están encabezados por el Real Madrid, hay diferencias notables. Si Forbes da al Arsenal un valor un 30 % menor que Football Benchmark, también valora al Manchester United y a la Juventus un 16 % por encima. En cambio, en el caso del Real Madrid sólo hay un 2 % de diferencia, lo que sugiere una convergencia entre su rendimiento financiero, deportivo y de marca.

En las estimaciones de Forbes es posible identificar patrones. Equipos como Manchester United, FC Barcelona, Bayern Múnich y Liverpool tienen un valor que supone entre 6,1 y 7,8 veces sus ingresos, mientras que los de Borussia Dortmund, AC Milan, Arsenal, Atlético de Madrid e Inter están por debajo, con multiplicadores de ingreso que van de 2,7 a 4,3. Esto podría explicarse por el atractivo global de algunas marcas con grandes expectativas, pero también podría deberse a un sesgo metodológico que privilegia el potencial frente a los datos verificados.

Valor de marca

Los éxitos deportivos recientes no explican por sí solos estas valoraciones. El Manchester City ha sido campeón de la Premier y de Europa, y, aun así, Forbes lo valora menos que al Manchester United, que sigue siendo líder en seguidores en la Commonwealth.

El PSG cae en ambas listas, reflejando quizás la marcha de estrellas como Messi o Mbappé, aunque, paradójicamente, ganaron su primera Champions League al día siguiente de la publicación del informe.

Mientras, el FC Barcelona recibe una valoración significativamente más alta en Forbes –que valora el potencial del nuevo estadio, del equipo y de sus millones de seguidores– que en Football Benchmark, que toma en cuenta, sobre todo, valores contables. Esta divergencia es lógica conociendo los problemas financieros de los culés.

Todo esto apunta a que el valor de un club no depende sólo de sus cuentas ni de sus trofeos. Hay un componente intangible: la percepción. Lo que los demás creen de los equipos.

Una cuestión de método

Los clubes de fútbol europeos han seguido aumentando sus ingresos incluso en contextos económicos adversos. Esto es tenido en cuenta por ambas fuentes, que en sus valoraciones utilizan el análisis fundamental por múltiplos comparables, un método de análisis que busca valorar empresas similares utilizando las mismas métricas financieras.

¿Las diferencias? El enfoque metodológico que aplica Football Benchmarck se acerca más que el de Forbes al de un analista financiero o un fondo institucional. Para estimar el valor de las empresas pondera el multiplicador de ingresos teniendo en cuenta los activos (como la propiedad del estadio), el valor de la plantilla, el número de seguidores en redes sociales o la rentabilidad operativa.

En cambio, Forbes basa su valoración en cada fuente de ingresos: ingresos en el estadio el día de partido (matchday), derechos televisivos, patrocinios y derechos comerciales. Y a todo esto le suma un componente adicional: el valor de marca, que fija entre el 14 y el 18 % del valor total. Forbes pondera principalmente el atractivo global, la visibilidad mediática y el potencial comercial. Como Football Benchmarck, también toma en cuenta el número de seguidores en las redes sociales.

Además, Forbes ajusta sus estimaciones con las operaciones reales de mercado. La última relevante fue en 2024: la familia propietaria del Manchester United, valorado en 6 500 millones de dólares, vendió el 25 % por 1 360 millones. En 2022, el Chelsea fue vendido por 3 200 millones, un valor similar al que le daba Forbes entonces.

¿Valores tangibles o narrativas poderosas?

En la novela El bar de las grandes esperanzas, su joven protagonista se pregunta si estudiar en Harvard o en Yale. A esta disyuntiva le responden entre risas: “Harvard, ¿qué quieres ser? ¿Contable?”.

Después de once años como auditor en una de las Big Four sé bien que los contables, los de Harvard, buscamos valores con base sólida: activos, ingresos, flujos de caja. Más cercanos, aunque con las limitaciones descritas, al enfoque de Football Benchmark. Pero hay también quien valora como los de Yale, de acuerdo a símbolos, prestigio y narrativas poderosas. Ese sería el terreno de Forbes.

A pesar de las limitaciones planteadas, las listas –como las de Forbes, Football Benchmark, Sportico o 2Playbookresultan valiosas: permiten ordenar el caos, establecer jerarquías y comparar magnitudes que, de otro modo, serían inabarcables.

The Conversation

Benito Pérez González es socio abonado del Club Atlético de Madrid.

Jose Torres-Pruñonosa es socio del Futbol Club Barcelona.

Raúl Gómez Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Triunfos, seguidores, ingresos… ¿Cómo se calcula el verdadero valor de un equipo de fútbol? – https://theconversation.com/triunfos-seguidores-ingresos-como-se-calcula-el-verdadero-valor-de-un-equipo-de-futbol-258546

¿El móvil mató al juego al aire libre?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga

“En los parques ya no hay niños, internet los atrapó en sus redes”.

Con este verso de la canción Chico problemático, el rapero español Nach evidenció en 2003 la reducción del juego y las interacciones sociales entre los menores debido al abuso de las nuevas tecnologías. Más de 20 años después, la cantidad de horas que la población infantil y adolescente dedica al juego libre sigue reduciéndose, generando una preocupación significativa en las familias de muchos países.

Según datos obtenidos en 2024 por el Instituto Nacional de Estadística, el uso de productos digitales en menores de 10 a 15 años aumentó con respecto al año anterior y más de un 75 % de preadolescentes de 12 años tienen un teléfono móvil propio, porcentaje que aumenta significativamente en edades más avanzadas.

Los niños, niñas y adolescentes de la actualidad (en los contextos globalizados) pertenecen a las llamadas generaciones “nativas digitales”, las primeras en la historia de la humanidad que han nacido rodeadas de productos inteligentes: televisiones, móviles, tabletas, ordenadores… incluso relojes.




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Por ello, existe una brecha significativa entre su experiencia y la de sus padres, madres e incluso profesionales de la educación. Es decir, quienes se encargan de su cuidado y educación no cuentan con modelos previos de crianza adaptados a la era digital, lo que dificulta establecer límites adecuados.

Una buena educación digital no solo debe centrarse en enseñar a menores a buscar vídeos en YouTube o a descargarse juegos, sino también en desarrollar un uso crítico, equilibrado y saludable de los productos inteligentes. Un uso equilibrado supone que estos no sustituyan otras experiencias esenciales para el desarrollo cerebral. La tecnología ofrece multitud de beneficios (incluso, es muy útil para mejorar capacidades cognitivas tras un daño cerebral), pero el uso excesivo en menores de edad tiene consecuencias en el neurodesarrollo, especialmente cuando reemplaza actividades fundamentales como el juego entre iguales.

Por tanto, en este artículo se explicará la importancia que tiene el juego (en sus muchas variedades) en el desarrollo neuropsicológico y por qué la sustitución de las interacciones sociales e interpersonales por el abuso (o incluso el simple uso) de dispositivos tecnológicos puede tener un impacto negativo en la cognición social, las funciones ejecutivas, la memoria y la atención.

Pantallas como sonajeros

En la actualidad, es muy común observar en restaurantes, transportes y otros espacios públicos a bebés con la mirada fija en una pantalla. Muchos padres y madres recurren a dispositivos electrónicos como teléfonos móviles o tabletas para calmar el llanto y evitar que “molesten” en situaciones sociales. Esta práctica, cada vez más extendida, se percibe como una solución rápida y efectiva en momentos de incomodidad. Sin embargo, aunque pueda parecer inofensiva, plantea serias preocupaciones, como expone María Couso en su libro Cerebros y pantallas:

“Dar un móvil para anestesiar a tu hijo o hija no le enseña a regularse, ni a tolerar la frustración, solo crea analfabetismo emocional”.

Antes de la proliferación de dispositivos electrónicos, los padres y madres (sobre todo, las madres) utilizaban diversas estrategias muy positivas para calmar y entretener a sus bebés. Estas incluían actividades como cantar nanas, mecerlos, ofrecer juguetes adecuados para su edad y, fundamentalmente, interactuar directamente con el bebé a través del habla, las sonrisas, el contacto visual y el contacto físico. Estas prácticas fomentan la tranquilidad y el desarrollo emocional y fortalecen el vínculo afectivo.

La exposición a pantallas electrónicas en menores de dos años se ha vinculado con un menor desarrollo en etapas posteriores del crecimiento. Una de las hipótesis propuestas para explicar estos efectos es la reducción en la interacción entre el niño o la niña y las personas encargadas de su cuidado.




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Al estar prestando atención a teléfonos, tabletas o a la televisión, se limitan las oportunidades de aprendizaje a través del lenguaje y la interacción social. Por esta razón, desde la Asociación Española de Pediatría se ha advertido que es fundamental evitar la exposición a cualquier pantalla antes de los dos años para facilitar un desarrollo neuropsicológico adecuado.

También se ha señalado que los efectos negativos pueden ser más pronunciados en hogares con menor nivel socioeconómico. En estos casos, el uso de pantallas puede estar vinculado a la falta de acceso a otros recursos educativos y a una mayor carga laboral de las personas cuidadoras, lo que reduce el tiempo de interacción cara a cara.

Los primeros años de vida resultan cruciales para el desarrollo cerebral y la adquisición de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Durante esta etapa, el cerebro crece rápidamente y se forman muchas conexiones neuronales, lo que facilita el aprendizaje y la adaptación al entorno. Durante este periodo de alta plasticidad cerebral se establecen las bases del desarrollo futuro.

La importancia del juego en edad preescolar

El juego entre iguales desempeña un papel esencial en este proceso. Para Piaget, uno de los psicólogos más influyentes sobre desarrollo cognitivo infantil, el juego era una forma de asimilación, es decir, una manera con la que niñas y niños incorporaban la realidad a su propio esquema de conocimiento. A diferencia de Piaget, Lev Vygotsky, psicólogo autor de la teoría sociocultural, consideraba que el juego no solo refleja el desarrollo, sino que lo impulsa activamente.

Según él, el juego permite desempeñar roles y llevar a cabo acciones más avanzadas de lo que podrían hacer en su vida cotidiana, lo que favorece su crecimiento cognitivo y social. Vygotsky introdujo el concepto “zona de desarrollo próximo” para describir la diferencia entre lo que un niño o niña pueden aprender por su cuenta y lo que puede lograr con la ayuda de otros niños y niñas con más experiencia.




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A través del juego, aprenden a interactuar socialmente, desarrollan empatía y comprenden las normas sociales. Además, el juego promueve el desarrollo de funciones ejecutivas, como la planificación, la inhibición y la memoria de trabajo, habilidades fundamentales para el éxito académico y social.

La interacción social durante el juego también contribuye al desarrollo emocional: les permite expresar y regular sus emociones, aprender a resolver conflictos y desarrollar habilidades de cooperación. Estas experiencias son cruciales para construir relaciones saludables y adaptarse a diferentes contextos sociales.

Por ejemplo, el juego simbólico (donde quienes participan asumen roles y crean narrativas) les permite experimentar con el lenguaje en contextos diversos, facilitando la adquisición de nuevas palabras y estructuras gramaticales y enriqueciendo su competencia lingüística. Actividades como cantar canciones, recitar rimas y jugar con sonidos ayudan a reconocer patrones fonológicos, una habilidad esencial para la lectura.

Asimismo, los juegos que implican la manipulación de letras o palabras, como rompecabezas de palabras o juegos de rimas, fomentan la familiarización con la estructura del lenguaje escrito. La sustitución de estos juegos por el uso de dispositivos móviles en preescolares puede tener consecuencias significativas para su cerebro, ya que podría afectar a las estructuras que sustentan el lenguaje y las habilidades de alfabetización.

Edad escolar: pantallas sí, pero limitadas

Con relación a la población en edad escolar, las investigaciones más recientes apuntan a que el uso de dispositivos móviles en menores de 6 a 12 años puede tener efectos positivos en el aprendizaje cuando se emplean con fines educativos. Sin embargo, un uso excesivo, especialmente sin supervisión o con fines no educativos, puede comprometer su salud física, emocional y social. Por ello, resulta crucial encontrar un equilibrio entre el tiempo de pantalla y otras actividades esenciales para el desarrollo, como el juego, la lectura y la interacción social.

En esta etapa del crecimiento se amplían y diversifican las actividades lúdicas: comienzan a incluirse juegos de mesa y deportes organizados que requieren seguir normas establecidas.




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Los juegos de mesa avanzados (como el ajedrez) y los deportes en equipo (como el fútbol y el baloncesto) fomentan la planificación estratégica, el pensamiento lógico, la toma de decisiones y la adherencia a normas establecidas, habilidades cruciales para el desarrollo de las funciones ejecutivas.

También mejoran la capacidad de atención, la memoria de trabajo y las habilidades sociales al enseñarles a turnarse, cooperar y manejar la competitividad. Incluso, participar en obras de teatro escolares les permite explorar diferentes perspectivas y mejorar sus habilidades comunicativas.

El juego físico también es decisivo para el desarrollo motor y la salud en general. La exposición excesiva a pantallas puede conducir a comportamientos sedentarios, aumentando el riesgo de sobrepeso y la obesidad infantil. Además, la falta de actividad física puede afectar negativamente el desarrollo de habilidades motoras y la salud cardiovascular.

Cerebro adolescente

El juego no es una actividad exclusiva de la infancia, sino que también desempeña un papel fundamental en la adolescencia. Durante esta etapa, también se produce una significativa remodelación cerebral, caracterizada especialmente por la eliminación de las conexiones cerebrales inservibles (proceso llamado “poda sináptica”) y la maduración de la corteza prefrontal, responsable de funciones ejecutivas (toma de decisiones, autocontrol…) y el razonamiento.

En este periodo vital, el juego puede adoptar una nueva forma: los videojuegos. Pero es necesario continuar con los deportes de equipo y los juegos de mesa. Además, el juego entre iguales en esta etapa tiene un impacto significativo en la salud emocional, ya que ayuda a reducir el estrés, fortalecer la autoestima y mejorar la capacidad de adaptación a situaciones nuevas o desafiantes.

El aspecto social también es crucial. Juegos que implican interacción con iguales promueven el desarrollo de la empatía, los vínculos, la cooperación y la comprensión de normas sociales. Estas habilidades son fundamentales para la construcción de relaciones saludables y para la transición hacia la adultez.

Son precisamente estas habilidades (y las que hemos consolidado en etapas previas del crecimiento a través de las interacciones sociales y el juego) las que protegen del uso problemático de los dispositivos móviles y las redes sociales.

Los estudios indican que contar con apoyo familiar y del grupo de iguales (es decir, tener relaciones familiares y de amistad sanas) previenen el uso excesivo o la dependencia, y que el miedo irracional a estar sin el móvil (nomofobia) se relaciona con puntuaciones bajas en varias dimensiones de la inteligencia emocional, así como con altos niveles de estrés, ansiedad y depresión.

Mencionamos los videojuegos de contenido colaborativo como una actividad positiva, pero es importante, al llegar a estas edades, entender que no todos los videojuegos son iguales: los de recompensa inmediata y sin componente social, por ejemplo, son la puerta a conductas adictivas y pueden afectar a la capacidad de atención, la regulación emocional y las habilidades sociales.

Un resumen para los cerebros adultos

Es esencial tomar medidas para equilibrar el uso de la tecnología con actividades que promuevan el desarrollo integral de las nuevas generaciones. Establecer límites claros, fomentar el juego físico, las interacciones sociales y educar sobre el uso responsable de la tecnología son pasos fundamentales para garantizar el bienestar y el desarrollo saludable de niños, niñas y adolescentes en la era digital.

Que los dispositivos sean una parte de su entretenimiento, pero nunca sustituyan completamente al ocio en la vida real y las relaciones cara a cara. Es el cerebro el que está en juego.


Este artículo se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.


The Conversation

Jorge Romero-Castillo colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. ¿El móvil mató al juego al aire libre? – https://theconversation.com/el-movil-mato-al-juego-al-aire-libre-261115

Vanishing data in the U.S. undermines good public policy, with global implications

Source: The Conversation – Canada – By Kristi Thompson, Research Data Management Librarian, Western University

The recent tragic floods in Texas have focused attention on the human impact of the cuts to government infrastructure and services in the United States by Donald Trump’s administration.

Although initial analyses suggest that recent budget cuts and loss of staff played no role in the timeliness of the warnings, many are concerned that a lack of data used to make critical predictions and decisions will increasingly become apparent as a serious problem.

As researchers focused on data management (Kristi) and behavioural sciences (Albert) and whose work tackles the significance of research with open access data, we have been concerned about how the data sets that scholars around the world rely on have been vanishing from U.S. government sites.

Vanishing data is of dire concern far beyond the U.S., including for Canadians.

Danielle Goldfarb, an expert on trade, real-time data, economics and public policy, notes that cuts to the National Oceanic and Atmospheric Administration’s Arctic monitoring programs weaken Canada’s ability to assess shared climate risks and global shipping impacts. The American dismantling of key weather reporting also threatens the availability of crucial data for Canada’s disaster preparedness.

The Canadian data community is watching U.S. events closely, and this has led to the recent founding of the Canadian Data Rescue Project. The project has a dual focus: to support data rescue efforts in the U.S. and to set up preventative life support for Canadian government data.

Attack on knowledge

The attack on knowledge in the U.S. began in January 2025 when Trump signed executive orders mandating the removal of information on topics such as diversity and “gender ideology” from government websites.

Next, entire websites, data distribution systems and data collection systems began to disappear. The result was not only growing alarm over how the needs of marginalized populations are represented in democratic life and how public safety could be affected, but also concerns about a research and public policy crisis.

Environmental data was a major target, with climate change tracking tools disappearing.

And as part of the defunding of the Department of Education, nearly all of the staff, including the commissioner at the National Center for Education Statistics, were fired.




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Fundamental records

Government data provides the most fundamental record of how a society works. Health, social, economic and education data collections show a clear picture of how people live, and allow researchers to track how public policy changes affect everyday lives.

Government data is a unique resource because governments can require and enforce the collection of accurate information. This data also provides records of the activities of elected governments.

Eliminating data collection breaks the system of knowledge that allows governments to work well, and lets the public transparently see how they are working well.

Accuracy of data affects how people live

Data and budget cuts are already undermining economic policy in the U.S.

Inflation is a key indicator of economic health, and was an important electoral issue for Americans, with egg prices and other indicators coming up repeatedly in election campaigns.

But the Bureau of Labor Statistics, responsible for monitoring price changes, has been forced by staffing shortages to rely on less accurate data-collection methods. Now, according to the Wall Street Journal, economists are questioning the accuracy of the government’s inflation data.

Similar budget pressures hit climate science. The National Oceanic and Atmospheric Administration decommissioned its Billion-Dollar Weather and Climate Disasters Database as of May 8.




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This data tracked weather disasters where damages or costs reached or exceeded $1 billion and helped local and state governments plan, allocate budgets and advocate for funding. Employment losses are also expected.

Internationally, shuttering the U.S. Agency for International Development has led to data losses that will severely hinder global development goals. The Demographic and Health Surveys program helped governments of many low- and middle-income countries collect health and service data.

Losing aid funding will harm people directly. Losing the data will worsen that harm by preventing governments from making informed decision on allocating scarce resources, and it will hide how much harm is being done.

Limiting what can be known

Data destruction is a way to disrupt and control discourse by limiting what can be known. Without data, questions like “What impact are climate-related disasters having?” or “What’s the inflation rate?” are unanswerable. It becomes harder to effectively critique government actions.

If data destruction is an act of political suppression, then data preservation can be an act of political resistance.

In February 2025, several U.S. academic and non-profit associations got together to form the Data Rescue Project. They have worked to download data files, create documentation and prepare the data for publication on donated platforms.

While researchers are unable to change the termination of data collection programs, they are preserving as much data as possible so researchers and critics can at least access information.

The Canadian Data Rescue Project has hosted three data rescue events to create documentation for rescued American data sets, and is setting up processes to download and archive Canadian government data as a safeguarding measure.

Canadian data concerns

Disappearing data could happen here, and similar events have. Stephen Harper’s Conservative government cut data collection programs and issued gag orders to federal scientists.

The federal government reduced funding for environmental data collection and eliminated the First Nations Statistical Institute.

Researcher Melonie Fullick noted in 2012 that since 2009, “research on post-secondary education in Canada has been undermined by a systematic elimination of resources.” With the termination of varied education bodies or councils also came a scarcity of data.

The Harper government also eliminated the 2011 long-form census, replacing it with a voluntary survey, leading to the resignation of Canada’s national statistician and disrupting the baseline for all social and health data collection in Canada over the next few years.

Subsequent governments restored the census and some other data-collection programs, but in the case of education, researchers say some of the pains now being felt in the sector can be traced back to this period.

Canada at crossroads

A society knows itself through data, and makes a declaration about what it values by what it chooses to count.

Canada is now at a crossroads. Our researchers and policy analysts have piggybacked on U.S. data collection in critical areas from health to climate and weather forecasting. We now need a national response to help mitigate the effects of data destruction.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Vanishing data in the U.S. undermines good public policy, with global implications – https://theconversation.com/vanishing-data-in-the-u-s-undermines-good-public-policy-with-global-implications-258230

3 ways Canadians can take control of their finances in an age of economic uncertainty

Source: The Conversation – Canada – By Omar H. Fares, Assistant Professor, Faculty of Business, University of New Brunswick

Canadian consumers are beginning to move from short-term economic concerns to a more persistent mindset of financial precarity, and it’s starting to affect how they live.

People are delaying major purchases and starting to show signs of subscription fatigue, according to recent findings. One recent survey found that 70 per cent of Canadians are deferring major life decisions, including home ownership and family planning, as a consequence of this sustained economic uncertainty.

This anxiety is now reflected in broader sentiment. The Bank of Canada’s latest Consumer Expectations Survey found a sharp rise in economic pessimism. About two-thirds of Canadians now anticipate a recession within the year, up from 47 per cent in late 2024.

Concerns about job security, debt repayment and access to credit are also mounting. For the first time since early 2024, more consumers report cutting back on spending. Home-buying intentions are declining, especially among those expecting a downturn, and an increasing share of mortgage holders plan to reduce expenses ahead of higher renewal payments.

Consumers are no longer just reacting to inflation or interest rates, but adjusting to the idea that financial uncertainty may be here to stay.

Why today’s economic anxiety feels different

While the link between economic uncertainty and reduced spending is well established, what makes today’s situation different is the convergence of multiple pressures facing consumers.

This includes a challenging job market — particularly for younger Canadians — concerns about the disruptive effects of AI-driven automation, the threat of tariffs from the United States, ongoing global conflicts and the growing cost of living.

With economic uncertainty now a defining feature of everyday life for many Canadians, the sense of financial precarity is shaping how people think, plan and spend.

Addressing this new reality will require equipping ourselves with tools and mental habits that can help develop financial stability, even in unpredictable times. Here are three research-backed ways to do this.

A Global News segment about how half of Canadians are living bill-to-bill.

1. Budget based on values

With many people feeling the pinch or uncertainty around money, a more deliberate, values-based approach to personal finance is needed beyond traditional budgeting methods. If you’re looking for more control over your finances, it can help to shift your focus from just tracking where your money goes to making sure it goes where you actually want it to.

Research in consumer behaviour supports this shift in mindset. Mental accounting, introduced by economist Richard Thaler, explains how people naturally divide their money into mental categories like stability, family or learning. Budgeting then becomes less about cutting back and more about making intentional choices.

Studies have found that pairing this kind of values-based budgeting with simple practices, such as setting clear goals and automating transfers, can lead to lower spending and more consistent long-term behaviour. The goal is not to manage every dollar perfectly, but to make sure your money aligns with what matters most to you.

Since values tend to guide sustainable decision-making, a practical starting point is to identify three to five core values, such as financial security, personal development or time with family. Next, review your recent transactions and group them by the value they support. This reframes budgeting as a way to assess whether your current spending aligns with what you consider most important.

From there, assign a reasonable monthly amount to each category based on your income and fixed obligations. You don’t need to track every detail, but having value-based benchmarks will improve day-to-day choices.

Renaming categories in your budgeting app or spreadsheet is another important approach. For example, changing “discretionary” to “family time” or “well-being” can reinforce the link between spending and values. Set up automated transfers that reflect your goals; this might include creating a savings buffer, funding education or contributing to a low-risk investment account. Automation helps reduce decision fatigue and supports consistency.

2. Use pessimism to your advantage

While recognizing economic risks is entirely rational, how people respond to that risk makes a significant difference. Psychologists have studied a mindset known as “defensive pessimism,” a strategy that involves anticipating potential problems in order to plan effectively, rather than being overwhelmed by uncertainty.

Unlike chronic anxiety or fear, which can impair decision-making and lead to poorer financial and consumption choices, defensive pessimism encourages people to take a more measured, thoughtful approach. It combines realism with preparation and helps individuals stay focused and responsive in uncertain conditions.

People are more resilient when they focus on what can be changed. In practical terms, this might include learning a new skill, starting a side project or strengthening personal or professional networks.

To apply defensive pessimism, start by clearly identifying what could go wrong, then outline specific actions to address those possibilities. Break big tasks into smaller, manageable steps, create a backup plan and regularly reassess progress. This approach helps maintain focus, reduce surprises and turn worry into preparation.

These small, proactive steps with detailed personal reflection can offer a sense of agency that counters feelings of helplessness. Rather than ignoring challenges, defensive pessimism coupled with consistent reflection is about figuring out how to work around them.

3. Adopt a long-term outlook

Despite ongoing uncertainty, maintaining a long-term financial perspective remains very important. Research consistently shows that people who engage in long-term planning tend to accumulate greater wealth over time.

Long-term planning involves continuing to plan for future goals such as retirement or education, even when timelines need to shift due to changing circumstances.

One of the greatest challenges with this approach is known as the “sour grape effect.” This refers to the tendency people have to downplay a future goal or reward after experiencing early setbacks or failures.

A 2020 study with 1,304 participants in Norway and the U.S. found that setbacks can lead individuals to disengage from their goals. Participants were given either positive or negative feedback on an initial task and then asked to predict how much happiness they would feel if they succeeded in a later round.

Those who experienced failure anticipated much less happiness from future success. When everyone actually did succeed, their levels of happiness were the same regardless of initial feedback. Setbacks can lead people to devalue their goals as a self-protective strategy. However, participants with high achievement motivation did not show this bias.

In other words, when short-term disappointments are interpreted as failure, there is a risk that people may give up on long-term plans altogether. In these moments, the most effective course of action is staying consistent and committed, while still remaining agile enough to adapt as needed.

The Conversation

Omar H. Fares does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. 3 ways Canadians can take control of their finances in an age of economic uncertainty – https://theconversation.com/3-ways-canadians-can-take-control-of-their-finances-in-an-age-of-economic-uncertainty-260785