¿Se quedarán sin nieve los Pirineos por culpa del cambio climático?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep Bonsoms, Postdoctoral researcher and professor, Universitat de Barcelona

Fusión de la nieve en primavera en el Pirineo occidental. Josep Bonsoms, CC BY-SA

La nieve es uno de los elementos más característicos de las montañas y del invierno en gran parte del mundo. Más allá de su valor paisajístico, esta desempeña un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas de montaña y en múltiples actividades socioeconómicas.

Sin embargo, la nieve es también un componente del sistema climático especialmente sensible al calentamiento global. En las últimas décadas, su cantidad, duración y comportamiento han mostrado cambios significativos.

No nieva igual todos los inviernos

La nieve presenta una marcada variabilidad temporal y espacial. En las montañas de la península ibérica, los inviernos pueden alternar entre años con abundantes nevadas y otros casi sin nieve.

Esta variabilidad no es homogénea. Las cotas bajas y sectores como el Pirineo oriental son más irregulares debido a su posición frente a los flujos atlánticos, mientras que cordilleras occidentales y septentrionales actúan como barrera, captando la mayor parte de la humedad y dejando condiciones más secas hacia el este. Este fenómeno, conocido como sombra pluviométrica, también es observable en otras montañas españolas como Sierra Nevada.

A escala local, además, el relieve y el viento influyen también en la acumulación de nieve. En conjunto, estos factores hacen que las tendencias espacio-temporales de la nieve muestren una elevada heterogeneidad.

¿Hay menos nieve en el hemisferio norte?

A escala del hemisferio norte, la cobertura de nieve ha disminuido de forma acelerada desde la década de 1980. Este descenso se atribuye principalmente al aumento de la temperatura vinculado al cambio climático de origen antrópico. Este fenómeno ha dado lugar a lo que se conoce como sequía nival hidrológica, es decir, cuando la acumulación de nieve es insuficiente o la fusión es demasiado rápida y se genera un déficit respecto a un periodo histórico concreto.

Aun así, durante la estación fría, en cotas elevadas y en latitudes altas, la acumulación de nieve depende más de la precipitación que de la temperatura. En las latitudes medias de la cuenca del Mediterráneo, la precipitación presenta una elevada variabilidad anual y decadal, sin que se observen tendencias claras a lo largo del periodo histórico.

En los Pirineos, en cotas elevadas (>2 000 m), donde las temperaturas se mantienen bajo cero, las tendencias recientes (2000-2020) son neutras o ligeramente positivas. Sin embargo, en periodos más largos (1958–2017) se observa una disminución generalizada del número de días con nieve en el suelo y del espesor medio.

Además, en este sistema montañoso se detecta una fusión cada vez más temprana en la temporada y más intensa, asociada a un aumento de la energía disponible para derretir la nieve. Este fenómeno se ha relacionado con una mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas durante la primavera. Estos periodos de estabilidad atmosférica favorecen la entrada de masas de aire templado, incrementan la radiación y el calor sensible, y aceleran la fusión. Estas situaciones atmosféricas se producen actualmente con temperaturas más elevadas debido al calentamiento global.




Leer más:
El cambio climático y la actividad humana están transformando las montañas en todo el mundo


¿Qué pasará en el futuro?

Los estudios basados en simulaciones climáticas coinciden en proyectar una disminución de la nieve en el hemisferio norte, independientemente del modelo climático utilizado y del escenario de emisiones de gases de efecto invernadero considerado, tanto moderado como alto.

En los Pirineos, las proyecciones apuntan a una reducción generalizada de la nieve, especialmente en las cotas bajas, donde pequeños aumentos de temperatura determinan si la precipitación cae en forma de nieve o de lluvia.

Aun así, la nieve no desaparecerá de esta cadena montañosa, ni siquiera a finales de siglo. En concreto, las proyecciones para finales del siglo XXI (2080–2100) anticipan reducciones de la precipitación nival que oscilan entre el −9 % en un escenario de emisiones moderadas (entre 2 500 y 3 000 m) y el −29 % en un escenario de altas emisiones (entre 1 000 y 1 500 m), en comparación con el clima histórico (periodo 1960–2006).

Estos cambios afectan también la duración de la temporada de nieve, la rapidez de la fusión y los picos de escorrentía, es decir, el agua que circula por la superficie. Un aumento de 1 °C puede reducir hasta un 30 % la nieve estacional a 1 500 m.

Además, estudios recientes indican que el aumento de la temperatura debido al cambio climático contribuye a una mayor evaporación y a una mayor cantidad de humedad disponible en la atmósfera, lo que puede dar lugar a un incremento de episodios extremos de precipitación en forma de nieve, como la borrasca Filomena de 2021, siempre que la temperatura se sitúe por debajo del punto de fusión.




Leer más:
A mayor calentamiento global, ¿menos nieve en las montañas?


Implicaciones para el clima y los ecosistemas

La nieve es un factor clave en las zonas de montaña. Actúa como un regulador hidrológico natural: almacena agua durante los meses fríos y la libera de forma progresiva en primavera y verano. Su disminución altera los picos de escorrentía, afecta a la disponibilidad de recursos hídricos y condiciona la producción hidroeléctrica.

La nieve desempeña un papel fundamental en el clima debido a su alto albedo, ya que refleja gran parte de la radiación solar. La pérdida de cobertura nival incrementa la absorción de energía en la superficie, generando retroalimentaciones que aumentan la temperatura.

Los cambios en la nieve influyen también en los ecosistemas de montaña, en la fenología de la vegetación –en sus ciclos biológicos– y en la evolución de los glaciares, que dependen de una cubierta nival persistente para retrasar la exposición del hielo durante el verano. Además, el aumento de episodios de lluvia sobre nieve, favorecidos por temperaturas más elevadas, puede desencadenar crecidas rápidas e inundaciones, como la ocurrida en el municipio de Vielha (Lérida) en 2013, con elevados costes económicos.




Leer más:
Los peligrosos efectos del cambio climático en las masas glaciares


En este contexto, el cambio climático plantea un desafío estructural para los sistemas naturales y económicos de montaña. Afrontar este nuevo escenario requiere avanzar en estrategias de adaptación y mitigación que permitan gestionar el agua, el territorio y las actividades de montaña.

The Conversation

Josep Bonsoms recibe financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España (PRE2021-097046).

ref. ¿Se quedarán sin nieve los Pirineos por culpa del cambio climático? – https://theconversation.com/se-quedaran-sin-nieve-los-pirineos-por-culpa-del-cambio-climatico-272626

Voici ce que les dernières recherches révèlent sur le traitement hormonal de la ménopause et la santé cognitive

Source: The Conversation – in French – By Zahinoor Ismail, Professor, Cumming School of Medicine, University of Calgary

Au début des années 2000, une importante étude sur la santé des femmes, la Women’s Health Initiative (WHI), a fait la une des journaux. Lancée dans les années 1990 et toujours en cours, elle vise à déterminer si le traitement hormonal de la ménopause (THM), utilisé pour soulager leurs symptômes, pouvait également protéger contre des problèmes de santé graves survenant à un âge avancé.

Une sous-étude, la WHI Memory Study (WHIMS), s’est concentrée sur la santé cognitive des femmes ne souffrant pas de démence au départ.


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.


Ses résultats, diffusés en 2002, ont provoqué un choc. Les personnes sous THM présentaient un risque accru de développer des maladies cardiaques, des accidents vasculaires cérébraux, des cancers du sein et de la démence. Les médecins ont rapidement déconseillé le THM, les ordonnances ont chuté et ce traitement a pratiquement disparu du débat public.

Les conclusions diffusées à l’époque étaient incomplètes. Les résultats de l’étude n’étaient pas faux, ils révélaient des risques réels. Mais au cours des années qui ont suivi, les chercheurs ont réexaminé les données, non seulement celles concernant le cerveau, mais aussi celles relatives au cœur, aux accidents vasculaires cérébraux et au cancer, afin de mieux comprendre quand, pourquoi et comment on devrait avoir recours au THM.

Aujourd’hui, les experts s’accordent à dire que pour de nombreuses femmes qui commencent ce traitement autour de la ménopause et qui n’ont pas de contre-indication médicale, les avantages l’emportent sur les risques. Dans de tels cas, le THM peut être prescrit en toute sécurité pour traiter les symptômes de la ménopause.

Pourtant, plusieurs mythes persistent, notamment concernant le vieillissement cérébral.

Nous allons examiner ici les principaux mythes à ce sujet.

Mythe n° 1 : le THM augmente le risque de démence chez toutes les femmes

Selon l’étude WHIMS, les femmes ayant commencé un traitement hormonal à 65 ans ou plus présentaient un risque accru de développer une démence par rapport à celles qui n’en avaient pas pris. Cependant, la plupart des femmes entreprennent un THM beaucoup plus tôt, généralement dans la quarantaine ou la cinquantaine, à la périménopause.

Le moment où l’on débute le traitement est important.

Les chercheurs évoquent l’hypothèse d’une « fenêtre critique » : entreprendre un THM autour de la ménopause pourrait favoriser la santé cérébrale, tandis que le commencer plusieurs années plus tard pourrait augmenter le risque de déclin cognitif et de démence.

L’étude WHIMS n’a pas testé cette « fenêtre » : la plupart des participantes avaient dépassé depuis longtemps l’âge de la ménopause et ne présentaient plus de symptômes. Les résultats n’offrent donc pas de conclusion quant aux effets du traitement hormonal lorsqu’il est utilisé au bon moment et pour les bonnes raisons (présence de symptômes de la ménopause).

Des études récentes apportent un tableau nuancé : certaines femmes qui commencent un THM autour de la ménopause vont constater des bienfaits cérébraux plus tard dans leur vie, comme une meilleure mémoire et un risque de démence réduit. Pour d’autres, les résultats en termes de cognition et de risque de démence seront peu marqués, mais pas moins bons.

Cependant, entreprendre un THM plus tard, par exemple après 70 ans ou plus de cinq ans après la ménopause, peut être associé à une accumulation accrue de protéines Tau, marqueur de la maladie d’Alzheimer.

En résumé, le THM n’est pas nécessairement mauvais pour le cerveau, mais ses effets peuvent dépendre du moment où il est commencé et du type d’hormones utilisé.

Mythe n° 2 : tous les THM ont le même effet sur le cerveau

Lorsqu’on évoque le THM (anciennement connu sous le nom de traitement hormonal substitutif ou THS), on peut penser qu’il existe un traitement standard. Or, le THM se présente sous de nombreuses formes, et celles-ci changent la donne. Dans le cadre de l’étude WHIMS, les femmes recevaient des comprimés d’œstrogène équin, et de l’acétate de médroxyprogestérone si elles avaient un utérus. Cette combinaison était autrefois le traitement standard, mais elle est rarement utilisée de nos jours.

Aujourd’hui, on a plutôt recours au 17-bêta– œstradiol (un type d’œstrogène) qui est associé à des bienfaits pour le cerveau et à un risque moindre de déclin cognitif.

Les femmes avec un utérus prennent aussi un progestatif pour réduire le risque de cancer de l’utérus. Si les progestatifs peuvent favoriser la santé cérébrale, ils peuvent également atténuer les effets protecteurs des œstrogènes, notamment leur rôle dans la croissance, le maintien et le fonctionnement des cellules cérébrales qui soutiennent la mémoire et la pensée. Ainsi, le type et la combinaison des hormones ont leur importance.

Le mode d’administration du THM (comprimé, timbre, gel, crème, vaporisateur ou anneau vaginal) est important, car chacun est métabolisé différemment.

Les comprimés oraux passent par le foie et peuvent accroître le risque de formation de caillots sanguins et d’hypertension artérielle. Ces effets peuvent avoir des répercussions sur la santé du cerveau, en ralentissant le flux sanguin et en augmentant le risque d’AVC.

Les timbres et les gels, absorbés par la peau, présentent moins de risques, car ils contournent le foie.

En bref, tous les THM ne se valent pas. Mais si on a la forme et le moment appropriés, les THM peuvent-ils prévenir la démence ?

Mythe n° 3 : l’étude WHIMS a démontré que le THM pouvait prévenir la démence

Avec le temps, le THM est passé de traitement contre les symptômes de la ménopause à moyen de prévention de la démence. C’est l’étude WHIMS, qui visait à déterminer s’il pouvait réduire le risque de démence, qui a engendré cette vision.

Cependant, réduction des risques ne signifie pas prévention. L’étude WHIMS n’a pas évalué si le THM prévenait la démence. Comme elle portait sur des femmes longtemps après la ménopause, ses résultats ne permettent pas de savoir ce qui se produit lorsque le THM est administré pendant la transition ménopausique. Ses conclusions sont néanmoins utilisées pour étayer des affirmations plus générales sur le THM et la santé cérébrale, alors que ce traitement n’a jamais été conçu pour prévenir la démence ou servir de stratégie unique pour en réduire les risques.

Ce ne sont pas toutes les femmes qui ont besoin de suivre un THM, ou qui devraient le faire. Certaines traversent la ménopause sans difficulté, tandis que d’autres rencontrent davantage de problèmes. Le traitement hormonal n’est pas une solution universelle.

Mais pourquoi certaines femmes présentent-elles des symptômes et d’autres non ? De nouvelles recherches suggèrent que les symptômes de la ménopause pourraient fournir des indices sur la santé du cerveau, reflétant sa sensibilité à la baisse du taux d’œstrogènes. Comme les œstrogènes influencent la mémoire, la réflexion et l’humeur, un nombre plus important de symptômes pourrait indiquer une vulnérabilité accrue au vieillissement cérébral.

Il ne s’agit pas seulement des symptômes, mais aussi de leur impact sur la vie quotidienne. Lorsque les sueurs nocturnes perturbent le sommeil ou que les changements d’humeur mettent à rude épreuve les relations sociales, le stress et la fatigue peuvent être néfastes pour le cerveau.

En résumé, le THM n’est pas un remède miracle contre la démence. Toutefois, la prise en charge des symptômes de la ménopause peut contribuer au bien-être actuel et à la santé cérébrale future des femmes qui souffrent et peuvent avoir recours à ce traitement.

Et la suite ?

L’étude WHIMS a marqué une étape importante dans l’histoire du THM, mais la recherche continue d’évoluer.

Les scientifiques se posent les questions suivantes : quel est le meilleur moment pour entreprendre un THM ? Quelles sont les hormones les plus importantes ? Qui en bénéficie et pourquoi ?


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


La ménopause est différente pour chaque femme. Pour certaines, le traitement hormonal apporte un soulagement et améliore la qualité de vie. Il n’offre toutefois aucune garantie contre la démence. Mais pour les personnes qui en ont besoin, le THM commencé au bon moment peut favoriser un vieillissement cérébral sain, ce qui est encourageant pour la prochaine génération qui entre dans l’âge mûr avec plus de connaissances et de soutien que jamais.

Vous souhaitez participer à l’évolution de la science ? Vous pourriez vous joindre à des études canadiennes telles que CAN-PROTECT ou BAMBI, qui explorent comment le THM et les expériences de la ménopause influencent le vieillissement cérébral.

La Conversation Canada

Zahinoor Ismail reçoit un financement des Instituts de recherche en santé du Canada et de Gordie Howe CARES.

Jasper Crockford reçoit un financement des Instituts de recherche en santé du Canada, de l’unité de soutien SPOR de l’Alberta, de la Fédération canadienne des femmes diplômées des universités, de la plateforme de formation vasculaire et de Brain Health Care Canada.

Maryam Ghahremani ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Voici ce que les dernières recherches révèlent sur le traitement hormonal de la ménopause et la santé cognitive – https://theconversation.com/voici-ce-que-les-dernieres-recherches-revelent-sur-le-traitement-hormonal-de-la-menopause-et-la-sante-cognitive-271913

Searching reporters’ homes, suing journalists and repressing citizen dissent are well-known steps toward autocracy

Source: The Conversation – USA – By Konstantin Zhukov, Assistant Professor of Economics, Indiana University; Institute for Humane Studies

Neither of these men — US President Donald Trump, left, and Russian President Vladimir Putin — likes being held accountable by the press. Contributor/Getty Images

The FBI search of a Washington Post reporter’s home on Jan. 14, 2026, was a rare and intimidating move by an administration focused on repressing criticism and dissent.

In its story about the search at Hannah Natanson’s home, at which FBI agents said they were searching for materials related to a federal government employee, Washington Post reporter Perry Stein wrote that “it is highly unusual and aggressive for law enforcement to conduct a search on a reporter’s home.”

And Jameel Jaffer, director of the Knight First Amendment Institute at Columbia University, told The New York Times the raid was “intensely concerning,” and could have a chilling effect “on legitimate journalistic activity.”

Free speech and independent media play a vital role in holding governments accountable by informing the public about government wrongdoing.

This is precisely why autocrats like Russia’s Vladimir Putin have worked to silence independent media, eliminating checks on their power and extending their rule. In Russia, for example, public ignorance about Putin’s responsibility for military failures in the war on Ukraine has allowed state propaganda to shift blame to senior military officials instead.

While the United States remains institutionally far removed from countries like Russia, the Trump administration has taken troubling early steps toward autocracy by threatening – and in some cases implementing – restrictions on free speech and independent media.

A large building with the words 'The New York Times' emblazoned on its lower floors.
Trump sued the New York Times in 2025 for $15 billion for what he called ‘malicious’ articles; a judge threw out the case.
Jakub Porzycki/NurPhoto via Getty Images

Public ignorance, free speech and independent media

Ignorance about what public officials do exists in every political system.

In democracies, citizens often remain uninformed because learning about politics takes time and effort, while one vote rarely changes an election. American economist Anthony Downs called this “rational ignorance,” and it is made worse by complex laws and bureaucracy that few people fully understand.

As a result, voters often lack the information needed to monitor politicians or hold them accountable, giving officials more room to act in their own interest.

Free speech and independent media are essential for breaking this cycle. They allow citizens, journalists and opposition leaders to expose corruption and criticize those in power.

Open debate helps people share grievances and organize collective action, from protests to campaigns.

Independent media also act as watchdogs, investigating wrongdoing and raising the political cost of abuse – making it harder for leaders to get away with corruption or incompetence.

Public ignorance in autocracies

Autocrats strengthen their grip on power by undermining the institutions meant to keep them in check.

When free speech and independent journalism disappear, citizens are less likely to learn about government corruption or failures. Ignorance becomes the regime’s ally – it keeps people isolated and uninformed. By censoring information, autocrats create an information vacuum that prevents citizens from making informed choices or organizing protests.

This lack of reliable information also allows autocrats to spread propaganda and shape public opinion on major political and social issues.

Most modern autocrats have worked to silence free speech and crush independent media. When Putin came to power, he gradually shut down independent TV networks and censored opposition outlets. Journalists who exposed government corruption or brutality were harassed, prosecuted or even killed. New laws restricted protests and public criticism, while “foreign agent” rules made it nearly impossible for the few remaining independent media to operate.

At the same time, the Kremlin built a vast propaganda machine to shape public opinion. This control over information helped protect the regime during crises. As I noted in a recent article, many Russians were unaware of Putin’s responsibility for military failures in 2022. State media used propaganda to shift blame to the military leadership – preserving Putin’s popularity even as the war faltered.

The threat to independent media in the US

While the United States remains far from an autocracy, the Trump administration has taken steps that echo the behavior of authoritarian regimes.

Consider the use of lawsuits to intimidate journalists. In Singapore, former Prime Minister Lee Kuan Yew and his son, Lee Hsien Loong, routinely used civil defamation suits to silence reporters who exposed government repression or corruption. These tactics discouraged criticism and encouraged self-censorship.

Two men in suits, one older, one younger, shaking hands.
In Singapore, former Prime Minister Lee Kuan Yew, left, and his son, Lee Hsien Loong, routinely used civil defamation suits to silence reporters who exposed government repression or corruption.
Roslan Rahman/AFP via Getty Images

President Donald Trump has taken a similar approach, seeking US$15 billion from The New York Times for publication of several allegedly “malicious” articles, and $10 billion from The Wall Street Journal. The latter suit concerns a story about a letter Trump reportedly signed in Jeffrey Epstein’s birthday book.

A court dismissed the lawsuit against The New York Times; that’s likely to happen with the Journal suit as well. But such lawsuits could deter reporting on government misconduct, reporting on the actions and statements of Trump’s political opponents, and the kind of criticism of an administration inherent in opinion journalism such as columns and editorials.

This problem is compounded by the fact that after the Jimmy Kimmel show was suspended following a threat from the Trump-aligned chairman of the Federal Communications Commission, the president suggested revoking the broadcast licenses of networks that air negative commentary about him.

Although the show was later reinstated, the episode revealed how the administration could use the autocratic technique of bureaucratic pressure to suppress speech it disagreed with. Combined with efforts to prosecute the president’s perceived enemies through the Justice Department, such actions inevitably encourage media self-censorship and deepen public ignorance.

The threat to free speech

Autocrats often invoke “national security” to pass laws restricting free speech. Russia’s “foreign agents” law, passed in 2012, forced nongovernmental organizations with foreign funding to label themselves as such, becoming a tool for silencing dissenting advocacy groups. Its 2022 revision broadened the definition, letting the Kremlin target anyone who criticized the government.

Similar laws have appeared in Hungary, Georgia and Kyrgyzstan. Russia also uses vague “terrorist” and “extremist” designations to punish those who protest and dissent, all under the guise of “national security.”

After Charlie Kirk’s murder, the Trump administration took steps threatening free speech. It used the pretext of the “violence-inciting radical left” to call for a crackdown on what it designated as “hate speech,” threaten liberal groups, and designate antifa as a domestic terrorist organization.

The latter move is especially troubling, pushing the United States closer to the behavior characteristic of autocratic governments. The vagueness of the designation threatens to suppress free expression and opposition to the Trump administration.

Antifa is not an organization but a “decentralized collection of individual activists,” as scholar Stanislav Vysotsky describes it. The scope of those falling under the antifa label is widened by its identification with broad ideas, described in a national security memorandum issued by the Trump administration in the fall of 2025, like anti-Americanism, anti-capitalism, and anti-Christianity. This gives the government leeway to prosecute an unprecedented number of individuals for their speech.

As scholar Melinda Haas writes, the memorandum “pushes the limits of presidential authority by targeting individuals and groups as potential domestic terrorists based on their beliefs rather than their actions.”

The Conversation

Konstantin Zhukov does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Searching reporters’ homes, suing journalists and repressing citizen dissent are well-known steps toward autocracy – https://theconversation.com/searching-reporters-homes-suing-journalists-and-repressing-citizen-dissent-are-well-known-steps-toward-autocracy-268747

How street vendors and waste pickers can help cities manage growth

Source: The Conversation – Canada – By Gisèle Yasmeen, JW McConnell Professor of Practice, Max Bell School of Public Policy, McGill University

The Milan Urban Food Policy Pact recently renewed global commitments to sustainable and equitable urban food systems. The pact has been signed by 330 cities around the world that have pledged to improve food production and distribution and to reduce waste.

Cities are now home to 45 per cent of the world’s 8.2 billion people, and that figure is expected to rise to 68 per cent by 2050. As they grow, cities are becoming key to shaping a sustainable future. Across the world, urbanization affects how food is grown, distributed and consumed, and cities are primary drivers of change in food systems.

As the Committee on World Food Security reaffirmed in October 2025, without intentional policy, this growth will not fuel the needed transformation to keep food systems sustainable.

Street foods and vendors are an essential component of the urban foodscape, providing affordable nutrition and critical income for many city residents. However, vendors are frequently met with hostility from municipal authorities who cite traffic and public health concerns.

In addition, at least one-third of food produced globally spoils, ending up in landfills, and wasting valuable resources, energy and labour. Urban waste pickers can play a vital role in reducing waste.

Addressing these issues requires the political will and investment to change our food systems for the better and make them more sustainable into the future.

Street food vendors

Many cities around the world feature vibrant street food scenes that provide livelihoods for vendors and high-quality, varied and delicious food for their customers. Scholars and advocates have argued that street foods are an essential part of the urban food system and often a healthier alternative to highly processed fast foods.

However, tensions with municipal authorities can disrupt this foodscape. For example, in Bangkok, tens of thousands of vendors have been displaced due to a municipal drive to refurbish the city’s pavements.

Furthermore, there’s a recent controversial push to move toward Singapore-style hawker centres to ostensibly create order and improve hygiene.

In New York City, an organization called the Street Vendor Project aims to balance traffic and pedestrian safety with the need to maintain these vital urban services and livelihoods. The group was instrumental in advocating for the New York City Council’s repeal of misdemeanor criminal penalties for mobile food vendors in September 2025. Equitable policy and planning means supporting, rather than further marginalizing, food vendors.

Urban waste pickers

In many cities, waste pickers collect, sort and sell discarded materials like plastic, metal and paper for recycling or reuse. While waste pickers are more common in the cities of low and middle-income countries, they are also a feature of urban areas in wealthy countries.

Food loss and waste is responsible for eight to 10 per cent of greenhouse gas emissions. Much of this due to poor storage, poor supply chains, last-kilometre logistics, overly restrictive regulations and wasteful practices by wealthy consumers. A 2020 study estimated that nearly 60 per cent of all plastic collected for recycling was undertaken by informal waste pickers.

Much of this plastic is related to food and beverage packaging discarded in urban areas. The United Nations Environment Program recommends that the estimated 20 million waste pickers around the world become an integral part of municipal waste management.

Improved waste management, particularly in the cities of the Global South, requires significant investments in infrastructure. But waste management systems should not simply mimic the models of the Global North.

A review of approaches and outcomes around the world for integrating waste pickers into municipal waste management systems provided several recommendations. However, a barrier remains due to stigmatization of these livelihoods.

Nonetheless, a growing number of waste picker organizations — as well as a worldwide coalition — provides a glimmer of hope to have these unsung heroes of urban recycling recognized. Some initiatives include partnerships between waste pickers and Brazilian local governments, the Binners Project in Vancouver building on the United We Can depot, Les Valoristes in Montréal, the National Street Vendor Association of India and the Linis-Ganda initiative in Manila, which partners with educational institutions and industry. These examples demonstrate how integrating informal recyclers can manage waste and help create a more circular food economy.

As the world continues to urbanize, more of us will rely on the vital roles played by street vendors and waste pickers. Inclusive policy and planning to recognize the contributions of these two livelihoods is essential to achieving a sustainable urban food future for all.

The Conversation

Gisèle Yasmeen has consulted for the World Bank to produce background papers that have, in part, fed into this work with permission.

Julian Tayarah and Umme Salma do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How street vendors and waste pickers can help cities manage growth – https://theconversation.com/how-street-vendors-and-waste-pickers-can-help-cities-manage-growth-271164

Why the burden of leadership is really about managing relationships

Source: The Conversation – Canada – By Julian Barling, Distinguished Professor and Borden Chair of Leadership, Smith School of Business, Queen’s University, Ontario

Management is often painted as a discipline of strategy, efficiency and resource allocation. Leadership, in this view, is largely about positioning people effectively — much like moving pieces on a chessboard — and success is won by promotions and annual bonuses.

This understanding is also reflected in how leadership roles are typically described and evaluated. Job status and responsibility are often inferred from the number of direct reports a manager oversees, with larger teams signalling greater prestige and organizational importance.

More than three decades ago, however, management scholar Henry Mintzberg challenged the main conceptions of managerial work. He argued that the role of managers goes beyond planning and control, and instead involves dealing with information, making decisions and managing relationships.

Despite this longstanding critique, the image of management and leadership as a largely technical and hierarchical activity remains influential, particularly as organizations undergo changes. One such change is “delayering” — a flattening of organizational structures by removing layers of middle management.

In 2025 alone, approximately 41 per cent of organizations reduced their middle management. This places more burden on leaders to manage larger and more complex teams.

While these changes may reduce administrative costs, doing so leaves little to no time for leaders to foster complex relationships among employees or their own peers.

Leading relationships, not people

As it turns out, leading relationships, not people, is more complex than we first think.

Consider a simple example of a leader who oversees eight employees. This leader is not merely supervising eight units of work, but is overseeing up to 28 different dyadic relationships — relationships between two employees, or between a leader and an employee.

The nature of dyadic relationships dramatically increases the cognitive and emotional complexity and workload inherent in leadership roles.

Once the broader network of workplace relationships — including coalitions and alliances — is considered, the complexity moves far beyond leader-employee pairs. Leaders manage interpersonal relationships and political dynamics, not just individuals, along with the provision of resources and task co-ordination.

Leaders should encourage friends at work

Workplace relationship complexity is further intensified by what are known as “multiplex relationships.” These are relationships in which people share both instrumental and emotional ties with each other.

These relationships involve co-workers who support each other professionally while also serving as sources of genuine friendship and support. Such relationships are widespread in organizations and have been shown to be associated with higher work performance than either instrumental or social relationships alone.

These relationships are beneficial because employees are more willing to share complex and important information with peers who they trust.

An important caveat remains: the maximum number of multiplex ties for enhanced organizational performance is between five and seven. Beyond this point, the competing demands that make up emotional and instrumental relationships place further emotional and cognitive burdens on managers leading these relationships.

Leaders themselves can have multiplex ties with their employees, which is especially useful for team performance among teams that don’t get along.

Rethinking leadership

Given their prevalence and potential benefits for employee job performance, leaders need to pay more, not less, attention to relationships between employees. Leaders can play a role in shaping positive workplace dynamics within teams and across organizations.

Leaders who are better at fostering relationships inside and outside of organizations are more likely to improve their reputations and improve group performance than those who micromanage interactions within and between teams.

This requires a change in mindset. Management has long been framed as the act of managing people. Increasingly, it needs to be better understood as the work of leading relationships.

Ironically, delayering provides an opportunity to rethink and replace “management” with “leadership.” But leaders will only encourage and build multiplex relationships among their teams when they have received the training and resources to succeed in this new environment.

Yet, organizations have traditionally failed their leaders when it comes to training and development. Far too many people still get placed in leadership positions before they receive the training and development to enable them to succeed.

The new workplace reality demands that organizations support leaders not only to manage environments that reward individual performance, but in settings where complex and often messy relationships are central to leadership effectiveness.

The Conversation

Julian Barling receives funding from the Social Sciences and Humanities Council of Canada.

Kaylee Somerville receives funding from the Social Sciences and Humanities Council of Canada.

ref. Why the burden of leadership is really about managing relationships – https://theconversation.com/why-the-burden-of-leadership-is-really-about-managing-relationships-270664

Iran : l’adhésion prudente des minorités ethniques au mouvement de protestation

Source: The Conversation – France in French (3) – By Shukriya Bradost, Ph.D. Researcher, International Security and Foreign Policy, Virginia Tech

Manifestants à Téhéran, 10 janvier 2026.
Fourni par l’auteur

Près de la moitié des Iraniens ne sont pas des Perses. Si les habitants des régions périphériques — Kurdistan, Baloutchistan, Azerbaïdjan… — soutiennent le mouvement de contestation, ils redoutent également un éventuel retour de la monarchie Pahlavi, qui ne leur a pas laissé que de bons souvenirs…


Lorsque les manifestations actuelles en Iran ont commencé au Grand Bazar de Téhéran le 28 décembre 2025, le gouvernement les a d’abord considérées comme gérables et temporaires.

Les marchands des bazars ont toujours fait partie des groupes sociaux les plus conservateurs du pays, profondément ancrés dans la structure économique de l’État et étroitement liés au pouvoir politique. Le gouvernement estimait donc que leurs protestations n’étaient pas de nature révolutionnaire et qu’il ne s’agissait que d’une campagne de pression de courte durée visant à stabiliser une monnaie, le rial, en chute libre et à freiner l’inflation — deux phénomènes menaçant directement les moyens de subsistance des commerçants.

Lors de sa première réaction publique au mouvement du bazar, le guide suprême iranien Ali Khamenei a ouvertement admis que les commerçants avaient des raisons d’être mécontents. C’était la première fois qu’il reconnaissait la légitimité d’une manifestation contestataire. Rappelant l’alliance historique entre l’État et le bazar, il a indiqué que le gouvernement considérait que les troubles étaient maîtrisables.

Les autorités n’avaient pas prévu ce qui allait se passer ensuite : les manifestations se sont étendues à plus de 25 provinces et constituent désormais un risque direct pour la survie du régime, lequel a réagi par une répression violente au cours de laquelle plus de 6 000 personnes auraient déjà été tuées.

Spécialiste des groupes ethniques iraniens, j’ai observé la façon dont ces groupes minoritaires, malgré leurs doutes quant à l’issue du mouvement et quant aux projets de certaines figures centrales de l’opposition, se sont joints à la contestation.

Les minorités ethniques se joignent à la manifestation

L’Iran est un pays d’environ 93 millions d’habitants dont l’État moderne s’est construit autour d’une identité nationale centralisée, ce qui masque une importante diversité ethnique. La majorité perse représente 51 % de la population ; 24 % des habitants du pays s’identifient comme Azéris ; le nombre de Kurdes est estimé à entre 7 et 15 millions de personnes, soit environ 8 à 17 % de la population totale. Enfin, les minorités arabe et baloutche constituent respectivement 3 % et 2 % des Iraniens.

Carte de la répartition des groupes ethniques en Iran.
Wikimedia

Depuis le lancement du projet de construction nationale par la monarchie Pahlavi en 1925, les gouvernements successifs, qu’ils aient relevé de la monarchie ou de la République islamique qui l’a renversée en 1979, ont toujours considéré la diversité ethnique comme un défi sécuritaire et ont réprimé à plusieurs reprises des revendications en faveur de l’inclusion politique, des droits linguistiques et de la gouvernance locale.

Dans les manifestations actuelles, les régions où les minorités sont présentes en nombre se sont au départ moins mobilisées que lors de la dernière vague importante de manifestations : celle de 2022-2023, conduite sous le slogan « Femme, vie, liberté », déclenchée par la mort d’une Kurde iranienne nommée Jina Mahsa Amini.

Les Kurdes ont commencé à se joindre aux manifestations actuelles le 3 janvier, dans la petite ville de Malekshahi (province d’Ilam). S’est ensuivie une violente descente des forces de sécurité contre des manifestants blessés à l’intérieur de l’hôpital d’Ilam, qui a provoqué l’indignation au-delà de la communauté locale et attiré l’attention internationale.

Depuis, les manifestations se sont poursuivies à Ilam. Dans la province voisine de Kermanshah, en particulier dans la région pauvre de Daradrezh, elles ont éclaté en raison de la précarité économique et de la discrimination politique dont les Kurdes sont victimes.

Une approche stratégique de la protestation

Les communautés d’Ilam et de Kermanshah continuent de subir une exclusion fondée sur leur identité kurde. Et ce, malgré le fait qu’elles partagent leur foi chiite avec le pouvoir en place à Téhéran — un facteur qui leur a historiquement permis d’avoir un meilleur accès au gouvernement que la population kurde sunnite.

À la suite du meurtre de plusieurs manifestants à Ilam et Kermanshah, les partis politiques kurdes ont publié une déclaration commune appelant à une grève dans toute la région.

Il convient de souligner que les dirigeants kurdes n’ont pas appelé à manifester, mais uniquement à faire grève. Lors du soulèvement « Femme, vie, liberté », le gouvernement avait traité les villes kurdes comme des zones rebelles, qualifiant les manifestations de « menace pour l’intégrité territoriale de l’Iran » et utilisant cette justification pour procéder à des massacres et à des exécutions massives.

En optant cette fois-ci pour des grèves, les dirigeants kurdes ont cherché à manifester leur solidarité avec le mouvement qui touche l’ensemble du pays tout en réduisant le risque de subir un nouveau massacre.

Téhéran, 10 janvier 2026.
Fourni par l’auteur, CC BY

L’appel a été suivi : presque toutes les villes kurdes se sont retrouvées à l’arrêt.

Le Baloutchistan, dans le sud-est de l’Iran, a rapidement suivi le Kurdistan. Après les prières du vendredi 9 janvier, des manifestations ont éclaté, également motivées par la marginalisation ethnique et religieuse que la région subit depuis longtemps.

L’Azerbaïdjan iranien, une région située dans le nord-ouest du pays, s’est joint à la contestation plus tard et plus prudemment. Cette manifestation tardive et modeste reflète la position favorable dont jouissent actuellement les Azerbaïdjanais au sein des institutions politiques, militaires et économiques iraniennes. Historiquement, du XVIe siècle à 1925, les Turcs azéris chiites ont dominé l’État iranien, l’azéri étant la langue de la cour.

La période de la monarchie Pahlavi a marqué une rupture : la langue azerbaïdjanaise a été interdite et l’autonomie locale réduite. Mais depuis 1979, la République islamique a partiellement restauré l’influence azerbaïdjanaise, autorisant les religieux à s’adresser à leurs fidèles dans leur langue maternelle et intégrant des personnes d’origine azerbaïdjanaise dans le gouvernement central à Téhéran. L’actuel guide suprême, Ali Khamenei, est d’ailleurs d’origine azerbaïdjanaise.

Une longue histoire de répressions

Des mouvements politiques de nature ethnique ont vu le jour dans tout l’Iran immédiatement après la révolution de 1979, que de nombreux groupes minoritaires avaient soutenue dans l’espoir d’obtenir une plus grande inclusion et des droits plus étendus.

Mais ces mouvements ont été rapidement réprimés : la République islamique a écrasé les soulèvements dans l’Azerbaïdjan iranien, le Baloutchistan, le Khouzestan et d’autres régions périphériques.

Le Kurdistan a été l’exception : la résistance, les affrontements militaires et les violences étatiques, y compris les massacres, s’y sont poursuivis pendant plusieurs années.

Cette répression et l’impact de la guerre Iran-Irak, durant laquelle la mobilisation nationale a éclipsé les griefs internes, ont étouffé les revendications des minorités ethniques tout au long des années 1980. Celles-ci ont refait surface dans les années 1990, notamment sous l’impulsion d’un renouveau culturel et de la formation d’identités transfrontalières après l’effondrement de l’Union soviétique. Au Kurdistan iranien, la lutte armée a largement évolué en une lutte civile, tandis que de l’autre côté de la frontière, au Kurdistan irakien, les forces peshmergas ont conservé leurs armes et leur entraînement militaire. Le gouvernement iranien a considéré ce réveil comme une menace stratégique et a réagi en décentralisant les autorités sécuritaires et militaires afin de pouvoir réprimer rapidement les manifestations sans attendre l’approbation de Téhéran.

Les revendications divergentes des manifestants

Ces précédents expliquent pourquoi les manifestations actuelles en Iran ont été, du moins au début, plus centralisées que les soulèvements précédents. Les régions où vivent des minorités ethniques ne sont pas indifférentes au changement, mais leurs habitants sont sceptiques quant à l’issue du mouvement.

De nombreux manifestants des villes à majorité persane réclament des libertés sociales, une reprise économique et une normalisation des relations avec l’Occident, en particulier avec les États-Unis. Mais les communautés ethniques expriment des revendications supplémentaires : décentralisation du pouvoir, reconnaissance des droits linguistiques et culturels, et véritable partage du pouvoir au sein de l’État.

Depuis plus de quatre décennies, les revendications des minorités ethniques sont qualifiées par la République islamique de séparatistes ou de « terroristes » et ont donné lieu à de nombreuses arrestations et exécutions. Cette rhétorique a également influencé les principaux groupes d’opposition dominés par les Perses — couvrant tout le spectre idéologique, de la gauche à la droite, et opérant principalement en exil — qui perçoivent les exigences des minorités ethniques comme une menace pour l’intégrité territoriale de l’Iran.

La crainte d’un retour du chah

Reza Pahlavi, le fils exilé du dernier chah d’Iran, se positionne comme le leader de l’opposition et une figure de transition. Ce qui ne va pas sans inquiéter les communautés ethniques.

Le bureau de Pahlavi a publié une feuille de route pour un gouvernement de transition qui contraste fortement avec ses déclarations publiques selon lesquelles il ne cherche pas à monopoliser le pouvoir. Ce document présente Pahlavi comme un leader doté d’une autorité extraordinaire. Dans la pratique, la concentration du pouvoir qu’il propose sous sa direction ressemble fortement à l’autorité actuellement exercée par le guide suprême iranien.

Un manifestant brandit la photo d’un homme sur laquelle est inscrit « Roi Reza Pahlavi »
Reza Pahlavi, le fils du défunt souverain iranien Mohammad Reza Pahlavi, a vu son soutien augmenter parmi les manifestants, comme ceux que l’on voit ici en Allemagne le 12 janvier 2026.
John Macdougall/AFP

Pour les groupes ethniques minoritaires, cette perspective est particulièrement préoccupante. La feuille de route qualifie leurs revendications de menaces pour la sécurité nationale, reprenant ainsi les discours étatiques traditionnels plutôt que de s’en éloigner. Cette position explicite a renforcé le scepticisme dans les régions périphériques à l’égard du système qui pourrait venir remplacer la République islamique si celle-ci venait à chuter.

Contrairement à l’ayatollah Khomeini en 1979, dont la vision révolutionnaire était délibérément vague quant au statut futur des groupes ethniques, le projet actuel des dirigeants de l’opposition dépeint un ordre politique centralisé qui exclut l’inclusion ethnique et le partage du pouvoir.

Pour les communautés dont les langues ont été interdites et dont les régions ont été systématiquement sous-développées pendant la monarchie, la résurgence des slogans monarchistes dans les villes centrales renforce la crainte qu’un changement de pouvoir aboutisse à une nouvelle marginalisation des régions périphériques du pays.

Le mouvement de contestation peut-il ignorer les sentiments des régions provinciales ?

Les manifestations actuelles révèlent donc plus qu’une simple résistance à un régime autoritaire. Elles mettent en évidence une division fondamentale sur la signification du changement politique et sur ceux à qui il profitera.

Dans un pays aussi divers sur le plan ethnique que l’Iran, où des millions de personnes appartiennent à des communautés ethniques non persanes, un ordre politique durable ne peut être fondé sur un pouvoir centralisé dominé par une seule identité ethnique.

Toute transition future, qu’elle passe par une réforme du système actuel ou par un changement de régime, aura plus de chances de réussir si elle s’inscrit dans un cadre politique qui reconnaît et intègre les revendications de toutes les régions et communautés. Sans cette inclusion, la confiance dans le processus de changement restera difficile à gagner et les espoirs d’un avenir meilleur s’amenuiseront.

The Conversation

Shukriya Bradost est affiliée au Middle East Institute.

ref. Iran : l’adhésion prudente des minorités ethniques au mouvement de protestation – https://theconversation.com/iran-ladhesion-prudente-des-minorites-ethniques-au-mouvement-de-protestation-273520

Sharks and rays get a major win with new international trade limits for over 70 species

Source: The Conversation – USA (2) – By Gareth J. Fraser, Associate Professor of Evolutionary Developmental Biology, University of Florida

Watching a whale shark swim at the Georgia Aquarium. Zac Wolf/Wikimedia Commons, CC BY-SA

The world’s oceans are home to an exquisite variety of sharks and rays, from the largest fishes in the sea – the majestic whale shark and manta rays – to the luminescent but rarely seen deep-water lantern shark and guitarfishes.

The oceans were once teeming with these extraordinary and ancient species, which evolved close to half a billion years ago. However, the past half-century has posed one of the greatest tests yet to their survival. Overfishing, habitat loss and international trade have cut their numbers, putting many species on a path toward extinction within our lifetimes.

Scientists estimate that 100 million (yes, million) sharks and rays are killed each year for food, liver oil and other trade.

The volume of loss is devastatingly unsustainable. Overfishing has sent oceanic shark and ray populations plummeting by about 70% globally since the 1970s.

A manta ray gliding with fish.
A manta ray’s wingspan can be 12 to 22 feet, and some giant ocean rays can grow even larger.
Jon Hanson/Flickr, CC BY-SA

That’s why countries around the world agreed in December 2025 to add more than 70 shark and ray species to an international wildlife trade treaty’s list for full or partial protection.

It’s an important move that, as a biologist who studies sharks and rays, I believe is long overdue.

Humans put shark species at risk of extinction

Sharks have had a rough ride since the 1970s, when overfishing, habitat loss and international trade in fins, oil and other body parts of these enigmatic sea dwellers began to affect their sensitive populations. The 1975 movie “Jaws” and its portrayal of a great white shark as a mindless killing machine didn’t help people’s perceptions.

One reason shark populations are so vulnerable to overfishing, and less capable of recovering, is the late timing of their sexual maturity and their low numbers of offspring. If sharks and rays don’t survive long enough, the species can’t reproduce enough new members to remain stable.

Losing these species is a global problem because they are vital for a healthy ocean, in large part because they help keep their prey in check.

The bowmouth guitarfish, shown here at the Shedd Aquarium in Chicago, is considered critically endangered.

Endangered and threatened species listings, such as the International Union for Conservation of Nature’s Red List, can help draw attention to sharks and rays that are at risk. But because their populations span international borders, with migratory routes around the globe, sharks and rays need international protection, not just local efforts.

That’s why the international trade agreements set out by the Convention of International Trade in Endangered Species, or CITES, are vital. The convention attempts to create global restrictions that prevent trade of protected species to give them a chance to survive.

New protections for sharks and rays

In early December 2025, the CITES Conference of the Parties, made up of representatives from 184 countries, voted to initiate or expand protection against trade for many species. The votes included adding more than 70 shark and ray species to the CITES lists for full or restricted protection.

The newly listed or upgraded species include some of the most charismatic shark and ray species.

The whale shark, one of only three filter-feeding sharks and the largest fish in the ocean, and the manta and devil rays have joined the list that offers the strictest restrictions on trade, called Appendix I. Whale sharks are at risk from overfishing as well as being struck by ships. Because they feed at the surface, chasing zooplankton blooms, these ocean giants can be hit by ships, especially now that these animals are considered a tourism must-see.

A manta ray swims with its mouth open. You can see the gill structure inside
Manta rays are filter feeders. Their gills strain tiny organisms from the water as they glide.
Gordon Flood/Flickr, CC BY

Whale sharks now join this most restrictive list with more well-known, cuddlier mammals such as the giant panda and the blue whale, and they will receive the same international trade protections.

The member countries of CITES agree to the terms of the treaty, so they are legally bound to implement its directives to suspend trade. For the tightest restrictions, under Appendix I, import and export permits are required and allowed only in exceptional circumstances. Appendix II species, which aren’t yet threatened but could become threatened without protections, require export permits. However, the treaty terms are essentially a framework for each member government to then implement legislation under national laws.

Another shark joining the Appendix I list is the oceanic whitetip shark, an elegant, long-finned ocean roamer that has been fished to near extinction. Populations of this once common oceanic shark are down 80% to 95% in the Pacific since the mid-1990s, mostly due to the increase in commercial fishing.

A large shark with several stripped fish swimming with it.
An oceanic whitetip shark (Carcharhinus longimanus) swims with pilot fish. Whitetip sharks are threatened in part by demand for their fins and being caught by commercial fisheries.
NOAA Fisheries

Previously the only sharks or rays listed on Appendix I were sawfish, a group of rays with a long, sawlike projection surrounded by daggerlike teeth. They were already listed as critically endangered by the IUCN’s Red List, which assesses the status of threatened and endangered species, but it was up to governments to propose protections through CITES.

Other sharks gaining partial protections for the first time include deep-sea gulper sharks, which have been prized for their liver oil used for cosmetics. Gulper shark populations have been decimated by unsustainable fishing practices. They will now be protected under Appendix II.

Gulper sharks are long, slim, deep-water dwellers, typically around 3 to 5 feet long.
D Ross Robertson/Smithsonian via Wikimedia Commons

Appendix II listings, while not as strong as Appendix I, can help populations recover. Great white shark populations, for example, have recovered since the 1990s around the U.S. after being added to the Appendix II list in 2005, though other populations in the northwest Atlantic and South Pacific are still considered locally endangered.

Tope and smooth-hound sharks were also added to the Appendix II list in 2025 for protection from the trade of their meat and fins.

Several species of guitarfishes and wedgefishes, odd-shaped rays that look like they have a mix of shark and ray features and have been harmed by local and commercial fishing, finning and trade, were assigned a CITES “zero-quota” designation to temporarily curtail all trade in their species until their populations recover.

A fish with a triangular head and long body that looks like a mix between a ray and a shark.
An Atlantic guitarfish (Rhinobatus lentiginosus) swims in the Gulf of Mexico.
SEFSC Pascagoula Laboratory; Collection of Brandi Noble/Flickr, CC BY

These global protections raise awareness of species, prevent trade and overexploitation and can help prevent species from going extinct.

Drawing attention to rarely seen species

Globally, there are about 550 species of shark today and around 600 species of rays (or batoids), the flat-bodied shark relatives.

Many of these species suffer from their anonymity: Most people are unfamiliar with them, and efforts to protect these more obscure, less cuddly ocean inhabitants struggle to draw attention.

So, how do we convince people to care enough to help protect animals they do not know exist? And can we implement global protections when most shark-human interactions are geographically limited and often support livelihoods of local communities?

Increasing people’s awareness of ocean species at risk, including sharing knowledge about why their numbers are falling and the vital roles they play in their ecosystem, can help.

The new protections for sharks and rays under CITES also offer hope that more global regulations protecting these and other shark and rays species will follow.

The Conversation

Gareth J. Fraser is an Associate Professor at the University of Florida, and receives funding from the National Science Foundation (NSF).

ref. Sharks and rays get a major win with new international trade limits for over 70 species – https://theconversation.com/sharks-and-rays-get-a-major-win-with-new-international-trade-limits-for-over-70-species-271386

Grok fallout: Tech giants must be held accountable for technology-assisted gender-based violence

Source: The Conversation – Canada – By Kyara Liu, PhD Candidate, Public Health, University of Toronto

The new image and video editing feature for xAI’s chatbot, Grok, has generated thousands of non-consensual, sexually explicit images of women and minors since Grok announced the editing feature on Christmas Eve. It was promoted as enabling the addition of Santa Claus to photos.

The growing ease of perpetrating sexual violence with novel technologies reflects the urgent need for tech companies and policymakers to prioritize AI safety and regulation.

I am a PhD candidate in public health. My research has largely focused on the intersection of gender-based violence and health, previously working on teams that leverage AI as a tool to support survivors of violence. The potential and actual harms of AI on a such a wide scale require new regulations that will protect the health of mass populations.

‘Nudifying’ apps

Concern about sexually explicit “deepfakes” has been publicly debated for some time now. In 2018, the public heard that Reddit threads profiled machine learning tools being used to face-swap celebrities like Taylor Swift onto pornographic material.




Read more:
Taylor Swift deepfakes: new technologies have long been weaponised against women. The solution involves us all


Other AI-powered programs for “nudifying” could be found in niche corners of the internet. Now, this technology is easily accessible at anyone’s fingertips.

Grok can be accessed either through its website and app or on the social media platform, X. Some users have noted that when prompted to create pornographic images, Grok says it’s programmed not to do this, but such apparent guardrails are being easily bypassed.

xAI’s owner, Elon Musk, released a statement via X that
the company takes action against illegal content on X by removing it, “permanently suspending accounts, and working with local governments and law enforcement as necessary.”

However, it’s unclear how or when these policies will be implemented.

This is nothing new

Technologies have long been used as a medium for sexual violence. Technology-facilitated sexual violence encompasses a range of behaviours as digital technologies are used to facilitate both virtual and face-to-face sexually based harms. Women, sexual minorities and minors are the most often victimized.

One form of this violence that has received significant attention is “revenge porn” — referring to the non-consensual distribution of an individual’s images and videos on the internet. Victims have reported lifelong mental health consequences, damaged relationships and social isolation.

Some social media websites have policies forbidding the distribution of non-consensual intimate content and have implemented mechanisms for reporting and removing such content.

Search engines like Google and Bing will also review requests to remove links from search results if they’re in violation of their personal content policies. Canada has criminalized “revenge porn” under the Criminal Code, which is punishable by up to five years in prison.

Similar to revenge porn, victims of deepfakes have reported mental distress, including feelings of helplessness, humiliation and embarrassment, while some have even been extorted for money.

Creators of sexually explicit deepfakes have also targeted prominent female journalists and politicians as a method of cyberbullying and censorship.

Now what?

This latest Grok controversy reflects a predictable major lapse in AI safeguards. Prominent AI safety experts and child safety organizations warned xAI months ago that the feature was “a nudification tool waiting to be weaponized.”

On Jan. 9, xAI responded by moving the image-editing feature behind a subscription for X users (though it can still be accessed for free on the Grok app) and has stopped Grok from automatically uploading the generated image to the comments.

However, X users are still generating sexualized images with the Grok tab and manually posting them onto the platform. Some countries have taken action to block access to Grok.

Looking to the future

This isn’t the first time, nor will it be the last time, a tech company demonstrates such a major lapse in judgment over their product’s potential for user-perpetrated sexual violence. Canada needs action that includes:

1. Criminalizing the creation and distribution of non-consensual sexually explicit deepfakes.

Legal scholars have advocated for the criminalization of creating and distributing non-consensual sexually explicit deepfakes, similar to existing “revenge porn” laws.

2. Regulate AI companies and hold them accountable.

Canada has yet to pass any legislation to regulate AI, with the proposed Artificial Intelligence and Data Act and Online Harms Act dying when Parliament was prorouged in January 2025. Canada’s AI minister referenced this in his response to these Grok issues, but the response lacks a dedicated timeline and a sense of urgency.




Read more:
Why Canada’s reaction to the Grok scandal is so muted in the midst of a global outcry


As AI progresses, major regulatory actions need to be taken to prevent further harms of sexual violence. Tech companies need to undergo thorough safety checks for their AI products, even if it comes at the expense of slowing down.

It also raises questions about who should be responsible for the harms caused by the AI’s outputs.

Three American senators have called on Apple and Google to remove Grok from their app stores for its clear policy violations, citing the recent examples of these companies’ abilities to promptly remove apps from their store.

3. Expand the scope of sexual violence social services to support those affected by non-consensual sexually explicit deepfakes.

As the perpetration of sexual violence via AI technologies becomes more prevalent, sexual violence organizations can expand their scope to support those affected by non-consensual sexually explicit deepfakes. They can do so by leveraging existing services, including mental health care and legal supports.

4. Dismantle the underlying rape culture that perpetuate these forms of violence.

The root of sexual violence is the dominance of rape culture, which is fostered in online environments where sexualized abuse and harassment is tolerated or encouraged.

Dismantling rape culture requires holding perpetrators accountable and speaking out against behaviour that normalizes such behaviours.

The Conversation

Kyara Liu does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Grok fallout: Tech giants must be held accountable for technology-assisted gender-based violence – https://theconversation.com/grok-fallout-tech-giants-must-be-held-accountable-for-technology-assisted-gender-based-violence-273093

The first ice core library in Antarctica to save humanity’s climate memory

Source: The Conversation – France (in French) – By Thomas Stocker, Emeritus Professor of Climate and Environmental Physics, University of Bern

Ice Core Storage at the Ice Memory Sanctuary in Concordia, Antarctica. Gaetano Massimo Macri/Ice Memory Foundation, Fourni par l’auteur

On Wednesday, January 14, 2026, the coolest library on Earth was inaugurated at the Concordia station, Antarctica. Samples from glaciers rescued worldwide are now beginning to be stored there for safekeeping. This will allow, among other things, future generations to continue studying traces of past climates trapped under ice, as glaciers on every continent continue to thaw out at a fast pace.

With its temperature of -50°C, the archive sanctuary built below the surface at Concordia will allow endangered ice cores extracted from the Andes, Svalbard, the Alps, the Caucasus, and the Pamir Mountains in Tajikistan to escape global warming without the need for technical intervention or refrigeration.

Former co-chair of the IPCC’s “Science” working group, Swiss climatologist and physicist Thomas Stocker is now president of the Ice Memory Foundation, which initiated this project, together with the University of Grenoble Alpes (France) and Ca’ Foscari University of Venice (Italy). He explains the urgency for this long-term initiative.


The Conversation: Could you give us a concrete example of how these ice cores stored in Antarctica could be used by scientists in the future?

Thomas Stocker: We can take the example of a new substance found in the atmosphere, like a pesticide. If in fifty years from now, a scientist wants to know what the concentration of that compound was in the year 2026, say in the European Alps or in Asia, they can now turn to an ice core.

If the ice core had not been collected and stored in Antarctica, the scientist would simply be at a loss to answer the question. But thanks to these ice cores that are now being safeguarded in Antarctica, researchers can analyse a sample of that core in Antarctica, measure the compound from the ice that was collected fifty or one hundred years ago, and reconstruct the data to answer that question.

But in order to allow future scientists to answer the many questions that will arise, we need to act quickly. A very recent article in Nature takes a global view of glacier loss and predicts that the number of glaciers to vanish will increase until around 2040, at which point annual glacier loss worldwide is set to peak.

Thereafter numbers will decline not because global warming has halted, but because one by one, glaciers disappear off the face of the earth, leaving fewer glaciers in a state of meltdown, a prospect which, in turn, ultimately destroys the prestigious and precious environmental archives available.

Temperatures in the Alps are rising about twice as fast as the global average, so it’s essentially a race against time. We need to secure these ice cores when water from the melting surface in summer has not yet penetrated the ice.


A weekly e-mail in English featuring expertise from scholars and researchers. It provides an introduction to the diversity of research coming out of the continent and considers some of the key issues facing European countries. Get the newsletter!


Since you started working, you have undoubtedly seen many methodological and technological advances that have enabled us to make the ice “talk”. What are your hopes for future generations? What factors would allow for further “dialogue” with the ice core that will be stored at Concordia?

T.S.: I can only extrapolate from what we have learned and experienced in science over the last fifty years. We witnessed the arrival of new technology that, all of a sudden, offers the analysis of parameters of elemental composition, of the concentration of gases trapped within the ice that suddenly, like a key, opens a door to a whole new series of information about our environmental system.

So what I can see happening is new optical methods to determine the isotopic composition of different elements in various chemical substances, the likelihood of high-precision analytical tools being invented in the next decades or so that go down to the picogram level or ‘pico’ – or femtomole level, to tell us something about atmospheric composition, and particles such as dust and minerals from various regions which have been deposited in these ice cores that give us information about the conditions or state of the atmosphere in the past.

How were the snow caves built for ice core storage?

You are an Emeritus Professor of Climate and Environmental Physics. Which other fields will the Ice Memory project be useful for?

T.S.: Biology come to mind. If you find organic remains or DNA in these ice cores, that’s biology. You can question the chemical composition of the atmosphere. That’s chemistry. If you question what’s the mineral composition of small dust particles that are deposited in these ice cores. That’s geology. And so, you have a whole range of different branches of science that can draw new information from these ice cores.

The Ice Memory Project brings together different scientific disciplines, as well as scientists of many nationalities. How challenging can this be in a time of increasing geopolitical tensions?

T.S.: Ice Memory is a case in point for how multilateralism plays out in the scientific community. It’s an opportunity for scientists in every nation to make use of this unique sanctuary in Concordia. And for us, it’s really an iconic endeavour that goes beyond frontiers, beyond political divisions, to really safeguard data from planet Earth, not only for the next generation of scientists, but for humanity in general.

We also urge all nations who have glaciers on their territory to participate and support scientific community-led ice coring expeditions in these areas, and to follow Tajikistan’s example. Tajikistan was the first nation to donate an ice core, 105 metres of precious ice from a unique location (the Kon Chukurbashi ice cap, for preservation in the Ice Memory foundation’s storage sanctuary in Antarctica.

Pamir Mountains ice core handed over by Tajikistan for Antarctic preservation.

During the Cold War, Antarctica was one of the few places on Earth where Russians and Americans could exchange ideas and conduct scientific research together. Could Antarctica still be a place where dialogue replaces rivalry?

T.S.: I am absolutely convinced that the unique environment Antarctica offers that’s so rich with nature and life, and so special on our planet, means that considerations surrounding each country’s position and values are secondary. The top priority, as we have demonstrated over the past fifty years of scientific exploration in the field, is really to understand our climate system, observe nature from the perspective of Antarctica, and to protect it. This gives us the opportunity to truly immerse ourselves, work together, and exchange ideas on specific scientific issues that concern us all, and in particular, concern the future of the planet we share.

Interview by Gabrielle Maréchaux, Environment Journalist at The Conversation France.

The Conversation

Thomas Stocker is the president of the Ice Memory Foundation.

ref. The first ice core library in Antarctica to save humanity’s climate memory – https://theconversation.com/the-first-ice-core-library-in-antarctica-to-save-humanitys-climate-memory-273374

Sur quelles recommandations un dentiste s’appuie-t-il pour prescrire, ou non, des antibiotiques ?

Source: The Conversation – in French – By Maruxa Zapata Cachafeiro, Profesora de Salud Pública, Universidade de Santiago de Compostela

En odontologie aussi, il est indispensable d’agir contre l’antibiorésistance en mettant à la disposition des chirurgiens-dentistes des guides de bonne pratique fiables pour accompagner leurs prescriptions d’antibiotiques. Ungvar/Shutterstock

Selon une étude récente, les recommandations relatives à la prescription d’antibiotiques en odontologie sont très variables et de qualités inégales d’un pays à l’autre… quand elles existent.


Nous savons tous qu’il faut faire bon usage des antibiotiques. Dans votre centre de santé, vous avez probablement vu une affiche ou une publicité qui alertent sur leur perte d’efficacité. Actuellement, la résistance des bactéries à ces médicaments est l’une des principales menaces qui pèse sur la santé mondiale.

Nous avons tous contribué, dans une plus ou moins grande mesure, à la situation dans laquelle nous nous trouvons. En tant que patients, nous sommes nombreux à avoir sauté une dose d’antibiotiques, à ne pas avoir terminé le traitement ou à avoir directement pris les comprimés qui nous restaient d’un traitement précédent. Une autre part importante de la responsabilité incombe au secteur de la santé, car les antibiotiques sont souvent prescrits de manière inutile ou inappropriée.

La solution apparaît pourtant évidente. Si les professionnels ne prescrivaient ces médicaments qu’en cas de nécessité et que les patients suivaient leurs conseils, cette partie du problème serait résolue. Mais ce n’est pas si simple. Du moins pour les dentistes.

Que penseriez-vous si votre dentiste vous prescrivait des antibiotiques alors que leur principe actif porte la mention « à déterminer » ? C’est pourtant bien cette prescription que ce professionnel de santé devrait suivre dans certains cas s’il utilisait comme unique source d’informations les guides de bonne pratique clinique auxquels il a accès.

Tous les pays ne disposent pas d’un guide de référence

Ces guides correspondent à un ensemble de recommandations élaborées par des experts et des organismes tels que les ministères de la santé, les syndicats professionnels de dentistes (et autres organisations professionnelles représentatives de la profession, ndlr) ou l’Organisation mondiale de la santé, afin d’aider à la prise de décision. Ces recommandations sont basées sur une revue systématique des preuves scientifiques disponibles.

Cependant, comme nous l’avons découvert dans notre récente étude, dans laquelle nous avons analysé les recommandations qui existent au niveau international en matière de prescription d’antibiotiques, celles-ci ne sont pas toutes de même qualité, ils ne sont pas tous aussi fiables. D’ailleurs, tous les pays ne disposent pas de guides de ce type.

Tout d’abord, nous avons constaté que tous les dentistes ne disposent pas d’un document de référence : seuls neuf pays ont publié des recommandations sur la prescription d’antibiotiques pour les pathologies bucco-dentaires. De plus, seules 10 des 17 guides analysés peuvent être classés comme « recommandés » en fonction de leur qualité. Deux guides sont même classés comme « non recommandés ».

Les dentistes de Belgique, d’Espagne, d’Écosse et du Royaume-Uni sont les plus chanceux, car ce sont eux qui ont accès aux guides de meilleure qualité.

En Espagne, par exemple, le document qui répondait aux critères pour être considéré comme un guide de pratique clinique est le Guide thérapeutique antimicrobien de la région d’Aljarafe. Il a été créé par le ministère régional de la santé d’Andalousie et mis à jour dans le cadre du Plan national de résistance aux antibiotiques du ministère de la santé.

D’autres organismes ont également publié des recommandations, notamment le ministère chilien de la santé, le Collège royal des chirurgiens d’Angleterre, l’Organisation mondiale de la santé, le Centre fédéral d’expertise des soins de santé belge (KCE), l’Association dentaire américaine et le Programme écossais d’efficacité clinique dentaire.

(Pour la France, l’étude se réfère aux recommandations de l’Agence du médicament concernant la « Prescription des antibiotiques en pratique bucco-dentaire », ndlr).

Quels antibiotiques les dentistes prescrivent-ils ?

Tout n’est pas négatif : en général, dans la plupart des cas, les guides disponibles s’accordent à dire que le dentiste doit prescrire en premier choix l’amoxicilline (un dérivé de la célèbre pénicilline de Fleming). Selon les études, c’est l’un des principes actifs les plus prescrits par les dentistes, qui font donc bien leur travail.

Les guides s’accordent également sur la durée de ce traitement, même si certains ne font aucune référence à la durée.

Cependant, la concordance diminue lorsque nous analysons les principes actifs recommandés pour traiter des maladies spécifiques. Et le problème est encore plus important lorsque le patient est allergique à l’amoxicilline (ce qui est relativement fréquent, puisque jusqu’à 25 % de la population pourrait l’être). Dans ce cas, les recommandations deviennent très disparates. 29 % des guides recommandaient le métronidazole, 24 % l’azithromycine, 24 % la clindamycine, 18 % les céphalosporines et 6 % la doxycycline. Et ces différences ne sont pas justifiées.

Comment améliorer les guides de bonne pratique

Ces documents peuvent être améliorés sur différents aspects concrets : la rigueur des preuves, la manière de présenter les informations et l’applicabilité des recommandations relatives à la prescription d’antibiotiques.

Améliorer tous ces aspects pourrait faciliter l’utilisation de ces guides et aider les dentistes à prendre les meilleures décisions. De plus, ces derniers seront moins enclins à s’informer auprès d’autres sources qui, a priori, pourraient présenter davantage de biais, à l’image de l’industrie pharmaceutique dont les intérêts commerciaux peuvent entrer en ligne de compte.

L’objectif final apparaît clairement : nous devons réduire les consommations inutiles d’antibiotiques. Nous ne pouvons pas rester les bras croisés. Le problème de la résistance aux antibiotiques n’est plus une menace, c’est une réalité. En Europe, environ cent décès par jour sont attribuables à des infections causées par des bactéries résistantes aux antibiotiques. Il est urgent d’agir ensemble, et nous avons besoin que les professionnels de santé disposent de sources fiables et pratiques leur permettant d’être certains qu’ils prennent la meilleure décision pour leurs patients.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Sur quelles recommandations un dentiste s’appuie-t-il pour prescrire, ou non, des antibiotiques ? – https://theconversation.com/sur-quelles-recommandations-un-dentiste-sappuie-t-il-pour-prescrire-ou-non-des-antibiotiques-273504