IA en la universidad, una bomba para el pensamiento crítico: ¿cómo podemos evitar que nos explote en la cara?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miren Gutiérrez, Investigadora, Universidad de Deusto

La inteligencia artificial puede dañar el pensamiento crítico en la universidad, según diversos estudios. Zoya Yasmine / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

La adopción masiva y acrítica de la inteligencia artificial generativa (IAG), con grandes modelos de lenguaje como ChatGPT y otros similares, puede degradar la experiencia universitaria y socavar la misión de la universidad. Aunque esta tecnología ofrece aplicaciones interesantes, cuando se utiliza sin reflexión ni encaje pedagógico, estudios emergentes indican que tiende a vaciar el aprendizaje de contenido, precarizar el trabajo académico y reforzar las desigualdades y las formas de control.

De la innovación a la enshitificación

Las IAG se han introducido en la docencia con la promesa de personalizar el aprendizaje y aumentar la eficiencia, pero pueden acabar por homogeneizar tareas y evaluación y degradar la experiencia pedagógica. Hay ya indicios de que las AIG producen trabajos suficientes –que no excelentes–, plantillas repetitivas y evaluaciones rutinarias que incentivan adaptarse al formato más que reflexionar.

La AIG se vende a las universidades como una herramienta capaz de personalizar la evaluación, ahorrar tiempo, al analizar miles de textos, y generar comentarios inmediatos. Sin embargo, en la práctica, tienden a favorecer estructuras estandarizadas (introducción–tres argumentos–conclusión, frases cortas, vocabulario neutro). Al mismo tiempo, penalizan estilos más complejos, creativos o arriesgados porque sus modelos se han entrenado con textos convencionales.

Como consecuencia, el alumnado aprende qué tipo de redacción gusta al sistema y ajusta sus trabajos para maximizar su puntuación, aunque ello implique empobrecer el contenido y evitar posiciones originales. Es decir, una tecnología presentada como personalización termina por homogeneizar las tareas, estandarizar la evaluación y animar a escribir para la máquina.

El concepto de enshitificación, acuñado por el periodista tecnológico Cory Doctorow a partir de la palabra anglosajona shit (“mierda”), ayuda a entenderlo: al principio, la tecnología parece aportar valor, pero poco a poco su funcionamiento se orienta hacia métricas, extracción de datos y dependencia de proveedores, de modo que sirve más a los intereses corporativos que a los pedagógicos.

Así, las aulas digitales se vuelven espacios saturados de automatismos mediocres, donde se enseña, sobre todo, a generar prompts eficaces y contenidos que pueden rastrearse.

Daños cognitivos

El uso intensivo de la IAG para generar tareas puede desencadenar un proceso de externalización y deuda cognitiva. Algunos estudios asocian un mayor uso de IAG con un deterioro del pensamiento crítico. Su empleo continuado para escribir ensayos podría reducir la implicación cognitiva y generar un peor rendimiento a nivel neuronal, aunque la tarea se perciba como más fluida y fácil.

Surge, así, el concepto de chatversity –una contracción de “universidad” y “chatbot” en inglés–: el objetivo deja de ser comprender el mundo y se transforma en cumplir plazos y producir textos solventes rápidamente. Esta dinámica puede erosionar la tolerancia a la ambigüedad y al esfuerzo intelectual sostenido, pilares de una educación emancipadora, y debilitar los hábitos de verificación, lectura profunda y discusión argumentativa.

Creatividad domesticada

La IAG trabaja recombinando datos históricos que reflejan una sociedad imperfecta, por lo que tiende a reforzar patrones dominantes, sesgos y cánones consolidados, en lugar de impulsar rupturas o perspectivas minoritarias. Esto se traduce en textos pulidos, pero conformistas, poco abiertos a imaginar soluciones radicales o a otorgar centralidad a epistemologías feministas, decoloniales o del Sur Global.

Relacionado con esto, la inteligencia artificial parece aumentar la creatividad percibida, pero limitar la diversidad de las historias producidas. Además, la AIG recomienda menos trabajos de mujeres y reproduce jerarquías de género en la visibilidad de la autoría.

De esta forma, los sistemas educativos basados en IA incorporan supuestos normativos que tienden a privilegiar perfiles y saberes hegemónicos, mientras que su uso acrítico en la docencia puede reforzar exclusiones. En la misma línea, la UNESCO confirma que la IAG en la educación tiende a invisibilizar el trabajo de las autoras y a reforzar estereotipos, lo que alimenta una ecología del conocimiento menos plural.

Cuando docentes y estudiantes la usan para elegir lecturas y generar casos, los sesgos de los datos se cuelan en la selección de referencias y voces. Así, se corre el riesgo de profundizar la invisibilidad de autoras, disciplinas críticas y comunidades marginadas, normalizando una universidad más homogénea.

Autoría fantasma

Redactar trabajos, resolver problemas, escribir código y elaborar comentarios con esta tecnología también pone en cuestión qué significa ser autor o autora. Si una parte sustancial del trabajo la realiza la máquina, los títulos universitarios pueden convertirse en credenciales de pega, cada vez menos vinculadas al esfuerzo intelectual de quien los obtiene.

Para ponerle freno, muchas instituciones están recurriendo a detectores de IA y sistemas de vigilancia poco fiables y discriminatorios que pueden generar falsos positivos y afectar a estudiantes que escriben en una segunda lengua o con estilos no normativos. Esto puede erosionar la confianza entre profesorado y alumnado, en lugar de fortalecer la responsabilidad, la integridad y el acompañamiento.

Extractivismo de datos

Otra preocupación es política y económica: se está viendo cómo algunas universidades norteamericanas se convierten en proveedoras de datos, legitimidad y usuarios/as cautivos/as para grandes empresas de IA, a menudo mediante contratos opacos. Los comportamientos, contenidos docentes y tareas se usan como materia prima para entrenar modelos, con cláusulas de uso indiscriminado o cuyo consentimiento es difícil de ejercer, lo que debilita la autonomía académica.

Además, el mantenimiento de estos sistemas descansa en cadenas de trabajo precarizado en el Sur Global (etiquetado de datos, moderación de contenidos traumáticos) y daño medioambiental. Mientras, en el Norte Global, se justifican recortes de personal y el cierre de programas, en nombre de la modernización. En este escenario, la universidad corre el riesgo de ser reconfigurada como un nodo de distribución y entrenamiento para infraestructuras corporativas, lo que desvía recursos de la docencia y del empleo estable hacia la financiación de plataformas privadas.

Erosión de la misión democrática

Por otro lado, los chatbots y asistentes de IA de apoyo al estudio también pueden generar dependencia emocional, incluso situaciones extremas de autolesión. Para estudiantes vulnerables, la simulación de empatía, las respuestas inadecuadas y la falta de una detección fiable del riesgo pueden agravar la soledad y retrasar el acceso a la ayuda profesional.

En el plano epistemológico y democrático, la expansión de contenidos sintéticos, la cultura posalfabética (leer por encima, centrar las habilidades en la creación de resúmenes y prompts) y la dependencia de infraestructuras cerradas pueden minar la capacidad de la universidad para ser un espacio de reflexión crítica.

Tengamos en cuenta que, en algunos casos, los acuerdos con proveedores de IA a veces se toman sin la participación de estudiantes, sindicatos y profesorado, mientras se recortan precisamente las áreas más capacitadas para cuestionar estos procesos, como los estudios de género, la filosofía o los estudios críticos de medios.

¿Qué hacer desde la universidad?

No se trata de desterrar la IAG de la universidad, sino de subordinarla a un proyecto centrado en el pensamiento crítico, la creatividad y la igualdad. Esto implica al menos tres cosas:

  • Reforzar la alfabetización digital crítica y el trabajo sobre desinformación, sesgos, límites y formas de contestación a los outputs de IA en todos los niveles formativos.

  • Desarrollar marcos de gobernanza de los sistemas de IA basados en derechos fundamentales, transparencia, participación y responsabilidad, especialmente en usos de alto riesgo como la evaluación o el apoyo psicológico.

  • Proteger y financiar las disciplinas y pedagogías que sostienen la lectura profunda, la creatividad, la imaginación política y las perspectivas alternativas. Se trata de resistir el giro hacia una universidad entendida como fábrica de credenciales optimizadas por plataformas.

Hay evidencias de que el abuso de la IAG en la universidad puede causar daños que van más allá del plagio: las AIG pueden reconfigurar qué significa aprender, enseñar e investigar. Esto obliga a decidir si las instituciones se plegarán a la lógica corporativa de la enshitification o si transformarán esta tecnología desde un compromiso con la justicia.

The Conversation

Miren Gutiérrez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. IA en la universidad, una bomba para el pensamiento crítico: ¿cómo podemos evitar que nos explote en la cara? – https://theconversation.com/ia-en-la-universidad-una-bomba-para-el-pensamiento-critico-como-podemos-evitar-que-nos-explote-en-la-cara-273920

Le RN s’implante localement, mais échoue dans les métropoles. Quelles leçons pour 2027 ?

Source: The Conversation – in French – By Frédéric Sawicki, professeur de science politique, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne

Quel est le bilan des municipales 2026 ? Les deux partis en dynamique, le RN et LFI, sont-ils renforcés en vue des élections présidentielles de l’an prochain ? Entretien avec le politiste Frédéric Sawicki.


The Conversation : quel est le bilan des municipales 2026 ?

Frédéric Sawicki : Commençons par rappeler que dans 9 communes sur 10, les élections ont été jouées dès le premier tour. Les seconds tours ont surtout concerné la France urbaine. Dans une ville sur deux au moins, trois listes étaient en compétition, confirmant la tripolarisation de notre champ politique. Au total, la stabilité politique domine car à la différence de 2008 ou 2014, ces élections municipales n’ont pas été l’occasion de sanctionner une majorité ou un gouvernement, faute de présence massive de listes se réclamant de la « majorité présidentielle ».

En conséquence les rares bascules d’un camp vers l’autre s’expliquent souvent par des considérations locales. Si le PS gagne Saint-Étienne, ça n’est pas sans lien avec les affaires qui ont affecté le maire sortant (mis en cause pour avoir utilisé une vidéo pour exercer un chantage sur son adjoint). Inversement si à Brest, le PS perd, l’effet d’usure du maire sortant, élu depuis 2001, n’y est sans doute pas pour rien. On pourrait multiplier les exemples.

On constate également un certain nombre de constantes sociologiques. Les très grandes métropoles votent toujours massivement à gauche. Dans les villes d’économie touristique, avec une forte présence de professions indépendantes, des petits patrons, de commerçants, des populations liées au monde militaire (par exemple à Toulon), ou des retraités aisés (Nice, Menton ou Cagnes-sur-Mer), le vote est fortement orienté à droite ou désormais à l’extrême droite.

Au total, on constate finalement autant de cas de bascules de la droite vers la gauche ou inversement, que des déplacements à l’intérieur de chaque camp : des villes socialistes ou communistes deviennent LFI (Saint-Denis, Vénissieux), des villes écologistes basculent vers le centre gauche (Strasbourg ou Poitiers). De l’autre côté du spectre, certaines villes de droite ou du centre droit passent à l’extrême droite ou à ses alliés, par exemple à Nice avec Eric Ciotti.

Les quelques bascules de la gauche vers la droite sont rares et elles s’équilibrent par les bascules dans l’autre sens. Sur les municipalités de plus de 50 000 habitants, la gauche et les écologistes perdent Bordeaux, Clermont-Ferrand, Brest, Avignon, Besançon, Poitiers, Cherbourg, mais ils gagnent Saint-Étienne, Nîmes, Amiens, Roubaix, Aubervilliers et Pau.

L’un des résultats notables est l’implantation locale du RN…

Frédéric Sawicki : L’un des phénomènes nouveaux est le fort renforcement de l’ancrage municipal du Rassemblement national. En 2020, le RN ne l’a emporté que dans 17 villes, dont sept de plus de 20 000 habitant·e·s. Cette fois-ci, il en gagne 60. Certes, il y a des échecs importants à Toulon ou Nîmes, mais il y a la conquête de nombreuses villes moyennes comme Carpentras, La Seyne-sur-Mer, La Flèche, Vierzon, Montargis, Liévin… La présence du RN est surtout localisée dans l’ancien bassin minier du Pas-de-Calais, sur la Côte d’Azur, mais aussi en Occitanie (Agde, Castres, Carcassonne, Montauban).

Par ailleurs, le RN ancre sa présence dans les villes qu’il avait conquises en 2014 puis en 2020, c’est essentiel pour renforcer sa crédibilité en vue des présidentielles de 2027.

LFI est-il également renforcé par ces élections municipales ?

Frédéric Sawicki : La percée de LFI est réelle puisque plusieurs villes de plus de 30 000 habitants sont gagnées – Saint-Denis, Roubaix, Saint-Paul et Le Tampon (à La Réunion), Vénissieux, Vaux-en-Velin, La Courneuve, Creil. Ce n’est pas rien quand l’on part de zéro. Pour autant, il faut relativiser cette percée.

Les insoumis ont échoué dans les situations où ils avaient pris la tête de la gauche (à Toulouse ou à Limoges). Le parti de Jean-Luc Mélenchon n’a pas été en capacité de décrocher des municipalités tenues par la droite, à l’exception de Roubaix.

Par ailleurs, LFI a voulu s’imposer comme un partenaire incontournable, avec la menace de faire chuter le PS en cas de refus d’alliance. Or, lorsque les socialistes et alliés ont refusé la fusion, ils ont rarement été battus. LFI n’a donc pas réussi à démontrer sa capacité de nuisance – le cas de Paris étant emblématique, mais on peut également citer Rennes ou Montpellier.

Enfin, on remarque que dans le cadre d’alliances, notamment avec les écologistes, des villes ont été perdues (Strasbourg, Poitiers, Besançon..). Lorsque les alliances ont permis de gagner (Grenoble, Lyon, Tours), les Insoumis ne seront pas représentés au sein des exécutifs car les fusions étaient uniquement « techniques ». Les élus LFI resteront donc cantonnés à un rôle d’opposant, ce qui ne permet pas au parti de démontrer une capacité à gouverner. C’est un vrai problème pour accéder au pouvoir suprême en 2027 que d’apparaître comme un parti purement protestataire.

On remarque que le centre et la droite ont renforcé leur alliance lors de ces municipales…

Frédéric Sawicki : Il y a eu énormément de listes où le centre droit, Horizons, MoDem et Renaissance, se sont alliés avec des candidats de droite, UDI ou LR, dès le premier tour. Au deuxième tour, on a assisté à de nombreuses fusions. Cette élection municipale s’inscrit donc dans la continuité de l’alliance parlementaire entre le bloc central et la droite depuis 2022 et surtout depuis 2024 et préfigure ce qui pourrait se passer à la présidentielle. Après le second tour, on a entendu des appels pour que LR, Horizons et les macronistes se dotent d’un dispositif et d’un candidat communs. Avec sa victoire au Havre, Edouard Philippe a prononcé un discours visant à fédérer ces forces – même si la bataille reste très ouverte.

Il a beaucoup été question de la « guerre des gauches », avec une fracture nette entre une partie des socialistes et les insoumis… Quels sont les enjeux pour 2027 ?

Frédéric Sawicki : La fracture entre ceux qui refusent toute alliance avec LFI et les autres s’est renforcée avec ces municipales. Mais ce que l’on constate, c’est que le centre autonome n’existe plus guère, le bloc central étant clairement allié avec la droite désormais. Quelle est donc la stratégie d’alliance de ceux qui, comme Raphaël Glucksmann ou François Hollande, prônent un rapprochement avec les centristes ? Si le Parti socialiste sort plutôt renforcé de cette élection, c’est parce qu’il a su s’allier, dès le premier tour, avec les écologistes, les communistes, Place publique ou d’anciens insoumis. La seule voie qui semble se dessiner pour la gauche, c’est de travailler sur ce socle en la renforçant – sans LFI – tout en montrant aux électeurs insoumis qu’ils ne sont pas des inaudibles et que leurs aspirations sont entendues.

Certains observateurs redoutaient une « fusion » entre la droite et l’extrême droite. Elle n’a pas eu lieu au niveau des appareils. En revanche, les électeurs de la droite et de l’extrême droite se sont, semble-t-il, bien rapprochés…

Frédéric Sawicki : Les initiatives locales de rapprochement entre le RN et des candidats de la droite ont immédiatement été condamnées par LR. Le fait que Bruno Retailleau n’ait pas appelé à voter Christian Estrosi contre Eric Ciotti à Nice a provoqué l’indignation. En revanche, le choix des électeurs a montré une grande porosité entre droite et extrême droite. La présence de candidats insoumis faisant figure de repoussoir, des électeurs RN ont voté LR pour faire barrage à la gauche, et des électeurs LR ont voté RN pour les mêmes raisons. C’est clair à Brest, à Clermont-Ferrand, à Limoges, Besançon, Marseille, où l’électorat de Martine Vassal (LR) a été divisé par deux entre le premier et le second tour, au profit de Franck Allisio (RN).

Finalement, qui sort vainqueur de ces municipales ? Le RN a-t-il franchi une étape de plus pour un succès en 2027 ?

Frédéric Sawicki : Le RN bénéficie d’une dynamique positive, le renforcement de son implantation locale est une étape importante en vue des sénatoriales mais aussi des élections présidentielles et législatives. Pour autant, il reste à la porte des très grandes villes, ce qui est une faiblesse majeure dans la perspective de sa marche vers l’Élysée. Comment un parti pourrait-il gagner le pouvoir national en étant absent des métropoles où se concentre l’essentiel de l’activité intellectuelle et économique de la nation ? Le RN représente autour de 30 % des électeurs : il peut gagner en 2027 face à un Jean-Luc Mélenchon isolé, ou si la gauche (hors LFI) et la droite restent divisées. Le succès du RN en 2027 n’a donc rien d’inéluctable à condition que la gauche ou la droite rassemblent. C’est ce que François Mitterrand avait réussi à faire en 1981 et en 1988. C’est ce que Jacques Chirac avait fait en 1995, comme Nicolas Sarkozy en 2007. C’est désormais aux forces politiques de jouer… avec les bonnes cartes.


Propos recueillis par David Bornstein

The Conversation

Frédéric Sawicki ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le RN s’implante localement, mais échoue dans les métropoles. Quelles leçons pour 2027 ? – https://theconversation.com/le-rn-simplante-localement-mais-echoue-dans-les-metropoles-quelles-lecons-pour-2027-279035

Lionel Jospin, figure éthique de la gauche française

Source: The Conversation – in French – By Pierre Bréchon, Professeur émérite de science politique, Sciences Po Grenoble, Auteurs historiques The Conversation France

Lionel Jospin, ancien premier ministre français, s’est éteint dimanche 22 mars, à l’âge de 88 ans. À la tête du gouvernement de la gauche plurielle de 1997 à 2002, il a marqué la vie politique par de nombreuses réformes : les 35 heures, PACS, CMU… premier ministre sous Jacques Chirac, premier secrétaire du PS, il échoua aux élections présidentielles de 1995 et de 2002.


Lionel Jospin fut, des années durant, au cœur des combats de la gauche française, dès 1981, avec la négociation du programme de gouvernement avec le Parti communiste et jusqu’à l’époque de gauche plurielle, de 1997 à 2002, lorsqu’il gouverna une France en situation de cohabitation.

Né en 1937 dans une famille protestante et militante de gauche, de classe moyenne, avec un père enseignant et une mère sage-femme, Lionel Jospin fait de brillantes études à Sciences Po Paris puis à l’ENA. Il entre dans la carrière diplomatique, puis enseigne l’économie à l’IUT de Sceaux, avant d’être complètement happé par la politique.

Étudiant, il avait milité un temps à l’UNEF ; antistalinien et opposé à la politique coloniale de la SFIO, il s’engage aussi à l’Union de la gauche socialiste (UGS) créée en 1957, puis au Parti socialiste Unifié (PSU) né en 1960. En 1965, il se laisse séduire par l’Organisation communiste internationaliste (OCI), mouvement trotskiste antibolchevique, au fonctionnement secret, qui envoie ses adhérents militer dans des partis de gauche non communistes. Il est d’abord un intellectuel du mouvement sans action interne dans un autre parti, mais rejoint le Parti socialiste en 1971. Il y participe d’abord à un groupe d’experts des relations internationales. Il est très vite remarqué par François Mitterrand, entre au bureau exécutif en 1973, et y fait une ascension très rapide.

A la tête du parti en 1981

Il devient Premier secrétaire lorsque François Mitterrand entre en campagne présidentielle en 1981. Il est ainsi associé à l’exercice du pouvoir pendant tout le premier septennat mitterrandien, participant chaque semaine au « petit déjeuner du mardi » autour du président pour discuter des politiques à l’agenda. Il quitte la direction du parti en 1988 pour devenir ministre de l’Éducation nationale jusqu’en 1992.

En 1994, dans un contexte de fortes critiques du président dans l’opinion, et d’un score très bas de la liste socialiste aux élections européennes, Michel Rocard renonce à être candidat à la présidentielle de 1995, Jacques Delors aussi. Dans une primaire interne à seulement deux mois du premier tour, Lionel Jospin est facilement désigné candidat face à Henri Emmanuelli, Premier secrétaire. Dans les semaines qui suivent, il fait une remontée fulgurante dans les sondages où son image d’honnêteté est reconnue. Il revendique un droit d’inventaire dans le bilan mitterrandien et propose un programme social avec réduction du temps de travail hebdomadaire à 37 heures, création d’emplois jeunes, amélioration des petites retraites, construction de logements sociaux. Il se déclare aussi favorable à une police de proximité, à la limitation du cumul des mandats et à un mandat présidentiel de cinq ans. Contre toute attente, il arrive en tête du premier tour mais suivi de près par Jacques Chirac et Edouard Balladur. Il est battu au second tour avec un score très honorable après deux mandats socialistes (47,4 %).

Premier ministre de la gauche plurielle de 1997 à 2002

À nouveau Premier secrétaire, il prépare les échéances futures. Aux législatives anticipées de 1997, il conduit une coalition électorale de gauche plurielle (PS, PCF, PR, Mouvement des citoyens, Verts), avec candidature unique chaque fois qu’un accord a été possible, qui obtient une majorité absolue de 319 sièges. Lionel Jospin devient, pendant cinq ans, le premier ministre de la troisième cohabitation, il va donc être le véritable entrepreneur de la politique française pendant cinq ans.

En matière sociale, de nombreux emplois aidés sont créés pour réduire le chômage des jeunes ; une prime pour l’emploi va permettre d’augmenter le pouvoir d’achat des travailleurs pauvres ; une allocation personnalisée d’autonomie (APA) et la couverture maladie universelle (CMU) sont créées ; la loi « Solidarité et renouvellement urbains » (SRU) oblige les communes à développer le logement social ; le temps de travail est réduit à 35 heures sans perte de salaire, un congé paternité est instauré ; la TVA baisse d’un point ; des mesures sont adoptées en faveur du développement durable. Concernant les libertés publiques, le PACS, nouveau statut d’union ouvert aux homosexuels est instauré ; les droits des malades sont mieux reconnus ; le droit du sol, aboli en 1993 par la loi Pasqua, est rétabli.

Du point de vue institutionnel, l’intercommunalité est renforcée ; une police de proximité est mise en place ; le mandat présidentiel est réduit à cinq ans ; de nouveaux statuts de la Corse et de la Nouvelle-Calédonie voient le jour ; les fonds spéciaux de l’Elysée sont supprimés ; les ministres sont contraints de ne plus diriger des exécutifs locaux ; la parité des candidatures entre hommes et femmes est instaurée.

Du point de vue économique, le gouvernement Jospin poursuit une politique libérale et privatise – complètement ou en partie – certaines sociétés (notamment France Telecom, Thomson-CSF, Air France) mais aussi des banques (CIC, Société marseillaise de crédit et Crédit lyonnais) et des assureurs (Gan et CNP).

Grâce à ces politiques sociales et de modernisation économique, mais aussi du fait d’une conjoncture économique favorable, le chômage baisse assez fortement, passant de 10,6 % au 3e trimestre 1997 à 7, 9 % au 2e trimestre 2002.

À Matignon, Lionel Jospin ne fait pas d’annonces tonitruantes et reste modeste, soucieux de respecter ses ministres et de dialoguer avec eux, de gérer les conflits entre tendances de la gauche plurielle tout en s’assurant de la continuité des politiques menées avec le programme de la coalition. Il se définit lui-même en 1999 comme « un dogmatique qui évolue, un austère qui se marre et un protestant athée ». Contrairement à beaucoup de chefs de gouvernement français, l’opinion reste positive à son égard, même s’il subit une petite baisse la dernière année. Jacques Chirac, lui, bénéficie de sa position privilégiée de chef de l’État pour critiquer le gouvernement, notamment sur sa politique qui serait trop laxiste à l’égard des incivilités.

L’échec à la présidentielle de 2002

Les deux têtes de l’exécutif sont candidats à la présidentielle de 2002, et tout le monde s’attend à un second tour entre eux. Contre toute attente, Jean-Marie Le Pen arrive en seconde position (16,9 %) derrière Jacques Chirac (19,9 %), éliminant le premier ministre socialiste au soir du Premier tour (16,2 %).

Lionel Jospin a été affaibli par un trop grand nombre de candidats de gauche. Les cinq candidats de la gauche plurielle obtiennent ensemble 32,5 %, auxquels peuvent s’ajouter trois listes d’extrême gauche (10,5 %). La droite ne recueille que 25,2 % et le centre 8,7 %. Le fait d’avoir cru Jospin qualifié d’office pour le second tour a favorisé chez certains électeurs de gauche le choix d’une autre tendance, voire d’un vote d’extrême gauche.

Dans sa déclaration au soir du premier tour, Lionel Jospin se dit fier du travail accompli depuis cinq ans et assume la responsabilité de cet échec. Il annonce son retrait de la vie politique. Il déplore le score de l’extrême droite, pour la première fois qualifiée pour un second tour, mais n’appellera à voter Jacques Chirac qu’à la veille du second tour, étant en forte divergence avec sa politique.

La retraite politique

Après son retrait de la vie politique, Lionel Jospin publie, en 2005, Le monde tel que je le vois où il s’interroge sur l’avenir de l’Union européenne après l’échec du référendum, sur la politique économique et sur le devenir du PS. Il laisse entendre qu’il pourrait à nouveau être candidat à la présidentielle si on le lui demandait. Mais quelques mois plus tard, il renonce à se présenter aux élections et soutient Ségolène Royal. Peu après l’échec de cette dernière, il publie dans le livre L’impasse qui la critique durement.

Pour l’élection présidentielle de 2012, Lionel Jospin participe à la campagne de François Hollande. Celui-ci élu, le président de la République annonce sa nomination à la tête d’une Commission sur la rénovation et la déontologie de la vie publique, pour formuler des propositions visant notamment à réduire le cumul des mandats et à établir des règles déontologiques sur la transparence de la vie publique. Certaines propositions seront actées dans des lois, notamment sur l’interdiction du cumul de mandats entre fonctions exécutives locales et mandat parlementaire.

En décembre 2014, Lionel Jospin est nommé au Conseil constitutionnel où il siège jusqu’en 2019, respectant alors la neutralité et la réserve demandée aux neuf sages.

The Conversation

Pierre Bréchon ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Lionel Jospin, figure éthique de la gauche française – https://theconversation.com/lionel-jospin-figure-ethique-de-la-gauche-francaise-279019

Lire pour réussir : pourquoi la motivation et l’entourage font la différence

Source: The Conversation – in French – By Daisy Pelletier, PhD in Educational Psychology, Université Laval

La réussite en lecture est une préoccupation majeure, en raison de son rôle central dans les autres disciplines scolaires. Or, face au manque de ressources et à la diversité des besoins, comment mieux soutenir les élèves ?


À l’école, les classes sont souvent composées d’élèves aux besoins variés et les ressources ne sont pas toujours suffisantes. Le personnel de l’éducation souligne notamment des effectifs trop élevés, des élèves en grande difficulté sans soutien adapté, un manque de personnel de soutien et un temps de préparation insuffisant, ce qui rend l’accompagnement individualisé difficile. À l’extérieur de l’école, la lecture est en compétition avec de nombreuses autres activités et les élèves ne disposent pas tous des mêmes occasions de s’y engager, ce qui accentue les inégalités.

Dans une récente étude canadienne menée auprès de 1533 élèves du primaire (4e et 6e année) et du secondaire (2e et 4e secondaire), nous nous sommes intéressés aux mécanismes pouvant expliquer leur réussite en lecture. Au début de l’année scolaire 2019-2020, ces élèves ont rempli un questionnaire portant sur le temps consacré à la lecture récréative, les raisons de lire et le soutien reçu en lecture de leur enseignant de français, de leurs parents et de leurs amis.

Quelques mois plus tard, ces variables ont été utilisées pour prédire la note en lecture au deuxième bulletin, en tenant compte du niveau initial des élèves au premier bulletin.




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La motivation, moteur de l’engagement en lecture

L’analyse des réponses obtenues montre que les élèves qui pratiquent la lecture dans leurs temps libres obtiennent de meilleures notes en lecture que leurs camarades de classe qui ne lisent pas. Ce lien soulève une question centrale : qu’est-ce qui amène certains élèves à lire plus souvent que d’autres dans leurs temps libres ?

Pour s’engager dans la lecture, les élèves ont besoin de motivations, qui correspondent à des raisons de lire. Toutefois, les motivations ne garantissent pas toutes un engagement de qualité. Dans la recherche que nous avons menée, les raisons de lire relevant d’un choix de l’élève (par exemple, lire par plaisir) étaient liées à une pratique plus fréquente de la lecture que celles relevant d’une pression externe (lire pour éviter une conséquence) ou interne (lire pour ne pas se sentir coupable de ne pas le faire).

Plus encore, la motivation à lire en contexte récréatif était plus fortement associée à la pratique de la lecture que la motivation à lire en contexte scolaire. Ce résultat peut s’expliquer par la nature même de la lecture récréative, qui repose généralement sur un choix. Lorsqu’un élève lit dans ses temps libres, il le fait pour des raisons personnelles comme le plaisir, l’intérêt ou la curiosité, notamment parce qu’il dispose d’une grande liberté pour choisir ses lectures.

À l’inverse, la lecture scolaire ne relève pas toujours du choix : un élève qui lit pour l’école peut le faire par plaisir ou par intérêt, mais aussi pour des raisons externes comme obtenir de bonnes notes ou éviter d’être pénalisé à une évaluation. Cela invite à porter attention aux pratiques qui nourrissent des raisons de lire fondées sur le plaisir, l’intérêt et le sens que les élèves accordent à leur lecture, autant à l’école qu’à l’extérieur de celle-ci.

Les parents et les amis : des alliés à mobiliser

Comme plusieurs caractéristiques physiques ou psychologiques, la motivation scolaire s’explique en partie par des facteurs génétiques. En lecture spécifiquement, jusqu’à 50 % de la motivation est attribuable à l’hérédité. Est-ce à dire qu’on ne peut rien y faire ? Absolument pas. Certains facteurs environnementaux jouent également un rôle important pour expliquer la motivation en lecture.

Contrairement à une idée reçue selon laquelle la réussite en lecture relève d’abord et avant tout de l’école, les résultats de notre étude révèlent que la contribution des enseignants ne parvient pas à rivaliser avec celle des parents et des amis pour soutenir la motivation et la pratique de la lecture des élèves.

Plus précisément, les comportements des parents et des amis qui soutiennent le besoin d’appartenance sociale (par exemple, être un modèle de lecteur, s’intéresser aux goûts de son enfant/d’un ami en lecture) s’avèrent particulièrement importants pour favoriser une motivation ne relevant d’aucune pression, tant en contexte récréatif que scolaire.

Cela ne signifie pas que les enseignants ne jouent aucun rôle, mais que leur contribution ne ressort pas comme distincte lorsque l’on considère les autres sources de soutien. L’école demeure néanmoins un milieu universel pouvant offrir à tous les élèves des occasions de lire, indépendamment des ressources dont ils disposent à la maison.




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Un rôle qui transcende la période de l’enfance

L’importance du soutien des parents et des amis s’observe autant chez les élèves du primaire (4e et 6e année) que chez ceux du secondaire (2e et 4e secondaire). Autrement dit, leur rôle n’est pas moins important au secondaire. Toutefois, les interventions à privilégier doivent être cohérentes avec les besoins des élèves, qui peuvent se manifester différemment selon leur âge.

La réussite en lecture repose ainsi sur une responsabilité partagée entre l’école et la famille. Miser sur la lecture ne relève pas seulement des programmes scolaires ou des approches pédagogiques, mais d’un engagement collectif visant à créer des environnements où les élèves cultivent leur intérêt pour la lecture.

Pour les enseignants, il peut s’agir d’offrir aux élèves des occasions de choisir leurs lectures, de préserver des moments où ils sont invités à lire librement et de favoriser les échanges entre pairs autour de la lecture. Pour les parents, il peut s’agir de s’intéresser aux goûts de leurs enfants, de discuter de leurs lectures ou d’incarner eux-mêmes le plaisir de lire.

Car avant de réussir en lecture, encore faut-il développer le goût de lire.

La Conversation Canada

Daisy Pelletier a reçu des financements du Conseil de recherches en sciences humaines et du Fonds de Recherche du Québec – Société et culture

Catherine Ratelle a reçu des financements du CRSH et du FRQSC.

Frédéric Guay a reçu des financements du CRSH.

William Gilbert a reçu des financements du FRQSC.

Erick Falardeau ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Lire pour réussir : pourquoi la motivation et l’entourage font la différence – https://theconversation.com/lire-pour-reussir-pourquoi-la-motivation-et-lentourage-font-la-difference-273884

Vietnam ruined Lyndon B. Johnson’s political career. Will Donald Trump face the same fate over Iran?

Source: The Conversation – Canada – By Ronald W. Pruessen, Emeritus Professor of History, University of Toronto

Is United States President Donald Trump lurching toward decline and fall? Will he and his MAGA movement reprise Lyndon B. Johnson’s story, when the quagmire of the Vietnam War took the Democratic president out of the 1968 election and gave Republican Richard Nixon the opening he needed to defeat the Democrats?

Trump’s war on Iran is already hurting him politically. More than half of Americans disapprove of the decision to join Israel and attack Iran.

And Iran is not the only problem for Trump and MAGA. The loss of 92,000 jobs in February offers little good news. Neither does a Supreme Court ruling that weakened the tariff strategy at the core of Trump’s economic plan. There’s also the lingering risk posed by ongoing media and public attention to the Jeffrey Epstein files.

Amid all these storm clouds, Trump’s extreme and bizarre behaviour shows no signs of abating. His provocative boorishness continues: as with the “Good, I’m glad he’s dead” posting about the death of former FBI director Robert Mueller and the baseball cap he wore at the “dignified transfer” of the remains of U.S. soldiers who have died in the conflict.

Other disturbing and ultimately weightier behaviour has included Trump’s bulldozing of the American Constitution as readily as the East Wing of the White House by ignoring congressional powers, weaponizing the Department of Justice and fostering kleptocracy for friends and family via cryptocurrency ventures.

Without discounting the toll of the extreme and bizarre, however, the potential impact of a traditional force hiding in plain sight may prove more powerful. Will Trump’s 2024 voters shift loyalties because the purportedly amazing “deal maker” has forgotten that buyers have cancellation options when they become unhappy?

Parallels to LBJ

Former president Lyndon B. Johnson — known colloquially as LBJ — may offer the most dramatic cautionary tale for Trump. The shrewd Texan was a master of congressional coalitions crucial to achieving transformative “Great Society” milestones
like the Civil Rights Act of 1964 and the “War on Poverty.”

Becoming president after John F. Kennedy’s assassination, Johnson’s triumph in his own right in the 1964 election turned gradually toward disaster. The costs of a protracted conflict in Vietnam — that “bitch of a war,” in Johnson’s own words — was the primary driver in his reversal of electoral fortunes.

But his problems were also compounded by backlash against radicalization within the Civil Rights Movement, the tradition-shaking tremors emanating from the 1960s “counterculture” and the so-called sexual revolution.

Wilson and Truman

There are other lessons for Trump in the experiences of Woodrow Wilson and Harry Truman.

Wilson predated LBJ in a dramatic loss of support among once-enthusiastic voters.

At the end of the First World War, the 38th president and his Democrats faced disaster in 1919-20, when struggles at the Paris Peace Conference and the flaws of its Treaty of Versailles made it clear that a messianic crusade to “end all wars” and “make the world safe for democracy” had been vastly oversold.

Wilson damaged his party further by refusing to compromise with congressional internationalists of both parties (partially attributable to the president’s October 1919 stroke). Republicans went on to win the 1920, 1924 and 1928 elections.

Feisty Harry Truman came to the presidency after Franklin D. Roosevelt’s 1945 death and made his “Fair Deal” extensions of FDR’s New Deal popular enough to win election himself in 1948.

Serious problems then emerged when Soviet testing of an atomic bomb, and the emergence of the People’s Republic of China spurred Cold War anxieties. All of this was intensified by Sen. Joseph McCarthy’s rants about “pinko” domestic subversives and the mounting frustrations of a long-stalemated war in Korea.

Republicans under Dwight Eisenhower easily won the 1952 election.

Trump’s turn?

There’s little evidence Trump cares much about or understands historical precedents, but if he does, he might be experiencing some alarm at the moment.

The specifics of Trump’s transactional relationship with voters may not repeat past patterns exactly, but the underlying dynamics of political transactionalism are difficult to suppress.

Buyers’ remorse, in fact, may dramatically reveal itself later this year in the mid-term elections.

Promising “golden age” economic growth, Trump has instead delivered results that range from disappointing to devastating. Lurching tariff policies have caused tensions in profitable trade relationships, including Canada, and increases in prices.

Any easing of inflation is now seriously threatened by a war-related oil crisis. Gas price increases already greater than 20 per cent signal a cascading impact on manufacturing and food production costs. Voters do not need Democrat messaging to feel affordability stress — they’re living it.

ICE overkill

Trump also set immigration correction as a primary goal, tapping into clear voter desire. But his administration has used excessive force and scale that have turned off many voters.




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The year 2025 may have resulted in a 93 per cent drop in apprehensions of unauthorized entrants at U.S. borders, but it also brought ICE ferocity, slayings of American citizens and the fierceness of incarcerations in facilities like Florida’s “Alligator Alcatraz” without due process.

There have also been disruptions of neighbourhoods and workplaces across the country as long-time “illegals” are rounded up or forced into hiding.

Another vaunted Trump promise: an “America First” stance that avoided the global activism requiring costly military ventures.

And yet, Trump has made threats against Greenland and Canada, embarked upon a military invasion of Venezuela and extracted President Victor Maduro, and launched military operations in Somalia, Yemen and Syria.

The ongoing war in Iran has now been waged with ever-shifting justifications and without congressional authorization.




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Consequences

Flawed delivery on key campaign commitments reveals core weaknesses in Trump’s “art of the deal” posturing — particularly his insensitivity to the two-way-street dynamic of a successful transactional relationship with voters.

In a democratic system, even an imperfect one, voters show support for promises both made and kept.

There can be patience about the pacing of the delivery of those promises, as Trump seemed to be granted about inflation in the early months of his second presidency. There can be pragmatism about the realities of overseas conflicts of the kind LBJ enjoyed in the Vietnam War’s initial stages.

At some point, however, voters usually shift course because they see they’re not getting what they voted for. Will this fate befall Trump in November?

The Conversation

Ronald W. Pruessen has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

– ref. Vietnam ruined Lyndon B. Johnson’s political career. Will Donald Trump face the same fate over Iran? – https://theconversation.com/vietnam-ruined-lyndon-b-johnsons-political-career-will-donald-trump-face-the-same-fate-over-iran-278847

Alcoholic capitalism: How rum fuelled Canada’s early economy

Source: The Conversation – Canada – By Allan Greer, Professor Emeritus of History, McGill University

With health-conscious young people drinking less than ever before, it’s interesting to look back to an earlier century when Canadians consumed more liquor — a lot more, in fact.

According to my estimates, the average consumption of spirits in the 1700s was about 15 times higher than today’s figures. Between the 1720s and the 1830s, the colonies that would later become Canada were awash in rum.

As I explain in my recent book, Canada in the Age of Rum, the spirit became deeply embedded in the economic life of early Canada.

Cheap rum came pouring in from New England and the Caribbean, supplemented with local production from distilleries in Halifax, Québec City and Montréal. It mostly fed the hard-drinking workforces of industries like fish, fur and timber.

Rum, labour and survival in the fisheries

Book cover of Canada in the Age of Rum by Allan Greer
Canada in the Age of Rum by Allan Greer.
(McGill-Queen’s University Press)

In the 18th century, alcohol was considered good for the health and warming to the body: just the thing for people working outdoors in a cold climate. But that’s not the main reason that rum flowed into Canada in such prodigious quantities.

More importantly, it provided a solution to export industries’ chronic labour problem. Every spring, Newfoundland fishing skippers had to hire four or five men to catch, clean and salt-dry cod for shipment abroad. Since the pool of qualified fishing hands was small and competition for their services stiff, generous salaries were offered. The catch was that payment was deferred until the end of the season.

In the meantime, the boat master would supply the men with free room and board, plus as much rum as they desired. The latter was charged against their salary at four to four times the retail price.

Consequently, when it came time to settle accounts in the fall, many fishermen found they had drunk away their wages. Some had even racked up a negative balance and had to sign on for the next season to work off their debts.

Under-capitalized and indebted to their merchant-suppliers, fishing entrepreneurs would have gone under if they paid their crews in full, but alcohol conferred the magical ability to claw back wages and hold on to workers for the future.

Drinking on the job

Far from prohibiting drinking on the job, employers actively encouraged it, since the more the men drank, the less they had to be paid.

A similar logic prevailed in the fur trade. The North West Company shipped hundreds of thousands of litres of rum every year from Montréal to destinations as far away as the Mackenzie River and the Pacific coast.

Some of this liquor was for Indigenous customers, but much was destined to slake the thirst of the French Canadian voyageurs who paddled the company’s canoes and manned its trading posts. In this industry, too, skilled labour was scarce and nominal salaries high, more in aggregate than the company could afford to pay.

Traders like Sir Alexander Mackenzie developed a policy of plying their crews with liquor during downtimes to cut costs and retain workers. This strategy was very effective. An 1805 ledger shows that 83 per cent of northern voyageurs were in debt to the company and that many signed on for another three years to pay for the overpriced rum they had already consumed.

Alcohol and the fur trade

Traders also found rum indispensable in their dealings with the Indigenous people who supplied them with furs.

The fur trade was rarely a matter of direct barter. From the trader’s point of view, it was more a matter of exchange mediated by credit.

Each fall, traders gave hunters the supplies they needed for the winter hunt, such as blankets, ammunition and pots. They kept a record of the debts incurred and expected the hunters to return with pelts of a corresponding value the following spring.

It made perfect sense from a capitalist perspective: value for value according to an implied contract.

Indigenous people saw things differently, however. For them, the exchange of goods always took place as part of a relationship of mutual support: gifts were a device to turn strangers into friends, as were hospitality, advice, protection and participation in ceremonies.

If circumstances prevented a hunter from delivering as many pelts as expected, that was a violation of contract for the trader, but not for the Indigenous person. One does what one can in a spirit of alliance, without numerical calculations or rigid deadlines.

Alcohol proved useful in bridging the gap between these divergent economic universes. After cultivating a taste for liquor in preliminary contacts, traders would present a keg of watered-down rum when hunters accepted goods “on credit.” Another keg would be gifted when they returned to pay their “debts.”

In between, a trader might distribute drinks as an incentive to be more productive. Rarely was alcohol treated as merchandise for sale. And despite enduring racist stereotypes, Indigenous people drank less liquor than the non-Indigenous.

The hidden cost of a rum-soaked economy

Alcohol played a vital role in making capitalism work in 18th-century Canada.

It was used in an effort to make Indigenous people conform to the ways of the global market and to ensure a supply of cheap labour at a time when workers were scarce.

Huge quantities of low-cost rum made all this possible, though it did exact a social cost in widespread drunkenness, lethal accidents, violence and spousal abuse.

Today’s capitalism thrives on other addictions, especially consumerism fuelled by digital media, while alcohol’s empire seems to be declining.

The Conversation

Allan Greer does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Alcoholic capitalism: How rum fuelled Canada’s early economy – https://theconversation.com/alcoholic-capitalism-how-rum-fuelled-canadas-early-economy-277829

Entreprise : quand les tâches ingrates alimentent silence et malaise

Source: The Conversation – France (in French) – By Rahman Khan, Associate professor, PSB Paris School of Business

Même sans mauvaise intention, une tâche peut être perçue comme illégitime, voire témoigner d’un mépris pour l’expertise professionnelle. CastOfThousands/Shutterstock

Entre 30 et 50 % des salariés doivent effectuer des tâches sans lien avec leur poste ou leur expertise professionnelle. Résultat, ils deviennent silencieux, gardant pour eux leurs questions ou leurs suggestions, bien qu’elles pourraient s’avérer utiles pour l’entreprise. Alors, comment sortir de cette dynamique perverse ? Car, le silence des salariés n’est qu’un symptôme d’une entreprise malade.


L’image d’Épinal du stagiaire « responsable machine à café » ou « photocopieuse » traduit une réalité. Dans certaines entreprises, des employés en contrat limité ou non limité, souvent surdiplômés, doivent se cantonner à réaliser des missions ingrates. « Tu veux bien passer les slides PowerPoint pour ma présentation ? »

Dans une recherche récente, nous avons étudié la façon dont les tâches assignées déterminent le comportement des employés, en particulier lorsque ces tâches sont perçues comme illégitimes – considérées comme déraisonnables, inutiles ou ne correspondant pas au rôle des employés. Une étude complémentaire rappelle que de telles tâches ne sont pas une simple source de désagrément. Elles influencent la manière dont les employés perçoivent l’équité et leur place au sein de l’organisation, au-delà d’être des facteurs de stress.

Le silence est une réponse courante à l’illégitimité perçue. L’effet secondaire : les employés peuvent cacher des informations qui pourraient aider leurs équipes, comme leurs préoccupations, leurs idées ou leurs suggestions. Alors, comment fonctionne ce mécanisme pervers pour l’entreprise et pour les salariés ?

Tâches injustes sans mauvaises intentions

Les employés qualifient certaines tâches d’injustes lorsqu’ils constatent un décalage avec leur rôle, leur statut professionnel ou l’objectif de leur poste. Cette évaluation reflète la perception des employés et non les intentions de leur responsable.

Une tâche peut être donnée sans mauvaise intention, mais tout de même être perçue comme injuste quand elle entre en conflit avec les attentes liées à un poste ou qu’elle témoigne d’un mépris pour l’expertise professionnelle. Des études sur les tâches illégitimes établissent une distinction entre les tâches qui ne relèvent simplement pas d’un rôle précis et celles qui sont considérées comme inutiles.

Les deux cas remettent en question la manière dont les employés définissent leur contribution au travail. Lorsque les tâches vont à l’encontre des normes du métier, les employés se sentent méprisés dans leur identité professionnelle.

De 30 % à 50 % des salariés concernés

Les enquêtes indiquent que les tâches illégitimes sont monnaie courante dans le milieu professionnel. Entre 30 % et 50 % des employés sont confrontés, au moins occasionnellement, à des tâches déraisonnables ou inutiles, avec des variations importantes selon les professions et les secteurs.

Le phénomène est particulièrement fréquent dans les environnements à forte surcharge de travail et où les rôles sont flous. Des rôles mal définis augmentent le risque que les employés se voient confier des tâches ne relevant pas de leurs responsabilités officielles. Les environnements à forte charge de travail intensifient ce phénomène, car les managers s’appuient sur une délégation ad hoc pour répondre au besoin immédiat de l’entreprise.

L’injustice organisationnelle va de pair avec un silence accru, les employés choisissant de ne pas partager leurs idées même lorsque celles-ci pourraient être très importantes pour l’organisation. Le silence est notamment utilisé délibérément pour exprimer son désaccord avec l’attribution injuste des tâches.

Moins de sincérité dans l’entreprise

Le silence des employés traduit une tendance à ne pas communiquer à ses supérieurs ou à ses collègues, intentionnellement, des informations ou des suggestions liées au travail, même lorsque les exprimer pourrait être utile. C’est une décision délibérée. Le cas d’un silence délibéré peut traduire un motif de représailles ou de vengeance à la suite d’une injustice perçue.




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Il existe une différence entre silence et désengagement. Des employés désengagés fournissent globalement moins d’efforts, tandis que les employés silencieux restent impliqués dans leur travail, mais communiquent moins. Concrètement, ils ne souhaitent pas exprimer sincèrement leur opinion sur les conditions de travail à ceux qui sont en mesure d’y répondre.

Un traitement inéquitable et une injustice organisationnelle sont susceptibles d’entraîner un silence défensif, où les employés évitent de partager des informations afin de se protéger d’éventuelles conséquences négatives.

En revanche, le silence délibéré est dirigé vers l’organisation en réponse à une répartition des tâches jugée injuste. Les employés sont plus enclins à garder le silence lorsqu’ils s’attendent à :

La morale influence les réactions des salariés

La moralité des employés – leur sens du bien et du mal – détermine leur comportement éthique au travail. Par exemple, les employés ayant une forte identité morale sont moins susceptibles de tricher au sein de leur entreprise.

Cette conduite morale, traduction d’une conception de soi en entreprise, guide le comportement des salariés. Les employés qui valorisent des traits moraux importants pour leur image d’eux-mêmes, comme le fait d’être juste et bienveillant, sont plus à même d’éviter les comportements négatifs au travail, tels qu’un silence motivé par la vengeance, contraire à leurs valeurs morales.

Cette éthique individuelle a ses limites. En réalité, elle ne permet pas de déceler pleinement les systèmes injustes ni les environnements de travail toxiques. Lorsque la répartition des tâches et les processus de prise de décision restent constamment inéquitables, le silence persiste, même lorsque les employés ont une image morale élevée d’eux-mêmes.

Ce que les entreprises peuvent apprendre

La délégation des tâches reflète la manière dont les employés sont considérés au sein d’une organisation. La répartition des tâches est un signe de respect et de statut, mais aussi d’inclusion.

La perception d’une répartition des tâches équitable favorise la confiance et la coopération, tandis qu’une répartition inéquitable est source de tension et de ressentiment. Il n’est pas surprenant que les employés confrontés à cette dernière se plaignent davantage d’épuisement émotionnel et d’une baisse de leur bien-être.

La légitimité de la répartition prime sur les objectifs d’efficacité au sens strict. Des processus équitables renforcent les normes d’échange social et l’engagement en soulignant que chaque contribution est reconnue à sa juste valeur. Parallèlement, l’attribution des tâches sur la base de la justice est corrélée à un engagement plus fort et à une diminution des réactions de retrait.

Le silence des employés n’est qu’un symptôme. Les organisations devraient donc être attentives au silence de leurs employés et à leurs pratiques d’attribution afin de détecter les problèmes de légitimité avant que des conflits ouverts ou des départs ne surviennent.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Entreprise : quand les tâches ingrates alimentent silence et malaise – https://theconversation.com/entreprise-quand-les-taches-ingrates-alimentent-silence-et-malaise-274756

Fusion nucléaire : un nouveau seuil dépassé dans le plus grand tokamak chinois

Source: The Conversation – in French – By Dominique Escande, Directeur de Recherche émérite en physique nucléaire, Aix-Marseille Université (AMU); Centre national de la recherche scientifique (CNRS)

À l’intérieur d’un tokamak en maintenance, en 2017 (ici, aux États-Unis). Ces machines permettent de confiner un plasma, c’est-à-dire une sorte de soupe d’électrons extrêmement actifs, dans lequel peuvent avoir lieu des événements de fusion nucléaire. Rswilcox/Wikipédia, CC BY-SA

Le chemin vers la fusion thermonucléaire est long et semé d’embûches. Une des nombreuses étapes a récemment été franchie dans le plus grand tokamak chinois, EAST, où la limite de densité de plasma qui était observée jusque-là a été dépassée.

Dans un tokamak (un type de machine expérimentale conçue pour exploiter l’énergie de la fusion), le plasma est le milieu où se produisent les réactions de fusion nucléaire. Plus celui-ci est dense, plus les atomes se rencontrent et ont de chance de fusionner et de libérer de l’énergie. L’expérience récente a produit des densités de 30 % à 65 % plus élevées que celles normalement atteintes dans cette machine, sans déclencher les instabilités perturbatrices qui se produisent généralement lorsque la limite de densité du plasma est dépassée.

Cette étude, co-dirigée par Ping Zhu et Ning Yan, que j’ai contribuée à interpréter, a été publiée début janvier dans la revue Science Advances et reprise par la revue Nature. Un point particulièrement prometteur est que cette avancée a une base théorique, que j’avais développée et publiée avec d’autres collègues quatre ans auparavant. En confirmant plusieurs de ses prédictions, l’expérience soutient la théorie, ce qui ouvre la voie à d’autres améliorations.

Pourquoi cette avancée est importante

Le réchauffement climatique, la pollution de l’air, la géopolitique de l’énergie et le caractère intermittent des énergies renouvelables rendent urgent le développement de nouvelles centrales électriques à fonctionnement continu. Dans ce cadre, les atouts majeurs de la fusion thermonucléaire sont le fait que ses cendres et son combustible sont non radioactifs, ainsi que la vaste répartition mondiale de ce dernier et l’absence de risque d’accident nucléaire. Et c’est pourquoi, la communauté scientifique travaille depuis des décennies dans un esprit de collaboration à l’échelle mondiale (remarquablement, malgré la guerre en Ukraine, la Russie participe toujours au projet ITER).

Les recherches sur la fusion thermonucléaire contrôlée ont connu récemment une forte accélération grâce au projet de réacteur international de démonstration ITER – et aussi parce que davantage d’argent privé que public est investi dans ce type de recherche au niveau mondial depuis 2023.

Comme on l’a vu, une des contraintes ralentissant cette entreprise est l’existence d’une limite de densité du plasma dans les expériences réalisées jusqu’à présent : avec des densités de plasma trop faibles, les réactions nucléaires ont lieu trop peu souvent pour générer de l’énergie en quantité importante.

À cause de ce problème, les réacteurs tokamaks en projet sont gigantesques : ceci permet aux ions du plasma d’avoir plus de temps pour entrer en collision avant de s’échapper. ITER, par exemple, fait 23 000 tonnes pour 29 mètres de haut et 28 mètres de diamètre. Aussi, aujourd’hui, un des grands défis de la fusion thermonucléaire est de réaliser un réacteur plus petit, qui soit donc moins cher et plus robuste. Or, jusqu’à présent, nous étions coincés, car nous n’arrivions pas à dépasser expérimentalement une densité, apparemment limite, du plasma.

En 2021, mes collègues Fabio Sattin, Paolo Zanca et moi-même avions proposé une base théorique prédisant deux régimes d’auto-organisation plasma-paroi : le régime habituel où la densité de plasma est limitée et un autre régime sans limite de densité. Nous expliquions que ce régime pourrait être atteint en diminuant la quantité d’impuretés projetées par les parois, dues à leur bombardement par les ions du plasma. Nous suggérions à cette fin de démarrer le plasma en utilisant la stratégie utilisée pour le démarrage d’un autre type d’installation destinée à faire de la fusion thermonucléaire, les « stellarators ».

Cette stratégie a été appliquée avec succès dans EAST, où le régime sans limite de densité a été atteint, confirmant ainsi les résultats expérimentaux obtenus au sein du tokamak chinois J-TEXT annoncés en 2023 à la Fusion Energy Conference de l’AIEA à Londres (Royaume-uni).

Plus précisément, les expériences sur EAST ont combiné le contrôle de la pression initiale du gaz combustible avec un chauffage par résonance cyclotronique électronique pendant la phase de démarrage (ces deux facteurs combinés correspondent aux décharges stellarators), permettant une efficace diminution des interactions plasma-paroi dès le début de la décharge. Grâce à cette approche, l’accumulation d’impuretés et les pertes d’énergie ont été considérablement réduites, et le plasma atteint une densité élevée à la fin du démarrage. De plus, décharge après décharge, une diminution de la quantité d’impuretés a accompagné l’augmentation de la limite. Malheureusement, l’allocation maximale de temps expérimental n’a pas permis de voir jusqu’où pouvait aller cette nette amélioration… mais on peut donc espérer qu’elle se poursuive dans de futures expériences.

Quelles sont les suites de ces travaux ?

L’équipe de recherche d’EAST prévoit donc d’appliquer à nouveau cette méthode lors de la prochaine campagne expérimentale, avec l’idée d’accéder au régime sans limite de densité dans des conditions de plasma à haute performance.

Les physiciens travaillant sur d’autres tokamaks ont également été alertés, et pourraient être intéressés par l’utilisation du même scénario de démarrage pour repousser la limite de densité. Une proposition d’expérience a même déjà été faite pour le nouveau tokamak japonais JT60-SA.


Tout savoir en trois minutes sur des résultats récents de recherches, commentés et contextualisés par les chercheuses et les chercheurs qui les ont menées, c’est le principe de nos « Research Briefs ». Un format à retrouver ici.


The Conversation

Dominique Escande ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Fusion nucléaire : un nouveau seuil dépassé dans le plus grand tokamak chinois – https://theconversation.com/fusion-nucleaire-un-nouveau-seuil-depasse-dans-le-plus-grand-tokamak-chinois-278762

La guerre au Moyen-Orient pourrait accroitre les risques d’impasse financière pour l’Afrique : voici comment

Source: The Conversation – in French – By Francois Giovalucchi, Conseil Scientifique, Faculté des Sciences Sociales, Université Catholique de Madagascar (UCM)

Le financement d’un pays repose sur des sources externes (investissements directs étrangers, transferts de migrants, aide, prêts bancaires ou marchés financiers internationaux) et internes (prêts bancaires ou marchés financiers domestiques).

Depuis plusieurs années, pour les États d’Afrique subsaharienne, ces sources de financement sont menacées, chacune à des degrés divers selon les pays. Cette menace s’accroît avec la guerre au Moyen-Orient.

Certes, l’approche en termes de financement ne vaut qu’en première analyse : chacune de ces ressources se traduit par un apport de capitaux qui a un impact différent sur l’économie, un investissement dans une mine ne pouvant être comparé à un transfert de migrants finançant des écolages ou à un prêt pour la construction d’un barrage.

Mes recherches portent, entre autres, sur la manière dont l’aide internationale façonne les politiques publiques, les rapports de pouvoir et l’économie politique du continent africain.

Selon moi, l’urgence et l’importance des enjeux justifient une analyse à chaud, afin de tenter de cerner les évolutions envisageables, leur gravité dépendant bien évidemment de la durée et des modalités du conflit.

Evolution des sources de financement

L’aide publique au développement (APD) s’inscrit désormais dans une tendance baissière : le démantèlement de l’USAID par la seconde administration Trump a marqué les esprits, mais la réduction concerne les principaux donateurs. Elle s’annonce durable car elle participe de la reconfiguration de l’ordre international. L’APD en faveur de l’Afrique subsaharienne a atteint 66,5 milliards de dollars US en 2024.

Les transferts de migrants sont en hausse forte et quasi-continue depuis 2004 et ont atteint 64,9 milliards de dollars en 2024. Ils pourraient toutefois à terme être érodés par les politiques de restriction des migrations qui se diffusent.




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Les investissements directs étrangers (IDE), souvent d’un montant unitaire élevé, sont concentrés sur les matières premières, l’énergie et la construction et dans un nombre limité de pays. Ils sont irréguliers et ont atteint 43,7 milliards de dollars en 2024.

L’endettement de l’Afrique a connu une forte croissance après les mesures de désendettement des années 2000. Le nombre de pays d’Afrique subsaharienne en surendettement ou en [risque élevé de surendettement](https://www.afd.fr/fr/actualites/dette-afrique-economie-africaine] est important (19 en 2022, 2023, et 2024). Les prêts chinois, en grande partie à l’origine de ce réendettement, se sont réduits à 2,1 milliards de dollars en 2024, confirmant la réduction drastique des engagements financiers de la Chine sur le continent depuis le pic historique de 28,8 milliards de dollars de 2016.

L’endettement sur les marchés financiers internationaux par émission d’eurobonds (obligations libellées en dollars ou euros) est réservé à quelques pays et demeure coûteux malgré une détente récente. Les émissions de l’ensemble de l’Afrique ont atteint 15,7 milliards de dollars en 2025. La situation demeure toutefois tendue. Les défauts de paiement du Ghana et de la Zambie ont marqué les esprits.

Face aux limites des sources de financement internationales, les États africains ont de plus en plus sollicité les marchés financiers domestiques sur lesquels les émissions ont doublé entre 2019 et 2024 pour atteindre 177,8 milliards de dollars. Ceci a conduit à une très forte exposition des banques aux risques publics.

Comment ces sources peuvent-elles être affectées par le conflit au Moyen-Orient ?

La hausse du prix des hydrocarbures augmentera le besoin de financement des pays africains, hormis quelques exportateurs nets, en accroissant leur déficit du commerce extérieur et leur déficit budgétaire.

Le déficit accru du commerce extérieur entraînera alors une dépréciation monétaire contre laquelle certaines banques centrales pourront difficilement lutter : un pays africain sur deux avait des réserves correspondant à moins de 3,4 mois d’importations en 2025. La dépréciation alourdira le service de la dette en devises.

Le déficit budgétaire se creusera sous l’effet du ralentissement de l’activité impactant les recettes, de la hausse du service de la dette, de l’augmentation des frais de fonctionnement et sans doute surtout sous l’effet des transferts nécessaires pour ne pas répercuter totalement la hausse du prix du pétrole sur le prix à la pompe et le prix de l’électricité, socialement très sensibles. La hausse du prix de l’or, valeur refuge, devrait en revanche bénéficier aux recettes des pays producteurs.

Dans un scénario de stagflation – une situation économique où la croissance est faible, le chômage élevé et l’inflation forte – déjà observée lors des premiers chocs pétroliers, les comptes publics des pays donateurs devraient se dégrader selon un schéma proche de celui des pays africains. Une accélération de la croissance des dépenses militaires devrait ajouter ses effets. Tout ceci est de nature à accélérer la baisse engagée de l’aide au développement.

Les Émirats arabes unis et l’Arabie saoudite étaient, avec chacun plus de 10 milliards de dollars US de transferts de migrants vers l’Afrique en 2021, les troisième et quatrième sources des dits transferts vers l’ Afrique, derrière les États-Unis et la France. La guerre suscite des rapatriements de pays du Golfe et les transferts en seront affectés.

Les IDE en Afrique devraient pour leur part subir des effets contradictoires. Les IDE du Golfe en Afrique sont minimes et leur évolution éventuelle n’aura pas d’impact majeur. Par ailleurs, des investissements prévus dans les pays du Golfe pourraient être réalloués en Afrique.

Le renchérissement du pétrole et de l’or est aussi de nature à rendre rentable des investissements nouveaux dans l’extraction dans quelques pays. Mais, les incertitudes internationales sont globalement défavorables aux IDE.

De leur côté, les marchés financiers internationaux pourraient être affectés par une hausse des taux si la FED (Banque centrale américaine) et la Banque centrale européenne (BCE) réagissent à l’inflation par des mesures restrictives. L’évolution des liquidités mondiales alimentant les marchés de capitaux sera impactée par deux phénomènes eux aussi contradictoires : hausse des revenus des pays pétroliers hors Moyen-Orient, baisse des revenus pétroliers des pays du Moyen-Orient conduits à réduire leur production suite à la fermeture du détroit d’Ormuz, par où transitent 20 % du commerce mondial de gaz naturel liquéfié près de 20 % du commerce mondial de gaz naturel liquéfié.

Les Émirats arabes unis, perçus comme une source de financement prometteuse par les États africains, devraient réduire leur apport. L’engouement pour les Sukuks (obligations conformes aux principes de la finance islamique) pourrait être déçu.

La capacité des marchés financiers domestiques à répondre à une demande croissante dépendra de la capitalisation des banques, et du maintien d’un refinancement aisé de celles-ci par les banques centrales, mais ces dernières pourraient conduire des politiques restrictives pour lutter contre l’inflation et la dépréciation monétaire.

Des solutions lentes ou peu aisées

Les efforts de la Banque africaine de Développement en vue d’une réorientation de l’épargne africaine vers l’Afrique sont justifiés, mais on imagine mal qu’ils puissent compenser à court terme les tendances en question.

L’accélération de la mise en œuvre du cadre commun de traitement de la dette du G20 est impérative. À ce jour, seuls le Tchad, la Zambie, l’Éthiopie et le Ghana sont entrés dans le processus. Mais la situation internationale est-elle vraiment favorable à de telles avancées ?

The Conversation

Francois Giovalucchi does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. La guerre au Moyen-Orient pourrait accroitre les risques d’impasse financière pour l’Afrique : voici comment – https://theconversation.com/la-guerre-au-moyen-orient-pourrait-accroitre-les-risques-dimpasse-financiere-pour-lafrique-voici-comment-278343

People studying to become teachers speak about Islamophobia and anti-Palestinian racism in Ontario schools

Source: The Conversation – Canada – By Zuhra Abawi, Assistant Professor (Teaching Stream), Faculty of Education, York University, Canada

The rise of anti-Muslim and anti-Palestinian racism is playing out in Ontario schools, widely influenced by broader geopolitical and social issues.

Although Muslims are the fastest growing religious minority in Canada, schools are often sites of both forms of racism.

While we acknowledge that Islamophobia and anti-Palestinian racism are two distinct forms of oppression, they often overlap and intersect to produce racial discrimination and violence, such as surveillance and censorship.

We recently engaged in a study with people who are studying and practising to become teachers (pre-service teachers). We were interested in how prepared they are to challenge anti-Muslim bias and anti-Palestinian racism in Ontario schools.

We did this through interviews with 32 teacher candidates across Ontario. We focused on pre-service teacher perspectives so we could gauge current issues and gaps in teacher education programs.

The findings of our study, which documented gendered Islamophobia and anti-Palestinian racism in Ontario schools, points to the need for systemic changes in the province’s schools to better reflect the cultural and religious diversity in these spaces.

The findings also point to the growing challenges facing teacher education programs in light of increasingly racially and religiously diverse Ontario public schools.

Contextualizing Islamophobia and ARP

Following the aftermath of Oct. 7, 2023, incidents of anti-Muslim racism have skyrocketed, at times driven by assumptions that conflate negative and dehumanizing views of Palestinians with Islam and vice versa. These instances of anti-Muslim bias are exacerbated by the growth of white supremacist and right-wing populist movements in Canada and abroad.

Anti-Muslim racism, intersecting with Islamophobia and anti-Palestinian racism, affect Muslims of various ethno-racial backgrounds, Canadians of Palestinian backgrounds (Muslims and Christians alike) and individuals who are in solidarity with Palestinian human rights and liberation. While Islamophobia has been well documented in Canada, there is limited research on anti-Palestinian racism in schooling.




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Anti-Palestinian racism is a distinct form of racial oppression that renders Palestinian identities, histories, lived experiences and resistance as suspect. Media discourses overwhelmingly dehumanize Muslims and Palestinians alike as subjects that are undeserving of sympathy. This manifests itself when school-aged children are policed and disciplined for their identities and opinions as they relate to Palestine.

In addition to the silencing of students and educators who express solidarity with Palestine, studies indicate that teachers in Ontario routinely subject their Muslim students to lower academic standards and expectations and demonstrate religious insensitivity.

Study participants

We recruited participants for our study from two-year teacher education programs from universities across southern Ontario. Of the 32 participants, 26 identified as female and six as male. Twenty identified as racialized and 12 as white. Nineteen participants identified as non-Muslim and 13 as Muslims.

Participants were recruited through listservs at various faculties of education.

We asked participants questions related to their attitudes towards preparedness for teaching Muslim students, their experiences working with Muslim students, as well as how they felt their faculties and schools where they worked in practicums responded to issues of racism, Islamophobia and anti-Palestinian racism.

Stereotypes of Muslim males

Through the interviews, we found that Islamophobia manifested itself through gender-based stereotypes of Muslim males and suspicion around observing religious rituals in schools.

While gendered Islamophobia often occurs through depictions of Muslim women and girls as passive and oppressed, our study uncovered how pre-service teachers observed a different gendered dynamic.

Pre-service teachers regularly observed how teachers perceived Muslim male students as innately sexist and misogynistic. Assumptions around Muslim males being dangerous and misogynistic have been an enduring trope in the global war on terror.

Several participants described how their associate teachers or teachers in the staff room made comments about how Muslim male students did not respect female teachers and classmates and were raised to be “disrespectful” and “sexist” towards women; the staff believed this was because of their culture and religion.




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Suspicion about prayer times

The surveillance of prayer spaces and suspicion about what students were “up to” during prayer times were another key finding.

Our participants described how Muslim students were regularly accused of skipping class or aimlessly wandering the halls, while using their daily prayers as an excuse for such behaviour. These claims were never substantiated or proven by the teachers making the accusations.

These attitudes from associate teachers cast an air of suspicion around Muslim students, implying a need for their surveillance.

Policing Palestinian solidarity, expression

Anti-Palestinian racism occurred through policing solidarity with Palestinian rights. Educators and students self-censored related to Palestine, fearing punitive measures if they voiced their views freely.

Pre-service teachers described how students were sanctioned by teachers for wearing keffiyehs, were told to remove stickers in their lockers that expressed solidarity with Palestine and were even prevented from doing a Palestinian cultural dance for a multicultural school event.

These measures were usually invoked to mitigate the discomfort of some teachers and students. This was prioritized over the freedom of expression of Palestinian students, educators and allies.

Even more revealing was that many teachers and students decided to self-censor their views related to Palestine both in school and outside of school on social media platforms.

These self-policing measures were indicative of the fear and hostility that students and teachers have been exposed to in Ontario public schools and schools elsewhere surrounding Palestinian solidarity.




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Cultures of surveillance

Our study highlights how Islamophobia and anti-Palestinian racism have played out in Ontario schools to perpetuate a culture of surveillance, policing, censorship and punishment in public schools.

Additionally, our study draws attention to existing research about the lack of meaningful support for racialized and Muslim students in Ontario schools, despite the recent trend of equity, diversity and inclusion-oriented policies.

Despite institutional commitments to equity, diversity and inclusion from the province and school boards, Muslim and Palestinian students, educators and communities are treated as exceptions.

The findings of our study point to the need for systemic changes in Ontario schools to better reflect the cultural and religious diversity in these spaces. Our participants alluded to the importance of allyship when defending the rights of oppressed student groups in schools.

Need for allyship

Educators who are in positions of power and who believe in equal rights within schools need to be advocates for those who cannot speak up.

A critical step forward to empower marginalized voices in schools is also to increase staff representation to better reflect school demographics.

Our study points to the need for more Muslims as well as other educators from underrepresented backgrounds who can assist in carving out spaces of understanding, belonging and high expectations for the increasingly diverse student bodies in Ontario schools.

In doing so, educators will be positioned to leverage the cultural capital of their students to better facilitate success for all students.

The Conversation

Zuhra Abawi receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council. We received a grant from SSHRC to fund this study.

Naved Bakali receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council. We received an Insight Development Grant to fund this study.

– ref. People studying to become teachers speak about Islamophobia and anti-Palestinian racism in Ontario schools – https://theconversation.com/people-studying-to-become-teachers-speak-about-islamophobia-and-anti-palestinian-racism-in-ontario-schools-277712