La violencia que aprendemos a mirar: series juveniles y responsabilidad social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Fotograma de la serie _Euphoria_ donde aparece Zendaya, su protagonista. HBO

Las series se han convertido en uno de los dispositivos culturales más influyentes de nuestro tiempo. No solo porque acumulan millones de visualizaciones, sino porque intervienen directamente en la manera en que la sociedad interpreta la violencia, el sufrimiento y la responsabilidad colectiva, como ocurre en el caso de Adolescencia. Ya no estamos únicamente ante productos de entretenimiento: estamos ante relatos con efectos sociales medibles.

Tráiler de la serie Adolescencia.

Desde la investigación académica en comunicación, ética y cultura digital se observa una tendencia significativa: muchas de estas narrativas construyen un marco estético y emocional en el que la violencia deja de ser un acontecimiento excepcional para integrarse en lo cotidiano.

No se muestra de forma explícita ni espectacular, sino envuelta en una estética cuidada, íntima e incluso amable. Esta combinación de visualidad pulida y contenido profundamente perturbador no es inocente. Un ejemplo de este marco estético aparece en secuencias cotidianas ambientadas en espacios domésticos o escolares, filmadas con luz suave, encuadres estáticos y un ritmo pausado.

En Adolescencia, escenas aparentemente triviales –una conversación en la cocina, un trayecto en autobús o un pasillo escolar en silencio– se convierten en el escenario donde se filtra el malestar, sin necesidad de mostrar la violencia de forma directa. La calma visual contrasta con la gravedad de lo que se sugiere, integrando el conflicto en la rutina diaria y naturalizando su presencia.

Belleza visual en consumo de drogas

Algo similar ocurre en Euphoria, donde situaciones de abuso, autolesión o consumo de drogas se integran en escenas de gran belleza visual, con una fotografía estilizada, colores saturados y una puesta en escena cuidadosamente coreografiada.

Tráiler de la tercera temporada de Euphoria

La violencia y el malestar no aparecen como rupturas excepcionales del relato, sino como parte del día a día de los personajes, envueltos en una estética que resulta emocionalmente atractiva para el espectador, incluso cuando representa experiencias profundamente perturbadoras.

Las evidencias científicas indican que estas producciones operan a través de una ambivalencia ética estructural: invitan al espectador a empatizar intensamente con el dolor, pero sin proporcionarle herramientas suficientes para interpretarlo críticamente ni para situarlo en un marco claro de responsabilidades sociales, institucionales o políticas. El resultado es una experiencia emocional intensa, pero moralmente abierta y ambigua.

En este tipo de narrativas, presentes en distintas series juveniles recientes, la violencia se desplaza hacia los silencios, los primeros planos de rostros devastados, la culpa que no encuentra causa ni solución y la impotencia de familias, escuelas y autoridades. Este patrón no se limita a un solo título, sino que se repite en producciones que integran el conflicto en la experiencia cotidiana de los personajes.

Conmoverse para seguir consumiendo

El espectador no es llamado a comprender las raíces del conflicto ni a cuestionar los sistemas que lo producen, sino a sentir, conmoverse y seguir mirando. El sufrimiento se transforma en un recurso narrativo eficaz, capaz de generar atención, conversación y consumo continuado.

Este modelo encaja con la lógica de las plataformas digitales, donde el impacto emocional sostenido, la ambigüedad y el debate maximizan la permanencia y la rentabilidad.

En este sentido, las plataformas no actúan únicamente como intermediarias culturales: funcionan como agentes de socialización, influyendo en la manera en que se normalizan la violencia, el malestar y la fragilidad institucional.

Un aspecto especialmente relevante del análisis, señalado por estudios recientes, es el modo en que estas narrativas desplazan la responsabilidad. En lugar de situar la violencia en causas estructurales claramente identificables, construyen una culpa difusa que recae simultáneamente sobre familias, escuelas e instituciones desbordadas. Este reparto emocional de la responsabilidad genera una sensación de impotencia colectiva que, lejos de activar el debate público, puede contribuir a la parálisis social.

Desde una perspectiva de política pública, el riesgo no está en mostrar realidades incómodas, sino en habituar a la ciudadanía, y especialmente a los jóvenes, a convivir con ellas sin claves de interpretación. Cuando la violencia se consume como experiencia estética, se debilita la frontera entre empatía y banalización. Y cuando esa frontera se erosiona, la capacidad crítica de la sociedad se resiente.

En el Reino Unido, este debate ya ha comenzado a trasladarse al ámbito educativo. Algunas series juveniles recientes como Adolescencia han sido recomendadas o utilizadas como material de apoyo en contextos escolares para abordar cuestiones como la violencia juvenil, la salud mental o la convivencia, bajo la premisa de que su impacto emocional puede favorecer la reflexión y el diálogo.

No obstante, diversos análisis advierten de que, sin una mediación pedagógica clara y objetivos formativos definidos, este tipo de iniciativas corre el riesgo de confundir la potencia emocional del relato con una intervención educativa eficaz, trasladando a la ficción responsabilidades que corresponden a las políticas públicas y a la acción institucional.

Por ello, la alfabetización mediática ya no puede seguir tratándose como una competencia secundaria o meramente técnica. Es necesario integrarla de forma explícita en las políticas públicas educativas: incorporar la ética audiovisual en los currículos, reforzar la formación del profesorado en lectura crítica de narrativas digitales y promover una mayor corresponsabilidad de las plataformas como actores culturales con impacto social. No se trata de censurar ni de prohibir, sino de formar ciudadanía crítica en un ecosistema mediático dominado por la emoción.

La responsabilidad de las plataformas

Junto a la alfabetización mediática, este debate interpela también a las propias plataformas. Como actores centrales en la circulación y promoción de contenidos, su responsabilidad no se limita a ofrecer acceso, sino que incluye decisiones editoriales, sistemas de recomendación y políticas de visibilidad que influyen directamente en qué narrativas se consumen y en qué condiciones. Incorporar criterios éticos en estos procesos forma parte del debate público pendiente sobre la gobernanza de la cultura digital.

En este sentido, trasladar el conocimiento generado por la investigación académica al debate público se vuelve fundamental para dotar a la ciudadanía de herramientas críticas frente a narrativas audiovisuales cada vez más influyentes.

Porque cuando la violencia se vuelve normal en las pantallas, el verdadero riesgo es que también lo haga en nuestra forma de entender el mundo.

The Conversation

Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La violencia que aprendemos a mirar: series juveniles y responsabilidad social – https://theconversation.com/la-violencia-que-aprendemos-a-mirar-series-juveniles-y-responsabilidad-social-273151

Cuando las mascotas devoran la biodiversidad: un conflicto sin regular en la Unión Europea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Gómez-Serrano, Assistant lecturer, Universitat de València

Cerca del 44 % de los hogares de la Unión Europea tiene al menos un animal de compañía, de los cuales más del 90 % son perros o gatos.

La tendencia de incorporar mascotas a nuestras vidas no ha parado de crecer en las últimas décadas, pero se disparó a partir de la pandemia de la covid-19. En concreto, se estima que la población europea de animales de compañía creció un 11 % en 2022, alcanzando los 340 millones, principalmente gatos (127 millones) y perros (104 millones.

Y se sabe que, a medida que crece la población humana en contacto con los animales de compañía, aumenta también el interés por el bienestar animal en la sociedad. Algo similar sucede con la vida salvaje. Cuando las poblaciones de las especies silvestres disminuyen, la preocupación por la conservación de la biodiversidad se intensifica.

Pero esta confluencia no siempre convive en armonía. Aunque existe cierto solapamiento entre los objetivos del bienestar animal y los de la conservación de la fauna silvestre, es evidente la existencia de un sesgo a la hora de priorizar entre los animales de compañía y los silvestres, especialmente cuando ambos grupos interactúan.

Un estudio reciente identifica las claves del conflicto entre los defensores del bienestar animal de las mascotas y los partidarios de la conservación de la naturaleza. El trabajo analiza las oportunidades legales en el marco de la Unión Europea para reducir el impacto de las primeras sobre los animales silvestres.

Dos marcos legales que no encajan entre ellos

La Unión Europea cuenta con una sólida legislación ambiental, en la que las directivas sobre aves y hábitats han sido claves para proteger la vida silvestre. En cambio, la legislación sobre bienestar animal —sobre todo la relativa a animales de compañía— es mucho más reciente y aún está en incipiente desarrollo.

Lógicamente, el bienestar animal se ha vinculado únicamente a las especies domésticas, dejando a las silvestres bajo la legislación ambiental. Sin embargo, este desequilibrio ha generado un vacío normativo importante: ¿qué ocurre cuando las mascotas causan daños a la fauna silvestre?




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Mascotas que se volvieron silvestres

Entre los tipos de impactos más importantes de las mascotas sobre la vida silvestre están los derivados de las que se asilvestran. Los animales abandonados o escapados pueden formar poblaciones autosuficientes en la naturaleza, con consecuencias graves para las especies autóctonas.

Los loros que se escapan de los hogares son un buen ejemplo de ello. Especies como la cotorra de Kramer o la cotorra argentina han establecido colonias en muchas ciudades europeas. Aunque existe cierto consenso en considerarlas como especies invasoras, su gestión representa un complejo conflicto socioambiental.

No hay dudas de que los loros compiten con especies nativas por lugares de nidificación y recursos, pero representan especies carismáticas y apreciadas por parte de la ciudadanía, por lo que su control genera fuertes controversias sociales.

No obstante, si existe una mascota asilvestrada como centro de las preocupaciones es el gato doméstico, considerado como uno de los depredadores invasores más dañinos del planeta, responsables de alrededor del 25 % de las extinciones contemporáneas de reptiles, aves y mamíferos en todo el mundo.

A pesar de las evidencias, en Europa sigue existiendo una gran resistencia a reconocer a los gatos asilvestrados como especies invasoras, lo que limita las opciones legales para gestionar su impacto.

Mascotas con libertad de movimientos

Muchas mascotas con propietario pasan parte de su tiempo sin supervisión en el exterior. En el caso de los perros, los impactos se centran en la depredación de la fauna silvestre y la transmisión de enfermedades.

Por su parte, los gatos que deambulan libremente desde sus hogares también depredan, incluso cuando están bien alimentados, afectando especialmente a aves y pequeños vertebrados en entornos urbanos y periurbanos.

Un caso particular es el de las colonias felinas. El control de las poblaciones de gatos callejeros suele recaer en los Estados miembros de la UE, lo que da lugar a enfoques muy dispares, que van desde la retirada de animales hasta los programas de captura, esterilización y retorno método CER.

Aunque se trata de un método socialmente aceptado, la evidencia científica muestra que, en la mayoría de casos, no es eficaz para reducir las población de gatos ni tampoco el impacto sobre la fauna silvestre a corto plazo.

El paseo de mascotas en la naturaleza

Pasear al perro en la naturaleza se ha convertido en una de las actividades de ocio más comunes. Un buen ejemplo de esta tendencia es la creciente popularidad de las playas para canes. Un tipo de gestión que probablemente sea positiva para la salud de las mascotas y de sus propietarios, pero no para la fauna silvestre.

En playas naturales, por ejemplo, los perros pueden afectar gravemente a aves que nidifican en el suelo, como los chorlitejos patinegros. Incluso cuando no hay depredación directa, la simple presencia de un perro puede provocar que las aves abandonen sus nidos o reduzcan el tiempo de incubación, con efectos negativos sobre el éxito reproductor.




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Reconciliar el bienestar animal con la conservación

A medida que la biodiversidad disminuye y la población de animales de compañía aumenta en los hogares europeos, el conflicto entre la conservación de la fauna silvestre y la defensa del bienestar animal se intensifica. Por eso resulta tan urgente reconciliar estas perspectivas divergentes y alinear sus respectivos marcos jurídicos.

La Unión Europea tiene margen legal para actuar. Las directivas ambientales ya obligan a los Estados miembros a prevenir daños a especies protegidas, lo que podría traducirse en restricciones más claras sobre la libre deambulación de mascotas, especialmente en espacios naturales protegidos.

Al mismo tiempo, el desarrollo de una nueva legislación sobre bienestar animal ofrece una oportunidad para reforzar la responsabilidad de los propietarios a la vez que reduce el impacto de la libertad de movimientos y previene el abandono o el asilvestramiento.

Es necesario que las autoridades se tomen en serio la necesidad de regular los impactos de las mascotas y que sus propietarios se impliquen en la tarea de evitarlos. Sólo así no llegaremos al punto irreversible en el que los únicos animales silvestres que observemos en nuestros paseos por la naturaleza sean nuestras propias mascotas.

The Conversation

Miguel Ángel Gómez-Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando las mascotas devoran la biodiversidad: un conflicto sin regular en la Unión Europea – https://theconversation.com/cuando-las-mascotas-devoran-la-biodiversidad-un-conflicto-sin-regular-en-la-union-europea-273157

El problema de Monty Hall explicado, sin tecnicismos, ni simulaciones, ni fórmulas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Belloso Ezcurra, Profesor Departamento Estadística, Informática y Matemáticas, Universidad Pública de Navarra

El dilema de un coche oculto como premio en un concurso de televisión nos sirve para comprender el problema de Monty Hall. Roman Petrov / Unsplash., CC BY

Imagine que participa en un concurso de televisión donde ganar un coche es el premio. Frente a usted hay tres puertas cerradas: detrás de una hay un coche y detrás de las otras dos, sendas cabras. Para ganar el coche, tiene que acertar la puerta tras la que está. Y puede ser cualquiera de las tres.

El presentador le pide que elija una. Lo hace. Después, él abre una de las puertas no elegidas y muestra una cabra. Entonces llega la pregunta clave: ¿quiere mantener su elección o cambiar a la otra?

La mayoría de la gente cree que da igual: al principio, con tres puertas, la probabilidad de esconder el coche se repartía 33–33–33; ahora que hay dos, nos quedamos con 50–50. Pero no es así.

El coche tiene una probabilidad de 1/3 de estar detrás de la puerta elegida por el jugador. Las otras dos puertas tienen una probabilidad de 2/3.
Joaquín Córdova / Wikimedia Commons., CC BY

Ilusiones estadísticas

Este pequeño juego fue bautizado como el problema de Monty Hall, en honor al nombre del presentador del concurso televisivo estadounidense Let’s Make a Deal. El problema fue planteado y resuelto por el matemático Steve Selvin, en 1975. Y se ha convertido en uno de los rompecabezas más famosos de la estadística, porque desafía nuestra intuición de una forma casi incómoda.

En ocasiones, se describe como una ilusión estadística, incluso en publicaciones especializadas, por la distancia entre lo que sentimos que debería ocurrir y lo que realmente ocurre.

Cuando el anfitrión abre una puerta, las probabilidades para los dos conjuntos no cambian, pero las probabilidades se mueven a 0 para la puerta abierta; y 2/3 para la puerta cerrada (2).
Joaquín Córdova / Wikimedia Commons., CC BY

Lo fascinante es que, detrás de esta decisión aparentemente trivial, se esconde que, cuando recibimos nueva información –a pesar de que parezca irrelevante– nuestras probabilidades cambian, aunque no siempre sepamos cómo actualizarlas correctamente. Entramos en el terreno de las matemáticas, la probabilidad condicionada y el teorema de Bayes, donde todo se vuelve menos intuitivo.

Sin embargo, podemos explicarlos sin necesidad de todo esto: basta con la lógica, la proporcionalidad y el sentido común para entender por qué la elección del presentador ha hecho que la balanza se incline claramente y una de las puertas sea más prometedora que la otra a la hora de esconder el coche.

Enunciado del teorema de Bayes.
Mattbuck / Wikimedia Commons., CC BY

La explicación

Suponemos que el concursante ha elegido la puerta A, aunque el razonamiento sería exactamente el mismo si hubiera elegido la B o la C.

Si el concursante ha elegido la puerta A, entonces, le toca el turno al presentador que puede abrir la B o la C indistintamente, siempre con la única condición de no mostrar el coche, de modo que se mantenga el enigma de dónde está, que es la clave del juego.

Supongamos que ha abierto la B, abrir la C habría llevado exactamente al mismo punto. Al hacerlo quedan dos opciones ya que B está descartada:

  • Si el coche está en A, podía haber abierto B o C indistintamente (ambas tienen cabra). Por tanto, la probabilidad de que abra B no es del 100 %, sino del 50% compartida con C.

  • Si el coche está en C, entonces la puerta B es la única que podía haber abierto. En ese caso, la probabilidad de que abra B es del 100 %. El doble que el anterior.

Esto implica que el hecho de que el presentador haya abierto B es más compatible con el escenario “el coche estaba en C” que con el escenario “el coche estaba en A”.

Desde el otro lado

Damos la vuelta al razonamiento y pensamos en términos del concursante, que es quien tiene que tomar la decisión. Al observar que el presentador ha abierto la B, y como esa acción es más probable cuando el coche está en C que cuando está en A, entonces, para él, pasa a ser más probable que el coche esté en C que en A.

Por tanto, si es más probable que el coche esté en C, entonces cambiar a C incrementa la probabilidad de ganar, porque el comportamiento del presentador revela información que favorece ese escenario más que el otro.

¿En qué medida? teniendo en cuenta que una es el doble de la otra (de 50 % a 100 %) y no hay más opciones, para completar el 100 % como suma de ambas nos queda un reparto de 33%-66% para las opciones A y C, respectivamente.

La intución puede fallar

En la motivación del presentador, al abrir la puerta B, tiene más peso el hecho de que el coche esté tras la puerta C que tras la puerta A. Y, por eso, es más probable que esté tras esa puerta. Esta es la razón por la cual, si el concursante cambia de elección, las probabilidades de ganar son mayores.

Esta explicación vale si el concursante ha elegido A. Para las otras dos opciones el planteamiento es el mismo: si elige B, se intercambia A con B. Si elige C, se intercambia A con C.

En el fondo, el problema de Monty Hall nos recuerda que la intuición puede fallar, hasta en situaciones simples. Actualizar la información correctamente no solo cambia el resultado: cambia nuestra comprensión de cómo funciona realmente el azar.

Y aceptar esa idea, aunque desafíe lo que “nos parece lógico”, es parte esencial de pensar mejor.

The Conversation

Javier Belloso Ezcurra no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El problema de Monty Hall explicado, sin tecnicismos, ni simulaciones, ni fórmulas – https://theconversation.com/el-problema-de-monty-hall-explicado-sin-tecnicismos-ni-simulaciones-ni-formulas-273474

La educación de 0 a 3 años no es un gasto, sino una inversión en equidad educativa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estefanía Hita Egea, Docente y formadora de profesorado experta en tecnología educativa y liderazgo, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Lordn/Shutterstock

Los primeros tres años de vida son decisivos para el desarrollo infantil. En este periodo se sientan las bases del lenguaje, la seguridad emocional y la forma en la que los niños se relacionan con su entorno. Lo que ocurre en este periodo influye en el aprendizaje y el bienestar a lo largo de toda la vida.

Por eso, la educación de 0 a 3 años no es solo una ayuda para conciliar. Es una herramienta clave para reducir desigualdades. Actuar en esta etapa permite compensar diferencias sociales antes de que se hagan visibles en la escuela.

Sin embargo, no todos los niños acceden a las mismas condiciones. El precio, los horarios, la estabilidad de los centros o la calidad de los proyectos cambian mucho según el lugar. Estas diferencias aparecen incluso antes de que los niños empiecen a hablar, y tienen consecuencias reales en su desarrollo.

España tiene una alta tasa de escolarización en la etapa de 0 a 3 años, con un 41,8 % de niños escolarizados, por encima de la media de la OCDE. Pero escolarizar no es lo mismo que garantizar igualdad de oportunidades. Lo importante no es solo cuántos niños asisten, sino en qué condiciones lo hacen.

La educación infantil como ascensor social

Hasta los tres años se desarrollan capacidades fundamentales para aprender. El lenguaje, la atención o la regulación emocional dependen en gran medida de los entornos en los que crecen los niños. Cuando estos entornos son estables y de calidad, los beneficios se mantienen en el tiempo.

Numerosos estudios internacionales coinciden en este punto. Organismos como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, la Organización Mundial de la Salud o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos señalan que la educación temprana tiene un impacto especialmente positivo en los niños que crecen en contextos más vulnerables. https://www.who.int/publications/i/item/97892400020986




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Actuar pronto es más eficaz que intervenir tarde. Corregir desigualdades cuando ya están consolidadas resulta más difícil y costoso. Por eso, la etapa de 0 a 3 años tiene un enorme potencial como ascensor social.

Pero este ascensor solo funciona con equipos estables, profesionales bien formados y una relación cercana con las familias.

España: una responsabilidad compartida

En España, esa etapa infantil sigue sin ocupar un lugar claro en las políticas educativas. El Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos comparten competencias. Sin embargo, la responsabilidad se reparte de tal forma que, en la práctica, nadie la asume del todo.

La falta de una apuesta clara y sostenida convierte dicho periodo de la vida en un espacio frágil. Las decisiones suelen depender del presupuesto disponible y cambian con facilidad. Esto afecta a la estabilidad de los centros, a los equipos educativos y a las familias.




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Aunque la escolarización ha crecido, las condiciones son muy desiguales según el territorio. Precios, horarios y calidad varían de una comunidad a otra, e incluso entre municipios. Con frecuencia, cada administración traslada el problema a la siguiente, sin poner en el centro lo que está en juego.

El caso del País Vasco ilustra bien estas tensiones entre administraciones. En municipios como Vitoria-Gasteiz, Oiartzun, Andoain o Irún, entre otros,familias y profesionales han alertado del impacto que determinados cambios en financiación y organización pueden tener sobre proyectos educativos ya consolidados.

Las decisiones, centradas fundamentalmente en criterios económicos y en el debate sobre el modelo de gestión y el reparto de responsabilidades sobre el reparto de responsabilidades entre el Gobierno autonómico y los ayuntamientos, afectan directamente a la estabilidad de los equipos, a la continuidad de los proyectos ya consolidados y a la posibilidad de generar vínculos educativos sólidos con los niños y sus familias. Cuando ninguna administración asume plenamente esta etapa como una prioridad educativa, son las familias y los propios centros quienes soportan las consecuencias.

Esta situación no es exclusiva del País Vasco. En otras comunidades autónomas se repite un patrón similar: cambios en regulación, financiación o ratios que responden más a la contención del gasto que a una planificación educativa a largo plazo. Aunque los contextos territoriales son distintos, el resultado se repite. Cuando la educación de 0 a 3 años queda atrapada en un juego de responsabilidades compartidas pero no asumidas, su potencial para reducir desigualdades se debilita de forma significativa.

Europa: cuando invertir en la infancia es una prioridad

En otros países europeos, la educación en esa etapa entiende de otra manera. No es un recurso complementario, sino una política educativa básica. Forma parte del estado del bienestar.

En Finlandia, por ejemplo, todas las familias tienen derecho a una plaza tras el permiso parental. El sistema combina educación, salud y apoyo a las familias. La pregunta no es cuánto cuesta, sino qué aporta.

En países como Suecia o Dinamarca ocurre algo similar. Los equipos son estables y los proyectos no dependen de decisiones puntuales. Existe un acuerdo amplio sobre la importancia de invertir en la primera infancia.

Estos países han entendido que invertir al principio reduce problemas después. Por eso, la educación de 0 a 3 años no se discute como un gasto, sino como una inversión social.

El reto pendiente

La etapa de 0 a 3 años es breve, pero fundamental. Una educación infantil de calidad en estos años no solo acompaña el desarrollo madurativo, sino que ayuda a prevenir desigualdades antes de que aparezcan en la escuela.

Aunque España ha avanzado en escolarización, el verdadero reto está en cómo se cuida esa etapa. Garantizar condiciones estables, profesionales formados y proyectos educativos sólidos requiere una apuesta clara y compartida por parte del Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Cuando estas decisiones se toman solo desde el criterio económico, se pierde de vista lo más importante: el desarrollo infantil.

The Conversation

Estefanía Hita Egea no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La educación de 0 a 3 años no es un gasto, sino una inversión en equidad educativa – https://theconversation.com/la-educacion-de-0-a-3-anos-no-es-un-gasto-sino-una-inversion-en-equidad-educativa-270999

Comprender la competencia en clave constructiva: del boxeo a la empresa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Freije Uriarte, Catedrático emérito de Estrategia Empresarial, Universidad de Deusto

Jonathan Tomas, Unplash

En los últimos tiempos estamos volviendo a un ambiente internacional de confrontación geopolítica y económica. Junto con el temor a los conflictos bélicos, asistimos a la vuelta a tensiones proteccionistas que parecían cosa del pasado.

¿Es natural y sano que cada uno defienda lo suyo frente a sus rivales? En economía, ¿debe una región o una empresa luchar contra la competencia hasta eliminarla? ¿Puede la confrontación ser una fuente de autodesarrollo? ¿Qué podemos aprender de un contexto de confrontación constante como el boxeo?

La competencia es el pilar de la economía de mercado

En economía, la competencia se considera un pilar fundamental para el buen funcionamiento de los mercados y el crecimiento a largo plazo: incentiva la eficiencia global del sistema, conduce a un mejor uso de los recursos, a la innovación y al progreso tecnológico.

Las empresas, para conseguir atraer a los clientes, deben realizar mejoras continuas en la oferta. Eso incluye adaptaciones a los diferentes segmentos y ofertas con condiciones más ajustadas. Como resultado, mejora el bienestar de los consumidores y el crecimiento económico.

Por esa razón, la competencia debe protegerse a través de normas, procedimientos e instituciones (como las autoridades de defensa de la competencia existentes a nivel europeo, estatal y autonómico).

Competencia y empresa

En las memorias de sostenibilidad de las empresas también se considera a la competencia como uno de los stakeholders o partícipes sociales. Sin embargo, los criterios de la relación con este grupo están poco desarrollados.

En la lógica empresarial domina la confrontación. Tiene sentido, dado que la base de la competencia es el enfrentamiento en los mercados, la rivalidad, la lucha.
Además, la estrategia empresarial está repleta de lenguaje bélico: guerras comerciales, estrategias defensivas y ofensivas, dominio del mercado, poder de negociación, tomado de los tratados de estrategia militar, como el clásico “El Arte de la Guerra”, de Sun Tzu.

Las empresas, siguiendo esa lógica de rivalidad, tratan de destruir a sus competidores y adquirir posiciones dominantes. Por su parte, las autoridades públicas deben poner freno a estas prácticas, limitando la excesiva concentración en los mercados y evitando así los posibles abusos de poder.

Respetar al rival merece la pena

Ahora, hagamos un paralelismo entre la competencia entre empresas y el boxeo. Desde el punto de vista psicológico, se han identificado capacidades transformativas de los elementos involucrados en el combate. Como en la economía, un reto desafiante hace crecer significativamente los niveles de motivación, resiliencia y autoexigencia.

La fuerza emocional generada por el desafío es un punto crítico de ajuste: puede facilitar el autoconocimiento o generar una experiencia destructiva. En su mejor expresión, la tensión competitiva obliga a reconocer los límites y a reorganizar, con más consciencia y equilibrio, los recursos propios y la acción.

Algo similar ocurre en la empresa. La comparación con competidores de referencia se convierte en la base de un proceso de mejora continua que propicia el crecimiento de la organización.

Para que surjan oportunidades hay que sembrar

En el deporte y en la empresa, el respeto y reconocimiento mutuo abonan el campo de la colaboración y el crecimiento compartido. Aunque en un principio no parezcan los socios idóneos, también son posibles las alianzas entre competidores. Lógicamente son más sencillas cuando la competencia no es directa y se pueden aprovechar las complementariedades entre los colaboradores.

Esto ocurre cuando los competidores están especializados en segmentos de actividad diferentes o tienen fuertes capacidades en zonas geográficas diversas, sean de distribución o acceso a autorizaciones.

Las farmacéuticas o las empresas cerveceras intercambian habitualmente licencias y marcas. De esa manera pueden acceder, con menor inversión y riesgo, a negocios que quedarían fuera de su alcance.

También en el deporte el respeto en la confrontación directa puede abonar el campo para nuevas oportunidades. Es el caso de los boxeadores Marco Antonio Barrera y Erik Morales. Durante años protagonizaron una rivalidad épica que, además de forjarlos como leyendas, los hizo reconocerse mutuamente. Años después, dirigen juntos uno de los pódcast en español más exitosos sobre boxeo. Juntos han demostrado que la competencia puede dar pie no solo al rendimiento sino también al crecimiento en distintos ámbitos.

Coopetir: colaborar y competir a la vez

El término coopetición, acuñado en 1996 por los profesores e investigadores Adam Brandenburger y Barry Nalebuff, combina cooperación y competencia, y consiste, básicamente, en la colaboración estratégica entre empresas que, al mismo tiempo, compiten en otros ámbitos del mercado. Las empresas pueden colaborar con rivales para alcanzar objetivos que ninguna podría lograr por sí sola. Pueden acceder a tecnologías, compartir costos o ampliar mercados.

Aunque tradicionalmente las empresas consideran que la competencia es incompatible con la cooperación, en la práctica esto es cada vez más común y una acción estratégica en diversos sectores. Grandes rivales, como Apple y Samsung en el suministro de componentes, o DHL y UPS compartiendo capacidades logísticas, han protagonizado grandes acuerdos cooperativos.




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Un beneficio para todos

La competencia respetuosa favorece a todos. A nivel colectivo, actúa como un mecanismo dinamizador de la economía, promoviendo la eficiencia, la innovación y el bienestar social. Individualmente, incentiva la mejora y crecimiento de los propios competidores. Y, por último, hace posible que surjan oportunidades de colaboración que no podrían generarse en entornos empresariales hostiles.

En definitiva, la competición debe venir acompañada de respeto. Y el respeto es contrario a la destrucción. De esta manera, además de mejorar el funcionamiento de los mercados, se abrirán más oportunidades para las empresas, más allá del puro incentivo de ganar a sus competidores.

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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Comprender la competencia en clave constructiva: del boxeo a la empresa – https://theconversation.com/comprender-la-competencia-en-clave-constructiva-del-boxeo-a-la-empresa-272247

La “flota fantasma” rusa incrementa su operación en puertos españoles para burlar el bloqueo de la UE

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio García-Amate, Lecturer in Finance, Universidad Pública de Navarra

Buque Kairos de la “flota fantasma” rusa, sancionado por la Unión Europea, el Reino Unido y Suiza por el tráfico ilegal de petróleo. Todor Stoyanov-Raveo/Shutterstock

Las cifras extraídas de la base de datos LSEG (London Stock Exchange Group) indican un incremento significativo en el tránsito de petróleo ruso por aguas españolas. Antes de las sanciones que la Unión Europea (UE) impuso a Rusia con motivo de la invasión de Ucrania, el puerto de Ceuta ocupaba la posición 90.ª en el ranking europeo de descargas de petróleo ruso. Hoy, está en la 11.ª posición.

Mientras Bruselas trata de bloquear este tráfico, la “flota fantasma” rusa utiliza puertos españoles para exportar crudo a Europa. El objetivo es eludir las sanciones impuestas por la UE. Las consecuencias son económicas y geopolíticas, pero también medioambientales.

El sur de Europa como vía de entrada

Las sanciones a Rusia han redefinido el mapa de flujos de petróleo y gas rusos hacia la UE. La normativa vigente prohíbe la entrada de los barcos de la “flota fantasma” en puertos europeos. Sin embargo, la realidad es otra. Aunque en diciembre de 2025 el número de buques sancionados ascendía a casi 600, la lentitud en trasponer la Directiva UE 2024/1226 y en aplicar de forma efectiva las restricciones aprobadas por la UE genera una laguna jurídica que es aprovechada por la flota rusa.

Así, se han detectado violaciones de las sanciones europeas por entradas de buques sancionados en países como Chipre, España, Estonia, Grecia, Malta y Países Bajos.

Al cerrarse el norte de Europa, la flota rusa ha encontrado una vía alternativa de entrada en los países del sur. Entre 2022 y 2025, los países con más descargas de buques con petróleo de origen ruso fueron Italia, Grecia y España. La mayoría de estos buques han sido sancionados en algún momento posterior a su atraque en puertos europeos.

Pese a las prohibiciones, el crudo ruso sigue llegando a la UE, a menudo haciendo escalas en otros países. Los cargamentos provienen principalmente de Rusia, pero también de Egipto y Turquía, que actúan como intermediarios.

Esta infraestructura operativa no surgió de la noche a la mañana. La Unión Europea no empezó a sancionar oficialmente a buques de la “flota fantasma” hasta junio de 2024. Ese retraso hizo que Rusia tuviera tiempo suficiente para reorganizar su estrategia logística para exportar petróleo a la UE.

En el sur se han dado cada vez más casos de traspase de petróleo de un barco a otro en alta mar, con los daños medioambientales que esto pueda ocasionar. Eligen el sur porque necesitan aguas tranquilas y una ubicación estratégica para conectar con Asia, algo que el mar del Norte no ofrece.

Así actúa la “flota fantasma”

Las implicaciones de la operación de la “flota fantasma” van más allá de cuestiones económicas o geopolíticas. Estos buques generan riesgos físicos y medioambientales significativos. Se trata de una flota con barcos de gran edad y una operación insegura y precaria. Los petroleros con una antigüedad de entre 16 y 22 años son los más sancionados. Según el KSE Institute ucraniano, a partir de los 15 años decae el mantenimiento y las aseguradoras de primer nivel retiran su cobertura.

Para operar sorteando las restricciones legales, los buques suelen cambiar su bandera, su nombre o el armador. Las cinco banderas más sancionadas son las de Rusia, Gambia, Sierra Leona, Camerún y Omán. Los buques más antiguos, con máximo riesgo físico y medioambiental, utilizan principalmente la bandera rusa, seguida por la de países con regulación laxa como Curazao, Benín, Comoras, Guyana y Omán.

Además, la propiedad del buque se esconde para evitar posibles sanciones: las tres compañías con el mayor número de buques sancionados tienen su sede en UAE (Emiratos Árabes Unidos).




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España como centro logístico

España ha pasado a ser un enclave protagonista en la red de flujos del petróleo ruso. Entre los 20 puertos de la UE donde se han producido más atraques de buques posteriormente sancionados se encuentran Ceuta (11.º), Huelva (17.º) y Cartagena (20.º).

Un gráfico que muestra las principales rutas de buques sancionados con líneas de colores
Principales rutas de buques sancionados (2022-2025). A la izquierda, el país de carga, a la derecha, el país de destino.
Los autores, CC BY-SA

El riesgo físico y medioambiental en estos puertos derivado de la operación de la “flota fantasma” es elevado. Los buques sancionados por dos jurisdicciones (por ejemplo, UE y EE. UU.) tienen entre 15 y 30 años de antigüedad, con banderas de países variados. Por otro lado, la flota de buques sancionados por tres jurisdicciones destaca por su alto volumen de comercialización y la utilización de la bandera rusa.

Gráfico que muestra con colores la antigüedad y la bandera de los buques atracados en puertos españoles entre 2022-2025
Perfil de riesgo que suponen los buques en puertos españoles (2022-2025) según su antigüedad, con cada color indicando una procedencia.
Los autores, CC BY-SA

El caso de Ceuta presenta el escenario más preocupante desde el punto de vista medioambiental. Se trata de un puerto con un alto volumen de descargas, la mayoría desde buques posteriormente sancionados por hasta dos y tres jurisdicciones, con antigüedad de entre 15 y 28 años y banderas como las de Sierra Leona, Camerún y Panamá. Estos buques operan con estándares de seguridad poco estrictos.

Gráfico que muestra con colores la antigüedad y la bandera de los buques atracados en Ceuta entre 2022-2025
Perfil de riesgo en el puerto de Ceuta (2022-2025) según la antigüedad de los buques, con cada color indicando el país de la bandera.
Los autores, CC BY-SA

Un problema creciente

Los datos revelan un caso flagrante. Se trata de un buque con bandera de Camerún, sancionado el 25 de febrero de 2025 por la UE, que descargó en Ceuta casi 900 000 barriles de crudo el 12 de septiembre de 2025. Este barco provenía del puerto de Murmansk (Rusia).

Además, la “flota fantasma” rusa busca nuevas entradas a la UE. Puertos como los de El Hierro, Motril y Vilagarcía de Arousa, que no habían recibido cargamentos antes de las sanciones a Rusia, sí lo han hecho tras el estallido de la guerra. En 2023, por ejemplo, fueron descargados en ellos más de 1 800 000 barriles por buques provenientes de Rusia con una antigüedad de entre 15 y 23 años.

El volumen de operaciones de la “flota fantasma” rusa en aguas españolas está aumentando. España importa millones de barriles de petróleo ruso transportados en buques antiguos e inseguros. Esto no solo contraviene la normativa europea sobre las sanciones a Rusia, sino que genera riesgos medioambientales y físicos que no pueden ignorarse.

La solución a este problema implica no solo aplicar las sanciones vigentes a los buques de la “flota fantasma” rusa, sino también buscar vías para impedir el atraque y las operaciones de trasvase de buques sospechosos. Si no se actúa ya, la próxima noticia podría ser una catástrofe ecológica como la ocurrida a finales de 2002 frente las costas de Galicia.

The Conversation

Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad se financia en parte a través de convenios de investigación sobre temas diversos relacionados con energía y medioambiente firmados con el Ente Vasco de la Energía, Iberdrola, Petronor e Ihobe-Agencia Vasca del Medioambiente.

Antonio García-Amate no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La “flota fantasma” rusa incrementa su operación en puertos españoles para burlar el bloqueo de la UE – https://theconversation.com/la-flota-fantasma-rusa-incrementa-su-operacion-en-puertos-espanoles-para-burlar-el-bloqueo-de-la-ue-273250

Men are embracing beauty culture — many of them just refuse to call it that

Source: The Conversation – Canada – By Jordan Foster, Assistant Professor, Sociology, MacEwan University

Just weeks after the premiere of popular gay hockey romance series Heated Rivalry, star Hudson Williams’ extensive skincare routine has gone viral. In a now-viral video for The Cut, the 24-year-old walks viewers through his “five-step Korean beauty routine.”

His multi-step regimen includes a close shave, a cleanse, pore-minimizing treatments, a “super-glowing” toner and serums targeted toward “rejuvenating” the young star’s face and body.

The nearly 20-minute routine, replete with self-deprecating humour and an ironic bent against vanity, has amassed some 500,000 views (and counting), almost 2,000 comments and 36,000 likes on YouTube alone.

Williams’ routine, and its public broadcast online, is emblematic of a wider shift in our highly visual and virtual culture among men. From style guides and intensive workout routines to recommendations for skin and hair, men are investing in their appearance.

But, in a curious contortion, they’ve called their work on the face and body anything (and everything) but beauty.

Understanding beauty’s cultural force

As a researcher studying the cultural force of beauty and its various presentations online, I take questions related to appearance and attractiveness seriously.

I look to taken-for-granted trends online — images and advertisements as well as viral video clips — and their reception among audiences to understand how young people engage with and respond to beauty, and the various privileges and penalties it commands.

Beauty’s cultural force has long weighed upon women, who have been invited to modify their appearances in step with challenging, often contradictory, beauty norms. But in a recent and curious shift, beauty norms and appearance pressures have intensified among men.

‘Heated Rivalry’ star Hudson Williams breaks down his skincare routine for ‘The Cut’

The rise of men’s beauty habits

Men’s bodies are increasingly visible in product advertisements and mainstream campaigns, with a surfeit of cosmetics targeted toward men.

Mundane investments in skincare and grooming are not uncommon, with young men especially doubling down on their efforts to refine the face and body through multi-step routines not unlike Williams’.

Driven at least in part by social media influencers and the rise of platformed figures who dialogue around the importance of looking good, “freshening up” and keeping sharp, men are investing in their appearance as women long have.

Alongside these investments, boys and men are enjoined to bulk up to achieve a muscled and well-defined look. Widely followed influencers and celebrities alike echo the call, endorsing a range of compound exercises to improve one’s physique and “science based” changes to boost growth.

The drive toward muscularity is demanding, with many recommendations touting the importance of rigorous diets and intensive exercise regimes.

In the name of beauty

While some recommendations are innocuous enough, men have entertained more extreme, sometimes dangerous practices to modify and refine the appearance of their face and body.

Sometimes called “looksmaxxing,” a term capturing efforts that enhance men’s appearance, practices like “mewing” and the far more dangerous exercise of “bone-smashing” are often endorsed to promote facial harmony and a stronger jawline.

The preponderance and popularity of these appearance-focused practices online have produced what medical researcher Daniel Konig and his colleagues describe as an “almost pathological obsession” with attractiveness, with significant consequences for boys and men.

Public reporting on men’s relationship to their appearance indicates that a growing number of men are suffering from body insecurity and lower esteem, manifesting in the rise of muscle dysmorphia, a body-image disorder focused on a perceived lack of physical size or strength.




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Muscle dysmorphia: why are so many young men suffering this serious mental health condition?


In a similar vein, the United Kingdom’s Sexualization of Young People report indicates that online, boys are increasingly under pressure to “display their bodies in a hyper-masculine way showing off muscles and posturing as powerful and dominant.”

Why men resist calling it beauty

In my ongoing research with young people enrolled at the University of Toronto and MacEwan University, I am documenting a similar set of pressures.

The young people I’ve spoken with insist that while appearance weighs heavily on everyone, men are increasingly subject to the demands of a culture preoccupied with looking good.

For the boys and men I speak with, social media platforms, and the celebrities and influencers who populate them, are a particularly thorny topic. They invite an intense sense of comparison between men and their physiques and, for many, a feeling of not quite being good enough.

Still, few describe these pressures in terms related to beauty per se. As a historically feminized domain, beauty has been derided as frivolous and unimportant. But as many men are coming to find, the truth is far more complex. Beauty returns rewards to those who are thought to possess it or, perhaps, to those who are willing to pay for it.

Selling beauty to the masses

Men represent a growing and lucrative ground on which to sell products and services designed to optimize their appearance.

This previously untapped market segment is ripe for commercial exploitation, with an increasing number of men making spending on beauty products and services.

In 2024, market researcher Mintel reported that more than half of men use facial skincare products, with members of Gen Z accounting for the greatest share of growth in skincare products — especially “high-end” and “clean” products.

It’s estimated that the global market for men’s beauty products, including skincare and grooming, will exceed US$5 billion by 2027, adding to the industry’s already striking US$450 billion evaluation.

Men’s interest in more costly and intensive beauty treatments is also on the rise. The American Academy of Plastic Surgeons reports that a growing number of men are pursuing body augmentation and cosmetic surgery, as well as non-invasive procedures like dermal filler injections and facial neurotoxins like Botox.

Under both knife and needle, beauty’s cultural force is sure to be felt.

The Conversation

Jordan Foster receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Men are embracing beauty culture — many of them just refuse to call it that – https://theconversation.com/men-are-embracing-beauty-culture-many-of-them-just-refuse-to-call-it-that-274181

How Canada and Sweden are redefining northern security and co-operation

Source: The Conversation – Canada – By Christophe Premat, Professor, Canadian and Cultural Studies, Stockholm University

For many years, co-operation between Canada and Sweden was often viewed through a narrow lens — defence procurement. Discussions about fighter aircraft, technical specifications and military benefits tended to dominate attention.

Yet focusing only on defence equipment obscures a deeper shift now under way. What began as a technical defence relationship has gradually evolved into broader strategic convergence rooted in shared geopolitical interests, mutual economic benefits and a common understanding of the North.

As a researcher in Canadian studies, I am particularly interested in Swedish–Canadian relations as both countries seek to to strengthen the resilience of their political and economic systems.

This evolution in the relationship hasn’t happened overnight. It’s developed incrementally through political dialogue, institutional trust and shared security concerns.

It also comes after Canada signed a contract in January 2023 to acquire 88 Lockheed Martin F-35A Lightning II fighters from the United States and has committed funds for 16 of them.

The Canadian government is reconsidering the remaining portion of the planned purchase amid ongoing tensions with the U.S., but American officials have warned that cancelling the deal could require changes in bilateral air defence co-operation and lead the U.S. to assume a greater operational role.

But at the same time, Ottawa is examining a Swedish offer of 72 Saab Gripen jets and six GlobalEye aircraft.

Political alignment

Recent developments suggest that Canada–Sweden co-operation is no longer best understood as a transactional arrangement. Instead, it reflects a sustained effort by two northern democracies to strengthen long-term co-ordination in an increasingly unstable global environment.

The foundations of Canada–Sweden defence co-operation lie in longstanding exchanges on military aviation, joint exercises and technological collaboration. Although fighter aircraft discussions, including on the Gripens, are a visible part of this relationship, collaboration has increasingly extended beyond procurement.

Joint training in Arctic and cold-weather operations and interoperability in air operations and command-and-control systems now play a growing role in the Euro-Atlantic and northern European security landscape.

Sweden’s accession to NATO in 2024 has reinforced these dynamics, creating new opportunities for co-ordination between Canada and Sweden within the organization’s planning, exercises and capability development.

Canada’s lack of a Swedish aircraft purchase hasn’t curtailed defence co-operation, but redirected it toward political alignment on shared threats, Arctic and Baltic security and the institutional frameworks required among allies in northern environments.

High-level engagement

In 2023, Canada and Sweden marked 80 years of diplomatic relations. This anniversary highlighted the depth and continuity of the bilateral relationship and served as a reminder that present day co-operation builds on decades of political trust.

High-level political contacts in recent years have further elevated the relationship.

Interactions among ministers responsible for foreign affairs, defence, industry and energy have framed co-operation around defence-related industries, technological sovereignty, innovation ecosystems and Arctic governance. This points to a maturing partnership in which security, industry and research policy are increasingly connected.

What stands out is that discussions have focused less on single contracts and more on long-term reliability, institutional compatibility and shared priorities.

These include security in the High North, collective defence within NATO and closer industrial and technological ties among advanced democracies with similar economic systems.

State visit

This broader relationship took on new political weight during the Swedish state visit to Canada in November 2025.

King Carl XVI Gustaf and Queen Silvia led the visit and were accompanied by senior Swedish cabinet ministers, including Ebba Busch, deputy prime minister and industry minister, and Defence Minister Pål Jonson.

The three-day visit combined ceremonial diplomacy with strategic and economic dialogue. Several Swedish companies participated in business and innovation events.

During the visit, Canada and Sweden formalized a strategic partnership framework covering security and defence co-operation, Arctic affairs, trade, innovation and the green and digital transitions.

The visit, which included meetings in Ottawa and engagements with research and technology experts, underscored that bilateral relations were no longer limited to defence but were expanding into long-term political co-ordination.

The Rodinia metaphor

Busch has on several occasions used an unusual metaphor to describe relations between Canada and the Nordic region: Rodinia, the ancient super-continent that once linked what are now parts of North America and northern Europe.

Although geological in origin, the reference serves a political purpose. It frames present co-operation as a reconnection rather than something new. It situates Canada–Nordic relations within a longer narrative shaped by comparable northern environments, natural resources and innovation systems influenced by climate and geography.

Such historical imagery helps place industrial and strategic co-operation within a broader sense of continuity. In this perspective, partnership does not depend on a single defence decision but on structural similarities and long-term shared interests across the North Atlantic and Arctic regions.




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Changing economic and security landscape

Canadian leaders are increasingly emphasizing co-operation with like-minded middle and advanced economies, as Prime Minister Mark Carney did in his recent widely acclaimed speech in Davos.




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These economies include Nordic countries in areas like clean energy, critical minerals, digital innovation and security. The argument is that countries with compatible institutions, technological capacity and a commitment to rules-based international co-operation can enhance their influence by acting together.

Seen in this light, Canada and the Nordic states are not peripheral powers but form part of a northern cluster with expertise that is highly relevant to global challenges.

Energy transition in cold climates, Arctic infrastructure, resilience in sparsely populated regions and defence in harsh environments are areas where their experience carries weight.

Northern resilience in an unstable world

Taken together, these developments point to a redefinition of Canada–Sweden relations. Defence co-operation is still important, but it’s being increasingly embedded in a wider framework that includes industrial collaboration, Arctic research, academic exchange and political co-ordination.

This reflects a broader shift in how strategic partnerships are built. Trust, institutional compatibility and shared outlooks now matter as much as contractual outcomes.

What started as talks about fighter jets has become a broader discussion about northern resilience and how democracies on the edges of great power competition can improve their security and prosperity by working together instead of relying on others.

Canada and Sweden are not simply discussing equipment. They are shaping a model of partnership based on long-term alignment, one that could prove more enduring than any single procurement decision.

The Conversation

Christophe Premat is director of the Centre for Canadian Studies and a professor of Francophone cultural studies at Stockholm University. He acknowledges having taken part in events organized by the Embassy of Canada in Sweden at which representatives of the Swedish Armed Forces were present. He received funding from the Nordic and Baltic Cooperation through the Nordplus educational grant for the years 2020–2022. With the support of this grant, he created an introductory online course in Canadian Studies (https://doi.org/10.17045/sthlmuni.15329100.v1) which is given each summer. He has recently participated in interviews commenting on the political situation in Canada.

ref. How Canada and Sweden are redefining northern security and co-operation – https://theconversation.com/how-canada-and-sweden-are-redefining-northern-security-and-co-operation-274296

Mesure des impacts environnementaux: les entreprises polluent souvent plus qu’elles ne le disent

Source: The Conversation – in French – By Mādālina Solcánu, PhD, CPA, Professeure en comptabilité, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Les entreprises canadiennes font face à une pression croissante afin de divulguer leurs impacts environnementaux. Elles peinent pourtant à produire des données fiables.

Une recherche menée auprès de 48 professionnels révèle un processus sous tensions, marqué par des ressources insuffisantes et des choix qui ne permettent pas de rendre compte de l’ensemble des impacts.

La crise climatique actuelle a pour conséquence que les entreprises sont de plus en plus sollicitées pour fournir des informations fiables sur les risques et les opportunités liés aux changements climatiques et au développement durable.

Le Conseil canadien des normes d’information sur la durabilité (CCNID), chargé de la production des normes dans ce domaine, a ainsi récemment promulgué de nouvelles normes qui marquent une étape essentielle vers des informations en matière de durabilité plus cohérentes et comparables pour les entreprises canadiennes.

De nombreuses organisations ont souligné les coûts et les difficultés liés à la mise en place d’une divulgation environnementale. Pourtant, on sait aujourd’hui peu de choses sur ce processus. En effet, si de nombreuses études se penchent sur la divulgation externe des données environnementales, peu de travaux s’intéressent aux difficultés rencontrées par les entreprises pour produire ces rapports.

En tant que professeurs universitaires spécialisés en comptabilité et données environnementales, nous avons voulu ouvrir la « boîte noire » de la production de ces informations afin de mieux comprendre les enjeux. Nous avons ainsi mené une recherche fondée sur des données recueillies auprès de 48 personnes impliquées dans la production et l’utilisation des données environnementales dans des secteurs d’activité à fort impact environnemental (exploitation des ressources naturelles, industrie manufacturière, transport, etc.).

Cette recherche permet de montrer que la production des données environnementales est un processus sous tension, ce qui soulève des questions sur la fiabilité des données environnementales publiées.




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Une divulgation environnementale souvent limitée au minimum légal

En termes de collecte d’informations environnementales, notre recherche montre que la plupart des entreprises se limitent à ce que la loi exige. De ce fait, dans de nombreuses entreprises, certaines formes de pollution ou d’impacts environnementaux ne sont pas divulguées, puisque non visées par la conformité environnementale.

Certaines entreprises choisissent toutefois d’aller au-delà de ce périmètre légal. Elles se concentrent alors sur les enjeux jugés les plus pertinents, en s’appuyant sur les concepts de matérialité simple ou double.

Le concept de matérialité simple, aussi appelé matérialité financière, est celui qui a été retenu par l’International Sustainability Standards Board (ISSB), chargé d’établir un cadre mondial de normes d’information financière liées à la durabilité. Il stipule que les entreprises doivent divulguer les impacts environnementaux susceptibles d’avoir un effet significatif sur les résultats financiers, et par conséquent, sur les décisions des investisseurs.

D’autres référentiels de divulgation environnementale, comme la Global Reporting Initiative, vont plus loin. Ils exigent que les entreprises rendent compte non seulement des impacts financiers, mais aussi des impacts significatifs sur l’environnement et la société, ce qu’on appelle la matérialité d’impact ou la double matérialité.

Certaines entreprises choisissent donc de publier des informations environnementales qui dépassent les exigences légales. Si certaines d’entre elles cherchent à offrir un portrait global de leur empreinte environnementale en adoptant la double matérialité (financière et d’impact), la plupart se limitent à la matérialité financière.

Des formes de pollution peuvent ainsi rester dans l’ombre, même lorsqu’elles génèrent les plus importants impacts environnementaux d’une entreprise. Par exemple, les données que nous avons collectées montrent que les effets environnementaux liés à la fin de vie des produits, ou à la restauration des écosystèmes dégradés sont rarement évalués ou divulgués, faute de connaissances scientifiques suffisantes, de moyens financiers, ou d’obligation légale.




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Le périmètre d’analyse des impacts environnementaux est donc souvent limité par des choix internes, des lacunes réglementaires, ou des contraintes pratiques. Cela mène à une divulgation partielle, parfois ambiguë, des véritables impacts environnementaux des entreprises.

Une collecte et un traitement complexes

Afin de mesurer et d’analyser les impacts environnementaux retenus, les entreprises doivent déterminer les indicateurs de mesure appropriés et collecter des données.

Or, les indicateurs qui doivent être retenus pour mesurer les impacts environnementaux ne sont pas normalisés. Par exemple, les indicateurs d’émission de GES retenus au niveau fédéral et provincial peuvent utiliser des méthodes de calculs différentes. Ainsi, pour un même impact environnemental, il peut exister plusieurs mesures.

De plus, les outils employés pour la collecte des données environnementales sont généralement rudimentaires. Quelques entreprises utilisent des logiciels spécialisés à cet effet. Cependant, la majorité des entreprises que nous avons analysées procède à une collecte essentiellement manuelle. Cette collecte est souvent inefficace du fait de la complexité et du volume des données.


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Notre recherche souligne également que le manque de collaboration interne des autres départements pose aussi souvent problème aux équipes responsables de la collecte et de l’analyse des données environnementales, même quand la protection de l’environnement est déclarée comme étant une valeur fondamentale de l’entreprise.

Enfin, certaines données sont externes, puisque les entreprises ont besoin des données brutes de leurs fournisseurs ou sous-traitants afin de compléter leur portrait environnemental. Ces données peuvent présenter des lacunes importantes : les fournisseurs peuvent exagérer des chiffres qui leur sont favorables (par exemple, pour la production « responsable »), ou fournir des données incomplètes. Ces lacunes se reflètent dans la qualité des données de l’entreprise.

Des ressources insuffisantes

Les données que nous avons recueillies montrent que, dans beaucoup d’entreprises, le service responsable de l’environnement ou du développement durable est très réduit, particulièrement dans le domaine de la production d’informations. Même dans les grandes entreprises, cette équipe est souvent trop petite par rapport aux tâches à accomplir. En effet, produire des informations environnementales est vu comme une dépense, qui a au mieux des effets bénéfiques sur la réputation, et non comme une source de profits.

Les équipes font le nécessaire pour respecter les exigences légales de divulgation environnementale. Néanmoins, pour d’autres activités importantes comme l’analyse approfondie des indicateurs environnementaux et leur utilisation stratégique afin d’améliorer la performance environnementale de l’entreprise, elles manquent de moyens. Ces activités sont donc accomplies partiellement, selon les ressources disponibles.

Les trois tensions mises en évidence en ouvrant la boîte noire de la production d’informations environnementales – concernant le périmètre, la collecte et le traitement, et les ressources allouées – soulèvent des questions sur la fiabilité des données publiées.

Mesurer les impacts des entreprises sur la nature est un processus complexe, en raison de contraintes scientifiques, techniques et économiques. La portée des exigences législatives environnementales reste limitée et certainement insuffisante pour traduire de manière fiable les impacts environnementaux des entreprises et faire face à l’urgence climatique.

La Conversation Canada

Mādālina Solcánu, PhD, CPA a reçu une bourse doctorale de l’Ordre des Comptables Professionnels du Québec. Elle est membre de cette organisation.

Samuel Sponem ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Mesure des impacts environnementaux: les entreprises polluent souvent plus qu’elles ne le disent – https://theconversation.com/mesure-des-impacts-environnementaux-les-entreprises-polluent-souvent-plus-quelles-ne-le-disent-267481

Chiffrer l’immigration ou écouter les personnes ? Le pouvoir des récits de vie

Source: The Conversation – in French – By Consuelo Vasquez, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Les débats sur l’immigration qui défraient les manchettes québécoises et internationales abordent fréquemment le sujet à travers les chiffres. Comme tout dossier politique, l’immigration soulève bien entendu des défis logistiques, mais aussi des réalités humaines. Considérant la prévalence d’une approche technique de la question migratoire, nous déplorons le peu de place accordée collectivement aux humains derrière les indices numériques, à leurs parcours, à leurs histoires.

Derrière ces chiffres se trouvent des trajectoires particulières, faites d’espoirs, de ruptures et d’ajustements. C’est ce que nous cherchons à mettre en lumière dans le projet de recherche Entraide dans les marges, à l’Université du Québec à Montréal, qui documente les formes d’entraide émergentes dans des contextes de précarité, comme celui associé à l’immigration.

Pour réintroduire l’humain dans un débat largement dominé par des considérations quantitatives et objectives, nous nous appuyons notamment sur la notion d’escrevivência, qui désigne un acte d’auto-narration politique permettant aux personnes marginalisées de raconter elles-mêmes leur expérience depuis les marges, et ainsi de se réinscrire dans l’histoire.

L’escrevivência se distingue à cet égard de l’autobiographie classique en ce qu’elle porte explicitement une visée politique et collective : elle émane toujours de personnes subalternisées, dont la prise de parole vise à transformer le regard social envers leurs communautés et à revendiquer une place dans l’espace public.

Escrevivência : réhumaniser par l’auto-narration

L’escrevivência, concept forgé par la romancière brésilienne Conceição Evaristo en 1996, désigne l’acte d’« écrire-vivre » : une écriture où la vie devient affirmation politique et production de savoirs. Ancrée dans les traditions afrodiasporiques, elle souligne la mémoire collective, la réappropriation des racines et l’identité communautaire.

Écrire, ici, c’est résister à la « désmémoire » que les récits de ceux en situation de pouvoir imposent lorsqu’ils parlent en notre nom, nous instrumentalisent, ou tout simplement ne parlent jamais de nous. L’écriture vient dans ce contexte transformer la douleur en force créatrice, l’oubli en volonté de se faire entendre.

Née dans les marges, l’escrevivência permet aux sujets historiquement réduits au silence – notamment les femmes noires – de passer de l’objectité à la subjectivité. Par l’auto-narration, elle reconstitue le lien entre corps, mémoire et parole, redonnant humanité à celles et ceux que l’histoire a souvent effacés ou condamnés.

L’écrivaine afro-brésilienne Conceição Evaristo est une figure importante de l’escrevivência. Dans son conte « O espelho opaco de Seni », écrit en portugais et publié en 2022, Evaristo relate l’histoire de Seni, une femme noire incapable d’apercevoir son reflet dans le miroir. Au terme du récit, devant les miroirs dorés de sa petite-fille, elle parvient enfin à se reconnaître avec une clarté ancestrale. En saisissant son propre reflet – celui d’une lignée de femmes noires longtemps déniées – elle transforme l’image en mémoire vivante. Ce geste d’auto-reconnaissance, partagé par sa petite-fille et toutes leurs ascendantes, reconstitue le lien entre corps, temps et parole : un passage de l’objectivité imposée à la subjectivité réaffirmée.

L’écrivaine Conceição Evaristo parle au micro
L’écrivaine Conceição Evaristo lors d’un débat au Festival Latinidades en 2013.
(Wikimedia | Fora do Eixo), CC BY

Dans le contexte migratoire, cette pratique acquiert une portée universelle : raconter devient un acte de guérison et d’émancipation. Les auto-narrations se présentent comme des discours minoritaires assumés, mais revendiquant la possibilité de pouvoir « parler en retour » afin de réinscrire tant l’histoire subjective que collective.

L’escrevivência devient ainsi un geste collectif de reconstruction, un espace pour recréer le monde depuis les marges.


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« Je ne veux pas être traitée comme un numéro » – L’expérience de Cecilia

Parmi les récits oraux recueillis dans le cadre de notre projet Entraide dans les marges, celui de Cecilia (un pseudonyme), arrivée du Mexique il y a deux ans, illustre la portée de l’escrevivência dans le contexte migratoire.

Enseignante de mathématiques dans son pays, mère d’un jeune enfant, elle amorce au Québec une recherche d’emploi qui la confronte à de multiples obstacles linguistiques et administratifs. Elle raconte qu’un premier organisme d’aide lui aurait conseillé, allant à l’encontre des principes interculturalistes québécois, « d’oublier tout ce qu’elle savait », comme si son expérience, sa formation et son identité professionnelle n’avaient plus aucune valeur ici. « Une claque dans la figure », dira-t-elle plus tard

Heureusement, son parcours ne s’arrête pas à cette blessure. Une intervenante, elle-même migrante, puis un enseignant de français dans un centre communautaire – devenu depuis un ami proche – l’ont accueillie et soutenue. Lors de ces rencontres, dit-elle, j’ai été « traitée comme une personne, pas comme un numéro ». Peu à peu, elle reconstruit sa confiance et redéfinit sa trajectoire professionnelle. Aujourd’hui, elle travaille au sein d’un organisme communautaire, où elle accompagne des travailleurs internationaux temporaires en les informant de leurs droits et des ressources disponibles.

Pour Cecilia, raconter son histoire l’a amenée à réaliser que « le problème n’était pas en moi, mais en fait dans le regard des autres ». À son tour, elle souhaite soutenir d’autres femmes migrantes pour leur éviter, si possible, de traverser seules les mêmes épreuves.

Des initiatives inspirantes

D’autres initiatives s’inscrivent dans cette volonté de donner place aux autonarrations des personnes migrantes et réfugiées. C’est le cas de Jade Bédard et de Kristina Bastien, fondatrices de l’OBNL Histoires d’Espoir avec lequel nous collaborons dans le cadre du projet Entraide dans les marges. Par la diffusion de récits de personnes ayant immigré au Québec, elles offrent un espace d’expression où se croisent résilience, courage et espoir. Ces témoignages visent à rejoindre d’autres personnes ayant un vécu semblable tout en sensibilisant la société d’accueil à la pluralité des trajectoires.

De la même manière, Paul Tom, réalisateur du documentaire Bagages, avec qui nous collaborons aussi, explore le pouvoir de la narration collective à travers le récit de jeunes nouvellement arrivés au Québec. Provenant de pays aussi divers que le Brésil, la Chine, l’Ukraine, la Colombie, ces jeunes racontent leurs parcours migratoires et leur intégration via des ateliers d’art dramatique.

Ces deux initiatives, parmi tant d’autres, nous rappellent qu’au-delà des chiffres et des slogans, les histoires vécues, fragiles, puissantes et multiples, comptent également, et qu’elles ont le pouvoir de tisser des liens et de transformer les imaginaires.

La Conversation Canada

Le projet Entraide dans les marges est financé par le Conseil de recherche en sciences humaines du Canada (CRSH).

Camila Goytisolo De Sainz et Hoang Kham NGUYEN ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Chiffrer l’immigration ou écouter les personnes ? Le pouvoir des récits de vie – https://theconversation.com/chiffrer-limmigration-ou-ecouter-les-personnes-le-pouvoir-des-recits-de-vie-267697