Cuando el petróleo sube, pero las monedas caen: el papel oculto del riesgo político

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Simón Sosvilla-Rivero, Catedrático de Análisis Económico, Universidad Complutense de Madrid

En economía solemos asumir una regla sencilla: cuando suben los precios de las materias primas (petróleo, gas, metales), las monedas de los países que las exportan deberían fortalecerse. Tiene sentido. Si un país vende más caro lo que produce ingresa más divisas, mejora su balanza comercial y su moneda se aprecia.

Pero los acontecimientos de los últimos años han puesto esta lógica patas arriba. La invasión rusa de Ucrania en 2022 o las tensiones actuales en el golfo Pérsico han mostrado un patrón desconcertante: los precios de las materias primas se disparan y, sin embargo, las monedas de muchos países productores no suben. A veces, incluso caen.

En un estudio reciente intentamos entender por qué. Y la clave está en un factor que suele quedar en segundo plano: el riesgo político.

Cuando la teoría deja de funcionar

Durante décadas, la relación entre materias primas y divisas parecía sólida. Países como Canadá, Australia o Noruega veían cómo sus monedas se fortalecían cuando el petróleo o los metales subían de precio. Era un mecanismo casi automático: mejores términos de intercambio, mayores expectativas de crecimiento, más inversión.

Sin embargo, esa relación ya no es tan estable como parecía. El estudio muestra que, en momentos de tensión geopolítica, el vínculo puede debilitarse o incluso invertirse. Eso fue exactamente lo que ocurrió al inicio de la guerra en Ucrania: el petróleo y los productos agrícolas se encarecieron, pero las monedas de varios países exportadores se depreciaron.

¿Por qué ocurre algo tan contraintuitivo?

El riesgo político como interruptor invisible

La aportación central de nuestra investigación es clara: el riesgo político actúa como un interruptor que puede cortar la relación tradicional entre materias primas y divisas.

La cuestión es que, cuando estalla un conflicto o aumenta la tensión internacional, suceden dos cosas a la vez. Por una parte, los precios de las materias primas suben porque los mercados temen interrupciones en el suministro. Por la otra, el miedo de los inversores también aumenta, y, con él, la prima de riesgo (la rentabilidad adicional que los inversores exigen por comprar activos de riesgo, como monedas o deuda pública, de un país en comparación con otro considerado más seguro).

Ese miedo tiene consecuencias muy concretas pues, cuando se percibe mayor probabilidad de crisis o eventos extremos, los inversores exigen más rentabilidad para asumir riesgos, y parte del capital huye hacia activos refugio como el dólar o los bonos estadounidenses.

El resultado es paradójico: aunque un país exportador gane más por sus recursos naturales, su moneda puede debilitarse si el entorno político se vuelve incierto.

El espejo del presente: tensiones en el golfo Pérsico

Lo que ocurre hoy en el golfo Pérsico, una región esencial para el suministro global de gas y petróleo, encaja perfectamente con este patrón. Cada vez que aumenta la tensión militar en la zona, los mercados anticipan posibles interrupciones y se produce una subida de los precios del crudo. Pero también aumenta la incertidumbre global, por lo que los inversores buscan refugio para su dinero. Y, cuando esto pasa, el dinero no suele quedarse en las monedas de países percibidos como vulnerables, incluso aunque sean ricos en recursos naturales.

Por eso, en el contexto actual no es extraño ver, en pleno boom de precios, se observan depreciaciones en las monedas de los exportadores energéticos.

La prima de riesgo: cuando el miedo pesa más que la economía

En nuestro trabajo conectamos este fenómeno con la teoría de los desastres raros: en tiempos normales los mercados se comportan de forma racional y predecible, mientras que en tiempos de crisis, el miedo domina.

En resumen: en épocas tranquilas, manda el efecto positivo del comercio, y en épocas turbulentas, lo hace la prima de riesgo. Y cuando prevalece la prima de riesgo, la lógica económica clásica deja de ser suficiente.

Este cambio de dinámica tiene implicaciones importantes para distintos actores. En primer lugar, a los inversores ya no les basta con seguir la evolución del precio de las materias primas como el petróleo para anticipar movimientos en los mercados de divisas, porque el riesgo político puede alterar por completo esa relación.

Para los gobiernos, la lección es que la estabilidad institucional y la credibilidad política pueden ser tan valiosas como los propios recursos naturales a la hora de sostener la fortaleza de una moneda.

Y para los analistas geopolíticos, este fenómeno demuestra que los mercados financieros no reaccionan a los conflictos únicamente de forma directa —por ejemplo, mediante subidas en los precios de la energía—, sino también de manera indirecta y más profunda. La incertidumbre política puede alterar relaciones económicas que tradicionalmente parecían estables, como la existente entre las materias primas y las monedas de los países exportadores, transformando las tensiones geopolíticas en episodios de volatilidad económica y financiera.
En un mundo marcado por tensiones crecientes, las relaciones económicas tradicionales ya no funcionan de manera automática.

Más volatilidad

Por lo tanto, el encarecimiento del petróleo o del gas ya no garantiza una moneda fuerte para los países exportadores. En un entorno de incertidumbre global, el riesgo político puede romper ese vínculo y convertir un boom energético en una fuente adicional de volatilidad.

La lección es clara: en los mercados globales, la política pesa tanto como la economía (y a veces mucho más).

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando el petróleo sube, pero las monedas caen: el papel oculto del riesgo político – https://theconversation.com/cuando-el-petroleo-sube-pero-las-monedas-caen-el-papel-oculto-del-riesgo-politico-282519

How not to say you’re sorry: Why governments keep getting apologies wrong

Source: The Conversation – Canada – By Reza Hasmath, Professor in Political Science, University of Alberta

In December 2025, the parliament of Victoria — Australia’s second-most populous state — delivered a formal apology to First Peoples for laws and policies that “took land, removed children, broke families, and tried to erase culture.”

The motion, introduced by Premier Jacinta Allan as a milestone in Victoria’s ongoing treaty process, passed by a vote of 56-27. The opposition coalition voted against it and has pledged to repeal the underlying treaty legislation within 100 days if it wins November’s state election.

The apology was barely out of the premier’s mouth before its credibility was contested.

For Canadians watching from a distance, the parallels are hard to miss. And the pattern is the point: across democracies, the cost of apologizing badly can exceed the cost of staying silent.

The apology paradox

In my research on government apologies, the explanation is psychological as much as political. Governments apologize to restore their own trustworthiness, but apologies only succeed when they focus squarely on rehumanizing victims.

That inversion is the apology paradox, and it has practical implications for whether reconciliation is successful.

The canonical case is Willy Brandt’s 1970 Kniefall, when the West German chancellor unexpectedly knelt before the Warsaw Ghetto memorial. The silent gesture is still remembered 55 years on, long after Germany’s formal verbal apologies have faded. It was well-received because Brandt absorbed a political cost without trying to extract a benefit.

Analyses on political apologies have found effective apologies function as a costly signal: when governments sacrifice something tangible, such as political capital, money or policy commitments, victimized communities see genuine contrition.

Other research identifies four ingredients of a complete apology: acknowledging the wrong, accepting responsibility, expressing remorse and committing to concrete reparations. Most government apologies fail that test.

Consider F.W. de Klerk’s 1997 statement to South Africa’s Truth and Reconciliation Commission.

On its face, it was comprehensive: “Apartheid was wrong. I apologize…” Under questioning, however, de Klerk distanced National Party leadership from torture, murder and rape by state agents, and did not commit to any material amends.

Victims rejected it. De Klerk sought a position of pride rather than shame: the apology tried to rehumanize the apologizer without addressing what victims had suffered. That is almost always a sign of a sub-standard apology.

Learning from Canada

Canada has its own experiences with weak apologies. In 1998, Jean Chretien’s government responded to findings about residential schools with a Statement of Reconciliation read by junior minister Jane Stewart at a lunchtime ceremony. The prime minister was absent.

The content was not the problem; the symbolism told Indigenous Canadians the government was not serious. A decade later, Stephen Harper apologized in Parliament, alongside a $1.9-billion settlement, an independent assessment process and a Truth and Reconciliation Commission.

Harper publicly credited a political rival, NDP Leader Jack Layton, with persuading him, an admission that surprised observers. Harper’s earlier apology to Chinese Canadians for the Head Tax went further, reframing Chinese immigrants’ “back-breaking labour” as essential to building the country.

The Head Tax apology was generally received positively across Chinese Canadian and broader Canadian communities. However, some Chinese Canadians remained skeptical of the government’s motives and focused on whether the structural disadvantages rooted in the Head Tax era had truly been addressed.

In other words, victimized groups wait to see whether words will lead to real change. It is also important to acknowledge that the Head Tax was a limited grievance involving a defined group of victims, while residential schools were part of an ongoing colonial relationship with effects that endure today. Some apologies are therefore far more difficult than others.

When apologies face criticism

That difficulty is amplified by a nationalism trap. For citizens who strongly identify with national identity, acknowledging past injustice can feel like personal indictment, fuelling backlash that erodes the apology in victims’ eyes.

Brandt faced exactly this as conservative opposition questioned his patriotism. In Australia, Victoria’s coalition opposition has framed the First Peoples treaty as a divisive imposition, and that criticism, not the apology’s wording, may determine whether it survives.




Read more:
Thirteen years after ‘Sorry’, too many Aboriginal and Torres Strait Islander children are still being removed from their homes


There is a structural risk to further consider. Promising to do better raises the standard the apologizer will be judged against. When Canada ultimately failed to implement the Truth and Reconciliation Commission’s recommendations, when violence against Indigenous women continued, when over-representation in the criminal justice system persisted, Harper’s from years earlier apology lost credibility. Trust, once broken twice, becomes exponentially harder to restore.




Read more:
Broken system: Why is a quarter of Canada’s prison population Indigenous?


Hence the paradox: an apology must be costly to improve the reputation of the apologizer, but an apology made with that benefit in mind lowers the cost and signals self-interest. The best way to apologize involves making the victims the primary focus, not the apologizing state. Apologies that prioritize rehumanizing victims prove more effective at rehumanizing apologizers too.

That is the test Victoria now faces, and one Canada keeps facing. The Victorian premier’s words last December were strong. Whether that apology leads to meaningful change depends less on what was said than on whether the treaty institutions survive November. Canadians should watch carefully.

The Conversation

Reza Hasmath does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. How not to say you’re sorry: Why governments keep getting apologies wrong – https://theconversation.com/how-not-to-say-youre-sorry-why-governments-keep-getting-apologies-wrong-282778

Summers are getting longer each year, and it isn’t all fun and games

Source: The Conversation – Canada – By Ted Scott, PhD Student, Department of Geography – Climate and Coastal Ecosystems Group, University of British Columbia

The cumulative heat in summers is rising, meaning there is less relief from warm temperatures once summer begins. (Unsplash/Evgeniy Beloshytskiy)

Do you have the sense that summers feel different than when you were younger? That they start earlier, arrive quickly and remain intense until the fall? If you live in the mid-latitudes of either the Northern or Southern Hemispheres, chances are you answered yes.

For many, the idea of a longer and warmer summer conjures up images of spending more time at the beach, playing sports or enjoying family picnics, but there are concerning downsides. Summer is also the season of wildfires, droughts and heatwaves, like the June 2021 heat dome in the Pacific Northwest of North America.

Recent research shows that devastating heat dome event was amplified by its proximity to the summer solstice, which is the calendar start of summer, and by ground already dried out from earlier spring warmth. Earlier starts to the warmest season are making preconditions worse in areas prone to wildfire, extending fire seasons.

My colleagues and I at the University of British Columbia recently published research into how summer conditions are lasting longer and transitions into and out of summer are becoming more abrupt.

The cumulative heat in summers is rising, meaning there is less relief from warm temperatures once the season begins. Human-driven climate change is impacting the warmest season of the year. These changes challenge our expectations of the natural seasonal cycle being gradual and predictable.




Read more:
Extreme heat is breaking global records: Why this isn’t ‘just summer,’ and what climate change has to do with it


Longer summers

To allow for a flexible definition of summer length, we defined typical summer weather based on daily average temperatures during the warmest 25 per cent of days from 1961 to 1990. This gave us a threshold daily temperature to define when summer began and ended in a given year and location.

We found that the number of days with typical summer weather has been growing 1.5 times faster over the past 30 years than in prior reports. On average, in mid-latitude regions, summers have lengthened by around six days every decade since 1990. These rates are similar across land, ocean and coastal areas.

We examined 10 cities using local weather station data, including Paris, St. Petersburg and Tokyo. A few of the cities stood out: in my hometown of Minneapolis, Minn., summertime has been lengthening by almost one additional day every year since 1990.

Toronto summers are gaining an average of eight days every decade, with summer conditions lasting four weeks longer now than in 1990. Sydney, Australia, added 1.5 additional days in each of those years. Sydney summers now last over one-third of the year.

Impacts of accumulating heat

The buildup of heat during summer is also rising quickly; it’s three times faster over land since 1990. As heat builds up in more areas, cooling demand can be expected to increase.

This change is not confined to continental interiors but is also happening in coastal areas. Perceived as favourable with their maritime climates, these areas face growing populations and often higher climate risk.

The percentage of Canadians with air conditioning varies by province and by income, but we know those who are most vulnerable struggle to stay cool.

Incentives for heat pumps will help those who can afford to make the switch, and have the benefit of also replacing natural gas heating in the winter, but regardless of cooling method, electricity needs will rise.

Longer summers and earlier starts will undoubtedly also affect agriculture, perhaps encouraging earlier planting. However, a complication is that the hours of daylight are not shifting. The impact of seasonal changes on farming practices and food supply is an active area of study.

We also found that spring and autumn seasons are shrinking because the transitions from spring to summer and from summer to fall are becoming more abrupt. For areas that rely on mountain snow for fresh water throughout the year, this snow will melt earlier and more quickly, potentially leading to flooding. Additionally, those batteries of fresh water are running out and drought seasons are lasting longer.




Read more:
Warming winters are reshaping Canada’s snowpack


Adapting to longer summer

Many other aspects of society are linked to the timing of the summer season, like the start and end of the school year, or outdoor sports. How should we adjust if it’s simply too warm for strenuous outdoor activity, whether it’s recreational or work-related?

If these trends continue, we can expect further impacts on the planting season, the timing and pace of snowmelt and the connection with water supply, the length of the fire season, and especially on the energy demand for cooling.

Governments and experts have a lot of work to do to mitigate and adapt to the consequential changes humans have brought about through our dependence on fossil fuels.

These changes to summer are noticeable because they are already disrupting lives. While some places will still occasionally have cooler years and significantly warmer years, the data tells us the trends for summers are headed in one direction.

The Conversation

Ted Scott does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Summers are getting longer each year, and it isn’t all fun and games – https://theconversation.com/summers-are-getting-longer-each-year-and-it-isnt-all-fun-and-games-280884

Rosalind Franklin, la « dark lady » de la structure de l’ADN ou comment on exclut les femmes des sciences

Source: The Conversation – in French – By Clotilde Policar, Professeure, directrice des études sciences à l’ENS, École normale supérieure (ENS) – PSL

Rosalind Franklin, la « dark lady » de l’ADN, mourrait le 16 avril 1958 d’un cancer de l’ovaire. Cristallographe avertie, spécialiste d’analyses de structure moléculaire, elle commence sa carrière indépendante (après sa thèse) à Paris au CNRS. Que nous apprend son histoire sur l’exclusion des femmes des carrières scientifiques ?


Dans les années 1950, une véritable course scientifique pour la découverte de la structure de l’ADN est lancée. Elle implique principalement trois équipes, celle de Linus Pauling à Caltech (États-Unis), et deux au Royaume-Uni : celle de James Watson et Francis Crick à Cambridge et celle de Maurice Wilkins du département de biophysique du King’s College à Londres dirigé par John Randall.

C’est dans ce contexte que ce dernier propose à Rosalind Franklin de monter sa propre équipe d’analyse structurale pour étudier la structure de l’ADN : l’enjeu est de taille, et Rosalind Franklin s’installe à Londres en janvier 1951. Les relations sont très vite tendues avec Maurice Wilkins, qui ne la vit pas comme une chercheuse indépendante (on dirait aujourd’hui « principal investigator »), mais plutôt comme travaillant dans son équipe, comme sa collaboratrice, voire son assistante ainsi que la désigne Watson. John Randall est probablement responsable de ne pas l’avoir accueillie dans des conditions claires pour ses collègues.

Elle travaille avec un doctorant, Raymond Gosling, et cherche à aligner les fibres d’ADN pour enregistrer des clichés de diffractions aux rayons X. Un des problèmes expérimentaux est l’existence de deux structures entremêlées dont la proportion dépend du degré d’humidité. Rosalind Franklin se propose de préparer un échantillon avec une unique structure pour avoir une image plus claire et elle y parvient. Le cliché n°51, devenu célèbre, lui permet d’obtenir, avec Raymond Gosling, la preuve expérimentale de la structure hélicoïdale. Mais ce cliché est dévoilé à James Watson par Maurice Wilkins : il lui a été transmis par Raymond Gosling, et il n’y a aucune trace d’un accord de Rosalind Franklin (ni Watson, ni Wilkins n’évoquent Franklin quand ils relatent cet échange dans leurs livres respectifs).

Ce cliché est la pierre angulaire expérimentale qui manquait aux réflexions de Watson et Crick sur la structure de l’ADN. Ils rédigent alors un article qu’ils destinent à Nature. Leur proposition a le mérite de justifier la stabilité de la structure en interaction par paires via des liaisons hydrogène : c’est important mais ne devrait pas occulter l’apport de Franklin dont le travail constitue la preuve expérimentale de la double hélice avec la présence du squelette phosphate à l’extérieur de la structure.

Les publications dans Nature

En 1953, John Randall, rencontrant l’éditeur de Nature, Lionel Brimble, apprend la publication imminente de la proposition de Watson et Crick, et il le convainc, sans évoquer celui de Franklin, de publier l’article de Wilkins, lui aussi sur la structure de l’ADN. Rosalind Franklin, déjà lassée par l’environnement peu inclusif de King’s College, est sur le départ pour aller à Birkbeck College où elle arrivera en mars 1953. Elle a déjà quasiment terminé de rédiger son propre travail sur l’ADN. Il lui fallut, apprenant que l’article de Watson et Crick et celui de Wilkins allaient être publiés, exiger elle-même, alors que l’avancée de sa recherche était parfaitement connue à King’s College, que le sien paraisse dans le même numéro.

Trois articles seront donc publiés en 1953, l’un après l’autre, sous un chapeau commun « Molecular structure of nucleic acids » : l’article de Watson et Crick, qui apparaît en premier, celui de Wilkins puis celui de Franklin. Une note de l’article de Watson et Crick indique clairement que leur proposition théorique repose sur les travaux expérimentaux, non publiés jusqu’alors, de Wilkins et de Franklin.

Remerciements de Watson et Crick article Nature. Traduction : Nous sommes très reconnaissants au Dr Jerry Donohue pour ses conseils et ses remarques constructives, notamment en ce qui concerne les distances interatomiques. Nous avons également été inspirés par la connaissance de la nature générale des résultats expérimentaux non publiés et des idées du Dr M. H. F. Wilkins, du Dr R. E. Franklin et de leurs collaborateurs au King’s College de Londres. L’un d’entre nous (J.D.W.) a bénéficié d’une bourse de la Fondation nationale pour la paralysie infantile.

Aujourd’hui, les canons d’un article scientifique veulent qu’on décrive tout d’abord les résultats « bruts », expérimentaux, qui sont analysés, décodés, pour amener à une discussion plus théorique des implications de ce qui a été mis au jour. Ici, l’éditeur a mis l’article théorique devant les deux articles expérimentaux. Certes sous un chapeau commun « Molecular structure of DNA », mais qui, aujourd’hui, est uniquement référencé (Web of science fin 2025) comme lié à l’article de Watson et Crick ! C’est sans doute, justement, parce qu’il est le premier de la série de trois. N’aurait-on pas pu imaginer un unique article avec les contributions expérimentales appuyant la proposition théorique ?

Est-ce important ? Il semble que oui : même si les nombres de citations doivent être manipulés avec précaution, on doit constater que le premier article, celui de Watson et Crick, est cité plus de 12 000 fois, alors que celui de Franklin et Gosling, ca. 1140 fois et celui de Wilkins, Stokes et Wilson ca. 740 fois (chiffres issus du site Web of science fin 2025).

Le Nobel : les femmes oubliées

On dit souvent que Rosalind Franklin n’a pas pu avoir le prix Nobel avec Watson, Crick et Wilkins en 1962 car il n’est pas décerné à titre posthume. Mais, on oublie alors que la règle qui l’interdit date de 1974. Avant 1962, au moins deux prix Nobel ont été attribués à titre posthume (Erik Axel Karlfeldt en 1931 et Dag Hammarskjöld en 1961). Mais voilà, il y a trois lauréats au prix de 1962, nombre maximal pour un prix Nobel, et Rosalind Franklin a été le « quatrième homme » (!), comme ce fut le cas de Jocelyn Bell, découvreuse des pulsars ou de Lise Meitner pour la fission nucléaire. Alors que le prix Nobel n’affiche qu’un peu plus de 6 % de lauréates, beaucoup sont citées comme étant sur cette « quatrième » marche !

Rosalind Franklin a été systématiquement écartée d’un réseau d’échanges (y compris d’échange de données, celles du cliché 51) et de discussions dans un environnement fortement sexiste. Par exemple, le salon des enseignants-chercheurs à King’s College est à l’époque interdit aux femmes. Or, ces endroits permettent des rencontres informelles cruciales dans les rapports entre scientifiques.

Sans ressentiment, semble-t-il, contre Watson et Crick, elle quitte le King’s College peu de temps après pour mener à Birkbeck College des travaux pionniers fondamentaux sur la structure des virus.

L’éditorial de Nature du 27 avril 2023, 70 ans après la publication des trois articles, discute de cette question et conclut :

« Malheureusement, cela reste vrai : le titre d’un article publié dans Nature (en 2022) « Les femmes sont moins reconnues que les hommes dans le domaine scientifique », en dit long. La diversité, l’équité et l’inclusion sont des concepts que certains considèrent encore comme des modes passagères et comme un anathème pour la « bonne » science. L’histoire de l’ADN prouve pourtant qu’ils sont les fondements d’une collaboration fructueuse et du progrès scientifique ».

Une exclusion insidieuse pérenne : que faire ?

Il est important de faire évoluer le vocabulaire : pourquoi ne pas choisir de parler de la « double hélice de Franklin, Watson et Crick » ? Et surtout il faudrait raconter cette histoire, en cours à l’école, au lycée, à l’université : c’est aussi de notre responsabilité en tant qu’enseignants, enseignantes, universitaires de transmettre des messages à nos publics étudiants sur la place des femmes en sciences. S’il ne s’agit évidemment pas de taire les noms de Watson et Crick, pensons, de manière inclusive, à mentionner ceux de Franklin et des autres femmes scientifiques : Jeanne Barret en botanique, Ada Lovelace pionnière de la programmation informatique, Lise Meitner et la découverte de la fission nucléaire, Maud Menten pour les modèles cinétiques de catalyse enzymatique, Marie Tharp pour les cartes des fonds sous-marins et sa contribution à la théorie de la tectonique des plaques, Marthe Gautier dans le contexte de la découverte de l’origine chromosomique du syndrome de Down, Chien-Shiung Wu pour ses études sur les interactions faibles, Jocelyn Bell pour les pulsars, et toutes les autres…

Les oublier, c’est ancrer chez les jeunes femmes l’idée que le monde de la science est fait pour les hommes et les en exclure : c’est le mécanisme aujourd’hui bien connu de la menace du stéréotype, concept proposé en 1995 par Claude Steele et Joshua Aronson : le stéréotype (par exemple, « les femmes sont moins douées que les hommes en sciences », « les garçons sont moins doués que les filles en dessin »), même s’il est sans fondement biologique, induit chez celles et ceux qui le connaissent, et particulièrement qui en sont victimes, un comportement qui le confirme.

Comme Rosalind Franklin, les femmes sont toujours partiellement exclues des lieux de sciences et des lieux de pouvoir scientifique mais c’est plus subtil qu’une salle des professeurs exclusivement masculine comme c’était le cas à King’s College. Le film Picture a Scientist notamment nous en montre des exemples : parcours de recrutement puis de carrière plus difficiles, espaces de travail plus réduits, parole non entendue, efforts plus importants demandés aux femmes, ou même réflexions faites sur les tenues vestimentaires…

Il faut en parler et promouvoir le recueil de données genrées pour permettre l’identification de ces biais, prérequis à leur prise en compte et aux actions pour les contrer. Si c’est souvent fait pour documenter les effets de genre sur les recrutements (et vérifier que les processus sont vertueux), cela n’est pas ou peu le cas pour les conditions de travail (soutien aux activités des femmes, allocations d’espace de travail, bureaux partagés ou non, contributions aux tâches collectives, sursollicitation singulièrement pour des tâches peu gratifiantes pour la carrière en lien avec l’exigence de quotas…). Ne faut-il pas envisager, le temps que la parité devienne effective, des mesures compensatoires pour que les femmes ne soient pas pénalisées dans les carrières scientifiques ? On pourrait penser à renforcer les aides au moment du congé maternité par exemple : sans défavoriser les collègues masculins, cela contribuerait à rendre, par là même, ces carrières plus accueillantes pour les jeunes filles. Car, aujourd’hui plus que jamais, face aux défis qui menacent notre planète, nous avons besoin de tous les cerveaux pour trouver des solutions et on ne peut pas se permettre d’exclure de facto la moitié de la population ! Beaucoup de chemin reste à parcourir pour une société scientifique plus juste et plus efficace !


Je remercie vivement Sophie Vriz d’avoir attiré mon attention sur la note de Watson et Crick dans l’article de 1953, Elisabeth Bouchaud de m’avoir signalé que l’interdiction des prix Nobel posthumes date de 1974 et pour sa magnifique série de pièces de théâtre « Les Fabuleuses » à la Reine Blanche, Dominique Guianvarc’h de m’avoir signalé le nom “dark lady” de l’ADN, et à toutes celles et tous ceux qui, comme Bernold Hasenknopf, systématiquement, chaque année, citent les femmes scientifiques dans leurs cours.

The Conversation

Clotilde Policar ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Rosalind Franklin, la « dark lady » de la structure de l’ADN ou comment on exclut les femmes des sciences – https://theconversation.com/rosalind-franklin-la-dark-lady-de-la-structure-de-ladn-ou-comment-on-exclut-les-femmes-des-sciences-281277

Des archéologues ont découvert des dés vieux de 12 000 ans : voici ce qu’ils nous apprennent sur l’histoire du jeu

Source: The Conversation – in French – By Aris Politopoulos, Assistant Professor in Archaeology and Cultural Politics, Leiden University

Les êtres humains ont toujours eu le goût du jeu. Mais pendant la majeure partie de notre histoire, le jeu n’a laissé que peu de traces. Contrairement aux outils ou aux ossements, les jeux se conservent rarement, et les plaisirs éphémères qu’ils procurent sont encore plus difficiles à retrouver.


La récente découverte de dés vieux de 12 000 ans, publiée dans American Antiquity, apporte un nouvel éclairage sur le caractère ludique des sociétés humaines dans un passé lointain.

L’archéologue Richard J. Madden a identifié 565 dés provenant de sites à travers l’Amérique du Nord, notamment dans le Wyoming, le Colorado et le Nouveau-Mexique. Ils datent du XIXe siècle et remontent jusqu’à 12 000 ans. La reconnaissance de ces artefacts comme étant des dés repousse de plusieurs milliers d’années les preuves matérielles du jeu chez l’homme, à travers ce que Madden interprète comme des preuves de jeux de hasard et de paris. Il estime que les Amérindiens jouaient aux dés 6 000 ans avant tout le monde.

Pour identifier ces objets comme des dés, Madden a rassemblé des données sur des objets comparables issues de publications archéologiques et de bases de données sur les vestiges, en s’appuyant sur une étude antérieure exhaustive des objets de jeu amérindiens.

Des dés binaires

Ces objets ne ressemblent pas aux dés à six faces que nous utilisons aujourd’hui. Il s’agit plutôt de dés binaires : des pièces plates, rondes ou rectangulaires marquées d’un côté et vierges de l’autre. Si vous êtes un fan de Donjons et Dragons comme nous, vous pourriez appeler un tel dispositif de lancer un d2. En effet, on peut comparer le lancer de l’un de ces dés anciens à un tirage au sort avec une pièce de monnaie – bien que cette découverte souligne également que les dés sont bien plus anciens que les pièces.

Richard Madden parle de sa découverte.

Lorsqu’on évalue des recherches révolutionnaires de ce type, il est essentiel de réfléchir à la nature des vestiges archéologiques de ce passé très lointain. Nous dépendons d’un éventail très limité d’objets, car beaucoup ne survivent pas dans le sol. Souvent, lorsque nous jouons, même aujourd’hui, nous n’utilisons aucun objet matériel. Pensez à un jeu de chat ou de cache-cache. Imaginez maintenant un jeu similaire se déroulant il y a 12 000 ans. Un archéologue pourrait-il jamais en trouver des traces ?

Même lorsque le jeu nécessite du matériel, comme dans les jeux de société, les traces ne sont souvent pas conservées.

En effet, des études ethnographiques des études ont montré que les gens jouent fréquemment à des jeux de société d’une manière qui ne laisse aucune trace archéologique. Pour de nombreux jeux, les gens creusent des trous et tracent des lignes au sol pour le transformer en plateau, et utilisent des pierres, des graines, des coquillages et même des excréments d’animaux séchés comme pions.

Les objets naturels font également l’affaire : des bâtons à deux extrémités et des cauris (coquillages) peuvent servir de dés binaires. Ce n’est pas seulement une pratique du passé ou propre à des contrées lointaines : partout dans le monde, on joue chaque jour en utilisant de manière créative toutes sortes d’objets – bouchons de bouteille, boîtes de conserve, ficelle, bâtons, cailloux et autres bricoles – qui ne sont pas facilement identifiables comme des jouets. C’est pourquoi, pour nous, archéologues qui étudions le jeu, les dés constituent des découvertes spéciales, car ce sont sans ambiguïté des outils qui servent à jouer.

Les dés anciens

Les archéologues trouvent des dés plus souvent que vous ne le pensez, sous toutes sortes de formes intéressantes. L’un des exemples les plus célèbres est celui des os astragales, les os de la cheville d’animaux à sabots (principalement des moutons et des chèvres). Ils possèdent quatre faces distinctes et ont été couramment utilisés comme dés.

L’un des jeux les plus anciens de l’histoire de l’humanité, le jeu des 20 cases (une version ultérieure du Jeu royal d’Ur), est connu pour avoir utilisé de tels dés, car des os d’astragale ont été retrouvés dans les tiroirs des boîtes de jeu. Dans de nombreux cas, plutôt que de prélever ces os sur des animaux abattus, les gens les reproduisaient dans d’autres matériaux tels que la pierre, le verre ou le métal. Des exemplaires en ivoire ont été découverts avec les jeux qui se trouvaient dans la tombe égyptienne de Toutankhamon. Cela suggère que les gens n’ont commencé à fabriquer des objets ressemblant à des dés qu’après avoir déjà utilisé des objets naturels adaptés à ce même usage.

Dans son étude, Madden soutient que les dés témoignent d’une évolution continue des jeux qui impliquent une dimension économique. Nous souhaitons orienter ce débat dans une autre direction. Le jeu existe en dehors du cadre des jeux d’argent ou des jeux qui impliquent des transactions, et l’analyse contextuelle nécessaire pour identifier véritablement le jeu d’argent dans le passé fait défaut dans cette étude. De plus, cette étude aborde le jeu exclusivement sous un angle fonctionnaliste, en particulier à travers des cadres évolutifs et économiques.

Nous avons fait valoir ailleurs que des études comme celles-ci tiennent rarement compte d’un point fondamental : le jeu existe souvent pour le seul plaisir de jouer. Parfois, on lance la pièce pour gagner, mais souvent, on la lance juste pour s’amuser.

Bien que nous ne soyons pas convaincus que ces anciens peuples amérindiens géraient des réseaux de jeux d’argent, il s’agit d’une découverte passionnante. Ce que ces dés, ainsi que d’autres trouvés dans des contextes archéologiques à travers le monde, mettent en évidence, c’est la beauté fascinante du jeu, aujourd’hui comme par le passé. Ainsi, la prochaine fois que vous lancerez des dés, sachez que vous participez au même esprit ludique – le suspense, la joie, la déception d’un mauvais lancer – que celui que ressentaient déjà les gens il y a 12 000 ans.

The Conversation

Aris Politopoulos a reçu des financements au titre de la subvention de démarrage « Archaeological Futures » et du prix Ammodo Science Award for Groundbreaking Research pour le projet Past♥Play. Aria est membre du conseil d’administration de la fondation Stichting VALUE.

Angus Mol a reçu des financements du Conseil néerlandais de la recherche (NWO) dans le cadre de la bourse NWO-VIDI « Playful Time Machines » et du prix Ammodo pour la recherche scientifique novatrice, pour le projet Past♥Play. Il est membre du conseil d’administration de la fondation VALUE.

Walter Crist a reçu des financements du programme COST (Coopération européenne en science et technologie) pour le projet GameTable : Techniques informatiques pour le patrimoine des jeux de société, et de Game-in-Lab pour le projet « Play and the City » : Étude du patrimoine culturel des jeux de la ville de Rome. Il siège au conseil d’administration de l’Institut chypriote-américain de recherche archéologique (CAARI).

– ref. Des archéologues ont découvert des dés vieux de 12 000 ans : voici ce qu’ils nous apprennent sur l’histoire du jeu – https://theconversation.com/des-archeologues-ont-decouvert-des-des-vieux-de-12-000-ans-voici-ce-quils-nous-apprennent-sur-lhistoire-du-jeu-282191

La propriété immobilière, un héritage culturel de l’agriculture

Source: The Conversation – France (in French) – By Vuillemey Guillaume, Professeur associé en finance, HEC Paris Business School

Acheter ou louer un appartement ou une maison est sûrement une décision financière que l’on imagine fondé sur des considérations intimes. Pourtant, les décisions des individus en matière de propriété immobilière seraient influencées par des croyances culturelles héritées. En cause : le passé agricole de leurs ancêtres.


Vos ancêtres cultivaient-ils les plaines d’une région agricole européenne comme l’Ukraine ou la Beauce ? Ou élevaient-ils du bétail près de la Corne de l’Afrique ? Loin d’être anecdotique, la question à cette réponse pourrait en partie déterminer si vous êtes ou non aujourd’hui propriétaire de votre logement.

Les résultats d’une vaste étude empirique que nous avons menée indiquent, en effet, que les représentations culturelles liées à la terre et au bétail – respectivement des actifs immobiles et mobiles – se transmettent de génération en génération. Ces conceptions contribuent encore aujourd’hui à expliquer la probabilité qu’un individu devienne propriétaire. En particulier, les personnes issues de sociétés historiquement fondées sur l’agriculture céréalière sont plus susceptibles de posséder un bien immobilier que les autres.

Une décision financière importante

« Faut-il acheter une maison/un appartement ou simplement louer ? » Il s’agit sans doute de la décision financière la plus importante pour la plupart des ménages, qui choisissent ainsi de faire de leur logement (plutôt que de l’or ou des actions) leur principal actif. Au-delà des considérations économiques (comme la capacité à rembourser un crédit sur 20 ans), la propriété immobilière est aussi influencée par la manière dont les individus perçoivent la sécurité, la valeur et le statut social associés à un logement.




À lire aussi :
Crédit immobilier : les raisons d’un blocage du marché du logement


Or, ces préférences culturelles sont profondément enracinées : elles trouvent leur origine dans des sociétés agricoles anciennes où la richesse reposait principalement sur deux types d’actifs, l’un mobile (le bétail), l’autre immobile (la terre). Mais les champs et les troupeaux étaient bien plus que de simples actifs économiques. Ils imprégnaient la culture, à travers des mythes et d’un folklore, qui ont laissé des traces et influencent encore aujourd’hui les représentations – et, in fine, les taux de propriété immobilière.

Les individus issus de sociétés historiquement dominées par l’agriculture céréalière, où la terre était davantage valorisée que les actifs mobiles, restent enclins à privilégier les actifs immobiles et deviennent donc plus souvent propriétaires.

Le poids de l’héritage culturel

Pour étayer cette hypothèse, nous avons analysé un corpus ethnographique. Les données contenues dans une base de données mondiale relative au folklore montrent que, dans les sociétés fondées sur l’agriculture, les motifs liés à la terre sont davantage présents dans leurs récits, tandis que les sociétés pastorales mettent davantage en avant le bétail. Parmi les premières figurent la plupart des pays européens, depuis l’Antiquité grecque jusqu’au Moyen Âge, où la terre était associée au pouvoir et au prestige pendant des siècles.

On peut penser au Chat botté, où le chat rusé fait passer le fils du meunier pour un propriétaire terrien afin de lui assurer une fin heureuse. À l’inverse, dans des sociétés pastorales d’Afrique de l’Est comme celle des Nuer, les structures de pouvoir et les représentations sociales reposent sur le bétail.

Aujourd’hui, les pays occidentaux comme de nombreuses sociétés pastorales sont devenus des économies industrielles, voire post-industrielles, ayant laissé derrière eux la plupart de leurs institutions traditionnelles liées à la terre ou au bétail. Pourtant, ces héritages culturels persistent et continuent d’influencer la manière dont les sociétés perçoivent les actifs mobiles et immobiles.

Héritages persistants

L’examen des données actuelles de la zone OCDE (41 pays disposant de données homogènes) confirme largement l’hypothèse posée. Ce sont dans les pays ayant une forte tradition agricole fondée sur la terre que l’on trouve aussi aujourd’hui des taux de propriété immobilière plus élevés. L’effet est significatif : une augmentation d’un écart-type de l’importance relative des terres cultivées (par rapport aux pâturages) est associée à une hausse d’environ 6 points du taux de propriété.

Le même schéma apparaît à l’échelle régionale en Europe. Même en neutralisant les effets propres à chaque pays, les régions historiquement agricoles présentent des taux de propriété plus élevés. Ces résultats ne prouvent toutefois pas à eux seuls un lien de causalité. D’autres explications pourraient exister.

Ainsi, les représentations culturelles voyagent avec l’immigration, il faut distinguer l’influence de la culture de celle de l’expérience locale, comme les guerres, l’inflation ou d’autres facteurs pouvant aussi influencer la décision d’acheter un bien immobilier.

Le poids des cultures

Pour cela, nous avons analysé le comportement des immigrés de deuxième génération aux États-Unis. L’idée est que ces individus – un échantillon de plus de 5 000 personnes – vivent dans les mêmes institutions et le même système économique, mais héritent de cultures différentes selon le pays d’origine de leurs parents (145 pays).

Les résultats confirment notre hypothèse : les descendants de sociétés historiquement fondées sur les cultures agricoles ont une probabilité plus élevée d’être propriétaires. Ce résultat reste robuste après avoir contrôlé de nombreux facteurs tels que le revenu, l’éducation, l’origine ethnique, la localisation géographique, la situation matrimoniale ou la structure du foyer.

Pour s’assurer de la solidité de l’explication, il convient de tester des explications alternatives. Le résultat mis en évidence précédemment persiste même après la prise en compte de facteurs tels que le PIB, les inégalités, la démocratie, l’état de droit ou des indicateurs culturels plus larges.

Les données suggèrent qu’il ne s’agit pas simplement d’une « culture générale de la propriété ». Ce qui prédit la propriété chez les immigrés de deuxième génération, c’est la part de la propriété dans le pays d’origine qui s’explique par les conditions agricoles et les caractéristiques des sols. Cela renforce l’idée d’un héritage culturel spécifique lié à l’agriculture.

The Conversation

Vuillemey Guillaume ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. La propriété immobilière, un héritage culturel de l’agriculture – https://theconversation.com/la-propriete-immobiliere-un-heritage-culturel-de-lagriculture-281439

Julius Malema: South Africa’s performative revolutionary is facing his biggest battle

Source: The Conversation – Africa (2) – By Ongama Mtimka, Lecturer, Nelson Mandela University

Julius Malema, the leader of South Africa’s fourth-largest party, the Economic Freedom Fighters (EFF), is a divisive figure: loved by some, hated by others.

Malema made headlines in April 2026 after a lower court found him guilty of illegal possession and discharging of a firearm and sentenced him to five years’ imprisonment. He is appealing the conviction and sentence.

Within a few weeks he made headlines again when the country’s Constitutional Court ruled in a case the EFF had brought before it. The case was about the alleged theft of a large sum of foreign currency from President Cyril Matamela Ramaphosa’s private game farm, Phala Phala. The court found in favour of the EFF and the other party to the case, the African Transformation Movement.

Malema hails from Seshego, a small village in Limpopo, which is one of South Africa’s poorer provinces. Born in 1981, he has become something of a generational peculiarity in the body politic of the country.

The old guard of liberation fighters who were active from the 1960s and 1970s onwards continue to dominate South Africa’s political landscape. They include leaders of parties in parliament like the African National Congress (ANC), Bantu Holomisa of the United Democratic Movement, and Patricia De Lille of the Good party, among others. But Malema broke that mould.

Few South African politicians have achieved what he has.

In 2013 Malema, together with Floyd Shivambu, announced the founding of the Economic Freedom Fighters as the main host for radical youth politics in South Africa. This was after they were fired from the ANC while serving as leaders of its youth wing.

The EFF went on to poll numbers that put it in third place in four successive elections between 2014 to 2021. In the most recent national poll in 2024, however, the party lost this spot to the former president Jacob Zuma’s new uMkhonto weSizwe Party.

Malema is a career politician who has used the political liberties bequeathed to democratic South Africa to his personal and political advantage. Yet, he continues to agitate against the emerging order, as if he himself were the victim of it, not a beneficiary high up in the distribution chain.

As a political analyst and senior lecturer, I have studied the rise of Malema and his party as part of South Africa’s ongoing leftist, worker-driven political wing. Tracking the gains and failings of the EFF, I believe there are several factors that contribute to Malema’s successes and shortcomings.

His skills at building a party and running a tight ship have been bolstered by his charisma and speech-making capability. But there have been controversies over showmanship and the use of divisive and incendiary speech. This has produced a complex and ambiguous public figure. And a party in flux.

The rise of a firebrand politician

Malema shot to national prominence in 2007 in the build-up to the major political upheaval of the democratic period, the 52nd conference of the ANC in the city of Polokwane. The league had assumed a kingmaker role in ANC succession battles in various times in the history of the liberation movement, helping remove president AB Xuma in 1949 and then president Thabo Mbeki through its active campaigning.

Events at the conference would change the trajectory of South Africa. Mbeki was president of the country as well as the party and was seeking a third term to run the party. His deputy in the party, Jacob Zuma, whom he had suspended as deputy president of the country, defeated Mbeki and delegates to the conference elected him to lead it.

After Zuma had come to power, the National Union of Metalworkers of South Africa and the ANC Youth League became critical of him.

Youth league members, including Malema, were hauled before the disciplinary structures of the ANC. According to his biographer, Fiona Forde, this was an attempt to curtail his rising influence in the party and the potential to disrupt succession.

Nonetheless, Malema’s EFF avoided the fate of quickly disintegrating, unlike other breakaway parties such as the Congress of the People.

He did this by building his party with the leaders who followed him from the Youth League. He used strong control of the party platform as its chief communicator, building a militant persona.

Malema’s wider public success can be attributed to his rhetoric, chants and tactics that have bordered at times on anarchy, war mongering and glorification of violence.

He has fashioned himself into a warrior figure who exploits black rage to gain popularity. The party stands for a more radical path to economic transformation in South Africa, particularly expropriation of land without compensation and nationalisation of mines.

But, as my research shows, his purpose appears less about waging a true revolutionary war and more about drawing political value from the perception that he could.

This creates a stark contradiction. Malema performs the role of a fearless revolutionary within a stable democracy that offers him all the securities and legal protections he needs to sustain this performance. Unlike those who rise against authoritarian regimes, he faces no mortal risks.

He appears to care deeply for the plight of the poor, yet his lifestyle suggests he is high up the distribution chain, with a taste for the finer things in life.

Many revolutionaries throughout history came from better backgrounds than the people they spoke for. Karl Marx, Frans Fanon, and Martin Luther King Jnr are but some of the examples. Yet few have balanced so overtly the “militant” brand with such personal comfort.

The primary mechanism for this warrior persona is a calculated mix of word, appearance and branding.

Malema uses the media and public events as a platform for his politicking. He has received significant media coverage as a result of his activities. But this hasn’t stopped him from frequently attacking the fourth estate.

In Parliament he has used disruptive tactics to draw attention to the party, even though it now only has 47 seats out of a total of 400.

An ambiguous future

Now that Malema has been convicted and sentenced to an effective five-year term in prison, he faces a turning point. He may be disqualified from serving as an MP and could even go to prison. This places the EFF into the realm of the ambiguous and uncertain.

Because the party has been held together by his firm grip, which clamped down on ambition, the EFF is not yet prepared for a succession. The potential loss of its leader leaves the “Red Berets”, and the rage they channel, in a state of flux.

The South African Communist Party has resolved to contest elections independently of the ANC. It remains to be seen how this will reconfigure left politics in terms of control over municipal councils in 2026. South Africa is scheduled to go to the polls in November 2026.

The Conversation

Ongama Mtimka is affiliated with the South African Association of Political Studies as the current sitting president.

– ref. Julius Malema: South Africa’s performative revolutionary is facing his biggest battle – https://theconversation.com/julius-malema-south-africas-performative-revolutionary-is-facing-his-biggest-battle-281750

Kenya’s war on traditional alcohol: a colonial hangover about what it means to be ‘civilised’

Source: The Conversation – Africa – By Wafula Yenjela, Research associate, University of the Free State

At the dawn of Kenya’s colonial era in 1902, consumption of home-made alcohol was deeply embedded in society. For instance, among the Mijikenda of coastal Kenya, palm wine was integral (p.290) to traditional ceremonies, such as marriage and initiations, and in ritual offerings.

This partly explains why the colonial authorities did not consider prohibiting African home-made liquors.

As early as 1908, however, they did prohibit Africans from consuming or handling European liquors. The prohibition was ratified on the pretext of Europe’s commitment to preserving the presumed innocence of Africans. The ban on Africans’ consumption of European liquor fostered and sustained racial “social distance” between the colonised Africans and European colonisers.

The socio-political landscape began to change after the second world war. Neoliberal capitalism was becoming dominant in Africa. Multinational breweries took command of the market through advertisements, propaganda, and networking with government agencies to subdue home-made brews.

It was also a time of growing political awareness by a now sizeable educated African elite. A case in point is the mid-1940s boycott of traditional brews by African elites in Nairobi and in Dar es Salaam, agitating for access to bottled beer.

The prohibition of Africans’ consumption of bottled beer, wines and spirits in Kenya was lifted at the end of 1947. The end of the prohibition marked the beginning of condemnation, criminalisation and vicious attacks on the indigenous African alcohol industry.

Successive governments and religious groups opposed these brews directly. Multinational breweries also targeted them indirectly.

In the emerging propaganda narratives, bottled beer was presented as the consumers’ mark of civilisation, patriotism and respectability. Kenyan media, through popular advertisements, touted the notion of bottled beer as a mark of “good citizenship”.

Consumers of traditional home-made brew were identified as unrespectable, unpatriotic.

My recent research examined three novelistic portrayals of “respectable” alcohol consumption in Kenya. Meja Mwangi’s Going Down River Road (1976) and The Cockroach Dance (1979), and Charles Mangua’s Son of a Woman (1971), highlight urban class imaginaries that emerge from alcohol indulgences at the time.

Based on the analysis of the themes in these novels, I conclude that the Kenyan state’s war against traditional brews was a psychological war driven by a colonial mentality of African barbarism. State operatives’ attempts to wipe out traditional brews, their brewers and patrons sought to create the impression that Kenya was now a civilised country that consumed European liquors.

Novelistic portrayals of alcohol consumption

The novelistic representations of alcohol consumption are set in the 1970s. This was a time when Africans were emerging from a highly racialised atmosphere that was the Kenyan colony. The African elites at that time were attempting to adjust to the prevalent notions of respectability. They desired co-option in the colonial order, which they believed was the epitome of civilisation and modernity.

The consumption of bottled beer was one of the available illusory affirmations of European civilisation. Going Down River Road foregrounds clubs in the inner city: Karara Centre, The Capricorn, Small World, Eden Garden. Through these drinking centres, the novelist paints a picture of Nairobi’s 1970s economic disintegration mostly experienced by the city’s marginalised low-income population.

Patrons in Karara Centre admire bottled alcohol adverts on the centre’s walls. The owner sells African brews but displays adverts for Johnnie Walker, pilsner and Scotch whisky. Empty bottles of the European brands are displayed on the counter to reinforce the colonial hype of the superiority of European alcohols.

James, a civil servant, drifts to Karara Centre when broke. He reminds the regular patrons of the home-made alcohol that he is a patriot who builds the nation. That is, he regularly drinks bottled beer. Such sentiments reflect the power of adverts in the construction of a people’s identities.

On payday, Ocholla and Ben abandon Karara Centre for The Capricorn, a club that sells bottled beer. There, they imagine themselves to be in an advanced, modern joint, and among the respectable. But this lasts for only one day before they slip back to Karara Centre, their dependable base.

What we note here is that the colonial histories of bottled beer coupled with the advertisements contribute to a sense of inadequacy among the underdogs who aspire to be among the “civilised” through consumption of bottled beer in “modern, advanced” joints yet cannot afford it.

But in The Cockroach Dance, Meja Mwangi upsets the neoliberal capitalist posturings regarding bottled beer. While the adverts insist on bottled beer being a lubricant for lasting friendships and patriotism, events in the novel highlight the revolutionary savagery of alcohol.

Duzman Gonzaga and Toto, key characters in the novel, partake of bottled beer. Their experiences in various bottled beer joints reveal that the spaces are chaotic. After consuming the alcohol, patrons engage in violent rampages against their neighbours. Essentially, the novel demonstrates that bottled beer is not the hallmark of modernity and orderly development.

My analysis of the novels reveals that the claim that bottled beer was a mark of respectability was merely a marketing strategy. The strategy fed into the neoliberal capitalist interests of the multinational brewing and distillery giants, distributors and retailers. Consequently, traditional home-made alcohols’ criminalisation and condemnation features here as misplaced aggression.

Colonial doctrine against African brews

The sale of home-made brews in informal urban settings is sometimes treated as an act of terrorism against the state. Indeed, distilled home-made alcohol known as chang’aa has caused the deaths of an alarming number of its consumers in recent years. Laboratory tests reveal the brewers’ use of dangerous additives such as industrial methanol.

In February 2024, state operatives led by the country’s deputy president embarked on rounding up and destroying the alcohol and distillation equipment in various places. Despite crackdowns such as these, the sale and distribution continues.

The political elites’ war against the African indigenous brewery industry reveals their colonial anxiety – their own fears of regressing to barbarism.

Alcohol history in Kenya played a crucial role in the making of postmodern identities in the country. Colonial condemnation of African brews as emblematic of regression to African barbarism swayed the African psyche. The African elites who aspired to belong to a progressive postmodern world quickly learnt the colonial doctrine of condemning African brews.

The Kenyan state’s anxieties against home-made alcohol are mainly rooted in respectability politics.

The Conversation

Wafula Yenjela conducts research as a research fellow affiliated with the University of the Free State, Bloemfontein, South Africa.

– ref. Kenya’s war on traditional alcohol: a colonial hangover about what it means to be ‘civilised’ – https://theconversation.com/kenyas-war-on-traditional-alcohol-a-colonial-hangover-about-what-it-means-to-be-civilised-281377

In Sudan, a migrant community reveals a resistance to malaria: the genetic study helping shape medicine

Source: The Conversation – Africa (2) – By David Comas, Full Professor, Universitat Pompeu Fabra; Instituto de Biología Evolutiva (IBE – CSIC – UPF)

Sudan lies at the crossroads of Africa and the Middle East. It has played a key role in human demographic movements, reflected in the diversity of its cultures and languages. Although much of the country is arid, the Nile River has long acted as a corridor for trade, facilitating human migration through the region for thousands of years.

This makes Sudan a valuable place to study human genetic diversity and evolutionary history, which has important implications for understanding population-specific adaptation and health.

The Copts are a population that migrated from Egypt from the 7th century and mixed with populations in neighbouring regions, but also remained somewhat isolated. Copts are historically distinguished by their Christian faith and their language. In Sudan their numbers are estimated to be in the hundreds of thousands.

As a group of evolutionary biologists we conducted a genomic study to understand the complex demographic history and identify signals of adaptive selection among Sudanese people. Our research is the first whole-genome sequencing study carried out in Sudan. This is a method scientists use to read and analyse a person’s complete DNA, the full set of genetic instructions, to understand traits, ancestry and disease risk.

Our research covered a total of 125 individuals from five population groups, defined by their language and cultural identity, known as ethnicity.

We found that Sudanese Copts showed unusually high resistance to Plasmodium vivax, the most geographically widespread malaria-causing parasite. This protection comes from a genetic variant they acquired after mixing with local Nilo-Saharan people.

Similar examples of recent adaptation to malaria after population mixing have previously been reported in Madagascar, Cabo Verde and Pakistan. But this is the first time such a process has been documented within mainland Africa itself.

The selection signal observed in Sudanese Copts is among the strongest ever detected in humans.

These findings show that strong natural selection can reshape the human genome very rapidly and that recent demographic history is crucial for understanding present-day genetic patterns. These can help explain differences in disease susceptibility across populations, informing medical research and public health strategies.

Human migrations in the region

The expansion of Arabic-speaking people in north Africa started in 639 CE in Egypt and gradually moved southward. It intensified between the 10th and 11th centuries with the migration of Bedouin groups into north Africa and Nubia. By the 16th century, the spread of Arab culture and Islamic faith contributed to the collapse of the last Christian kingdoms in the region.

But some populations remained in more isolated areas and preserved their own languages and cultural traditions. These include Nilo-Saharan-speaking groups in Darfur, around the Jebel Marra mountains, and Kordofanian speakers from the Nuba Mountains.

These mountainous regions also acted as partial genetic barriers. They limited interactions with surrounding populations. Today these populations show little or no genetic influence from the Arab expansion.

Our study confirms this pattern reported in previous studies. With the use of whole-genome sequencing data, our findings further strengthen this insight.

Adaptive selection to malaria protection

Our study indicates that around 1,000-1,500 years ago, the ancestors of Sudanese Copts intermarried with local Nilo-Saharan groups. The geographical barrier is not applied for all Nilo-Saharan speaking groups, only for those from Darfur. Copts could have admixed with other groups with a Nilo-Saharan origin but living in a more accessible area. The individuals from Darfur are the group in our dataset that better represent these ancestors, but that does not mean they are their direct ancestors. Through this mixing, they acquired the Duffy-null allele. This is a genetic variant (one of the different versions of a gene) that is widespread in Africa south of the Sahara.

This allele is a classic example of natural selection in humans, showing strong geographic differentiation between African populations and the rest of the world. The Duffy-null allele prevents the expression of the ACKR1 receptor, a protein found on red blood cells, used by P. vivax to enter and infect these cells.

Individuals who have inherited the allele lack this receptor and are therefore protected against this form of malaria.

Because the Duffy-null allele is rare among north African and Middle Eastern groups, it would not be expected to be prevalent in Copts. However, our findings show that about 89% of Sudanese Copts carry it.

Our study shows that after admixture with local populations, the variant was introduced into the Coptic population. Natural selection meant it was passed down through generations and became more common.

Having the allele gave people a survival advantage in a malaria area. Sudan reported over half million cases of P. vivax malaria in 2017. There is little or no information on regional variation, but the presence of the adaptive variant in Darfur does not necessarily mean adaptation occurred there.

This provides a clear example of a genetic population adapting to disease, occurring within the past 1,500 years.

Fixing Africa’s under-representation

Our study also identified more than one million previously unknown genetic variants, over 1,500 of which may affect genes and their functions. This highlights a major gap in global genomic databases. These are still heavily biased towards people of European ancestry, although Africa harbours the greatest genetic diversity. North Africa, in particular, has often been overlooked.

It’s important to know more about the genetic heritage of different populations because, as the Coptic resistance to malaria shows, it can guide medical research and help understand human evolution better.

Although whole-genome sequencing has transformed the study of human health and disease, truly global representation remains essential. Africa, as the birthplace of modern humans, harbours the greatest genetic diversity on Earth and should therefore be a top priority for genomic research.

This study fills important gaps in our understanding of Sudan’s and Africa’s demographic histories and increases diversity in global genetic datasets. It also shows the importance of including recently mixed populations to obtain a fuller picture of human evolution.

Hisham Y. Hassan was a co-author on the article.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. In Sudan, a migrant community reveals a resistance to malaria: the genetic study helping shape medicine – https://theconversation.com/in-sudan-a-migrant-community-reveals-a-resistance-to-malaria-the-genetic-study-helping-shape-medicine-278806

Un indice mondial des papillons pourrait faire progresser la conservation des insectes

Source: The Conversation – in French – By Federico Riva, Assistant Professor, Department of Biology, Carleton University

Environ 70 % des espèces présentes sur Terre sont des insectes. Ils constituent des éléments essentiels de la plupart des écosystèmes. Représentant la moitié de la biomasse de la planète, ils pollinisent les fleurs, décomposent la matière organique morte et jouent de multiples rôles dans les réseaux trophiques. Ils sont littéralement partout, y compris dans et autour de nos maisons, mais leur population diminue à un rythme alarmant dans de nombreux endroits.


Les implications sociétales de ce potentiel « insectageddon pourraient être catastrophiques. Des pertes dans la production alimentaire humaine pourraient notamment survenir. Cependant, il est difficile de confirmer les soupçons de déclin mondial, car nous manquons de données fiables sur les populations d’insectes dans de nombreuses régions du monde.

Nous ne disposons tout simplement pas, à l’échelle de la planète, des infrastructures qui nous permettraient de suivre l’ensemble des populations d’insectes. Cela signifie que nous ne savons pas comment les populations d’insectes réagissent aux différents changements mondiaux, et que nous pourrions ne pas parvenir à concevoir des politiques de conservation efficaces ni à vérifier si les mesures actuelles sont efficaces.

Il est donc crucial de s’efforcer de générer rapidement des indicateurs mondiaux sur les tendances des populations d’insectes. Dans notre article récemment publié, mes collègues et moi-même expliquons comment un indice mondial des papillons pourrait aider à suivre les populations de papillons à l’échelle mondiale – et comment nous pouvons atteindre cet objectif important.

Les papillons : l’exemple type des insectes

un papillon beige brunâtre sur une fleur blanche
Il est crucial de s’efforcer de générer rapidement des indicateurs mondiaux sur les tendances des populations d’insectes.
(Federico Riva)

L’une des raisons pour lesquelles les insectes ont été négligés dans le domaine de la conservation est qu’ils sont souvent ignorés – voire redoutés – par de nombreuses personnes. Beaucoup d’entre nous ont été élevés dans la prudence vis-à-vis des insectes, qu’il s’agisse d’abeilles, d’araignées ou d’autres bestioles.

Il existe, en revanche, un large intérêt pour les espèces vertébrées. L’observation des oiseaux fait partie des sociétés humaines depuis des centaines d’années. Le fait que les animaux de plus grande taille suscitent l’intérêt du public a sans doute stimulé les efforts mondiaux visant à calculer des indicateurs des tendances de leurs populations, comme l’Indice Planète vivante du Fonds mondial pour la nature (WWF) et d’autres organisations.

Si les insectes n’ont généralement pas bénéficié de la même attention que d’autres animaux, les papillons font exception à cette règle. Ces insectes, avec leurs motifs et leurs couleurs captivants, fascinent depuis longtemps les gens et sont représentés dans de nombreuses traditions à travers les cultures.

Notre amour pour les papillons se reflète dans une longue histoire de surveillance. Dans les années 1970, l’entomologiste britannique Ernest Pollard a lancé la pratique consistant à recenser les populations de papillons lors de ses promenades en Angleterre. Cinquante ans plus tard, des centaines de « promenades Pollard » sont organisées à travers l’Europe et dans de nombreuses autres régions du monde.




À lire aussi :
Les vagues de chaleur extrême menacent la fertilité des abeilles et provoquent leur mort subite


Recenser la présence d’une espèce dans une zone est un travail important. Cependant, les efforts visant à saisir les changements dans les populations d’insectes au fil du temps sont tout aussi fondamentaux. Néanmoins, une synthèse mondiale des programmes de surveillance des populations de papillons faisait jusqu’à présent défaut.

Un indice mondial des papillons

Notre article récent comble cette lacune. Nous avons coordonné un consortium international dans le but de mieux comprendre les opportunités et les défis liés au calcul d’un indice mondial des papillons qui reflète les tendances des populations de papillons à l’échelle mondiale.

En réunissant des scientifiques de tous les continents à l’exception de l’Antarctique, nous avons pu rassembler un ensemble de données incroyable comprenant plus de 45 000 tendances démographiques pour plus de 1 000 espèces de papillons. Nous avons utilisé cet ensemble de données pour :

un papillon aux ailes noires et jaunes et au corps rouge, jaune et noir sur une fleur rose rougeâtre
Enregistrer la présence d’une espèce dans une zone est un travail important. Cependant, les efforts visant à saisir les changements dans les populations d’insectes au fil du temps sont tout aussi fondamentaux.
(Unsplash/David Clode)
  1. Déterminer où en sont les efforts actuels en termes de couverture taxonomique et spatiale de la faune mondiale des papillons.

  2. Calculer la première version d’un indice mondial des papillons.

  3. Évaluer les lacunes et les limites à combler avant d’aller plus loin.

Malgré un effort sans précédent, nous avons constaté que seules les populations d’environ 5 % des espèces mondiales ont été surveillées.

Il est important de noter que l’ensemble de données est principalement concentré en Europe et en Amérique du Nord et qu’il est biaisé en faveur des espèces généralistes (celles capables de survivre dans des environnements divers) ainsi que des espèces plus faciles à détecter.




À lire aussi :
Guêpes au pique-nique : les conseils d’un scientifique pour manger sans danger


Néanmoins, nous avons constaté que les espèces, en moyenne, sont en déclin, et que les papillons sensibles susceptibles de souffrir du changement climatique avaient tendance à décliner plus fortement que le reste de notre échantillon. Les populations en dehors de l’Europe et de l’Amérique du Nord étaient trop clairsemées pour permettre des conclusions solides.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Semaine mondiale des papillons

La réalisation de cette étude nous a permis de tirer quelques enseignements. Il reste un travail considérable à accomplir si nous voulons calculer un indicateur véritablement mondial des tendances des populations de papillons.

Par exemple, de nombreuses régions du Sud auront besoin d’aide pour mettre rapidement en place des programmes nationaux de surveillance, et des recherches dans les régions tropicales sont nécessaires pour mieux comprendre quelles méthodes de surveillance fonctionneraient le mieux dans ces régions hyperdiversifiées.

La bonne nouvelle, c’est que les papillons constituent déjà l’un des groupes d’insectes les plus visibles et les plus surveillés, ce qui atténuera les difficultés liées à l’élaboration d’indicateurs sur les populations d’insectes. Les programmes de surveillance existants peuvent servir de modèle pour développer de nouvelles initiatives.

En fin de compte, l’élaboration d’un indice mondial des papillons sera essentielle pour assurer un suivi, attendu depuis longtemps, des changements dans les populations d’insectes. Surtout, cela pourrait également servir de fer de lance pour une conservation plus large des insectes.

Les gouvernements sont censés fixer des objectifs mesurables en matière de biodiversité, conformément à leurs engagements pris dans le cadre d’accords internationaux tels que le Cadre mondial de Kunming-Montréal pour la biodiversité. Cependant, les insectes restent largement négligés dans ces objectifs, et il est impossible de fixer des objectifs significatifs sans indicateurs fiables.

L’élaboration d’un indice fiable sur les papillons est donc fondamentale pour orienter les efforts de conservation, mieux comprendre l’ampleur de la crise de la biodiversité et la faire connaître au grand public. Les papillons ont une forte valeur émotionnelle. Cela peut contribuer à susciter un soutien en faveur de la conservation d’une manière que les insectes moins appréciés ne peuvent pas atteindre.

Notre consortium contribue à créer une telle dynamique : cette année, les membres de notre équipe lancent une Semaine mondiale des papillons et des discussions sont en cours concernant la création d’une organisation internationale.

Nous espérons que les collègues intéressés se joindront à nous pour les prochaines éditions de ces projets. N’hésitez pas à nous contacter.

La Conversation Canada

Federico Riva a bénéficié d’un financement au titre du programme Horizon.

– ref. Un indice mondial des papillons pourrait faire progresser la conservation des insectes – https://theconversation.com/un-indice-mondial-des-papillons-pourrait-faire-progresser-la-conservation-des-insectes-280304