¿Amar es destruir? Rosalía, ‘Berghain’ y la (de)construcción del amor romántico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Jesús Tinedo-Rodríguez, Profesor Ayudante Doctor, Universidad de Córdoba, Universidad de Córdoba

Fotograma del videoclip de ‘Berghain’ de Rosalía. Rosalía/YouTube

¿Qué es el amor? En lingüista estadounidense George Lakoff probablemente respondería afirmando que ‘el amor es un viaje’. Esto es lo que en Lingüística se conoce como metáfora conceptual, porque se describe una experiencia que es concreta –como un viaje– para hablar de otra más abstracta e intangible –el amor–.

Estas metáforas se manifiestan en la lengua a través de expresiones. Cuando una pareja dice que sus integrantes “han tomado caminos distintos”, el marco conceptual para explicar que se han separado es el de dos viajeros que han compartido parte del trayecto y ahora eligen nuevos destinos. Es decir, la metáfora subyacente es que el amor se conceptualiza como viaje.

Al hablar de amor, es interesante pensar en cómo se crea esta idea. Especialmente el ideal del amor romántico que asocia elementos como la dominación y los celos a las relaciones de pareja. Bajo este tipo de construcciones del amor hay metáforas como: ‘el amor es destrucción’, ‘el amor es posesión’ o ‘el amor es sufrimiento’. Estas conceptualizaciones forman parte de la cultura profunda y se manifiestan en expresiones como “quien bien te quiere te hará sufrir”.

Una pareja se coge de las manos mientras pasea en bici en el atardecer.
El lenguaje va muy entrelazado con la forma en la que entendemos las relaciones.
Everton Vila/Unsplash

Para deconstruir este elemento cultural, conviene tener en cuenta la hipótesis de Sapir-Whorf, o hipótesis de la relatividad lingüística, que sostiene que la lengua influye en la manera en la que pensamos. En su versión fuerte propone que la lengua determina el pensamiento, mientras que en su versión débil plantea que simplemente lo condiciona. Y cuando hablamos de lengua, necesariamente nos referimos al binomio lengua-cultura porque son realidades indisociables, dos caras de una misma moneda.

En este sentido, la música es un elemento clave de la cultura. Hay artistas, como Rosalía, que poseen un dominio excepcional de las lenguas, los sonidos y las culturas. Gracias a ello la cantante catalana –junto con su equipo– logra articular con la precisión de una cirujana de los pentagramas distintos elementos semióticos, creando significados que funcionan como un espejo para la sociedad y actúan como un revulsivo.

Así es como ha tejido las bases de LUX, su nuevo álbum, un ejemplo de plurilingüismo e interculturalidad que además se inspira en la mística femenina a través de la asociación de mujeres a lenguas y culturas (por ejemplo: Juana de Arco al francés o Sun Bu’er al chino). Su primer sencillo, “Berghain”, es una declaración de intenciones de lo que se podrá escuchar en la obra completa.

Pero ¿cómo se conceptualiza el amor en “Berghain”? Hablemos de la lingüística del amor en Rosalía.

‘El amor es comunión’: Sein Blut ist mein Blut

La canción comienza en alemán con paralelismos de la construcción “Seine [X] ist meine [X]” (“Su [X] es mi [X]”) en la que se manifiesta claramente la dimensión espiritual de la obra mediante la completa identificación de los amantes.

Se fusionan identidades donde la voz lírica asume la identidad de la persona amada haciendo propios sus miedos, su ira, su forma de amar y hasta lo biológico, su sangre. Estas manifestaciones lingüísticas tienen como elemento subyacente la metáfora conceptual de ‘el amor es unión’, pero dada la naturaleza espiritual y carnal con la que se formula, probablemente lo más acertado sería repensar la metáfora como ‘el amor es comunión’.

Con maestría, Rosalía rompe con esa conceptualización del amor romántico con una metáfora muy poderosa en el verso “Wie ein Blei-Teddybär…, Deshalb ist mein Herz so schwer”, al crear un contraste con el “osito de peluche” y “el osito de plomo” con quien se identifica para afirmar que su corazón pesa mucho por todo lo que guarda en él.

De esta forma, se activa una nueva metáfora (‘las emociones son cargas físicas’) que interactúa con la anterior, deconstruyendo el ideal de amor romántico. Concebir el amor como comunión puede convertirse, paradójicamente, en una carga para el cuerpo y el alma.

‘El amor es transmutación’: Solo soy un terrón de azúcar

Tras la liturgia viene la confesión, y para ello Rosalía usa el español. Estos versos retoman la metáfora anterior y hay manifestaciones lingüísticas que forman parte de metáforas ligadas al marco generado por ‘el amor es comunión’. En el verso “Sé que me funde el calor”, la metáfora subyacente es ‘el amor es transformación’; el calor que da el amor transforma pero, en este caso, la transformación se enmarca dentro un marco negativo: la fundición, es decir, la pérdida de la propia identidad.

Además, cuando afirma ser “solo un terrón de azúcar” se realza esto porque el amor puede ser dulzura, pero a su vez fragilidad. Es decir, el yo poético experimenta la transmutación por el amor; un amor tóxico que carga y que destruye.


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‘El amor es posesión’: I’ll fuck you till you love me

La lengua inglesa rompe con la liturgia y la divinidad. El verso “I’ll fuck you till you love me” (“Te follaré hasta que me ames”) probablemente sea el más complejo de toda la canción porque encarna una contradicción que rompe con le metáfora de ‘el amor es comunión’.

Si bien el amor es la unión de almas y cuerpos, aquí ambos se disocian porque el sentimiento se conceptualiza como una dominación del alma a través del cuerpo. Esto alude claramente a las relaciones en las que se busca generar dependencia emocional con el sexo, es decir, realmente es una deconstrucción de la metáfora ‘el amor es dominación’. La frase no tiene un carácter sexual, sino que busca desmontar el amor romántico.

Así, el verso actúa como un acto de habla que no es eficaz por su propia contradicción. La intención y el medio se contradicen reactivando el marco religioso que atraviesa la canción. Lo “diabólico” no reside en los usos de un registro vulgar, sino en la perversión del ideal amoroso: el amor que promete la salvación termina, paradójicamente, siendo una condena terrenal.

The Conversation

Antonio Jesús Tinedo-Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Amar es destruir? Rosalía, ‘Berghain’ y la (de)construcción del amor romántico – https://theconversation.com/amar-es-destruir-rosalia-berghain-y-la-de-construccion-del-amor-romantico-268907

¿Qué queda del referéndum del Sáhara Occidental tras la reciente resolución 2797 de la ONU?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María López Belloso, Profesora e Investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de deusto, Universidad de Deusto

Manifestación a favor de la independencia del Sáhara Occidental en el campamento de refugiados de Tinduf (Argelia) en 2008. Natalia de la Rubia/Shuttersock

Desde la ruptura del alto el fuego en Guerguerat –el principal puesto fronterizo que conecta el Sáhara Occidental con Mauritania– en noviembre de 2020, el conflicto del Sáhara Occidental transita una fase de hostilidades de baja intensidad y diplomacia intermitente.

Esta misma fase quedó marcada por el reconocimiento, en diciembre de 2020, de la soberanía marroquí por parte de la Administración Trump, encajado en la lógica de los Acuerdos de Abraham: un paquete de medidas para normalizar las relaciones árabe-israelíes al que se sumaron Emiratos Árabes Unidos, Baréin y, más tarde, Marruecos y Sudán. Lanzado en 2020, combinó incentivos políticos y estratégicos.

En el caso marroquí, la normalización con Israel –con reapertura de oficinas de enlace y cooperación en seguridad, tecnología y economía– se correspondió con el respaldo de Washington a la posición de Rabat sobre el Sáhara. Desde entonces, la propuesta de “autonomía bajo soberanía marroquí” de 2007 ha escalado como opción “realista” para varios actores influyentes, mientras el referéndum de autodeterminación se ha ido desdibujando en la práctica.

A partir de entonces, varios actores recalibraron públicamente su enfoque: estados del Golfo reforzaron su apoyo al plan de autonomía, mientras que Francia y Alemania lo definieron como “serio y creíble”. Llamó sobre todo la atención el viraje de España –potencia administradora del territorio pendiente de descolonización–, quien pasó en 2022 a señalar la propuesta marroquí como “la base más seria, realista y creíble” para una solución en un polémico giro del Gobierno.

Contenido de la resolución

La resolución 2797, adoptada el 31 de octubre de 2025, llega precisamente en ese clima y lo consolida: renueva un año más el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) y ordena una revisión estratégica en seis meses.

El texto preserva la presencia de la ONU sobre el terreno y su función de verificación, pero evita abrir nuevas vías sustantivas –en derechos humanos o en la dimensión electoral que, en origen, debía sustentar el referéndum–, lo que redunda en continuidad operativa con poco oxígeno político.

Esta resolución renueva la MINURSO y ordena una revisión en seis meses, pero el corazón del texto late en otra parte: el lenguaje consagra la autonomía marroquí como horizonte “realista” y omite el referéndum. No es un simple matiz; es un desplazamiento del marco. La “solución mutuamente aceptable” ya no incluye, de facto, la opción independentista, y eso reconfigura el sentido del proceso auspiciado por la ONU.

De ahí nace la paradoja central: se sostiene la misión creada para organizar una consulta que el propio Consejo ha sacado del guion. La MINURSO mantiene la verificación y la mínima estabilidad en el terreno, pero sin una salida política coherente con el mandato original. La revisión semestral, lejos de ser una palanca evidente de cambio, podría funcionar como válvula de escape: ajustes técnicos y poco más, mientras la pregunta incómoda –qué significa hoy “autodeterminación” sin consulta– queda sin respuesta.

El texto evita reforzar dos pilares sensibles: un componente robusto de derechos humanos y las capacidades electorales que darían credibilidad a cualquier mecanismo de decisión futura. En un escenario de hostilidades de baja intensidad, esa omisión deja huecos de protección y reduce los incentivos para contener abusos a ambos lados del muro.

La aritmética diplomática

Estados Unidos impulsa el encuadre y varios países europeos lo acompañan, como España, cuya condición de potencia administradora pivotó en 2022 y calificó la autonomía como la base “más seria y realista”, movimiento que arrastró el debate europeo.

Rusia y China se abstienen: no dinamitan la continuidad de la misión, pero marcan distancia ante un texto inclinado hacia Rabat.

Argelia optó por ausentarse para subrayar que, a su juicio, el expediente del Sáhara Occidental sigue siendo un proceso de descolonización pendiente, cuya solución debe pasar por un mecanismo de autodeterminación auténtico –incluida la opción de independencia– y no por la consagración de la autonomía marroquí como único horizonte “realista”.

Argel denunció, además, que el texto desnaturaliza el mandato original de MINURSO al renovar la misión sin referéndum ni refuerzo de derechos humanos; ignora el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de 1975 y las resoluciones de la Asamblea General sobre el estatus del territorio; y refleja el viraje político. Son factores que, en su lectura, vacían de contenido jurídico el marco de la ONU y perpetúan el statu quo bajo una pátina de estabilidad.

Consecuencias para las partes

El efecto neto en los incentivos es claro. Para Marruecos, validación incremental: estabilidad operativa y consagración política de la autonomía, sin contrapartidas sustantivas nuevas. Para el Frente Polisario, el mensaje es que la vía plebiscitaria ha quedado fuera del escenario.

Con la resolución 2797 el Consejo de Seguridad completa un viraje que venía gestándose desde 2020: del marco jurídico de descolonización, centrado en el referéndum, a un marco político de arreglo que privilegia la autonomía marroquí.

La misión se renueva alejada de su proposito; el instrumento jurídico (la consulta) se diluye y el resultado es claro: prevalece la realpolitik –la estabilidad y los alineamientos– sobre la vigencia operativa del derecho internacional en este conflicto.

La Unión Europea contribuye también a esta deriva. Pese a que el Tribunal de Justicia de la UE confirmó en octubre de 2024 que los acuerdos de comercio y pesca no pueden aplicarse al Sáhara Occidental sin el consentimiento de su pueblo, Bruselas ha explorado fórmulas para mantener flujos comerciales y pesqueros, desde nuevas negociaciones ad hoc hasta arreglos interinos con Marruecos que tensan el cumplimiento estricto de las sentencias. Es una búsqueda de puentes regulatorios que, en la práctica, bordea el fallo judicial en nombre del interés económico y la estabilidad con Rabat.

En suma, la resolución 2797 consagra el paso del derecho a la política como gramática dominante de la resolución del conflicto. Para el Sáhara Occidental, eso significa una ONU que gestiona el statu quo y una UE que busca atajos alrededor de sus propios fallos cuando chocan con intereses estratégicos. El mensaje de fondo –también para otras crisis– es incómodo: la fuerza del derecho cede terreno ante el derecho de la fuerza diplomática.

The Conversation

María López Belloso recibe fondos de distintas organizaciones públicas para la financiación de los proyectos de investigación (HEUROPE, Agencia Estatal de Investigación; Kutxa Fundazioa).

ref. ¿Qué queda del referéndum del Sáhara Occidental tras la reciente resolución 2797 de la ONU? – https://theconversation.com/que-queda-del-referendum-del-sahara-occidental-tras-la-reciente-resolucion-2797-de-la-onu-268871

¿Voy a morir inmediatamente o estoy exagerando mis síntomas al buscar en internet?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Badanta Romero, PDI. Departamento de Enfermería, Universidad de Sevilla

Ayer fui al médico. Me mandaron unas pruebas y me darán los resultados en un mes. ¡SOS! No puedo esperar. No saber si podría tener “algo malo” me consume por dentro. Quizás Google, ChatGPT o Twitter puedan ayudarme.

Esta historia podría ser la de cualquiera: una vecina, un amigo o usted mismo. Es muy habitual cuando nos enfrentamos a listas de espera interminables, dificultades de acceso a especialistas, lenguaje técnico incomprensible, atención apresurada o experiencias negativas previas. Lo que empieza como una búsqueda inocente acaba en un mar de diagnósticos posibles y angustia creciente.

Un círculo vicioso

A la búsqueda repetida de información sobre la salud en internet que, en lugar de tranquilizar, dispara la ansiedad se le llama cibercondría. Cuanto más buscamos, más ansiedad sentimos; y cuanta más ansiedad, más buscamos. Un círculo vicioso que incluso puede agravar problemas de salud ya existentes e impactar en la vida diaria. Así, la obsesión por comprobar síntomas puede llevar a descuidar el trabajo, los estudios o las relaciones personales. La vida cotidiana pierde prioridad frente a la búsqueda compulsiva de información.

Este término apareció en artículos periodísticos de finales de los noventa y principios de los 2000, cuando se hablaba con tono alarmista de los riesgos de internet. Un punto de inflexión llegó en 2009, cuando los investigadores de Microsoft Ryen White y Eric Horvitz demostraron que las búsquedas sobre salud podían intensificar las preocupaciones personales y fomentar el autodiagnóstico. Desde entonces, la investigación científica empezó a tomarse este fenómeno en serio.

Por su parte, la pandemia de covid-19 dio un gran impulso a la cibercondría. La incertidumbre, el bombardeo de información y el uso intensivo de internet fueron el terreno ideal para que creciera. Lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) llamó “infodemia” (un exceso de información, parte fiable y parte no, que dificulta encontrar fuentes seguras cuando se necesita) disparó la ansiedad, debilitó la confianza en las instituciones y favoreció conductas como automedicarse, rechazar vacunas o hacer compras compulsivas por pánico.

Hoy, millones de personas recurren a internet para entender sus síntomas o lo que creen padecer, especialmente los jóvenes. El problema es que no siempre distinguen entre lo fiable y lo engañoso, algo que puede afectar a su salud física y psicológica.

Factores que alimentan la cibercondría

Varios elementos podrían ayudarnos a entender si estamos cayendo en este bucle o en otros problemas de salud relacionados:

  • Intolerancia a la incertidumbre. Quien no soporta “no saber” busca una y otra vez hasta imaginar el peor escenario. Este pensamiento descontrolado, donde impera la ansiedad y el miedo, se relaciona con la cibercondría y también con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), lo que a su vez favorece un uso problemático de internet. Y es que la búsqueda online se convierte en un mecanismo para calmarse que rara vez funciona. Algunas personas se tranquilizan y otras no, y quienes no lo logran siguen buscando en un esfuerzo por encontrar seguridad. Este proceso se refuerza con la necesidad de explicaciones definitivas y la sobrecarga de información.

  • Dificultad para distinguir fuentes fiables. No siempre es fácil reconocer qué información es científica (verificada) y cuál procede de influencers o productos milagro, de dudosa veracidad. Además, cuesta manejar la enorme cantidad de datos disponibles en poco tiempo, algo altamente presente en las nuevas herramientasde inteligencia artificial (IA), como ChatGPT. Estos chats conversacionales presentan textos de acceso inmediato y con contenido fácilmente “aceptable”, pero a su vez carecen de certeza diagnóstica y de responsabilidad ante los errores. Cuando somos incapaces de identificar la credibilidad de información en línea, pero desarrollamos dependencia de ella misma, se produce angustia psicológica, favoreciendo la cibercondría.

  • El poder del algoritmo. Muchas personas no saben cómo se decide lo que aparece en los primeros lugares al buscar algo en internet. Los buscadores priorizan resultados llamativos y no siempre equilibrados: escribir “dolor de cabeza” puede acabar dando como resultados “tumor cerebral” en cuestión de segundos, exagerando la gravedad del problema y aumentando la preocupación de quien busca.

¿La cibercondría significa entonces que internet es “el enemigo”?

No exactamente. La OMS reconoce grandes beneficios de la salud digital, como la telemedicina, los chatbots o la mensajería móvil, que pueden salvar millones de vidas. Pero es clave entender que la red no tiene todas las respuestas en materia de salud. Más datos no siempre significa más comprensión, y recurrir al “Dr. Google” para autodiagnosticarse puede aumentar la ansiedad y favorecer la cibercondría.

La clave está en aprender a navegar de forma crítica con las siguientes pautas:

  • Confiar en fuentes oficiales y profesionales sanitarios.

  • Desconfiar de promesas milagrosas o información sin referencias.

  • Recordar que los algoritmos priorizan lo llamativo, no necesariamente lo verdadero.

  • Usar internet como complemento, nunca como sustituto de la consulta sanitaria.

Trucos para evaluar críticamente la información en la red

¿Qué podemos hacer, en concreto, para manejar la enorme cantidad de datos sobre salud que circulan en la red? Una estrategia clave es fortalecer la alfabetización en salud y, concretamente, en salud electrónica. Esto significa, desarrollar habilidades críticas para buscar, seleccionar, evaluar y utilizar la información disponible en línea.

La idea es no aceptar todo lo que encontramos sin más, sino detenernos a reflexionar. Un buen recurso es hacerse siempre unas preguntas que nos ayuden a distinguir si la información es realmente útil y segura. Para recordarlas con facilidad, pensemos en la palabra “CRIBA”:

  • C: “¿Cuándo se revisó esta noticia o información por última vez? ¿Está actualizada?” La información médica debe estar al día, porque la ciencia avanza a gran velocidad.

  • R: “¿Por qué razón existe esta web, cuenta de red social, blog o artículo? ¿Quieren venderme algo?” Conviene desconfiar de los contenidos ligados a productos o tratamientos concretos, ya que pueden tener un interés comercial.

  • I: “¿Qué institución o identidad lo publica? ¿Es una fuente reconocida?” Resulta fundamental comprobar la autoría: la información debe venir de profesionales o instituciones competentes (institutos de investigación, organismos internacionales, ministerios, investigadores del ámbito universitario…).

  • B: “¿Está respaldado por estudios o basado en la evidencia científica?” En salud, lo fiable son los datos y la investigación. Aunque no siempre podamos leer artículos científicos, basta con que los contenidos remitan a fuentes sólidas.

  • A: “¿Cuáles son las afirmaciones? ¿Promete algo demasiado bueno para ser verdad?” La regla es sencilla: si parece milagroso, probablemente no lo es.

En definitiva, internet puede ser un gran aliado para informarnos, pero también un arma de doble filo. La cibercondría nos recuerda que, en la era digital, el pensamiento crítico es tan necesario como cualquier medicina para aprender a navegar con seguridad en este océano de información.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Voy a morir inmediatamente o estoy exagerando mis síntomas al buscar en internet? – https://theconversation.com/voy-a-morir-inmediatamente-o-estoy-exagerando-mis-sintomas-al-buscar-en-internet-265505

“Solo la muerte puede protegernos”: cómo el culto a La Santa Muerte refleja la violencia en México

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Myriam Lamrani, Associate Researcher, Department of Anthropology, Harvard University

Cuando en 2001 apareció por primera vez un esqueleto de tamaño real vestido como la Parca en un altar callejero de Tepito, en Ciudad de México, muchos transeúntes se santiguaron instintivamente. La figura era La Santa Muerte, una santa popular envuelta en misterio y controversia que anteriormente se conocía, en todo caso, como una figura de devoción doméstica: alguien a quien se le podían dirigir oraciones, pero en la intimidad del hogar.

Ella personifica la muerte misma y a menudo se la representa sosteniendo una guadaña o un globo terráqueo. Y desde principios de la década de 2000, su popularidad se ha extendido constantemente por México y América, Europa y más allá.

La idea y la imagen de la muerte convertida en santa es a la vez inconcebible y magnética. Su asociación con los narcotraficantes y rituales criminales hace que mucha gente desconfíe de la figura esquelética. La Santa Muerte también se enfrenta a una importante oposición de la Iglesia católica, que condena su veneración como herética y moralmente peligrosa. Altas figuras de la Iglesia como el cardenal Norberto Rivera Carrera en México han denunciado públicamente su devoción, advirtiendo que promueve la superstición y va en contra de los valores cristianos.

Consuelo más allá de las instituciones

Esta crítica pone de relieve una profunda tensión entre la religión oficial y la devoción popular. Muchos mexicanos que se sienten abandonados por las instituciones gubernamentales y eclesiásticas la acogen como fuente de esperanza. De hecho, según mi investigación, La Santa Muerte representa fuerza, protección y consuelo para sus devotos, entre los que se encuentran presos, policías, trabajadores sexuales, personas LGBTQ+, migrantes, la clase trabajadora y otros grupos menos vulnerables. A pesar de su aspecto temible, ofrece un tipo de cuidado que a menudo se les niega en otros lugares.

Como antropóloga que ha estudiado a La Santa Muerte en México, creo que su poder refleja una paradójica concepción mexicana de la muerte, no solo como símbolo de miedo, sino como parte íntima de la vida cotidiana que se ha convertido en un símbolo de resiliencia y resistencia en medio de la violencia crónica del país.

La muerte y el Estado

En mi reciente libro, La intimidad de las imágenes, examino cómo la devoción por La Santa Muerte en Oaxaca, el estado famoso por su tradición del Día de Muertos, se basa en la relación tradicional y a menudo lúdica de México con la imagen de la muerte.

Basándome en más de una década de trabajo de campo etnográfico, descubrí cómo las oraciones, ofrendas y promesas que le hacen las personas forman parte de un deseo de encontrar soluciones a problemas cotidianos como la enfermedad, las dificultades económicas y la protección contra el daño. Su frecuente representación en imágenes como altares, tatuajes y producciones artísticas también refleja una evolución en la comprensión social de la muerte, que durante mucho tiempo ha sido un símbolo omnipresente de la cultura, la identidad y el poder del Estado mexicano.

Tras la Revolución mexicana a principios del siglo XX, la muerte como símbolo de la nueva nación fue popularizada por artistas como José Guadalupe Posada, especialmente a través de La Catrina, la caricatura del esqueleto dandi, que a menudo se asocia con el Día de Muertos. Mientras que la muerte y su personificación formaban parte en el pasado de una ética de celebración y valentía frente al inevitable final de la existencia, ahora se han convertido en inquietantes recordatorios de la creciente inseguridad y violencia en México.

Esta transformación, y el papel que desempeña el santo esquelético al proporcionar protección en este contexto peligroso, refleja el descenso generalizado de México hacia la agitación. En las elecciones nacionales de 2000, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue derrocado tras 71 años de gobierno ininterrumpido. La elección del conservador Partido Acción Nacional (PAN) en su lugar supuso la fractura de las alianzas informales entre el Estado y las redes criminales que anteriormente habían reprimido la delincuencia mediante sistemas de clientelismo.

En 2006, el recién elegido presidente del PAN, Felipe Calderón, lanzó una guerra militarizada contra la delincuencia, tras años de evolución de estas primeras redes criminales hasta convertirse en organizaciones despiadadas.

En las décadas siguientes, la violencia de los cárteles se ha disparado, las muertes de civiles y los feminicidios se han intensificado y las instituciones estatales han sido acusadas de complicidad directa o de negarse a intervenir. La desaparición en 2014 de 43 estudiantes en Iguala, un caso que reveló el grado de colusión entre el Estado y las organizaciones criminales y que sigue sin resolverse, no hizo más que cristalizar la indignación pública. Esta violencia desenfrenada continúa hasta el día de hoy.

Desde el inicio de la guerra contra las drogas en México en 2006, se estima que 460 000 personas han sido asesinadas y más de 128 000 figuran oficialmente como desaparecidas en el país, lo que supone aproximadamente una de cada 1 140 personas. En estados muy afectados, como Guerrero y Jalisco, es probable que esa proporción sea mucho mayor, lo que pone de manifiesto la desigualdad geográfica de la violencia y las desapariciones en todo el país.

Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta de México, que asumió el cargo en octubre de 2024, ha prometido desmantelar el crimen organizado. Sin embargo, la violencia y la percepción generalizada de inseguridad entre la población persisten.

Un espejo violento

Para la mayoría de los devotos, La Santa Muerte no es una aliada de los criminales, a pesar de que la utilicen los grupos vinculados a los cárteles. En cambio, es una de las pocas formas de ayuda que quedan en medio de una realidad social aterradora. No ofrece ninguna ilusión de que la situación de disfunción política o violencia desenfrenada vaya a mejorar, solo presencia y protección. Su imagen refleja una verdad brutal: la supervivencia ya no está garantizada por un Estado cuyos vínculos con los cárteles son profundos.

Este vacío político y espiritual se refleja en el auge de otras figuras laicas de devoción, caso de santos populares como Jesús Malverde, otros más oficiales como San Judas Tadeo, o incluso la devoción al diablo.

Sin embargo, La Santa Muerte es diferente. Ella es la muerte personificada, el fin de la vida, la jueza definitiva y un símbolo de la mortalidad compartida, independientemente del estatus, la raza o el género. Como me dijo un devoto: “Si nos abres, encontrarás los mismos huesos”. La Santa Muerte también está imbuida del cuidado y el amor de sus seguidores. Algunos se dirigen a ella como a un familiar, una tía o una madre venerada que encarna la protección maternal y un tipo de fuerza más comúnmente asociada con lo masculino. Como muchos dicen: “Es una cabrona”.

Patrona de un país donde la muerte acecha

En un país donde la protección del Estado es escasa y los límites entre las autoridades y los cárteles, difusos, La Santa Muerte representa al pueblo y también protege a sus creyentes a través de una protección milagrosa. Sus seguidores acuden a ella porque, como dicen, solo la muerte puede protegerlos de la muerte.

Dada la vulnerabilidad de sus devotos y la confianza incondicional que depositan en su santa esquelética, es más que un simple folclore. Es la santa patrona de muchos en un país donde la muerte acecha. Es una figura de consuelo personal y resiliencia colectiva. Y, por encima de todo, es un espejo que refleja una sociedad en crisis y sumida en la violencia, y un pueblo que busca sentido, dignidad y protección frente a todo ello.

The Conversation

Myriam Lamrani no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. “Solo la muerte puede protegernos”: cómo el culto a La Santa Muerte refleja la violencia en México – https://theconversation.com/solo-la-muerte-puede-protegernos-como-el-culto-a-la-santa-muerte-refleja-la-violencia-en-mexico-268955

Cigüeñas y gaviotas transportan cientos de kilos de plásticos desde los vertederos a los humedales de Andalucía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julián Cano Povedano, PhD student, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Cigüeñas y gaviotas alimentándose en un vertedero.
Enrique García Muñoz (FotoConCiencia), CC BY-ND

La imagen de aves llenando los vertederos y comiendo de nuestra basura genera preocupación por saber de qué se están alimentando. Por ejemplo, se sabe estos animales pueden morir al tragar plásticos. Pero lo que no es tan conocido es qué pasa después con esos plásticos ingeridos y cómo pueden afectar a otros organismos con los que comparten ecosistemas.

Nuestro grupo de investigación lleva años estudiando el transporte de semillas e invertebrados por aves acuáticas. Sin embargo, muchas veces aparecían plásticos, cristales y otros productos de origen antrópico en las egagrópilas –bolas regurgitadas de restos orgánicos no digeribles– y heces que analizábamos. Así que nos preguntamos: ¿y si también transportan plásticos?

La contaminación por plásticos es una de las amenazas a las que nos enfrentamos como sociedad. Si bien se ha estudiado históricamente sobre ecosistemas marinos, la información sobre la fuente e impacto de plásticos en humedales como lagos o marismas es escasa.

¿Cómo transportan las aves los plásticos?

En muchos sitios, aves acuáticas como cigüeñas, gaviotas o garcillas repiten diariamente el mismo viaje. Se alimentan en vertederos y posteriormente se desplazan a humedales para descansar. Allí, estas especies regurgitan egagrópilas con el material imposible de digerir, como plásticos, especialmente en los dormideros. Así, actúan como biovectores y su acción genera una concentración de plásticos en los humedales usados para el descanso. Pero ¿cuál es la dimensión de este problema?




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Para poder dar respuestas a esta pregunta nos centramos en tres especies de aves acuáticas comunes en vertederos andaluces: la gaviota sombría, la gaviota patiamarilla y la cigüeña blanca. Aprovechamos individuos marcados con aparatos GPS y muestreamos egagrópilas en los humedales conectados con los vertederos por sus movimientos.

Después de cuantificar el plástico en el laboratorio, finalmente combinamos los datos GPS, los censos de las especies y las egagrópilas analizadas para estimar el plástico transportado por toda la población. El trabajo y procesado de muestras llevado a cabo durante el proyecto fue expuesto en un documental sobre el transporte de plástico por parte de aves a humedales acuáticos.

Dos gaviotas patiamarillas persiguen a una cigüeña con un plástico en el pico en los entornos de un vertedero.
Dos gaviotas patiamarillas persiguen a una cigüeña con un plástico en el pico en los entornos de un vertedero.
Enrique García Muñoz (FotoConCiencia), CC BY-ND

Cientos de kilos de plásticos anuales

La laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, es famosa por su colonia de flamencos. Es endorreica, o sea, el agua accede por arroyos, pero no sale, provocando una concentración de sales y de cualquier contaminante que entre, incluyendo plásticos.

En invierno se reúnen allí miles de gaviotas sombrías que crían en el norte de Europa. Estimamos que esta población importa un promedio de 400 kg anuales de plásticos hacia este humedal Ramsar, procedente de vertederos en las provincias de Málaga, Sevilla y Córdoba.

Otro estudio nuevo en el Parque Natural de la Bahía de Cádiz nos permitió comparar a las tres especies mencionadas, que utilizan los mismos vertederos y comparten el parque natural para el descanso. En total, vimos que estas especies transportaban alrededor de 530 kg anuales de plásticos hacia las marismas de la bahía de Cádiz, pero cada especie lo hacía de una manera algo diferente.

Diferencias entre cigüeñas y gaviotas

La cigüeña es más grande y transporta más plástico por individuo que las gaviotas, ya que sus egagrópilas son de mayor tamaño. Sin embargo, lo más importante para determinar el impacto de cada especie es el número de individuos que realiza el viaje vertedero-humedal. En nuestro trabajo, de nuevo fue la gaviota sombría la que más plástico movía (285 kg anuales) debido a su abundancia en invierno.

La asociación directa entre visitas al vertedero y distancia al mismo es clara, tanto para gaviotas como para cigüeñas. Por lo tanto, aquellos ecosistemas más cercanos a vertederos están más expuestos a este problema.

Nuestro estudio también demuestra cómo las diferencias espaciotemporales propias de cada especie se trasladan al transporte de plástico. Por ejemplo, pudimos ver que la parte de la Bahía de Cádiz de mayor exposición de plásticos procedentes de gaviota patiamarilla se encuentra en torno a sus colonias de cría. Además, esta ave los transportaba durante el año completo, mientras que las otras dos especies lo hacían en sintonía con su paso migratorio.

Por último, hay algunas diferencias en los tipos de plástico: la cigüeña era la única especie que transportaba gomas de silicona desde los vertederos, por razones desconocidas.

Gaviotas y cigüeñas sobre el suelo de tierra de un vertedero
Gaviotas y cigüeñas en un vertedero.
Enrique García Muñoz, CC BY-ND



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La contaminación química del plástico, una amenaza silenciosa


Impacto y soluciones

Los plásticos y sus aditivos pueden generar numerosos problemas, no solo a los propios biovectores sino a los organismos con los que comparten ecosistema, desde plantas hasta a otras aves. Por ejemplo, plásticos más grandes pueden producir estrangulamientos o bloquear sus sistemas digestivos.

Los efectos de plásticos más pequeños, así como de sus aditivos y de contaminantes que se adhieren a estos, suelen pasar más desapercibidos: por ejemplo, actúan como disruptores endocrinos y generan problemas metabólicos y reproductivos. Además, pueden entrar en la cadena alimentaria –pasan de unos seres vivos a aquellos que se los comen– y acumularse progresivamente conforme ascendemos en ella, actuando sobre diferentes niveles.

Arreglar este problema no es sencillo. Una directiva europea (1999/31/UE) contempla el uso de medidas disuasorias que limiten las visitas de estas aves a los vertederos. No obstante, existe controversia sobre cómo puede afectar a sus poblaciones.




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Por otro lado, existe un método casero que no involucra a las aves y que todos podemos aplicar basado en el uso de las famosas tres erres: reutilizar, reducir y reciclar los plásticos que utilizamos.

The Conversation

Julián Cano Povedano recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ayuda FPU).
Para los trabajos realizados se ha recibido financiación de la Junta de Andalucía en el proyecto GUANOPLASTIC “proyecto de I +D +i PY20_00756”

Andrew J. Green fue Investigador Principal del proyecto “Aves acuáticas como vectores de plásticos y nutrientes entre vertederos y humedales andaluces: GuanoPlastic” financiado por la Junta de Andalucía (PY20_00756), cuyo duración fue de Octubre 2021 a Marzo 2023.

ref. Cigüeñas y gaviotas transportan cientos de kilos de plásticos desde los vertederos a los humedales de Andalucía – https://theconversation.com/ciguenas-y-gaviotas-transportan-cientos-de-kilos-de-plasticos-desde-los-vertederos-a-los-humedales-de-andalucia-266325

¿Por qué las chicas adolescentes se sienten peor que los chicos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Legaz Arrese, Catedrático Área de Educación Física y Deporte, Universidad de Zaragoza

fizkes/Shutterstock

En los últimos años hemos asistido a un aumento preocupante de los problemas de salud mental entre jóvenes. Pero hay un dato que suele pasar desapercibido: la crisis emocional adolescente no afecta por igual a chicos y chicas.

En nuestros estudios recientes sobre sueño, ansiedad, depresión, calidad de vida y riesgo de trastornos alimentarios, analizamos datos de más de 10 000 adolescentes españoles de entre 11 y 19 años. Los resultados fueron claros: la brecha emocional entre chicas y chicos no solo existe, sino que aparece temprano y se intensifica con la edad.

La brecha nace en la pubertad

La diferencia entre sexos no es innata. Surge cuando llegan los cambios hormonales y sociales de la pubertad. Al inicio de esta fase, chicas y chicos muestran niveles similares de bienestar emocional. Sin embargo, aproximadamente a partir de los 14 años en las chicas, cuando la pubertad está en pleno desarrollo y los cambios físicos y hormonales se aceleran, las trayectorias comienzan a separarse. Desde ese momento, las chicas empiezan a dormir peor, muestran más ansiedad y reportan más síntomas depresivos.

La adolescencia, para muchas chicas, se vuelve emocionalmente más intensa. Muchas jóvenes describen vacío emocional, confusión sobre sí mismas y más dificultad para entender y gestionar sus emociones. No es simplemente que se sientan peor: durante esta etapa, el equilibrio emocional se vuelve más frágil y la respuesta al estrés se intensifica.

Sensación de menos autonomía y control

Este periodo también supone un cambio importante en la percepción de su autonomía. Algunas adolescentes expresan la sensación de tener menos control sobre su tiempo, su cuerpo y sus decisiones. Mientras para muchos chicos la madurez representa más independencia, para muchas chicas implica mayor presión, más expectativas y más autoexigencia.

La autoestima cae de forma marcada y la relación con el propio cuerpo se vuelve más crítica. La preocupación por el peso, la apariencia y la autoevaluación constante aumentan, lo que eleva el riesgo de problemas alimentarios. Al mismo tiempo, numerosas adolescentes sienten que tienen menos energía, se cansan antes y ya no se sienten tan en forma como antes de la pubertad.




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Este patrón coincide con los hallazgos internacionales del informe de la Organización Mundial de la Salud, que identifica un deterioro mayor del bienestar psicológico femenino a partir de la pubertad y una mayor sensibilidad emocional asociada a este periodo.

No cambia el entorno, sino cómo se ven

Un dato importante: la esfera social no explica esta brecha. Las relaciones con la familia, el entorno escolar y las amistades se transforman en ambos sexos de forma similar. En nuestros datos no vemos diferencias sustanciales en apoyo social, amistades o experiencias de acoso.

La brecha emocional no proviene de un entorno más hostil para las chicas. Surge dentro: en cómo se sienten, cómo se ven y cuánto control perciben sobre sus vidas. Es una brecha interna, no social.




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Hormonas y presión estética

¿Por qué ocurre esto? La explicación es compleja y multifactorial. La pubertad femenina llega antes y con cambios hormonales más intensos que afectan al sueño, al estado de ánimo y a la forma en que se procesa el estrés. Pero estos cambios son naturales y ocurren en ambos sexos; no son la causa ni la solución por sí solos. La diferencia está en cómo se viven y qué significan esos cambios en un entorno social lleno de expectativas sobre el cuerpo femenino.

A todo ello se suma un contexto contemporáneo marcado por presión estética, exposición continua a redes sociales y expectativas de “ser perfecta” en múltiples dimensiones. La evidencia más reciente vincula estas dinámicas con el aumento del malestar emocional en chicas jóvenes.

La pubertad se convierte así en un cruce biológico y cultural particularmente exigente para ellas.

La brecha llega a la adultez

Este patrón no desaparece con los años. Datos de nuestro grupo de investigación y de la evidencia científica en población adulta muestran que las mujeres siguen presentando peores niveles de sueño, mayor ansiedad y depresión, y más insatisfacción corporal que los hombres.

La brecha emocional que se abre en la pubertad no se corrige sola con el paso del tiempo.

El deporte protege

Nuestros datos muestran que la actividad física, y especialmente el deporte competitivo, se asocia con mejor descanso, mayor satisfacción vital y menos malestar emocional tanto en chicos como en chicas. Cuando la práctica deportiva es similar, los beneficios también lo son: el deporte protege por igual.

Aun así, la brecha de bienestar entre chicos y chicas persiste. No porque el deporte funcione peor en ellas, sino porque las adolescentes practican menos actividad física y menos deporte competitivo, tal y como indican nuestro estudio y otros trabajos previos.

El deporte no puede compensar por sí solo los factores sociales que pesan más sobre las adolescentes, pero favorecer su participación, especialmente en niveles competitivos, ayuda a reducir la brecha, al permitir que más chicas accedan a los mismos beneficios que los chicos.

Otras estrategias que ayudan a reducir la brecha

La buena noticia es que sabemos que otras estrategias ayudan a reducir dicha diferencia emocional. Los estudios muestran que las intervenciones más efectivas son aquellas que ayudan a mejorar la relación con el propio cuerpo, reducir la comparación social y fortalecer la autoestima.

Programas escolares centrados en la educación sobre imagen corporal y autopercepción han logrado disminuir el riesgo de trastornos alimentarios y aumentar el bienestar emocional en chicas adolescentes.

También funcionan las iniciativas que enseñan a usar las redes sociales de forma crítica e identificar mensajes que dañan la autoimagen, ayudando a frenar la presión estética y digital.




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Por último, las estrategias de regulación emocional y atención plena, centradas en aprender a manejar el estrés, calmar la mente y conectar con el presente, se han asociado con mejoras en el bienestar psicológico y menores niveles de ansiedad en adolescentes.

No es solo cosa de ellas

Pero no todo depende de ellas. La investigación también muestra que el contexto importa. Las familias que escuchan, validan emociones y favorecen la autonomía protegen la salud mental de sus hijas.

Las escuelas que enseñan habilidades socioemocionales universales, como reconocer emociones, resolver conflictos o fortalecer la autoestima, reducen los síntomas de ansiedad y depresión en la adolescencia.

Y los medios y las redes sociales tienen una enorme responsabilidad: la forma en que se representan los cuerpos y el éxito influye en cómo las jóvenes se valoran a sí mismas.

Además, las políticas públicas que regulan los mensajes sobre cuerpo e imagen y que promueven entornos educativos y deportivos inclusivos, también ayudan a reducir la presión estética y mejorar el bienestar de las adolescentes.

Una ventana crítica (y una oportunidad)

La adolescencia es un momento decisivo. Si apoyamos a las chicas en esta etapa y reforzamos su autonomía, su autoestima y su relación con el cuerpo y las emociones, estaremos protegiendo su bienestar para el resto de la vida.

No se trata de pedirles que sean fuertes. Se trata de construir entornos que no las derriben. Invertir en salud mental adolescente hoy es construir una sociedad más equitativa mañana.

The Conversation

Alejandro Legaz Arrese recibe fondos del Grupo de Investigación Movimiento Humano financiado por el Gobierno de Aragón.

Carmen Mayolas-Pi recibe fondos de financiación asociados al Grupo de Investigación Movimiento Humano por parte del Gobierno de Aragón.

Joaquin Reverter Masia recibe fondos del Programa Estatal de Investigación, Desarrollo e Innovación Orientada a los Retos de la Sociedad, en el marco del Plan Estatal de I+D+i 2020–2025. El título del proyecto es: “Evaluación de diversos parámetros de salud y niveles de actividad física en la escuela primaria y secundaria” (número de subvención PID2020-117932RB-I00).

Además, la investigación cuenta con el apoyo del grupo de investigación consolidado “Human Movement” de la Generalitat de Catalunya (referencia 021 SGR 01619)

ref. ¿Por qué las chicas adolescentes se sienten peor que los chicos? – https://theconversation.com/por-que-las-chicas-adolescentes-se-sienten-peor-que-los-chicos-267761

Cuando un perro era una cosa: el viaje legal de los animales desde la antigua Roma hasta la actualidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Bravo Bosch, Catedrática de Derecho Romano, Universidade de Vigo

Representación de un perro en un mosaico de Pompeya. Sergii Figurnyi/Shutterstock

Los animales han ocupado durante siglos un lugar ambiguo en el pensamiento jurídico: presentes en la vida cotidiana, en la economía, en la religión y en el arte, pero ausentes –o casi– como sujetos de derecho.

Desde el mundo romano hasta nuestros días, su estatuto legal ha sido objeto de una lenta y compleja evolución, que hoy nos obliga a repensar la relación entre derecho, vida y sensibilidad.

De la utilidad al símbolo: los animales en Roma

En el derecho romano, los animales eran considerados res, es decir, cosas. Su valor jurídico derivaba de su utilidad: podían ser vendidos, heredados, sacrificados o utilizados como garantía. No existía una categoría legal que los reconociera como sujetos con intereses propios.

Sin embargo, esto no significa que fueran irrelevantes en la cultura romana. Al contrario: los animales estaban profundamente integrados en la vida social, religiosa y simbólica.

Los juristas distinguían entre animales salvajes, domésticos y domesticados. Estos últimos –aunque capaces de alejarse– conservaban su vínculo jurídico con el propietario si se demostraba el llamado animus revertendi, es decir, la intención del animal de regresar.

Este criterio tenía implicaciones patrimoniales importantes, especialmente en casos de pérdida o recuperación de animales domesticados. En cierto modo, esta lógica recuerda al ius postliminii, aplicado a personas o bienes que regresaban al ámbito jurídico romano tras haberlo perdido por causas externas; por ejemplo, guerra o cautiverio.

Por otro lado, el llamado edictum de feris regulaba la responsabilidad por los daños causados por animales fieros en las vías públicas, estableciendo quién debía responder en caso de ataque a un transeúnte. Se trataba de una medida de protección ciudadana, que muestra cómo el derecho romano abordaba la relación entre animales peligrosos y espacio urbano.

Durante mucho tiempo, se interpretó erróneamente la lex Pesolania de cane –referida a los daños provocados por perros– como una norma que protegía al animal. En realidad, sancionaba al propietario de un perro que causaba daño no por proteger al animal, sino por preservar el orden público y la seguridad de las personas.

No se trataba, pues, de una ley de bienestar animal, sino de una norma de responsabilidad. Esta aclaración, fruto de estudios recientes, permite entender mejor el contexto jurídico romano y desmontar ciertas idealizaciones modernas sobre la protección animal en la Antigüedad.

Sujetos invisibles

El punto clave es que, en Roma, los animales no eran sujetos de derecho. No podían ser titulares de obligaciones ni de derechos. No existía una categoría intermedia entre la persona y la cosa. Esta dicotomía rígida –que ha marcado la tradición jurídica occidental– excluía cualquier posibilidad de reconocer a los animales como portadores de intereses jurídicamente relevantes.

Incluso cuando se castigaba el maltrato animal, el fundamento no era la protección del animal por sí mismo, sino la defensa de valores sociales, religiosos o morales. El animal era amparado como símbolo, no como ser sensible.

El giro contemporáneo: sensibilidad y dignidad

Hoy, sin embargo, el panorama ha cambiado. En las últimas décadas, numerosos ordenamientos jurídicos han comenzado a revisar el estatuto legal de los animales, reconociendo su sensibilidad, su capacidad de sufrimiento y, en algunos casos, su dignidad.

Algunos códigos civiles –como el francés, el alemán o el suizo– han introducido categorías específicas que los distinguen de las cosas. En España, la reforma del Código Civil en 2021 reconoció a los animales como “seres sintientes”, lo que implica un cambio profundo en su tratamiento legal: ya no son simples objetos patrimoniales, sino entidades que merecen consideración propia.

Este giro no es solo simbólico. Tiene consecuencias prácticas: afecta a los regímenes de custodia en casos de divorcio, a la responsabilidad por daños, a la protección penal frente al maltrato y a la posibilidad de establecer derechos de visita o cuidado compartido. En algunos países, incluso se ha planteado la posibilidad de reconocer derechos fundamentales a ciertos animales.

¿Un nuevo paradigma jurídico?

La pregunta que se plantea hoy es si estamos ante un cambio de paradigma. ¿Podemos seguir pensando el derecho desde la dicotomía persona/cosa? ¿O necesitamos nuevas categorías que reconozcan la complejidad de los seres vivos?

Algunos juristas proponen hablar de sujetos no humanos de derecho, una noción que permitiría integrar a los animales en el sistema jurídico sin equipararlos a las personas, pero sin reducirlos a objetos. Esta idea, aún en construcción, plantea desafíos teóricos y prácticos: ¿qué derechos podrían tener? ¿quién los representaría? ¿cómo se articularía su protección?

Lo que está claro es que el derecho ya no puede ignorar la cuestión animal. La sensibilidad social, el avance de la ciencia y el desarrollo de nuevas corrientes éticas han puesto sobre la mesa una realidad que exige respuestas jurídicas sólidas.

El tránsito desde la categoría de cosa hacia formas de subjetividad jurídica animal es un proceso normativo complejo que interpela al derecho en sus fundamentos. En ese contexto, volver la mirada al derecho romano permite identificar los límites de la tradición jurídica y los desafíos que implica construir un marco legal capaz de integrar a los animales como titulares de protección efectiva.

The Conversation

María José Bravo Bosch no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando un perro era una cosa: el viaje legal de los animales desde la antigua Roma hasta la actualidad – https://theconversation.com/cuando-un-perro-era-una-cosa-el-viaje-legal-de-los-animales-desde-la-antigua-roma-hasta-la-actualidad-265647

Dick Cheney’s expansive vision of presidential power lives on in Trump’s agenda

Source: The Conversation – USA – By Graham G. Dodds, Professor of Political Science, Concordia University

Vice President Dick Cheney appears at a Washington D.C., event in 2007. AP Photo/Charles Dharapak

This is an updated version of a story that first published on Oct. 7, 2025.

Former Vice President Dick Cheney will be remembered for many things. He was arguably the most powerful vice president in American history. He was a paragon of conservatism. He was the
architect of many of the more extreme measures in President George W. Bush’s “war on terror.”

But Cheney’s legacy, after his death on Nov. 3, 2025, will also include a crucial development that dates back a half-century, when he served as President Gerald Ford’s chief of staff. Based on his experience in the Ford administration, Cheney felt that Congress had overreacted in its efforts to rein in the presidency after the abuses of President Richard Nixon. He thought that the assertive Congress of the 1970s had gone too far and had emasculated the presidency, making it nearly impossible for the president to get things done.

As Cheney told an interviewer in 2005: “I do have the view that over the years there had been an erosion of presidential power and authority, that it’s reflected in a number of developments – the War Powers Act. … I am one of those who believe that was an infringement upon the authority of the President. … A lot of the things around Watergate and Vietnam, both, in the ’70s served to erode the authority, I think, the President needs to be effective especially in a national security area.”

Cheney’s experience in the Ford years set in place a decades-long effort to enhance presidential power, to reinvigorate an office that he believed Congress had wrongly diminished. When Bush surprisingly picked Cheney to be his vice president in July 2000, Cheney finally had a chance to right that perceived wrong.

Bush was happy to expand his own power, and the Bush administration made bold assertions of presidential power in a variety of areas. In many instances, Bush and others sought to justify his actions by invoking the unitary executive theory, a conservative thesis that calls for total presidential control over the entire executive branch.

Now, nearly two decades later, President Donald Trump is using this theory to push his agenda. He set the tone for his second term by issuing 26 executive orders, four proclamations and 12 memorandums on his first day back in office. The barrage of unilateral presidential actions has not yet let up.

These have included Trump’s efforts to remove thousands of government workers and fire several prominent officials, such as members of the Corporation for Public Broadcasting and the chair of the Commission on Civil Rights. He has also attempted to shut down entire agencies, such as the Department of Education and the U.S. Agency for International Development.

For some scholars, these actions appear rooted in the psychology of an unrestrained politician with an overdeveloped ego.

But it’s more than that.

As a political science scholar who studies presidential power, I believe Trump’s recent actions mark the culmination of the unitary executive theory, which is perhaps the most contentious and consequential constitutional theory of the past several decades.

A prescription for a potent presidency

In 2017, Trump complained that the scope of his power as president was limited: “You know, the saddest thing is that because I’m the president of the United States, I am not supposed to be involved with the Justice Department. I am not supposed to be involved with the FBI, I’m not supposed to be doing the kind of things that I would love to be doing. And I’m very frustrated by it.”

The unitary executive theory suggests that such limits wrongly curtail the powers of the chief executive.

Formed by conservative legal theorists in the 1980s to help President Ronald Reagan roll back liberal policies, the unitary executive theory promises to radically expand presidential power.

There is no widely agreed upon definition of the theory. And even its proponents disagree about what it says and what it might justify. But in its most basic version, the unitary executive theory claims that whatever the federal government does that is executive in nature – from implementing and enforcing laws to managing most of what the federal government does – the president alone should personally control it.

This means the president should have total control over the executive branch, with its dozens of major governmental institutions and millions of employees. Put simply, the theory says the president should be able to issue orders to subordinates and to fire them at will.

President Donal Trump appears seated in the oval office.
President Donald Trump signs executive orders in the Oval Office next to a poster displaying the Trump Gold Card on Sept. 19, 2025.
AP Photo/Alex Brandon

The president could boss around the FBI or order the U.S. attorney general to investigate his political opponents, as Trump has done. The president could issue signing statements – a written pronouncement – that reinterpret or ignore parts of the laws, like George W. Bush did in 2006 to circumvent a ban on torture. The president could control independent agencies such as the Securities and Exchange Commission and the Consumer Product Safety Commission. The president might be able to force the Federal Reserve to change interest rates, as Trump has suggested. And the president might possess inherent power to wage war as he sees fit without a formal authorization from Congress, as officials argued during Bush’s presidency.

A constitutionally questionable doctrine

A theory is one thing. But if it gains the official endorsement of the Supreme Court, it can become governing orthodoxy. It appears to many observers and scholars that Trump’s actions have intentionally invited court cases by which he hopes the judiciary will embrace the theory and thus permit him to do even more. And the current Supreme Court appears ready to grant that wish.

Until recently, the judiciary tended to indirectly address the claims that now appear more formally as the unitary executive theory.

During the country’s first two centuries, courts touched on aspects of the theory in cases such as Kendall v. U.S. in 1838, which limited presidential control of the postmaster general, and Myers v. U.S. in 1926, which held that the president could remove a postmaster in Oregon.

In 1935, in Humphrey’s Executor v. U.S., the high court unanimously held that Congress could limit the president’s ability to fire a commissioner of the Federal Trade Commission. And in Morrison v. Olson the court in 1988 upheld the ability of Congress to limit the president’s ability to fire an independent counsel.

Some of those decisions aligned with some unitary executive claims, but others directly repudiated them.

Warming up to a unitary executive

In a series of cases over the past 15 years, the Supreme Court has moved in an unambiguously unitarian, pro-presidential direction. In these cases, the court has struck down statutory limits on the president’s ability to remove federal officials, enabling much greater presidential control.

These decisions clearly suggest that long-standing, anti-unitarian landmark decisions such as Humphrey’s are on increasingly thin ice. In fact, in Justice Clarence Thomas’ 2019 concurring opinion in Seila Law LLC v. CFPB, where the court ruled the Consumer Financial Protection Bureau’s leadership structure was unconstitutional, he articulated his desire to “repudiate” the “erroneous precedent” of Humphrey’s.

Several cases from the court’s emergency docket, or shadow docket, in recent months indicate that other justices share that desire. Such cases do not require full arguments but can indicate where the court is headed.

In Trump v. Wilcox, Trump v. Boyle and Trump v. Slaughter, all from 2025, the court upheld Trump’s firing of officials from the National Labor Relations Board, the Merit Systems Protection Board, the Consumer Product Safety Commission and the Federal Trade Commission.

Previously, these officials had appeared to be protected from political interference.

President George W. Bush appears with several soldiers.
President George W. Bush signed statements in 2006 to bypass a ban on torture.
AP Photo/Pablo Martinez Monsivais, File

Total control

Remarks by conservative justices in those cases indicated that the court will soon reassess anti-unitary precedents.

In Trump v. Boyle, Justice Brett Kavanaugh wrote, “whether this Court will narrow or overrule a precedent … there is at least a fair prospect (not certainty, but at least a reasonable prospect) that we will do so.” And in her dissent in Trump v. Slaughter, Justice Elena Kagan said the conservative majority was “raring” to overturn Humphrey’s and finally officially embrace the unitary executive.

In short, the writing is on the wall, and Humphrey’s may soon go the way of Roe v. Wade and other landmark decisions that had guided American life for decades.

As for what judicial endorsement of the unitary executive theory could mean in practice, Trump seems to hope it will mean total control and hence the ability to eradicate the so-called “deep state.” Other conservatives hope it will diminish the government’s regulatory role.

Kagan recently warned it could mean the end of administrative governance – the ways that the federal government provides services, oversees businesses and enforces the law – as we know it:

“Humphrey’s undergirds a significant feature of American governance: bipartisan administrative bodies carrying out expertise-based functions with a measure of independence from presidential control. Congress created them … out of one basic vision. It thought that in certain spheres of government, a group of knowledgeable people from both parties – none of whom a President could remove without cause – would make decisions likely to advance the long-term public good.”

If the Supreme Court officially makes the chief executive a unitary executive, the advancement of the public good may depend on little more than the whims of the president, a state of affairs normally more characteristic of dictatorship than democracy.

Judicial approval of the unitary executive theory might well have pleased Cheney by enshrining a significant means of enhancing presidential power. But ironically, the former vice president would be displeased for such power to be accessible to the current president, whom Cheney criticized, calling Trump a “threat to our republic.”

The Conversation

Graham G. Dodds does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Dick Cheney’s expansive vision of presidential power lives on in Trump’s agenda – https://theconversation.com/dick-cheneys-expansive-vision-of-presidential-power-lives-on-in-trumps-agenda-269071

Crimes contre l’environnement dans la guerre en Ukraine : que dit le droit ?

Source: The Conversation – in French – By Nicolas Ligneul, Maitre de Conférences en Droit Public (HDR) à la Faculté de Droit, Université Paris-Est Créteil Val de Marne (UPEC)

Les atteintes à l’environnement sont multiples dans le cadre de la guerre en Ukraine. Peuvent-elles susciter des poursuites – et des indemnisations – en tant que telles ? Le droit international comporte de nombreuses dispositions qui permettent de répondre à cette question.


Dès l’été 2022, l’Organisation de coopération et de développement économiques (OCDE) et le Programme des Nations unies pour l’environnement (PNUE) ont mis en évidence les dommages considérables subis par l’Ukraine du fait de l’invasion à grande échelle de son territoire par la Russie qui avait été lancée quelques mois plus tôt.

Les dommages infligés à l’environnement étaient alors déjà très nombreux et ont encore nettement augmenté depuis. Ces rapports pointaient notamment les nombreuses contaminations aux produits chimiques en raison du pilonnage par l’armée russe des installations industrielles ; les dommages causés aux infrastructures de fourniture d’eau ; la destruction des forêts en raison des opérations ; la production de déchets militaires lourds ; ou encore la pollution de l’air, de l’eau et du sol.

Comme tous les conflits de haute intensité, la guerre en Ukraine a donc produit d’importants dommages environnementaux.

Dommages intentionnels causés à l’environnement

Lors de sa 62e session plénière en mars 2025, le Groupe d’experts intergouvernemental sur l’évolution du Climat (Giec) a rappelé le principe selon lequel l’émetteur du carbone doit être tenu pour responsable des dommages qu’il cause.

Appliqué à la guerre en Ukraine, ce principe, qui est reconnu par de nombreux États et par le Giec, devrait conduire à une indemnisation par la Russie des dommages environnementaux observés en Ukraine du fait de la guerre.

Les dommages collatéraux provoqués à l’environnement en Ukraine à la suite de l’invasion russe sont donc des dommages de guerre et devraient être indemnisés à ce titre (pour une analyse générale des rapports entre le droit de la guerre et le développement durable, cf. Nicolas Ligneul, « Guerre et développement durable, la perspective du juriste », in le Développement durable, J.-L. Bischoff et C. Vivier Le Got (dir.), Connaissances et Savoirs, Paris, 2025).

Depuis 2022, ces dommages environnementaux ont changé de nature. Aujourd’hui, il ne s’agit plus de dégâts collatéraux accidentels. De nombreux dommages environnementaux constatés en Ukraine ont été délibérément infligés par la Russie. Mais bien qu’intentionnels, certains de ces dommages ne sont pas susceptibles d’être qualifiés de crimes de guerre, alors que d’autres peuvent donner lieu à des poursuites au nom du droit des conflits armés.

En conduisant des opérations militaires sur le territoire de zones protégées pour la défense de l’environnement, l’armée russe a intentionnellement causé des dommages environnementaux. À droit constant, si ces dommages sont justifiés par une opération militaire, ils ne sont pas constitutifs de crimes de guerre du point de vue du statut de Rome ou des conventions de Genève.

Par exemple, transformer la centrale nucléaire de Zaporijia en camp militaire comme l’a fait la Russie, et plus généralement miner ou bombarder des centrales nucléaires ne constituent pas des crimes de guerre, même si ces attitudes sont gravement irresponsables et dangereuses.

Les dommages environnementaux engendrés par ces comportements ne seront probablement jamais indemnisés.

Les instruments internationaux d’indemnisation des dommages environnementaux à l’occasion des conflits armés sont très insuffisants. Ainsi, la convention du 10 décembre 1976 relative à l’interdiction d’utiliser des techniques de modification de l’environnement à des fins militaires ou toutes autres fins hostiles prévoit la possibilité de déposer une plainte devant le Conseil de Sécurité de l’ONU si un État a commis une atteinte à l’environnement à des fins militaires. Bien qu’elle ait été ratifiée par l’Union soviétique (et est donc censée être appliquée par la Russie, qui a repris les engagements juridiques de l’URSS) puis par l’Ukraine une fois celle-ci devenue indépendante, sa portée est si limitée qu’elle ne risque pas d’avoir une influence quelconque sur les atteintes environnementales constatées en Ukraine.

C’est donc le droit commun des dommages de guerre ou le droit ukrainien, lequel reconnaît la qualification d’écocide, qu’il faut mobiliser pour une telle indemnisation. Or, le droit ukrainien ne risque pas d’être imposé aux autorités russes.

Quant au régime des dommages de guerre, face à l’ampleur des dégâts, il ne permettra probablement pas de financer une reconstruction verte pourtant promue par les organisations internationales. C’est la raison pour laquelle les pouvoirs publics ukrainiens et de nombreuses organisations non gouvernementales ont tenté de faire reconnaître un « écocide » en droit international et de créer un régime juridique spécifique d’indemnisation. À ce jour, ce projet n’a pas abouti.

Pour qu’il y ait une justice environnementale lors du règlement de la guerre en Ukraine, il faudra donc avoir recours aux qualifications de crimes de guerre et de crimes contre l’humanité. C’est donc vers les dommages environnementaux causés intentionnellement par la Russie susceptibles d’être qualifiés de crimes de guerre ou de crimes contre l’humanité qu’il faut se tourner.

La Cour pénale internationale peut-elle agir ?

Certaines atteintes à l’environnement pourraient correspondre à la définition des crimes de guerre et des crimes contre l’humanité.

Le plus souvent, les accords environnementaux ne contiennent pas de réserves relatives à la guerre. Or, l’environnement naturel bénéficie d’une protection générale, comme tous les biens civils. Il bénéficie aussi d’une protection spéciale (Cf. articles 54 à 56 du Protocole additionnel n°1 aux conventions de Genève du 12 août 1949 relatif à la protection des victimes des conflits armés internationaux). Le droit international protège ainsi les ouvrages et installations contenant des « forces dangereuses », à savoir les barrages, les digues et les centrales nucléaires de production d’énergie électrique – des installations dont la destruction causerait un préjudice important à la population civile.

Lorsque des installations ou ouvrages contenant des forces dangereuses sont présentes sur les théâtres d’opérations ou à proximité, elles bénéficient d’une protection prévue par le droit international conventionnel et coutumier. Elles ne peuvent pas être détruites. Cela causerait trop de risques pour la population et pour l’environnement. La protection de ces installations est toutefois limitée à l’hypothèse où ces ouvrages ne sont pas utilisés à des fins militaires. Dans le cas contraire, leur attaque devient conforme au droit de la guerre, à condition d’être strictement nécessaire et proportionnée.

Ainsi, lorsque l’armée russe a détruit le barrage de Kakhovka, ou bombardé la centrale nucléaire de Tchernobyl, elle a porté atteinte à la protection spéciale reconnue par le droit international.

La violation de la protection spéciale est susceptible d’être qualifiée de crime de guerre. De même, si les autorités d’un pays belligérant décident de bombarder les infrastructures énergétiques de son ennemi dans un plan d’ensemble pour faire mourir de froid une population entière, l’attaque peut être constitutive d’un crime de guerre ou d’un crime contre l’humanité.

C’est la raison pour laquelle une procédure a été introduite à l’encontre de plusieurs responsables russes sur ce fondement à la Cour pénale internationale (CPI). La CPI permettra peut-être de condamner les auteurs de ces crimes, mais la pratique de l’indemnisation des victimes des crimes de guerre et l’absence évidente de prise de conscience de ces phénomènes par les États occidentaux font craindre que l’indemnisation du dommage environnemental soit très insuffisante.

The Conversation

Nicolas Ligneul ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Crimes contre l’environnement dans la guerre en Ukraine : que dit le droit ? – https://theconversation.com/crimes-contre-lenvironnement-dans-la-guerre-en-ukraine-que-dit-le-droit-267066

Taylor Swift and the performative ambiguity of ‘The Life of a Showgirl’

Source: The Conversation – Canada – By Jessalynn Keller, Associate Professor in Critical Media Studies, University of Calgary

On Oct. 3, pop superstar and cultural icon Taylor Swift released her 12th studio album, The Life of a Showgirl, to much public anticipation. But when the reviews came in, they were mixed.

While Rolling Stone feted the album as featuring “new, exciting sonic turns,” The Guardian slammed it as “dull razzle-dazzle from a star who seems frazzled.”

Likewise, Swifties had varied reactions. While some danced to the catchy chorus of “Opalite,” others criticized the songwriting as lacking the depth and nuance of Swift’s previous albums.

But perhaps what drew the most controversy from fans and critics alike was the politics of the album.

From feminist icon to political enigma

Unlike Swift’s recent recordings, which were punctuated with popular feminist messaging, The Life of a Showgirl seems to rest on conservative ideals, with fantasies of marriage, children and quiet suburban life emerging on several tracks.

As an artist known for leaving hidden messages, or “Easter eggs,” in her songs and encouraging her fans to find and decode them, Swifties jumped on the possible meanings of Swift’s new music: is she endorsing a “trad wife” lifestyle? Was that a racist dog whistle? Isn’t the “showgirl” a feminist figure? Or is it all just satire?

As cultural studies scholars, we are less interested in the musical quality of the album or determining the “true” meaning behind the songs. Instead, we regard The Life of a Showgirl as a cultural barometer that makes visible the social trends and tensions through both the album itself and the meanings fans derive from it.

With ambiguous lyrics and imagery, Swift invites her fan base to find their own meanings in the album. In this sense, The Life of a Showgirl is a perfect album for our time — a masterpiece of performative ambiguity that allows Swift to transcend polarized political discourse and avoid taking a stand in this hostile political moment.

Swift is no stranger to performing political ambiguity as a celebrity figure. While she avoided politics early in her career, Swift eventually began voicing her views, aligning with progressive social movements of the late 2010s, like feminism and queer rights, denouncing white supremacy and anti-choice rhetoric and endorsing Democratic candidates in both the 2020 and 2024 U.S. presidential elections.

Swift became understood as a feminist icon in an era of popular feminism, where mediated feminism is accessible and highly visible in the cultural zeitgeist.

With the release of The Life of a Showgirl, however, Swift positions herself within today’s political context: rising conservatism.

In endorsing Kamala Harris but then attending the U.S. Open with Trump-supporting friends Brittany and Patrick Mahomes, Swift enables some fans to derive traditional, conservative meanings from this album that align with current leadership and others to defend her as the “Miss Americana” idol they once knew.

Ambiguity as a brand

The ambiguous narratives present in The Life of a Showgirl seem purposeful. Imagery of Swift bedazzled in feathers, Portofino-orange rhinestones and “sweat and vanilla perfume,” while giving her best attempt at lobotomy chic, suggests an album that would champion the feminist potential of the independent showgirl.

Instead, The Life of a Showgirl’s release generated a wave of interrogative discourse among listeners, arguing its lyrics seemingly have patriarchal, homophobic and white supremacist connotations, and, more poignantly, seem to contradict Swift herself.

In contrast to her previous objection to the use of the word “bitch” for its “strong misogynistic message,” she now waxes poetic about how “all the headshots on the walls / of the dance hall are of the bitches / who wish I’d hurry up and die” in the titular song.

“Actually Romantic” further highlights the album’s conflicting messaging and “outdated misogyny repackaged for the boss girl era,” not only by placing two women in rivalry with one another, but by suggesting that the only explanation for a woman not liking Swift is that she must be in love with her.

Such criticisms extend so far as to argue that the conservative messaging is so entrenched in the album that it should instead be titled The Life of a Tradwife, while others consider this a hypersensitive, leftist overreaction that misses the point and is “genuinely unfair.”

Yet dismissing these critiques feels irresponsible — especially when some of Swift’s most conservative lyrics are being celebrated by influential people. Alexis Wilkins, ambassador for Turning Point USA and girlfriend of FBI Director Kash Patel, interprets the album as Swift “choosing what matters most — a life of family and stability … choosing a home at the end of a cul-de-sac, a basketball hoop in the driveway, and kids who look like both of them.”

What Swift’s album says about us

In a moment of entrenched conservatism, it is not surprising that fans may read white supremacy, patriarchy and homophobia into The Life of a Showgirl — our cultural context makes all of those readings legible and possible, regardless of Swift’s true intention.

Performative ambiguity gives Swift access to both political sides of her devoted fan base, allowing them to interpret the album according to their own beliefs, concerns and values.

And Swift herself seems content to stoke the fire, stating in a recent interview: “If it’s the first week of my album release and you’re saying either my name or my album title, you’re helping.”

She also reminds her fans that her goal as an entertainer is “to be a mirror.”

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Taylor Swift and the performative ambiguity of ‘The Life of a Showgirl’ – https://theconversation.com/taylor-swift-and-the-performative-ambiguity-of-the-life-of-a-showgirl-267061