¿Qué nos dice la espuma del mar de la salud de las playas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química. Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales – CRETUS, Universidade de Santiago de Compostela

Gumersindo Feijoo

Un simple paseo por la playa en un día ventoso sirve para que el mar despierte nuestra admiración y curiosidad al ver romper las olas y observar la formación de espuma. Se trata de un fenómeno efímero y hermoso que, además, puede darnos pistas sobre la salud del océano.

Formación de la espuma de mar

La espuma de mar se genera por la agitación producida por la fuerza de las olas y los vientos que, al combinarse con la materia orgánica disuelta (fundamentalmente plancton, organismos microscópicos que habitan en el agua), forma una dispersión de agua y burbujas de aire que se agrupan y suben a la superficie en forma de espuma.

Esquema de la espuma de mar que distingue las burbujas de aire y la capa de agua
Estructura esquemática de la espuma de mar.
Gumersindo Feijoo, CC BY-SA

Esta dispersión coloidal se produce porque la materia orgánica reduce la tensión superficial, una propiedad fisicoquímica por la que los líquidos se comportan como si estuvieran recubiertos por una fina membrana elástica.

Así, si queremos mezclar sustancias en dos fases inmiscibles como agua y aire o agua y aceite, debemos reducir la tensión superficial con la adición de tensioactivos (compuestos químicos con una parte hidrófila e hidrófoba) que sirven de puente, creando una interfase de conexión entre las dos fases (líquida-gaseosa, líquida-sólida o entre dos fases líquidas: acuosa y orgánica).

Esta propiedad es fundamental, por ejemplo, para conseguir la biodisponibilidad de compuestos orgánicos en la formulación de productos agroquímicos, la biodegradación de mareas negras o la recuperación de suelos contaminados con combustibles. O simplemente para conseguir un lavado eficaz de la ropa con manchas de grasa persistentes.

¿Qué nos dice su aspecto?

La luz solar es una forma de radiación electromagnética esencial para la vida en la Tierra al proporcionar calor y energía. Se compone de radiación visible, infrarroja (calor) y ultravioleta (UV). Las principales características de la luz son la longitud de onda y la frecuencia.

Gráfico que muestra dos ondas de luz, una de alta y otra de baja frecuencia
Características básicas de la luz solar. La longitud de onda (λ) se mide en nanómetros (nm) y la frecuencia (f) en hercios (Hz). El símbolo ‘c’ en la ecuación representa la velocidad de la luz.
Gumersindo Feijoo, CC BY-SA

La luz visible (con una longitud de onda de aproximadamente entre 400 y 700 nanómetros) es una pequeña porción del espectro que el ojo humano percibe. Así, cuando la luz incide sobre un objeto, su superficie absorbe ciertas longitudes de onda y refleja otras. Solo las reflejadas podrán ser vistas por el ojo y por tanto en el cerebro solo se percibirán esos colores.

El color del mar cambia debido a la absorción selectiva de la luz por el agua derivada de su composición química, la vida marina y las condiciones climáticas. El agua es transparente, pero cuando hay gran cantidad de ella, también aumenta la absorción de luz en el espectro reflejando un patrón de color azul.

Espuma de mar blanca sobre la arena
Espuma de mar en un ecosistema sano.
Gumersindo Feijoo, CC BY-SA

En la espuma de mar, las burbujas de aire dispersan y reflejan la luz en todas las direcciones sin prácticamente absorberla, lo que explica nuestra percepción de color blanquecino. Es necesario distinguir esta realidad del concepto del color “espuma de mar” en pinturas o moda, que suele representarse como una mezcla suave de verde y azul para rememorar el ambiente marino.

De hecho, una espuma blanca que desaparece de forma casi instantánea es un claro indicador de un ecosistema sano. Por el contrario, una espuma persistente (por una alta densidad), una coloración oscura (parduzca) o algún olor desagradable son síntomas de contaminación bien química (por fertilizantes agrícolas, vertidos industriales o urbanos…) bien biológica (por ejemplo, por un crecimiento desmesurado de algas).

Un ejemplo de este fenómeno de contaminación son los episodios recurrentes de formación de espumas en las playas del sur de Australia durante los meses de febrero y marzo de los años 2025 y 2026 (verano austral), con consecuencias terribles para la salud de los animales y las personas.

Un surfista se adentra en las aguas espumosas afectadas por la floración de algas.
Un surfista entre la espuma del mar provocada por la floración de algas en Christies Beach (Australia), a 22 de octubre de 2025.
Troy Rigney, CC BY-ND

Si cuidamos del planeta y evitamos contaminarlo, nos seguirá ofreciendo entornos saludables y estampas de belleza extraordinaria. Si no lo hacemos, además de dañar la naturaleza y con ello, nuestra salud, estaremos renunciando a los paisajes de los que hoy todavía podemos disfrutar.

The Conversation

Gumersindo Feijoo Costa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué nos dice la espuma del mar de la salud de las playas? – https://theconversation.com/que-nos-dice-la-espuma-del-mar-de-la-salud-de-las-playas-281042

España ya produce combustibles sostenibles para aviones que no dependen del petróleo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Bolonio Martín, Profesor de Química, Refino y Biorrefinerías, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Vista desde un avión sobrevolando campos de olivos. Carolina Santamarta

El transporte aéreo conecta territorios insulares y periféricos, sostiene cadenas logísticas y facilita una parte esencial del turismo (12,6 % del PIB español en 2024) y del comercio internacional. Se estima que Europa podría alcanzar 15,4 millones de vuelos en 2050, un 52 % más que en 2023.

Pero el actual escenario internacional deja patente un importante problema de la aviación: el motor depende de un suministro externo.

La inestabilidad global dispara los precios y amenaza con el desabastecimiento, pero existe una solución para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de terceros países y disminuir la contaminación: el combustible sostenible de aviación, que ha dejado de ser una opción verde para convertirse en una cuestión de soberanía aérea.

El papel limitado de la electrificación

A diferencia de lo que ocurre en el transporte rodado, el uso de electricidad para la propulsión de aviones es todavía muy reducido.

Como explica Justo Hernández Soto, representante en España para el Comité de Protección del Medio Ambiente en la Aviación (CAEP), la electrificación avanza en aviación ligera (menos de 5 700 kg), con aeronaves recientemente certificadas, como la Pipistrel Velis Electo, o a punto de hacerlo, como la Diamond eDA40.

Sin embargo, los aviones eléctricos se enfrentan con un límite físico difícil de superar: la baja densidad energética de las baterías actuales. Las baterías más avanzadas alcanzan entre 200 y 300 vatios-hora por kilogramo (Wh/kg), muy lejos de los más de 11 000 Wh/kg del queroseno. Esta diferencia hace inviable, con la tecnología actual, electrificar vuelos comerciales de media y larga distancia.

El hidrógeno: una apuesta a largo plazo

Con el hidrógeno ocurre algo parecido. Se presenta a menudo como la gran alternativa de futuro, pero su despliegue en aviación comercial exige resolver obstáculos tecnológicos y logísticos importantes.

Airbus mantiene el programa ZEROe para desarrollar su primer avión comercial propulsado por hidrógeno. En 2025 eligió la pila de combustible de hidrógeno como sistema de propulsión, pero sigue señalando la criogenia como uno de los grandes retos. El hidrógeno líquido debe almacenarse a unos –253 °C, lo que obliga a rediseñar aeronaves, desarrollar depósitos específicos y adaptar la infraestructura aeroportuaria. En otras palabras: es una vía prometedora, pero no parece una solución de despliegue inmediato.




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El combustible sostenible de aviación

El combustible sostenible de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) tiene la gran ventaja de que puede utilizarse en motores, redes logísticas e infraestructuras ya existentes. La Unión Europea, mediante el reglamento ReFuelEU Aviation, obliga a aumentar gradualmente su presencia en el combustible de aviación comercial con objetivos del 6 % en 2030 y el 70 % en 2050, consolidándolo como la principal vía para descarbonizar la aviación.

España no parte de cero en este terreno. Repsol ya produce SAF en su complejo industrial de Cartagena y desarrolla en Bilbao, a través de Petronor, su apuesta más innovadora con combustibles sintéticos (e-SAF) a partir de hidrógeno renovable y CO₂ capturado.

Moeve, por su parte, ya suministra SAF de forma regular en varios aeropuertos españoles y, junto con Bio-Oils, está construyendo en Huelva una gran planta de biocombustibles de segunda generación que ampliará de forma notable la capacidad industrial disponible en España.

Son vías distintas, pero complementarias: SAF producido a partir de materias primas biogénicas (aceites y residuos de biomasa) y e-SAF basado en combustibles sintéticos, ambas orientadas a sustituir parte del queroseno fósil sin rehacer por completo el sistema aeronáutico.




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La biomasa residual como baza española

Actualmente, la materia prima para producir SAF son aceites y grasas residuales (proceso HEFA). Es la ruta más madura, pero su crecimiento tiene un límite claro: la disponibilidad de estas materias primas es finita.

Ahí es donde entra en juego la biomasa lignocelulósica, especialmente relevante en un país como España, potencia agrícola y forestal. A través de gasificación y síntesis Fischer-Tropsch, la biomasa puede transformarse en SAF, con una producción potencial de 517,6 millones de litros anuales.

El cuello de botella es la logística: recogida, pretratamiento y agregación de la biomasa residual de forma estable, eficiente y económicamente viable. Si logramos sortear este escollo, el SAF se convertiría en una pieza de política industrial y de seguridad de suministro.

Una solución sería un modelo descentralizado que acerque la producción al recurso y reduzca los costes logísticos asociados al transporte de biomasa.

No es solo descarbonizar: es asegurar la aviación

La discusión sobre el futuro de la aviación no debería reducirse a una competencia simplista entre baterías, hidrógeno y combustibles sostenibles. Cada vía debe tener su espacio. Pero si la pregunta es qué puede sostener la aviación comercial durante las próximas décadas sin depender totalmente del exterior ni esperar a una renovación total de la flota y de los sistemas de suministro de combustible de los aeropuertos, hoy la respuesta apunta hacia los combustibles sostenibles líquidos.

Más allá de la reducción de emisiones de CO₂, el SAF es una garantía de autonomía estratégica y seguridad para el transporte aéreo. Para un país como España, la cuestión ya no es si merece la pena tomarse en serio el SAF, sino si podemos permitirnos no hacerlo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. España ya produce combustibles sostenibles para aviones que no dependen del petróleo – https://theconversation.com/espana-ya-produce-combustibles-sostenibles-para-aviones-que-no-dependen-del-petroleo-280952

Moda, personalidad y consumo, más allá de vestirse de Prada

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María de Jesús De la Mora, Negocios Internacionales, Universidad de Guadalajara

Meryl Streep, Anne Hathaway, Stanley Tucci y Emily Blunt en el estreno londinense de _El diablo viste de Prada 2_. Disney

Ante el impacto mediático que está teniendo el estreno a nivel mundial de El diablo viste de Prada 2 nos preguntamos: ¿consumimos lo que somos o lo que aspiramos ser? ¿Nuestra personalidad es el resultado de nuestro contexto, cultura y recursos o nuestra conducta y consumo vienen determinados por los estímulos que recibimos? ¿Las marcas venden bienes o identidades? Y el consumidor, ¿las consume de forma consciente?

Más allá de una historia ambientada en la industria de la moda, la franquicia El diablo viste de Prada se ha convertido en un referente cultural sobre estilo de vida, consumo, identidad y poder.

Tráiler oficial de El Diablo viste de Prada 2. Fuente: YouTube, 20th Century Studios LA.

La película, estrenada en 2006 (y antes la novela de Lauren Weisberger, basada en su experiencia personal), cuenta la historia de Andy Sachs (Anne Hathaway), una joven periodista que consigue un trabajo temporal en una revista de moda que se convertirá en su viaje personal hacia el autoconocimiento y la transformación personal.

Uno de los ganchos del filme es la pelea estilística entre Andy y su jefa, Miranda Priestly (interpretada por Meryl Streep), y la presión que ejerce el entorno sobre la joven para que cambie su vestuario. A nivel personal, su antagonista en la historia es Emily Charlton (Emily Blunt), la asistente personal de Miranda, una mujer glamurosa, ambiciosa y obsesionada con alcanzar el éxito en su trabajo.

Andy vive estas exigencias como una renuncia a sus valores, prioridades y percepciones para entrar en un mundo donde la apariencia decide quién pertenece a él y quién no.

La personalidad de las marcas

Las marcas han desarrollado sus propias personalidades, lo que les permite conectar emocionalmente con sus consumidores. En particular, las marcas de lujo funcionan como símbolos de estatus e identidad social. En la película de 2006, Miranda enseña a Andy que la ropa no sólo implica cubrirse: también se viste la filosofía de la marca. Por tanto, debe haber coherencia entre las prendas y la identidad que se desea proyectar.

Según el experto francés en marketing Jean-Noël Kapferer, una marca de lujo debe comportarse como una persona viva:

“La personalidad de la marca describe su carácter. La forma en que hablan sus productos o servicios muestra qué tipo de persona sería”.

De esta manera, las marcas deben desarrollar patrones o símbolos reconocibles colectivamente pero, al mismo tiempo, debe haber un toque de distinción que fortalezca la personalidad de la marca.

Únicas e inaccesibles

En las compañías de lujo hay dos principios fundamentales para la creación de su identidad de marca:

  • Diferenciación: una marca de lujo no es comparable con otra, tiene una personalidad única. Compararse es admitir que no es única.

  • Difícil acceso: la personalidad de una marca de lujo se vuelve aspiracional para el consumidor. Si se hace de accesible se pierde el deseo, la sensación de distancia y singularidad de la marca.

Jennifer Aaker, profesora de la Universidad de Stanford, definió cinco dimensiones de la personalidad de marca. Entre ellas está la sofisticación (estatus social, elegancia, encanto personal), que aplica en el caso de las marcas de lujo.

Arquetipos junguianos

También los arquetipos de la personalidad, desarrollados por el psiquiatra y psicólogo suizo Carl Jung a partir de 1916, pueden aplicarse a la personalidad de las marcas para establecer una conexión emocional con los consumidores, facilitar su posicionamiento y diferenciación de la competencia y dar coherencia a su comunicación.

Marcas, anhelos y ‘lifestyle’

El lifestyle marketing gira en torno a las actitudes, intereses, valores y sentimientos de las personas, y su afinidad con otras que comparten formas de vida similares. Esta estrategia de marketing busca dar significado a patrones de comportamiento y decisiones de consumo aspiracionales que revelan elementos demográficos, sociales y económicos.

El método VALS (valores y estilo de vida), una metodología de segmentación psicográfica desarrollada por el Stanford Research Institute (SRI), clasifica a los consumidores según sus motivaciones (ideales, logros, autoexpresión) y recursos (ingresos, educación, confianza), dividiéndolos en tres dimensiones:

  1. Consumidores orientados por principios: tienen ideales concretos, son pensadores y creyentes de lo que debe estar bien y es correcto.

  2. Consumidores orientados por estatus: motivados por el logro, los define ser triunfadores y luchadores.

  3. Consumidores orientados a la acción: los mueve la autoexpresión y son arriesgados, experimentadores y creadores.

Por encima de estas tres dimensiones están los innovadores, que poseen todos los recursos para ser consumidores con valores, tener su propio estilo de vida y estar motivados a la acción. Y por debajo, los supervivientes, con menos recursos y motivaciones, cuyo enfoque principal es la seguridad y la satisfacción de sus necesidades básicas.

Quién es quién en la peli

Desde esta perspectiva, los personajes de El Diablo viste de Prada pueden interpretarse de la siguiente manera:

  • Andy Sachs: al comienzo de la historia se la identifica más con los creyentes o pensadores. Su consumo está guiado por la funcionalidad y los valores personales. Luego evoluciona hacia un perfil de triunfadora, o incluso experimentadora, motivada por el éxito, la imagen y la validación social.

  • Miranda Priestly: se aproxima a los innovadores, posee altos recursos, liderazgo y orientación al cambio y la mejora continua.

  • Emily Charlton: puede vincularse con los triunfadores, su consumo está orientado al reconocimiento y la pertenencia (lifestyle).

Con El diablo viste de Prada el cine ha creado una narrativa que pone al descubierto cómo el consumo de moda es un proceso en el que influyen elementos psicológicos y sociales, y que vestirse es un acto simbólico que refleja identidad, aspiración y pertenencia.

The Conversation

María de Jesús De la Mora no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Moda, personalidad y consumo, más allá de vestirse de Prada – https://theconversation.com/moda-personalidad-y-consumo-mas-alla-de-vestirse-de-prada-280829

Ni solo salario ni solo vocación: qué esperan hoy los jóvenes del trabajo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco J. Pérez Latre, Profesor. Director Académico de Posgrados de la Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra

WUT.ANUNAI/Shutterstock

¿Cómo sienten, valoran y proyectan el trabajo los jóvenes de entre 18 y 29 años? Esa es la pregunta a la que hemos querido contestar en el grupo de investigación internacional “Footprints” con el proyecto de investigación “Young People’s Values, Hopes and Expectations — Work and Civic Engagement”, que abarca nueve países de cuatro continentes.

Para ello, hemos entrevistado a 9 018 personas en Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Filipinas, Italia, Kenia, México y Reino Unido. Los hallazgos, con un 95 % de confianza y un margen de error de ±1,1%, desafían los estereotipos sobre la generación Z: ni son puramente materialistas ni plenamente idealistas. Son, sobre todo, gente pragmática con aspiraciones personales.

El salario manda, pero no lo es todo

Para el 29 % de los encuestados, un buen salario es el aspecto más importante del trabajo, por delante de la realización personal (14 %) y el buen ambiente laboral (13 %). Pero el valor que dan al dinero tiene sus límites. Un 48 % dice que abandonaría un trabajo ante un ambiente difícil, tenso o desagradable, aunque estuviera bien pagado y tuvieran un contrato indefinido. Entre las mujeres el porcentaje sube hasta el 53 %.

La incompatibilidad con los valores de la empresa (25 %), la dificultad de conciliación familiar (23 %) o el sentimiento de no poder realizarse profesionalmente (22 %), son otros motivos para el abandono.

El teletrabajo: libertad con coste social

El 71 % de los jóvenes ha trabajado o estudiado en remoto al menos ocasionalmente. La flexibilidad horaria (60 %) y el mejor equilibrio entre vida y trabajo (58 %) son especialmente valorados por los jóvenes. Pero un 44 % de los encuestados teme el aislamiento social que puede producir mientras que el 39 % cree que el teletrabajo empeora la comunicación de los equipos de trabajo.

La paradoja es elocuente: valoran la flexibilidad pero echan de menos la dimensión relacional del espacio de trabajo. Los jóvenes del Reino Unido (50 %) y Kenia (51 %) son los más preocupados por el aislamiento social que produce el teletrabajo.




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Optimismo selectivo y brecha entre países

Tres de cada cuatro jóvenes afirman tener algún tipo de vocación profesional. Además, el 55 % de los jóvenes con una vocación clara se consideran felices frente al 27 % de quienes no la tienen. Esta vocación es más habitual en las áreas de sanidad y educación (84 %) e ingeniería (81 %). “Pasión” (15 %) y “carrera profesional” (14 %) encabezan la lista de palabras con las que los jóvenes definen su relación con el empleo. Solo el 5 % lo asocia con “sacrificio” o “servicio”.

El 60 % de los encuestados cree que las oportunidades laborales serán mejores en el futuro. Pero ese optimismo no se distribuye de forma homogénea: en México supera el 70 % mientras que en Italia solo alcanza el 32 % y en Estados Unidos el 42 %.

La esperanza también tiene relación con la espiritualidad: los jóvenes creyentes muestran mayores niveles de esperanza y confianza en el futuro laboral (48 %) que los no creyentes (33 %).




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Los jóvenes españoles y latinoamericanos frente al trabajo

El joven español medio califica su satisfacción vital con un 6,7 sobre 10 y muestra un marcado pragmatismo: el sector público se alza como el destino preferido de empleo. Además, la tecnología proyecta inquietudes específicas y el 47 % teme que la inteligencia artificial reemplace sus funciones, tres puntos por encima de la media internacional.

En el ámbito del teletrabajo, España refleja la misma paradoja que sus pares: se valora la flexibilidad y la conciliación, pero se sufre el aislamiento social. Los jóvenes otorgan mucha más importancia a las habilidades humanas, como el trabajo en equipo (27 %) y la comunicación (24 %), que a las competencias digitales (11 %) o el dominio de idiomas (10 %).




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Por su parte, Latinoamérica lidera los índices de felicidad y satisfacción vital del estudio, con una conexión muy marcada con las creencias religiosas. Los jóvenes de Brasil (7.5/10) y México (7.4) encabezan el ranking global de felicidad, situándose significativamente por encima de países europeos como España (6.7) o Italia (6.5).

En cuanto al trabajo, el factor económico sigue siendo un motor primordial. Argentina y México son los países que más priorizan un “buen salario” (35 %) por encima de cualquier otro aspecto, superando el promedio global del 29 %.

Los jóvenes brasileños muestran una de las tasas de confianza más altas en la educación como herramienta para conseguir empleos bien remunerados (92 %). En cambio, Argentina destaca negativamente por ser el país donde los jóvenes reportan mayores dificultades para encontrar empleo debido a la escasez de vacantes (67 %) y la falta de experiencia previa (48 %).

Ante la incertidumbre, la familia sigue siendo el principal refugio. Cuando solo el 54 % de los jóvenes españoles dedica tiempo intencionado al descanso y la renovación personal –por debajo del 64 % global–, la familia se consolida como el principal sistema de apoyo frente a los obstáculos académicos y laborales.




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Lo que los empleadores deben escuchar

Los jóvenes no han renunciado al trabajo, pero le exigen una dimensión humana que las estructuras tradicionales a menudo ignoran. Quieren un sueldo digno, pero también un propósito que no colisione con sus valores y un ambiente que no les pase factura emocional.

Los datos sugieren que la respuesta al futuro del trabajo no es tecnológica sino profundamente relacional, y que el éxito de las organizaciones dependerá de su capacidad para ofrecer algo más que una nómina: un lugar donde ser y crecer.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Ni solo salario ni solo vocación: qué esperan hoy los jóvenes del trabajo – https://theconversation.com/ni-solo-salario-ni-solo-vocacion-que-esperan-hoy-los-jovenes-del-trabajo-280625

La penalización económica de la maternidad: por qué tener hijos sigue ampliando la brecha salarial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rebeca García-Ramos, Profesora de Economía Financiera, Universidad de Cantabria

Andrey_Popov/Shutterstock

La desigualdad salarial entre mujeres y hombres sigue siendo una realidad en el mercado laboral español. Este fenómeno se deriva de múltiples factores como la división sexual del trabajo, la segregación de las mujeres en sectores peor remunerados o la falta de corresponsabilidad. Sin embargo, al observar las trayectorias profesionales a lo largo del tiempo, hay un patrón claro: la maternidad marca un punto de inflexión en la carrera de muchas mujeres, mientras que la paternidad apenas altera la de los hombres.

Este fenómeno, conocido en la literatura económica como motherhood penalty o penalización por maternidad, ha sido documentado en muchos más países. El informe del Banco Mundial Women, Business and The Law 2026, muestra que la normativa sobre maternidad y cuidado sigue limitando las oportunidades laborales de las mujeres y contribuye a la persistencia de la brecha de género.
Así lo confirma [el Informe Mujeres y Hombres en España elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2024] (link text Mientras que la tasa de empleo de los hombres aumenta con la paternidad (del 85,8 % al 90,3 %), en las mujeres disminuye a medida que crece el número de hijos e hijas (del 77,9 % al 71,5 %, y hasta el 52,2 % con tres o más).

La penalización aparece tras el primer hijo

La evidencia económica muestra que el nacimiento de hijos e hijas marca un antes y un después en la carrera profesional de las mujeres. La economista estadounidense Claudia Goldin, Premio Nobel de Economía en 2023, especialista en la desigualdad laboral de género, ha documentado este patrón. Al inicio de la vida laboral las diferencias salariales son más pequeñas. Tras la llegada de la descendencia, persisten y crecen notablemente.

Un estudio realizado por investigadores del Banco de España, basado en la Muestra Continua de Vidas Laborales,revela que los ingresos de las mujeres caen alrededor de un 11 % el primer año tras la maternidad. Sin embargo, los ingresos de los hombres casi no cambian. Diez años después, las madres acumulan una pérdida cercana al 28 % respecto a su trayectoria previa.

Una brecha que se amplía con el tiempo

Otros datos confirman esta tendencia. El Instituto de las Mujeres, dependiente del Ministerio de Igualdad, sitúa (con datos del INE de 2023) la brecha salarial en España en el 15,74 %. La diferencia media salarial es de 4 781 euros anuales a favor de los hombres. Aunque es el valor más bajo desde 2008, la desigualdad alcanzó su punto máximo en 2013 (23,99 %) y aumenta con la edad. La mayor divergencia se da entre los 55 y 59 años.

Hay otros informes sobre desigualdad salarial que apuntan en la misma dirección. El Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha) estima que la brecha salarial media supera el 20 % y crece a lo largo de la vida laboral.

A nivel europeo, los datos de Eurostat muestran que en 2024 la brecha salarial media en la UE fue del 11,1 %. Pero existen grandes diferencias entre países. La brecha oscila entre el -0,8 % en Luxemburgo y el 18,8 % en Estonia. España se sitúa en un nivel intermedio.

Qué cambia en la carrera profesional de las madres

La penalización por maternidad no tiene una única causa. Uno de los factores principales es la reducción en la participación laboral.

Después de ser madres, muchas mujeres reducen su presencia en el trabajo. Durante el primer año, se calcula que las madres trabajan alrededor de un 10 % menos de días. En cambio, los padres casi no cambian su actividad laboral.

También aumenta la probabilidad de que las mujeres trabajen a tiempo parcial o en empleos menos estables. Esto reduce sus ingresos y limita sus opciones de promoción.

El impacto no es igual para todas. Las mujeres con estudios superiores suelen seguir trabajando, pero con menos horas. Las que tienen menor nivel educativo trabajan menos días al año o interrumpen temporalmente su empleo con mayor frecuencia.




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El peso del reparto de los cuidados

Más allá de las decisiones individuales, el reparto de las tareas de cuidado sigue siendo la clave. En España, como en la mayoría de países, las mujeres asumen gran parte del trabajo doméstico y del cuidado de hijos e hijas. Esto provoca más interrupciones en sus carreras, menor disponibilidad horaria, mayor presencia femenina en el empleo a tiempo parcial y más barreras para acceder a puestos de responsabilidad.

Las investigaciones de Claudia Goldin también destacan el papel de aquellos empleos que premian la disponibilidad horaria total (los trabajos codiciosos o greedy jobs). Cuando los salarios dependen en gran medida de esa disponibilidad, cualquier interrupción o reducción de jornada puede tener un impacto económico considerable.

Una de las características más llamativas de este fenómeno es que no existe un efecto equivalente para los hombres. Los datos muestran que los ingresos masculinos apenas se ven afectados tras el nacimiento de los hijos o hijas. En algunos casos, incluso se observa un ligero aumento. Este fenómeno se conoce en la literatura económica como fatherhood premium o “premio a la paternidad”.

La persistencia de expectativas sociales que sitúan al hombre como principal sostén económico del hogar, y la mayor continuidad en las trayectorias laborales masculinas, podrían explicar este fenómeno.

Consecuencias económicas y demográficas

La penalización por maternidad tiene efectos que van más allá del salario. Amplía la brecha de género, genera carreras más cortas o intermitentes y reduce las cotizaciones y las pensiones futuras. También puede limitar el potencial productivo de la economía.

Además, puede influir en la decisión de tener hijos. En España, un país con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, la dificultad para compatibilizar empleo y cuidado pesa cada vez más en esa decisión.

Reducir la penalización

La evidencia internacional muestra que algunas políticas ayudan a reducir estas desigualdades. Entre ellas destacan los permisos parentales igualitarios para ambos progenitores, el acceso a servicios de educación infantil de calidad y modelos laborales menos dependientes de jornadas excesivamente largas.

Como indican los estudios citados, la penalización por maternidad y su impacto en la brecha salarial, no responden solo a decisiones individuales. También reflejan cómo se organizan el trabajo y los cuidados. Reducir esta penalización requiere actuar en ambos ámbitos. De lo contrario, tener descendencia seguirá contribuyendo a aumentar y mantener la brecha salarial a lo largo del ciclo vital.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La penalización económica de la maternidad: por qué tener hijos sigue ampliando la brecha salarial – https://theconversation.com/la-penalizacion-economica-de-la-maternidad-por-que-tener-hijos-sigue-ampliando-la-brecha-salarial-278477

Why do polar bears approach human infrastructure? The answer is more complex than we thought

Source: The Conversation – Canada – By Douglas Clark, Associate Professor in Human Dimensions of Environment & Sustainability, University of Saskatchewan

Polar bears are intensely curious animals. That curiosity often brings them into contact with people and can put both species at risk from one another.

As the Arctic climate warms, some polar bears are spending more time on shore, away from the sea ice habitats they rely on to hunt seals. As the bears are under nutritional stress due to ice loss, some wonder if they’re being forced to take more risks around people as they seek food, increasing interactions and conflicts between polar bears and people. But until now, there’re been little research into this relationship.

Between 2011 and 2021, research colleagues and I placed trail cameras at three camps in Wapusk National Park in Manitoba and, later, at the nearby Churchill Northern Studies Centre (CNSC) to see how often polar bears visited these sites on the west coast of Hudson Bay.

The project began at the invitation of Parks Canada when their newly constructed field camps at Broad River and Owl River turned out to receive more bear visits than they expected. Those camps had been located away from the coast to reduce the likelihood of polar bear encounters, so answering this immediate question was a priority.

We investigated whether human activity, the length of the ice-free season — or both — were influencing polar bear visits. In approximately 80 per cent of the bear visits, our photos showed enough of the animal that we could rate their body condition using an established fatness index.

We observed 580 bear visits with our cameras, mostly between July and November, when bears are well-known to be abundant in the area. What we found was that human presence at the camps and the CNSC didn’t have any effect on the number of bear visits. The length of the ice-free season each year, however, had a notable effect.

It’s all about ice

The ice-free season can be longer if sea ice breaks up earlier in spring than normal, forms later in fall than normal, or both. During our study period, there was no long-term trend in the ice-free season’s length, but it did vary a lot year to year. We found that the longer western Hudson Bay remained ice-free in a year, the more frequently bears visited our study sites.

Poor body condition is considered an indicator of nutritional stress, and a healthy body condition to survive on-shore fasting is critical for polar bear survival.

But rather than getting visits from hungrier bears that were detectably thinner — which is what we had expected — we found that the more time bears were off the ice, the more likely all bears were to approach our study sites, regardless of their nutritional health.

This result was unexpected since other research shows underweight polar bears are more likely to attack people, which has been taken to mean that those particular bears would take more chances to find food and so be more likely to approach or prey on people.

Instead, what we’re seeing is that body condition may play a different role. Rather than influencing the bears to seek human interactions, body condition might instead influence whether interactions between people and polar bears escalate.

In other words, if polar bears are around people to begin with, a skinny bear might be more likely to aggressively try to obtain human food sources, or even prey on people, than a bear under less nutritional stress.

We were also surprised not to see many lone sub-adult bears in our photos. Those other studies have also shown that they’re usually the ones most likely to come into conflict with people.

These observations, though, are consistent with other research on this sub-population. As the ice-free season has on average lengthened in western Hudson Bay, the production and survival of juvenile bears has dropped. Our unexpected results, then, are probably due to there simply not being many young bears in the population during our study.

Scientific and Indigenous observations

Our findings suggest that sea ice loss probably doesn’t lead to more interactions with people just because polar bears are thinner or hungrier, so we need to better understand what can cause interactions to worsen into attacks.

What does this mean for current approaches to reducing the risk of polar bear-human conflicts? Bringing it back to the Parks Canada’s original question, it appears that the likelihood of bear visits to their camps isn’t affected by anything under human control, but the outcomes of any bear visits that do take place certainly are.

What we found may also help explain why scientific explanations and Indigenous and local observations of polar bear-human interactions have differed. Scientific literature has long maintained that poor body condition drives polar bears into northern communities.

However, documented observations from those communities themselves indicate bears who come into communities are not necessarily in poorer condition than would be expected.

Our findings align more closely with Indigenous observations, highlighting how untested assumptions can, through repetition in scientific literature, solidify into accepted wisdom.

The Conversation

Douglas Clark receives funding from ArcticNet, the Social Science and Humanities Research Council of Canada, Genome Prairie/Genome Canada, the Belmont Forum, the Churchill Northern Studies Centre and the University of Saskatchewan.

ref. Why do polar bears approach human infrastructure? The answer is more complex than we thought – https://theconversation.com/why-do-polar-bears-approach-human-infrastructure-the-answer-is-more-complex-than-we-thought-279721

Nouvelle tentative d’assassinat présumée contre Trump : il est peu probable que cela freine sa baisse de popularité

Source: The Conversation – in French – By James K. Rowe, Associate Professor of Political Ecology, University of Victoria

Le président américain semble avoir échappé de justesse à une nouvelle tentative d’assassinat.

La dernière tentative d’assassinat présumée lors du gala des correspondants de la Maison-Blanche n’aurait pas pu survenir à un meilleur moment, compte tenu de la popularité en baisse du président. Cependant, en raison du scepticisme largement répandu et des efforts déployés par l’équipe de Trump pour promouvoir la construction d’une salle de bal à la Maison-Blanche dès le lendemain de la fusillade, il est loin d’être certain que cet incident lui profitera.

Les tentatives d’assassinat contribuent souvent à rehausser la popularité des élus. En 1981, un homme a tiré sur Ronald Reagan devant l’hôtel Hilton de Washington, le même où s’est produite la récente tentative visant Trump. La cote de popularité de Reagan a grimpé en flèche après l’attaque.

Pourquoi la violence politique a-t-elle un effet positif sur la popularité ?

La réponse évidente est que le fait d’être victime de violence peut humaniser une personne, atténuant ainsi les critiques, tant de la part de ses partisans que de ses détracteurs.

Mais ce n’est pas la seule raison. Quand on voit un politicien éviter des balles ou y survivre, on peut le percevoir comme un être surhumain, avoir l’impression qu’il a été « touché » par Dieu ou qu’il détient un pouvoir de vie et de mort.




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La tentative d’assassinat de Trump a des précédents historiques – et des implications futures en matière de sécurité


Trump, ce superhéros

Trump a créé une image emblématique lorsqu’il a levé le poing en signe de défi, le visage ensanglanté, à Butler, en Pennsylvanie, quelques mois avant l’élection présidentielle de 2024. Cela a renforcé sa campagne et forgé un mythe d’invincibilité.

C’est le même homme qui affirmait en 2016 qu’il pourrait « tirer sur quelqu’un en pleine 5e Avenue et ne perdre aucun électeur ». Malgré deux procédures de destitution, des verdicts de culpabilité pour 34 chefs d’accusation au criminel, des aveux d’agression sexuelle captés par un micro ouvert et de multiples accusations d’agression, Trump a été réélu en 2024. Là où d’autres auraient pu s’effondrer, Trump a poursuivi son ascension.

Si Trump a affirmé qu’il pourrait tirer sur des gens en plein centre de Manhattan et s’en sortir politiquement, la fusillade de Butler a donné l’impression qu’il pourrait recevoir des balles sans y laisser sa vie, qu’il n’a pas les mêmes vulnérabilités que le commun des mortels et qu’il est en quelque sorte surhumain. Trump a lui-même invoqué l’intervention divine pour expliquer comment il avait pu survivre à de multiples tentatives d’assassinat.

La gestion de la peur

La théorie de la gestion de la peur (TMT, pour terror management theory) est un courant de la psychologie qui étudie l’influence de notre rapport à la vie et à la mort sur les résultats politiques.

Selon cette théorie, nous gérons nos angoisses face à la mort par la quête d’un « héroïsme terrestre », c’est-à-dire en cherchant de l’estime d’une manière qui soit conforme à la vision du monde que nous avons choisie. De plus en plus de données expérimentales viennent étayer cette hypothèse.

Donald Trump est la preuve vivante de cette théorie.

Il est connu pour sa germophobie et son obsession pour les apparences de vitalité. Il est obsédé par ses cheveux, car il considère la calvitie comme un signe de faiblesse et d’échec. Avec sa quête effrénée d’argent — la mesure de la valeur dans les économies capitalistes — et sa manie d’apposer son nom sur tout, des immeubles à la vodka en passant par des bibles, il a cherché à se forger une image héroïque. Avant même qu’il ne se présente à la présidence, on pouvait déjà acheter une figurine à son effigie.

Selon l’anthropologue américain Ernest Becker, dont le livre The Denial of Death (Le déni de la mort), lauréat du prix Pulitzer, a posé les bases intellectuelles de la TMT :

Le monde réel… dit à l’être humain qu’il n’est qu’un petit animal tremblant, voué à la décomposition et à la mort. L’illusion transforme tout cela : elle lui donne l’impression d’être important, indispensable à l’univers, et en quelque sorte immortel.

Avec son obsession pour l’or, sa grandiloquence et ses cheveux dorés malgré son âge, Trump est un maître de l’illusion qui sait créer une image de superhéros pour sa base MAGA.

L’héroïsme peut aussi se vivre par procuration. C’est ce que beaucoup d’entre nous font avec des équipes sportives, des célébrités et des hommes politiques, en vivant leurs victoires et leurs défaites comme si c’étaient les nôtres.

Le bon moment ?

Le triomphe de Trump sur la mort à Butler, il y a deux ans — un incident que même certains partisans du mouvement MAGA remettent en doute aujourd’hui —, l’a aidé à franchir la ligne d’arrivée. Selon sa cheffe de cabinet, Susie Wiles, Butler aurait joué un « rôle important » dans la victoire républicaine de 2024.

Que penser alors de la tentative d’assassinat présumée dont il vient d’être victime ? Cela rehaussera-t-il sa cote de popularité, plus basse que jamais ?

D’un point de vue bassement politique, les précédents historiques montrent que cette tentative d’assassinat n’aurait pas pu survenir à un meilleur moment. Discrédité par ses liens avec le pédophile Jeffrey Epstein et engagé dans une guerre impopulaire contre l’Iran qui coûte des milliards de dollars et fait grimper le prix de l’essence, Trump avait besoin d’une bouée de sauvetage.

Le moment est si opportun que des théories du complot ont immédiatement commencé à circuler, selon lesquelles l’attaque aurait été orchestrée de l’intérieur dans le but de remonter la cote de popularité en chute libre du président.

Mort politique évitée ?

Il est toutefois peu probable que cet incident récent lui permette d’échapper à une mort politique. Après les échecs politiques du département de l’Efficacité gouvernementale (DOGE), l’affaire Epstein et une guerre risquée à l’issue incertaine, Trump est politiquement affaibli.

Même des membres influents de sa propre base, comme Tucker Carlson, ancien commentateur de Fox News, ne le glorifient plus et se demandent s’il ne serait pas l’antéchrist.


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Les images de la récente fusillade témoignent davantage de faiblesse que de vitalité. Les agents des services secrets ont eu du mal à sortir Trump de son siège, probablement en raison de ses problèmes de mobilité (même si le président affirme que sa lenteur était due au fait qu’il supervisait courageusement les opérations).

En outre, au lieu de lever le poing en signe de triomphe, comme à Butler, Trump est tombé alors qu’on l’emmenait précipitamment hors de scène (il prétend qu’on lui a dit de se baisser, mais sa sortie semble ardue).

Un reportage sur la tentative d’assassinat présumée à Washington, D.C. (CNN).

Alors que son équipe présente cette dernière fusillade comme une preuve supplémentaire de sa super-humanité, Trump semble chaque jour plus mortel, tant sur le plan politique que physique.

Trump a connu son heure de gloire, mais, tel Icare, son orgueil et son excès de zèle finissent par faire fondre ses ailes. Si l’illusion peut masquer l’inévitable pendant un certain temps, ce qui monte finit toujours par redescendre.

La Conversation Canada

James K. Rowe ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Nouvelle tentative d’assassinat présumée contre Trump : il est peu probable que cela freine sa baisse de popularité – https://theconversation.com/nouvelle-tentative-dassassinat-presumee-contre-trump-il-est-peu-probable-que-cela-freine-sa-baisse-de-popularite-281713

Reforms to South Africa’s technical colleges keep failing students and employers: why?

Source: The Conversation – Africa – By Stephanie Allais, Faculty member, Centre for Researching Education and Labour, University of the Witwatersrand

Freepik, CC BY

South Africa’s 50 public technical and vocational education and training (TVET) colleges are, in the main, struggling institutions.

In many, throughput rates – how many students qualify in the expected time – are low. Some lecturers are under-qualified and under-resourced. Relationships with employers, which are crucial for the type of training that these colleges offer, are uneven.

Colleges are hard pressed to provide training to young people with weak schooling behind them and no clear path to employment ahead. The youth unemployment rate is almost 44%.




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The response to problems in the sector has been reform: rename the colleges, restructure them, give them new governance models, new qualification types, new funding arrangements. Over 30 years of democracy, South Africa has done all of these things, repeatedly. It has not worked.

And now there’s another round of changes being rolled out. There is little clearly documented explanation of what the new system is and how it will work in practice. But colleges have been instructed that most current qualification offerings will be phased out and replaced by new “occupational” qualifications.

In 2024 I wrote a paper tracing the history of the technical and vocational training sector, drawing on published literature, my research on skills development and my own involvement in South Africa’s education and training policy processes. The paper sets out why the sector is not working and what it needs to succeed.

In my view, based on the history of the sector, there is a serious risk that the latest reforms will make things worse.

Thirty years of the same mistake

South Africa’s policy vision and funding model for TVET colleges has, like that of many other countries, been to base funding on student enrolment for programmes that are linked to employer demand. It assumes colleges will respond to what employers want, and channel young people into jobs.

It has a long and largely unsuccessful track record, with problems in many countries – most extensively documented in Australia and the UK, the originators of the broad policy model.

The problem is structural. Funding institutions only through enrolments in specific programmes provides no institutional stability. It creates no incentive to invest in equipment, lecturers, or long-term relationships with employers. It treats colleges as if they were competing as private training providers.

When the programmes that attract funded enrolments change – as they do, repeatedly – colleges are left with stranded staff, obsolete equipment, and no financial buffer. And when new funding is made available, for new programmes, they don’t have lecturers who can teach them.

Private institutions tend not to offer manufacturing-related programmes – those are expensive. They focus on business-related programmes, which are cheaper.

Consider the National Technical Education Diploma (Nated) qualifications, the government-funded programmes that colleges have provided for decades. First, they were to be phased out. Then, when the National Development Plan created TVET enrolment targets, colleges were told to expand them. Colleges have built up staffing around them and enrolled students in them.

Now, the Department of Higher Education and Training has instructed colleges to phase them out. What replaces them are “occupational qualifications”.

The occupational qualifications problem

The department defines an occupation as

a set of jobs whose main tasks and duties are characterised by a high degree of similarity (skill specialisation).

The theory behind occupational qualifications is sound: link qualifications to specific occupations, make workplace experience part of the qualification, and graduates will have credentials that employers recognise and value.

The framework has thousands of occupations.

The problem – and here is where our new research (not yet published online) is indicating an uncomfortable finding – is that many of the “occupations” to which these new qualifications are linked do not really exist in workplaces and labour markets. And there is little publicly available information about them.

Some “occupations” have special skills that need special training, and others are really just jobs.

For example, in our research (not yet online) across 53 food and beverage manufacturing plants, we found that there are artisan trades like millwrighting, fitting and turning, and electrical work which fit the idea of an occupation. But machine operators don’t fit that description. Yet machine operators are among the new qualifications to be offered. The employers we visited don’t need those qualifications. They would rather hire someone they can train themselves, to use the equipment in their plant.

Training in a “knowledge module” like “personal mastery and interpersonal relationships” is not specific to the “occupation” of operating a machine.

You cannot create an occupation by developing a qualification for it. It works the other way: the occupation must exist before you create a qualification for it.




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This is not an abstract concern. Colleges are now being instructed to gain accreditation to offer these qualifications, to hire staff to teach them, to find workplace placements for students doing them – all on the assumption that there is a real occupational destination at the end.

For artisans, this assumption holds: there are real occupations that translate to opportunities in the workplace. But for the majority of new occupational qualifications being developed, far more analysis is needed.

What institutions actually need

Colleges cannot become strong institutions through enrolment-driven funding alone, any more than a school can become strong by being paid per pupil with no base funding for teachers or classrooms. And calling qualifications “occupational” does not mean that they will lead to work where there is no meaningful occupation in labour markets or workplaces.

Institutions need a stable core – employed lecturers, maintained equipment, administrative capacity – that allows them to function as institutions rather than as collections of projects cobbled together from different funding streams.

Some of them may be better off offering second-chance matric (secondary school leaving certificate) programmes instead of narrowly focused programmes where there are few real opportunities for employment in the surrounding areas, and no way colleges can find work placements for their learners.

Pockets of genuine excellence exist in the current system: colleges with good employer relationships and real employment outcomes for graduates. What they have in common is principled management, experienced staff, and enough stability to build relationships over time. The system should be trying to replicate those conditions.

In my view, what needs to happen is this:

  • colleges should be funded with a core institutional grant, and enabled to provide a mix of training that reflects their local economic contexts

  • occupational qualifications should be rolled out only where employers need them.

Otherwise the latest reforms risk repeating the errors of the past 30 years. Colleges and young people deserve better than that.

The Conversation

Stephanie Allais receives funding from the South African National Research Foundation. I have also recently worked on research funded by the Food and Beverage Manufacturing SETA.

ref. Reforms to South Africa’s technical colleges keep failing students and employers: why? – https://theconversation.com/reforms-to-south-africas-technical-colleges-keep-failing-students-and-employers-why-278711

Working from home in Nigeria: study finds women don’t have much choice

Source: The Conversation – Africa – By Ikechukwu (Ike) Nwaka, Assistant Lecturer, Business Economics, University of Alberta

Nigerian women of working age are mostly (90%) self-employed. By comparison, self-employment accounts for less than 16% of employment in high-income countries such as the United States, Germany and the United Kingdom. It is far lower in middle-income countries like South Africa and Turkey too.

Official statistics show that self-employment in Nigeria is concentrated in the northern regions. And there’s a gender difference: women make up the majority of those working for themselves (Figure 1).

What these numbers do not explain is why women are far more likely than men to operate businesses from their homes, or whether those businesses generate meaningful economic returns.

As economists working on labour, gender, energy and development, we addressed these questions in a recent paper.

Using nationally representative household data from 2010 to 2019, the study examines why Nigerian women run enterprises from their homes. These kinds of operations include selling goods from a front room, preparing food at home, or offering haircuts, beauty services, laundry and dry cleaning, and shoe repair. They also make textiles, crafts, garments, shoes and cosmetics at home rather than in shops, kiosks or workshops.

The findings challenge the idea that home-based self-employment is mainly about personal preference or flexibility.

Childcare responsibilities, housing access, electricity and cultural norms strongly shape women’s work location. These insights reveal that supporting women in business must go beyond training or microfinance, and remove structural barriers.

Childcare limits women’s workplaces

We first identified factors associated with operating home-based businesses, using data (2010-2019) from national surveys that follow the same households over time.

We then examined how individual, household and contextual factors shape the likelihood of operating a business from home. We found that childcare was the strongest factor influencing women’s choice of work location.

The presence of young children doesn’t much affect where men work. For women, however, having young children makes it more likely they will run a business from home.

In Nigeria, women shoulder most of the unpaid domestic labour, including childcare, cooking and cleaning. Home-based businesses allow women to earn income while doing that labour.

For many women, home-based work may not be the most attractive option. Rather, the patterns we saw in the data suggest that it’s a way to reconcile income-earning with unpaid domestic responsibilities. Other research into women’s experiences has also shown that working from home may be a necessity rather than a choice.

Why home ownership doesn’t benefit women equally

Homeowners who operate home-based enterprises are better positioned to use property as collateral, access credit, expand workspace, or invest in equipment. They are able to turn housing into productive capital.

However, these advantages are not equally accessible to women.

Only 8.2% of women aged 20-49 are sole owners of land, compared with 34.2% of men, according to World Bank research into gender disparities in property ownership in sub-Saharan Africa.

The Nigerian constitution grants women equal rights to own, inherit and manage property. But many face legal, financial and social barriers that limit their actual control over assets.

Even in owner-occupied households, customary and patriarchal practices can mean that ownership doesn’t translate into decision-making power. Consequently, the same asset generates different economic returns for men and women. It confines women to lower-return home-based activities.

We found that 67% of female homeowners operate home-based enterprises compared with 33% of male owners. Most men who own homes work away from home.

Geography and social norms matter

We found that home-based enterprises are concentrated in poorer regions where returns are low, particularly in northern Nigeria, as shown in figure 2.

Even after accounting for income and education, women in northern Nigeria are far more likely to run businesses from home than women in the south. Cultural and religious norms that restrict women’s mobility and public participation probably play a central role.

This complicates global policy narratives that frame home-based work as inherently empowering. In Nigeria, it often reflects the need to juggle paid work with household obligations under restrictive conditions. These businesses tend to cluster in low-entry sectors, offer limited skill development, and have little growth potential.

Education helps, but only up to a point

Education and household income do expand women’s options, but their effects are limited. Our study shows that better-educated women are less likely than equally educated men to remain in home-based businesses when alternatives are available.

As household income rises, women are also less likely to operate enterprises from home. Importantly, observable characteristics do not explain the full gender gap. The study finds that less than half of the difference in home-based self-employment can be attributed to education, household size, marital status and housing. The rest likely reflects deeper structural forces that shape outcomes differently for men and women. These are forces like social norms, unequal access to finance, gendered returns to assets, and expectations around unpaid care work.

What this means for policy

Promoting home-based self-employment as a route to women’s economic empowerment can be misleading. When women are pushed into home-based enterprises because childcare is expensive, institutions and property rights are weak, or finance is inaccessible, entrepreneurship becomes a response to constraint, not opportunity.

Policies that reduce childcare costs, strengthen women’s property and inheritance rights, and improve access to credit are likely to do more to expand women’s choices than entrepreneurship programmes alone.

Digital infrastructure can help some home-based businesses reach wider markets, but only if deeper barriers are addressed. And because constraints vary across regions, one-size-fits-all solutions are unlikely to work.

More than flexibility

Home-based self-employment in Nigeria reflects deeply gendered expectations about work and care. Many women work from home not to assert independence, but because they have limited options.

Recognising this distinction matters. Celebrating women’s “flexibility” without addressing the constraints behind it risks turning resilience into a permanent requirement. A more equal future is one in which women can choose where and how they work, rather than adjusting their livelihoods around structural barriers.

The Conversation

Ikechukwu (Ike) Nwaka is affiliated with REACH Edmonton Council for Safe Communities as a Board Member

George Nwokike Ike does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Working from home in Nigeria: study finds women don’t have much choice – https://theconversation.com/working-from-home-in-nigeria-study-finds-women-dont-have-much-choice-274792

Bill C-223 aims to protect kids while navigating complex family violence cases — but will it work?

Source: The Conversation – Canada – By Eden Hoffer, PhD Candidate – Faculty of Health Sciences, Faculty of Information and Media Studies, Western University

When parents separate, decisions about children are often among the most contested aspects of the legal process. In cases involving allegations of intimate partner violence (IPV), judges are often tasked with resolving disputes of extraordinary complexity as they try to balance children’s best interests and safety with parents’ rights to remain involved in their kids’ lives.

In these types of cases, rulings about access to the children are about more than determining parenting schedules. Decisions shape whether children are protected and if abuse continues through the legal system itself.

Bill C-223, the Keeping Children Safe Act, is Parliament’s attempt to address how Canadian courts navigate these tensions. Introduced in September 2025 by Liberal MP Lisa Hepfner, the bill proposes changes to the Divorce Act aimed at strengthening how courts address family violence during divorce and custody proceedings.

Misused parental alienation claims

Research shows that accusations of parental alienation are sometimes used to undermine or silence parents who report abuse or coercive control. This dynamic disproportionately affects mothers.

IPV survivor support groups and advocates have long raised concerns about the weaponization of parental alienation claims against mothers in cases involving IPV — especially against those who raise concerns about their children’s contact with an abusive parent.

This dynamic often follows a familiar pattern — a mother experiencing IPV may seek to limit parenting time due to child safety concerns. In response, the other parent may allege parental alienation.

When courts accept these allegations, the focus shifts away from abuse and toward the primary caregiver’s behaviour, which can then be interpreted as manipulation.

In some cases, this has led to expanded or even court-ordered contact, including reunification interventions, despite children’s expressed fears or resistance to contact with the other parent.

Requiring evidence, facts

Bill C-223 aims to address this by directing courts to rely on evidence-based understandings of coercive control, trauma and abuse dynamics rather than on the assumption that violence stops when partners separate or that children’s resistance to contact with one parent is always the result of influence from the other.

Organizations like the National Association of Women and the Law and Battered Women’s Support Services have argued that the bill addresses well-established research findings that in cases where alienation is alleged and IPV has happened, protective mothers are often penalized for prioritizing their children’s safety.

Limiting alienation claims, then, is not a denial that children can be harmed when one parent undermines their relationship with the other. Instead, it acts as a safeguard against post-separation abuse continuing through the legal process.

Oversimplifying complex family situations

Despite support for the bill among advocacy groups, some legal scholars and family justice researchers have raised concerns about how it may limit judges’ ability to respond effectively. This is particularly the case in situations where one parent has genuinely undermined a child’s relationship with the other parent, even in the absence of IPV.

Critics point out that when children resist contact with one parent, it’s often due to a mix of emotional, relational and environmental factors, including loyalty conflicts, emotional pressures or prolonged exposure to parental conflict or abuse — even if that abuse wasn’t directed at them.

It is precisely because similar dynamics can arise in both abusive and non-abusive situations that critics argue judges require broad discretion to examine multiple possible explanations for a child’s resistance, including — in some cases — deliberate interference by a parent.

This suggests that limiting reliance on alienation-style evidence could restrict how courts evaluate such complexity, raising concerns about how effectively high-conflict parenting disputes can be resolved.

Critics of the bill aren’t defending or overlooking the historic misuse or weaponization of alienation claims. Instead, they question whether the bill risks replacing one flawed framework with another — one that may be poorly suited to ambiguous or less typical cases.

Balancing protection and children’s voices

At the centre of debates over Bill C-223 is a broader question about what effective child protection should look like in family law.

On one hand, the bill strengthens children’s voices and moves away from reducing their views as simply a product of parental influence.

At the same time, there is value in maintaining judicial flexibility. Even though clearer legislation may reduce the misuse of claims like parental alienation, there is still risk when limiting the range of options available to judges faced with complex situations.

Bill C-223 certainly reflects a positive shift in Canadian law towards trauma- and violence-informed approaches. It’s a clear effort to align legal frameworks with the research on abuse, coercive control and child well-being

But whether the bill ultimately achieves its intended goal will depend not only on its final wording, but also how courts interpret and apply its principles in practice.

As debates over Bill C-223 continue, the question is not whether reform is needed, but how to develop legal frameworks that protect children from harm while also preserving the flexibility that is needed to respond to complex, highly individualized cases.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Bill C-223 aims to protect kids while navigating complex family violence cases — but will it work? – https://theconversation.com/bill-c-223-aims-to-protect-kids-while-navigating-complex-family-violence-cases-but-will-it-work-280195