La amenaza que representan el extractivismo y las mascotas para la Amazonía y la salud global

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor M. Lizana Martín, Profesor Adjunto, Facultad de Veterinaria, Universidad CEU Cardenal Herrera, Universidad CEU Cardenal Herrera

Escena callejera en Santa Rosas, localidad peruana a orillas del Amazonas. Nowaczyk/Shutterstock

Se llaman servicios ecosistémicos los beneficios que las personas obtenemos de la naturaleza. Algunos son muy fáciles de entender, como las materias primas o la energía, pero otros resultan menos evidentes, como el ciclo del agua, la descomposición de residuos, la polinización o la protección frente a infecciones.

Alrededor del 60 % de las enfermedades que afectan a las personas son zoonosis, es decir, se transmiten entre animales y humanos. Además, el 75 % de las dolencias nuevas o emergentes también entran en esta categoría.

Los ecosistemas bien conservados actúan como una barrera natural frente a estas patologías. Por un lado, mantienen separadas a las personas de la fauna silvestre, y por otro, favorecen procesos que reducen la propagación de patógenos. Un ejemplo de esto es cuando los depredadores eliminan a los animales enfermos, que suelen ser más débiles. Además, si hay gran variedad de especies en un ecosistema, los patógenos se diluyen entre distintos tipos de animales y es menos probable que lleguen a los humanos.

¿Qué ocurre cuando se rompe el equilibrio?

Los bosques tropicales húmedos, como los de la Amazonía, África ecuatorial o el sudeste asiático, son puntos calientes de biodiversidad, regiones que albergan una concentración excepcional de especies endémicas y únicas, pero que están gravemente amenazadas por la actividad humana. Al mismo tiempo, albergan muchos microorganismos capaces de provocar enfermedades.

Y estos ecosistemas están siendo alterados por el extractivismo. Tras el descubrimiento de un recurso, una de las primeras alteraciones suele ser la construcción de carreteras. Éstas permiten extraer materias primas y derivan en la llegada de personas, animales domésticos y nuevas actividades económicas a zonas que antes estaban aisladas, favoreciendo la circulación de enfermedades.




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Aunque los recursos naturales se agoten, las personas suelen quedarse y, con el tiempo, se establecen más comunidades. Para cultivar la tierra, se talan o queman árboles, creando un patrón de deforestación “en forma de espina de pescado”, con la carretera original como eje principal. Esto aumenta la presión sobre el entorno: se caza más, crece la población y aparecen nuevos asentamientos.

Además, en muchas de estas zonas se acompaña de otros problemas como pobreza, falta de infraestructuras o poca presencia gubernamental.

Consecuencias ecológicas y sanitarias

Otra de las consecuencias de este fenómeno es que el contacto entre personas, animales domésticos y fauna silvestre se vuelve más estrecho. Como resultado, se pierden los beneficios de un ecosistema sano. Las dinámicas naturales cambian: disminuyen los grandes depredadores, que eliminaban a los animales enfermos.

Al mismo tiempo, prosperan especies más generalistas, organismos capaces de prosperar en una amplia variedad de condiciones ambientales y utilizar diversos recursos alimenticios. También aumentan los vectores artrópodos, transmisores de enfermedades como mosquitos, garrapatas o chinches que son atraídos por los nuevos asentamientos humanos. El cóctel perfecto para que aumente el riesgo de transmisión de enfermedades.




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Mascotas como puentes epidemiológicos en la Amazonía

En la Amazonía, las mascotas, especialmente los perros, están protagonizando un papel clave en este proceso. Los canes suelen acompañar en la caza, se mueven libremente y su alimentación depende en parte de lo que encuentran por sí mismos. Esto hace que entren en contacto directo con fauna silvestre, tanto en forma de depredadores como de presas. A pesar de ello, siguen formando parte del entorno doméstico y mantienen un contacto estrecho con las personas.

Por estas razones, las mascotas pueden actuar como un puente entre las enfermedades de la fauna silvestre y los humanos. Al alimentarse de animales salvajes o entrar en contacto con sus restos, orina o heces, pueden infectarse con distintos patógenos, como la rabia, la toxoplasmosis, la leptospirosis o parásitos intestinales, entre otros. Pero la transmisión también funciona en sentido contrario. Las mascotas pueden contagiar enfermedades a la fauna silvestre, como moquillo canino, parvovirus, leucemia e inmunodeficiencia felina o sarna.

Además, muchos invertebrados transmisores, como pulgas, garrapatas y mosquitos, pican tanto a animales como a personas. Si estos insectos se infectan, pueden contagiar la leishmaniosis, la dirofilariosis o la babesiosis, entre otras enfermedades graves. En muchos casos, las mascotas actúan como amplificadores del patógeno, facilitando su dispersión.

La Amazonía es inmensa y todavía poco explorada en muchas áreas. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones se han realizado en zonas periféricas.

Esto se debe a que son más accesibles, aunque también a que están más degradadas y estresadas. Precisamente por ello, son áreas especialmente importantes epidemiológicamente. Pero aún sabemos poco sobre lo que ocurre en el interior mejor conservado. ¿Qué podría estar pasando en comunidades remotas o aisladas?

Conservación, salud e impacto planetario

Cuando se protege el territorio, por ejemplo mediante parques nacionales o cediendo la gestión a comunidades indígenas, disminuyen las actividades extractivistas. Como resultado, también se reduce el riesgo de transmisión de enfermedades. Por eso, es importante aplicar el enfoque de “Una Sola Salud” (One Health), que tiene en cuenta la relación entre la salud de las personas, los animales y el medio ambiente.

También es necesario mejorar la vigilancia de enfermedades y estudiar más las zonas menos conocidas. Y para ello la colaboración entre científicos, veterinarios, autoridades sanitarias y organizaciones ambientales es fundamental.

Puede parecer que lo que ocurre en la Amazonía está muy lejos de nuestra realidad diaria. Sin embargo, en el mundo actual, los problemas locales pueden tener consecuencias globales. Las pandemias recientes han demostrado que la destrucción de la naturaleza puede facilitar la aparición y expansión de enfermedades. Por eso, proteger los ecosistemas no solo es importante para conservar la biodiversidad, sino también para proteger la salud global.

The Conversation

Víctor M. Lizana Martín es miembro de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM)

ref. La amenaza que representan el extractivismo y las mascotas para la Amazonía y la salud global – https://theconversation.com/la-amenaza-que-representan-el-extractivismo-y-las-mascotas-para-la-amazonia-y-la-salud-global-278608

Centros de deportación de la UE: ¿qué son y cómo afectarán a los derechos de los migrantes y los solicitantes de asilo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Gil Bazo, Profesora Titular de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales y Cátedra Jean Monnet en Estudios Europeos, Universidad de Navarra

Fotosr52/Shutterstock

La UE está creando un nuevo sistema que facilitará la repatriación de los migrantes en situación irregular a sus países de origen. La legislación, conocida como el reglamento de retornos, incluye medidas que permiten detener a más personas –incluidos niños y familias– durante períodos de tiempo más prolongados.

Esto supone un cambio importante en la política migratoria europea, ya que hasta ahora los Estados miembros de la UE solo podían detener a migrantes en situación irregular como último recurso y en circunstancias específicas. Ni siquiera todos los Estados contaban con políticas de detención y, cuando las tenían, los centros de detención se encontraban casi siempre dentro de la UE. Esto permitía supervisar de cerca las garantías jurídicas.

Sin embargo, una votación reciente ha allanado el camino para que el nuevo reglamento cree “centros de retorno” en terceros países fuera de la UE. La Comisión Europea presenta estos centros de detención extraterritoriales como una “solución innovadora” para la gestión de la migración, con garantías de que velarán por los “derechos fundamentales”.

En la práctica, será muy difícil supervisar posibles violaciones de los derechos humanos y hacer cumplir las normas europeas en los centros de retorno fuera de Europa. El Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty, ha advertido de que podrían correr el riesgo de crear “agujeros negros de derechos humanos”.

El reglamento de retornos fue propuesto por la Comisión Europea en marzo de 2025. Su enfoque general fue acordado por el Consejo de Ministros en diciembre de 2025, y fue respaldado por el Parlamento Europeo el 26 de marzo.

El proceso legislativo se encuentra ahora en las últimas fases de negociación. Se espera que el reglamento de retornos, incluidas las disposiciones legales relativas a los centros de retorno, se adopte antes del verano para sustituir a la directiva de retornos de 2008.

¿Qué incluye la propuesta?

Los intentos de establecer centros de deportación se remontan a la década de 1980, aunque ninguno tuvo éxito. Uno de los más destacados fue la propuesta de 2003 del Reino Unido al Consejo Europeo para establecer centros regionales para la gestión de la migración irregular. Fue muy criticada y no obtuvo el apoyo de los otros 13 Estados miembros de la UE en aquel momento.

Más recientemente, en 2024, Italia estableció centros de detención de migrantes en Albania. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha citado estos centros como modelo para la gestión de la migración a escala de la UE.

El proyecto de reglamento de retornos, recientemente aprobado, permite establecer centros de retorno en terceros países con los que la UE haya celebrado un acuerdo.

Dichos acuerdos solo pueden establecerse con un “tercer país” designado en el que se respeten las leyes internacionales de los derechos humanos. Esto incluye el principio de no devolución, que impide que se envíe a personas a territorios donde su vida o su integridad física corran peligro.

Sin embargo, mis investigaciones sostienen que, para que un acuerdo con un tercer país cumpla plenamente con las obligaciones de los Estados en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, debe garantizar siempre la totalidad de los derechos de los refugiados. Entre ellos se incluyen el derecho de asilo, así como los derechos socioeconómicos garantizados por la Convención sobre los Refugiados. Esto también implica proporcionar acceso a la educación pública, el empleo, la vivienda, la seguridad social y los tribunales.

Ninguno de estos derechos está garantizado explícitamente en el proyecto de reglamento de retornos. El envío de refugiados a países fuera de la UE conlleva el riesgo de que nunca se les conceda la totalidad de los derechos que les corresponden en virtud de la Convención sobre los Refugiados.




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Cómo la ley hace posibles los centros de retorno

Los centros de deportación son posibles gracias al efecto combinado del nuevo reglamento de retornos y otros instrumentos del Pacto sobre Migración y Asilo de 2024.

En particular, el concepto de “tercer país seguro” del Reglamento de Procedimientos de Asilo de 2024 se ha ampliado mediante un nuevo reglamento adoptado en febrero de 2026.

Este concepto permite a los Estados miembros rechazar de plano las solicitudes de asilo, sin examinar el fondo de la solicitud, basándose en que el solicitante estaría a salvo de peligro o persecución en un “tercer país seguro” fuera de la UE. Se trata de países que tienen un acuerdo con la UE (o con sus Estados miembros), en el que se comprometen a examinar las solicitudes de asilo presentadas por personas rechazadas por la UE.

Sin embargo, incluso cuando un solicitante no cumple los criterios para ser considerado refugiado o persona que, por otros motivos, necesita protección internacional, las leyes internacionales de los derechos humanos pueden seguir imponiendo obligaciones de no devolución a los Estados miembros de la UE.

Si bien las personas tienen derecho a recurrir la decisión de que un país es “seguro” para ellas, el nuevo reglamento implica que podrían no tener derecho a permanecer en el territorio del Estado miembro en cuestión mientras el tribunal examina dicho recurso.

Al enviar a los solicitantes al extranjero, a países no pertenecientes a la UE, las nuevas normas podrían hacer prácticamente imposible el ejercicio de los derechos garantizados por la UE. Esto incluye el derecho de asilo y el derecho a un recurso efectivo, que abarca expresamente la posibilidad de recibir asesoramiento, defensa y representación ante los tribunales.




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¿Qué supondrá la nueva ley para los migrantes?

El sistema diseñado por la UE dará lugar a que tanto personas individuales como familias con niños sean deportadas a países con los que no tienen vínculos. Serán objeto de detención fuera de la UE, en condiciones que serán difíciles de supervisar.

Los niños son motivo de especial preocupación. Los propios datos de la UE muestran que miles de menores, incluidos los que viajan con sus familias, desaparecen tras llegar a Europa. Se teme que muchos sean explotados y sufran abusos con fines sexuales o laborales.




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Si estos problemas surgen dentro de las fronteras de Europa –donde la detención de inmigrantes se rige por las normas del Estado de derecho desarrolladas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal de Justicia de la UE–, sin duda serán mucho más difíciles de controlar fuera de la UE.

Con este nuevo sistema, Europa se aleja de su papel histórico como defensora y artífice del régimen internacional de protección de los derechos humanos a principios del siglo XX. En un momento en que el mundo registra más víctimas de conflictos, violaciones de los derechos humanos y persecuciones que nunca, dicho régimen es ahora especialmente necesario.

The Conversation

María Teresa Gil Bazo ha recibido financiación para investigación y consultoría de la UE y de la ONU. En 2024, la Comisión Europea le concedió la Cátedra Jean Monnet sobre Asilo y Migración en la UE, y en 2015 fue nombrada experta externa de la Agencia de Asilo de la UE (antes EASO), con un mandato de cinco años.

ref. Centros de deportación de la UE: ¿qué son y cómo afectarán a los derechos de los migrantes y los solicitantes de asilo? – https://theconversation.com/centros-de-deportacion-de-la-ue-que-son-y-como-afectaran-a-los-derechos-de-los-migrantes-y-los-solicitantes-de-asilo-279809

La historia de Juan o cómo aprende y evoluciona una persona con esquizofrenia a lo largo de su vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Ortiz-Gil, Lecturer, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

PeopleImages.com – Yuri A/Shutterstock

Imaginemos que Juan, una persona ficticia, tiene esquizofrenia y manifiesta las características más frecuentes de este trastorno. De inmediato podemos pensar que en algunos momentos oye voces que le animan a hacerse daño y que le menosprecian.

Tampoco nos extrañará que pueda considerar, sin motivo, que la gente está en su contra o que sus vecinos se han conjurado para espiarlo.

Sin embargo, probablemente no tendremos en cuenta que, como persona adulta y con poco más de 20 años, sus capacidades de razonamiento, para recuperar recuerdos y para controlar sus reacciones, así como la velocidad a la que funciona su mente están afectadas de forma importante.

Asimismo, Juan puede tener dificultades en la gestión emocional y en las relaciones sociales, como por ejemplo en la interpretación de las emociones que muestran otras personas. Todo esto condicionará cómo gestiona su hogar o quizá le generen muchas dificultades para mantener un empleo estable.

Los antecedentes

En la familia de Juan ya hay antecedentes de personas con problemas importantes de salud mental.

El tío de su padre era el “loco del pueblo” cuando su familia vivía en un pueblecito de comarca valenciana de La Costera. Asimismo, ingresaron al hermano de su padre en el antiguo manicomio de Bètera durante un episodio en el que experimentó una alegría desmesurada e hizo una gran fiesta con sus amistades, durante la que gastó los pocos ahorros que tenía.

El parto de Juan, en febrero de 1970, fue difícil. La infancia y adolescencia de Juan también lo fueron. Su familia migró del pequeño pueblo de La Costera a la localidad de Mislata, porque el trabajo en el campo no daba suficiente dinero a su padre y a su madre para criar a Julia, la hermana mayor de Juan, y al propio Juan. La situación económica en Mislata no mejoró demasiado y el padre pasaba el poco tiempo libre que tenía en el bar, jugando al dominó y bebiendo cerveza.

El Juan niño y adolescente

Juan fue un niño solitario y con dificultades escolares, cada vez más importantes conforme avanzaban los cursos. Asimismo, tenía ideas y conductas extrañas, como hablar con las piedras hasta los 12 años porque tenían “alma”. En todo esto se parecía a su hermana Julia.

Pero a Juan, sobre todo, le costaba memorizar los contenidos académicos. A duras penas, consiguió sacarse el título de técnico de Farmacia y el carné de conducir.

El joven Juan

Con 19 años, prácticamente había perdido el contacto con los amigos del instituto y no tenía nuevos. Pasaba una parte importante de su tiempo libre en su habitación, fumando tabaco y cannabis.

Cada vez estaba más ansioso y no tuvo una inserción laboral exitosa. Comenzó a trabajar en diferentes tiendas y farmacias. Fue despedido de varias de ellas, lo que le causó mucha frustración.

Primer episodio psicótico

A los 21 años, un día comenzó a oír voces que le insultaban y le animaban a hacerse daño porque era “lo que se merecía”. No salió de la habitación hasta que, dos días después, su padre, muy preocupado por lo que había vivido con su tío y su hermano, contactó con el médico de familia.

Fue ingresado de manera involuntaria en la unidad de agudos de psiquiatría del Hospital de la Fe (València), de donde salió con una disminución significativa de las voces y del malestar asociado.

La familia también lo encontró, a raíz de este episodio, más despistado y más torpe mentalmente, así como más lento, problemas que ha mantenido el resto de su vida con épocas mejores y peores.

Juan durante la etapa adulta

No volvió a trabajar ni a conducir. Y dos años después del primer ingreso decidió dejar la medicación, porque el psiquiatra no le hacía caso y porque no tenía ningún motivo para medicarse.

Esto llevó a otro ingreso involuntario, del que volvió a casa más estabilizado y con la indicación a la familia de que debían encargarse de que Juan tomara la medicación cada día. Con la toma regular de los fármacos, los nuevos episodios psicóticos se han ido espaciando y las voces cada vez aparecen menos.

Sigue teniendo una leve desconfianza y la lentitud va en aumento, aunque en general sus habilidades mentales se mantienen estables. Sin embargo, cada vez le cuesta más ponerse a hacer actividades cotidianas, como mantener su habitación ordenada y participar en las tareas domésticas.

Asimismo, tiene tendencia al sedentarismo, continúa fumando y su dieta no es la ideal.

Por otra parte, acude con regularidad al servicio donde realiza la rehabilitación de las funciones cognitivas y de las tareas del día a día, así como actividades de socialización, yoga y otras.

Desde los 45 años, Juan vive en un piso tutelado coordinado por una asociación de atención a personas con trastornos mentales. Este cambio de residencia se produce a raíz de que su padre sufriera un ictus con importantes repercusiones motoras y cognitivas.

El posible Juan anciano

Los monitores del piso detectan que a los 65 años Juan está cada vez más despistado y presenta más olvidos.

Los especialistas de neurología y neuropsicología descartan que padezca alguna demencia primaria asociada, como la enfermedad de Alzheimer. De hecho, la posterior mejoría en la memoria muestra que este descenso sería parte del curso fluctuante en las capacidades mentales que suele darse en la esquizofrenia.

Y una mañana de 2040, encuentran a Juan muerto en su cama, con 70 años. La autopsia certifica la causa: un ataque al corazón. De hecho, las personas con esquizofrenia tienen una esperanza de vida de 10 o más años más corta que la población general, sobre todo por los factores de riesgo cardiovascular.

La vida ficticia de Juan nos muestra que los problemas cognitivos (memoria, velocidad mental, capacidad de autocontrol, organización…), emocionales y relacionales están presentes durante toda la vida de todas o casi todas las personas con esquizofrenia.

Por eso, estos problemas deberían ser objetivos fundamentales del tratamiento dentro de un abordaje integral con enfoque biopsicosocial, con el fin de que la persona tenga una vida lo más autónoma posible y con la mayor calidad.

The Conversation

Esta es una adaptación de la ponencia realizada en el XVII Congreso Nacional de Neuropsicología/I Congreso internacional de Neuropsicología, que organizó la Federación de Asociaciones Españolas en València del 5 al 7 de marzo de 2026.

ref. La historia de Juan o cómo aprende y evoluciona una persona con esquizofrenia a lo largo de su vida – https://theconversation.com/la-historia-de-juan-o-como-aprende-y-evoluciona-una-persona-con-esquizofrenia-a-lo-largo-de-su-vida-278114

50 años después, ¿qué queda del espíritu de ‘Todos los hombres del presidente’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Castrillo Maortua, Profesor del Departamento de Cultura y Comunicación Audiovisual, Universidad de Navarra

Desde la izquierda, Dustin Hoffman, Robert Redford, Jason Robards, Jack Warden y Martin Balsahm en un fotograma de _Todos los hombres del presidente_. Warner Bros.

A mediados de los setenta, el cine de Hollywood había adquirido tintes nuevos. En su paleta habían hecho acto de aparición el cinismo, la ambigüedad y la autocrítica. La fe en el poder del individuo para cambiar el mundo, que había sido uno de sus pilares narrativos –por no decir míticos– se resquebrajaba en relatos trágicos y dramas existencialistas. También en géneros novedosos como el thriller político, que despuntaba gracias a películas desafiantes como La Conversación de Francis Ford Coppola (1974), El último testigo de Alan J. Pakula (1974), Los tres días del cóndor de Sidney Pollack (1975) y otras que la historia no ha recordado con tanto aprecio pero que abanderaron cambios profundos en el cine estadounidense.

Además de grandes cineastas y estrellas emblemáticas, estas películas tenían en común la impugnación de un sistema político que operaba en contra del individuo y la verdad. El contexto ciertamente lo propiciaba: eran los años de escalada bélica en Vietnam y el escándalo de los Papeles del Pentágono. Eran tiempos de conflicto social en torno a los derechos civiles; del movimiento estudiantil y la contracultura; de los asesinatos de Martin Luther King Jr. y Bobby Kennedy. También de los disturbios en las calles de Chicago al grito de “The world is watching!”.

Y eran los años de la Administración Nixon, que protagonizó el escándalo político por excelencia: el caso Watergate.

Portada de Todos los hombres del presidente, el libro, en inglés.
Portada de la primera edición del libro de Bernstein y Woodward de 1974.
Wikimedia Commons

Aquella trama de juego sucio electoral y su posterior encubrimiento se convirtió en el arquetipo de la corrupción política en el imaginario popular. Pero su investigación y revelación también demostraron el servicio insustituible que un periodismo riguroso y libre podía prestar a la sociedad. Ese ejemplar trabajo de reporterismo fue recogido por sus autores Bob Woodward y Carl Bernstein en el libro Todos los hombres del presidente, cuya adaptación cinematográfica cumple ahora 50 años.

Menos oscuridad y más heroicidad

Robert Redford, ya establecido en su estrellato, compró los derechos del libro por casi medio millón de dólares antes de su publicación. El director elegido para rodarla fue Alan J. Pakula, quien había demostrado un estilo paranoide y psicológicamente retorcido en el neo-noir Klute (1971) y en la citada El último testigo. En esta, Warren Beatty interpretaba a un periodista obsesionado con la investigación de un magnicidio en el que reverberaba el asesinato de JFK. Pakula completaba así lo que después se llamó “la trilogía de la paranoia”.

Aparte de su perenne actualidad, lo que hace a Todos los hombres del presidente tan especial es que, sin dejar de abrazar el tono oscuro y estilo desafiante de los thrillers políticos de su tiempo, se desvía de ellos de un modo inesperado al afirmar la validez y la eficacia de la acción heroica.

Como en tantas otras obras del género, la película enfrenta al individuo –en este caso, dos periodistas jóvenes y no exentos de defectos personales– con un poder político fuera de control y decidido a sofocar la verdad. Y como en tantas películas de detectives, estos héroes ordinarios emprenden una búsqueda de información: sus únicas armas frente al poder son el conocimiento y la evidencia.

Así, una vez detectada la noticia, Woodward y Bernstein se afanan por encontrar rastros y pistas a pesar del silencio de testigos atemorizados, del escepticismo de algunos de sus editores, y de una sensación tenue pero persistente de que sus vidas corren peligro.

Y es que en Todos los hombres del presidente los antagonistas son prácticamente invisibles: el punto de vista narrativo de la película se mantiene invariablemente centrado en los reporteros, sin concesiones a la omnisciencia, transmitiendo al espectador la desorientación que ellos mismos padecen.

Pero esto también hace que gran parte del suspense de la película esté empíricamente injustificado. El fuera de campo, los planos subjetivos sin sujeto, las composiciones desequilibradas y los juegos entre música y silencio sugieren la proximidad de un peligro no inverosímil pero sí nebuloso. O sea, propio de la paranoia.

Aun así, los reporteros del Washington Post logran algo que sus colegas del género rara vez disfrutan: un efecto en el mundo, un cambio real. Aquí la historia viene en auxilio del relato: los reportajes de Woodward y Bernstein suscitaron una serie de investigaciones que abocaron al presidente Nixon a la dimisión (la única renuncia presidencial hasta la fecha en los EE. UU.) en 1974, dos años después de la publicación de las primeras informaciones.

Periodistas por encima de la noticia

Este desenlace, inusual final feliz para un thriller político minuciosamente realista, tuvo además el efecto secundario de elevar al reportero al Olimpo de los héroes. Cabe imaginar que esto se debió, en buena medida, al carisma actoral de Redford y su coprotagonista (y contrapunto), Dustin Hoffman. Es significativo que aquí pareció nacer un pequeño pero fértil subgénero de thrillers periodísticos: El síndrome de China (1979), Bajo el fuego (1983), Salvador (1986), El informe pelícano (1993), del propio Pakula; El dilema (1999), La sombra del poder (2009), Spotlight (2015) y Los archivos del Pentágono (2017), película que abandona su trama justo donde comienza la de Todos los hombres del presidente.

Un columnista del momento escribió que “por primera vez, los periodistas se están haciendo más famosos que la gente sobre la que escriben”. En el caso Watergate, ese reconocimiento al reportero-estrella fue con toda seguridad merecido (siempre y cuando no se olvide al editor Ben Bradlee, memorablemente interpretado en la película por Jason Robards).

Una televisión muestra a Richard Nixon en medio de una redacción periodística mientras dos hombres trabajan al fondo.
Captura de la última escena en Todos los hombres del presidente.
Warner Bros.

Pero tal vez, para algunos de aquellos jóvenes que empezaron a soñar con convertirse en periodistas alentados por los héroes de la pantalla, esa aspiración pudo ser la semilla de una cierta desnaturalización profesional. Puede que parte de la desconfianza actual hacia el periodismo, que se ha ido asentando por muchas razones en estos cincuenta años, también tenga algo que ver con la subordinación del deber de informar a la necesidad de relevancia pública del periodista.

Por eso el plano final de Todos los hombres del presidente es tan significativo: mientras la redacción del Washington Post se arremolina excitada en torno a los televisores que emiten la segunda inauguración presidencial de Nixon, los esforzados Woodward y Bernstein permanecen sentados ante sus máquinas de escribir, tecleando con una concentración espartana. Pakula elige esa última imagen para sus protagonistas como si quisiera insinuar que, lejos de ceder a la tentación de interponerse entre la verdad y el público a quien es debida, estos héroes urbanos vuelven al trabajo. Porque cuando se trata de decir la verdad sobre las mentiras del poder, lo que hay en juego es demasiado importante.


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Pablo Castrillo Maortua no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. 50 años después, ¿qué queda del espíritu de ‘Todos los hombres del presidente’? – https://theconversation.com/50-anos-despues-que-queda-del-espiritu-de-todos-los-hombres-del-presidente-279817

Se acerca la llegada del euro digital: dinero público para la era móvil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Débora González Celdrán, Profesora lectora en Finanzas, Universitat de Barcelona

Who is Danny/Shutterstock

El dinero está cambiando a una velocidad que hace apenas unos años habría parecido impensable. En una década, las tarjetas de crédito y débito y el móvil han desplazado al efectivo, según un estudio del Banco Central Europeo. Cada vez se usan menos billetes y monedas: el dinero físico está dejando paso al electrónico.




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Una carrera global hacia el dinero público digital

En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) trabaja en el lanzamiento del euro digital, una versión electrónica del dinero público, con el objetivo de ofrecer una opción pública y segura para realizar pagos digitales.

Europa no está sola en esta carrera: más de 130 países están explorando o ya han lanzado su propia moneda digital. China lidera el grupo con su yuan digital, que acumula más de 7 billones de yuanes en transacciones y se usa en más de 26 ciudades.

La idea parece sencilla, pero sus implicaciones no lo son tanto. ¿Qué supondría para la ciudadanía? ¿Cómo afectaría al sistema financiero?

¿Qué es exactamente el euro digital?

El euro digital es dinero público no bancario: tan válido como un billete físico, pero digital, proporcionado por el Banco Central Europeo, sin bancos privados de por medio. A diferencia del saldo en una cuenta, una promesa del banco que puede fallar, es tan seguro como el efectivo.

Los euros digitales se guardarán en una billetera virtual que, aunque similar en su manejo, no será como las tarjetas bancarias tradicionales (físicas o almacenadas en el móvil) porque estará ligada al dinero público emitido por el BCE y no al dinero depositado en un banco privado. Las tarjetas de débito seguirán dependiendo de cuentas bancarias tradicionales, mientras que el euro digital será como llevar efectivo en el bolsillo: un saldo que no depende de la solvencia de ninguna entidad financiera.

El euro digital no va a servir para pedir préstamos o invertir, ni va a generar intereses. Simplemente será un instrumento de pago, como el efectivo, las tarjetas o Bizum. El BCE no tendrá las funciones de la banca comercial y no va a abrir cuentas personales: serán las entidades financieras quienes faciliten las billeteras digitales, igual que hoy ofrecen las tarjetas y las cuentas corrientes. Los comercios lo aceptarán, igual que aceptan el dinero en efectivo.

Una característica clave: el euro digital funcionará también sin conexión a internet, lo que permitirá pagos en zonas rurales o ante fallos de red. Esto lo diferencia de la mayoría de los servicios bancarios digitales actuales.




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El camino hacia 2029: fases y calendario

En febrero de 2026, el Parlamento Europeo respaldó formalmente el proyecto del euro digital, calificándolo de “esencial” para la soberanía monetaria europea.

Mientras, el BCE desarrolla la infraestructura técnica y legal para su implantación. El Banco de España ha resumido este proceso en un calendario que muestra cómo el euro digital avanza hacia una posible emisión en 2029.

  • 2026-2027: Desarrollo tecnológico y pruebas piloto en distintos países europeos.

  • 2028: Lanzamiento de un programa de uso limitado entre comercios y ciudadanos seleccionados.

  • 2029: Posible emisión oficial del euro digital en toda la zona euro, si las pruebas son satisfactorias y no se compromete la estabilidad financiera.

Calendario tentativo del euro digital.
Fuente: Banco de España

Privacidad: ¿quién puede saber cuánto guardamos en nuestro monedero digital?

Uno de los debates más sensibles es el de la privacidad. En el caso del euro digital, el diseño planteado por el BCE garantiza que ni los gobiernos ni los bancos centrales podrán saber los saldos y movimientos de los ciudadanos. Solo las entidades financieras tendrán esa información, tal y como sucede ahora.

Además, en el modo de pago sin conexión a internet ,ni siquiera la entidad financiera conocería los detalles de cada transacción. Por lo tanto, el euro digital va a funcionar con un nivel de privacidad comparable al efectivo.

El euro digital y el sistema bancario

Un estudio del Fondo Monetario Internacional (2022) advierte del riesgo de que, si los ciudadanos trasladan parte de sus depósitos bancarios a billeteras de euro digital, los bancos podrían ver reducida su capacidad para conceder créditos, uno de sus negocios principales.

Para proteger la estabilidad del sistema bancario, el BCE limitará el euro digital a unos 3 000 euros por persona. Así se evita el riesgo de que las entidades se queden sin fondos para dar hipotecas o préstamos.

Los riesgos del euro digital

Por otra parte, una red de pagos para cientos de millones de europeos sería el blanco perfecto para los hackers. El Banco de Pagos Internacionales ha advertido de que, si fallase la seguridad de la moneda digital europea, podría derrumbarse de golpe la confianza en el sistema financiero.

Se hace necesario garantizar que la versión digital del euro sea inclusiva y accesible, mediante un diseño tecnológico que permita su funcionamiento sin conexión a la red y en dispositivos de gama baja, y que cumpla con los criterios de accesibilidad. En 2023, la oficina estadística de la Comisión Europea (Eurostat) calculaba que el 21 % de los europeos entre 16 y 74 años no tenía las habilidades digitales básicas.

Uno de los riesgos más temidos es que el euro digital pueda convertirse en una herramienta de control. En China, el yuan digital permite al gobierno ver cada transacción realizada por sus usuarios, y ese es un modelo que Europa rechaza explícitamente, como señaló Christine Lagarde, presidenta del BCE, en una rueda de prensa.

El euro digital representa la evolución natural del dinero público en una economía cada vez más digital. Su éxito dependerá de que ofrezca seguridad, respete la privacidad y sea accesible para todos los ciudadanos.

The Conversation

Débora González Celdrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Se acerca la llegada del euro digital: dinero público para la era móvil – https://theconversation.com/se-acerca-la-llegada-del-euro-digital-dinero-publico-para-la-era-movil-276709

Adolescencia, paciencia y rendimiento académico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Brañas-Garza, Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico, Universidad Loyola Andalucía

AlexandrMusuc/Shutterstock

La capacidad de posponer la gratificación, lo que comúnmente llamamos paciencia, está presente desde la infancia y mejora con la edad, aunque experimenta cambios relevantes durante la adolescencia. Gracias a la maduración y sofisticación de los mecanismos de toma de decisiones y planificación, los adolescentes comienzan a ser capaces de soportar esperas más largas, es decir, posponer la gratificación inmediata a cambio de un beneficio mayor en el futuro.

Tener más o menos paciencia en la adolescencia tiene su importancia: tanto los resultados escolares como los hábitos más saludables –menor consumo de alcohol y tabaco, menor IMC y mejor comportamiento en el colegio– están relacionados con la orientación al futuro. Es decir, con la capacidad de realizar acciones cuyos beneficios no son inmediatos.

Así como las personas pacientes esperan a que la fruta esté madura –frente a quienes la recogen antes de tiempo–, los estudiantes más pacientes tienden a obtener mejores resultados, hacen más deporte o ahorran (y sacrifican consumo presente) para tener resultados que llegarán más tarde.

La paciencia es un rasgo de la personalidad que puede evaluarse científicamente. La evidencia nos dice que hay personas con una paciencia innata, o que al menos traen parte de esta característica “de serie”; pero también que evoluciona con la edad y que puede modificarse mediante intervenciones en etapas tempranas.

A través del consorcio de investigación TeensLab hemos recabado datos de más de 5 000 adolescentes en 25 centros escolares españoles.
Hemos analizado si la paciencia cambia a lo largo de la adolescencia y cómo influye en los resultados académicos.




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¿De qué depende la paciencia?

¿Qué explica entonces que algunos adolescentes sean más pacientes que otros? Nuestros resultados apuntan claramente en dos direcciones.

La primera tiene que ver con el control cognitivo –que no es lo mismo que el razonamiento abstracto o la inteligencia fluida– y que nos muestra cómo la gente se enfrenta a problemas de decisión. Los estudiantes con mayor capacidad de reflexión y razonamiento tienden a ser más pacientes. Esto sugiere que la paciencia no es únicamente una cuestión de carácter, sino que está estrechamente vinculada a cómo procesamos la información y tomamos decisiones.

La segunda tiene que ver con el entorno social. Observamos que los estudiantes pacientes tienden a rodearse de otros estudiantes también pacientes. Es decir, la paciencia “se agrupa” en redes de amistad. Aunque no podemos determinar si los adolescentes se influyen entre sí o, simplemente, si eligen amigos similares, lo que es evidente es que el entorno cercano importa mucho.

Curiosamente, nuestros datos dicen que los estudiantes más pacientes están en las clases más grandes y no en las más pequeñas.

¿Hay diferencias entre chicos y chicas?

No hemos encontrado diferencias relevantes en los niveles de paciencia entre ambos grupos, especialmente en las primeras etapas de la adolescencia.

A medida que los estudiantes crecen, sí aparecen algunos matices: las chicas tienden a tomar decisiones algo más “sofisticadas”, combinando opciones presentes y futuras en lugar de elegir siempre lo inmediato o siempre lo futuro. Pero esto no implica que sean más pacientes que los chicos, sino que su forma de decidir se vuelve más compleja.

¿La paciencia influye en las notas?

La respuesta es sí, aunque con matices. Encontramos que los estudiantes más pacientes tienden a obtener mejores resultados académicos. La relación no es enorme, pero sí consistente: aquellos que valoran más el futuro frente al presente (son más pacientes) parecen estar más dispuestos a invertir esfuerzo ahora para obtener a los resultados a medio plazo.

Esto encaja bien con la intuición: estudiar es, en gran medida, una inversión. Requiere esfuerzo hoy para obtener beneficios mañana. Los estudiantes más pacientes están mejor preparados para hacer ese tipo de sacrificios.

Ahora bien, nuestros resultados también sugieren que esta relación está en parte mediada por el control cognitivo. Es decir, la misma capacidad que facilita una mejor toma de decisiones –una mejor planificación temporal del esfuerzo debida a una menor impaciencia– también puede estar detrás de un mejor rendimiento académico, es decir, mejor asimilación de conceptos debida a mayor reflexión.

Implicaciones para la educación

¿Qué podemos aprender de todo esto? La primera lección es que la paciencia no es un rasgo fijo e inmutable: está relacionada con habilidades cognitivas que pueden desarrollarse y con entornos sociales que pueden moldearse.

Esto abre la puerta a pensar que la educación puede servir no sólo como una forma de transmitir conocimientos, sino también como una herramienta para formar preferencias. Educar a los estudiantes para posponer gratificaciones, para controlar la necesidad de resultados inmediatos, puede generarles mejores resultados a lo largo de la vida; por ejemplo, menor consumo de tabaco, alcohol y otras drogas. Hay evidencia de que intervenciones sobre atención, la autorregulación y la capacidad de reflexión mejoran la paciencia a edades muy tempranas.




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La segunda lección es que los compañeros importan. Las redes de amistad dentro del aula están asociadas a patrones similares de comportamiento, lo que abre la puerta a que ciertas intervenciones educativas puedan generar efectos indirectos, aunque identificar estos mecanismos de forma causal sigue siendo un reto. Por ejemplo, programas de autocontrol y cambios en la composición de los grupos o actuaciones sobre alumnos influyentes.

Mediciones con impacto académico

Por último, nuestros resultados indican que medir la paciencia de los estudiantes podría aportar información valiosa. Dado que existen herramientas sencillas para hacerlo, incorporar este tipo de mediciones podría ayudar a entender mejor las diferencias en el rendimiento académico y a diseñar políticas educativas más eficaces.

En definitiva, si queremos mejorar los resultados educativos, quizá deberíamos ir más allá de los conocimientos y enseñar también a tomar decisiones. Educar la toma de decisiones, especialmente cómo equilibrar beneficios presentes y futuros, no sólo influye en el rendimiento académico, sino que es una herramienta esencial para toda la vida.

The Conversation

Pablo Brañas-Garza recibe fondos de Ministerio de Economía y Competitividad (PID2021-126892NB-100), Excelencia-Junta (PY-18-FR-0007), Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID-0I008/2020) and the European Union’s Horizon Europe Research and Innovation Programme under Grant Agreement number 101095175 (SUSTAINWELL project).

ref. Adolescencia, paciencia y rendimiento académico – https://theconversation.com/adolescencia-paciencia-y-rendimiento-academico-279027

Dormir vigilados: cuando la tecnología que mide el sueño acaba empeorándolo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

Antonov Maxim/Shutterstock

Durante siglos, dormir fue un acto privado y bastaba con despertar descansado. Hoy, en cambio, la noche se ha llenado de sensores. Pulseras, anillos y relojes inteligentes registran nuestros movimientos, nuestro pulso y hasta nuestra respiración. El sueño ha pasado de ser una experiencia a convertirse en un dato: lo convertimos en gráficas, lo comparamos y lo evaluamos. Y, cuanto más lo medimos, más parece escaparse.

La popularización de dispositivos como Fitbit, Apple Watch y Oura ha llevado esta transformación a la vida cotidiana. Cada mañana millones de personas consultan una aplicación que les asigna una puntuación. Así, en teoría, pueden saber cuántas horas han dormido, cuánto tiempo han pasado en sueño profundo o en fase REM y cuántas veces se han despertado.

El mensaje implícito es claro: si medimos el sueño podremos optimizarlo.

Esa aparente precisión es, en gran medida, una ilusión. Estos dispositivos no leen el cerebro: infieren el sueño a partir de señales indirectas como el movimiento o el pulso. En noches tranquilas pueden estimar razonablemente cuánto hemos dormido, pero su precisión cae cuando intentan identificar las fases del sueño. En especial les cuesta distinguir entre estados como el sueño profundo y el REM, que solo pueden medirse mediante pruebas que registran directamente la actividad cerebral, como la polisomnografía.

Además, los márgenes de error no son menores. Estudios científicos muestran desviaciones que pueden superar la hora en la estimación del tiempo total de sueño. Al analizar las distintas fases las variaciones son aún mayores.

Dormir no es un examen

Sin embargo, cada vez más personas toman decisiones basándose en estos datos. Ajustan horarios, modifican rutinas y se preocupan por indicadores cuya fiabilidad es limitada. El problema no es solo técnico, sino también psicológico. Cuando el dispositivo se convierte en referencia, la experiencia subjetiva pierde peso.

Aquí entra en juego un fenómeno cada vez más frecuente: la “ortosomnia”, el insomnio nacido del intento obsesivo de dormir bien. Se trata de personas que se acuestan intentando hacerlo bien y que, al despertar, revisan compulsivamente las métricas en busca de confirmación. La ironía es evidente: el sueño no se lleva bien con el control. Dormir con un dispositivo que evalúa tu noche es, en cierto modo, como hacerlo con un supervisor en la mesilla.

Los datos pueden convertirse en una profecía autocumplida. Creer que hemos dormido bien puede mejorar nuestra percepción de energía. Creer que pasamos una mala noche puede hacernos sentir peor, incluso cuando el descanso ha sido suficiente. Es el efecto placebo y su reverso, el nocebo. La expectativa acaba moldeando la experiencia.

El auge de esta tecnología refleja una tendencia más amplia: la cuantificación de la vida cotidiana. En un mundo obsesionado con el rendimiento, el descanso ha pasado de ser una necesidad biológica a convertirse en una variable que optimizar. Pero el sueño no funciona como un indicador de productividad y no mejora cuanto más lo vigilamos.

Dormir exige condiciones relativamente simples como regularidad, tiempo suficiente y un entorno adecuado, pero también algo menos tangible. Nos referimos a la capacidad de soltar el control. Es precisamente eso lo que la monitorización constante dificulta. Convertir el descanso en un objeto de evaluación introduce atención, expectativa y juicio en un proceso que, por definición, requiere lo contrario.

Sobran pantallas y falta confianza

Por todo esto, el problema no es solo que los dispositivos se equivoquen (que lo hacen, incluso los más sofisticados), sino que transforman la relación que mantenemos con nuestro propio descanso. Antes uno se despertaba y sabía cómo estaba. Hoy cada vez más personas miran primero la pantalla y, a partir de ahí, deciden cómo se sienten.

Cuando el dato contradice al cuerpo casi siempre gana el dato. Utilizada con criterio, la tecnología puede ser útil para identificar patrones o mejorar hábitos generales. Pero sus datos no deben interpretarse como medidas precisas ni sustituir la percepción subjetiva o la evaluación clínica. Ante todo, conviene evitar una dependencia excesiva de estas métricas.

En ese sentido, quizá la recomendación más sensata en la era de los dispositivos no sea medir más el sueño, sino recuperar algo que hemos ido perdiendo. Es decir, la confianza en nuestra propia capacidad de dormir.

Porque el mayor riesgo no es dormir mal una noche, sino empezar a dudar de que sabemos hacerlo. Como resultado, podríamos acabar durmiendo para un dispositivo en lugar de para nosotros mismos.

(Una versión de este artículo fue publicada originalmente en la revista Telos de Fundación Telefónica).

The Conversation

Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dormir vigilados: cuando la tecnología que mide el sueño acaba empeorándolo – https://theconversation.com/dormir-vigilados-cuando-la-tecnologia-que-mide-el-sueno-acaba-empeorandolo-278637

Cessez-le-feu au Moyen-Orient : l’approvisionnement en pétrole va demeurer instable, forçant des mesures que l’on croyait révolues

Source: The Conversation – in French – By Henri Chevalier, PhD student at School of Environment, Resources and Sustainability, University of Waterloo

Même si un cessez‑le‑feu provisoire a été conclu entre les États‑Unis et l’Iran, la tension sur l’approvisionnement mondial en pétrole reste vive, poussant certains gouvernements à envisager des mesures que l’on croyait révolues : rationnement et contrôle des prix.


Certains pays appliquent déjà de telles mesures. Les Philippines ont déclaré l’état d’urgence national en réponse aux risques pesant sur l’approvisionnement énergétique. Au Soudan du Sud, la capitale Juba commence à rationner l’électricité, tandis que l’île Maurice a instauré des restrictions pour réduire la consommation et limiter le gaspillage.

Ces développements s’inscrivent dans des précédents historiques. Mes recherches, récemment publiées dans la revue Sustainability : Science, Practice and Policy, s’appuient sur le cas du rationnement des vêtements en Grande-Bretagne pendant la Seconde Guerre mondiale pour montrer que lorsque les biens essentiels se font rares, les gouvernements ne peuvent pas compter uniquement sur les prix pour gérer la crise.

Si on laisse le marché décider seul, l’accès aux biens de première nécessité dépend alors de ceux qui peuvent payer le plus, ce qui signifie que les ménages à faibles revenus sont souvent les plus durement touchés.




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Un choc d’approvisionnement mondial

Les frappes américaines et israéliennes contre l’Iran ont déclenché un conflit plus large et interrompu le trafic maritime dans le détroit d’Ormuz. En conséquence, l’approvisionnement mondial en pétrole a chuté d’environ huit millions de barils par jour, soit près de 8 % de la demande mondiale.

La perturbation d’une voie transportant environ 20 % de l’approvisionnement mondial en pétrole fait grimper les prix et réduit la disponibilité, créant des conditions comparables à celles rencontrées par la Grande-Bretagne avant le rationnement.

Face à un tel choc pétrolier, les gouvernements du monde entier devraient s’inspirer du système britannique de rationnement des vêtements en mettant en place un rationnement et un contrôle des prix.

Ce fut le cas lors des chocs pétroliers des années 1970 au Canada. Les gouvernements ont maintenu les prix intérieurs du pétrole sous contrôle et ont contribué à couvrir le coût des importations plus coûteuses.

En 1979, le Canada a également conçu un plan national de rationnement de l’essence qui n’a finalement jamais été mis en place. Des timbres imprimés permettaient de limiter la consommation des automobilistes privés, tout en réservant un accès prioritaire aux ambulances, aux transporteurs de marchandises et aux agriculteurs.




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Ce que l’histoire peut nous enseigner

Le Royaume-Uni a été confronté à d’importantes perturbations de l’approvisionnement pendant la Seconde Guerre mondiale, ce qui a conduit au rationnement pour atténuer les effets de la pénurie de matériaux, de l’inflation et de la pression croissante sur l’approvisionnement civil.

Pour y parvenir, le système de rationnement britannique s’appuyait sur trois principaux outils politiques.

Le premier était un système de coupons. Introduits en 1941, ces coupons servaient à réguler l’usage des matériaux plutôt que les prix. Chaque personne recevait un nombre fixe de coupons de vêtements par an : 66 au départ (environ les deux tiers des niveaux d’avant-guerre), puis seulement 36 en 1946.

Chaque type de vêtement nécessitait un nombre défini de coupons en fonction de la quantité de tissu utilisée. Par exemple, une robe en laine pouvait coûter environ 11 coupons, tandis qu’une chemise en coûtait cinq et une paire de bas deux. La réduction de seulement deux coupons par personne a permis d’économiser environ 27 millions de mètres de tissu.

La deuxième mesure était le « Utility Clothing Scheme » (programme de vêtements utilitaires). Lancé en 1942, il proposait des vêtements abordables et durables grâce à des normes strictes et des règles visant à économiser le tissu. Le raccourcissement des chemises pour hommes de cinq centimètres et la suppression des poignets doubles ont permis d’économiser 3,3 millions de mètres carrés de coton. En 1943, ce programme couvrait 80 % de la production britannique de vêtements.

La dernière mesure concernait le contrôle des prix. Le Board of Trade a reçu le pouvoir de fixer les prix et les marges sur toute la chaîne de production et de distribution. Grâce à ce mécanisme, les vêtements « Utility » restaient à un prix stable ou inférieur, alors que ceux hors « Utility » augmentaient, les articles « Utility » coûtant environ la moitié du prix des vêtements ordinaires.

Gérer la pénurie et l’équité

Ces politiques ont eu trois conséquences majeures. Premièrement, elles ont réduit la consommation globale. Sous le régime du rationnement des vêtements, la filature de laine a chuté de 44 % et la production de fil pour l’industrie de la bonneterie de 37 %, tandis que l’approvisionnement civil en textiles et la consommation de vêtements par personne ont chuté de 67 %.

Les achats de vêtements et de chaussures par habitant ont diminué de 34 %. Malgré six années de guerre, les civils avaient accès à moins de quatre ans de réserves de vêtements normaux.

Deuxièmement, ils ont garanti un accès équitable aux produits de première nécessité. Le rationnement à prix contrôlés a permis de s’assurer que les gens disposaient toujours de vêtements décents, réduisant ainsi la pauvreté et prévenant de graves pénuries.

Troisièmement, ils ont renforcé une culture de la réparation et de la réutilisation. S’appuyant sur la culture de la réparation déjà présente dans les années 1930, des campagnes telles que « Make Do and Mend » ont encouragé la réparation, la transformation, la conception modulaire et la réutilisation de matériaux tels que les couvertures, le tissu de black-out, les sacs alimentaires, la soie de parachute, les sabots en bois et même le fil de fourrure de chien.

Une vidéo sur le rationnement des vêtements en Grande-Bretagne, réalisée par l’Imperial War Museum.

Le système de rationnement a non seulement réduit la consommation et aligné la demande sur l’offre, mais il a également empêché que la pénurie ne devienne une aubaine pour les producteurs et une punition pour les ménages à faibles revenus. Il a également réduit le gaspillage et découragé la surconsommation – autant de leçons précieuses dans le contexte actuel de perturbation de l’approvisionnement mondial en pétrole.

Cela dit, le système n’était pas sans inconvénients. Le système de rationnement britannique était également technocratique, bureaucratique et peu démocratique.


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Ce que les gouvernements peuvent faire aujourd’hui

Aujourd’hui, la véritable question n’est pas de savoir si les gouvernements interviennent, mais s’ils le font de manière équitable et efficace.

Le 20 mars, pour faire face à la pénurie actuelle d’approvisionnement en pétrole, l’Agence internationale de l’énergie a proposé une série de mesures de réduction de la demande, notamment le développement du télétravail, l’abaissement des limitations de vitesse, le renforcement de l’utilisation des transports en commun et le recours accru au covoiturage.

Bien qu’utiles, ces mesures ne constituent que des solutions à court terme. Si les pénuries s’aggravent, les gouvernements – y compris celui du Canada – pourraient devoir envisager les réponses structurelles suivantes :

1. Instaurer des systèmes équitables de répartition du carburant si les pénuries s’aggravent.

Certains gouvernements s’engagent déjà dans cette voie. Le Sri Lanka a mis en place un système d’autorisation de carburant basé sur des codes QR pour réguler la distribution d’essence et de diesel, avec des quotas hebdomadaires.

2. Plafonner les prix et les marges excessifs sur les produits de première nécessité.

Au Canada, sur les marchés concentrés du carburant et de l’alimentation, les marges des raffineurs et des entreprises agroalimentaires profitent souvent aux entreprises plutôt qu’aux consommateurs. Les bénéfices du raffinage ont bondi, les prix à la pompe augmentant plus vite que ceux du brut, tandis que transformateurs, distributeurs et détaillants gagnaient 83 cents pour chaque dollar dépensé en alimentation au Canada.

Le Canada pourrait s’inspirer de l’Autriche, de la Grèce et de l’Espagne, qui ont récemment plafonné respectivement les marges des détaillants de carburant, les marges des épiceries et les loyers.

3. Profiter de la crise pour mettre en place une transformation économique structurelle.

Les crises récurrentes liées aux ressources, à la géopolitique et à l’écologie montrent qu’il est nécessaire de réduire la dépendance aux chaînes d’approvisionnement mondiales fragiles, d’accélérer la décarbonisation et de repenser l’économie autour des ressources rares. Cela pourrait passer, par exemple, par une réduction de la publicité et par des plafonds de consommation fixés démocratiquement.

Cela permettrait de prioriser les besoins essentiels, de limiter la production et la consommation superflues, et de favoriser des biens durables et réparables, respectueux de l’environnement.


Pour ceux qui souhaitent approfondir cette recherche, une version vulgarisée et interactive de mon étude est disponible en ligne.

La Conversation Canada

Cette recherche a été financée par le Conseil de recherches en sciences humaines du Canada, Coboom et la Fondation HEC Montréal. 

ref. Cessez-le-feu au Moyen-Orient : l’approvisionnement en pétrole va demeurer instable, forçant des mesures que l’on croyait révolues – https://theconversation.com/cessez-le-feu-au-moyen-orient-lapprovisionnement-en-petrole-va-demeurer-instable-forcant-des-mesures-que-lon-croyait-revolues-280228

Presidential words can turn the unthinkable into the thinkable − for better or for worse

Source: The Conversation – USA – By Stephanie A. (Sam) Martin, Frank and Bethine Church Endowed Chair of Public Affairs, Boise State University

President Donald Trump’s rhetoric has grown increasingly violent. wildpixel/iStock via Getty Images Plus

Among the most disorienting things about President Donald Trump’s public language is how easily it can feel numbing and shocking in the same moment. He says something outrageous, the country recoils, and then the recoil itself begins to feel familiar.

As a scholar who studies presidential rhetoric, I know that over time that rhythm does its own kind of damage. It teaches the public to absorb the breach. What once might have sounded like a genuine political emergency or a violation of constitutional decorum begins to register as just another day in American political life.

But the past few days merit notice. The president’s demagoguery has taken a darker turn.

Trump’s rhetoric about Iran has become more than inflammatory. Beginning with posts to Truth Social in early April, he has used profanity-laden language – “Open the Fuckin’ Strait, you crazy bastards, or you’ll be living in Hell” – to threaten attacks on the country’s infrastructure. He urged Iranians to rise up against their government. He warned that “a whole civilization will die tonight” if Iran does not comply with U.S. demands.

The Associated Press treated those remarks as a significant escalation in the context of a live conflict, not merely as familiar Trumpian excess: “As the conflict has entered its second month, Trump has escalated his warnings to bomb Iran’s infrastructure.”

The International Committee of the Red Cross also issued the unusual reminder that the rules of war must be respected “in words and action,” suggesting that the rhetoric itself had become part of the danger.

But were Trump’s recent remarks really different from his many earlier outbursts?

I think they were. For years, Trump’s rhetoric has relied on insult, ridicule, threat and contempt. He has degraded opponents and helped coarsen the terms of public life.

What seems different about his words during the first week of April 2026 is the scale of violence his language primed people to imagine. His remarks about Iran moved beyond personal attacks or chest-thumping nationalism to take on a tone of collective punishment and civilizational destruction. The style was familiar. The horizon of harm was not.

A social media post from President Donald Trump threatening destruction of Iran's civilization.
President Donald Trump’s social media post of April 7, 2026, threatening the destruction of ‘a whole civilization,’ meaning Iran.
Truth Social

Politics of fear

Presidential rhetoric is more about permission than persuasion. Presidents do not only argue. They signal.

Through those signals, they tell the public what kind of situation this is, what kind of danger is at hand, and what kinds of response are reasonable. In that sense, the president can function like a human starting gun. His words cue journalists, legislators, party allies and ordinary supporters about how to classify events before anyone has fully processed them.

Political theorist Corey Robin’s work on the politics of fear is a useful lens for understanding what is happening with Trump’s violent rhetoric.

Fear, in Robin’s view, is not simply a feeling that arises naturally in response to danger. It is politically manufactured. Power teaches people what to fear, how to name danger, and where to direct their apprehension. Presidential rhetoric is an essential tool for performing that work.

Thus, a president does not only describe a threat. He also gives it shape and scale. He tells the public how large it is, how close it is, and what kinds of response should feel reasonable in its presence.

A good example of a president doing this happened after the Sept. 11, 2001, terrorist attacks when, while visiting ground zero in New York City, George W. Bush said, “I can hear you. The rest of the world hears you. And the people who knocked these buildings down will hear all of us soon.” With that sentence, Bush acknowledged the gravity of what had happened, but also promised to fight back and bring justice to the terrorists.

When it comes to statements like those Trump has recently made about Iran, the worry is not that the president has said something extreme. Instead, the larger concern lies in what repeatedly using extreme language does to the atmosphere in which judgment takes place.

Political hyperbole lowers the threshold of what the public can imagine as legitimate, as allowable. When presidents make threats like the ones Trump issued, mass suffering becomes more imaginable. The president’s words and social media posts test whether the public will continue to hear such language as over the line, or whether it will be absorbed as one more hard-edged negotiating tactic.

At ground zero after the 9/11 attacks, President George W. Bush acknowledged the gravity of what had happened, but he also promised to fight back.

Shaping reality

Presidential rhetoric matters for reasons that go beyond persuasion or style.

It helps arrange reality. It tells the public what is serious, who is dangerous, whose suffering counts, and what forms of violence can be described as necessary. President Barack Obama did this in 2012, when he was speaking at a vigil to honor the shooting victims at Sandy Hook Elementary School.

“We bear a responsibility for every child because we’re counting on everybody else to help look after ours,” he said. “That we’re all parents; that they’re all our children.” With these words, Obama called everyone to feel, up close, the horrific loss of 20 children shot dead, and to work for a solution to gun violence.

Trump has benefited from a public worn down by repetition. Every new breach arrives trailing the memory of earlier ones.

People begin to doubt their own reactions. Surely this is appalling, they may think, but also, somehow, this is what he always does. That dual feeling is part of the harm. A damaged baseline makes serious escalation harder to recognize and judge.

The disorientation and disgust that so many people experienced in response to Trump’s thundering, violent proclamations is important. Even after years of erosion of what was deemed normal, some lines remain visible.

Paying attention now is not about pretending Trump has suddenly become someone new. It is about recognizing more clearly what his presidency has been teaching the public to hear as thinkable. The most serious harm may lie not only in what follows such rhetoric, but in the world it helps prepare people to accept.

The Conversation

Stephanie A. (Sam) Martin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Presidential words can turn the unthinkable into the thinkable − for better or for worse – https://theconversation.com/presidential-words-can-turn-the-unthinkable-into-the-thinkable-for-better-or-for-worse-280126

Just how bad are generative AI chatbots for our mental health?

Source: The Conversation – Canada – By Alexandre Hudon, Medical psychiatrist, clinician-researcher and clinical assistant professor in the department of psychiatry and addictology, Université de Montréal

Generative AI chatbots are now used by more than 987 million people globally, including around 64 per cent of American teens, according to recent estimates. Increasingly, people are using these chatbots for advice, emotional support, therapy and companionship.

What happens when people rely on AI chatbots during moments of psychological vulnerability? We have seen media scrutiny of a few tragic cases involving allegations that AI chatbots were implicated in wrongful death cases. And a jury in Los Angeles recently found Meta and YouTube liable for addictive design features that led to a user’s mental health distress.




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Does media coverage reflect the true risks of generative AI for our mental health?

Our team recently led a study examining how global media are reporting on the impact of generative AI chatbots on mental health. We analyzed 71 news articles describing 36 cases of mental health crises, including severe outcomes such as suicide, psychiatric hospitalization and psychosis-like experiences.

We found that mass media reports of generative AI–related psychiatric harms are heavily concentrated on severe outcomes, particularly suicide and hospitalization. They frequently attribute these events to AI system behaviour despite limited supporting evidence.

Compassion illusions

Generative AI is not just another digital tool. Unlike search engines or static apps, AI chatbots like ChatGPT, Gemini, Claude, Grok, Perplexity and others produce fluent, personalized conversations that can feel remarkably human.

This creates what researchers call “compassion illusions:” the sense that one is interacting with an entity that understands, empathizes and responds meaningfully.

In mental health contexts, this matters. Especially as a new wave of apps are created with a specific focus on companionship, such as Character.AI, Replika and others.

In this BBC documentary, broadcaster and mathematician Hannah Fry talks to Jacob about his Replika Chatbot ’girlfriend’ named Aiva.

Studies have shown that generative AI can simulate empathy and provide responses to distress, but lacks true clinical judgment, accountability and duty of care.

In some cases, AI chatbots may offer inconsistent or inappropriate responses to high-risk situations such as suicidal ideation.

This gap — between perceived understanding and actual capability — is where risk can emerge.

What the media is reporting

Across the articles we analyzed, the most frequently reported outcome was suicide. This represented more than half of cases with clearly described severity.

Psychiatric hospitalization was the second-most commonly reported outcome. Notably, reports involving minors were more likely to be about fatal outcomes.

But these numbers do not reflect real-world incidence. They reflect what gets reported. In general, media coverage of stressful events tends to amplify severe and emotionally charged cases, as negative and uncertain information captures attention, elicits stronger emotional responses and sustains cycles of heightened vigilance and repeated exposure. This in turn reinforces perceptions of threat and distress.

For AI-related content, media reports often rely on partial evidence (such as chat transcripts) while rarely including medical documentation. In our data set, only one case referenced formal clinical or police records.

This creates a distorted but influential picture: one that shapes public perception, clinical concern and regulatory debate.

Beyond ‘AI caused it’

One of our most important findings relates to how causality is framed. In many of the articles we reviewed, AI systems were described as having “contributed to” or even “caused” psychiatric deterioration.

However, the underlying evidence was often limited. Alternative explanations — such as pre-existing mental illness, substance use or psycho-social stressors — were inconsistently reported.

In psychiatry, causality is rarely simple. Mental health crises typically arise from multiple interacting factors. AI may play a role, but it is likely part of a broader ecosystem that includes individual vulnerability and context.

A more useful way to think about this is through interaction effects: how technology interacts with human cognition and emotion. For example, conversational AI may reinforce certain beliefs, provide excessive validation or blur boundaries between reality and simulation.

The problem of over-reliance

Another recurring pattern in media reports is intensive use. Many of the cases we reviewed described prolonged, emotionally significant interactions with chatbots — framed as companionship or even romantic relationships. This raises an issue: over-reliance.

Because these systems are always available, non-judgmental and responsive, they can become a primary source of support. But unlike a trained clinician or even a concerned friend, they cannot recognize when someone is getting worse, pause or redirect harmful interactions. They cannot take steps to ensure a person connects with appropriate care in moments of crisis.

In clinical terms, this could lead to what might be described as “maladaptive coping substitution:” replacing complex human support systems with a simplified, algorithmic interaction.

Lack of reliable data

Despite growing concern, we are still at an early stage of understanding the impact of generative AI chatbots on user mental health.

There is currently no reliable estimate of how often AI-related harms occur, or whether they are increasing. We lack reliable data on how many people use these tools safely versus those who experience problems. And most evidence comes from case reports or media narratives, not systematic clinical studies.

This is not unusual. In many areas of medicine, early warning signals emerge outside formal research (through case reports, legal cases or public discourse) before being systematically studied.

One example is the thalidomide tragedy, when initial reports of birth defects in infants preceded formal epidemiological confirmation and ultimately led to the development of modern pharmacovigilance systems.

AI and mental health may be following a similar trajectory.

Moving forward responsibly

The challenge is not to panic, but to respond thoughtfully.

We need better evidence. This includes systematic monitoring of adverse events, clearer reporting standards and research that distinguishes correlation from causation. Safeguards — such as crisis detection, escalation protocols and transparency about limitations — must be strengthened and evaluated.




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Furthermore, clinicians and the public need guidance. Patients are already using these tools. Ignoring this reality risks widening the gap between clinical practice and lived experience.

Finally, we must recognize that generative AI is not just a technological innovation — it is a psychological one. It changes how people think, feel and relate.

Understanding that shift may be one of the most important mental health challenges of the coming decade.

The Conversation

Alexandre Hudon does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Just how bad are generative AI chatbots for our mental health? – https://theconversation.com/just-how-bad-are-generative-ai-chatbots-for-our-mental-health-279736