El debate sobre si usar o no sustancias psicodélicas para evitar que perros y otros animales sufran

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Alberto Henríquez Hernández, Profesor de Toxicología. Departamento de Ciencias Clínicas, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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Para considerar que un animal terrestre goza de bienestar se deben cumplir cinco requisitos: estar libre de hambre, sed y desnutrición; libre de temor y angustia; libre de molestias físicas y térmicas; libre de dolor, lesiones y enfermedades; y libre para expresar comportamientos propios de su especie.

Son las cinco libertades esenciales establecidas por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) en 1965, que desde entonces ha seguido trabajando para garantizar el bienestar animal, una cuestión que abarca dimensiones científicas, éticas, económicas, culturales, sociales, religiosas y políticas.

En España, la reciente entrada en vigor de la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, ha puesto en el debate público y político esa cuestión.

El sufrimiento animal es más complejo de lo que parece

Durante décadas, el bienestar animal se ha evaluado a través de indicadores fisiológicos y conductuales, como la frecuencia cardíaca, los niveles de cortisol o la presencia de comportamientos estereotipados. Sin embargo, la ciencia del comportamiento ha demostrado que el sufrimiento emocional en los animales es real y se explica por múltiples factores. Este es el caso de perros que viven largos periodos en refugios y que pueden desarrollar trastornos compatibles con la ansiedad generalizada o la depresión, condiciones que afectan gravemente su calidad de vida y dificultan su adopción.

No obstante, el sufrimiento animal puede estar presente de forma cotidiana, afectando no solo al animal sino también a sus dueños. Este es el caso de los problemas de comportamiento relacionados con la separación, que se estima afecta al 14-20 % de los perros. Los animales con ansiedad por separación suelen mostrar vocalización excesiva, conductas destructivas y eliminación inadecuada en ausencia del dueño. Pueden salivar, jadear, vomitar o dejar de comer. Al regresar el dueño, buscan contacto constante. Esto afecta gravemente a su bienestar y puede llevar al abandono o cambio de hogar de la mascota.

El tratamiento de la ansiedad por separación suele ser complejo y prolongado, ya que requiere la educación del propietario, modificaciones en el entorno y terapia conductual para el animal. Los tratamientos farmacológicos convencionales, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), no siempre son efectivos, y a menudo requieren semanas para hacer efecto. Aquí es donde los psicodélicos podrían ofrecer una alternativa terapéutica disruptiva.

¿Qué sabemos sobre los efectos de los psicodélicos en animales?

En los últimos años, las sustancias psicodélicas han despertado un renovado interés en el ámbito de la salud mental humana. Estudios clínicos rigurosos respaldan su uso potencial en el tratamiento de la depresión resistente, la ansiedad o el trastorno de estrés postraumático. Pero ¿podrían los psicodélicos jugar algún papel en el bienestar de los animales?

La hipótesis es plausible: teniendo los animales mecanismos neuroquímicos similares a los humanos, estas sustancias podrían también ejercer un efecto terapéutico en ellos. Históricamente, los estudios con animales han sido clave para comprender los mecanismos neurobiológicos de sustancias psicodélicas como la psilocibina, la DMT o la LSD, pero nunca se han realizado estudios con un enfoque de bienestar.

Sin embargo, estudios preliminares y observacionales sugieren que pequeñas dosis de ciertos psicodélicos, administrados de forma periódica, podrían modular la ansiedad en cánidos sin inducir efectos psicoactivos ni alucinógenos. Así, perros con trastornos de ansiedad severos tratados con microdosis de 1cP-LSD (un análogo legal de la LSD) parecen mejorar la regulación emocional, especialmente cuando el contexto social (vínculo con el cuidador) también es favorable.

Reconocer la vida mental compleja de los animales

Cualquier aproximación psicodélica en animales plantea dilemas éticos considerables. ¿Es lícito alterar el estado de conciencia de un animal, incluso con fines terapéuticos? ¿Cómo evaluar si una experiencia psicodélica es subjetivamente beneficiosa en una especie que no puede comunicar verbalmente? Para abordar estas preguntas, se requiere una ciencia rigurosa, pero también una filosofía del bienestar que reconozca la vida mental compleja de los animales y acepte que pueden tener experiencias internas ricas y susceptibles de ser moduladas.

¿Lograrían estas sustancias promover comportamientos exploratorios, juego o resolución creativa de problemas, como ocurre en humanos?

El bienestar también implica experiencias positivas

Podríamos estar ante un cambio de paradigma. Si reconocemos que los animales poseen estados mentales complejos y que su bienestar implica además experiencias positivas, es necesario explorar herramientas éticas y seguras para mejorar su vida. Esto requiere evidencia científica sólida, revisión ética y conocimiento profundo del comportamiento y consciencia animal.

Tal vez ha llegado el momento de ir más allá de las cinco libertades y considerar la riqueza de la experiencia consciente como parte del bienestar animal. En ese contexto, los psicodélicos podrían tener un papel relevante.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El debate sobre si usar o no sustancias psicodélicas para evitar que perros y otros animales sufran – https://theconversation.com/el-debate-sobre-si-usar-o-no-sustancias-psicodelicas-para-evitar-que-perros-y-otros-animales-sufran-262541

Cuando el cerebro hace una pausa: así son las epilepsias de ausencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emilio Verche, Profesor de Psicobiología, Universidad Complutense de Madrid

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Lucía es una niña de 7 años de la que su maestra se queja porque está siempre muy despistada. Le pregunta sobre lo que acaba de decir y la ve con la mirada perdida, tarda en contestar. En casa, la familia comenta que a veces también la nota ensimismada y algo despistada. Están preocupados porque ven que su rendimiento académico ha disminuido y no saben si está teniendo problemas de déficit de atención.

Aunque Lucía parece atender, a veces se hace evidente que se pierde en lo que sucede, como si se quedara prendada en sus propios pensamientos. Cuando sus padres o su profesora le preguntan, la niña no sabe bien cómo explicar qué le sucede: “No me pasa nada, solo me he perdido”.

Cuando pensamos en epilepsia nos viene a la cabeza la típica imagen de una persona que está tendida en el suelo, con el cuerpo rígido y convulsiones. Sin embargo, esto es solo un tipo de crisis epiléptica (llamada “tónico-clónica”). Las de Lucía, que también son epilépticas, se llaman “crisis de ausencia”. En este caso, el principal componente no es motor, sino esa pérdida temporal de la conciencia, esa desconexión que no afecta al resto del cuerpo. La persona parece que tiene la mirada en el vacío.

Las crisis de ausencia, anteriormente conocidas como petit mal, son episodios breves de pérdida de conciencia que suelen manifestarse en la infancia. Aunque durante mucho tiempo se consideraron benignas, las investigaciones han revelado que pueden tener implicaciones significativas en el desarrollo cognitivo, lingüístico y emocional de quienes las padecen.

No solo implican esa desconexión del medio, también pueden provocar el movimiento sutil de los párpados y de la boca, los llamados “automatismos orales”. La presencia de esos signos ayudó en el diagnóstico de Lucía.

En todo caso, los episodios son de corta duración (entre 8 y 10 segundos) y pueden repetirse a lo largo del día, en ocasiones hasta más de 100 veces. Este tipo de crisis suelen aparecen en epilepsias infantiles entre los 4 y 10 años de edad.

El reto del diagnóstico

Los niños y niñas con crisis de ausencia no tienen un defecto visible en su cerebro, aunque sí presentan un patrón de actividad eléctrica de las neuronas diferente al normal durante la crisis.

Diagnosticar las epilepsias de ausencia puede ser un desafío. Muchas veces los padres y maestros piensan que el niño simplemente es distraído o que tiene problemas de atención. Sin embargo, un electroencefalograma (EEG) revela un patrón inconfundible que facilita la detección de esta enfermedad.

Aunque las características de las crisis de ausencia son bastante similares entre los pacientes, existen síndromes específicos y diferenciados. Los dos más importantes son la epilepsia de ausencia infantil y la juvenil. La principal diferencia está en la edad de aparición: la primera suele comenzar entre los 6 y 7 años, mientras que la segunda tiene su pico inicial alrededor de los 12.

La epilepsia de ausencia infantil es considerada el síndrome epiléptico pediátrico más frecuente: representa entre el 10 y el 17 % de los casos de epilepsia en niños. Además, afecta más a niñas que a niños. En general, los afectados responden bien al tratamiento con fármacos, y aproximadamente más de tres cuartas partes alcanzan una remisión completa.

En cuanto a la epilepsia de ausencia juvenil, esta presenta ausencias de mayor duración, pero con un impacto algo menor sobre la conciencia. Sin embargo, en estos pacientes es común la aparición adicional de crisis tónico-clónicas, reportadas en casi la mitad de los casos. Además, la probabilidad de que los síntomas de epilepsia de ausencia juvenil persistan hasta la adultez es mayor que en el caso de la infantil.

No se debe confundir con el TDAH

Es fundamental distinguir las crisis de ausencia de otras alteraciones no epilépticas, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ya que requieren un manejo diferente.

Como le pasaba a la protagonista de este artículo, las manifestaciones de ambos trastornos se pueden confundir, lo que retrasa el diagnóstico. En cambio, es muy común que la epilepsia de ausencia infantil y juvenil esté asociada con trastornos del aprendizaje y con síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad.

Adicionalmente, existe una mayor probabilidad de diagnóstico de depresión o ansiedad en pacientes con crisis de ausencia. Esto puede ser debido a que están alterados los mismos sistemas de neurotransmisores, tanto en las crisis de ausencia como en la depresión.

Por otra parte, actividades cotidianas como montar en bicicleta o nadar pueden convertirse en un riesgo si no hay supervisión adecuada. Por eso, los expertos insisten en la necesidad de informar a las familias, a los maestros y a los propios niños sobre qué son estas crisis y cómo manejarlas.

La importancia de luchar contra el estigma

Para finalizar, y más allá de la parte médica, es importante hablar del impacto cognitivo, emocional y social. Un niño que sufre varias crisis al día puede tener problemas de rendimiento académico, dificultad para seguir el ritmo de la clase y, en algunos casos, desarrollar ansiedad y baja autoestima.

Estos problemas se ven influidos por el estigma asociado a la epilepsia, con falsas creencias que provocan el aislamiento de estos niños.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando el cerebro hace una pausa: así son las epilepsias de ausencia – https://theconversation.com/cuando-el-cerebro-hace-una-pausa-asi-son-las-epilepsias-de-ausencia-253802

Masa madre casera para hacer pan con fundamento científico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Belén Floriano, Profesora titular, Área de Microbiología, Universidad Pablo de Olavide

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El consumo de pan de masa madre está de moda. Solo hay que ver el incremento de panaderías y puntos de venta de pan que lo usan como reclamo. Los consumidores lo identifican como un pan de más calidad y más saludable. Pero ¿es realmente cierto?

Aunque aún faltan más estudios rigurosos y comparables, las investigaciones llevadas a cabo indican que, en general, un pan de masa madre es más digerible, provoca menos picos de insulina en sangre, contiene menos productos perjudiciales (ácido fítico, acrilamida, gluten o FODMAPs causantes de molestias intestinales), es más saciante, dura más tiempo, es más crujiente y tiene mejor sabor. ¿Y de qué depende todo esto? Pues, además del uso de unas buenas técnicas panaderas utilizando harinas integrales de calidad y de una fermentación prolongada en el tiempo, tiene que ver con la comunidad microbiana que se desarrolla en la masa madre.

A diferencia de los panes industriales, para cuya fabricación se mezcla harina y agua con levadura panadera industrial y se deja fermentar el menor tiempo posible antes de su horneado, en el caso de los panes de masa madre de cultivo, la levadura se sustituye, total o parcialmente, por la mezcla de microorganismos vivos presentes en la masa madre a los que se les da el tiempo suficiente para que se multipliquen y hagan su función.

Los genios del pan: levaduras, bacterias lácticas y bacterias acéticas en armonía

Obtener una masa madre de cultivo de manera casera no es difícil: mezclamos harina y agua, la dejamos en un lugar templado y la alimentamos diariamente hasta que sea capaz de doblar su volumen y se haya acidificado. Es la que se conoce como masa madre tipo I.

¿Qué ha ocurrido durante este proceso? Se ha permitido que los microorganismos presentes en la harina, en el agua, en las manos y/o en el ambiente, se multipliquen y se impongan en esa mezcla los que se han adaptado mejor. Dichos microorganismos son levaduras, bacterias lácticas y, en menor cantidad, bacterias acéticas que contribuyen a dar al pan de masa madre sus características principales. Estos microorganismos pueden considerarse seguros (QPS según la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea, EFSA) ya que nos han ayudado a hacer pan desde hace miles de años.

La levadura más encontrada en las masas madre es Saccharomyces cerevisiae, aunque para el pan se usan cepas diferentes a las que ayudan a producir el vino o la cerveza y a las comerciales que se utilizan para la panificación industrial. No obstante, existen también levaduras no convencionales como Kazachstania exigua o Kazachstania humilis adaptadas a este ambiente. Llevan a cabo la fermentación alcohólica, convirtiendo los azúcares de la harina en dióxido de carbono, gas que hace que la masa se eleve, y etanol, que se evapora durante el horneado.

La bacteria láctica más asociada a masas madre es Fructilactobacillus sanfranciscensis (antes llamada Lactobacillus sanfranciscensis), aunque otras como Lactiplantibacillus plantarum, Companilactobacillus crustorum o Limosilactobacillus fermentum también son comunes. Llevan a cabo la fermentación láctica, convirtiendo los azúcares de la harina en ácido láctico y ácido acético (responsables de la acidez de la masa), dióxido de carbono y etanol. En menor cantidad se encuentran bacterias acéticas de los géneros Acetobacter y/o Gluconobacter, que consumen el etanol y la glucosa produciendo ácido acético y ácido glucónico, respectivamente.

Relaciones estrechas que dan sabor

La asociación de estos tres grupos de microorganismos en la masa madre se consigue gracias a las relaciones que se establecen entre ellos y que llevan a que se impongan las combinaciones formadas por individuos que resisten un ambiente ácido, no compiten por los sustratos para multiplicarse o que se aportan nutrientes entre sí.

Otros elementos como el tipo y calidad de la harina, el agua, la temperatura y el ambiente también juegan un papel esencial. Todo ello contribuye a la gran diversidad de las masas madre panaderas.

Cuidando a nuestras “mascotas” microscópicas

A nivel casero, si hemos tenido la suficiente paciencia y constancia, habremos obtenido una masa madre robusta y lista para usarse para hacer pan. Si no la utilizamos toda, tendremos que decidir cómo conservarla.

La opción más sencilla es mantenerla en el frigorífico a 4 ºC. La baja temperatura disminuye la actividad de los microorganismos, pero les afecta de manera diferente según su tolerancia al frío.

Otra posibilidad es su congelación a -20 ºC. Así podremos mantenerla más tiempo, aunque la viabilidad de las levaduras será menor. En ambos casos, antes de utilizar la masa como ingrediente para hacer pan, tendremos que asegurarnos de que los microorganismos se encuentran en buen estado dándoles varios ciclos de “alimentado” y comprobando que son capaces de hacer subir la masa y acidificarla.

Las panaderías que tienen su propia masa madre de tipo I suelen alimentarla diariamente para usarla en la fabricación de pan, pero también pueden conservarla usando los métodos anteriores.

Otra opción es comprar la masa madre a empresas especializadas que han desarrollado formatos más duraderos y manejables para conservarla y distribuirla. El método de conservación más común es la liofilización de la masa madre que, convertida en polvo, se puede conservar a temperatura ambiente durante años. En este formato, la masa madre (denominada de tipo III) se comercializa como inactiva y, aunque su adición como ingrediente para hacer pan le proporciona acidez, aromas y sabores diferentes a los del pan fabricado solo con levadura panadera, no aporta las ventajas de la acción del metabolismo de los microorganismos vivos sobre la masa de pan.

Ganadería microbiana

La obtención de masa madre es un tipo de ganadería, pero a nivel microscópico, en la que conseguimos multiplicar los microorganismos para utilizarlos posteriormente, tal y como ocurre en la elaboración de otros alimentos fermentados como yogur, queso, aceitunas, jamón, embutidos, vino, cerveza. En todos ellos, la comunidad microbiana también es esencial.

En el caso de la masa madre, nos beneficiamos tanto de lo que saben hacer (levantar la masa de pan) como de los metabolitos que degradan (gluten, ácido fítico, otras proteínas, azúcares, etc.) y producen (vitaminas, ácidos, aminoácidos, antifúngicos, etc.) para conseguir un alimento nutritivo y saludable y que se conserva mejor sin necesidad de aditivos. Consumir este pan supone tener en casa o en la panadería un “laboratorio” natural y vivo de microorganismos no patógenos que pueden acompañarnos toda la vida.

La utilización de masa madre para la fabricación de pan también se asocia al valor de la manufactura artesana y tradicional, que da el tiempo necesario e imprescindible para la obtención de un producto de calidad, y que suele usar productos de cercanía y bajo impacto ambiental.

En definitiva, la masa madre panadera es un ejemplo más del papel esencial que los microorganismos tienen en nuestra vida.

The Conversation

Belén Floriano recibe fondos de programas públicos de financiación de la investigación para sufragar su actividad científica.

Andrés Garzón Villar recibe fondos de programas públicos de financiación de la investigación para financiar su actividad científica.

ref. Masa madre casera para hacer pan con fundamento científico – https://theconversation.com/masa-madre-casera-para-hacer-pan-con-fundamento-cientifico-264712

L’interdiction des téléphones portables dans les écoles ne résoudra pas les enjeux liés à l’utilisation des technologies par les familles

Source: The Conversation – in French – By Alex Baudet, Assistant professor in Marketing, Université Laval

Depuis septembre, les élèves du primaire et du secondaire à travers le Québec doivent s’adapter à une nouvelle règle importante : l’interdiction complète du cellulaire à l’école. Ce débat, bien qu’il domine les conversations entourant la rentrée scolaire, n’est pas nouveau, ni spécifique au Québec.

Les inquiétudes des parents vis-à-vis de l’utilisation des technologies par leurs enfants ne cessent de grandir, alimentées notamment par les histoires de suicides d’ados après des échanges avec ChatGPT ou encore les accusations d’exploitation d’enfants sur Roblox. Les gouvernements, un peu partout dans le monde, réagissent à ces craintes concernant l’impact des technologies numériques sur les jeunes en mettant en place des interdictions.

En tant que chercheurs des usages numériques au quotidien, nous soutenons qu’une interdiction, à elle seule, passe à côté d’un enjeu crucial pour les familles. Car une fois de retour à la maison, ce sont les parents qui se retrouvent à gérer seuls l’usage des écrans. Et puisque la majorité des activités en ligne échappent à leur regard, établir des règles claires — et maintenir un dialogue ouvert — devient un véritable défi.




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Le besoin de littératie numérique pour les parents

Selon l’Observatoire de la parentalité et de l’éducation numérique, un organisme de recherche français, 53 % des parents estiment manquer de soutien en matière d’éducation numérique de leurs enfants.

Notre recherche démontre que le problème ne se limite pas au temps d’écran. C’est aussi l’invisibilité des activités des jeunes qui alimente les tensions à la maison.

Par exemple, un adolescent que nous avons interviewé utilisait les jeux vidéo pour rester en contact avec ses amis. Sa mère, elle, y voyait une manière de s’isoler. Une discussion aurait pu apaiser la situation, mais le stigma entourant le jeu vidéo a compliqué les choses.

Ces différences de perception creusent encore plus le fossé numérique entre les parents et leurs enfants.

Penser au-delà du temps d’écran

Le temps passé devant un écran, en soi, ne dit pas grand-chose sur ce que les jeunes font réellement en ligne. Certaines études montrent qu’un usage modéré — environ une heure par jour — est lié à un taux plus bas de dépression, et que les plateformes numériques peuvent même favoriser des amitiés plus diverses et inclusives que dans la « vraie vie ». Bref, tout est dans le contexte : ce que les jeunes font, avec qui et dans quelles conditions.

Dans notre recherche, c’est à travers le contexte des jeux vidéo, que nous avons cherché à mieux comprendre comment les familles vivent la technologie à la maison.

Nous avons constaté que les inquiétudes parentales ne portent pas seulement sur le jeu lui-même — souvent vu comme isolant ou improductif — mais aussi sur la façon dont il bouscule les routines familiales. Un exemple probant serait celui d’un enfant qui refuse de quitter sa partie pour venir souper. Comme ces technologies sont conçues pour capter et retenir l’attention, leur effet sur la dynamique familiale est trop souvent ignoré.

Le défi de l’invisibilité

Ces tensions sont amplifiées par la partie invisible des activités en ligne. Voir un jeune devant un écran ne raconte pas toute l’histoire : est-il en train de socialiser avec ses amis, d’argumenter avec des inconnus ou de faire face à des propos nocifs ?

Cette opacité complique sérieusement les négociations à l’intérieur des foyers. Bien que les parents imposent des règles — « une heure de jeu », « pas de cellulaire après 21 h » — ces limites peuvent paraître arbitraires et injustes aux yeux des ados, si elles sont mises en place sans comprendre les dynamiques propres au numérique.

Dans notre étude, plusieurs jeunes décrivaient le même dilemme. D’un côté, quitter une partie en plein milieu signifiait s’exposer à des pénalités — souvent sous la forme d’un ban temporaire — et laisser tomber leurs coéquipiers. D’un autre, rester en ligne les mettait en porte-à-faux avec les attentes familiales, comme venir souper. Résultat : les parents se sentent défiés, les enfants incompris.

Pourquoi les interdictions ne suffisent pas

Au niveau des politiques publiques, interdire les appareils en classe peut réduire les distractions. Mais cela aide peu les familles à encadrer l’usage des écrans à la maison, où les tensions réapparaissent rapidement.

L’expérience internationale montre d’ailleurs que ces interdictions ne règlent pas les problèmes de fond.

En Australie, par exemple, où plusieurs États restreignent l’usage du cellulaire à l’école, des chercheurs rappellent que ces mesures ne devraient pas remplacer des efforts plus larges en littératie numérique.

Miser sur la littératie et le dialogue

Si nous voulons vraiment soutenir les familles, il faut mieux comprendre ce qui se passe derrière l’écran. Cela signifie aider les parents à poser les bonnes questions, à saisir le contexte d’utilisation et à négocier des règles justes.

Les téléphones et les consoles sont souvent perçus comme des objets « personnels », ce qui laisse les parents à l’écart de ce qui s’y passe réellement. Le dialogue est essentiel, mais il doit être soutenu par des ressources adaptées.

Au Québec, par exemple, Vidéotron s’est associé au CIEL pour offrir des outils qui aident les familles à discuter et à mieux encadrer l’usage du téléphone.

Dans notre recherche auprès de joueurs compétitifs, nous avons vu que ce type d’initiatives illustre bien le rôle que peuvent jouer les intermédiaires : agir comme des coachs, capables d’accompagner jeunes et parents vers des pratiques numériques plus saines et équilibrées. Plutôt que de laisser les familles se débrouiller seules, ou de miser uniquement sur les interdictions à l’école, ces soutiens structurés rendent plus tangible ce qui reste souvent invisible derrière l’écran.

Il faut aussi rappeler que l’usage du numérique est rarement solitaire. Un enfant qui joue est connecté à ses amis. Un ado qui scroll sur les réseaux sociaux navigue à travers des pressions sociales bien réelles.

Reconnaître ces liens permet aux parents de dépasser la logique des simples limites de temps d’écran pour aborder des questions plus profondes : la sécurité, l’équilibre, le bien-être.

Nos recherches montrent que lorsque les familles réussissent à parler ouvertement de la réalité en ligne, même si les parents ne comprennent pas tous les détails des plates-formes, les tensions diminuent. Les règles deviennent alors plus faciles à accepter et à respecter.

Et après ?

La technologie évoluera toujours plus vite que les politiques publiques. Les interdictions peuvent offrir un répit temporaire, mais elles ne remplacent pas le dialogue, la littératie numérique et la patience des familles au quotidien.

En ce début d’année scolaire, la véritable question n’est pas seulement de savoir si les cellulaires ont leur place en classe, mais plutôt de trouver des moyens concrets d’appuyer les familles dans un univers numérique où une grande partie de la réalité reste invisible.

La Conversation Canada

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. L’interdiction des téléphones portables dans les écoles ne résoudra pas les enjeux liés à l’utilisation des technologies par les familles – https://theconversation.com/linterdiction-des-telephones-portables-dans-les-ecoles-ne-resoudra-pas-les-enjeux-lies-a-lutilisation-des-technologies-par-les-familles-264935

Governments, universities and non-profits must work together to safeguard Canada’s lakes and rivers

Source: The Conversation – Canada – By David Barrett, Research Associate, Aquatic Science, Faculty of Science, University of Calgary

Recent reports of proposed federal government spending cuts to water monitoring and research strike a particularly ominous note for Canada’s Prairies.

The government is considering significant reductions to programs, specifically within the Canada Water Agency, that could severely impact the science and research capabilities of federal government scientists.

The federal government has a history of successfully applying water research in the Prairies through programs like the Prairie Farm Rehabilitation Administration, the Watershed Evaluation of Beneficial Management Practices and the National Freshwater Science Agenda led by the Canada Water Agency.

However, federally led research initiatives may be at risk if funding is cut. This fiscal uncertainty comes at a particularly challenging time.

Semi-arid regions in Western Canada, such as the Prairies, are already facing changing mountain seasonal snowpack and ice conditions, increasing droughts and floods, and shifting growing seasons.

Uncertainties related to water availability and quality affect the livelihoods of many as well as the sustainability of ecosystems. They can also impact the agriculture industry that contributes more than $3 billion annually to Alberta’s GDP alone.

While sustained federal investment remains crucial, the path forward requires a nimbler, collaborative and applied research model. Universities, research and advocacy organizations and non-profit groups should work co-operatively and strategically to leverage their respective expertise and resources.

The Prairie reality: drought and deluge

a river flows through a green rocky area
The Milk River flows through Writing-on-Stone Provincial Park in southern Alberta in May 2024.
(David Barrett)

The hydroclimatic conditions in the Prairies have always been about extremes, and this variability is likely to increase with climate change.

Though a wet spring and early summer have helped address previous long-term drought conditions in southern Alberta, northern areas in the province such as Greenview and Grand Prairie have had to grapple with drought conditions.

This paradox of scarcity and surplus creates a massive management challenge. How do provinces store enough water from a brief, intense spring melt to last through a long, dry summer? How do farmers adapt their practices to this increased variability? Are the existing forecast models adequate to make informed decisions?

Answering these questions requires consistent, credible data and innovative research that could potentially be at risk with the proposed funding cuts. Without relevant and timely data, water managers, researchers and agricultural producers are flying blind.

In Alberta, the government has undertaken initiatives and investments such as large-scale irrigation expansion projects and broader community engagement to better prepare the province for future water availability risks. These initiatives rely on foundational work done under a suite of funding programs.

Diversifying research support

Facing the dual challenge of diminishing funding and increasing climate risks, the Prairies must build a more resilient research ecosystem by diversifying funding and expertise across three interconnected pillars.

Prairie universities are powerhouses of fundamental and policy-relevant research. Initiatives include the United Nations University Hub at the University of Calgary, the University of Saskatchewan’s Global Institute for Water Security and the Climate-Smart Agriculture and Food Systems Initiative at the University of Lethbridge.

These university-led initiatives play a key role in developing the scientific understanding to mitigate and adapt to a changing climate and develop new technologies and science-informed solutions.

Considering fiscal uncertainty, these institutions must increasingly pursue targeted, policy-driven, partnered research initiatives with governments and agricultural stakeholders, creating a more stable funding foundation for essential work that federal programs alone may no longer support.

Collaboration with universities can significantly leverage research funding and expertise while also helping bridge the prevalent gap between scientific research and policymaking.

Organizations like Results Driven Agricultural Research and farmer-led research and advocacy groups enable on-the-ground testing of lab-generated solutions. Their strength lies in working directly with farmers.

They also are nimble and adaptive, enabling them to respond to emerging priorities and identify emerging policy and research opportunities. This sector is critical for testing, evaluation and adoption.

Alberta Innovates operates on a similar mandate: to strengthen the pipeline from university labs to applied research hubs and ensure innovations make it to the field.

Organizations like Alberta’s Watershed Planning and Advisory Councils and farming Smarter Association are also critical to this three-pronged approach.

They engage directly with landowners, facilitate stewardship programs, undertake local water quality monitoring and act as trusted brokers between competing water users. Their grassroots nature makes them ideal partners for universities and governments seeking to apply research where it matters most.

The way forward

Relying on any single source of research funding for a resource as critical as water is a strategic vulnerability. By fostering a diversified and integrated model that leverages the distinct strengths of academia, applied agriculture and community stewardship, the Prairie provinces can build research resiliency.

By building a collaborative research network focused on the semi-arid regions of Western Canada, there is an opportunity to continue pursuing applied research objectives that answer emerging policy and management concerns.

This approach won’t replace the need for strong federal leadership and investment. But it can create a robust network capable of weathering fiscal and climatic storms. The Prairies must come together to protect our most critical resource — the water that defines our landscape, economy and future.

The Conversation

David Barrett is currently running as a councillor candidate in Calgary’s 2025 municipal election. He has previously received funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada, the Government of Alberta and the City of Calgary.

Frederick John Wrona receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada, the University of Calgary Svare Research Chair endowment and Environment and Climate Change Canada.

Juhi Huda works for the Simpson Centre for Food and Agricultural Policy at the University of Calgary which receives funding from the Government of Alberta and the Bank of Montreal.

ref. Governments, universities and non-profits must work together to safeguard Canada’s lakes and rivers – https://theconversation.com/governments-universities-and-non-profits-must-work-together-to-safeguard-canadas-lakes-and-rivers-265368

Pet guardians are increasingly worried about the mental health of their dogs and cats

Source: The Conversation – Canada – By Renata Roma, Researcher Associate – Pawsitive Connections Lab, University of Saskatchewan

The human-animal bond is evolving, and there is a need to further explore people’s concerns towards their pets (Unsplash/Manuel Meza)

When it comes to caring for pets, some people worry most about physical health, while others are more concerned about financing potential health problems. But what stands out in a recent survey is that many pet guardians are especially focused on their pets’ emotional well-being, with separation anxiety at the top of the list.

The survey involved 600 pet guardians in the United States. Its results align with recent research highlighting shifts in the ways pets are perceived.

As a researcher who specializes in understanding the impact of the human-animal bond on people’s mental health, I am particularly interested in what these findings reveal about how people’s relationships with their pets shape both human well-being and animals’ welfare.

Paying closer attention to pet guardians’ concerns can help us examine how people’s and pets’ well-being are intertwined. It may also inspire policies more sensitive to the realities of pet guardians, supporting both animals and people.

A woman with two fluffy cats
In recent years, some studies have highlighted pet guardians’ growing concerns about pets’ mental health.
(Unsplash/Tran Mau Tri Tam)

The impact of the COVID-19 pandemic

In recent years, some studies have highlighted pet guardians’ growing concerns about pets’ mental health. For example, in one study with almost 45,000 pet guardians, 99 per cent of them described moderate or severe behavioural problems in their dogs, with attachment issues or separation anxiety as the most prevalent issue.

Another study suggests that COVID-19 lockdowns were detrimental to the mental health of some pets, particularly for those who already had symptoms of separation anxiety. During the pandemic, most people spent more time with their dogs, which might have strengthened the bond in some respects, but it also reduced pets’ privacy and safe spaces, which are essential for their emotional regulation.

Many people also decreased dog walks, and in homes with only one pet, these animals no longer had opportunities to socialize with other pets. Also, when pet guardians returned to their regular routines once lockdowns were lifted, the change was a trigger for some pets, and not only for dogs with a history of anxiety-related problems. When animals started to stay home alone again, some had difficulties coping with separation.

Another survey suggests that anxiety has increased significantly in dogs and cats since the pandemic, including fears of strangers, anxiety related to other pets and separation anxiety.

Taken together, these findings highlight the significant impact of the pandemic on pets’ behavioural issues, showing that these changes might have affected pets more than people realized.

Interconnections between people’s and pets’ mental health

While these problems in pets are indeed relevant, it is worth examining why they matter so profoundly for pet guardians, as these concerns may reveal something about the evolving role of the human-animal bond.

A man outdoors hugging a golden retriever
Concerns about pets’ mental wellness may reveal something about the evolving role of the human-animal bond.
(Unsplash/Eric Ward)

There is evidence that people’s vulnerability to emotional stress may have increased in recent years along with increased rates of anxiety, depression and a sense of loneliness.

Looking further, the stigma around mental health issues is decreasing, and people are gradually becoming less uneasy about acknowledging and talking about their emotional struggles.

Poorer mental health in guardians may be associated with more behavioural issues in pets. It is possible that a greater sensitization to mental health issues, combined with a stronger perception of pets as family members and a broader trend toward their humanization, is impacting pet guardians’ concerns about their pets.

Additionally, some studies have shown an association between elevated anxiety in pet guardians and increased fears and anxiety-related behaviours in pets. In this context, these findings might reflect broader changes in how pets are perceived, while also mirroring society’s increasing attention to mental health issues and the interplay between human and pet behaviours.

People’s concerns with pet’s behavioural and emotional problems may also reflect their synchrony with companion animals at a different level. More specifically, the fact that these anxiety-related problems are taken seriously by pet guardians, shows a growing acknowledgement of pets’ emotional needs.

At the same time, many people are willing to seek specialized help, including training, hotels and pet boarding services, which are expanding markets.

Some people have even left their jobs for reasons related to their pets, and 60 per cent would consider doing the same if their job conflicted with their pet-care needs, which may reflect people’s growing motivation to ensure their pets’ well-being.

This finding is aligned with studies showing that the implementation of pet-friendly policies can enhance employees’ well-being and work engagement.

Broader implications for human and animal well-being

A black cat reaching a paw out towards the hand of a person out of frame.
some studies have shown an association between elevated anxiety in pet guardians and increased fears and anxiety-related behaviours in pets.
(Unsplash/Humberto Arellano)

The human-animal bond is evolving, and there is a need to further explore people’s concerns towards their pets. It is also essential to examine how these concerns may be connected with broader issues of pet guardians and their pets, such as attachment, daily routines and shared well-being.

As outlined in past studies, the relationship with pets may have ups and downs, and sometimes may be a source of stress, which in turn may have negative impacts on the quality of the relationship.

In this regard, chronic stress, along with feelings of insecurity in managing pets’ behavioural issues, may contribute to emotional overload and increased anxiety in pet guardians. Similarly, not responding adequately to pets’ needs can negatively affect their overall welfare.

A deeper understanding of the nature and impacts of pet guardians’ concerns may inform policies designed to support this population. Importantly, recognizing and addressing these concerns is, above all, a way of valuing the pets themselves and the significance of the bond people share with them.

This approach may also support people’s mental health, who may already be exposed to several stressors. In this sense, paying closer attention to pets’ needs may be an essential investment in human mental health and well-being.

The Conversation

Renata Roma does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Pet guardians are increasingly worried about the mental health of their dogs and cats – https://theconversation.com/pet-guardians-are-increasingly-worried-about-the-mental-health-of-their-dogs-and-cats-265563

Le changement climatique est-il en décalage horaire ?

Source: The Conversation – in French – By Sarah Safieddine, Chargée de recherche CNRS (LATMOS/IPSL), Sorbonne Université

Le réchauffement climatique ne se mesure pas seulement en moyennes globales. Derrière les +1,5 °C ou +2 °C, souvent avancés comme indicateurs globaux, on retrouvera des réalités très différentes selon les lieux… et, surtout, selon les heures de la journée. Une récente étude montre comment l’usage généralisé du temps universel par les climatologues peut masquer ces différences en heures locales. Mieux les prendre en compte permettraient de mieux adapter nos villes, nos systèmes agricoles et nos politiques de santé publique.


Les chiffres du changement climatique sont bien connus : 1,5 °C de plus depuis l’ère préindustrielle, et +2 °C attendus d’ici 2050 si rien n’est fait. Il s’agit toutefois d’une augmentation moyenne des températures sur toute la surface du globe.

Derrière ces chiffres se cachent donc des réalités bien différentes, en fonction du lieu où on se situe sur Terre, mais également en fonction des moments de la journée. Non, il ne fera pas « chaud pareil » à midi qu’à minuit : les tendances de réchauffement, elles aussi, varient selon l’heure locale.

Dans une étude publiée récemment, nous avons ainsi montré que l’évolution des températures n’est pas uniforme tout au long de la journée. La hausse peut être plus marquée la nuit que l’après-midi, ou l’inverse, selon les régions du globe.

Et pourtant, les climatologues utilisent actuellement un repère unique pour comparer les données climatiques : le fuseau horaire UTC (temps universel coordonné). Pratique pour uniformiser les données climatiques, mais problématique pour comprendre les dynamiques locales. Ignorer l’heure locale peut fausser notre compréhension du changement climatique et limiter l’efficacité de nos politiques d’adaptation, par exemple lorsqu’il s’agit de limiter la surchauffe des villes en périodes de canicule.

D’abord, remettre les pendules à l’heure

Considérons, par exemple, un relevé à 12 heures UTC. Il correspondra à midi à Londres, mais à 21 heures à Tokyo, ou encore à 2 heures du matin à Los Angeles. En travaillant uniquement avec l’UTC, on mélange donc des observations réalisées de jour et de nuit, ce qui masque la variabilité diurne des températures – c’est-à-dire, les différences qui surviennent entre le jour et la nuit.

Si l’on ne considère que la terre ferme, en excluant les mers et les océans, la moyenne des températures globales proches du sol varie d’environ 14 °C à 16 °C. Mais si l’on convertit ces observations en heures locales autour du globe, il apparaît que cette variabilité diurne globale a beaucoup plus d’amplitude : de 11 °C à 6 heures du matin en moyenne à 19 °C vers 15 heures/16 heures.

Le cycle diurne de la température dépend fortement du référentiel temporel choisi. Exprimé en UTC, il reflète une moyenne globale déphasée par rapport aux conditions locales. Exprimé en heure locale, il révèle directement les variations quotidiennes vécues sur place.
Sarah Safieddine, Fourni par l’auteur

Pour cette étude, nous avons analysé plus de quarante ans de données (1981–2022) issues de la composante Terre (sans les mers et océans) de la réanalyse ERA5. C’est une base de données qui fusionne modèles et observations pour fournir, heure par heure, des estimations cohérentes de températures – et d’autres variables atmosphériques – depuis 1940, à l’échelle mondiale.

Et donc, au lieu de ramener systématiquement les données en UTC, nous les avons transposées en heures locales, en appliquant le principe des fuseaux horaires. Nous avons ainsi pu cartographier, heure par heure, l’évolution des températures terrestres proches de la surface (celle des bulletins météorologiques) à l’échelle mondiale. De quoi quantifier plus finement l’impact du changement climatique sur ces dernières au cours de la journée.




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Pas uniforme, ni dans l’espace ni dans le temps

Nos résultats montrent que l’évolution de la température au cours des quarante dernières années n’est pas uniforme, ni dans l’espace ni dans le temps.

De manière générale, depuis 1981, les températures augmentent presque partout sur Terre, avec un réchauffement particulièrement marqué dans les régions arctiques. Mais, dans le détail, certaines zones géographiques, comme l’Inde, semblent moins affectées : le réchauffement y est beaucoup plus lent qu’ailleurs. Si on considère le créneau horaire de 15 heures en Inde, on y observe même un… refroidissement depuis 1981.

Réchauffement de la température globale depuis 1981 à 3 heures du matin (à gauche) et à 15 heures (à droite), heure locale. À l’œil nu, on ne voit pas beaucoup de différence, sauf en Inde.
Sarah Safieddine, Fourni par l’auteur

Une des raisons de ces hétérogénéités tient à l’augmentation locale de certaines sources de pollution, en particulier des particules fines. Celles-ci peuvent bloquer une partie du rayonnement solaire et refroidir la surface terrestre.

Pour représenter de façon plus perceptible les variations de température au cours de la journée dans les différentes régions du monde, nous avons soustrait les tendances climatiques observées à 3 heures de celles observées à 15 heures. De quoi mettre en évidence plus clairement la variabilité diurne du changement climatique dans le monde.

Carte des écarts de tendances de réchauffement entre l’après-midi (15 heures) et la nuit (3 heures), sur la période 1981–2020 (en °C). Les valeurs positives indiquent un réchauffement plus marqué à 15 heures qu’à 3 heures.
Sarah Safieddine, Fourni par l’auteur

Nos résultats montrent alors que, pour une région donnée, la variation de l’amplitude du réchauffement climatique peut atteindre jusqu’à un degré Celsius entre le matin et l’après-midi, avec des tendances parfois opposées (comme en Inde), selon l’heure considérée.

Pour mieux s’adapter, des prévisions à l’heure locale

Cette vision plus fine et « heure par heure » du réchauffement ouvre de nombreuses perspectives concrètes.

D’abord pour l’agriculture, où ce n’est pas la moyenne annuelle des températures qui compte, mais celle qui surviendra lors de moments critiques, tels que la germination, la floraison, la production de fruits, etc. Prévoir plus finement les pics horaires de température permettrait alors d’adapter les calendriers d’irrigation ou de semis.




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En matière de santé publique également : on sait que les vagues de chaleur sont d’autant plus dangereuses que la température nocturne reste élevée, ce qui limite la bonne récupération de l’organisme. Une prévision plus fine de ces extrêmes nocturnes permettrait de mieux identifier les nuits et les villes à risque pour les personnes fragiles.

De même, cela aiderait également à mieux programmer les compétitions sportives en fonction des températures prévues à l’heure locale. En effet, des compétitions organisées aux heures les plus chaudes de la journée peuvent exposer athlètes et spectateurs à des risques accrus.




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C’est également une donnée importante pour améliorer l’urbanisme de nos villes. Celles-ci connaissent déjà, en période de canicules, un effet d’îlot de chaleur marqué la nuit.

Une connaissance fine de l’évolution diurne et nocturne des température heure par heure est donc indispensable pour concevoir des espaces urbains plus résilients, et notamment des « refuges climatiques » pour les riverains.




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Enfin, l’amélioration des modèles de prévision climatique pour réellement les replacer « à l’heure locale » permettrait de rendre les systèmes d’alerte plus pertinents pour les citoyens et pour les décideurs.

Le réchauffement climatique ne se résume pas à quelques degrés de plus. Il s’agit aussi de savoir quand, dans la journée, ces degrés supplémentaires s’ajoutent. En mettant l’accent sur l’heure locale, nous révélons une nouvelle dimension du changement climatique qui peut transformer nos stratégies d’adaptation.

The Conversation

Cathy Clerbaux a reçu des financements du Centre National d’Etudes Spatiales pour financer les travaux de recherche de son équipe.

Sarah Safieddine ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le changement climatique est-il en décalage horaire ? – https://theconversation.com/le-changement-climatique-est-il-en-decalage-horaire-265820

Africa’s borrowing costs are too high: the G20’s missed opportunity to reform rating agencies

Source: The Conversation – Africa – By Misheck Mutize, Post Doctoral Researcher, Graduate School of Business (GSB), University of Cape Town

One of the commitments the South African presidency of the G20 made in its policy priorities document at the beginning of 2025 was to push for fairer, more transparent sovereign credit ratings. And to address the high cost of capital caused by an illusive perception of high risk in developing economies.

South Africa proposed to establish a commission to look into the cost of capital. In particular, to investigate the issues that impair the ability of low- and middle-income countries to access sufficient, affordable and predictable flows of capital to finance their development.




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For many in Africa, this was more than a bureaucratic statement. It represented the first real chance for countries in the global south to challenge the entrenched power of international credit rating agencies through the G20. Through the influence of their opinions, Moody’s, S&P Global Ratings and Fitch Ratings are at the centre of driving the high cost of borrowing in Africa.

But the window of opportunity for advances to be made on this are narrowing. The South African government and the country’s business community have not used the opportunity provided by the G20 presidency to press for reforms that could reduce Africa’s borrowing costs and strengthen its financial sovereignty.

Why credit ratings matter so much

Credit rating agencies are not neutral observers of financial markets. Their judgements directly shape investor sentiment, access to finance and the interest rates countries pay when issuing bonds.

For developing countries, especially in Africa, ratings determine whether a government spends its scarce resources on debt servicing or on development needs such as schools and hospitals.

The problem is not just the ratings themselves but the inaccuracy and subjectivity of how they are determined.

Developing economies have frequently complained about several rating challenges.

First, African countries are more likely to be given rating downgrades that aren’t supported by economic fundamentals than countries in other regions.

Second, subjective risk factors are applied by pessimistic rating analysts who are based outside the continent.




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Third, developing economies are penalised on the basis of the speculative impact of external shocks such as global pandemics or climate-related disasters.

Lastly, there are significant variations in the weights allocated to risk factors in Africa compared to peer countries with relatively similar risk profiles in Asia and Latin America.

A missed leadership opportunity

The G20 remains the key global forum where both the major advanced economies and the most influential developing economies sit together. As chair, South Africa has the power to shape the agenda, shape working groups and drive communiqués that influence global discourse.

But so far, the proposed cost of capital commission has not been established. It is fair to assert that South Africa’s G20 presidency has not used this platform to redress the cost of capital issue. Its engagements on credit rating reform have been limited to reiterating talking points. There’s no evidence of structured proposals dedicated to the issue.

This inaction is surprising given that South Africa itself is no stranger to the sharp end of credit rating decisions. In the past eight years, a series of downgrades by the international rating agencies pushed the country’s debt deep into “junk” status. These decisions have raised borrowing costs and dented investor confidence. Pretoria therefore has both experience and legitimacy to lead a reform conversation on sovereign ratings.

In addition, South Africa’s corporate and financial sector – its banks, insurers and institutional investors – have remained largely on the sidelines.

Platforms such as the Cost of Capital Summit, convened by the Business (B20) working group, Standard Bank, Africa Practice and the African Peer Review Mechanism, were useful. But South Africa’s business community has failed to seize its country’s G20 presidency as a lever to press for reforms that would benefit not only domestic firms but also African partners.

Lower sovereign borrowing costs in host countries, for example, would directly reduce macroeconomic risks for South African corporates operating across the continent and expand their investment opportunities.

What could have been done

Three concrete steps could bring the issue of credit rating reform back onto the agenda.

  • Mainstream credit ratings in the G20 technical task force agenda. Its Communique should clearly reflect that ratings are the gatekeepers of capital by determining borrowing costs, shaping investor sentiments and ultimately determining how much fiscal room governments will have to finance development.

  • Recognise and champion the Africa Credit Rating Agency (AfCRA) as one of the mechanisms to address cost of capital in Africa. The African Union has already endorsed the establishment of a continental agency to complement global credit rating agencies. South Africa should use the G20 platform to raise the initiative’s profile, attract technical support and encourage global investors to consider its assessments.




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The cost of inaction

According to UNCTAD, developing countries pay interest rates up to three percentage points higher than peers with similar fundamentals, amounting to billions of dollars annually in excess costs.

This “hidden tax” on development has direct human consequences. Fewer resources for infrastructure, climate adaptation, health systems and education. For Africa, where financing needs are immense, more accurate credit ratings could unlock vital fiscal space.

South Africa cannot afford to let its G20 presidency drift into symbolism. The promise of “fairer, more transparent” sovereign credit ratings must be translated into action, through task forces, communiqués and alliances that advance reform.

Pretoria also needs its business sector to step up. This is not only a moral imperative. It’s also an economic one.

Lower risk premium and fairer access to capital will expand opportunities across the continent, including for South African investors. The world is watching. If South Africa fails to lead, it will confirm suspicions that rhetoric about reforming the global financial architecture is little more than lip service. If it seizes the moment, however, it could leave a legacy far greater than its own domestic struggles. The beginning of a fairer, more accountable system of sovereign credit ratings for the global south.

The Conversation

Misheck Mutize does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Africa’s borrowing costs are too high: the G20’s missed opportunity to reform rating agencies – https://theconversation.com/africas-borrowing-costs-are-too-high-the-g20s-missed-opportunity-to-reform-rating-agencies-265766

Helen Zille: will competence, courage and a dose of arrogance be enough to get her elected as Johannesburg’s mayor?

Source: The Conversation – Africa (2) – By Roger Southall, Professor of Sociology, University of the Witwatersrand

Love her or loathe her, it is hard to deny that Helen Zille is one of the most remarkable politicians South Africa’s democracy has yet seen. Remarkable because she has served in so many high-profile public roles – as mayor of Cape Town, premier of the Western Cape province, leader of the opposition, and leader of the Democratic Alliance before later becoming the party’s federal chair, and wielding power behind the scenes.

She has never steered clear of controversy, and indeed, revels in it in a way which discomforts her opponents.

She is both feared and respected for her intelligence, diligence, hard work, determination, competence, courage, integrity – and let’s face it, not a little dose of arrogance, which at times has led her unnecessarily into trouble, as with her infamous “colonialism” tweet, which caused widespread offence.




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But this points to another quality she has as a politician: she has a thickness of skin which would make a bull elephant blush. Additional to all this, there has never been any taint of financial scandal about her throughout her long years in public life.

So you can see why her political opponents, and particularly the African National Congress (ANC), are running scared following the announcement by the Democratic Alliance that she will be their candidate for mayor of Johannesburg in the local elections in 2026. At age 74, she ain’t no spring chicken, but she can still do a respectable dance, and intends to waltz her way into the mayoral chair.

However, she may well become the best mayor Johannesburg has never had.

Why she might win

Zille has pitched her running for mayor as a “local gal returning to her roots”, where she grew up, where she worked as a journalist and where, she tells us, she fell in love in a city she has always loved and knows back to front.

And why?

Because she is coming to save it, descending from the clouds of Democratic Alliance heaven in Cape Town – a city it has run since 2009 – to rescue the good citizens of Johannesburg from ANC hell. An ANC, she tells us – and who can deny it? – which has manufactured political instability and municipal collapse. An ANC which has collapsed the most basic of services so that taps in many areas run dry, sewage swamps the pot-holed roads, household waste mounts up, and electricity supply has become erratic. An ANC which has allowed corruption to thrive.




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Zille does not lack confidence and she talks a good talk. Local government is not rocket science, she says. It’s common sense, it’s getting down to basics, it’s about political will, it’s about proper management of resources. It’s about having the competence and determination to ensure that water flows through the pipes again, that electricity is restored, roads are repaired, and collection of waste is secured.

And how is this to be done? By streamlining the city’s administration, by rationalising its bureaucracy, cutting back the fat, and increasing the investment in maintenance and infrastructure which the ANC has so lamentably allowed to lapse. No community, no suburb will be ignored.

Nirvana is in prospect – but only if she is given the chance to restore the city to its former glory.

We should not doubt that Zille is propagating a gospel that appeals beyond the boundaries of traditional Democratic Alliance support. She has already received the vocal support of one-time prominent ANC praise-singers, such as former University of the Witwatersrand vice-chancellor Adam Habib and Ebrahim Harvey, biographer of former president Kgalema Motlanthe.

Both have pronounced a verdict that will justify defection from the ANC: Johannesburg is in a crisis brought on by ANC misrule and a vote for Zille will not be a vote for the Democratic Alliance, but a vote for the one person with the character, competence and drive to turn the city around.

Although their heresy may not be enough to convince traditional ANC supporters to break with the past, it may appeal to their children, who are not so bound by their grandparents’ and parents’ loyalties.




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Zille had to climb over other Democratic Alliance bodies to win her nomination and has doubtless left some bruised egos in her wake. But this will not stop the DA uniting behind her.

The party smells blood, and it’s coloured the black, green and gold of the ANC. Win control of Joburg, hang on to Cape Town, and the Democratic Alliance will be running South Africa’s two major economic hubs. Turn Joburg around, provide a better life for all its citizens regardless of where they live, and the Democratic Alliance will hope to shed its reputation as the party for whites and the well-off, positioning itself nicely for the next general election. It’s a great scenario for the Democratic Alliance.

But there are obstacles in the way.

Why she might lose

To become mayor, Zille will need the backing of a majority of Johannesburg’s 270 seat council. At the last local election in 2021, the ANC emerged as the largest party with 33% of the vote and 91 seats. The Democratic Alliance came in second with 26% and 71. What followed initially was a Democratic Alliance minority government, before this was collapsed in September 2022 by the Economic Freedom Fighters (29 seats) throwing its lot in with the ANC, which took office as the major party in a coalition.

It all became a messy and disheartening story for Johannesburg’s voters, who saw the politicians scrabbling for power and perks while the city went into decline. But it demonstrates what the Democratic Alliance is up against.

And, as Zille has acknowledged, the mixed-member proportional electoral system used in local elections makes it enormously difficult for any single party to win an absolute majority. Even if the Democratic Alliance emerged as the largest party, it would have to fish for support among other parties to form a viable coalition.




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Meanwhile, Zille has ruled out striking any deal with the Economic Freedom Fighters and is equally unlikely to strike any agreement with Jacob Zuma’s uMkhonto weSizwe Party. Perhaps she might be able to do a deal with the ANC in an echo of the government of national unity? Or will the ANC be so averse to joining a council led by Zille that it opts for what the DA terms a “doomsday coalition” with the EFF and/or MK?

Much will depend on the nature of the campaign, and whether Zille can avoid making the gaffes to which she is prone. In her speeches to black audiences she must avoid sounding like Madam condescending to Eve – the two characters in a popular South African cartoon strip.

Furthermore, however irrelevant they may be to local government, she may struggle to sidestep broader political issues, such as whether she is prepared to declare Israel is committing genocide in Gaza.

Yet Zille will count on voters wanting to have water in their taps.

The Iron Lady’s last stand?

The DA is risking much in putting Zille forward for mayor in Johannesburg. It knows she antagonises as many voters as she attracts and that she never fails to provoke controversy. But the party clearly sees her as well worth the gamble. She has name recognition far and wide. She will draw attention. She is guaranteed to provoke debate. She will ensure that the party’s existing voters turn out in droves while large swathes of the ANC’s supporters may stay at home.

The Democratic Alliance also knows that Zille’s nomination will ensure that the race in Johannesburg will attract national attention and is banking on it reverberating in its favour nationally. And it also knows that this is very possibly the Iron Lady’s last stand.

If she does become mayor, Zille will be 75 when she gets the job, and if she serves a full term, she will be 80 come the following local election. Many within the DA may be reckoning that, at that point, Zille will conclude that it is time to call it quits and exit the political arena gracefully to join the knitting circle in the retirement home in Cape Town where she lives. Even she will conclude by then that she will be too old to continue.

Surely she would, wouldn’t she? Don’t count on it.

The Conversation

Roger Southall does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Helen Zille: will competence, courage and a dose of arrogance be enough to get her elected as Johannesburg’s mayor? – https://theconversation.com/helen-zille-will-competence-courage-and-a-dose-of-arrogance-be-enough-to-get-her-elected-as-johannesburgs-mayor-266220

Contre les insomnies, le cannabis thérapeutique présente-t-il un intérêt ?

Source: The Conversation – in French – By Guillermo López Lluch, Catedrático del área de Biología Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes., Universidad Pablo de Olavide

En cas de traitement aux cannabinoïdes contre l’insomnie, au fil du temps, les neurones pourraient perdre de leur sensibilité, ce qui obligerait à augmenter les doses. Steve Ikeguchi/Shutterstock

Une étude publiée dans la revue « Plos Mental Health » suggère que des produits dérivés du cannabis pourraient être efficaces pour traiter l’insomnie. Mais outre le nombre peu élevé de personnes incluses dans cette recherche, ses résultats butent sur l’absence d’effet observée à la fin de la période d’étude, et ce, malgré l’augmentation des doses de CBD ou de THC.


Le cannabis, ou chanvre, est connu pour ses effets sur le système nerveux. Aujourd’hui, une étude publiée par le chercheur Arushika Aggarwal et ses collaborateurs, dans la revue scientifique Plos Mental Health, analyse son utilisation dans le traitement de l’insomnie.

Ce travail s’appuie sur des informations provenant du registre médical britannique sur le cannabis. Concrètement, il s’agit de données concernant des personnes qui ont été traitées avec des produits dérivés du Cannabis sativa et qui ont répondu à une série de questionnaires visant à déterminer leur effet sur la qualité du sommeil, sur l’anxiété, sur les habitudes de vie ou sur l’état de santé général.

Bien que l’utilisation de produits dérivés de cette plante, comme le haschisch ou la marijuana, puisse attirer l’attention dans le but de traiter l’insomnie, les résultats de l’étude en eux-mêmes sont peu prometteurs et mettent en évidence certains problèmes liés à l’utilisation de ces composés. Le plus évident de ces problèmes est le développement d’une tolérance par le système nerveux, c’est-à-dire une diminution de la sensibilité des cellules aux molécules actives du cannabis.

Les composés actifs du cannabis

Pour comprendre l’effet sur l’être humain des composés pharmacologiques provenant d’autres organismes, par exemple de bactéries, champignons, plantes ou issus d’animaux, nous devons tenir compte de la relation entre un composé et son récepteur.

Nos cellules expriment des récepteurs pour les composés dérivés du cannabis connus sous le nom de cannabinoïdes. Le récepteur présent dans les cellules du système nerveux est le CB1R. Le CB2R, lui, est associé au système immunitaire.

L’anandamide, notre propre cannabinoïde

Ces récepteurs existent parce que notre organisme produit déjà un composé de la famille des cannabinoïdes appelé « anandamide ». L’anandamide est un neurotransmetteur, c’est-à-dire qu’il transmet des signaux entre les neurones, et il est produit par nos cellules. C’est notre cannabinoïde endogène.

Entre autres fonctions, l’anandamide régule l’humeur, la mémoire et la perception de la douleur, et agit comme un vasodilatateur.

Bien que notre corps synthétise naturellement l’anandamide, nous pouvons également l’obtenir à partir de certains nutriments tels que le chocolat, la truffe noire, les oursins et les œufs de certains poissons. C’est peut-être grâce à elle et à d’autres composés présents dans le chocolat que nous trouvons sa consommation si agréable et relaxante.

Le THC et le système nerveux

Les composants actifs du cannabis sont le cannabidiol ou CBD et le delta9-tétrahydrocannabinol ou THC.




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Des deux composés, le THC est celui qui présente la plus grande activité psychoactive, car il active le récepteur CB1R. Le CBD semble agir comme un inhibiteur, bien qu’il puisse augmenter les niveaux d’anandamide, ce qui produit un effet paradoxal puisqu’il inhibe le récepteur tout en augmentant les niveaux du stimulateur naturel en empêchant sa dégradation. Le CBD nous détendrait donc parce que son effet inhibiteur sur le récepteur serait annulé par l’augmentation de l’anandamide.

La tolérance, à l’origine de la dépendance

Bien que la dépendance aux cannabinoïdes ait fait l’objet de nombreux débats, il est certain qu’ils induisent également une tolérance, c’est-à-dire une diminution de la sensibilité des cellules aux cannabinoïdes qui s’aggrave avec le temps. Cet effet oblige à recourir à une plus grande quantité de composés pour produire le même effet, ce qui est la clé de la dépendance aux drogues.

Les travaux récemment publiés montrent clairement cette augmentation de la tolérance. Tous les questionnaires utilisés auprès de la population étudiée ont révélé un effet plus important des cannabinoïdes après un mois de traitement, qui s’est ensuite atténué pour atteindre des niveaux antérieurs au traitement au bout de 18 mois. En d’autres termes, à la fin de l’étude, la perception des participants était la même qu’avant le traitement, bien qu’ils aient pris les composés pendant cette période et que la dose ait été augmentée.

Bien que les auteurs tentent d’expliquer ce processus par un éventuel effet placebo ou par un nombre limité de participants, 124 au total, on ne peut exclure l’effet dû à la tolérance. De fait, ils affirment eux-mêmes qu’on ne peut l’exclure.

Les bases moléculaires de la tolérance aux médicaments

Toute personne qui dépend d’un médicament de manière chronique peut constater que son corps développe une tolérance. C’est particulièrement le cas lors de traitements par anxiolytiques ou analgésiques. Les cellules ont besoin de stimuli pour pouvoir agir de manière coordonnée avec le reste du corps. Ces stimuli dépendent de l’activation de leurs récepteurs.

Les neurones ont besoin de neurotransmetteurs pour envoyer leurs signaux à d’autres neurones ou aux organes. Les récepteurs de ces neurotransmetteurs peuvent être stimulés par des substances, telles que les composés du cannabis, qui sont similaires à celles que l’on trouve naturellement dans notre cerveau, mais ils peuvent subir des modifications si le signal est intense ou durable.

L’une de ces modifications est l’insensibilité des récepteurs ou leur réduction face à un stimulus continu et intense. C’est ce que l’on appelle la tolérance par diminution des récepteurs. Cette tolérance est bien connue dans le cas des opioïdes et constitue le principe de la dépendance à ces substances. Les cellules réduisent le nombre de récepteurs car le stimulus est anormalement élevé, de sorte que pour produire le même signal et donc le même effet, elles ont besoin d’un stimulus de plus en plus fort.

Ainsi, au fil du temps, le corps s’habitue aux opioïdes, qui perdent alors de leur efficacité, ce qui oblige les patients à en prendre de plus en plus. Ce problème s’est posé, par exemple aux États-Unis, avec la consommation excessive d’oxycodone.

La recherche présentée ici semble mettre en avant l’idée d’un traitement possible contre l’insomnie à base de produits dérivés du cannabis. Cependant, même si les participants ont initialement constaté un effet positif, l’absence d’effet observée à la fin de la période d’étude, malgré l’augmentation des doses de CBD ou de THC, semble indiquer clairement que les neurones perdaient leur sensibilité aux cannabinoïdes et qu’une dépendance risquerait de se développer.

Peut-être que les thérapies basées sur l’augmentation du cannabinoïde endogène, l’anandamide, seraient plus intéressantes pour traiter les troubles du sommeil.

The Conversation

Guillermo López Lluch est membre de la Société espagnole de biologie cellulaire, de la Société espagnole de biochimie et de biologie moléculaire, de la Société espagnole de gériatrie et de gérontologie, de la Society for Free Radical Research et président de l’International Coenzyme Q10 Association. Les recherches menées par l’auteur sont financées par des fonds publics provenant du gouvernement espagnol ou du gouvernement autonome d’Andalousie.

ref. Contre les insomnies, le cannabis thérapeutique présente-t-il un intérêt ? – https://theconversation.com/contre-les-insomnies-le-cannabis-therapeutique-presente-t-il-un-interet-264165