¿Es su bebé demasiado dependiente de las pantallas? Señales de alerta antes de los seis años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Lidia Platas Ferreiro, profesora ayudante doctora departamento de Pedagogía y Didáctica, Universidade de Santiago de Compostela

Ivan Marc/Shutterstock

No es raro ver a un bebé o un niño pequeño en el metro o en el autobús observando atentamente una pantalla de un móvil o una tableta: los vídeos infantiles, con sus colores brillantes, sus canciones pegadizas y sus patrones repetitivos son una frecuente fuente de distracción. Ante esta realidad, surge una pregunta que preocupa a familias, docentes y profesionales de la salud: ¿el uso de pantallas en la primera infancia puede generar una dependencia o incluso adicción?

Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil atraviesa una etapa de extraordinaria plasticidad: se forman millones de conexiones neuronales (sinapsis) a partir de cada experiencia, lo que nos lleva a una primera idea clave: el cerebro del bebé está constantemente absorbiendo información del entorno, organizando patrones y construyendo las bases del desarrollo emocional, cognitivo y social. Toda experiencia es, en ese sentido, una experiencia “de aprendizaje”.




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Los contenidos audiovisuales, incluso aquellos específicamente diseñados para bebés o niños pequeños, no proporcionan estímulos neutros o casuales, sino experiencias rápidas, intensas y altamente gratificantes, con colores brillantes, sonidos llamativos, cambios constantes y recompensas inmediatas, diseñadas intencionalmente para captar y mantener la atención el mayor tiempo posible.

Estos estímulos activan los circuitos cerebrales relacionados con el placer y la gratificación rápida, reforzando la búsqueda de ese tipo de experiencias, también en los más pequeños.

Adicción no, dependencia sí

¿Podemos hablar entonces de “adicción” en niños de 0 a 3, o de 3 a 6 años? Desde un punto de vista clínico, el término debe utilizarse con cautela. La adicción implica pérdida de control, prioridad absoluta de la conducta sobre otras actividades y persistencia pese a consecuencias negativas.

En bebés y niños pequeños, la autorregulación depende prácticamente por completo de los adultos. No son los menores quienes deciden cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, por tanto, no es adecuado hablar de adicción en sentido estricto.

Lo que sí pueden observarse son patrones de uso problemático o dependencia conductual: irritabilidad intensa cuando se retira el dispositivo móvil, demanda constante de la pantalla, dificultad para entretenerse sin ella o pérdida de interés por otras actividades.




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Estas señales no indican un trastorno, pero sí invitan a revisar los hábitos familiares: las recomendaciones pediátricas coinciden en evitar el uso de pantallas antes de los dos años y, a partir de esa edad, limitarlo a periodos muy breves y siempre supervisados. No se trata solo de cuánto tiempo, sino de cómo y para qué se utilizan.

Consecuencias del mal uso

Cuando nos excedemos, o cuando recurrimos demasiado rápidamente a este recurso de “distracción”, podemos estar limitando el desarrollo de la atención sostenida, además de alterar patrones de sueño (especialmente cuando hay exposición antes de dormir), reduciendo la tolerancia a la frustración.

Por si esto fuera poco, todo el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla es tiempo que no está dedicando al juego activo y social. El contacto humano directo es primordial en edades tempranas, ya que el lenguaje, la empatía y la regulación emocional se construyen principalmente a través de la interacción con adultos significativos.




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Límites y acompañamiento

Más que una prohibición absoluta, debemos “mediar” como adultos responsables establecer límites claros y acompañar activamente la experiencia.

Si el menor utiliza un dispositivo, lo ideal es que el adulto esté presente, comente lo que aparece en la pantalla y conecte el contenido con la vida real. De este modo, la pantalla se convierte en una actividad compartida y no en una experiencia aislada.

Todo esto debe estar siempre combinado con alternativas atractivas: juego libre, lectura de cuentos, música, movimiento y exploración del entorno. Además, los adultos deben dar ejemplo, porque los niños aprenden observando. Revisar nuestros propios hábitos de uso del móvil, especialmente delante de los más pequeños, es una de las formas más eficaces de prevención.

Evitar la dependencia temprana

Aunque los niños de 0 a 6 años no pueden sufrir “adicción” a las pantallas en términos clínicos, sí es posible que se desarrollen dinámicas de dependencia cuando la pantalla ocupa un lugar central en su vida.

La buena noticia es que, con información, coherencia y acompañamiento, la tecnología puede ocupar un lugar equilibrado, sin sustituir aquello que ningún dispositivo puede ofrecer: vínculo, juego y presencia adulta.

The Conversation

María Lidia Platas Ferreiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es su bebé demasiado dependiente de las pantallas? Señales de alerta antes de los seis años – https://theconversation.com/es-su-bebe-demasiado-dependiente-de-las-pantallas-senales-de-alerta-antes-de-los-seis-anos-276449

Vuelven los piratas en pleno conflicto en el golfo Pérsico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Zamora Manzano, Catedrático de Derecho romano, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Bandera pirata Melnikov Dmitriy/Shutterstock

El pulso entre Irán, Israel y Estados Unidos no solo se libra en el terreno diplomático o militar: sus efectos ya se dejan sentir en las rutas marítimas que sostienen la economía global.

La amenaza de una interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz se ha convertido en un factor clave de la actual reconfiguración geopolítica, con consecuencias que van más allá del encarecimiento del crudo. Afecta al comercio internacional, tensiona las cadenas de suministro y, de forma menos visible, pero no menos relevante, está favoreciendo el resurgimiento de la piratería en la región.

La piratería somalí ha sido contenida por operaciones como la ATALANTA de la EUNAVFOR, que en la actualidad está prorrogada hasta 2027. Sin embargo, esta nueva situación política ha provocado un desplazamiento de buques hacia las zonas de conflictos en defensa de antimisiles e interceptación de drones que ha sido aprovechada por los grupos de criminales que operan en el Golfo de Adén y el estrecho de Mandeb o Bab el-Mandeb.

Ahora bien, la actividad de piratería frente a las costas de Somalia ha vuelto a emerger desde finales de octubre de 2025, con grupos de acción pirata coordinados que operan a gran distancia de la costa, en la cuenca de Somalia y el océano Índico adyacente, lo que marca una escalada significativa tras varios años de relativa calma y que se puede ver agudizada con el conflicto actual.

137 incidentes en 2025

La piratería, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) de 1982, se define en su artículo 101 como “todo acto ilegal de violencia o de detención o todo acto de depredación cometidos con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque privado o de una aeronave privada y dirigidos: (i) contra un buque o una aeronave en alta mar o contra personas o bienes a bordo de ellos; (ii) contra un buque o una aeronave, personas o bienes que se encuentren en un lugar no sometido a la jurisdicción de ningún Estado”.

Que la economía global del crudo se vea afectada por las rutas que están siendo afectadas por la guerra, producirá un incremento en la piratería, como se extrae del último informe de la International Maritime Bureau (Oficina Internacional Marítima), que reporta un total de 137 incidentes durante el pasado año.

Enemigos de toda la humanidad en Roma

El fenómeno no es nuevo. En la Antigua Roma ya tenían claro que los piratas no eran simples ladrones del mar, sino una amenaza total. No solo asaltaban barcos: saqueaban ciudades, secuestraban personas y extendían la violencia tierra adentro. Por eso fueron definidos como hostes humani generis (enemigos de toda la humanidad), una etiqueta que justificaba su persecución implacable por parte del poder romano.

No obstante, esta condena no impidió que Roma adoptara posiciones pragmáticas en determinados contextos. Así ocurrió con la piratería cilicia –operaba principalmente desde la escarpada región de Cilicia Tráquea (actual Turquía)–, cuya actividad llegó a ser tolerada, cuando no indirectamente aprovechada, en función de intereses estratégicos frente a determinados reinos helenísticos.

La piratería surge allí donde se repite una misma combinación explosiva. De un lado, costas abruptas y difíciles de controlar, con pocos recursos, que empujan a mirar al mar como única salida. En segundo lugar, Estados débiles, incapaces de vigilar sus aguas, que dejan abiertos auténticos corredores sin ley en rutas clave del comercio mundial. Y, sobre todo, surge donde la pobreza, la falta de oportunidades y las tensiones geopolíticas convierten la piratería en negocio, en refugio o incluso en estrategia.

De piratas a agricultores y pescadores

Pompeyo, investido de amplios poderes extraordinarios por la Lex Gabinia de piratis persequendis (67 a.C.), logró neutralizar en gran medida la amenaza pirática en el Mediterráneo. Más allá de la represión militar, lo consiguió desarrollando una estrategia de integración con clara dimensión política: promovió la reubicación de antiguos piratas en territorios despoblados, especialmente en Cilicia, como Solos, donde se incentivó su dedicación a la agricultura como medio de vida estable. Esta política no solo reducía la reincidencia, sino que contribuía al control y reorganización del territorio.

Un paralelismo contemporáneo puede observarse en iniciativas impulsadas por la FAO y la Unión Europea en Somalia, donde la instalación de FADs (Dispositivos de concentración de peces o Fish Aggregating Devices) incrementa la productividad pesquera, genera empleo y ofrece alternativas sostenibles frente a la piratería.

España la borró del Código Penal

Curiosamente, aunque la piratería ha acompañado a la humanidad desde las riberas del Mediterráneo romano, en España el Código Penal de 1995 decidió borrarla del mapa jurídico, considerándola una figura anacrónica. El resultado fue paradójico: la Audiencia Nacional quedó sin un tipo penal específico para juzgar ataques en aguas internacionales, creando un vacío legal difícil de entender en pleno siglo XXI, cuando los piratas vuelven a surcar mares estratégicos y las rutas comerciales se convierten en terreno de riesgo global. Una lección de historia y derecho que recuerda que el pasado nunca se aleja del todo.

Esta laguna legal quedó en evidencia durante el caso del barco Alakrana, en 2009, cuando la falta de una norma clara dificultó la aplicación de la jurisdicción universal. Eso obligó a los tribunales a encajar los hechos en delitos genéricos de robo o detención ilegal, cuya persecución internacional es más compleja.

Para corregir este vacío, la Ley Orgánica 5/2010 reintrodujo la piratería en los artículos 616 ter y 616 quater. El primero castiga con penas de 10 a 15 años a quien, mediante violencia o engaño, se apodere o dañe una embarcación o aeronave; mientras que el segundo extiende la responsabilidad penal a quienes colaboren en la planificación o financiación de estos actos, dotando finalmente a la justicia española de las herramientas necesarias para procesar estos crímenes globales.

Piratería tradicional y otras formas de violencia marítima

Más allá de las leyes estatales, para plantar cara a los delitos de pirateria es preciso articular mecanismos de colaboración internacional a través de instancias como la IMB PRC (International Maritime Bureau), la OMI(Organización Marítima Internacional), el MDAT-GoG (Maritime Domain Awareness for Trade – Gulf of Guinea) y la ReCAAP(Regional Cooperation Agreement on Combating Piracy and Armed Robbery against Ships in Asia).

Después de todo, nos encontramos ante un fenómeno estructural y persistente, cíclico, que se adapta a los distintos contextos históricos. Y en el que confluyen la piratería tradicional y nuevas formas de violencia marítima próximas al terrorismo, afectando gravemente a la seguridad de la navegación y al comercio internacional.

A estos riesgos se suman hoy desafíos emergentes como la ciberseguridad y el uso de tecnologías avanzadas, incluida la inteligencia artificial, que amplían las capacidades operativas de actores ilícitos.

Todo ello se ve intensificado por el actual escenario de inestabilidad global, donde conflictos armados y tensiones comerciales están reconfigurando las rutas marítimas.

The Conversation

José Luis Zamora Manzano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vuelven los piratas en pleno conflicto en el golfo Pérsico – https://theconversation.com/vuelven-los-piratas-en-pleno-conflicto-en-el-golfo-persico-279076

La trazabilidad en la moda: de obligación regulatoria a ventaja estratégica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Tamames Sobrino, Investigadora en Sostenibilidad, ESG y Trazabilidad, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

DimaBerlin/Shutterstock

Cuando compramos una prenda solemos fijarnos en el precio, el diseño o la marca. Sin embargo, rara vez nos interesamos por el lugar de procedencia, quién cultivó el algodón, dónde se tiñó el tejido o en qué condiciones se confeccionó.

Esta falta de visibilidad no es accidental. Durante décadas ha formado parte estructural del modelo de producción de la moda. Pero ese paradigma está cambiando. No solo porque hay una mayor sensibilidad medioambiental o social, sino por una transformación más profunda: la trazabilidad está dejando de ser una herramienta técnica para convertirse en una oportunidad estratégica.

Más que saber ‘de dónde viene’

Durante años, la trazabilidad se entendió como una cuestión vinculada al control de calidad o a la gestión de riesgos en la cadena de suministro. Su función principal era reactiva: localizar fallos o responder ante incidentes.

Sin embargo, el nuevo marco regulatorio europeo exige a las empresas información verificable sobre composición, origen, impactos ambientales, aspectos sociales y circularidad del producto.

En este contexto, la trazabilidad pasa a funcionar como una herramienta transversal que conecta regulación, estrategia empresarial, gestión operacional y comunicación con el consumidor.

El verdadero motor del cambio: el dato

Analizamos cómo puede ayudar la trazabilidad a mejorar la toma de decisiones y reforzar la confianza, el posicionamiento y la competitividad de las empresas del sector textil. Nuestro estudio muestra un hallazgo clave: los factores de gobernanza (como la transparencia y el cumplimiento normativo) superan a los medioambientales y sociales como principales habilitadores de la trazabilidad.

Este resultado cuestiona el enfoque tradicional de la sostenibilidad en la moda, históricamente dominado por la dimensión medioambiental, y refuerza la idea de que el reto central ya no es solo reducir impactos, sino medirlos, validarlos y gestionarlos de forma fiable.

Gobernanza del dato y enfoque de impacto

Proponemos conectar las cuestiones medioambientales, sociales y de gobernanza (fatores ESG) con los requisitos de trazabilidad para que esta deje de ser una herramienta de cumplimiento y pase a ser un elemento estratégico.

Entendiendo la sostenibilidad como un sistema de gobernanza interdependiente –en el que que las decisiones ambientales, sociales y económicas se toman de forma conjunta y se integran en la estrategia central de la organización–, la propuesta es que el modelo ESG evolucione desde el reporting hacia un instrumento de gestión del impacto.




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Los resultados de nuestro estudio muestran que variables como la transparencia del dato, la colaboración entre actores, la capacidad de innovación, la efectividad de los sistemas de gestión y el cumplimiento normativo son clave para activar esquemas efectivos de trazabilidad.

Sin estas estructuras de gobernanza, los datos ambientales y sociales existen pero permanecen fragmentados, no son comparables y tienen poca capacidad para informar para la toma de decisiones estratégicas.

De obligación regulatoria a ventaja competitiva

Aunque muchas empresas perciben la trazabilidad como una carga regulatoria, podría ser una fuente de ventaja competitiva al fortalecer las capacidades organizativas, apoyar la innovación y mejorar la gestión del riesgo.

Contar con datos sólidos permite mejorar la toma de decisiones estratégicas, identificar riesgos en las cadenas de suministro, reforzar la confianza de los inversores y reguladores, y diferenciarse en mercados cada vez más exigentes.

Desde esta perspectiva, la trazabilidad deja de ser un coste de cumplimiento para convertirse en un activo.

Consumidores, transparencia y riesgo de ‘greenwashing’

El consumidor también está cambiando. Aunque el precio sigue siendo determinante, crece el interés por conocer el origen y el impacto de los productos. Herramientas como los códigos QR conectan el producto físico con su huella digital.

No obstante, diversos autores advierten que sin sistemas robustos de verificación esta transparencia puede derivar en greenwashing y pérdida de credibilidad. La confianza del consumidor depende también de la calidad y gobernanza del dato.

La trazabilidad no es solo una cuestión tecnológica, también implica cambios organizativos, culturales y estratégicos. Las empresas necesitan establecer estándares comunes, invertir en sistemas de recogida y validación de datos, colaborar con sus grupos de interés y alinear la trazabilidad con la gestión ESG diaria. Esto supone pasar de una lógica de control puntual a una de aprendizaje continuo y toma de decisiones basada en el impacto.

El futuro de la moda será trazable

Los cambios regulatorios y tecnológicos en el sector textil avanzan de forma conjunta. La digitalización está haciendo visible lo que antes permanecía oculto.

En este escenario, la pregunta es: ¿qué empresas sabrán integrarla como herramienta de innovación estratégica y no solo como respuesta normativa?

La trazabilidad no trata solo de seguir productos sino de gobernar información fiable. En una economía cada vez más basada en datos, esa capacidad puede marcar la diferencia.

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María Tamames Sobrino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Puede un bebé entretenerse solo? Propuestas de juego autónomo sin pantallas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid

OlhaTsiplyar/Shutterstock

Cualquier persona con hijos pequeños sabe que la atención que requiere un bebé no es comparable a ninguna otra exigencia de la vida cotidiana. Por muy implicados que estemos y por mejores intenciones que pongamos en la crianza, es inevitable no poder responder siempre al 100 %.

Desde un viaje en autobús a la espera en una visita médica, pasando por una llamada urgente que es indispensable atender o simplemente preparar una comida, en la vida cotidiana hay multitud de situaciones en las que es necesario que se “entretenga” un rato solo. Pero a menudo, basta que el niño o niña note que no estamos pendientes de ellos para que reclamen más nuestra atención.

En estos momentos recurrimos a lo más accesible y eficaz a corto plazo: un vídeo en un soporte digital, cuyos colores, movimientos y sonidos garantizan mantenerle absorto por unos minutos.

Sin embargo esta herramienta tan útil conlleva multitud de desventajas a medio plazo. Por eso, en este artículo queremos proponer microescenarios de juego libre diseñados intencionalmente, en los que sostener la autonomía del niño y fomentar su desarrollo.

Cinco objetos, mejor que una pantalla

Bien planeados y elegidos, a estas edades basta con disponer de dos a cinco objetos abiertos –es decir, materiales no estructurados que pueden usarse de muchas maneras– y seguros, que inviten a llenar, vaciar, encajar, apilar, transportar o abrir y cerrar, siguiendo la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño.




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Situar estos materiales en un espacio delimitado, como una manta o alfombra, proporciona contención y comunica al niño que ese es su lugar de exploración autónoma mientras el adulto realiza otra tarea cercana.

Ayuda también incorporar un ritual breve de inicio y cierre –un par de frases constantes– que estructura el tiempo y favorece la autorregulación emocional. Por ejemplo, iniciar con una frase como: “Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas”; y cerrar diciendo: “Ya hemos terminado. Vamos a recoger”.

Kits de objetos transportables

Los objetos seleccionados pueden concretarse en kits transportables para distintos contextos:

  • En la mesa de casa o un restaurante, bebés de 0–12 meses pueden explorar una cuchara de madera, un aro de silicona y un pañuelo con nudos durante breves periodos de 5–10 minutos.

  • Entre 12 y 24 meses, una minibolsa con 10–12 objetos cotidianos seguros y en pares permite pequeños ciclos de clasificación y descubrimiento a través del juego heurístico.

  • Entre 24 y 36 meses, materiales como contenedores, pinzas grandes y tapones favorecen “proyectos” autónomos mientras el adulto observa sin dirigir.

Conviene ofrecer pocos objetos cada vez: entre uno y cinco, según la edad, porque un exceso de estímulos dispersa su atención y dificulta una exploración profunda. Menos es más: cuando los materiales son escasos y seleccionados, el niño puede dedicarles más tiempo, repetir acciones y descubrir nuevas posibilidades.

También ayuda alternar los objetos cada cierto tiempo para que vuelvan a resultar interesantes sin saturar el entorno. En las primeras ocasiones es útil acompañar brevemente, mostrando cómo manipular con calma y dejando espacios de silencio; poco a poco, el bebé va replicando esta rutina de manera autónoma.

Tubos, cremalleras, roscas y cojines

En el autobús o en el coche, un tubo transparente con piezas y un pañuelo facilitan acciones repetitivas y calmadas sin necesidad de sonido; en una sala de espera, un pequeño set de “abrir y cerrar” –monedero con cremallera grande sin monedas, bote con tapa de rosca y cinta con broches– sostiene la concentración y la motricidad fina; y en una tarde de lluvia, un sencillo circuito motriz con cojines y una caja-túnel, seguido de una transición a la mesa baja con actividades de precisión, permite la secuencia moverse → representar → calmar.

En todos los casos, la seguridad es imprescindible: materiales mayores de 4 centímetros para menores de 3 años, revisión frecuente para evitar roturas, ausencia de piezas pequeñas sueltas y supervisión visual intermitente.




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A más pantallas, más aburrimiento

En cambio, recurrir a las pantallas –sea en móviles, tabletas o pantallas de televisión– antes de tiempo o demasiado a menudo puede empobrecer ciertas experiencias esenciales en la primera infancia (el contacto corporal, el tiempo compartido, la espontaneidad, la exploración sensorial…).

Por supuesto, esto no quiere decir que las videollamadas breves con familiares no sean una excepción positiva. Simplemente es importante entender que la exposición a estímulos intensos pero que no invitan al movimiento, como son los vídeos, “resuelven” un momento puntual, pero no contribuyen a crear una rutina de entretenimiento autónomo saludable. Más bien al contrario, harán al niño más dependiente de este tipo de estímulos y menos interesado en otros más pausados e interactivos, como indican estudios recientes.

Por eso, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Pediatría Española recomiendan evitar pantallas completamente antes de los 12 o 18 meses. Incluso recientes investigaciones elevan la edad hasta los 6 años.

Sabiendo esto, la próxima vez que sintamos la necesidad de recurrir a la pantalla en un momento dado, pensemos si no es posible sustituirla por algo más físico y manipulable. Fomentar la exploración autónoma con estos objetos y estrategias no solo contribuye a un mejor desarrollo motriz y cognitivo, sino que sienta las bases para una manera de entender el ocio y el juego de forma más presencial y paciente, y menos dependiente de estímulos externos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Canada becomes testing ground for FIFA’s proposed ‘daylight’ offside rule

Source: The Conversation – Canada – By Taylor McKee, Assistant Professor, Sport Management, Brock University

After years of controversy over marginal offside decisions and the growing influence of video assistant referees, FIFA is now testing a potential alternative.

Starting in April 2026, the Canadian Premier League will serve as a testing ground for FIFA’s proposed “daylight offside” rule — a change championed by Arsène Wenger in his role as the organization’s chief of global development.

FIFA and the International Football Association Board typically test law changes in lower-profile competitions before considering wider adoption.




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Under the proposal, an attacker is only offside if their entire body is completely ahead of the second-to-last defender. If any playable part of the attacker remains level with the defender, they are considered onside, effectively requiring visible “daylight” between the two players for a flag to be raised.

The CPL is not driving the change itself, but rather acting as a trial competition for a rule that could be adopted more widely if it proves successful.

A rule under strain

The rules governing English soccer, known as the “Laws of the Game,” are set by the International Football Association Board and were first codified in 1863, including an early version of the offside rule. Since then, there has only been two major changes, in 1925 and 1990.

That relative stability changed in the 2010s with the introduction of the video assistant referee (VAR). For the first time, an additional referee, not located on the pitch, was endowed with the authority to review and overturn decisions on goals, penalties and red cards.

Offside has become one of VAR’s most scrutinized uses, with decisions often determined using calibrated lines and multiple camera angles to identify the exact position of players at the moment the ball is played.

The impact has been significant. In the Premier League alone, 34 goals were nullified for being offside last season.

Precision versus perception

The subjectivity of the offside rule has been a topic of debate among fans since its inception.

VAR was introduced to promote transparency from referees and counter claims of unfairness, but it has arguably produced even more controversies.

Resistance to VAR has been steadily increasing in academic and public circles, leading to calls for change. Some research suggests that the offside rule is not only difficult to enforce but “systematically vulnerable to perceptual error.”

Especially in the face of major tournaments and high-pressure matches, tensions towards VAR and the offside rule have been heightened to an even greater level. The consequences of this can be seen within fan engagement and across social media.

The ‘offside trap’

For decades, the “offside trap” was a defender’s best friend. By stepping forward in unison, defenders could catch strikers out by a matter of inches, effectively killing an attack before it even started.

This allowed teams to play a “high line,” pushing the action far away from their own goal. Wenger’s proposal essentially breaks that trap, as strikers can now be almost a full body length ahead of the defence and still be onside.

Football’s new offside law explained (Tifo Football by The Athletic).

If a defender tries to catch a striker offside and fails, they are left in a foot race they’ve already lost by two metres. As a result, we expect what some have described as the “death of the high line.”

In response, teams may shift toward a “low block,” sitting much deeper and closer to their own goalkeeper. By “parking the bus” and removing the open grass behind them, defenders can negate the striker’s new head start.

The game may become higher scoring, but it will also force a more cautious, safety-first style of defending.

More clarity, or more controversy?

If the daylight rule is seen to improve clarity, increase attacking play or reduce controversy, it could be introduced more broadly in the coming years. If not, it may merely remain an experimental footnote.

However, the daylight rule is unlikely to resolve existing concerns about VAR. If anything, it may extend ongoing debates about consistency and legitimacy in offside decisions.

Questions will remain about how “daylight” is judged in practice, particularly in fast-moving situations or when bodies overlap at angles.

Pundits, journalists and professional soccer players will continue to assess whether this rule simplifies “the beautiful game” or hinders it. Public reaction on social media is also likely to remain mixed, and any discussions will shape collective views on the rule’s effectiveness.

Ultimately, the effectiveness of this new rule may come down to the subjectivity of referees. Soccer and offside calls will always come down to the mere millimetre, no matter how substantially the gap is widened.

A moment of opportunity for Canada

Beyond the technical change, the trial could matter a lot for how the CPL is regarded more broadly. It gives the Canadian league a chance to be part of an international conversation in a way smaller leagues rarely get the opportunity to do.

That alone could raise the CPL’s visibility and make Canadian domestic soccer more relevant in discussions about where the global game is headed.

In that sense, the bigger implication is about whether the CPL can use this moment to strengthen its place in the wider football world. For a league that’s still building its international profile, that kind of attention could matter just as much as what happens on the pitch.

This article was co-authored by Wai Leung, Gaetane Slootweg Allepuz and Agrim Gautam, undergraduate students at Brock University and members of the Brock University Centre for Sport Capacity Soccer Working Group.

The Conversation

Taylor McKee receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada

Michael Van Bussel does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada becomes testing ground for FIFA’s proposed ‘daylight’ offside rule – https://theconversation.com/canada-becomes-testing-ground-for-fifas-proposed-daylight-offside-rule-278374

Cuando las matemáticas contradicen el sentido común: tres paradojas cotidianas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel García de Vicuña Bilbao, Profesor Ayudante Doctor, Universidad Pública de Navarra

Versión mallorquina del juego de la oca. Gabriel Guasp, Palma, siglo XVII. Wikimedia Commons.

Si nos dicen que una prueba médica es fiable al 99 %, asumimos que un resultado positivo implica casi con total seguridad que tenemos la enfermedad. Si reunimos a 25 personas en una sala, pensamos que sería rarísimo que dos cumplieran años el mismo día. Y, si avanzamos casillas en un tablero tirando un dado, creemos que cuanto más lejos esté una casilla del inicio, más probable será pasar por ella. En los tres casos, nuestra intuición nos engaña.

La probabilidad es uno de los ámbitos donde el sentido común falla de forma más sistemática, no porque seamos poco inteligentes, sino porque nuestra mente no está diseñada para manejar bien combinaciones múltiples, tasas bases o procesos acumulativos. Tres ejemplos clásicos lo muestran con claridad.

La paradoja de la oca: lo más probable es caer en la casilla 6

Imaginemos un tablero infinito, sin casillas especiales. No hay “de oca en oca”, ni puentes, ni retrocesos. Empezamos en la casilla 0 y en cada turno lanzamos un dado de seis caras y avanzamos el número obtenido. La pregunta es sencilla: ¿cuál es la probabilidad de caer en cada casilla del tablero? Para llegar a la casilla 1 solo hay una posibilidad: sacar un 1. Probabilidad de 1/6, aproximadamente 0,167 o 16,7 %. Para llegar a la casilla 3 ya hay varias combinaciones posibles: 1+1+1, 2+1, 1+2, 3. Cuatro caminos distintos. Si sumamos sus probabilidades, obtenemos aproximadamente 0,227 o 22,7 %.

A medida que aumentamos el número de casilla, la cantidad de combinaciones posibles crece muy rápidamente. Y aquí aparece nuestra intuición: parecería lógico que, cuanto más lejos esté una casilla, mayor sea la probabilidad de pasar por ella, hasta que esa probabilidad se estabilice, es decir, alcance un valor al que se acerca cada vez más y que apenas varía aunque sigamos avanzando por el tablero. Pero eso no es lo que ocurre. El resultado sorprendente es que la casilla más probable de todo el tablero es la 6, y, dejando aparte las tres primeras, la menos probable es la 7.

Aparece así una oscilación en las probabilidades que disminuye hasta acabar estabilizándose en un valor concreto. En términos matemáticos, estamos ante lo que se conoce como un proceso de renovación.

Lo interesante es que no solo podemos describir este comportamiento inicial, poco intuitivo, sino también calcular exactamente el valor al que se estabiliza la probabilidad de caer en casillas muy alejadas del origen. Y el resultado depende únicamente del avance medio en cada tirada. Con un dado justo avanzamos 3,5 casillas por turno, de media, por tanto, la probabilidad límite se aproxima a 1/3,5≈0,29.

Figura 1. Probabilidad de caer en cada casilla del tablero.

La intuición esperaba una subida progresiva y suave. Las matemáticas, en cambio, muestran picos tempranos, oscilaciones inesperadas y una estabilización final. Este choque entre lo que “parece lógico” y lo que realmente ocurre no es exclusivo de un tablero imaginario.

Nuestra mente está extraordinariamente bien adaptada para sobrevivir, pero no para razonar con probabilidades. En algunos casos, ese error es solo una curiosidad matemática. En otros, puede cambiar por completo la forma en que interpretamos una noticia médica.

La paradoja del falso positivo: 99 % no implica casi seguro

Imaginemos una enfermedad muy rara que afecta al 1 % de la población. Existe una prueba diagnóstica con una precisión del 99 % que se aplica de forma sistemática a toda la población. Es decir, detecta correctamente al 99 % de las personas enfermas y solo produce un 1 % de falsos positivos entre las personas sanas. Si recibimos un resultado positivo, la reacción casi automática es pensar: “Tengo un 99 % de probabilidades de estar enfermo”. Pero esa conclusión es incorrecta.

Para entenderlo mejor, imaginemos 10 000 personas: 100 enfermas y 9 900 sanas. La prueba detecta 99 enfermos reales, pero también genera 99 falsos positivos. En total, hay 198 positivos, de los cuales solo 99 están realmente enfermos. Así, ante un resultado positivo, la probabilidad real de estar enfermo es 99/198 = 0,5 (50 %).

La intuición interpreta el 99 % de precisión como “99 % de probabilidad de enfermedad” e ignora la tasa base: si la enfermedad es rara, incluso una buena prueba produce muchos falsos positivos. Este resultado es una consecuencia del teorema de Bayes, pero lo importante no es la fórmula, sino entender que nuestra mente no integra de forma natural la información contextual.

Veamos ahora un tercer error más sutil: infravalorar el número de comparaciones que hacemos sin ser conscientes de ello.

La paradoja del cumpleaños: 25 personas son suficientes

Supongamos que reunimos a 25 personas elegidas al azar. ¿Cuál diríamos que es la probabilidad de que, al menos, dos cumplan años el mismo día? La mayoría de las personas responde con cifras muy bajas. Veinticinco parecen pocas comparadas con los 365 días del año. Intuitivamente, “debería ser raro” que coincidan. Sin embargo, la probabilidad supera el 50 %.

El error intuitivo consiste en plantear mal la pregunta. No estamos calculando la probabilidad de que alguien comparta cumpleaños con una persona concreta. Estamos preguntando si existe alguna coincidencia entre cualquier pareja del grupo.

Con 25 personas, no hay 25 posibles comparaciones, sino 300 pares distintos. Cada nuevo integrante no añade una posibilidad más, sino muchas nuevas combinaciones con todos los anteriores. La forma correcta de calcular la probabilidad no es estimar directamente las coincidencias, sino hacer lo contrario: calcular la probabilidad de que todos cumplan años en días distintos y restarla de 1.

La primera persona puede cumplir años cualquier día. La segunda puede hacerlo en cualquiera de los 364 días restantes. La tercera, en 363 posibles. Y así sucesivamente. La probabilidad de que los 25 cumplan años en días distintos es: (365/365)×(364/365)×(363/365)×…×(341/365). Ese producto disminuye más deprisa de lo que nuestra intuición anticipa. Al restarlo de 1, obtenemos una probabilidad superior al 50 % de que haya, al menos, una coincidencia.

Figura 2. Probabilidad de que, en un grupo de personas al azar, haya al menos dos que cumplan años el mismo día.

De nuevo, el sentido común falla. No porque el problema sea complicado, sino porque nuestra mente no percibe de forma natural cómo crecen las combinaciones posibles.

Un mismo patrón, tres escenarios distintos

En los tres casos, aparece el mismo fenómeno: simplificamos estructuras probabilísticas complejas. En el juego de la oca no vemos cómo se distribuyen los caminos; en la prueba médica, ignoramos la frecuencia base y, en los cumpleaños, subestimamos las comparaciones.

Las matemáticas no contradicen el sentido común por capricho, sino que muestran que, aunque sea útil a diario, nuestra intuición no siempre está preparada para la complejidad del azar. Por eso, la probabilidad resulta fascinante y nos recuerda que el mundo no siempre funciona como parece.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando las matemáticas contradicen el sentido común: tres paradojas cotidianas – https://theconversation.com/cuando-las-matematicas-contradicen-el-sentido-comun-tres-paradojas-cotidianas-278598

El esplendor de Saturno en las nuevas imágenes de los telescopios James Webb y Hubble

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar del Barco Novillo, Profesor asociado. Departamento de Física (área de Óptica)., Universidad de Murcia

Las nuevas imágenes del planeta Saturno registradas en el año 2024 por los telescopios espaciales James Webb (izquierda, en el infrarrojo) y Hubble (derecha, espectro visible). NASA, ESA, CSA, STScI, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael Wong (UC Berkeley); Image Processing: Joseph DePasquale (STScI)., CC BY

La combinación perfecta de los telescopios espaciales James Webb y el veterano Hubble nos ha deleitado con nuevas imágenes del planeta Saturno en dos rangos ópticos distintos. En ellas, pueden apreciarse detalles sin precedentes de su atmósfera estructurada en bandas, restos de gigantescas tormentas o el resplandor de su sistema de anillos.

Si bien ambos telescopios captan la luz solar reflejada por las nubes y brumas de Saturno, el Hubble muestra su atmósfera tal como los vemos a ojo desnudo, mientras que la visión infrarroja del Webb detecta nubes y sustancias químicas a diferentes profundidades.

Pero ¿qué elementos del gigante gaseoso podemos apreciar en estas nuevas y espectaculares instantáneas?

Una atmósfera estructurada en bandas

La atmósfera de Saturno presenta una sucesión de bandas de nubes y nieblas paralelas al ecuador, parecidas a una serie de cintas alrededor del planeta, que se mueven a diferentes velocidades y direcciones debido a los intensos vientos.

Para hacernos una idea, los vientos en su atmósfera superior alcanzan los 1 800 km/h en la región ecuatorial, en contraste con los casi 400 km/h de los vientos huracanados más potentes en nuestro planeta.

¿Y a qué se debe esta estructura tan peculiar de la atmósfera saturniana? Saturno radia más calor hacia el espacio del que recibe del Sol. Este calor interno provoca que gases calientes asciendan desde las profundidades, se enfríen en la atmósfera superior y se condensen en nubes, formando bandas de diferentes composiciones químicas (principalmente, cristales de amoníaco y agua).

Debido a su enorme velocidad de rotación (el día en Saturno dura aproximadamente 10.5 horas) y en combinación con la forma oblatosférica del planeta, se generan intensas corrientes en chorro (jet streams) que dividen la atmósfera en bandas paralelas. La fuerza de Coriolis separa los movimientos atmosféricos en estas bandas.

Instantánea del planeta Saturno registrada por el telescopio espacial Hubble el 22 de agosto de 2024. Al tratarse de una imagen en el espectro visible, así sería como observaríamos al gigante gaseoso a ojo desnudo.
NASA, ESA, STScI, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael Wong (UC Berkeley); Image Processing: Joseph DePasquale (STScI)., CC BY

¿Por qué observamos a Saturno en estas tonalidades amarillentas?

El planeta se observa de color amarillento, dorado o pálido en la luz visible, principalmente, debido a la composición química de su atmósfera superior, cubierta por nubes de cristales de amoníaco (NH₃). Estas absorben la luz azul y reflejan la luz amarilla y roja, lo que da al planeta su tono dorado característico.

A diferencia de Urano o Neptuno, donde el metano produce un color azul intenso, Saturno carece de concentraciones significativas de metano en sus capas superiores, lo que impide que el planeta se vea azulado.

Los restos de la Gran Tormenta de Primavera

En el hemisferio norte de Saturno se distingue en la imagen infrarroja una banda ondulada característica descubierta por la sonda Voyager 1 en 1980. Esta estructura ondulada en forma de cinta consiste en una corriente en chorro de larga duración que se mueve en sentido oeste del planeta.

Además, los restos de la Gran Tormenta de Primavera o Gran Mancha Blanca, un fenómeno meteorológico masivo y periódico en Saturno que ocurre aproximadamente cada 30 años en su hemisferio norte, aparecen tenuemente en la imagen del James Webb.

Imagen de las tormentas captadas en Saturno por el telescopio espacial James Webb. El recuadro superior muestra los restos de la Gran Tormenta de Primavera, visibles en el infrarrojo.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Una tormenta hexagonal en el polo norte

El polo norte de Saturno posee una característica atmosférica interesante: una corriente en chorro hexagonal. Este patrón tan característico se observó por primera vez en imágenes de la sonda Voyager 1 y ha sido estudiado con mayor detalle por la sonda Cassini desde entonces.

Con una extensión de aproximadamente 30 000 kilómetros, el hexágono es una corriente en chorro ondulada con vientos de 322 kilómetros por hora y una enorme tormenta giratoria en su centro. No existe ningún otro fenómeno meteorológico similar en todo el sistema solar. En las imágenes infrarrojas del James Webb, se pueden distinguir claramente varias aristas de esta peculiar tormenta con forma hexagonal.

Por otro lado, los polos de Saturno se visualizan con un distintivo color gris verdoso, lo que indica la emisión de luz en longitudes de onda cercanas a los 4,3 micras.

Esta característica particular podría deberse a una capa de aerosoles a gran altitud en la atmósfera de Saturno que dispersa la luz de manera diferente en esas grandes latitudes. Otra posible explicación sería la actividad de sus auroras, ya que las moléculas cargadas que interactúan con el campo magnético del planeta podrían producir emisiones luminosas cerca de los polos (de forma similar a las auroras boreales y australes en nuestro planeta).

La majestuosidad de su sistema de anillos

Las observaciones infrarrojas ponen de manifiesto la estructura de la atmósfera de Saturno, incluyendo amplias bandas de nubes y sutiles variaciones causadas por diferencias de temperatura, vientos y brumas a gran altitud.

En particular, la sensibilidad del Webb a este tipo de radiación permite a los científicos explorar diferentes capas de la atmósfera y, de esta manera, estudiar cómo interactúan los gases, las nubes y los aerosoles a distintas altitudes. Estas observaciones aportan nuevos conocimientos sobre los complejos patrones climáticos y la dinámica atmosférica del planeta.

Por otro lado, los anillos de Saturno aparecen excepcionalmente brillantes en las imágenes de infrarrojo, ya que están compuestos en gran parte por partículas de agua congelada altamente reflectantes a unas longitudes de onda de 3 micras.

En este sentido, el anillo F de Saturno, el más externo, se ve delgado y nítido en la imagen del Webb. En la instantánea del Hubble, éste apenas se puede apreciar.

El planeta Saturno en el infrarrojo captado por el James Webb el 29 de noviembre de 2024. Se distinguen la estructura en bandas de su atmósfera, varias aristas de la tormenta hexagonal en el polo norte y el brillo en el infrarrojo de su sistema de anillos.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Siete satélites de entre sus más de 250 lunas

Finalmente, en una imagen de campo amplio en el infrarrojo, se distinguen seis de las principales lunas de Saturno: Titán (la más grande de todas), Encélado, Dione, Tetis, Mimas y Jano.

Imagen de campo amplio de Saturno en el infrarrojo registrada por el James Webb el 29 de noviembre de 2024. En ella pueden distinguirse algunas de las lunas más importantes del gigante gaseoso, como Titán, Encélado, Dione, Tetis, Mimas y Jano.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Además, un séptimo satélite está presente en la captura en el visible del Hubble: Epimeteo, el de menor tamaño de los siete y que comparte órbita con Jano, intercambiando sus órbitas cada cuatro años para evitar colisionar.

Una vez más, la estrecha colaboración entre estos dos observatorios astronómicos nos ha brindado unas imágenes espectaculares de un planeta vecino del sistema solar. De nuevo, el James Webb y el Hubble reescribiendo la observación astronómica.

The Conversation

Óscar del Barco Novillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El esplendor de Saturno en las nuevas imágenes de los telescopios James Webb y Hubble – https://theconversation.com/el-esplendor-de-saturno-en-las-nuevas-imagenes-de-los-telescopios-james-webb-y-hubble-279364

Water flow in prairie watersheds is increasingly unpredictable — but AI could help

Source: The Conversation – Canada – By Ali Ameli, Assistant Professor, Department of Earth, Ocean and Atmospheric Sciences, University of British Columbia

In a landscape that can flip quickly from soaking up water to sending it downstream, small differences in how wet the wetlands are can be the difference between a manageable spring and a damaging flood. (USFWS Mountain-Prairie), CC BY

In recent years, the Prairies have seen bigger swings in climate conditions — very wet years followed by very dry ones. That makes an already unpredictable landscape even harder to forecast, with real consequences for flood preparedness and water quality.

The challenge is the landscape itself. Much of the Canadian Prairies sit within the Prairie Pothole Region, a landscape dotted with millions of shallow wetlands and depressions. Water doesn’t simply run downhill into a stream, it is stored first. Then, once enough wetlands fill, water begins to spill from one to the next, and only after that does it connect into channels.

Why does this matter now? In a landscape that can flip quickly from soaking up water to connecting it downstream, small differences in how wet the wetlands are can be the difference between a manageable spring season and a damaging flood. The problem is that in many watersheds, we don’t have the local measurements needed to tell whether wetlands are still retaining water or are close to connecting and releasing it downstream.

Across the Canadian Prairies — from southern Alberta through Saskatchewan to Manitoba — streamflow monitoring is sparse, and many watersheds have no gauges. These devices measure water levels and flow rates in rivers and streams, and, less commonly, water levels in wetlands.

Communities in the Red River Basin, the Assiniboine watershed and rural municipalities throughout the Prairie provinces often have limited warning when water conditions shift. This affects flood preparedness, agricultural water management and our understanding of how water is stored and moves through Prairie landscapes, with implications for water quality.

What we see again and again is this: the same rainfall or snowmelt can produce very different streamflow, depending on how much water is already sitting in the network of wetlands.

But understanding the mechanism is not the same as being able to make reliable predictions in an unmeasured watershed. That’s the core problem my colleagues and I tackled in our new study: how to merge Prairie Pothole physics with modern artificial intelligence (AI) so we can estimate both streamflow and wetland water storage in places where measurements are not available.

Predicting streamflow

I’ve spent years working on fill–spill–connection behaviour and why it makes Prairie streamflow so hard to predict. I’ve also studied what happens when wetlands are drained or changed — how some wetlands do a much better job than others at reducing floods, and how losing wetlands can make it harder for the landscape to hold onto water during dry spells.

Many people think predicting streamflow is mostly about inputs: rainfall and, in the Prairie Pothole Region, snowmelt. If a storm is big enough — or if spring melt is large — rivers rise. In many landscapes, that intuition is reasonable. In Prairie Pothole landscapes, it often fails.

Here, a large fraction of rain and snowmelt goes into storage first. Early in spring, much of the meltwater fills wetlands rather than running off directly. Later, after enough filling, pathways “switch on” and water begins moving into channels. The same rain event can produce very different streamflow depending on how full the wetland network already is.

The hard part is determining how full that network is. It isn’t directly observable from standard weather data. Because the system behaves in a threshold-like way, where small changes in how much water is stored in wetlands can trigger large changes in runoff, the Prairie Pothole Region is among the hardest places to predict streamflow.

Previous approaches have each faced limitations. Modelling every wetland in detail requires maps and information that often don’t exist at the scale needed. Relying on AI alone can also struggle, because the key factor — how full the wetlands are — isn’t directly visible in the usual input data.

Combining physics with AI

In our new study, we built a model that embeds fill–spill–connection physics directly into an AI framework, rather than asking AI to learn this behaviour from data alone. Fill–spill–connection physics describes how water fills wetlands, spills once they are full and connects to downstream rivers and streams.

It depends on a few key parameters: how much water the pothole network can hold before spilling, and how quickly the connected area expands as the landscape wets up. We use AI to learn how these parameters vary across the region, shaped by soils, climate and topography. Instead of treating each watershed as a totally separate problem, the model learns regional patterns that can be applied to watersheds without streamflow records.

We tested the approach across 98 watersheds spanning the Prairie Pothole Region. In tests designed to mimic unmeasured watersheds, our model predicted streamflow more reliably than AI models that do not represent these physical processes.

Importantly, it also captured wetland storage dynamics: the year-to-year fluctuations in how much water the pothole network holds. When we compared that storage signal with satellite-based wetland inundation maps, the year-to-year ups and downs lined up well.

What this changes

bodies of water dot a landscape of brown farm fields
The same rainfall or snowmelt can produce very different streamflow, depending on how much water is already sitting in the wetland network.
(Flickr/USFWS Mountain-Prairie), CC BY

Being able to estimate both flow behaviour and wetland water storage in these watersheds opens practical possibilities.

First, it can support flood preparedness by helping identify when a watershed is getting close to the point where wetlands start to connect and release water downstream. In the Prairie Pothole Region, flood risk isn’t only about how much rain falls in a day. It’s also about whether wetlands are full enough that new water will be routed, not stored.

Second, it can help describe how watersheds differ across the Prairies: which areas tend to hold onto water longer, which connect more easily and where streamflow is likely to be more variable from year to year. That kind of regional picture is difficult to build when monitoring is sparse.

Third, it offers a bridge between process understanding and modern data-driven tools. This is not AI replacing hydrology, it is hydrology making AI more reliable in places where the mechanism matters.

For Prairie communities and land managers working in watersheds without gauges, better predictions of when water will be stored — and when it will connect and flow — would be a practical step forward.

The Conversation

Ali Ameli receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada.

ref. Water flow in prairie watersheds is increasingly unpredictable — but AI could help – https://theconversation.com/water-flow-in-prairie-watersheds-is-increasingly-unpredictable-but-ai-could-help-277593

Abuse in Canadian sport is systemic — a landmark report calls for sweeping reform

Source: The Conversation – Canada – By Kyle Rich, Associate Professor of Sport Management, Brock University

On March 24, the Future of Sport in Canada Commission released its final report and recommendations for change.

The commission was struck following a series of high-profile cases of abuse and maltreatment in sport. These involved Swimming Canada, Gymnastics Canada and most notably Hockey Canada.

Following initial hearings, advocates called for an independent public inquiry into a toxic culture in sport in Canada. However, the government elected to proceed with a federal commission, citing concerns about risks to victims and re-traumatization.

Although the commission was initiated ostensibly to investigate abuse, maltreatment and safety, its recommendations go much further.

They suggest sweeping governance reforms to the Canadian sport system. Calls for system-wide change have been made since the early stages of this process.

A fragmented system that enables harm

The commission has made 98 calls to action to address safe sport and system alignment. The calls are wide-ranging and suggest the need for system-wide structural and governance reforms.

The report is framed around several key issues.

The commission identified that abuse and maltreatment are widespread, systemic and ongoing in Canadian sport. They noted that power imbalances within the sport system have created a culture of silence that allows harmful behaviours to continue. They also noted that the sport system is fragmented and disorganized, and that chronic underfunding has made attempts at change ineffective.

Broadly, they suggested that these and other issues have made sport participation increasingly inaccessible and out of reach for many Canadians.

The commission also acknowledged that issues of access and safety in sport disproportionately affect equity-deserving groups.

As such, they acknowledged the need to support Indigenous-led sport programs and to improve representation of women, people with disabilities and people of diverse racial and ethnic backgrounds within leadership and governance.

Plans to fix sport is clear — execution isn’t

While the commission made 98 calls to action, we review only a few themes here. Many of these recommendations were released and discussed in the context of the preliminary report; the final report solidifies some important details on the commission’s recommendations moving forward.

The commission called for four national strategies: one for sport infrastructure, one for equity, diversity and inclusion, one for disability sport and one for participation. Each strategy would require a concrete action plan with progress tracked and evaluated.

The commission also called for the development of a national tool for tracking sport and physical activity data, an approach that other countries have had in place for decades. They aptly note that effective monitoring, evaluation and policymaking must be supported by reliable data.

Abuse and maltreatment in sport demand a co-ordinated national response.

The commission was unequivocal about this need. It acknowledged the progress already made on safe sport but was clear that good intentions are no longer enough. What’s needed now is deliberate, co-ordinated action: a multilateral sport framework alongside bilateral funding agreements with provinces and territories.

At the centre of the safe sport recommendations is the need for a fully independent, streamlined complaint mechanism and consistent screening processes agreed upon across jurisdictions.

The commission was clear that structural change must be matched by cultural change. This must be backed by a public awareness campaign and a centralized safe sport education program.

The commission also recommended sweeping structural reforms. They called for the creation of a Crown corporation to improve arm’s-length oversight, system alignment and universal governance standards.

Sport organizations, it argued, must stop operating in silos. That means merging vertically and horizontally, adopting shared service models and subjecting themselves to efficiency reviews.

The commission was unambiguous on funding: investment has been wholly inadequate. It called for a multi-year funding strategy addressing safety, access and inclusion in sport.

Critically, budgets need to be adjusted for inflation without delay, and backed by transitional funding to ease the shift.

Why reform may stall — again

So what could this mean for sport in Canada?

Much of the lengthy report is background information that scholars have long been writing about. Advocates were raising concerns about harassment and abuse in sport long before the development of our first national sport policy in 2002.

More recently, issues of equity, access, lack of resources, poorly co-ordinated systems and implementation difficulties have become features of the sport system in Canada.

As such, the details in this report will be of no surprise to those involved in sport.

The real question that will determine the impact of this report comes down to accountability. The commission has made many potentially impactful recommendations, but it’s also recognized that these recommendations are almost exclusively directed at the federal government.

However, sport exists in a system where much of the change will need to take place at the provincial, territorial and community levels.

The report acknowledges the complexity of change within Canada’s federated multilevel governance system. Tellingly, it heard directly from insiders who doubted reform was possible if the same people remained at the table. The structural fix of a new Crown corporation is aimed at enforcing accountability and leadership change.

In a recent visit to Norway, Prime Minister Mark Carney indicated that changes are coming to the sport system. But many questions remain.

Will this government take bold and decisive action to address these recommendations? Will it commit the resources necessary to facilitate governance reform? Will it exercise political leverage to get provinces and territories on board? And importantly, will future governments continue this work in the long term?

Many Canadians will recall the Truth and Reconciliation Commission and the 94 Calls to Action that were published in 2015. Recent tracking suggests that after 10 years, progress on 45 per cent of those calls is currently stalled or not started. This doesn’t bode well for a new set of calls to action in exceptionally turbulent times.

Ultimately, change will require more than policy change. It demands political will at every level of government and a public willing to push for it.

The Conversation

Kyle Rich receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Laura Misener receives funding from Social Sciences and Humanities Research Council of Canada

ref. Abuse in Canadian sport is systemic — a landmark report calls for sweeping reform – https://theconversation.com/abuse-in-canadian-sport-is-systemic-a-landmark-report-calls-for-sweeping-reform-279071

Africa’s electric motorbike future can be built locally and powered by solar – our 6,000km ride shows what’s possible

Source: The Conversation – Africa – By MJ (Thinus) Booysen, Professor in Engineering, Stellenbosch University

The electric bike on the road in Kenya. Photo: Lewis Seymour, CC BY

Across much of Africa, motorcycles are not leisure vehicles. They are workhorses. They carry commuters, schoolchildren, goods, medicines and deliveries. For millions of people, they provide the most affordable and accessible form of transport, while also creating livelihoods for riders and small businesses.

In many places, they fill the gap left by limited public transport. Kenya alone has about 1.5 million riders.

Of the 27 million motorbikes in sub-Saharan Africa, only about 0.1% are electric, running on clean and low-cost energy.

As part of a team of electrical and industrial engineers at Stellenbosch University, I work (and go on adventures!) to see if that share can be increased.

When our team rode a locally manufactured electric motorbike from Kenya to South Africa in 2024, charging it with only solar power and battery storage along the way, we were not only testing a vehicle. We were testing whether Africa could build and power its own electric mobility future.

Route of test journey.
CC BY

The journey covered roughly 6,000km via cities, rural roads and border posts, showing that electric two-wheelers are not a distant dream for sub-Saharan Africa. They are already practical, and they point to a much bigger opportunity.

Feasible transition

Electric motorcycles with battery swapping fit the realities of mobility demand in African countries: relatively short daily trips, constant use, tight operating margins and the need for low-cost transport. It’s already been estimated that electrifying this segment will reduce total cost of ownership for riders by 35%-40%, improve urban air quality, cut greenhouse gas emissions and lower dependence on imported fuel.

Our own research suggests this transition is both technically and economically feasible.

Together, these findings suggest that electric micromobility in Africa is not only technically viable, but can be paired with local solar systems in ways that improve affordability, resilience and access.

An industrial opportunity

Africa should not simply become a market for electric vehicles designed and manufactured elsewhere. It should become a place where they are built, adapted and improved for African conditions. The continent’s mobility needs are specific. Vehicles must cope with rough roads, heavier loads, long operating hours and uneven access to charging. A motorcycle designed for Europe or Asia is not always right for a boda-boda rider in Kenya or a delivery rider in South Africa.

In one study, we developed and validated a physics-based model twin of an electric motorcycle under African operating conditions, showing that energy use can be predicted with good accuracy from real trips, terrain and payload. This digital twin can be used in virtual assessments of electric fleet deployments.

Local production would also create local jobs. It can create opportunities in assembly, fabrication, battery integration, electronics, software, data analytics, servicing and charging infrastructure. It would give young engineers, technicians and entrepreneurs a foothold in an industry that is already growing quickly.

But that growth will not happen on its own. It needs policy support. Ethiopia banned imports of internal combustion engine vehicles in 2024. This rapidly accelerated EV adoption and altered the economics of vehicle imports. South Africa’s belated 150% tax incentive for local electric vehicle production is a step in the right direction.

Tapping into local resources

Sub-Saharan Africa has some of the best solar resources in the world. At the same time, many communities still face unreliable grid electricity or no access at all. That may sound like a barrier to electrified transport, but it is also an opportunity.

Solar panels.
Lewis Seymour, CC BY

Compared with large cars or buses, small vehicle batteries are far easier to charge from decentralised solar systems. Solar-powered charging points, battery swap stations, mini-grids and storage systems can all support electric motorcycles where conventional infrastructure is weak.

Charging has already been demonstrated on solar-hybrid mini-grids, particularly for rural electric two-wheelers, with documented cases in Nigeria and operator-led deployments in Sierra Leone.

Our research has found that decentralised solar can help power this transition: a school-centred solar trading model serving households and electric motorbikes achieved payback periods of under five years in favourable cases and improved supply reliability for external users by about 60%.

This matters especially in rural and peri-urban areas, where mobility poverty is often most severe. A locally manufactured electric motorcycle charged with solar power is more than a cleaner vehicle. It is a tool for inclusion. It can improve access to jobs, education, healthcare and markets while reducing exposure to fuel price shocks.

That is why this transition should not be framed only as a climate issue. It is a development issue.

Policy needs

African governments must make it easier to produce and sell electric vehicles locally. At present, many local manufacturers face the strange situation where importing a finished vehicle is cheaper and simpler than building one domestically. High duties on components, inconsistent regulations, costly certification, weak access to finance and uncertain policy signals all work against local industry.




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If governments are serious about industrial development, electric micromobility is a practical place to start. Support could include lower tariffs on components for local assembly, tax incentives for domestic manufacturing, development finance, clear technical standards and public procurement policies that create dependable demand. The aim should not be permanent protection, but smart support that helps African firms scale and compete.

Man riding a motorcycle
Riding the ebike.
Lewis Seymour, CC BY

Governments must support cross-border collaboration. Africa’s challenges are shared, but our responses are often fragmented. Countries create separate standards, separate pilot projects and separate industrial plans, even when their transport needs and energy constraints are remarkably similar. This duplication makes progress slower and more expensive.




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Many African borders were imposed in colonial times. They do not reflect the deeper connections between economies, people or problems. Fuel insecurity, unemployment, poor public transport, congestion and unreliable electricity are not isolated national problems. They are regional realities. The response should therefore also be regional.

That means harmonised standards, easier trade in locally made vehicles and components, shared research platforms and coordinated industrial policy. A larger, more integrated African market would help manufacturers scale up, reduce costs and justify investment in skills and supply chains. It would also allow innovations developed in one country to spread more quickly across the continent.

Electric mobility policy must be linked to energy policy, especially solar energy.

From talk to action

Our journey from Nairobi to Stellenbosch, now told in our seven-episode documentary series, Recharging Hope, was not a publicity stunt. It was a practical demonstration that locally made electric motorbikes, powered by solar energy, can work across African roads and real African conditions. The question is no longer whether this future is possible. It is whether policy and investment will help Africa build it for itself.

With the right policies, partnerships and investment, electric micromobility can help the region move people more affordably, build local industry more confidently and use the power of the African sun more fully.

Africa’s mobility future should be built in Africa and powered by its own abundant renewable energy.

The Conversation

MJ (Thinus) Booysen receives funding from the Western Cape Government Motorised Transport (GMT) and South Africa’s Transport Education Training Authority (TETA).

ref. Africa’s electric motorbike future can be built locally and powered by solar – our 6,000km ride shows what’s possible – https://theconversation.com/africas-electric-motorbike-future-can-be-built-locally-and-powered-by-solar-our-6-000km-ride-shows-whats-possible-279008