¿Y si no somos tan adictos a las pantallas como pensamos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Lagunas, Profesor Titular de Antropología, Universidad de Sevilla

AstroStar/Shutterstock

En los últimos años se ha especulado mucho sobre los posibles efectos nocivos de las pantallas y los móviles sobre la salud mental o la capacidad de concentración. ¿Existen pruebas sólidas que respalden estas preocupaciones?

¿Los móviles son buenos o son malos? ¿Son útiles? ¿Perdemos humanidad al utilizarlos? ¿Hemos de desintoxicarnos de las pantallas? Para Daniel Miller, antropólogo experto en cultura digital del University College de Londres y uno de los autores de El Smartphone Global: Más allá de una tecnología para jóvenes, si son buenos o malos no es la pregunta correcta: hay que ver qué hace la gente con ellos.

Un móvil es un objeto extraordinario. Los antropólogos observan que los medios digitales son un lugar más en el que viven las personas. Un móvil es “el lugar donde vivimos”, nuestra casa “transportadora”, nuestra “comunidad”. Un adolescente no tiene que coger el autobús o la bicicleta para ir a casa de sus amigos. Puede estar con ellos desde el teléfono.

El móvil también refleja el oportunismo permanente: hacemos una foto cuando observamos algo divertido, una puesta de sol o un bebé que sonríe. También implica disponibilidad constante y conectividad con otras personas. Pero todo ello genera una presión permanente: estamos enganchados al móvil, el WhatsApp no nos deja libres, hay pérdida de atención por las pantallas, dicen los psicólogos.

Cómo se usa el móvil en Jamaica o China

Un equipo de antropólogos a las órdenes de Daniel Miller ha estudiado cómo se usa el móvil en diferentes culturas:

  • En Jamaica sirve para aliviar la pobreza con el intercambio de información sobre trabajo o la búsqueda de ingresos, además de para hacer breves consultas médicas.

  • En Turquía se usa especialmente para comunicarse con la familia.

  • En la India puede ser una herramienta de control de los hombres sobre las mujeres.

  • En China el móvil es muy útil para aliviar los problemas de la gente mayor.

  • En Uganda los jóvenes envían dinero por el móvil a sus parientes mayores para afrontar el elevado coste de la sanidad y los medicamentos.

  • En Japón se hace imprescindible en caso de catástrofes (tsunami, terremotos…).

Lo que hace a un móvil una herramienta inteligente es cómo la gente lo usa “desde abajo”: la creatividad, las capacidades adicionales, el poder estar en contacto permanente con amigos o parientes…. La tecnología es increíblemente diversa porque la utilizamos de muchas maneras, aunque es verdad que algunos usos afectan negativamente a ciertas personas.

La gente mayor no suele usar las aplicaciones de salud instaladas en el móvil, las que miden pasos, pulsaciones o cuántas calorías hemos quemado al día. Usan más WhatsApp para obtener información de salud, conectarse con los médicos o las compañías de seguros.

Las redes sociales como abismo

Sean Parker, el primer presidente de Facebook, reconocía que Facebook “es un bucle de retroalimentación basado en la validación social… porque estás explotando una vulnerabilidad en la psicología humana”.

Algunas redes tienen como lema implícito eso de que mis palabras no importan y yo no importo, pero todo el mundo debería escucharme de todos modos. Geert Lovink, investigador sobre medios interactivos en la Universidad Hogeschool van Amsterdam (Holanda), afirma que las redes sociales nos abocan al abismo y generan tristeza tecnológica. Suponen una distracción organizada y cierta dependencia, ya que funcionan como un aspirador social. Somos aspirados de vuelta para volver continuamente a las pantallas.

Amy Orben, profesor de la Universidad de Cambridge, ha estudiado el impacto de las pantallas en los adolescentes. Las pantallas pueden estimular la dopamina con ciclos de alzas en nuestro humor, seguidos de largos periodos de estancamiento, antes de terminar colapsando. Permanecer conectado ya no sirve porque pasamos de intensas experiencias de satisfacción a periodos de incertidumbre laboral, familiar y emocional o sumidos en el aburrimiento.

Si las redes sociales son una adicción, como el tabaco y el alcohol, y nos mantienen enganchado al sistema, ¿la solución es salirse de una plataforma?, ¿una desintoxicación digital?, ¿hacer terapia? Si esta fuera la solución, se actuaría solo sobre los síntomas y no sobre las causas.

Para Orben las redes sociales todavía ofrecen muchos beneficios. Proporcionan placer, se entabla amistad, se corteja, se adquieren conocimientos o se encuentra un empleo. No estamos enfermos y no somos adictos.

La cara más y menos amable

Orben rompe con la idea simplista que asocia redes sociales, jóvenes y adicción. El impacto de las aplicaciones no depende tanto del tiempo de uso como del tipo de contenido que se consume. No hay una señal contundente en los estudios que muestre un vínculo inequívoco entre las redes sociales y un menor bienestar: hay efectos más negativos en dormir poco, fumar marihuana o no comer bien que por el uso de redes sociales.

Pero también hay un lado negativo, explican algunos expertos, en el uso de las redes sociales. Por ejemplo, la aparición de la “generación muda”: la reticencia entre los adolescentes y jóvenes a tener intercambios verbales directos o conversar por teléfono. En su lugar, se utiliza WhatsApp o notas de voz y se pierden habilidades sociales y comunicativas.

Cuando un mensaje de texto es enviado a alguien hay una expectativa por recibir una respuesta. Esta espera es la “texto-expectativa”, la experiencia prolongada y dolorosa de anticipar un mensaje de texto, señala Geert Lovink. El fantasma electrónico del otro nos acecha: “cada vez que vibra mi teléfono móvil, espero que seas tú”. Y eso genera ansiedad. “El otro no espera nunca: yo soy el que espera”, como la/el enamorada/o que espera una señal de su amada/o.

Fear Of Missing Out o FOMO es el deseo por vincularse con otros y con el mundo. Es estar estudiando en nuestra casa para un examen y pensar en lo que nos perdemos porque nuestros amigos están en el bar. En las redes sociales ocurre algo parecido –además del voyeurismo online: la forma fría y desapegada de la cultura de la vigilancia que evita la interacción directa–.

Echamos un ojo a las actualizaciones y a la bandeja de entrada por la misma razón por la que soñamos despiertos: para eliminar el aburrimiento. Revisar continuamente el móvil es la forma actual de soñar despierto y trasladar la mente a otro lado. El uso de redes sociales crea una forma modificada de conciencia y un estado de alerta de lo demás. Una tecnotelepatía.

Sin embargo, las grandes tecnológicas nos manipulan mediante algoritmos diseñados para captar nuestra atención. Esta manipulación permanece sin regular. Si las plataformas no estuvieran programadas para engancharnos, quizás usaríamos las pantallas de forma más consciente y equilibrada, recuperando el control sobre nuestro tiempo.

Sí, todas estas cosas son la cara menos amable de las pantallas, pero los móviles no son ni buenos ni malos por sí mismos: depende del uso que hagamos de ellos. Más que demonizar la tecnología o caer en alarmas infundadas, necesitamos comprender cómo nos relacionamos con las pantallas y encontrar un equilibrio consciente entre conexión digital y bienestar real.

The Conversation

David Lagunas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y si no somos tan adictos a las pantallas como pensamos? – https://theconversation.com/y-si-no-somos-tan-adictos-a-las-pantallas-como-pensamos-258782

Los parques no son solo para el verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Del Carmen Moreno Garcia, Profesora jubilada honorífica en el Área de Geografía Física, Universitat de Barcelona

Parque de la Ciutadella, en Barcelona. Nito/Shutterstock

Con las olas de calor del pasado verano en España, se ha hablado tanto sobre los refugios climáticos urbanos que incluso esa expresión se ha hecho ya popular entre los ciudadanos, oyéndose con frecuencia esos términos en cualquier conversación cotidiana.

Las redes de refugios climáticos existentes en algunas ciudades están integradas por diferentes espacios o equipamientos municipales, algunos interiores, como bibliotecas o centros cívicos, y otros exteriores, como parques, jardines o interiores de manzana. Es previsible que su número siga aumentando.

Es en este contexto cuando no está de más recordar las razones que explican por qué los parques y jardines urbanos siguen siendo el refugio climático natural por excelencia, el más sostenible. Tal como se ha comprobado para Barcelona, la mayoría de las personas adultas de más edad (54 %) prefieren utilizarlos de forma habitual para mitigar el calor. No obstante, también ofrecen en los meses más fríos otras ventajas socioambientales: mitigan el frío y el viento, mejoran la calidad del aire, atenúan el ruido y sirven de lugar de encuentro.

Árboles para el verano y árboles para el invierno

Los parques y espacios verdes desempeñan un importante papel en las ciudades, ya que amortiguan las oscilaciones de temperatura, aportan oxígeno a la atmósfera urbana, refrescan el aire y moderan las velocidades extremas de viento.

El diseño de la vegetación en los parques urbanos puede adecuarse para interceptar la radiación solar en situaciones de excesivo calor, o bien para no interferirla cuando lo que se desea es el efecto opuesto.

Los árboles, por ejemplo, interceptan cantidades de radiación solar directa que varían dependiendo de la densidad de su follaje, del tipo de copa y de si forman una capa o dosel suficientemente espeso. De la radiación que incide, una parte es reflejada (10-25%), mientras que entre un 15 y un 35 % queda absorbida por el árbol para utilizarla en los procesos de transpiración y fotosíntesis durante las horas de máxima insolación, dejando pasar, finalmente, entre un 30 y un 50 %.

Algunas especies de los géneros Acer y Quercus, como el arce y el roble, pueden llegar a absorber y reflejar en torno al 90 % de la radiación directa.

En los climas templados de latitudes medias, la necesidad de interceptar parte de la radiación solar directa varía según la época estacional. En los meses cálidos es deseable reducir al máximo la cantidad de radiación incidente que llega a la superficie. En cambio, en los meses fríos, será al contrario. Por esta razón son recomendables los grandes árboles de hoja caduca (plátano de sombra, almez, sófora, tipuana…), ya que se comportan como “persianas perfectas”: proporcionan sombra en verano y, en cambio, dejan pasar en mayor medida la radiación en invierno.

Plátanos de sombra.
Tiago Fioreze/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Efectos en la precipitación y el viento

El arbolado urbano también participa en el control de la precipitación, al interceptar una parte y, con ello, aminorar el impacto de las gotas en el suelo.

Los árboles y las plantas, debido al proceso de transpiración, desprenden vapor de agua a través de los estomas (poros) de las hojas, por lo que son indispensables para rehidratar el ambiente excesivamente seco del medio urbano.

Los árboles pueden reducir, asimismo, la velocidad del viento y crear áreas protegidas, interfiriendo en los procesos de enfriamiento del aire por la evaporación. Con ellos se puede controlar el viento ya sea por obstrucción, conducción, desviación o filtración. El efecto y el grado de control varían, en todo caso, con el tamaño de las especies, así como con su forma y densidad. Árboles de hoja perenne, como los cipreses, se emplean como cortavientos.

Amortiguación de la temperatura

La vegetación concentrada en los parques y jardines influye también directamente sobre la temperatura de la ciudad, amortiguando los valores elevados del verano y, en especial, disminuyendo la intensidad del efecto de la isla de calor urbano.

Mapa de temperaturas que muestra un color azul dentro del Parque de la Ciutadella por su temperatura más baja
Mapa de de temperaturas del Parque de la Ciutadella (Barcelona). El color azul indica temperaturas más frescas.
Moreno García y Baena (2019), CC BY-SA

Así, es frecuente que en los parques (sobre todo, si son de ciertas dimensiones) se observe una significativa disminución de la temperatura en comparación con los lugares edificados de alrededor. Este efecto queda reflejado en los mapas de temperaturas de algunas ciudades, donde los parques aparecen como islas, islotes o células de frescor, con una menor temperatura, una mayor humedad relativa y producción de oxígeno.

El efecto se deja sentir, sobre todo, con vientos débiles o en calma y en noches claras o despejadas, justo cuando la isla de calor urbana está bien desarrollada. En ocasiones, la diferencia térmica provoca ligeros flujos de aire fresco que se extienden por las calles próximas, llamados “brisas de parque”.

En las ciudades españolas este efecto microclimático se conoce particularmente bien en el caso de Madrid, con varios estudios sobre el Parque de El Retiro, la Casa de Campo y otros. En un parque característicamente urbano como El Retiro (120 hectáreas de extensión) es bastante frecuente la aparición de una célula fresca de varios grados de diferencia en relación con las temperaturas de los barrios limítrofes.




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El Retiro de Madrid, un oasis urbano que actúa como climatizador frente al calor


De igual modo ocurre en el caso de Barcelona, con algunos de sus parques como el Turó Parc o el Parque de la Ciutadella. En este último, el más extenso de la ciudad (31 hectáreas), se ha llegado a medir a primeras horas de la noche una diferencia térmica de algo más de 5 °C entre un punto central del parque y las calles de su entorno.

Los parques urbanos son, por tanto, un elemento indispensable en el proceso de reverdecimiento de las ciudades. Un auténtico refugio climático natural que hay que seguir cuidando y fomentando.

The Conversation

María Del Carmen Moreno Garcia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los parques no son solo para el verano – https://theconversation.com/los-parques-no-son-solo-para-el-verano-268258

Reptiles, los grandes olvidados: cómo mejorar su bienestar ayuda a cambiar su mala imagen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Bartolomé, Investigadora Doctora en Etología y Bienestar Animal, Universitat de València

Una familia de escincos (_Egernia stokesii_) en el zoo de Londres. Alicia Bartolomé, CC BY-SA

Los reptiles tienen mala reputación. ¿Cuántas veces hemos visto a una serpiente como símbolo del mal u otro animal escamoso en el papel del villano? En Occidente solemos asociarlos con el pecado y la traición, imagen heredada de la tradición judeocristiana. Sin embargo, sería un error pensar que esta ha sido la visión predominante en todas las culturas. Cocodrilos, serpientes, tortugas… todos han sido dioses, guardianes o símbolos de transformación en distintos folclores.

A pesar de esta riqueza cultural, muchas creencias populares sobre reptiles siguen siendo negativas. Aunque el folclore haya influido en nuestra percepción, su impacto resulta difícil de precisar. De hecho, la aversión hacia los reptiles parece derivar de una combinación de factores evolutivos y socioculturales.

Estudios en primates sugieren que estamos predispuestos a temer ciertas características de las serpientes por su potencial peligrosidad. Por otro lado, la falta de expresiones faciales y su disimilitud con los humanos contribuyen a su percepción como animales extraños y poco inteligentes.

Por último, los reptiles son un grupo diverso del cual sabemos relativamente poco, algo que, junto a su mala imagen, puede influir en su trato.

Invisibles, pero presentes

Aunque suelen pasar desapercibidos frente a aves y mamíferos, los reptiles conviven con nosotros. En el último informe de la Unión Europea (2022) sobre animales utilizados en investigación, el 0,1 % fueron reptiles. Aunque parezca poco, implica a más de 4 500 individuos, un número que ha crecido casi un 200 % en cuatro años. Además, estos datos solo incluyen animales en procedimientos autorizados, excluyendo reptiles capturados temporalmente.

Este número indeterminado de animales es a menudo alojado en condiciones deficientes que no cubren sus necesidades básicas, un problema que no solo afecta a animales retenidos transitoriamente. Los reptiles mascota o que habitan en zoológicos suelen pasar toda su vida en cautividad. Aunque escasos, varios estudios indican que sus necesidades rara vez se satisfacen, derivando en problemas de salud o comportamentales, como la interacción repetitiva con los cristales del terrario, que puede provocar lesiones en el hocico.

Estrategias para mejorar su bienestar

El enriquecimiento ambiental surgió para paliar estas deficiencias y ofrecer a los animales algo que hacer en entornos apenas cambiantes. Hoy es un campo de estudio y una herramienta para mejorar su bienestar. Sus objetivos van más allá de paliar carencias: buscan que los animales prosperen.

En la práctica, implica añadir cambios en el entorno (juguetes, estructuras, estimulación sensorial o social) que promuevan comportamientos naturales. La clave no está solo en introducir cambios, sino en ajustarlos a las necesidades específicas de cada especie y comprobar que realmente mejoran su bienestar.

El entrenamiento se considera una forma de enriquecimiento. En la imagen, un cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus) está siendo entrenado para esperar a escuchar un silbato antes de lanzarse a por la comida.
Alicia Bartolomé, CC BY-SA

En un estudio derivado de mi tesis doctoral abordamos la escasa atención que los reptiles han recibido en este campo. Primero, contactamos con zoológicos europeos para evaluar cómo aplican el enriquecimiento. Aunque la mayoría lo llevaban a cabo, muchas de las prácticas llamadas de “enriquecimiento” no iban más allá de cubrir necesidades básicas, como mantener un gradiente térmico adecuado.

A continuación, diseñamos y evaluamos propuestas de enriquecimiento para dos especies de lagartijas del género Podarcis. Uno consistió en introducir en los terrarios olores (en trozos de papel) de otros individuos, estímulos naturales que estas lagartijas exploran diariamente en el campo. Otro consistió en un tocón de madera con agujeros que las lagartijas debían trepar y explorar para encontrar comida. Por último, incrementamos la complejidad estructural y térmica del terrario, añadiendo plataformas a diferentes alturas.

Para evaluar los efectos del enriquecimiento sobre el bienestar de las lagartijas, observamos su comportamiento. Cuando el terrario estaba enriquecido, se rozaban menos contra el cristal, reduciendo el riesgo de lesiones. También dedicaban más tiempo a moverse y sacar la lengua, comportamientos que reflejan un aumento de la exploración en respuesta a nuevos estímulos. Los animales tenemos una motivación innata por investigar y obtener información, y esa exploración puede resultar gratificante por sí misma.

Además, también medimos la corticosterona, una hormona del estrés (como el cortisol) que puede analizarse en heces de forma no invasiva. Vimos que sus niveles aumentaban con el tiempo en cautividad, excepto durante las fases de enriquecimiento, lo que sugiere que este atenúa la respuesta al estrés. Aunque preliminares, los datos apuntan a un impacto fisiológico positivo del enriquecimiento en estas lagartijas.

Un macho de lagartija roquera (Podarcis muralis) en el laboratorio, subido al tocón nutricional, uno de los enriquecimientos evaluados.
Alicia Bartolomé, CC BY-SA

Un largo camino por recorrer

Los hallazgos pueden contribuir a mostrar lo errónea que es la imagen estereotipada de los reptiles. La evidencia indica que son animales con capacidades cognitivas y vidas sociales complejas –exhibiendo incluso conductas de juego– y que tienen más necesidades de las que les reconocemos.

Aunque quede mucho por hacer, los reptiles y otros animales tradicionalmente ignorados despiertan cada vez más interés. La situación actual así lo exige. La mayoría de reptiles cautivos provienen del comercio de especies, un negocio rentable para algunos, pero que se cobra muchas vidas.

Hasta un 36 % de las especies de reptiles son comercializadas, a menudo de manera ilegal. De muchas, apenas conocemos nada de su biología y comportamientos, y sin embargo comerciamos con ellas como si fuesen objetos de colección. Su sufrimiento queda en segundo plano: antes de su venta, los ejemplares son mantenidos en condiciones insalubres, sin considerar requerimientos de espacio, nutrición, temperatura o humedad.

Tras su venta, la tasa de muerte prematura supera el 70 %. Además de los problemas de bienestar, el comercio de animales exóticos también produce perjuicios ecológicos, como la sobreexplotación o la introducción de especies invasoras.

En este contexto, el enriquecimiento ambiental es una oportunidad para educar y concienciar, ayudando a comprender mejor el comportamiento, capacidades y necesidades de animales a menudo ignorados. Mientras sigamos manteniendo animales en cautividad, garantizar su bienestar será nuestra obligación moral.


Artículo ganador del I Premio de Comunicación Científica de la Universitat de València en la modalidad de Ciencias Básicas


The Conversation

Alicia Bartolomé ha recibido fondos del Ministerio de Universidades (contrato predoctoral).

ref. Reptiles, los grandes olvidados: cómo mejorar su bienestar ayuda a cambiar su mala imagen – https://theconversation.com/reptiles-los-grandes-olvidados-como-mejorar-su-bienestar-ayuda-a-cambiar-su-mala-imagen-268312

Cuando los subtítulos y el doblaje de una película no coinciden (ni tienen por qué)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta González Quevedo, Profesora de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

En _Cantando bajo la lluvia_ el personaje de Debbie Reynolds acaba teniendo que doblar a la protagonista de la película que están rodando. IMDB

La necesidad de traducir películas es tan antigua como el cine sonoro. Desde principios de los años 20 del siglo pasado se empezaron a escuchar, casi como si fuera magia, las voces de los personajes que se veían en la pantalla grande.

Sin embargo, con esa nueva tecnología, surgió también un nuevo problema: “¿qué estaban diciendo esos actores y actrices?”. En la mayoría de las películas se hablaba inglés, pues Hollywood era uno de los mayores exportadores de la época, por lo que, en nuestro caso, para aquellos que no conocían el idioma hacía falta “trasladarlo” al español.

Hay muchas formas (llamadas modalidades) de traducir un filme o una serie, pero las dos más conocidas son el doblaje y el subtitulado.

Diferencias entre modalidades

Cuando hablamos de doblaje, entendemos que, al ver el producto audiovisual, podemos escuchar las voces de los personajes en nuestro idioma tras haber sido traducidas y reinterpretadas por actores. Por el contrario, con los subtítulos escuchamos las voces originales y lo que dicen está escrito en pantalla, normalmente en el idioma del receptor, aunque puede ser también el mismo que se habla.

Muchas veces podemos elegir la modalidad que más nos guste en las salas de cine: en ocasiones preferimos disfrutar una película en nuestro idioma; en otras, queremos escuchar la actuación original. En casa, la mayor parte de las plataformas online ofrecen la posibilidad de elegir la versión que queramos.

Sin embargo, llegar hasta ese punto, hasta entender la película en un idioma diferente al que fue creada, es más difícil de lo que parece.

Los traductores audiovisuales no solo tienen que traducir lo que se dice, sino que deben ser muy cuidadosos con cómo se dice (el tono, el sentido, la ironía). Aunque importan mucho los diálogos, también lo hace la imagen, tanto los objetos que se ven en pantalla como los movimientos que hacen los actores u otros elementos. Por ejemplo, si un personaje asiente con la cabeza, no podemos traducir su frase en negativo. Tendremos que reformularla para expresarla en afirmativo, siempre dando la misma información que en el original.

¿Por qué a veces no coinciden?

Para complicarlo aún más, los elementos que hay que tener en cuenta no siempre coinciden en el doblaje y el subtitulado.

Cuando traducimos para doblaje, debemos analizar el movimiento de la boca de los actores, si ellos aparecen en pantalla o no, e incluso si hay una voz en off.

El subtitulado es algo diferente. Hay que tener en cuenta el espacio disponible en pantalla para escribir (¡no podemos llenarla de letras!) o la velocidad a la que aparecen y desaparecen las palabras, para que dé tiempo a leerlas bien. Entre otras cosas, se deben evitar las frases demasiado largas.




Leer más:
¿Cómo aprender y enseñar inglés a través de la traducción audiovisual?


A veces, las referencias culturales deben adaptarse al idioma del público y considerar si, en la escena que estamos traduciendo, hay algo en la imagen que requiera la atención del espectador.

Además, es necesario recordar que es imposible leer a la misma velocidad a la que hablamos. Por tanto, en un doblaje se puede dar mucha más información que en los subtítulos, que son escritos. ¿Eso significa que con ellos perderemos información importante? Definitivamente, no. Aunque los subtítulos deban resumir el contenido, los traductores profesionales saben cómo reescribir las frases para que no se pierda nada importante.

Por ejemplo, en inglés alguien comenta: “I’ll be right back” (que significa “Volveré enseguida”). En doblaje puede sonar “Ahora vuelvo” mientras que en los subtítulos puede poner “Vuelvo ya”. Todas las versiones dicen lo mismo, pero han sido adaptadas a cada formato.


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Preferencia personal

Sabiendo todo esto, ¿cuál es la forma “correcta” de ver un filme en un idioma diferente al nuestro? Pues no hay una respuesta acertada. O más bien, la respuesta es: “Ambas”.

Tanto la modalidad de doblaje como la de subtitulado, siempre que las lleven a cabo traductores profesionales, ofrecen la información y el cuidado necesarios. Además, cada una de ellas aporta beneficios diferentes. El doblaje es cómodo, y proporciona cercanía y naturalidad, ya que imita nuestra forma de hablar. El subtitulado permite ver las actuaciones reales de los actores, y puede mejorar nuestra lectura. ¡Incluso puede motivarnos a practicar un idioma!

La elección de una u otra no dependerá de cuál es mejor, sino de la voluntad del espectador y de la disponibilidad que exista. Incluso, en algunos casos, se pueden elegir ambas. Después de todo, el mundo audiovisual ofrece cada vez más posibilidades, ¿por qué no aprovecharlas todas?

The Conversation

Marta González Quevedo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando los subtítulos y el doblaje de una película no coinciden (ni tienen por qué) – https://theconversation.com/cuando-los-subtitulos-y-el-doblaje-de-una-pelicula-no-coinciden-ni-tienen-por-que-267771

Si me ‘baiteas’ te ‘bursteo’: cómo puede influir el léxico de los videojuegos en el idioma español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iván Ramírez Sánchez, Profesor de Lengua española, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

La industria del videojuego ha experimentado en las últimas décadas un crecimiento exponencial. En España, en 2023 el sector facturó más de 152 000 millones de euros contando las transacciones en tres plataformas: consolas, móviles y ordenador. A nivel global, son 3 422 millones de personas las que dedican parte de su ocio a estas actividades, un 4,5 % de la población mundial. Si agrupamos los habitantes de Estados Unidos, China y la India todavía nos faltarían 200 millones de personas para acercarnos a esa cifra.

La lengua es un reflejo de la sociedad y también de los cambios en tendencias, gustos y hábitos de los hablantes. En la vigesimosegunda edición del Diccionario de la lengua española, de 2001, se añadió la palabra videoconsola con el sentido de ‘consola para videojuegos’.

En la actual edición se incorporaron, en el año 2022, la palabra videojugador y la variante videojugadora con el sentido de ‘persona que juega a videojuegos, especialmente de forma habitual’. Son pequeñas muestras de que el léxico vinculado a este sector va permeando poco a poco en el español general.

Los híbridos ortográficos

Desde el año 2020, se publica anualmente la Crónica de la lengua española. En estas obras las academias de la lengua tanto de España como de los países Hispanoamericanos tratan, entre otros asuntos, cuestiones actuales sobre la lengua y la literatura españolas. En la primera edición, el académico Salvador Gutiérrez Ordóñez dedica un capítulo a los híbridos ortográficos, es decir, palabras que tienen elementos de lenguas distintas y que, en ocasiones, presentan peculiaridades con respecto a su ortografía.

Dentro de este capítulo, Gutiérrez Ordóñez estudia el léxico de los jugadores de videojuegos y señala que, de manera regular, emplean híbridos ortográficos para referirse a procesos que ocurren dentro de la propia actividad. Lejos de lo que podría pensarse, esta práctica “no se trata de un fenómeno esporádico, sino de una técnica de formación muy común y generalizada”.

En inglés, es habitual que algunos sustantivos y verbos presenten la terminación –ing, como camping, footing u overbooking. Tal es el rendimiento de este sufijo que la lengua española, en ocasiones, permite crear híbridos que pasan por anglicismos camuflados, como puenting o, más recientemente, balconing. Lo que ocurre en ambos casos es que existe una base léxica española (puente y balcón, respectivamente), a la que se añade un sufijo de una lengua extranjera, –ing. Tenemos lo que Gutiérrez Ordóñez llama un híbrido ortográfico.

El caso de los videojuegos

La fórmula que emplean los gamers es inversa: se toma una base inglesa y se le añade un sufijo español que, sistemáticamente, parece ser –ear.

En una pequeña investigación que no pretende ser exhaustiva, Gutiérrez Ordóñez cita hasta diecinueve palabras formadas con este esquema: baitear (de bait ‘cebo’), banear (de ban ‘prohibir’), bindear (de bind ‘ligar’), bugeado (de bugs ‘errores’), burstear (de burst, ‘ráfaga’), carrear (de carry ‘arrastrar’), charmear (de charme ‘encanto, encantar’), chasear (de chase ‘perseguir’), craftear (de craft ‘elaborar’), dropear (de drop ‘soltar, dejar caer’), dupear (de dup ‘engañar’), farmear (de farming ‘cultivar’), feedear (de feed ‘alimentar’), ghostear (de ghost ‘fantasma’), grindear (de grind ‘moler’), junglear (de jungle ‘jungla’), kitear (de kite ‘cometa’), levelear (de level ‘nivel’), mainear (de main ‘principal’).

Pero hay que hacer algunos matices a su selección. La mayoría de estas palabras tienen un significado muy próximo al de la base inglesa, que de forma consistente se une al sufijo –ear para designar una práctica o acción. Por ejemplo, la palabra burstear se refiere a la acción de ‘causar una gran cantidad de daño en muy poco tiempo’. Es razonable pensar que la acepción de burst que se aplica en este contexto no sería sin embargo la que señala Gutiérrez Ordóñez, ‘ráfaga’, sino ‘reventar’, que suele ser lo que le ocurre al jugador o a un enemigo cuando le burstean.

Por otro lado, la palabra ghostear, que en la jerga juvenil y en el contexto de las relaciones sentimentales se suele entender –bajo la forma ghosting– como ‘cortar la comunicación con una persona sin explicación’, no se emplea con este sentido en el mundo que nos ocupa.

Es frecuente que los jugadores de videojuegos en línea profesionales sean también consumidores de streaming, por ejemplo en Twitch. Algunos de los mejores emiten sus partidas en directo, aunque estén compitiendo con otros. Y entre los espectadores, aficionados al videojuego o seguidores del streamer, pueden encontrarse precisamente los rivales, que aprovechan esta circunstancia para verlos al mismo tiempo que juegan contra ellos en directo, con el fin de aprovechar la ventaja que esto aporta. Esta práctica se conoce como ghostear o snipear (de sniper ‘francotirador’).

Las que ya se admiten

Desde luego, ni ghosting ni ghostear forman parte, de momento, del español general, pero hay otras candidatas que podrían dar el salto de categoría.

Banear significa ‘restringir a alguien el acceso a una plataforma o servicio’, de forma general, aunque también se aplica al contexto de los videojuegos. En un primer caso, banear alude a la restricción que se aplica a un jugador que emplea herramientas ilícitas en juegos en línea (lo que se conoce como cheats o hacks). Un segundo sentido se emplea en el contexto de un enfrentamiento entre jugadores que pueden usar varios personajes, y mutuamente banean a uno de esos individuos especialmente poderoso.

Ya hay ejemplos de palabras vinculadas a la tecnología formadas a partir de este mecanismo y recientemente añadidas al DLE. Son los casos de hackear (hack y –ear), textear (text y –ear), tipear (type y –ear), trolear (troll y –ear) o vapear (vape y –ear). En el Diccionario de términos de videojuegos recogemos 52 híbridos ortográficos con base inglesa y sufijo –ear. Serán los hablantes quienes juzguen si alguna de estas palabras merece formar parte del español general a través del medio más democrático que tiene la lengua: el uso.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Iván Ramírez Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Si me ‘baiteas’ te ‘bursteo’: cómo puede influir el léxico de los videojuegos en el idioma español – https://theconversation.com/si-me-baiteas-te-bursteo-como-puede-influir-el-lexico-de-los-videojuegos-en-el-idioma-espanol-266954

La selección: metáforas que nos confunden

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

HAKINMHAN/Shutterstock

Me van a decir que siempre hablo de inteligencia artificial y tienen razón. Lo hago sin querer, como una especie de exorcismo inconsciente, como si de tanto desgastar el término pudiera pulir y limpiar de todo eso que tiene que nos confunde. Empezando por la palabra “inteligencia” misma. ¿Qué ganamos y qué perdemos cuando la IA deja de ser un mero artefacto para convertirse, lingüísticamente, en un alter ego humano: un ente que “piensa”, “siente” e, incluso, “cuida” de las personas?

La ciencia (y eso incluye a la filosofía, que sería algo así como la ciencia del amor al conocimiento) se ha volcado en los últimos cinco años en analizar las complejas implicaciones que tienen las nuevas herramientas digitales en nuestras vidas. Pueden servir para algo tan bello como hacer poesía, pero también para fines perversos, como facilitar la pederastia en plataformas de videojuegos online. Tenemos que alertar sobre los riesgos, no para asustar a nadie, sino para dar la oportunidad a la gente de prevenirlos. Seguramente, en eso pensaba Günter Anders, conocido por sus colegas como “sembrador del pánico” y firme defensor de que la tecnología jamás será neutral.

Y es que la realidad, a veces, resulta incómoda, sobre todo cuando la producción de conocimiento está moldeada por intereses geopolíticos, desigualdades estructurales y presiones económicas. O cuando desafía mantras generalizados, como la falsa creencia de que tecnología es siempre equivalente a progreso. También tiene su cara oculta: puede emplear mano de obra barata en condiciones infrahumanas –los nuevos esclavos digitales–, tener un gran impacto medioambiental o trastocar la salud mental de jóvenes y adolescentes.

¿Pero quién es el responsable de hacer que los beneficios de la tecnología sean accesibles para todos y, al mismo tiempo, de protegernos de sus riesgos? Podemos empezar por hacer algunas cosas en nuestra esfera individual, sí. Pero el grueso de la tarea cae en los reguladores y, antes de eso, en todos estos investigadores que se lanzan a estudiar y producir evidencia sobre riesgos, consecuencias, novedades que los avances tecnológicos traen la sociedad. Necesitamos, sin duda, científicos más comprometidos y gobernantes mejor informados.

The Conversation

ref. La selección: metáforas que nos confunden – https://theconversation.com/la-seleccion-metaforas-que-nos-confunden-268736

African countries need strong development banks: how they can push back against narrative to weaken them

Source: The Conversation – Africa – By Misheck Mutize, Post Doctoral Researcher, Graduate School of Business (GSB), University of Cape Town

A quiet but consequential contest is playing out in the global financial architecture. One that could determine Africa’s ability to finance its own development.

In recent months, powerful voices from the International Monetary Fund (IMF), the Paris Club and US investment bank JP Morgan have questioned the preferred creditor status of African multilateral development finance institutions. These institutions include the Africa Export-Import Bank (Afreximbank) and the Trade and Development Bank (TDB).

Preferred creditor status is a long-standing practice in global finance. It gives multilateral development finance institutions priority in being repaid when a country faces financial distress. The idea is simple. These institutions lend to promote development. During crises, they step in with counter cyclical lending – increasing support when commercial creditors pull out.

This reliability depends on their strong credit ratings, which in turn rest on the assurance that they will be repaid even when others are not. That assurance is what the preferred creditor status guarantees. The World Bank, IMF and regional development banks in Asia and Latin America all enjoy this protection as a matter of practice. Borrowers respect it because breaching it would threaten their access to future concessional lending – loans offered on much lower interest rates and other terms.

The voices against African multilateral finance institutions argue that they are too small to deserve preferred creditor status. Or that, unlike the World Bank and IMF, they do not lend at concessional rates. JP Morgan has even warned that Africa’s development banks might lose their status altogether.

The debate about the preferred creditor status of Africa’s multilateral development finance institutions may sound technical. It is not. If left unchallenged, this narrative could justify the continued high interest rates Africa faces on international markets.

Drawing on decades of researching Africa’s capital markets and the institutions that govern them, I recommend that African governments must reaffirm and defend the preferred creditor status of multilateral development banks. African multilateral development banks must also act collectively to defend their credibility. And the African Union must embed the preferred creditor status of the continent’s development banks in its financial sovereignty agenda.

Unwritten privilege vs law

For the IMF, World Bank and Paris Club, the preferred creditor status is an unwritten privilege. For African multilateral development banks, it is law.

The founding treaties of Afreximbank, the African Development Bank and TDB explicitly enshrine this status. These treaties are registered under Article 102 of the UN Charter, making them binding under international law. African member states have also ratified them into law, domestically.

This makes the status of African multilateral development banks more legally secure than that of Bretton Woods institutions. Yet it is the African banks whose status is now described as “uncertain” or “controversial”.

African governments must correct this perception. The African Union and its members have already endorsed this principle, but stronger, coordinated public statements are needed, especially from finance ministers and central banks. The aim will be to reassure investors that these protections are real, enforceable and backed by political will.

Collective action

Institutions such as Afreximbank, the AfDB, TDB, Shelter Afriqué Development Bank and the Africa Finance Corporation have grown rapidly. Together, they hold more than US$640 billion in assets, expanding by about 15% a year. They have mobilised billions from global capital markets and stepped up lending when global finance withdrew. They have diversified into the panda bonds in China, proving their resilience and capacity to tap into nontraditional capital markets.

Their success, however, has attracted resistance. International creditors and rating agencies have started questioning their preferred creditor status, describing it as “weak” or “shaky”. This has real consequences. It weakens investor confidence. Investors demand higher returns, raising the cost of borrowing for the banks and, by extension, for African countries, based on a risk factor that does not exist.

To counter this, African multilateral development banks must coordinate their responses. The newly formed Association of African Multilateral Financial Institutions is a promising platform. It should be more active and become the unified voice defending the preferred creditor status. It should be used to issue joint legal opinions, engage directly with credit rating agencies and Paris Club members, and run global investor education campaigns that clarify the legal standing and strong performance of African multilateral development banks. The continent’s development banks must speak with one voice. Silence allows others to define their credibility.

Continent’s financial sovereignty

Protecting preferred creditor status is about more than technical finance. It is about sovereignty. Africa is building its own financial ecosystem through the African Credit Rating Agency. The other financial institutions in the ecosystem – which aren’t yet operational – are the African Central Bank, African Investment Bank and African Monetary Fund. Their purpose will be to reduce dependence on external actors and keep Africa’s development agenda in African hands.

A battle of perception

Global finance runs on perception which is shaped by narratives. Those who control the narratives control the cost of money. If the preferred creditor status of African multilateral development banks continues to be misrepresented, Africa’s access to affordable finance will remain hostage to external opinion rather than legal reality.

It will also weaken African development banks just as they are becoming more effective. Their ability to borrow cheaply and on favourable terms depends on their credit ratings, which rest on the assumption that they will be repaid first in case of distress. If that assumption is shaken, borrowing costs will rise.

By reaffirming the legal basis of the preferred creditor status of African multilateral development banks, coordinating their response and embedding this status in the AU’s financial sovereignty framework, African governments and multilateral development lenders can protect one of the most important tools for affordable development finance.

This is not just about defending institutions, it’s about defending Africa’s right to finance its own future on fair terms.

The Conversation

Misheck Mutize is affiliated with the African Union – African Peer Review Mechanism as a Lead Expert on credit ratings

ref. African countries need strong development banks: how they can push back against narrative to weaken them – https://theconversation.com/african-countries-need-strong-development-banks-how-they-can-push-back-against-narrative-to-weaken-them-267989

Can a pro-federation win in Northern Cyprus revive the island’s stalled reunification?

Source: The Conversation – Canada – By Spyros A. Sofos, Assistant Professor in Global Humanities, Simon Fraser University

In the recent Northern Cyprus presidential election, an overwhelming majority of the Turkish Cypriot electorate rejected incumbent Ersin Tatar, backed by the Turkish government, and his hard-line two-state rhetoric.

Opposition leader Tufan Erhürman’s landslide victory has revived hopes for a settlement on the divided island.

Cyprus is an independent country and a member of both the United Nations and the European Union. But it’s divided, with the internationally recognized Republic of Cyprus in the south and a self-declared state in the north, the Turkish Republic of Northern Cyprus, recognized only by Turkey.

A two-state solution calls for the island to remain divided between Greek Cypriots in the south and Turkish Cypriots in the north instead of reunifying.

This division was the result of Turkey’s 1974 invasion of Cyprus that followed a coup orchestrated by the Greek junta aimed at uniting the island with Greece. Turkey intervened, ostensibly to protect the Turkish Cypriot minority.

Decisive mandate

For the first time, a national leader openly embracing the UN’s model of a bi-communal, bi-zonal federation has secured a decisive mandate — almost 63 per cent of the vote in the first round of the election and majority support in every electoral district.

Erhürman represents the social-democratic and pro-unification tradition of the Republican Turkish Party (CTP). His platform focuses on rebuilding co-operation between the north and south and re-engaging the EU in a peace process to create a shared federation with a rotating presidency and equal political rights. It builds on decades of UN reunification efforts.

I have previously argued that Cypriot hopes for unification were on life support, but not doomed. That assessment still holds today now that there’s the first real chance in years to restart a meaningful process of reconciliation. The question is whether the Republic of Cyprus is willing to seize this opportunity or retreat once again into comfortable inaction.

This will determine whether Cyprus finally begins to heal the divisions that have endured since the Turkish invasion.




Read more:
Cypriot hopes for unification are on life support, but not doomed


Why this moment matters

Despite his carefully crafted campaign messages, Erhürman’s victory is a direct challenge to Turkey’s hold on North Cyprus — in particular its growing political, military and economic control.

It also comes as Devlet Bahçeli, leader of Turkey’s ultra-nationalist MHP and coalition partner to President Recep Tayyip Erdoğan, called for Northern Cyprus to be absorbed by Turkey within days of the vote.

The outburst revealed anxiety in Turkey: a pro-federation leadership in Lefkoşa — the Turkish Cypriot part of the city of Nicosia — could loosen the grip Turkey built through subsidies, security dependency and crony networks.

Yet the far greater uncertainty lies in the south.

The south’s long drift since 2004

In the referendum on the UN-brokered Annan Plan that would have allowed a united Cyprus to enter the European Union in 2004, 65 per cent of Turkish Cypriots voted in favour of reunification, while three-quarters of Greek Cypriots rejected it.

The Republic of Cyprus joined the EU a week later while the acquis communautaire — the full body of European Union rules and obligations — was suspended in the north.

The failure of the plan deflated Turkish Cypriots’ EU aspirations and ushered in an era of isolation during which the south’s political class no longer felt compelled to compromise.

In the two decades since, successive governments in Nicosia in the south have proclaimed support for a federal solution but acted as stewards of an ethno-national enclave with elites profiting from state-granted privileges, real-estate speculation and now-discredited “golden passport” schemes.

The oligarchic patronage that flourished under that system rewarded partition rather than reconciliation. Opportunities to move the process forward — most notably, talks in 2017 — were squandered.

For many in the south, the “Cyprus problem” is primarily a question of occupation; for many in the north, it’s about political equality and security.

A map with division lines of the island of Cyprus.
A map of divided Cyprus.
(Spyros A. Sofos, 2025), CC BY-NC

The real test: Political will

For reunification talks to restart, the internationally recognized Republic of Cyprus must do more than verbally welcome the election outcome. It must take positive action.

That means endorsing UN Secretary-General António Guterres’s proposal to resume negotiations “within the agreed UN framework” and engaging swiftly with measures like electricity interconnection, joint search-and-rescue co-ordination and cultural-heritage restoration.

These types initiatives — part of a power-sharing model in which divided communities share government through guaranteed representation, mutual vetoes and a degree of autonomy — are already working across the Cyprus buffer zone. That’s where the two communities have been co-operating on issues like the recovery and identification of victims of the 1974 war, basic infrastructure projects and the opening of crossing points at what used to be an impenetrable border.

But the Greek Cypriot leadership faces domestic constraints: a parliament where nearly half the parties oppose federation outright and voters have been conditioned to equate compromise with betrayal. Change will require moral and political courage — something no Cypriot president since Tassos Papadopoulos’s rejection of the Annan Plan has demonstrated.

Global significance

Cyprus represents far more than a local dispute. The island lies at the crossroads of eastern Mediterranean energy routes and has played a role in the tensions in NATO’s southern flank and the fraught relationship between the EU and Turkey.

Erol Kaymak, a Turkish Cypriot international relations expert, has argued that a revived peace process would open the door to co-operation on offshore energy and maritime boundaries, issues that increasingly affect regional stability.

He also points out that continued partition entrenches Turkey’s military presence and sustains a grey-zone economy vulnerable to corruption and organized crime.

For the international community, Cyprus offers lessons in peacebuilding: can outside entities promote post-conflict power-sharing and justice when one side depends more on the other? The Canadian UNFICYP — the UN peacekeeping force in Cyprus — has experience in facilitating precisely such co-operation.

Last opportunity?

Erhürman’s election is a remarkable assertion of autonomy by Turkish Cypriot voters who have endured decades of isolation from the international community.

But unless the Greek Cypriot political officials respond with a genuine initiative for talks, the window could close quickly. Erdoğan’s government is already signalling it will not tolerate any divergence of Turkish Cypriot policies from Turkey’s.

The election may be the last chance for Cypriots on both sides to build trust-based institutions, eliminate the need for external guarantors and troops and restore the island as a common home for all.

This requires perseverance, creativity and imagination. Officials need to look not just at what’s worked in the Cyprus peace process but also at power-sharing lessons from Northern Ireland and other places where inclusive coalitions helped stabilize divided societies.

It’s essential to strengthen co-operation and foster closer ties that can gradually erode mutual distance and suspicion. These efforts could make any future settlement easier to implement and could lay the groundwork for a more stable and mutually beneficial co-existence.

However Cypriots choose to share their island, this could be their last chance to ensure the many barricades that have divided them for more than 50 years are finally dismantled.

The Conversation

Spyros A. Sofos does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Can a pro-federation win in Northern Cyprus revive the island’s stalled reunification? – https://theconversation.com/can-a-pro-federation-win-in-northern-cyprus-revive-the-islands-stalled-reunification-268138

Mark Carney’s apology to Donald Trump: Far from ‘elbows up,’ it seems Canada has no elbows at all

Source: The Conversation – Canada – By Stewart Prest, Lecturer, Political Science, University of British Columbia

Canadians have learned in recent days that Prime Minister Mark Carney did indeed apologize for an Ontario advertisement that used Ronald Reagan’s own words to correctly portray the late United States president’s views on the importance of free trade.

The subtext to such an apology is clear: “Sorry Ontario accurately described Ronald Reagan’s stand on free trade, Mr. President. We understand those words hurt your feelings and challenged your version of the truth, which of course is unacceptable. We promise we won’t let the facts get in the way of our relationship again.”

Last spring’s election was all about building insulation to Trump, using phrases like “Elbows up” and “Canada Strong.” But the attitude of both the federal government and the Official Opposition, then and now, has often been conciliatory to the point of obsequiousness.

Far from elbows up, Canada too often seems to have no elbows at all.




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Elbows down? Why Mark Carney seems to keep caving to Donald Trump


Implications of the apology

Carney apologized for something he didn’t do — and something that was completely defensible, at least in a normal period of Canada-U.S. relations.

Critics of Ontario Premier Doug Ford and defenders of Carney — often the same people — will say the ad should not have happened in the first place.

They would point out, not incorrectly, that though the ad accurately recounted Reagan’s words, those words aren’t relevant to Republican views anymore and that the ad unnecessarily poked the bear. This may be true, but it doesn’t justify the apology.

In normal times, there would be nothing wrong with the ad airing in the U.S. Traditionally, Americans have valued and encouraged free speech and reasoned argument, and respected the views of allies and partners. Canadian governments, accordingly, may resort to public advocacy south of the border to get the attention of decision-makers in the complex U.S. policymaking apparatus.

When institutions are working as they should in the U.S., power is disaggregated between federal and state levels and between executive and legislative branches, making advocacy a complex, multifaceted affair.

But we are not in that world anymore. The U.S. must be handled as a regime, not a democracy. As The New York Times editorial board accurately described things recently, democracy in the U.S. is under sustained threat due to the actions of Trump and his supporters. There are still democratic elements within the country, but the U.S. no longer responds to normal diplomacy.

The ad was therefore an unnecessary risk. The apology, however, was an unnecessary own-goal. An apology is due when someone has done something wrong, but that is not the case here. The ad might have been ill-advised, but it was not wrong.

Dealing with a bully

When dealing with a bully, don’t say or do anything you’re not willing to stand beside, even if it provokes a presidential fit of pique. Every climb-down is a defeat and an admission of weakness. Better to say nothing than to say something you have to take back. And if offence is taken, an apology will only make things worse in the long run.

It has been obvious for a long time that the only thing Trump respects is power, and the only thing he may be persuaded by is a transactional, personal payoff. While an apology might seem to provide a personal payoff him, what it really does is communicate a lack of power. That in turn invites further demands.

Bullies don’t stop bullying when you make it clear you’ll do what they ask. They stop when it’s clear that you won’t. As long as outrage is rewarded, Canada can expect more of the same.

The truth doesn’t matter

What’s more, Carney’s apology makes clear that truth won’t be an obstacle to Canadian compliance, not unlike when the country took the imagined fentanyl border crisis seriously. In both cases, Canada’s response communicated that its actions will be tailored to suit Trump’s version of reality, not facts on the ground.

Such deference is not only a betrayal of Canadian dignity, sovereignty and interests, it’s also not going to work. There is now ample evidence backing this up.

Retract the ads, and the tariffs go up anyway. Apologize, and the tariffs stay in place. Spend billions on cross-border security, including fentanyl interdiction, and the tariffs remain. Spend additional billions on defence spending, and the tariffs stay put. Fly to Mar-a-Lago as a supplicant and get a series of 51st state taunts for your pains.

Would-be autocrats thrive on the subjugation of facts to their will. Canada simply can’t afford to keep giving in to Trumpian demands or to allow the truth to be whatever the American administration says it is.




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Psychoanalysis explains why Donald Trump is taunting Canada and ‘Governor Justin Trudeau’


Public diplomacy in the Trump era

Canada’s best option, instead, is to stay consistent with a single message: it stands ready to be a partner. The two countries have always benefited from working together, and can again do so. Canada is not out to antagonize, but neither should it apologize for simply speaking the truth.

Going forward, it’s clear that Canada’s premiers must work more closely with the federal government on a single forceful message, not freelance in whatever direction suits their particular political interests at the moment. Canada needs one foreign policy, not 14. Multiple messages simply create opportunities to divide and conquer.

Similarly, Canada must deepen links with other allies and partners around the world as quickly as possible. Bullies pick on the weak and the isolated. Canada can’t afford to be either.

Above all, when the U.S. takes offence, or gives it, the country must politely but firmly stand its ground. Canada cannot allow the freedom to speak the truth or stand up for itself to become the latest casualties in Trump’s trade war against all.

The Conversation

Stewart Prest does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Mark Carney’s apology to Donald Trump: Far from ‘elbows up,’ it seems Canada has no elbows at all – https://theconversation.com/mark-carneys-apology-to-donald-trump-far-from-elbows-up-it-seems-canada-has-no-elbows-at-all-268856

L’Union européenne peut-elle encore peser sur le monde ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jean-Philippe Melchior, Professeur des universités en sociologie, Le Mans Université

La combinaison de son recul économique, de la dégradation du contexte international et du possible désengagement de Washington du Vieux Continent place l’UE devant une alternative : continuer à n’être qu’une plateforme commerciale et normative, sachant que les recettes néolibérales appliquées au cours des dernières décennies ont mécontenté de larges pans de la population, ou aller plus avant vers une intégration politique plus poussée.


Quand tout s’accélère sur le plan géopolitique, il est essentiel de relier les événements aux tendances structurelles qui les nourrissent. Depuis février 2025, l’inquiétude grandit en Europe : le président des États-Unis, qui affirmait pouvoir mettre fin au conflit russo-ukrainien « en un jour », se soucie peu de la souveraineté de Kiev. L’échange tendu du 28 février entre Donald Trump et Volodymyr Zelensky, de même que la rencontre à tonalité très amicale d’Anchorage avec Vladimir Poutine le 16 août ont montré que Washington pousse à un cessez-le-feu à n’importe quelle condition, quitte à sacrifier les intérêts de l’Ukraine.

Cette posture met en évidence la dépendance persistante de l’Union européenne à l’égard des États-Unis et oblige à repenser ses fondements. Après un rappel des fragilités de la construction européenne, il convient d’identifier les défis suscités par la politique américaine, puis de réfléchir aux opportunités qu’offre cette nouvelle configuration.

Le rôle d’accélérateur de l’UE dans la généralisation des politiques néolibérales

Le compromis social forgé après 1945 – droits sociaux, services publics, redistribution, sécurité de l’emploi – s’est progressivement érodé, laissant place à un capitalisme dérégulé. Le rôle joué par l’UE dans cette mutation, amorcée dès les années 1980, est souvent sous-estimé.

Dans un contexte de mondialisation, les élites économiques ont cherché à doter l’Europe d’un vaste marché intégré. Droite, centre et social-démocratie ont relayé cet objectif, conçu comme un moyen de rivaliser avec les États-Unis et le Japon. L’Acte unique (1986) et les traités de Maastricht (1992) et d’Amsterdam (1997) ont accéléré les transferts de compétences et favorisé une déréglementation sans précédent. Parallèlement, l’élargissement vers l’Europe centrale et orientale a accentué cette dynamique, permettant aux grandes entreprises d’opérer à l’échelle continentale.

Ces choix ont engendré, dans la quasi-totalité des pays de l’UE, des renoncements majeurs : perte de souveraineté budgétaire, affaiblissement de la protection sociale, recul des services publics, flexibilité accrue du travail.

L’orientation néolibérale de l’UE a nourri la défiance des catégories populaires et contribué à la montée de l’extrême droite. Sans rupture avec cette trajectoire, l’UE risque de perdre encore en légitimité et de voir croître les forces hostiles à l’intégration.

Pourtant, l’UE a acquis des compétences étatiques importantes – légiférer, négocier des accords commerciaux, développer une banque centrale. Elle s’est affirmée comme un proto-État, mais dont la vocation demeure largement économique. L’UE n’a pas encore trouvé le chemin d’un équilibre entre intégration économique et justice sociale, ce qui alimente sa vulnérabilité politique.

Un contexte international difficile pour l’UE

L’Europe reste une zone développée mais affiche une croissance atone : 1 à 1,5 % prévus dans la décennie, contre 3 % aux États-Unis et des niveaux supérieurs pour la Chine et l’Inde.

Cette perte de vitesse économique intervient à un moment où la guerre est aux portes de l’UE (rappelons que l’Ukraine est frontalière de trois pays membres : la Pologne, la Slovaquie et la Roumanie).

L’Europe a tardé à percevoir la nature agressive du régime russe. Géorgie en 2008, Crimée en 2014, Donbass ensuite : autant de signaux d’un impérialisme assumé que l’Union a eu tendance à minorer. L’invasion à grande échelle de l’Ukraine en 2022 a contraint l’UE à réagir, non sans retard, et non sans divergences internes notables, dont la posture de Viktor Orban est la manifestation la plus éclatante. À ce stade, la mobilisation ukrainienne et l’aide militaire occidentale ont permis de contenir l’armée russe, mais environ 20 % du territoire restent occupés.

Le retour de Donald Trump à la Maison Blanche en janvier 2025 a bouleversé les équilibres : relèvement brutal des droits de douane, retrait d’accords multilatéraux (OMS, accords de Paris sur le climat), discours isolationniste et pressions sur l’Ukraine pour que celle-ci accepte de céder ses territoires. L’idée même d’une alliance atlantique « éternelle » est remise en cause, d’autant que l’UE a été contrainte d’accepter un accord commercial aux conditions très favorables aux États-Unis.

Cette rupture force l’Europe à réfléchir à son autonomie stratégique.

Faute de moyens militaires suffisants, elle pourrait promouvoir un compromis imposant la neutralité de l’Ukraine en échange d’un retrait russe partiel. Mais un tel scénario fragiliserait durablement Kiev et renforcerait l’insécurité des pays frontaliers, exposés à une éventuelle attaque russe sans disposer de défense commune solide. Dans le même temps, le retrait de Washington des institutions multilatérales, ses ambitions territoriales inédites et son désintérêt pour le climat accentuent la nécessité d’un repositionnement global de l’UE. La pression exercée par les États-Unis pour que l’Europe assume seule ses responsabilités militaires place les gouvernements face à des choix budgétaires et diplomatiques de long terme.

Une redéfinition nécessaire, mais peu probable à court et moyen termes

L’UE se trouve à un tournant décisif : soit elle reste un grand marché régulé par la concurrence, soit elle se transforme en puissance politique. Trois paramètres seront déterminants.

Les dynamiques politiques internes. En France, la dissolution de 2024 a plongé le pays dans une instabilité durable. Le gouvernement, privé de majorité, peine à assumer un rôle moteur en Europe, et se concentre sur un discours militaire ponctuel. En Allemagne, la victoire relative de la CDU en 2025 a permis l’émergence d’un chancelier pro-européen, Friedrich Merz, malgré la poussée de l’AFD. La solidité institutionnelle allemande offre à Berlin la possibilité de relancer le projet européen, au moment où Paris se fragilise. Mais là encore, la marge de manœuvre dépendra de la capacité du nouveau gouvernement à construire des alliances solides et à répondre aux défis sociaux et économiques qui fragilisent sa légitimité interne.

Les divergences entre États membres. Les pays d’Europe centrale et septentrionale (Pologne, États baltes, Suède, Finlande) militent pour une intégration sécuritaire renforcée. Mais la Hongrie d’Orban et l’Italie de Meloni bloquent toute évolution fédérale. L’absence de consensus entrave la capacité de l’UE à peser dans la reconfiguration mondiale, que ce soit en Ukraine ou au Moyen-Orient. Si le pacte Trump-Poutine venait à se fissurer, les membres de l’UE sauraient-ils dépasser leurs réflexes pro-américains ou pro-russes pour tracer, ensemble, une voie autonome ? La réponse demeure incertaine. La tentation, pour certains États, de privilégier des accords bilatéraux avec Washington ou Moscou persistera tant que l’UE n’aura pas affirmé un cap commun.

Le rôle des peuples. Toute avancée vers un État fédéral ou confédéral suppose l’adhésion populaire. Or la légitimité de l’UE est entamée par des décennies de politiques néolibérales. Pour restaurer la confiance, il faudrait instaurer un véritable pouvoir constituant, renforcer le Parlement européen, multiplier les débats démocratiques transnationaux et rompre avec une logique purement économique. C’est une condition nécessaire pour qu’une défense commune et des compétences régaliennes soient acceptées. À défaut, l’UE risque de rester une construction technocratique perçue comme distante des préoccupations quotidiennes. Le défi est de transformer l’intégration européenne en projet mobilisateur, porteur de justice sociale, de transition écologique et de sécurité collective.

Un choix stratégique

En définitive, l’Union européenne se trouve face à un choix stratégique : demeurer un simple marché soumis aux rapports de force mondiaux, ou se transformer en puissance politique capable de défendre ses intérêts et ses valeurs. Une telle transformation suppose de surmonter ses fragilités internes, de marginaliser les forces nationalistes hostiles à toute intégration, et surtout d’associer les peuples à une véritable refondation.

À ces conditions, l’UE pourrait enfin s’imposer comme acteur autonome et redonner un sens au projet européen. Sans cette évolution, elle restera spectatrice des recompositions géopolitiques dominées par Washington et Moscou.

The Conversation

Jean-Philippe Melchior ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. L’Union européenne peut-elle encore peser sur le monde ? – https://theconversation.com/lunion-europeenne-peut-elle-encore-peser-sur-le-monde-267686